g. 4065
INCLUSIÓN EDUCATIVA Y CLIMA ESCOLAR:
RELACIONES ENTRE CONVIVENCIA,
PARTICIPACIÓN Y RESPETO A LA DIVERSIDAD
EDUCATIONAL INCLUSION AND SCHOOL CLIMATE:
RELATIONSHIPS BETWEEN COEXISTENCE, PARTICIPATION,
AND RESPECT FOR DIVERSITY
Tatiana Jeniffer Zambrano Muñoz
Investigador Independiente
Holger Silvio Encarnación Bravo
Investigador Independiente
Carmen Enriqueta Ríos Pangay
Investigador Independiente
Mónica Elizabeth Ruiz Ordóñez
Investigador Independiente
Mónica Edilma Amaya Camacho
Investigador Independiente
pág. 4066
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22530
Inclusión Educativa y Clima Escolar: Relaciones entre Convivencia,
Participación y Respeto a la Diversidad
Tatiana Jeniffer Zambrano Muñoz1
tatitana-05@outlook.com
https://orcid.org/0009-0007-2395-2177
Investigador Independiente
Holger Silvio Encarnación Bravo
holger_sagitariencar@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0009-8162-9890
Investigador Independiente
Carmen Enriqueta Ríos Pangay
enriqueta.rios@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0002-2199-1360
Investigador Independiente
Mónica Elizabeth Ruiz Ordóñez
monicaruiz70@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0004-9750-8165
Investigador Independiente
Mónica Edilma Amaya Camacho
monik_yourfriend@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0009-6060-3915
Investigador Independiente
RESUMEN
El presente estudio analiza la relación entre la inclusión educativa y el clima escolar, considerando
dimensiones clave como la convivencia, la participación estudiantil y el respeto a la diversidad. En el
contexto educativo actual, la atención a la diversidad se ha convertido en un desafío prioritario para las
instituciones, las cuales deben garantizar no solo el acceso a la educación, sino también la participación
activa y el aprendizaje significativo de todos los estudiantes. Desde esta perspectiva, la inclusión
educativa se entiende como un proceso de transformación institucional que implica cambios en la
cultura, las políticas y las prácticas pedagógicas, orientados a eliminar barreras que limitan el
aprendizaje y la participación. Asimismo, el clima escolar se reconoce como un factor determinante para
el desarrollo de entornos educativos inclusivos, ya que influye directamente en el bienestar emocional,
las relaciones interpersonales y el rendimiento académico del estudiantado. Un clima escolar positivo
se caracteriza por ambientes seguros, respetuosos y participativos, donde se fortalecen valores como el
diálogo, la colaboración y la resolución pacífica de conflictos, favoreciendo el sentido de pertenencia y
la cohesión social. La investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con un diseño no
experimental y descriptivo. Se aplicó una encuesta estructurada con escala tipo Likert a una muestra de
20 miembros de la comunidad educativa, lo que permitió recopilar datos numéricos sobre las
percepciones relacionadas con inclusión educativa y clima escolar. El análisis de los datos se realizó
mediante estadística descriptiva, utilizando frecuencias y porcentajes para interpretar los resultados de
forma clara y sistemática. Los hallazgos evidencian una percepción mayoritariamente positiva respecto
a la inclusión educativa, el clima escolar, el respeto a la diversidad, la participación estudiantil y el rol
docente. No obstante, también se identifican percepciones intermedias que sugieren áreas de mejora,
especialmente en la sistematización del apoyo a estudiantes en situación de vulnerabilidad. En conjunto,
los resultados confirman que un clima escolar positivo es un elemento clave para fortalecer la inclusión
educativa y promover entornos escolares más justos, equitativos y humanos.
