LA INFLUENCIA DE LA
CULTURA FRANCESA EN LA
COSTA CARIBE COLOMBIANA
INFLUENCE OF FRENCH CULTURE ON
THE COLOMBIAN CARIBBEAN COAST
Edwin De la Paz Padilla
Universidad del Atlántico, Colombia

pág. 7773
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i5.20118
La Influencia de la Cultura Francesa en la Costa Caribe Colombiana
Edwin De la Paz Padilla1
edwindelapaz@mail.uniatlantico.edu.co
https://orcid.org/0009-0000-1018-3603
Universidad del Atlántico
Colombia
RESUMEN
La Costa Caribe colombiana es una región caracterizada por su riqueza cultural, resultado de décadas
de encuentros, e intercambios culturales con diversas diásporas de todo el mundo. Aunque menos
evidente que las españolas y africanas, la influencia francesa ha sido históricamente determinante en
varios aspectos sociales, artísticos y arquitectónicos de la vida del Caribe colombiano. Desde el siglo
XIX, con la presencia de comerciantes, intelectuales y viajeros franceses en Cartagena, Barranquilla y
Santa Marta, por solo mencionar las principales, se vivió un proceso de apropiación cultural que trajo
consigo transformaciones al paisaje urbano, las costumbres de la élite y los modelos de pensamiento.
Este estudio explora la influencia de la cultura francesa en la costa caribe colombiana, a través del
examen de las relaciones diplomáticas y migratorias, de la lengua y léxico, de la gastronomía,
arquitectura y urbanismo y finalmente la educación y la cultura, desde la creación de la república de
Colombia en el año de 1810 hasta nuestro tiempo. A través de ejemplos concretos y referencias
históricas se evidenciará como esta manifestación extranjera en particular ha dejado un legado que,
lejos de ser una imposición, fue apropiado y re-significado en un diálogo dinámico con la tradición
local generando expresiones híbridas que son fundamentales para comprender la identidad caribeña.
Comprender esta influencia permite valorar de mejor forma, la diversidad cultural del Caribe
colombiano y reconocer la diversidad de caminos por los que ha transitado a lo largo de su historia.
Palabras clave: la costa caribe colombiana, la influencia francesa, cultura, educación, relaciones
diplomáticas
1 Autor principal
Correspondencia: edwindelapaz@mail.uniatlantico.edu.co

pág. 7774
Influence of French Culture on the Colombian Caribbean Coast
ABSTRACT
The Colombian Caribbean Coast is a region characterized by its cultural richness, the result of decades
of encounters and cultural exchanges with various diasporas from around the world. Although less
evident than the Spanish and African influences, the French influence has been historically decisive in
various social, artistic, and architectural aspects of life in the Colombian Caribbean. Since the 19th
century, with the presence of French merchants, intellectuals, and travelers in Cartagena, Barranquilla,
and Santa Marta—to mention only the principal cities—a process of cultural appropriation took place,
bringing with it transformations to the urban landscape, the customs of the elite, and models of thought.
This study examines the influence of French culture on the Colombian Caribbean coast by analyzing
diplomatic and migratory relations, language and lexicon, gastronomy, architecture and urbanism, and
finally, education and culture, from the creation of the Republic of Colombia in 1810 to our time.
Through concrete examples and historical references, this work demonstrates how this particular
foreign influence has left a legacy that, far from being an imposition, was appropriated and re-signified
in a dynamic dialogue with local tradition, generating hybrid expressions that are fundamental to
understanding Caribbean identity. Understanding this influence allows for a better appreciation of the
cultural diversity of the Colombian Caribbean and a recognition of the diverse paths it has traveled
throughout its history.
Keywords: the Colombian caribbean coast, french influence, culture, education, diplomatic relations
Artículo recibido 02 setiembre 2025
Aceptado para publicación: 29 setiembre 2025

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INTRODUCCION
La Costa Caribe colombiana, reconocida por su vibrante riqueza cultural forjada a través de siglos de
intercambios, enfrenta una problemática fundamental en su comprensión histórica: la subestimación y
el desconocimiento generalizado de la profunda y multifacética influencia francesa. A pesar de haber
sido históricamente determinante desde el siglo XIX en aspectos sociales, artísticos, arquitectónicos, de
pensamiento e incluso lingüísticos, esta huella a menudo permanece velada. Este desconocimiento no
solo empobrece la narrativa de la identidad cultural de la región, sino que también representa un riesgo
inminente de pérdida o dilución cultural y un significativo desaprovechamiento estratégico de la
francofonía como una poderosa herramienta para el desarrollo académico y social.
La influencia francesa se ha integrado de forma tan sutil en el tejido cultural del Caribe que su origen
pasa desapercibido para el ojo común. Elementos arquitectónicos, préstamos léxicos casi imperceptibles
en el habla local, costumbres sociales adoptadas por las élites decimonónicas y corrientes de
pensamiento que moldearon el desarrollo urbano, son a menudo erróneamente atribuidos a otras fuentes
o simplemente se pierden en la amalgama cultural. Esta visibilidad limitada del legado francés genera
un riesgo de dilución cultural, donde la historia se olvida o se simplifica en exceso. Si no se comprende
la totalidad de las fuentes que han nutrido la cultura caribeña, la narrativa de su identidad se vuelve
incompleta y empobrecida, limitando la investigación, subestimando el patrimonio y privando a las
generaciones futuras de una comprensión plena de su herencia.
Más allá de esta erosión interna, el desconocimiento de la influencia francesa pasada y presente conlleva
un significativo desaprovechamiento estratégico de la francofonía. En un mundo interconectado, la
francofonía es una herramienta clave en la diplomacia, el comercio, la educación y el desarrollo
sostenible. En la Costa Caribe, a pesar de la notable labor de instituciones como la Universidad del
Atlántico y las Alianzas Francesas en Barranquilla y Cartagena, esta conexión no ha sido plenamente
capitalizada. Se pierden oportunidades académicas cruciales, limitando el acceso a becas e intercambios
en países francófonos. También se obstaculiza la cooperación internacional, desaprovechando alianzas
estratégicas para el desarrollo económico, el turismo y la inversión. Esto se traduce en una limitación
del diálogo intercultural y una pérdida de "soft power" que podría fortalecer los lazos con Francia y la
vasta comunidad francófona global.

