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INTRODUCCIÓN
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el artículo 2, apartado C expresa que esta
Constitución reconoce a los pueblos y comunidades afromexicanas, cualquiera que sea su
autodenominación, como parte de la composición pluricultural de la Nación. Tendrán en lo conducente
los derechos señalados en los apartados anteriores de este artículo, a fin de garantizar su desarrollo e
inclusión social, en los términos que establezca esta Constitución, así como su libre determinación que
se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional (Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos). Por tanto, la expresión afrodescendiente, afromexicano e
incluso afrojarocho (en el caso del estado de Veracruz) es una connotación válida para identificar a
aquellas personas que provengan de una descendencia africana.
En la historia, la afrodescendencia en México dio inicio con la llegada de esclavos africanos durante la
época colonial (Aguirre, 1946), que, aunque es posible ubicar sus contribuciones a la sociedad mexicana
(Haas, 2019) y la lucha inquebrantable por su visibilización y la igualdad no son reconocidos de forma
correcta. El arribo a México de africanos inició con la llegada de Hernán Cortés, posteriormente con la
trata de esclavos a través del mar Atlántico, que se hizo para compensar la disminución de la población
indígena a causa de enfermedades y las guerras (Haas, 2019) aunque su finalidad real fue la mano de
obra gratis, pues no había ley que los protegiese. El puerto comercial con Europa que se encontraba
autorizado en esa época era el de Veracruz, el cual fungió como un importante punto de entrada para los
africanos esclavizados a México.
La mayor parte de africanos se ubicaron en regiones como Veracruz, Guerrero y Oaxaca, y, por ende,
sus descendientes. Esto contribuyó con su integración a la economía local a través de oficios como
herrería, minería, construcción y agricultura en específico el cultivo de caña de azúcar, cacao, entre
otros, además de la ganadería (Haas, 2019). Años después, en 1813, José María Morelos abolió la
esclavitud, con lo que algunos esclavos obtuvieron su libertad logrando de una forma más clara
integrarse en sectores como los servicios militares y domésticos, además de desarrollar nuevos roles
como capataces, arrieros y pescadores, ya que la mayoría de sus poblaciones eran costeras, logrando así
su integración a la economía local (Aguirre, 2005).
Aun con la opresión en la que se encontraban estas poblaciones de africanos y afrodescendientes, su