Palabras clave: inclusión educativa, clima escolar, convivencia, participación estudiantil, respeto a la
diversidad
1
Autor principal
Correspondencia: tatitana-05@outlook.com
pág. 4067
Educational Inclusion and School Climate: Relationships Between
Coexistence, Participation, and Respect for Diversity
ABSTRACT
This study analyzes the relationship between educational inclusion and school climate, considering key
dimensions such as coexistence, student participation, and respect for diversity. In the current
educational context, addressing diversity has become a priority challenge for institutions, which must
guarantee not only access to education but also the active participation and meaningful learning of all
students. From this perspective, educational inclusion is understood as a process of institutional
transformation that involves changes in culture, policies, and pedagogical practices, aimed at eliminating
barriers that limit learning and participation. Likewise, school climate is recognized as a determining
factor for the development of inclusive educational environments, as it directly influences students'
emotional well-being, interpersonal relationships, and academic performance. A positive school climate
is characterized by safe, respectful, and participatory environments where values such as dialogue,
collaboration, and peaceful conflict resolution are strengthened, fostering a sense of belonging and social
cohesion. The research was conducted using a quantitative approach with a non-experimental,
descriptive design. A structured survey with a Likert scale was administered to a sample of 20 members
of the school community, allowing for the collection of numerical data on perceptions related to
educational inclusion and school climate. Data analysis was performed using descriptive statistics,
employing frequencies and percentages to interpret the results clearly and systematically. The findings
reveal a predominantly positive perception regarding educational inclusion, school climate, respect for
diversity, student participation, and the role of teachers. However, intermediate perceptions were also
identified, suggesting areas for improvement, particularly in the systematization of support for students
in vulnerable situations. Overall, the results confirm that a positive school climate is a key element for
strengthening educational inclusion and promoting fairer, more equitable, and more humane school
environments.
Keywords: educational inclusion, school climate, coexistence, student participation, respect for diversity
Artículo recibido 19 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 23 enero 2026
pág. 4068
INTRODUCCIÓN
La inclusión educativa y el clima escolar se han consolidado como ejes fundamentales para garantizar
una educación equitativa, democrática y de calidad. En la actualidad, las instituciones educativas
enfrentan el desafío de responder a la diversidad del estudiantado, reconociendo que cada alumno posee
características, necesidades y contextos distintos. En este sentido, la inclusión educativa no se limita al
acceso a la escolaridad, sino que implica la participación activa y el aprendizaje significativo de todos
los estudiantes dentro de un entorno que valore las diferencias y promueva la igualdad de oportunidades.
La inclusión educativa se concibe como un proceso de transformación institucional que involucra
cambios en la cultura, las políticas y las prácticas pedagógicas, con el objetivo de eliminar barreras que
limitan la participación y el aprendizaje. Desde esta perspectiva, la diversidad deja de ser vista como
una dificultad y se convierte en una oportunidad para enriquecer la experiencia educativa. Una escuela
inclusiva promueve la equidad, la participación y el respeto mutuo, fomentando una convivencia basada
en la colaboración y el apoyo entre todos los miembros de la comunidad educativa.
Por su parte, el clima escolar desempeña un papel determinante en la construcción de entornos
educativos inclusivos, ya que influye directamente en las relaciones interpersonales, el bienestar
emocional y el rendimiento académico de los estudiantes. Un clima escolar positivo se caracteriza por
la existencia de ambientes seguros, respetuosos y participativos, donde se fortalecen la comunicación,
la confianza y la resolución pacífica de conflictos. Estas condiciones favorecen el sentido de pertenencia
y permiten que los estudiantes se desarrollen de manera integral tanto en el ámbito académico como
social y emocional.
En este contexto, resulta fundamental analizar la relación entre inclusión educativa y clima escolar,
considerando aspectos como la convivencia, la participación estudiantil y el respeto a la diversidad.
Comprender cómo interactúan estos elementos permite identificar fortalezas y áreas de mejora dentro
de las instituciones educativas, así como proponer estrategias orientadas a fortalecer prácticas inclusivas.
De este modo, el estudio de estas variables contribuye a la construcción de escuelas más justas, humanas
y comprometidas con el desarrollo integral de todos los estudiantes.
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DESARROLLO
Inclusión Educativa
La inclusión educativa se entiende como el proceso mediante el cual las instituciones escolares
transforman su cultura, sus políticas y sus prácticas para asegurar que todos los estudiantes, sin importar
sus características personales, sociales o culturales, puedan aprender y participar en igualdad de
condiciones. Según Quiróz & Casal (2025), la inclusión consiste en “eliminar barreras a la participación
y al aprendizaje” con el fin de garantizar la presencia, el aprendizaje y la participación plena de cada
estudiante en la vida escolar. Desde esta perspectiva, la inclusión no se centra únicamente en atender a
grupos específicos, sino en construir entornos educativos que reconozcan y valoren la diversidad como
una oportunidad para el desarrollo integral de toda la comunidad educativa.
