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distingue entre sí en razón del movimiento y reposo” (p.77), esta noción de cuerpo se vincula
directamente con la categoría de afecto que para este filósofo neerlandés es el aumento o disminución
de la potencia de un cuerpo sobre sí mismo y otros. En este sentido, la tecnología puede ser un cuerpo
que afecta y es afectado. Afecto es una posibilidad que atraviesa cualquier emoción o reacción.
El cuerpo conduce un modo de existencia que es singular pero compartida, pues como ya se platicó,
somos cuerpos en constante afecto, esto se debe a que contenemos como cuerpo una potencia, que se
define como “esfuerzo de una cosa cualquiera, con que ya sola, ya con otras actúa o se esfuerza en
actuar sobre algo” (Spinoza, 1983, p. 143) Dicho en otras palabras, la potencia es la capacidad de un
cuerpo de actuar e incidir en lo que le rodea y en sí mismo, podríamos verlo como una forma de agencia.
Los artefactos tecnológicos hay que entenderlos como cuerpos, en el sentido que están siendo afectados
y afectan a otros, pero que además contienen un obrar, una potencia que puede aumentar o disminuir
acorde a las circunstancias. Por ejemplo, en los festivales de música, los escenarios son cuerpos
tecnológicos que se ven afectados por el equipo de producción, por la audiencia, por los artistas y que,
a su vez, afectan a estos participantes del evento.
Es así como me aventuro a decir que los cuerpos humanos son cuerpos tecnosensibles, pues en el
trayecto histórico como especie hemos sostenido una relación muy estrecha con la tecnología, dando
como resultado que nuestra corporalidad se vea afectada en su potencia a partir del uso y creación de
estos artificios. Carl Sagan (1979) observa -parecido a lo que dice Marshall McLuhan- a la tecnología
como una extensión no solo de nuestras capacidades físicas, sino también mentales, pues ha sido clave
para la evolución como especie, ya que ha potencializado las conexiones neuronales y el desarrollo del
encéfalo, dando lugar a lo que conocemos como cultura.
Las máquinas como cuerpos carecen en palabras de Ricard Solé (2023) “de intención, comprensión y
conciencia” (p.63). Pero aun con estas limitantes, los cuerpos artificiales pueden ser parte de
intercambios comunicativos con otros seres y se generan situaciones como la afinidad, cooperación y
empatía, tomando en cuenta que son las personas quienes detonan esas reacciones en su encuentro con
la tecnología, no es per se la máquina quien fomenta dichas competencias.
Reforzando la idea del párrafo anterior, sigamos con Solé (2023) y la siguiente afirmación “nuestro
cerebro ha extendido esta propiedad [biofilia] a ciertos objetos inanimados con los que podemos