CUIDADO, RESPONSABILIDAD Y EDUCACIÓN EN
LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: UNA
REFLEXIÓN ÉTICA DESDE LAS NEUROCIENCIAS
CARE, RESPONSIBILITY, AND EDUCATION IN THE AGE OF
ARTIFICIAL INTELLIGENCE: AN ETHICAL REFLECTION FROM
NEUROSCIENCE
Jesús Armando Martínez Gómez
Universidad Autónoma de Querétaro
Gemma Fernández Pichardo
Universidad Autónoma de Querétaro
Almendra Ríos Mora
Investigadora independiente

pág. 2020
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22342
Cuidado, responsabilidad y educación en la era de la inteligencia artificial:
una reflexión ética desde las neurociencias
Jesús Armando Martínez Gómez1
jesus.armando.martinez@uaq.mx
https://orcid.org/0000-0003-2593-3248
Universidad Autónoma de Querétaro
México
Gemma Fernández Pichardo
gemma.fernandez@uaq.mx
https://orcid.org/0009-0003-9347-4079
Universidad Autónoma de Querétaro
Almendra Ríos Mora
almendra.rios@uaq.mx
https://orcid.org/0009-0000-9517-0384
Universidad Autónoma de Querétaro
México
RESUMEN
En el contexto contemporáneo, donde cada vez es mayor la influencia de las neurociencias, la
Inteligencia Artificial y la neurotecnologías, la educación se enfrenta a retos que exigen repensar sus
fundamentos humanos y pedagógicos, desde una ética comprometida con el bien común. En el
presente artículo se reflexiona sobre las bases de una educación responsable en un entorno de creciente
digitalización y uso de la IA y las neurotecnologías con fines didácticos y formativos, sobre todo a
través de la interfaz cerebro-máquina. A pesar del desarrollo de la neuroeducación y la comprensión
de la neuroplasticidad como eje del aprendizaje, se advierte que la educación no debe ser reducida a un
procesos técnicos, ni mucho menos instrumentalizar al estudiante mediante el uso de las tecnologías
convergente (NBIC). En este contexto, donde la propuesta transhumanista amenaza con desnaturalizar
la educación y al propio hombre mediante la neuromejora con fines perfeccionistas, se hace necesario
asumir una ética del cuidado que no sólo permita proteger a los más vulnerables, sino también obrar
con responsabilidad ante el progreso tecnológico y su aplicación a los procesos de formación y
aprendizaje. Estamos ante una nueva forma de vulnerabilidad, la algorítmica, de especial relieve en la
esfera educativa, donde amenaza con atrofiar las capacidades humanas para enfrentar problemas,
desarrollar resiliencia y fomentar el pensamiento crítico, además de ahondar las desigualdades
existentes y la exclusión social, que son reproducidas a gran escala por los sesgos de los propios
sistemas inteligentes. En el trabajo se adoptó una metodología cualitativa basada en los métodos
hermenéutico-crítico y el análisis de documentos, los cuales permiten reflexionar críticamente sobre
este problema y afirmar, en conclusión, la tesis de que una educación verdaderamente responsable
debe integrar el cuidado como principio ético y pedagógico para formar en los estudiantes
sentimientos altruistas, la empatía por los demás y una conciencia crítica que les permita discernir con
responsabilidad y desarrollar todas sus potencialidades humanas, a las vez que evitar su
instrumentalización por el sistema tecnológico.
Palabras clave: ética del cuidado, Inteligencia Artificial, educación responsable, vulnerabilidad
algorítmica
1 Autor principal
Correspondencia: jesus.armando.martinez@uaq.mx