Los principios fundamentales de la educación inclusiva se centran en la equidad, la participación y la
valoración de la diversidad como un recurso para el aprendizaje. Desde la perspectiva de Chilan et al.,
(2024), una escuela inclusiva debe construir una cultura basada en la colaboración, el respeto y el apoyo
mutuo, de modo que todos los integrantes de la comunidad educativa puedan desarrollarse plenamente.
Estos autores destacan que la inclusión requiere un compromiso institucional que garantice que ningún
estudiante sea excluido del proceso educativo y que las diferencias individuales sean consideradas
elementos que enriquecen la experiencia escolar y fortalecen la convivencia.
La importancia de la inclusión en la escuela radica en que esta práctica contribuye al desarrollo integral
de los estudiantes, fortalece la convivencia y promueve una cultura de respeto hacia las diferencias
individuales. Según Moreno & Guasp (2025), una educación inclusiva no solo mejora la calidad del
proceso formativo, sino que también favorece la cohesión social al garantizar que todos los estudiantes,
sin excepción, tengan oportunidades reales de aprender y participar en igualdad de condiciones. Desde
esta perspectiva, la inclusión se convierte en un elemento esencial para construir entornos escolares más
democráticos, comprometidos y sensibles a la diversidad.
El marco legal que respalda la inclusión educativa establece que todas las instituciones deben garantizar
la igualdad de oportunidades y la no discriminación dentro del sistema escolar. Serrano et al. (2024), a
través de la Declaración de Salamanca, señala que las escuelas deben organizarse para acoger a todos
los estudiantes y adaptar sus prácticas pedagógicas a la diversidad existente. Este marco normativo ha
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servido de referencia para numerosos sistemas educativos que buscan fortalecer políticas inclusivas y
asegurar que ningún estudiante sea excluido o marginado. De este modo, la normativa internacional se
convierte en una guía fundamental para promover modelos educativos más justos y accesibles para toda
la población.
Aunque se han logrado avances importantes, la inclusión educativa todavía enfrenta diversas barreras
que dificultan su plena implementación. Persisten actitudes discriminatorias, limitaciones en
infraestructura, falta de recursos y una formación docente que a veces no responde a las necesidades
reales del aula. También influyen prácticas pedagógicas tradicionales que no siempre consideran la
diversidad de los estudiantes. Superar estas dificultades requiere compromiso institucional, apertura al
cambio y una reflexión profunda sobre cómo mejorar la participación y el aprendizaje de todos. Solo así
será posible construir escuelas verdaderamente inclusivas, donde cada estudiante se sienta valorado,
respetado y parte esencial de la comunidad educativa.
El clima escolar se concibe como el conjunto de percepciones, interacciones, normas y prácticas que
definen la vida cotidiana dentro de una institución educativa. Bocanegra et al. (2023) lo caracterizan
como “la calidad y el carácter de la vida escolar”, subrayando que se trata de una construcción
multidimensional que abarca aspectos sociales, emocionales, éticos y organizacionales. Bajo esta
perspectiva, el clima escolar no solo depende de las reglas formales, sino también de las relaciones que
se generan entre estudiantes, docentes, directivos y familias. La manera en que se gestionan las
emociones, la resolución de conflictos, la comunicación y la participación determina en gran medida la
experiencia educativa de la comunidad. Un clima positivo se refleja en ambientes seguros, colaborativos
y respetuosos, mientras que un clima negativo puede generar tensiones, inseguridad y dificultades en el
aprendizaje.