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En síntesis, la problemática central reside en que la influencia francesa en la Costa Caribe colombiana,
a pesar de su innegable relevancia histórica y multifacética, permanece en gran medida oculta y
subvalorada. Esto no solo amenaza la integridad de su patrimonio cultural con el riesgo de pérdida y
dilución, sino que también impide que la región aproveche plenamente el vasto potencial de la
francofonía como una herramienta estratégica para impulsar su desarrollo académico y social en el
panorama global. La ausencia de un reconocimiento explícito y una valoración consciente de este legado
impide una comprensión integral de la riqueza cultural de la región y limita su proyección futura.
Contexto historico
Para comprender la influencia francesa profunda, aunque a menudo subestimada en la Costa Caribe
Colombiana, es esencial ponerla en un marco histórico amplio. No es solo un evento independiente,
sino el resultado de procesos complicados que abarcan varios siglos y se intensificaron una vez que
Colombia se independizó.
Siglo XIX, la francofilia
Con la independencia de Colombia a principios del siglo XIX (1810), se abrió un nuevo capítulo. Las
recién formadas repúblicas hispanoamericanas buscaron nuevos referentes ideológicos y culturales para
desmarcarse de la herencia española. Francia, con su Revolución (1789) y las ideas de la Ilustración,
emergió como un modelo a seguir. Pensadores como Montesquieu, Rousseau y Voltaire influenciaron
profundamente los procesos constitucionales y el pensamiento político de las élites criollas (Bushnell,
1993).
En la Costa Caribe, esta "francofilia" se manifestó de diversas maneras:
Migración y comercio: La estabilidad política (aunque relativa) y el potencial económico de puertos
como Cartagena, Barranquilla y Santa Marta atrajeron a comerciantes, ingenieros, intelectuales y
artistas franceses. Estos inmigrantes no solo dinamizaron la economía, sino que también trajeron
consigo sus costumbres, ideas y estilos de vida (Palacios & Safford, 2002).
Influencia arquitectónica y urbanística: Las nuevas ideas urbanísticas parisinas, especialmente las
de Haussmann, inspiraron la transformación de las ciudades del Caribe. La arquitectura neoclásica y las
fachadas afrancesadas se hicieron populares entre la élite (Zambrano Pantoja, 2004).

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Adopción cultural de las élites: La burguesía costeña, buscando modernidad y distinción, emuló los
patrones de consumo y las costumbres francesas. Esto se reflejó en la moda, la gastronomía, la
literatura, la música y las artes. El idioma francés se convirtió en una señal de distinción social y cultural
(Martínez Carreño, 2006).
Educación y pensamiento: La enseñanza del francés se hizo común en colegios de élite, y las ideas
científicas y filosóficas francesas se difundieron a través de libros y publicaciones, influyendo en la
formación de nuevas generaciones de profesionales e intelectuales (Jaramillo Uribe, 1989).
Siglo XX: Consolidación y diversificación de la presencia francesa
Durante el siglo XX, la influencia francesa continuó, aunque se diversificó. Si bien la presencia
migratoria masiva disminuyó, las relaciones diplomáticas y culturales se consolidaron. La creación de
Alianzas Francesas en Barranquilla y Cartagena, por ejemplo, fue fundamental para la promoción del
idioma y la cultura francesa, ofreciendo cursos, eventos culturales y facilitando intercambios (De la Paz
Padilla, 2024). La influencia intelectual y artística también se mantuvo, permeando campos como la
filosofía, el cine y la literatura (Rodríguez Gnecco, 2011).
Siglo XXI: El legado y la francofonía como herramienta estratégica
En el siglo XXI, a pesar de la globalización y la creciente influencia de otras culturas como la
anglosajona y la española, la huella francesa en la Costa Caribe colombiana sigue siendo perceptible.
El estudio de la francofonía como una comunidad cultural y lingüística global cobra relevancia, no solo
como un vestigio histórico, sino como una herramienta estratégica para el desarrollo académico,
diplomático y económico.
Instituciones como la Universidad del Atlántico, al integrar el francés en sus currículos y promover
eventos culturales, demuestran que el legado francés no es estático, sino que continúa evolucionando y
ofreciendo oportunidades en un mundo interconectado (De la Paz, 2024).
Este contexto histórico prueba que la influencia francesa en la Costa Caribe colombiana es un fenómeno
histórico prolongado, complejo y en desarrollo constante que ha influido enormemente en el desarrollo
de la identidad cultural de la región.

