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El rendimiento operativo y de combate del sistema de artillería antiaérea Osa-AKM, designado en su
versión modernizada como OSA-P, ha experimentado una notable mejora gracias a la incorporación de
una estación optoelectrónica pasiva de observación y adquisición de blancos. Este avance tecnológico
permite detectar, identificar y atacar objetivos aéreos sin requerir la activación del radar principal de
búsqueda, cuya emisión de alta frecuencia suele delatar la posición del sistema ante los sensores
enemigos.
La nueva unidad optoelectrónica pasiva (OLS) integra de forma compacta una mira televisiva de alta
resolución, una cámara termográfica y un telémetro láser, conformando un sistema multisensor que
optimiza la precisión de detección y la efectividad del fuego. Estas capacidades han consolidado al
OSA-P como un medio esencial de defensa antiaérea táctica, particularmente eficiente frente a
amenazas de aeronaves estacionarias o de vuelo a muy baja altitud, garantizando la protección de
unidades terrestres y posiciones estratégicas en el campo de batalla moderno.
Empleo del sistema antiaéreo OSA-AKM, por parte de las fuerzas ucranianas, en la guerra con
Rusia
Para comprender con mayor profundidad la postura táctica adoptada por Ucrania frente a las fuerzas
rusas, resulta esencial analizar la estrategia general de defensa, basada en el principio de la guerra de
desgaste o war of attrition, aplicada de forma integral en los ámbitos diplomático, económico,
informativo y militar. Este enfoque busca debilitar progresivamente el poder de combate y la influencia
internacional de Rusia, aprovechando la exposición mediática de las pérdidas materiales y humanas
ocasionadas por las operaciones militares. Tal concepción estratégica, conocida como “bloodletting”
(Mearsheimer & Stephen, 2016), persigue equilibrar las capacidades entre ambos contendientes y
sostener la resistencia en el tiempo, a pesar de la superioridad tecnológica y numérica del adversario.
No obstante, la prolongación del conflicto ha generado una crisis profunda dentro del territorio
ucraniano, particularmente en las zonas ocupadas por fuerzas rusas. Ante ello, el presidente Volodymyr
Zelensky y el alto mando de las Fuerzas Armadas de Ucrania implementaron medidas de defensa
complementarias, conformando unidades mixtas de combate integradas por civiles y reservistas. Esta
táctica evidencia el carácter híbrido del conflicto, en el cual convergen operaciones convencionales,
irregulares y cibernéticas (Colom, 2022).