pág. 2021
Care, responsibility, and education in the age of artificial intelligence: an
ethical reflection from neuroscience
ABSTRACT
In the contemporary context, where the influence of neuroscience, Artificial Intelligence, and
neurotechnologies is steadily increasing, education faces challenges that require rethinking its human
and pedagogical foundations from an ethical perspective committed to the common good. This article
reflects on the foundations of responsible education in an environment of growing digitalization and
the use of AI and neurotechnologies for didactic and formative purposes, especially through the brain–
machine interface. Despite the development of neuroeducation and the understanding of
neuroplasticity as a core element of learning, it is cautioned that education should not be reduced to
technical processes, nor should students be instrumentalized through the use of convergent
technologies (NBIC). In this context, where transhumanist proposals threaten to denaturalize
education and the human being itself through neuroenhancement with perfectionist aims, it becomes
necessary to embrace an ethics of care that not only protects the most vulnerable, but also promotes
responsible action in the face of technological progress and its application to educational and learning
processes. We are confronted with a new form of vulnerability—algorithmic vulnerability—which is
particularly significant in the educational sphere, as it threatens to atrophy human capacities to
confront problems, develop resilience, and foster critical thinking, while also deepening existing
inequalities and social exclusion reproduced on a large scale by the biases embedded in intelligent
systems themselves. The study adopts a qualitative methodology based on hermeneutic-critical
methods and document analysis, which allow for a critical reflection on this issue and support, in
conclusion, the thesis that a truly responsible education must integrate care as an ethical and
pedagogical principle in order to cultivate altruistic attitudes, empathy for others, and critical
awareness in students—enabling them to exercise responsible discernment, fully develop their human
potential, and avoid instrumentalization by the technological system.
Keywords: ethics of care, Artificial Intelligence, responsible education, algorithmic vulnerability
Artículo recibido 10 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 10 enero 2026

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INTRODUCCIÓN
El tema objeto de estudio de este trabajo es la educación responsable en el marco de una sociedad
donde el desarrollo de las neurociencias, las neurotecnologías y la Inteligencia Artificial (IA)
comienzan a impactar de manera directa en los procesos formativos, y especialmente en sus estrategias
didácticas, generando cambios trascendentes en la forma de aprender y enseñar. Ello explica la gran
cantidad de artículos y libros que hoy se enfocan en la reflexión sobre este tema.
Los avances en materia de neuroeducación han permitido conocer los fundamentos neurológicos del
aprendizaje, cuyo núcleo es el cognito, estructura neuronal en la que se constituye el conocimiento o
recuerdo en nuestro cerebro. Se trata, estructuralmente hablando, de “una red de ensamblajes de
neuronas corticales que se ha formado en la experiencia vital mediante la coactivación _esto es, la
activación simultánea_ de redes más pequeñas o ensamblajes neuronales que representan los rasgos
constituyentes de este recuerdo o elemento del conocimiento” (Fuster, 2022, pp. 103-104). En otras
palabras, “un cognito es una red cortical formada por el fortalecimiento de los contactos (sinapsis)
entre neuronas y ensamblajes neuronales ampliamente diseminados por la corteza cerebral” (Fuster,
2022, p. 109).
Desde este punto de vista, aprender significa establecer redes entre neuronas que permiten registrar la
información proveniente de estímulos que activan este ensamblaje o red neuronal cortical, ya
existente, en relación con la cual se establecen nuevos vínculos neuronales, que tienden a hacerse cada
vez más complejos toda vez que una neurona puede llegar a formar parte de uno o varios cognitos a la
vez. Este almacén cognitivo está en constante cambio (Fuster, 2022, pp. 105-115), lo que explica su
estrecha conexión con el fenómeno de la neuroplasticidad, que es “la capacidad del sistema nervioso
para modificarse o adaptarse a los cambios” (Manes y Niro, 2021, p. 86).
De tal suerte, que el aprendizaje está estrechamente vinculado con el fenómeno de la generación de
nuevas neuronas y sus conexiones o enlaces, siendo la conexión neuronal (sinapsis) un elemento
central de la neuroplasticidad, y a la vez de la cognición. Es fundamental estimular el cerebro con
nuevos desafíos para que crezca, se desarrolle y no degenere, y con base en ello, se debe incentivar al
estudiante, motivándolo con retos que le permitan desarrollar competencias verdaderamente