El clima escolar está conformado por múltiples componentes que interactúan entre para construir la
experiencia educativa. Taki et al. (2024) identifican dimensiones esenciales como la seguridad física y
emocional, las relaciones interpersonales, el apoyo docente, las oportunidades de participación y el
sentido de pertenencia. Estos elementos influyen en la percepción que los estudiantes tienen del entorno
y en la forma en que experimentan su vida escolar. Cuando existe coherencia entre estos componentes,
la escuela se convierte en un espacio donde prevalece el diálogo, la colaboración y el respeto. Además,
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la participación activa de los estudiantes en actividades académicas, sociales y culturales refuerza su
compromiso con la institución. La alineación entre normas de convivencia, prácticas pedagógicas y
políticas institucionales es clave para fortalecer un clima escolar estable y positivo.
El clima escolar desempeña un papel fundamental en el aprendizaje, dado que un entorno positivo
favorece la concentración, la motivación y el rendimiento académico. Cambizaca & Morales (2025)
señalan que cuando los estudiantes perciben un ambiente seguro, respetuoso y emocionalmente estable,
se sienten más dispuestos a participar, explorar y asumir desafíos durante su proceso formativo. Un
clima escolar adecuado promueve relaciones de confianza entre docentes y alumnos, lo que fortalece la
comunicación y facilita la construcción de aprendizajes significativos. Asimismo, contribuye a reducir
conductas disruptivas y situaciones de conflicto que pueden afectar la dinámica del aula. En este sentido,
el clima escolar no solo incide en los resultados académicos, sino también en el desarrollo de habilidades
sociales y emocionales indispensables para la convivencia y el éxito escolar.
El bienestar emocional del estudiante está estrechamente ligado a la calidad del clima escolar, ya que
un entorno donde predominan la empatía, el respeto y la aceptación influye directamente en la
autoestima y la estabilidad emocional del alumnado. San Nicolás et al. (2025) sostienen que las
relaciones positivas entre los miembros de la comunidad educativa generan un sentido de pertenencia
que fortalece la salud emocional de los estudiantes. Cuando los jóvenes se sienten valorados y
escuchados, experimentan mayor seguridad y confianza para participar en actividades académicas y
sociales. De igual manera, un clima escolar saludable disminuye los niveles de estrés y ansiedad
asociados a situaciones de conflicto, presión académica o discriminación. La creación de ambientes
emocionalmente seguros es, por tanto, un elemento clave para promover el desarrollo integral y prevenir
problemas de convivencia o riesgo psicosocial.
La convivencia inclusiva se construye a partir de un clima escolar que favorece la igualdad, la
participación y el respeto por la diversidad. Rojano (2025) consideran que un clima inclusivo contribuye
a eliminar barreras sociales, emocionales y culturales que pueden limitar la integración de ciertos grupos
de estudiantes. Cuando la escuela promueve normas de convivencia basadas en la solidaridad, el diálogo
y la cooperación, los estudiantes desarrollan actitudes positivas hacia la diversidad y se sienten partícipes
de la vida escolar. Esto permite que todos los estudiantes, independientemente de sus características
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personales, culturales o académicas, encuentren oportunidades reales de participación y desarrollo. Un
clima escolar que fomenta la convivencia inclusiva fortalece, además, valores como la empatía, la
tolerancia y la justicia, los cuales son fundamentales para construir comunidades educativas
democráticas y equitativas.
Relación entre Inclusión Educativa y Clima Escolar
El clima escolar influye profundamente en el nivel de inclusión que se logra en cualquier institución
educativa. Santander (2024) sostiene que la inclusión va más allá de aplicar metodologías diferenciadas,
pues requiere un ambiente social, emocional y relacional que facilite la participación de todos los
estudiantes. Cuando el clima escolar es seguro, acogedor y basado en el respeto, los alumnos se sienten
parte de la comunidad y disminuyen las barreras que suelen afectar a quienes poseen características
diversas. En contraste, un entorno hostil, rígido o discriminatorio genera miedo, aislamiento y rechazo,
dificultando la integración. Por ello, crear un clima escolar positivo es una condición esencial para que
la inclusión educativa sea verdaderamente efectiva y sostenible.
La convivencia escolar constituye uno de los pilares fundamentales para construir entornos inclusivos.