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Objetivos y marco teórico
Este estudio tiene como objetivo principal analizar y visibilizar la influencia multifacética de la cultura
francesa en la configuración social, cultural, arquitectónica y educativa de la Costa Caribe colombiana,
desde el siglo XIX hasta la actualidad, para revalorizar su legado y destacar el potencial estratégico de
la francofonía en la región. La investigación se apoya en un marco teórico que nos ayuda a interpretar
las huellas de Francia en el Caribe. Dicho de una forma más sencilla, este marco es como una caja de
herramientas con algunas ideas clave que nos permiten analizar este fenómeno de manera clara.
La primera idea es la del cóctel cultural. Pensemos en nuestra cultura caribeña como un sancocho: tiene
ingredientes indígenas, africanos y españoles cocinados juntos por siglos. En el siglo XIX, se añadió un
nuevo ingrediente: la influencia francesa. Este ingrediente no se quedó aparte, sino que se mezcló y se
transformó, creando algo nuevo en un proceso llamado hibridación. Una palabra francesa adoptó un
acento costeño, o un diseño arquitectónico se modificó para ser más fresco en el trópico. Este "romance"
con lo francés, conocido como francofilia, fue la puerta de entrada, especialmente para las élites que
veían en Francia el modelo de la modernidad y el buen gusto.
La segunda idea clave es la del tesoro invisible. Gran parte de ese legado no está en los edificios que
podemos tocar, sino en lo que llamamos patrimonio inmaterial: las palabras de origen francés que
usamos sin darnos cuenta, las costumbres sociales que heredamos o ciertos sabores en nuestra cocina.
Esta es nuestra memoria histórica, y si no la estudiamos, corremos el riesgo de que se olvide. Este
estudio busca, precisamente, redescubrir ese tesoro para que no perdamos una parte de nuestra
identidad.
Finalmente, la última idea nos conecta con el presente y el futuro: la Francofonía y la "influencia sin
fuerza". La Francofonía es más que un grupo de países que hablan francés; es una enorme comunidad
global que colabora en proyectos de educación, cultura y negocios. Al reconocer nuestros lazos
históricos con Francia, podemos aprovechar las oportunidades de esta red. Esto se relaciona con la
"influencia sin fuerza" (soft power), que es la capacidad de un país para atraer y persuadir a través de
su cultura. Al valorar nuestra herencia francesa, no solo entendemos mejor nuestro pasado, sino que
también usamos esa historia como una llave para abrir nuevas puertas en el mundo de hoy.

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ANTECEDENTES
Un Caribe de espaldas a los Andes y de cara al mundo
La profunda y duradera influencia de la cultura francesa en Colombia no fue un aguacero que empapó
por igual a todo el territorio. Fue, más bien, un río caudaloso que encontró su cauce más natural y fértil
en el Caribe, una región que, por su historia y talante, vivía de espaldas a la solemne capital andina y
con la cara y el corazón puestos en el mar, siempre de cara al mundo. Para entender por qué el
"afrancesamiento" echó raíces tan hondas aquí y no en otras partes, es necesario comprender el caldo
de cultivo histórico, social y económico que lo hizo posible.
El factor determinante, como lo ha argumentado el historiador Alfonso Múnera (1998), es la trayectoria
histórica divergente del Caribe frente al centro andino del país. Mientras el interior era el corazón del
poder colonial español, con sus instituciones, su burocracia y su arraigada herencia hispánica, la Costa
era una periferia con una vocación distinta. Esta "mentalidad de puerto abierto", menos atada a las
tradiciones de la Colonia, generó una permeabilidad cultural única. No es que se rechazara lo español,
sino que el Caribe, por naturaleza y necesidad, siempre estuvo más dispuesto a dialogar con otras
culturas que llegaban en los barcos.
En este contexto, el ascenso de Barranquilla durante el siglo XIX fue el catalizador definitivo. A
diferencia de las señoriales Cartagena o Santa Marta, Barranquilla era, como la describió Adolfo
Sundheim (1922), una ciudad sin pasado colonial, una "olla mágica" donde hervían las aspiraciones de
inmigrantes y locales. Era una urbe hecha a pulso por una nueva élite comerciante —alemanes, judíos,
ingleses, franceses y criollos pragmáticos— cuya fortuna y estatus no provenían de la herencia de la
tierra, sino del comercio y el vapor. Como detalla Rulfh Paffenbarger (2006), esta clase dirigente,
cosmopolita por naturaleza, no sentía lealtad hacia el viejo orden colonial, sino hacia el progreso y el
comercio global.
Finalmente, esta nueva y pujante sociedad necesitaba un modelo cultural para construir su identidad y
legitimar su poder. Lo encontraron en Francia. En el imaginario del siglo XIX, Francia era la
encarnación de la civilización, la ciencia, el arte y el buen gusto. Para la élite caribeña, como analiza
Gustavo Bell Lemus (1991), adoptar la cultura francesa no fue una simple imitación, sino la ejecución
de un deliberado "proyecto de modernidad".

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Hablar francés, construir villas de estilo parisino o educar a sus hijos con institutrices galas era la forma
más contundente de declarar su ruptura con el pasado y su pertenencia al mundo moderno.
Así, la confluencia de estos tres factores —una débil herencia colonial, el surgimiento de una nueva y
cosmopolita élite comercial, y la elección de Francia como modelo civilizatorio— creó las condiciones
perfectas para que la cultura francesa no solo llegara a las costas del Caribe colombiano, sino que fuera
recibida con los brazos abiertos, sembrando las semillas de una influencia que, como veremos, floreció
en todos los aspectos de la vida. Es crucial entender, sin embargo, que, si bien esta élite fue la puerta de
entrada, el legado resultante trascendió sus círculos para integrarse en el tejido cultural más amplio de
la región, un fenómeno cuyo alcance subvalorado es el verdadero foco de este estudio.
METODOLOGIA
Enfoque de la investigación
Este estudio se enmarca en un enfoque cualitativo, ya que busca comprender en profundidad un
fenómeno social y cultural complejo a través de la interpretación de diversas fuentes. Se apoya en un
diseño de investigación histórico-hermenéutico, pues reconstruye un proceso histórico e interpreta los
significados culturales que de él se derivan.
Tipo de Estudio
Se trata de un estudio de caso descriptivo-analítico.
Descriptivo: porque detallará las características de la influencia francesa en los cinco ámbitos
seleccionados (diplomacia, lengua, gastronomía, etc.).
Analítico: porque no solo describirá, sino que interpretará las relaciones entre estas influencias y la
configuración de la identidad cultural del Caribe colombiano.
Fuentes y Técnicas de Recolección de Información
La investigación se basará principalmente en la revisión documental y bibliográfica. Las fuentes se
pueden clasificar en:
Fuentes Primarias
Archivos históricos: Correspondencia diplomática, registros de migración, periódicos de la época
(siglos XIX y XX).