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integradoras. Esta es la base neurológica del aprendizaje activo y desarrollador en que tanto se ha
venido insistiendo en los últimos años.
Un aporte importante de las neurociencias y, en particular de la neurobiología, ha sido explicar la
relación existente entre los proceso corticales y subcorticales en el proceso de aprendizaje, en especial
del lóbulo frontal con el sistema límbico, y particularmente con la amígdala, lo que explica la
conexión entre motivación y pensamiento. En esta línea de reflexión, Francisco Mora (2013) señala:
“Cognición-emoción es, pues, un binomio indisoluble que nos lleva a concebir de cierto que no hay
razón sin emoción. Binomio esencial para entender la esencia de lo que es enseñar y aprender” (p. 42).
También los aportes neurocientíficos han permitido conocer las características del cerebro en
diferentes edades, evidenciando su nivel de maduración para ajustar los programas de estudio y
estrategias didácticas a los mismos. Así hoy conocemos, por ejemplo, que la activación del cerebro
límbico (sobre todo la amígdala y núcleos accumbens) en la adolescencia contrasta con el desarrollo
incompleto de lóbulo frontal de la corteza cerebral, que está sujeto a procesos de poda neuronal y
mielinización, que dificultan su pensamiento crítico y la toma de decisiones responsables, lo que
justifica las acciones de cuidado con relación a estos estudiantes, que aunque exigen que se reconozca
su autonomía y desafían la autoridad de padres y maestros, no han desarrollado suficientemente las
capacidades cognitivas y volitivas para deliberar y decidir con responsabilidad y presentan serias
dificultades para gestionar sus emociones (Guerrero, 2021, pp. 128-136). Ello los torna mucho más
vulnerables a la influencia nociva del medio social, y particularmente a la que proviene de las redes
sociales y el uso de la internet.
Sobre los mencionados aportes de las neurociencias y su aplicación en la neuroeducación no ha habido
mayores cuestionamientos. Sin embargo, las mayores oportunidades y riesgos hoy se presentan en el
fenómeno conocido como interfaz-cerebro máquina. Y no es casual, porque este es el punto de
intersección más notable entre las neurociencias y la IA, donde se abren mayores posibilidades, pero
también peligros potenciales para la educación. Desde esta perspectiva, ya se empieza hablar no sólo
de la obsolescencia de la escuela tradicional, sino también de su reemplazo por la educación en línea,
que ha revolucionado notablemente la educación con la creación de los MOOC (massive oline open
course), cursos de multimedia que tienen un mayor alcance dadas sus posibilidades de llegar a

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personas de diferentes lugares del mundo, con el uso de algoritmos que permiten dar seguimiento a
cada estudiante, atendiendo a sus intereses y posibilidades cognitivas, ofreciendo un mayor porcentaje
de horas de estudio independiente y formas novedosas de evaluación del aprendizaje (Laurent, 2022,
pp. 115-121).
Se prevé que estos cursos se logren ajustar de conformidad con los registros de la actividad cerebral,
para que cada estudiante pueda aprender a su ritmo, permitiendo, además, con la ayuda de la IA,
“mejorar la eficacia del tiempo dedicado a la transmisión de conocimientos (Laurent, 2022, pp. 126 y
129). Y ello, por supuesto, también cambia las funciones del profesor, que se enfocará en ser un
facilitador, organizador del proceso, pero no figura clave para alcanzar los aprendizajes esperados.
Pero esto no sería lo más novedoso, hay aseveraciones futuristas mucho más radicales, como la
afirmación de que en un futuro próximo la escuela será transhumanista, resultando normal la
modificación del cerebro del alumno mediante la utilización de tecnologías convergentes (NBIC),
como las nanotecnologías, la biotecnología, las tecnologías de la información y la ciencia cognitiva.
De esta forma, la educación actual sería sustituida totalmente por la neuroeducación, que dejará de
servir de herramienta para la elaboración de estrategias didácticas que favorezcan el aprendizaje activo
del estudiante, para centrarse en una nueva acción: la neuromejora (Laurent, 2022, pp. 137-139).
En tal sentido, Laurent (2022) sentencia: “La escuela del futuro será transhumanista o no será” (p.
137). Con ello nos indica que los procesos de mejora irán sustituyendo paulatinamente a muchos de
los recursos didácticos conocidos, porque el cerebro humano será asistido directamente por la
tecnología, potenciándose el funcionamiento del ya de por sí complejo tejido neuronal con la ayuda de
las biotecnologías, la ingeniería genética, las neurotecnologías y por medio de sustancias o
estimulantes neuroquímicos. Pero ahí no terminan los pronósticos, porque también se está empezando
a pensar en la conexión del cerebro humano a los cerebros de silicio de los gigantes digitales, con el
objetivo de superar sus limitaciones naturales para elevar su rendimiento. Afirma Laurent (2022), que
la cohabitación con la IA aumentará nuestras capacidades cognitivas: “la coevolución con el silicio
nos hará descubrir nuevas maneras de razonar, lo que reorganizará nuestras redes neuronales” (p. 143).
El transhumanismo es “un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de
mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas

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tecnologías, para que se puedan eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición
humana, como son: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y hasta la condición mortal”
(Bostrom, citado por Hottois, p. 78). En esencia, se pretende “mejorar” al ser humano mediante la
potenciación tecnológica de sus capacidades, lo que elevaría enormemente su capacidad cognitiva y la
rapidez para procesar y almacenar información, entre otros supuestos beneficios, que influirán de
manera decisiva en la forma en que los humanos acostumbramos a aprender y pensar.
El fortalecimiento de los sistemas de algoritmos en la esfera de la educación, sin duda alguna modifica
de manera significativa la forma en que se almacenan y procesan los datos, incluyendo los personales,
y la velocidad con que se accede y se analiza la información. Por otra parte, el volumen de
información existente y las múltiples formas de influir sobre los usuarios de los servicios de internet se
multiplica dada la posibilidad de clasificar y establecer perfiles no sólo para atender a sus necesidades
de información y aprendizaje, sino también para inducir conductas, formas de pensar y de sentir,
dando lugar a nuevas formas de preferencia y exclusión social.
Con base en lo expuesto, el presente trabajo se propone reflexionar sobre las bases para el desarrollo
de una educación responsable en la era de la IA y las neurotecnologías, concebida como un medio para
preservar la naturaleza humana frente a los desafíos del desarrollo tecnológico.
METODOLOGÍA
El presente artículo se basa en una metodología cualitativa de tipo hermenéutico-crítica, orientada a
comprender e interpretar el fenómeno educativo en el contexto del avance de las neurociencias y la
Inteligencia Artificial, desde una perspectiva humanista fundamentada en la ética del cuidado para la
construcción de una educación responsable. El estudio se sustenta en el análisis documental y teórico
de fuentes especializadas que abordan la temática en cuestión
No se pretende validar una hipótesis mediante mediciones empíricas, sino problematizar críticamente
sobre la incidencia del desarrollo tecnológico __ en particular de la Inteligencia Artificial, las
neurociencias y las neurotecnologías__ en el ámbito educativo. La argumentación se construye desde
los presupuestos de una lógica abductiva, en la que los conceptos son interpretados a la luz de un
grupo de categorías fundamentales, tales como vulnerabilidad algorítmica, coevolución humano-
tecnológica, neuroplasticidad educativa y responsabilidad compartida.

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El análisis reflexivo se sustenta en una triangulación teórica entre la neurobiología del aprendizaje
(Fuster, Mora), los estudios sobre Inteligencia Artificial y educación (Laurent) y el pensamiento ético
contemporáneo (Bostrom, Fernández, Hottois, Jonas, Martínez, Sandel). Esta articulación no sólo
permite una integración teórica de los campos analizados, sino también la formulación de una
propuesta crítica para sentar las bases de una educación comprometida con el bien común, la justicia
cognitiva y el cuidado como ejes éticos centrales.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Frente al desarrollo tecnológico contemporáneo, se vuelve imprescindible la formulación de una ética
de la responsabilidad que lo cuestione desde una perspectiva humanista. Tradicionalmente, el
problema de la vulnerabilidad humana ha sido analizado en relación con situaciones de dependencia,
fragilidad física, discapacidad mental o pobreza; sin embargo, en la era de la digitalización resulta
necesario ampliar esta reflexión hacia una nueva forma de vulnerabilidad: la vulnerabilidad
algorítmica.
La tecnología digital no es completamente neutra, como durante mucho tiempo se asumió, pues
incorpora sesgos en los que se expresan prejuicios y concepciones de diversa índole, generalmente
alejados del ideal del bien común, ya que en última instancia responden a intereses corporativos o a los
propios de las élites de poder. De ahí que, cuanto mayor sea la dependencia de los algoritmos para
comprender la realidad y tomar decisiones, mayores serán también las posibilidades de manipulación e
instrumentalización de quienes utilizan sus servicios.
Por otra parte, la dependencia excesiva de la tecnología produce efectos negativos sobre el cerebro
humano, en la medida en que se atrofian diversas capacidades cognitivas del sujeto que comienzan a
ser suplidas por los algoritmos. Cuando disminuye la necesidad de escribir, corregir la ortografía,
buscar información o analizarla críticamente, estas habilidades tienden a debilitarse, incrementando
progresivamente la dependencia respecto de la tecnología y de quienes la desarrollan. En este sentido,
la vulnerabilidad ya no puede entenderse únicamente como una condición inherente a lo humano, pues
el desarrollo desmedido de la tecnología eleva también los niveles de vulnerabilidad de nuestra
especie, aun cuando contribuya a mejorar ciertas condiciones de vida.