Solís (2025) destacan que una convivencia basada en la colaboración, el respeto mutuo y la
comunicación abierta favorece que todos los estudiantes se sientan valorados. Cuando existen normas
claras, prácticas de mediación y un trato equitativo, se fortalecen las relaciones interpersonales y se crea
un ambiente donde es posible aprender sin temor a la discriminación. Además, la convivencia positiva
fomenta el desarrollo de habilidades sociales, la resolución de conflictos y el sentido de pertenencia,
elementos indispensables para que estudiantes de diversas realidades puedan convivir y participar
activamente en la vida escolar. Un clima de convivencia sana es, por tanto, la base para una inclusión
real y duradera.
La participación estudiantil es un componente esencial para la integración en contextos inclusivos. Solís
(2025) afirma que la participación implica que cada estudiante, independientemente de sus
características o necesidades, tenga voz, pueda expresar opiniones y formar parte de las decisiones que
afectan su vida escolar. Cuando los estudiantes participan en actividades académicas, culturales,
deportivas y comunitarias, fortalecen su identidad, generan vínculos positivos y reducen el riesgo de
exclusión. La participación equitativa garantiza que todos se sientan protagonistas de su aprendizaje y
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de la vida institucional. De esta manera, la escuela se transforma en un espacio donde cada alumno
encuentra oportunidades genuinas para integrarse, convivir y desarrollarse plenamente.
El respeto a la diversidad es un elemento central en la construcción de un clima escolar inclusivo. Chilan
et al. (2024) sostienen que las escuelas verdaderamente inclusivas son aquellas que reconocen, valoran
y celebran la diversidad como parte natural de la vida escolar. Esto implica aceptar diferencias
culturales, físicas, cognitivas, emocionales y sociales, y transformarlas en oportunidades de aprendizaje
colectivo. Cuando el clima escolar promueve el respeto, se reducen las prácticas discriminatorias y se
fomenta una convivencia basada en la igualdad de oportunidades. De esta forma, la diversidad se
convierte en un recurso educativo que enriquece las experiencias de todos los estudiantes.
La aceptación y adaptación de estudiantes diversos dependen en gran medida del clima escolar que la
institución haya construido. Tovar (2022) afirma que cuando los alumnos encuentran un ambiente
cálido, comprensivo y libre de prejuicios, logran integrarse más fácilmente, desarrollan confianza en sí
mismos y fortalecen su bienestar emocional. Este tipo de clima favorece especialmente a aquellos que
presentan necesidades educativas específicas, diferencias culturales o condiciones de vulnerabilidad. En
un entorno inclusivo, los estudiantes se sienten acompañados, reciben apoyo y establecen relaciones
positivas que facilitan su adaptación escolar. Como consecuencia, su participación aumenta y mejora su
desarrollo académico, emocional y social.
Convivencia Escolar y Respeto a la Diversidad
La convivencia escolar puede entenderse como el entramado de relaciones humanas que se construyen
dentro de la institución, donde cada interacción influye en la calidad del ambiente educativo. Desde la
perspectiva de Taco & Huachaca (2024), la convivencia no debe limitarse únicamente a la resolución de
conflictos o al mantenimiento del orden, sino que debe orientarse a generar espacios de diálogo, respeto
mutuo y cooperación que favorezcan el bienestar de todos los miembros de la comunidad. Una escuela
que promueve interacciones saludables crea las condiciones necesarias para que el alumnado se
desenvuelva en un entorno seguro, cálido y emocionalmente estable, lo cual es esencial para avanzar
hacia procesos inclusivos auténticos que valoren la diversidad y fortalezcan la vida escolar.
La diversidad en el aula se expresa de múltiples maneras, desde diferencias culturales y lingüísticas
hasta variaciones en habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Rodríguez et al. (2024) destaca que
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reconocer esta diversidad como una riqueza, y no como un obstáculo, es uno de los pasos más
importantes para transformar las escuelas hacia modelos más inclusivos. La presencia de múltiples
identidades y formas de aprender exige que las instituciones adopten prácticas flexibles y sensibles a las
necesidades individuales, de manera que todos los estudiantes puedan acceder a experiencias de
aprendizaje significativas. Para este autor, comprender la diversidad implica también cuestionar
estructuras tradicionales que tienden a homogenizar a los estudiantes, favoreciendo así la construcción
de entornos que celebran y respetan las diferencias.
