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En coherencia con estos resultados, el uso de dispositivos tecnológicos por parte de los estudiantes
también se presenta de forma moderada, predominando la opción a veces (49%). Esta relación confirma
que la práctica docente influye directamente en los hábitos tecnológicos del estudiantado. No obstante,
los datos muestran que el empleo de herramientas digitales no implica necesariamente un uso
inadecuado del lenguaje, ya que el 51% manifiesta que nunca utiliza lenguaje abreviado o informal en
actividades académicas, y el 68,30% afirma diferenciar el lenguaje de redes sociales del lenguaje
escolar. Estos hallazgos coinciden con estudios previos que sostienen que el uso de tecnologías no
conduce automáticamente a la pérdida de la norma lingüística, siempre que exista orientación
pedagógica.
Por otro lado, aunque el 49% de los estudiantes reconoce que el uso constante de medios digitales a
veces influye en su forma de escribir, esta influencia no se percibe como permanente ni generalizada.
Esta percepción se refuerza con el hecho de que el 79,60% considera importante el uso del lenguaje
formal en trabajos y evaluaciones, y el 67,40% afirma mantener una buena ortografía y redacción en
entornos virtuales siempre o casi siempre. Asimismo, la corrección docente aparece como un factor
determinante, ya que el 76,60% de los estudiantes indica que el docente corrige frecuentemente el uso
inadecuado del lenguaje digital, fortaleciendo hábitos de escritura formal.
En cuanto al desempeño académico, los resultados muestran que el lenguaje informal digital afecta a
veces al rendimiento en Lengua y Literatura (51,50%), lo que evidencia una influencia ocasional, pero
no dominante. A su vez, los medios digitales se perciben como un elemento motivador, dado que el
65,60% de los estudiantes señala que siempre o casi siempre los motivan a leer y escribir. Finalmente,
destaca que el 81,90% considera importante aprender a usar correctamente el lenguaje digital, lo que
refleja una alta conciencia sobre su relevancia en la formación académica.
En conjunto, los resultados aportan evidencia de que el lenguaje digital, lejos de ser un factor
exclusivamente negativo, puede coexistir con el lenguaje formal cuando existe mediación docente y
conciencia estudiantil. La novedad del estudio radica en demostrar que la frecuencia limitada del uso
digital no impide su valoración positiva ni el desarrollo de competencias lingüísticas formales. Desde
una perspectiva aplicada, los hallazgos sugieren la necesidad de fortalecer estrategias pedagógicas que
integren de manera sistemática el uso responsable del lenguaje digital, contribuyendo así a una