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En este escenario, la ética del cuidado emerge como una necesidad fundamental para la protección de
los más vulnerables. El poder tecnológico supera hoy con creces las capacidades predictivas de la
razón humana, que con frecuencia se muestra incapaz de delimitar con claridad las fronteras de lo
permitido (Jonas, 2014, pp. 68, 72). Ante esta situación, un imperativo central para orientar la acción
humana consiste en preservar la humanidad misma, lo que nos obliga al cuidado de su esencia (Jonas,
2014, pp. 87-88).
Carol Gilligan (2013) advierte que, en el contexto actual, resulta más relevante preguntarnos cómo
hemos perdido la capacidad de cuidar, amar y ser empáticos y sensibles ante el dolor del otro, que
indagar únicamente sobre el origen de dicha facultad (p. 13). Desde esta perspectiva, una de las
principales amenazas al deber de cuidado proviene de la llamada ética del éxito, asociada al afán
permanente de reducir el sentido de la vida al logro del éxito laboral o empresarial, concebido como
garantía exclusiva de felicidad y seguridad (Martínez & Fernández, 2023, p. 67).
Esta lógica explica el intento de reducir la educación contemporánea a la mejora cognitiva, moral o
biotecnológica, con el propósito de emular a las máquinas y maximizar el rendimiento en la
competencia por el triunfo. Si el éxito se erige como fin supremo de la vida humana, se compromete
gravemente nuestra responsabilidad frente al futuro de la humanidad y el deber de cuidado al que
estamos llamados para preservar su naturaleza.
Los procesos de selección en las universidades de élite suelen orientarse a la formación de individuos
exitosos, relegando valores esenciales para la convivencia humana y la responsabilidad por el bien
común. Esta dinámica se sustenta en la ética del éxito, desde la cual se justifica la desigualdad: quien
obtiene mejores resultados lo hace, supuestamente, porque se esfuerza más y, por ello, merece su
posición de superioridad. Así se configura una meritocracia que sustituye a la aristocracia tradicional
basada en el origen natural. Aunque este modelo parece favorecer la movilidad social, no deja de ser
injusto, pues no todos cuentan con las mismas condiciones económicas ni con los mismos talentos
naturales —fruto de la denominada “lotería genética”— para competir en igualdad de condiciones
(Sandel, 2023, pp. 149-171).
La idealización de la meritocracia no solo continúa siendo un mecanismo de reproducción y
justificación de la desigualdad, sino también una fuente de presiones que generan desajustes