Las prácticas de convivencia tienen un rol determinante en la promoción de la inclusión, ya que influyen
directamente en la manera en que los estudiantes participan, colaboran y se relacionan entre sí. Bajaña
(2025) subraya que las actividades cooperativas, los proyectos grupales y las metodologías basadas en
la interacción positiva ayudan a construir aulas más equitativas, donde cada estudiante se siente valorado
y capaz de aportar. Estas prácticas no solo fortalecen los vínculos entre compañeros, sino que también
eliminan barreras actitudinales que pueden limitar la participación de ciertos grupos. Desde esta mirada,
la convivencia se convierte en un recurso pedagógico fundamental para promover una cultura escolar
que respete la diversidad y fomente el desarrollo integral del alumnado.
El manejo positivo de conflictos es un componente indispensable de la convivencia inclusiva, y para
Mejía et al. (2025) representa una oportunidad para educar en habilidades sociales esenciales. Los
conflictos, lejos de percibirse como fallas dentro del sistema escolar, pueden convertirse en momentos
clave para enseñar empatía, negociación, escucha activa y autorregulación. La implementación de
estrategias como la mediación escolar contribuye a que los estudiantes asuman un rol protagónico en la
resolución pacífica de sus diferencias, promoviendo autonomía y participación responsable. Este
enfoque fomenta una cultura institucional basada en el respeto y la justicia, consolidando un clima
escolar en el que cada estudiante tiene la posibilidad de ser escuchado y comprendido.
El respeto a la diversidad constituye el eje central para construir entornos educativos inclusivos y una
convivencia sana. Alarcón et al (2025) señala que cuando las escuelas integran el respeto como un valor
institucional, se promueven relaciones más equitativas, se fortalecen los lazos comunitarios y se
disminuyen actitudes discriminatorias que afectan a los estudiantes más vulnerables. Reconocer la
diversidad implica aceptar que cada estudiante trae consigo una historia, capacidades y formas de
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aprender únicas que deben ser valoradas dentro del aula. Este enfoque no solo favorece el bienestar
emocional del alumnado, sino que también impulsa una cultura escolar donde todos se sienten aceptados,
protegidos y capaces de desarrollarse plenamente, consolidando así un clima armónico y profundamente
humano.
Participación Estudiantil en Contextos Inclusivos
La participación estudiantil constituye un eje fundamental de la educación inclusiva, ya que posibilita
que todos los estudiantes tengan voz dentro de la vida escolar y se reconozcan como protagonistas de
su propio proceso de aprendizaje. Desde esta perspectiva, la participación favorece el sentido de
pertenencia y disminuye los riesgos de exclusión, al generar espacios donde los estudiantes pueden
expresar sus ideas, necesidades y opiniones, fortaleciendo así su compromiso con la comunidad
educativa (Jaramillo, 2025).
Por otro lado, la inclusión educativa demanda la creación de estructuras y prácticas que promuevan una
participación activa y equitativa dentro del aula y la institución. La participación se construye a través
de estrategias como el trabajo cooperativo, el diálogo abierto y la valoración de las contribuciones de
todos los estudiantes, lo cual permite reconocer la diversidad como un recurso pedagógico. Estas
prácticas no solo impulsan el aprendizaje activo, sino que también refuerzan la equidad, al garantizar
oportunidades reales para que cada estudiante sea escuchado y tomado en cuenta (Mamani et al., 2024).
Los espacios de participación pueden desarrollarse tanto dentro del aula como en contextos
extracurriculares, constituyéndose en escenarios clave para la construcción de una educación inclusiva.
Iniciativas como proyectos escolares, consejos estudiantiles y actividades comunitarias fortalecen la
autonomía, el liderazgo y el sentido de pertenencia del estudiantado. Estas prácticas favorecen la
democracia escolar y promueven la corresponsabilidad en la toma de decisiones, contribuyendo a la
creación de entornos donde se valoran las capacidades y aportes de todos los estudiantes (Saltos et al.,
2025).
