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INTRODUCCIÓN
La regeneración ósea guiada fue propuesta por primera vez en 1988 por Dahlin; esta técnica utiliza
injertos y barreras para excluir mecánicamente el tejido blando del defecto óseo, lo que permite la
regeneración del hueso atrofiado (Dahlin et al., 1988). Hasta el momento, las técnicas de regeneración
ósea guiada se han utilizado en combinación con injertos de tejido conectivo u otros métodos de
implantación de sustitutos óseos (B. Wang et al., 2022). Al principio, la técnica se basaba en la
aplicación de materiales de barrera para crear un espacio aislado en el que el hueso pudiera curarse sin
interferencias del tejido blando (Dahlin et al., 1988).
Por lo que, se han empleado técnicas que combinan la regeneración ósea guiada con el trasplante de
tejido conectivo del propio paciente para restaurar los tejidos duros y blandos que se habÃan perdido
anteriormente. Resultados de ello, indicaron un aumento tanto en el ancho como en la altura de los
tejidos, lo que mejoró notablemente el aspecto estético de la restauración final. Asà mismo, se ha
destacado que los pacientes toleran bien este procedimiento y no refieren complicaciones importantes
después de la cirugÃa (Nappe Abaroa et al., 2014).
Desde su introducción hace más de medio siglo, ha existido un cambio gradual de los injertos gingivales
libres (IGL) a los injertos de tejido conectivo (ITC) marcando la transición de la cirugÃa tradicional a la
cirugÃa plástica periodontal. Ya que, las técnicas tradicionales se centraban en aumentar el ancho del
tejido queratinizado, por lo tanto, hoy en dÃa, el objetivo principal de la odontologÃa periodontal es
lograr resultados estéticos óptimos (Zucchelli et al., 2020).
Se han realizado investigaciones sobre la cicatrización y los principios que influyen en los resultados
de un IGL y se han identificado varios factores que podrÃan afectar los resultados de estos injertos,
como: la preparación inadecuada del área receptora, el tamaño y grosor deficientes del injerto, una
adaptación errónea al área receptora y la falta de estabilidad del injerto, entre otros (Zucchelli et al.,
2020).
Un estudio reciente descubrió que la modificación del fenotipo del tejido blando alrededor de los
implantes con un ITC no tuvo un impacto notable en la profundidad de sondaje ni en el Ãndice de placa.
Sin embargo, sà tuvo un efecto positivo al reducir la pérdida de hueso marginal alrededor de los
implantes (Tavelli, Barootchi, Avila-Ortiz, et al., 2021).