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emocionales y padecimientos laborales, como el síndrome de burnout, cuyos síntomas afectan
igualmente a quienes se preparan para incorporarse al mercado laboral: los estudiantes. La presión
ejercida por las exigencias del éxito se manifiesta desde edades tempranas, impulsando a muchos a
recurrir a la neuroestimulación mediante fármacos, sustancias adictivas o al uso abusivo de algoritmos,
no solo como herramientas de apoyo, sino como sustitutos de sus propias actividades cognitivas, en
busca de mayor rapidez y rendimiento.
Este fenómeno explica, en buena medida, la creciente dependencia de los estudiantes respecto de los
sistemas de Inteligencia Artificial, así como los sentimientos de desamparo y estrés que experimentan
cuando no les es posible utilizarlos.
La noción de una educación responsable implica reconocer que la práctica educativa no es neutral ni
meramente técnica, sino profundamente ética, y que, por ello, debe asumirse de manera radicalmente
crítica. Educar de forma responsable significa preparar a los estudiantes para analizar y cuestionar la
información y sus usos, interrogarse por el sentido y la finalidad de lo que se aprende, y reflexionar
sobre las consecuencias que pueden derivarse del desarrollo tecnológico y de su implementación sin
límites, al margen de los valores que nos definen como humanos y como especie.
En este sentido, Sandel (2025) señala que frente al perfeccionismo y al afán de mejora deben
considerarse dos cuestiones fundamentales: la gratitud por el don, que implica reconocer la vida como
un regalo que debe ser apreciado y preservado, y la actitud que asumimos frente al mundo que
habitamos. Como advierte el autor, “Resulta tentador pensar que diseñar a nuestros hijos y a nosotros
mismos para tener éxito en una sociedad competitiva es un ejercicio de libertad. Pero cambiar nuestra
naturaleza para encajar en el mundo _y no al revés_ es la mayor pérdida de libertad posible” (p.95)
La educación moderna ha privilegiado la autonomía, la razón, el progreso y la responsabilidad
individual como motores del desarrollo social. No obstante, se hace necesario enfatizar que la
responsabilidad es también compartida, que cooperar resulta tan importante como competir y que, si
bien la humanidad nos define como especie, somos igualmente vulnerables como seres vivos. De ahí
la urgencia de educar en la empatía frente al dolor ajeno y en el compromiso con el bien común en
contextos de incertidumbre. Como advirtiera Edgar Morin (1992, p. 2), es preciso enseñar a enfrentar

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las incertidumbres y, al mismo tiempo, a comprender la condición humana, para no desorientarnos ni
perdernos en el camino de nuestras aspiraciones.
En consecuencia, una educación verdaderamente responsable no puede limitarse a la transmisión de
contenidos ni al desarrollo de competencias orientadas al éxito laboral. Debe articularse como una
práctica de acompañamiento, de cuidado mutuo y de formación de ciudadanos conscientes de los
riesgos del individualismo, capaces de resistir la exclusión y la tecnocracia. En cada entorno educativo
será necesario, por tanto, crear condiciones que fomenten el cuidado recíproco y la responsabilidad
colectiva frente al deber del aprendizaje.
CONCLUSIONES
En la era de la Inteligencia Artificial y las neurotecnologías la educación no debe ser reducida a una
técnica instrumental al servicio del éxito. Al contrario, deberá convertirse en una práctica social
responsable, conducirse con sumo cuidado de lo humano para el logro de la formación integral del
estudiante. La ética del cuidado deviene instrumento indispensable para enfrentar los riesgos de
propuestas que pretenden la coevolución del cerebro humano y los algoritmos, sin reparar en la
necesidad de proteger a los más vulnerables frente a la tecnificación sin límites.
Es importante formar docentes y estudiantes responsables, capaces de detectar los riesgos de la
dependencia tecnológica excesiva, y los sesgos algorítmicos que pueden generar y reproducir formas
de exclusión y discriminación. No es suficiente enseñar a usar la tecnología, se necesita también de
una pedagogía responsable que promueva la reflexión sobre las finalidades de su uso y límites, desde
una perspectiva ética que favorezca la preservación de la naturaleza humana frente a los desafíos de
las tecnologías NBIC.
Es momento de definiciones, como señala Sandel (2023), de ahí la necesidad de preguntarnos si la
solución a los problemas que derivan del desarrollo tecnológico está en “llevar una vida más fiel al
principio del mérito o si, por el contrario, debemos encontrarla en la búsqueda de un bien común más
allá de tanta clasificación y tanto afán de éxito” (p.24). La respuesta a esta interrogante seguramente
determinará la ética que elijamos para regir los procesos de formación en la actualidad: la del éxito,
que induce y estimula el egoísmo y el afán por el uso ilimitado de la tecnología; o la del cuidado, que
favorece la preocupación por el bien común y la corresponsabilidad frente al desarrollo tecnológico.

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