La participación estudiantil adquiere una relevancia particular en el caso de estudiantes en situación de
vulnerabilidad, quienes suelen enfrentar mayores barreras para integrarse plenamente a la comunidad
educativa. Brindar oportunidades reales de participación favorece su empoderamiento, reduce la
estigmatización y fortalece su autoestima, al permitirles reconocerse como sujetos activos y competentes
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dentro del proceso educativo. De este modo, la participación se convierte en una herramienta clave para
promover la equidad y la justicia educativa (Reinaga & Alcívar, 2024).
La participación estudiantil no solo potencia los procesos de aprendizaje, sino que también contribuye
de manera significativa a la construcción de una comunidad educativa inclusiva. Una escuela inclusiva
se caracteriza por promover el diálogo, la colaboración y el reconocimiento de cada estudiante como
sujeto de derechos, generando espacios donde la voz del alumnado es valorada y tomada en cuenta. En
este sentido, la participación fortalece la cohesión social, mejora el clima escolar y favorece relaciones
basadas en el respeto y la corresponsabilidad, consolidando a la escuela como un entorno más justo,
democrático y humano (Ramón, 2025).
Estrategias para Fortalecer la Inclusión Mediante el Clima Escolar
La mejora de la inclusión educativa a través del clima escolar requiere aplicar prácticas docentes
inclusivas, capaces de responder a la diversidad del aula sin excluir o segregar a ningún estudiante. Arias
(2024), en su “Índice de Inclusión”, sostienen que los docentes deben planificar experiencias flexibles
que tomen en cuenta ritmos, estilos y necesidades de aprendizaje, promoviendo la participación de todos.
Esto implica adaptar actividades, diversificar estrategias metodológicas y generar un ambiente seguro
donde cada estudiante se sienta valorado.
Por otro lado, la cultura institucional y el trabajo colaborativo son elementos esenciales para fortalecer
la inclusión en las escuelas. Paredes (2024) señala que una institución inclusiva se construye
colectivamente, mediante la cooperación entre directivos, docentes, familias y estudiantes. Un clima
escolar favorable solo se sostiene cuando existe una visión común basada en la igualdad, el respeto y la
corresponsabilidad educativa, evitando prácticas que reproduzcan estereotipos o discriminación.
Asimismo, las acciones pedagógicas que fomentan la convivencia, la participación y el respeto son
indispensables para consolidar un entorno escolar inclusivo. De acuerdo con Fernández (2024), enseñar
habilidades socioemocionales, promover el diálogo y regular positivamente los conflictos permite que
los estudiantes aprendan a convivir con la diversidad. Actividades como debates, proyectos
colaborativos y normas de aula consensuadas fortalecen la autonomía, la empatía y la cooperación entre
los estudiantes.
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El fortalecimiento del clima escolar también se apoya en programas y modelos institucionales que
buscan mejorar la convivencia y el sentido de pertenencia. Las escuelas pueden implementar programas
de mediación escolar, tutorías entre pares, comités de convivencia y proyectos de educación
socioemocional. Estos modelos reducen situaciones de exclusión, favorecen la integración educativa y
mejoran las relaciones entre estudiantes y docentes, lo que impacta directamente en la participación de
quienes tradicionalmente han sido marginados.
Finalmente, la integración de estas estrategias contribuye a una escuela más democrática e inclusiva,
donde el clima escolar deja de ser un simple ambiente físico para convertirse en un espacio de encuentro,
crecimiento y aceptación. Cuando la institución asume la diversidad como una riqueza y se compromete
con prácticas docentes inclusivas, acciones colaborativas y programas que promuevan la convivencia,
se logra un entorno educativo que garantiza el aprendizaje, bienestar y participación plena de todos los
estudiantes.
Síntesis Teórica
La síntesis teórica integra los principales conceptos abordados sobre inclusión educativa, clima escolar,
convivencia y participación, mostrando cómo estos elementos se relacionan para fortalecer una
educación equitativa. Según Ospina et al., (2025), la inclusión implica eliminar barreras para el
aprendizaje y la participación, mientras que el clima escolar comprende las percepciones, relaciones y
normas que caracterizan la vida dentro de la institución. Ambos componentes se complementan para
asegurar que todos los estudiantes puedan aprender y desarrollarse plenamente.