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Textos y manuales: Libros de cocina antiguos, manuales de urbanidad, catálogos arquitectónicos.
Análisis lingüístico: Recopilación de léxico local a través de diccionarios de regionalismos y literatura
costumbrista para identificar galicismos.
Fuentes Secundarias
Bibliografía académica: Libros y artículos de historia de Colombia y el Caribe, estudios culturales,
investigaciones sobre arquitectura y lingüística.
Informes institucionales: Publicaciones de la OIF, las Alianzas Francesas y la Universidad del
Atlántico.
Fases del Estudio
Fase 1 - Revisión Documental: Búsqueda y selección de la bibliografía y las fuentes primarias
pertinentes para cada una de las cinco características de estudio.
Fase 2 - Sistematización de la Información: Organización de los datos recopilados en matrices de
análisis, una para cada objetivo específico.
Fase 3 - Análisis e Interpretación: Cruce de la información recopilada con los conceptos del marco
teórico.
Fase 4 - Redacción y Síntesis: Elaboración del cuerpo del artículo, articulando los resultados del
análisis para responder a la pregunta de investigación y cumplir con los objetivos propuestos.
RESULTADO Y DISCUSION
Marco de Análisis: La Gramática de la Modernidad y su Acento Caribe
El presente estudio se propuso rastrear la huella de la cultura francesa en el Caribe colombiano, no como
un inventario de préstamos culturales, sino como un fenómeno integral que redefinió la identidad de la
región en un período histórico clave. El hallazgo principal de esta investigación es que la influencia
francesa funcionó como una gramática fundacional de la modernidad en el Caribe. Aunque fue
introducida y articulada principalmente por las élites como un proyecto de distinción, sus 'palabras' —
conceptos estéticos, sociales y técnicos— se filtraron y permearon el tejido cultural de la región de
maneras diversas y a menudo inesperadas, como lo demuestra el caso del Carnaval.
Por lo tanto, la discusión central de este trabajo trasciende el análisis de clase y se enfoca en una
problemática patrimonial y estratégica: cómo esta gramática, hoy parte integral de la identidad regional,

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se ha vuelto un legado subvalorado. El verdadero riesgo no es solo olvidar cómo la élite construyó su
modernidad, sino cómo la región entera está perdiendo la oportunidad de usar este valioso capital
cultural —la francofonía— como una herramienta para su desarrollo futuro. A continuación, se
presentará el análisis detallado de las cinco manifestaciones de esta influencia. Finalmente, en el
apartado de 'Síntesis e Interpretación', se consolidarán estos hallazgos para ofrecer los resultados
definitivos del estudio.
Análisis de las manifestaciones de la influencia francesa
Primera característica: relaciones diplomáticas y migratorias
Desde la primera característica, las relaciones diplomáticas y migratorias, es relevante para el presente
estudio hablar de la francofonía, definida por la Organización Internacional de la Francofonía (OIF)
como una comunidad global de hablantes del francés, representa mucho más que la mera suma de
personas que comparten un idioma. Es un fenómeno cultural, político y educativo que influye en la
diplomacia, el comercio, y el desarrollo sostenible a nivel mundial (OIF, 2023). De la Paz (2024) en su
artículo La Francofonía en Suan: Impacto Cultural, Académico y Económico en la Región Atlántica de
Colombia sostiene que, la Francofonía no solo fomenta el aprendizaje del francés como lengua
extranjera, sino que también promueve valores de diversidad cultural, entendimiento global e
intercambio intercultural.
En Colombia, a pesar de no ser un país francófono la francofonía como herramienta diplomática ha
tenido una presencia importante. Instituciones como la Universidad del Atlántico han adoptado la
misión de la Francofonía al integrar el francés en su currículo y organizar eventos que promueven la
cultura y la lengua francesas (De la Paz, 2024), sin pretender dejar de lado a las Alianzas Francesas de
Barranquilla y de Cartagena que se encargan de promover el intercambio académico y cultural entre
Colombia y Francia.
Segunda característica: lengua y léxico
La modernidad anclada en la palabra
Más allá de los monumentos y los apellidos, la huella más perdurable de una cultura reside en las
palabras que lega a otra. En el Caribe colombiano, el idioma francés dejó un sedimento léxico que
funciona como un mapa de las aspiraciones sociales y culturales de una época.

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Para entender cómo y por qué el francés impregnó el habla caribeña, es crucial ir más allá de la anécdota
y analizar el contexto histórico que lo propició.
El historiador Rulfh Paffenbarger (2006) documenta meticulosamente cómo, para las élites de ciudades
como Barranquilla, la cultura francesa representaba el pináculo de la civilización y el progreso. En su
análisis, el envío de los hijos a estudiar a Francia o la contratación de institutrices francófonas no eran
actos de esnobismo superficial, sino vehículos fundamentales para la construcción de un capital social
y cultural que los distinguiera. A su vez, Gustavo Bell Lemus (1991) argumenta que este
comportamiento formaba parte de un "proyecto de modernidad" más amplio. Para este autor, la élite
caribeña buscaba activamente modelos europeos para diferenciarse del resto del país, y la adopción de
la lengua, moda y costumbres francesas era una manifestación tangible de dicho proyecto.
Este fenómeno no se limitaba a las aulas. Escribiendo como testigo de esa era efervescente, Adolfo
Sundheim (1922) pinta un vívido retrato de un puerto donde los bienes comerciales y las tendencias
culturales de Francia llegaban en tándem. La palabra viajaba junto al perfume, al vino o a la tela;
nombrar estos nuevos objetos con su término original en francés no era solo una necesidad, sino un acto
de prestigio.
El Legado Francés en el Habla Cotidiana
Esta aspiración a la modernidad se materializó en el léxico de todos los días. La siguiente lista, lejos de
ser exhaustiva, ofrece una muestra representativa de los galicismos que se arraigaron en el español del
Caribe colombiano. La persistencia de estas palabras, documentadas por lexicógrafos como José
Agustín de Zubiría (1986), sirve como prueba irrefutable de este profundo intercambio cultural.
Gastronomía y Vida Social
Afiche
Bulevar
Carné
Chef
Debut
Élite
Filete
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Menú
Restaurante
Soirée
Moda y Apariencia
Beige
Boutique
Chaqueta
Chic
Coqueta
Corsé
Maquillaje
Pantalón
Perfume
Hogar y Arquitectura
Bibelot
Chalet
Garaje
Hotel
Sofá
Análisis y Síntesis: El Prestigio como Motor Lingüístico
Lo que esta selección léxica revela es elocuente: la influencia francesa no se centró en lo técnico, lo
agrícola o lo industrial, sino en el art de vivre (el arte de vivir). Las palabras adoptadas nombran
conceptos ligados al ocio, la elegancia, la vida social, la gastronomía y la apariencia personal. Esto
confirma la tesis de que el francés funcionó como un marcador de prestigio. Adoptar un galicismo era
adoptar, simbólicamente, una pieza del refinamiento y la modernidad que Francia representaba.
Finalmente, el verdadero triunfo de estas palabras no fue su llegada, sino su permanencia. Al ser
adaptadas a la fonética y la cadencia del español caribeño, dejaron de ser extranjerismos para convertirse
en parte integral y viva del dialecto regional (De Zubiría, 1986).

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Son, en esencia, fósiles vivos de un tiempo en que el Caribe colombiano no solo miraba hacia París,
sino que se sentía parte de ese mundo cosmopolita.
Tercera característica: la gastronomía
La mesa como escenario de la modernidad
La gastronomía es un lenguaje universal, pero cada cultura escribe con él una sintaxis propia. Es en la
mesa donde se celebran los pactos, se construyen las familias y se escenifica la identidad. En el Caribe
colombiano de finales del siglo XIX y principios del XX, la cocina y sus rituales se convirtieron en uno
de los escenarios más elocuentes de la influencia francesa, un espacio donde el anhelo de modernidad
se hizo tangible, bocado a bocado. La herencia francesa en este campo no reside tanto en la adopción
de un recetario específico como en la transformación profunda del acto social de comer.
La transformación de la mesa caribeña fue una consecuencia directa del proyecto cosmopolita que
redefinió la vida urbana. Como detalla Rulfh Paffenbarger (2006), la aparición de hoteles de lujo, clubes
sociales y cafés en Barranquilla creó, por primera vez, espacios públicos dedicados al ocio y a la
representación social de las élites. Estos nuevos escenarios demandaban un código de comportamiento
y consumo a la altura de sus aspiraciones europeas. En este contexto, la gastronomía francesa ofrecía
el modelo perfecto de refinamiento, convirtiéndose, como argumentaría Gustavo Bell Lemus (1991),
en una herramienta más de ese proyecto de modernidad con el que la clase dirigente buscaba
distinguirse. El puerto, descrito por testigos de la época como Adolfo Sundheim (1922), no solo recibía
mercancías, sino también a cocineros, maîtres y productos que traían consigo el sofisticado savoir-faire
francés.
Innovaciones que Redefinieron el Gusto
Esta nueva sociabilidad trajo consigo un sistema importado de Francia, visible en tres innovaciones
fundamentales que revolucionaron la cultura culinaria local y cuyo léxico fue prontamente adoptado y
registrado por diccionarios de regionalismos (De Zubiría, 1986).
La invención del restaurante: Si bien existían fondas y posadas, el concepto del restaurante como un
espacio público elegante, con un servicio formalizado y una carta definida, fue una importación
netamente francesa. Ir a un restaurante dejó de ser una simple necesidad para convertirse en un acto
social, una forma de ver y ser visto.

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La estructura de la comida: La formalidad francesa introdujo la idea del menú, un guion que ordenaba
la comida en una secuencia lógica (entrada, plato fuerte, postre). Este orden estructurado se oponía a la
tradición del "plato único" o de servir todo al mismo tiempo, imponiendo un ritmo y una ceremonia que
disciplinaban la experiencia culinaria.
La figura del chef: La palabra chef elevó al cocinero de su estatus de artesano doméstico al de un
profesional creativo, un autor. La cocina se convirtió en un arte y el chef en su artista, una idea que
profesionalizó y prestigió el oficio de manera irreversible.
El vocabulario de esta revolución es revelador. Palabras como filete, champiñón, omelette, suflé, paté
o consomé, hoy comunes en cualquier cocina, fueron en su momento neologismos que nombraban una
nueva realidad culinaria.
Síntesis: Comer como Declaración Cultural
Lo que el Caribe colombiano importó de Francia no fueron simplemente recetas, sino un completo
sistema cultural en torno a la comida. Se adoptó una gramática social que dictaba dónde comer, en qué
orden y quién era el artífice de la experiencia. Cada uno de estos elementos reforzaba el ideal de una
sociedad moderna, ordenada y refinada.
Así, cada vez que un comensal caribeño lee un "menú" o elogia a un "chef", está, sin saberlo, evocando
el eco de un tiempo en que sentarse a la mesa era la más deliciosa de las declaraciones de modernidad.
La gastronomía se consolidó como un escenario donde la identidad local dialogó con la aspiración
global, creando una síntesis que perdura hasta hoy.
Cuarta característica: la arquitectura y urbanismo
La ciudad como lienzo de la modernidad
Si el lenguaje y la gastronomía fueron los acentos de la modernidad en el Caribe colombiano, la
arquitectura y el urbanismo se convirtieron en su manifestación más monumental y perdurable. Una
ciudad es un texto escrito en piedra y cemento, y a finales del siglo XIX, las élites de la región decidieron
reescribir el paisaje urbano para reflejar sus aspiraciones cosmopolitas. La influencia francesa, en este
campo, no fue un mero barniz estilístico, sino la importación de una filosofía completa sobre cómo
habitar y organizar el espacio, rompiendo deliberadamente con el pasado colonial para construir un
futuro a imagen y semejanza de París.

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Este impulso transformador, como explica la historiadora de la arquitectura Silvia Arango (2012), fue
característico del período republicano en toda Colombia. Hubo una búsqueda consciente de nuevos
paradigmas que se distanciaran de la cuadrícula y la austeridad hispánica. Francia, y en particular el
París del Barón Haussmann, se erigió como el modelo a seguir, representando el orden, la higiene, la
belleza y el progreso. El historiador Rulfh Paffenbarger (2006) conecta este anhelo estético con la
bonanza económica de la región, que dotó a una nueva clase dirigente de los recursos necesarios para
materializar su visión de una ciudad moderna. Esta élite no solo quería vivir en casas lujosas; quería un
entorno urbano completo que legitimara su estatus.
La Huella Francesa: Del Bulevar a la Villa
La aplicación de estos modelos se hizo visible en dos escalas complementarias: la planificación de la
ciudad y el diseño de las residencias.
El Urbanismo Haussmanniano: El Caso de "El Prado"
El ejemplo más emblemático de esta visión es, sin duda, el barrio El Prado en Barranquilla. El arquitecto
e historiador Carlos Bell Lemus (2015), en su exhaustiva investigación sobre el tema, lo describe como
un intento deliberado y exitoso de crear un "Versalles tropical". Se importaron conceptos urbanísticos
directamente de Francia: el bulevar (boulevard) como un eje amplio y arbolado para el paseo social; la
glorieta (rond-point) para articular la circulación; y la idea de un barrio-jardín que integraba la
vegetación en el diseño urbano. Este modelo no solo embellecía la ciudad, sino que, como argumenta
Bell Lemus, también funcionaba como un mecanismo de distinción y segregación social, creando un
enclave exclusivo para la élite.
La Arquitectura Residencial: El Hôtel Particulier Caribeño
La vivienda se convirtió en el principal símbolo de estatus. Se abandonó la casa colonial introvertida,
de patio central, para adoptar el modelo del chalet o la villa francesa, una residencia exenta y rodeada
de jardines que se exhibía orgullosamente al exterior. Como señala Arango (2012), se popularizaron
elementos arquitectónicos de clara inspiración gala:
Mansardas y cubiertas inclinadas: Techos de pizarra o metal que evocaban directamente los de París.
Balcones y herrería ornamental: El uso del hierro forjado en elaborados balcones y rejas no era solo
decorativo, sino una forma de abrir la casa al espacio público del bulevar.

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Jardines y antejardines: El jardín (jardin) dejó de ser un espacio oculto para convertirse en la carta de
presentación de la residencia, un espacio de transición entre lo público y lo privado.
Síntesis: Construir una Identidad
La arquitectura y el urbanismo de inspiración francesa en el Caribe colombiano fueron mucho más que
una simple moda; fueron la herramienta con la que una generación construyó su identidad y la inscribió
de forma permanente en el paisaje. Cada bulevar trazado y cada villa edificada era una declaración de
principios: una apuesta por el progreso, un reflejo del poder económico y un paso definitivo hacia la
consolidación de un ideal de vida cosmopolita.
Este legado de cemento y hierro forjado es, quizás, el testimonio más visible de la influencia francesa.
Las calles y las casas de barrios como El Prado en Barranquilla o Manga en Cartagena no son solo
patrimonio arquitectónico; son las páginas de una historia que narra cómo una élite caribeña soñó con
construir París a orillas del trópico.
Quinta característica: la educación y la cultura
Formar el espíritu y desordenar la fiesta
Si la arquitectura moldeó el cuerpo de la ciudad, la educación y la cultura se propusieron moldear su
alma. La influencia francesa en este ámbito fue un proyecto de doble faz: por un lado, buscaba forjar
un "espíritu civilizado" a través de una pedagogía rigurosa y europeizante; por otro, y casi sin quererlo,
aportó los ingredientes para el surgimiento de la más grande y bulliciosa expresión de la identidad
caribeña: el Carnaval de Barranquilla. Fue un diálogo fascinante entre el manual y el goce, entre el
orden del salón y el bendito desorden de la fiesta.
La Letra Francesa: Un Proyecto para "Formar el Espíritu"
La fascinación de las élites con Francia no se limitaba a los bienes materiales; anhelaban, sobre todo,
su capital cultural. Como bien documenta Rulfh Paffenbarger (2006), la fundación de colegios de
misioneros franceses, como el emblemático Biffi La Salle, y la omnipresencia de las institutrices en los
hogares pudientes, respondían a un objetivo claro: formar a un ciudadano cosmopolita. El francés no se
enseñaba solo como una lengua extranjera, sino como el idioma de la ciencia, la filosofía y el arte. Era
la llave que abría las puertas del mundo, una herramienta para poder brillar en los salones y manejar los
negocios con distinción.

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Este modelo pedagógico, que la historiadora de la educación Olga Lucía Zuluaga (1999) enmarca dentro
de la "misión civilizadora" que adoptaron las repúblicas latinoamericanas, trascendía el aula. Se crearon
bibliotecas, se importaban libros y revistas, y se fundaron clubes sociales donde la cultura francesa era
el epicentro de la vida social, desde la literatura que se discutía hasta el vino que se servía en las fiestas.
Del Salón Burlesco al Goce Popular: La Semilla del Carnaval
Aquí es donde la historia da un giro sabroso. Esos mismos clubes sociales, en su afán por replicar las
costumbres europeas, comenzaron a organizar bailes y fiestas de máscaras que imitaban los carnavales
de Niza o Venecia. La investigadora y autoridad en el tema, Mirtha Buelvas (2010), explica que los
primeros bandos y desfiles organizados del Carnaval de Barranquilla, a finales del siglo XIX, fueron
una iniciativa de estas élites. Eran eventos exclusivos, con carrozas alegóricas de inspiración europea y
"salones burlescos" que buscaban replicar la elegancia y el ingenio del humor francés.
Sin embargo, en el Caribe, la fiesta nunca se queda quieta. Esta semilla europea cayó en la tierra más
fértil que podía existir: la de la cultura popular, ya vibrante con sus cumbiambas, danzas de congo y
letanías de herencia africana e indígena. Y como era de esperarse, la cultura popular caribeña, con su
mamadera de gallo y su espíritu anárquico, no tardó en "echarle su propia salsa" a la fiesta.
Fue el encuentro del rigodón con el mapalé. El pueblo se tomó los espacios, las máscaras europeas
empezaron a convivir con las de torito y marimonda, y el ordenado desfile de las élites fue arrollado
por el bullicio y la candela del goce popular. Como argumenta Buelvas (2010), el Carnaval de
Barranquilla se convirtió en un espacio de negociación y síntesis, un sabroso sancocho cultural donde
la estructura europea fue totalmente desbordada y enriquecida por la tradición local.
Síntesis: La Cultura como Acto de Apropiación
La influencia francesa le dio al Carnaval una estructura inicial, una vitrina, un pretexto para organizarse.
Pero fue el genio popular del Caribe el que le puso el alma, el ritmo y el corazón. La educación formó
al ciudadano, pero la cultura demostró que el verdadero saber del Caribe no reside en la copia, sino en
su infinita capacidad para la apropiación creativa, para el "desorden" que produce una identidad única.
Al final, la historia nos enseña que mientras la élite aprendía a conjugar los verbos en francés, el pueblo
ya estaba conjugando el verbo más importante de todos: gozar.

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Y es en esa tensión, en esa fusión, donde reside la magia irrepetible del Carnaval, porque, como bien lo
dice su gente, "Quien lo vive es quien lo goza".
Síntesis de Hallazgos e Interpretación Final
El primer resultado objetivo es la naturaleza del léxico adoptado. Como se demostró, los galicismos
que se arraigaron en el habla caribeña, y que hoy son documentados como costeñismos por autores
como De Zubiria (1986), no son términos de necesidad básica, sino de prestigio. Palabras como chef,
boutique, chalet o soirée revelan que el idioma francés fue empleado como una herramienta de
distinción. Este hallazgo es la consecuencia lógica de la aspiración de una clase social, descrita por
Paffenbarger (2006), que necesitaba un nuevo vocabulario para nombrar su nuevo estatus y distanciarse
tanto de la herencia colonial como de la cultura popular.
En segundo lugar, el estudio revela que la influencia francesa reconfiguró los rituales sociales y los
espacios de representación. El análisis de la gastronomía y la cultura demuestra que no solo se
importaron recetas o bailes, sino sistemas completos de comportamiento. La aparición del restaurante,
el menú y el chef, así como la estructuración de los primeros salones del Carnaval a la manera europea
(Buelvas, 2010), crearon nuevos escenarios públicos. Este resultado contrasta con la sociabilidad más
privada del mundo hispánico y confirma la tesis de Bell Lemus (1991) sobre la ejecución de un
"proyecto de modernidad" visible y performativo. La mesa y la fiesta se convirtieron en teatros donde
se escenificaba el progreso.
El tercer hallazgo se manifiesta en el espacio físico. La arquitectura y el urbanismo, como lo evidencian
los trabajos de Carlos Bell Lemus (2015) y Silvia Arango (2012), materializaron esta nueva gramática
social. La adopción de bulevares y villas de estilo francés en barrios como El Prado no fue una decisión
meramente estética; fue un acto ideológico que impuso un orden, una jerarquía y una belleza importada
sobre el paisaje tropical. Este resultado demuestra que la élite no solo quería vivir de manera diferente,
sino que necesitaba inscribir su poder y su visión del mundo de forma monumental y duradera.
La discusión de estos resultados permite establecer un diálogo directo con la teoría y otros antecedentes.
A diferencia del centro andino, donde, como sugiere Múnera (1998), la cultura francesa pudo ser un
barniz para una élite ya consolidada, en el Caribe fue un elemento constitutivo de una nueva clase social.

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Aquí reside la novedad científica de este trabajo: proponer que el "afrancesamiento" no fue una
influencia más, sino el principal vehículo simbólico a través del cual la élite caribeña se inventó a sí
misma.
Mi interpretación, por tanto, es que este proceso debe entenderse como un acto de apropiación
estratégica. Y es que aquí reside la sabrosura del proceso: el Caribe colombiano jamás fue un lienzo en
blanco. La cultura receptora actuó con una vitalidad arrolladora a través de la apropiación y el
sincretismo. El modelo francés era la propuesta, pero la respuesta final siempre tuvo acento local. Este
no fue un acto de resistencia pasiva, sino de genialidad creativa: un "desorden" que reinterpretaba el
orden. La cultura caribeña, ese potente sancocho de herencias indígenas, africanas y españolas,
seleccionó, adaptó, y remezcló los elementos foráneos hasta hacerlos irreconociblemente suyos. El
riguroso manual francés fue puesto a bailar al son de la cumbia; la elegante soirée se llenó del bullicio
de una verbena.
En definitiva, la pertinencia de este estudio radica en que ofrece una nueva perspectiva sobre la
identidad caribeña, explicándola no como un producto aislado, sino como el resultado de un diálogo
global.
Las prospectivas teóricas son claras: es necesario estudiar los fenómenos de influencia cultural no desde
la óptica de la dominación, sino desde la de la negociación creativa. El Caribe colombiano no se
"afrancesó" pasivamente; usó la gramática francesa para escribir su propio y sabroso capítulo en la
historia de la modernidad.
Ilustraciones, Tablas y Figuras
A continuación, se presentan los elementos gráficos y tabulares que sirven de apoyo visual y
profundización a los hallazgos expuestos en el texto. Cada elemento está numerado de forma correlativa
para su referencia inmediata.

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Figura 1. Mapa de Conectividad del Caribe Colombiano (c. 1900)
Leyenda: Esta ilustración esquematiza las principales rutas comerciales marítimas que conectaban a Barranquilla y otros
puertos del Caribe con Europa (especialmente Francia), en contraste con las precarias vías de comunicación terrestre con el
centro andino. La simbología aclara: (▬) Rutas Marítimas Principales de importación/exportación; (- - -) Rutas Terrestres y
Fluviales Limitadas hacia el interior del país. El mapa subraya visualmente la tesis de una región "de cara al mundo y de
espaldas a los Andes".
Fuente: Elaboración propia a partir de datos históricos de Paffenbarger (2006) y Sundheim (1922).
Tabla 1. Clasificación de Galicismos Asimilados en el Español del Caribe Colombiano
Término
(Galicismo)
Origen Francés
(Etimología) Campo Semántico Nivel de Asimilación
(Escala 1-3)
Chalet Chalet Arquitectura 2
Boutique Boutique Moda / Comercio 1
Chef Chef Gastronomía 2
Carné Carnet Vida Social / Burocracia 3
Bulevar Boulevard Urbanismo 2
Afiche Affiche Cultura / Publicidad 3
Leyenda: La tabla clasifica una muestra representativa de galicismos según su campo de influencia. La columna "Nivel de
Asimilación" ofrece una estimación cualitativa del grado de integración del término en el habla cotidiana, donde: 1 =
Extranjerismo reconocible; 2 = Adaptado fonética y morfológicamente; 3 = Totalmente integrado, no se percibe como
extranjero.
Fuente: Elaboración propia a partir de datos léxicos basados en De Zubiría (1986).
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Figura 2. Análisis Comparativo: El Modelo del Hotel particular y la Villa Republicana Caribeña.
Leyenda: Esta figura yuxtapone (A) una fachada de un hotel particular parisino del Segundo Imperio con (B) una villa
representativa del barrio El Prado de Barranquilla (c. 1920). Las guías numeradas señalan los elementos arquitectónicos
compartidos que evidencian la influencia del modelo francés: (1) Mansarda o cubierta amansardada, (2) Balconería ornamental
en hierro forjado, y (3) Elaborada ornamentación en cornisas y vanos.
Fuente: Elaboración propia a partir de (A) Archivo Fotográfico de la Bibliothèque Nationale de France. (B) Archivo Histórico
del Atlántico.
Figura 3. Línea de Tiempo Sincrética del Carnaval de Barranquilla (1880-1930)
Fuente: Elaboración propia a partir de la cronología presentada por Buelvas (2010).
Leyenda: Este diagrama ilustra la evolución paralela y posterior fusión de las dos grandes vertientes del Carnaval.

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CONCLUSIONES
La Paradoja del Espejo Francés: Modernidad, Identidad y Sincretismo
La influencia francesa en el Caribe colombiano, lejos de ser un barniz superficial o un mero catálogo
de préstamos, constituyó el proyecto de modernidad más coherente y articulado de la región entre
finales del siglo XIX y principios del XX. Este estudio concluye que el modelo galo no fue simplemente
una moda, sino la principal gramática simbólica que la élite emergente utilizó para construir una nueva
identidad, distanciándose del pasado colonial andino y legitimando su lugar en el escenario del
comercio mundial. Francia proveyó el lenguaje, la estética y los rituales con los que el Caribe soñó y
escenificó su propio progreso.
Esta postura se sustenta en la convergencia de los resultados obtenidos. Los hallazgos demuestran que
el proyecto fue integral y sistémico: el léxico francés se adoptó como un marcador de prestigio social;
la gastronomía y la arquitectura transformaron los espacios públicos y privados en un teatro de
distinción cosmopolita; y la educación formalizó este ideal civilizatorio. Sin embargo, y de forma
crucial, la cultura popular no fue una espectadora pasiva. Como lo demuestra el caso del Carnaval, esta
tomó los códigos de la élite y los desordenó, los mezcló en su caldero sincrético, creando una expresión
cultural nueva y potente.
La conclusión más trascendente de este trabajo reside, por tanto, en una paradoja creativa. En su
búsqueda por reflejarse en el espejo de la modernidad francesa para volverse más "universal", la
sociedad caribeña, y en especial su cultura popular, terminó por acentuar su propia e irreductible
particularidad. El acto de apropiación fue más poderoso que el de imitación. Se importó el manual, pero
se escribió un poema distinto, con métrica propia y acento local. Francia ofreció los ingredientes, pero
el sancocho cultural resultante fue, inconfundiblemente, caribeño.
Finalmente, este estudio no cierra la discusión; la abre. Quedan tareas pendientes que invitan a futuros
investigadores a seguir tirando del hilo de esta fascinante madeja:
¿Cuál fue la contraparte popular? Si bien se analizó la apropiación, queda por explorar en profundidad
la percepción de este "afrancesamiento" desde las clases no elitistas. ¿Hubo discursos de parodia,
resistencia o aspiración explícitos en la prensa obrera, la décima o la música popular de la época?

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¿Y las otras influencias? Este trabajo se centró en Francia por su rol hegemónico, pero ¿cómo dialogó
o compitió este modelo con las notables influencias alemanas, inglesas o italianas también presentes en
la región? Un estudio comparativo de estas corrientes enriquecería enormemente el panorama.
¿Cuál es el legado hoy? Más allá de los vestigios evidentes, ¿cómo pervive esta gramática de la
modernidad en las estructuras sociales, las aspiraciones y las tensiones culturales del Caribe colombiano
del siglo XXI?
El Caribe colombiano miró a Francia para ser moderno y, en el reflejo, sin buscarlo, encontró una nueva
y más compleja forma de ser, para siempre, caribeño.
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