En este marco, la integración de conceptos clave revela que la inclusión educativa no puede darse en un
ambiente escolar deteriorado, conflictivo o poco participativo. Banegas et al., (2024) plantea que la
diversidad debe ser entendida como un valor que transforma la cultura escolar, lo que requiere un clima
basado en el respeto, la aceptación mutua y la colaboración. Esto significa que la convivencia, la
participación estudiantil y el reconocimiento a la diversidad no son acciones aisladas, sino pilares que
sostienen la inclusión en la práctica.
Por su parte, Apolo et al., (2025) destaca que un clima escolar positivo favorece el bienestar emocional
y académico de los estudiantes, lo que repercute directamente en su nivel de participación y en su
capacidad de integrarse al grupo. Esta visión permite comprender que la inclusión no solo depende de
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ajustes pedagógicos, sino también de condiciones sociales, emocionales y relacionales que garanticen
un ambiente seguro, equitativo y motivador para todos.
Desde esta perspectiva, es posible construir un modelo conceptual que vincula inclusión educativa y
clima escolar. En este modelo, la inclusión se entiende como el resultado de la interacción entre prácticas
docentes inclusivas, relaciones escolares respetuosas, participación activa del estudiantado y una cultura
institucional que valora la diversidad. El clima escolar actúa como el escenario donde estas prácticas se
consolidan y se expresan en la vida cotidiana de la escuela.
Finalmente, este modelo conceptual propone que un clima escolar positivo es tanto una condición previa
como un efecto de la inclusión. Cuando existen relaciones basadas en el respeto, la participación
democrática y la convivencia pacífica, la escuela se convierte en un espacio que promueve la igualdad
de oportunidades y la adaptación de todos los estudiantes. De esta manera, inclusión educativa y clima
escolar se comprenden como procesos interdependientes que, al articularse, fortalecen la calidad y la
equidad educativa.
METODOLOGÍA
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, ya que tuvo como propósito medir
y analizar la relación entre inclusión educativa y clima escolar, considerando dimensiones como
convivencia, participación estudiantil y respeto a la diversidad. Este enfoque permitió recolectar datos
numéricos y analizarlos de manera objetiva, facilitando la identificación de tendencias y percepciones
predominantes dentro del contexto educativo estudiado. El enfoque cuantitativo resulta pertinente
cuando se busca describir fenómenos educativos a partir de variables observables y comparables,
contribuyendo a la toma de decisiones fundamentadas (Castillo, 2025).
El diseño de la investigación fue no experimental y de tipo descriptivo, dado que no se manipularon las
variables de estudio, sino que se observaron tal como se presentan en la realidad. A través de este diseño
se describieron las percepciones de los participantes respecto a la inclusión educativa y el clima escolar
dentro de la institución. Este tipo de estudios permite caracterizar situaciones educativas específicas y
analizar cómo se manifiestan determinados fenómenos en un contexto concreto, sin intervenir
directamente en ellos (Falcón & Serpa, 2021).
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La técnica de recolección de datos utilizada fue la encuesta, aplicada a una muestra de 20 personas,
conformada por miembros de la comunidad educativa. El instrumento empleado fue un cuestionario
estructurado, elaborado con preguntas cerradas y organizadas en una escala tipo Likert, lo que permitió
cuantificar las opiniones y percepciones de los encuestados en relación con la convivencia escolar, la
participación estudiantil y el respeto a la diversidad. El uso de encuestas facilita la obtención de
información estandarizada y comparable entre los participantes, garantizando mayor precisión en los
resultados (García, 2025).
Finalmente, los datos recolectados fueron organizados y analizados mediante procedimientos
estadísticos descriptivos, como frecuencias y porcentajes, lo que permitió interpretar los resultados de
manera clara y sistemática. Este proceso de análisis contribuyó a identificar patrones y niveles de
percepción sobre la inclusión educativa y el clima escolar, proporcionando una base objetiva para la
discusión de los hallazgos.
RESULTADOS
Los resultados obtenidos permiten analizar de manera integral la relación entre inclusión educativa y
clima escolar dentro de la institución, considerando dimensiones clave como la convivencia, el respeto
a la diversidad, la participación estudiantil, el rol docente y el apoyo a estudiantes en situación de
vulnerabilidad. En conjunto, los hallazgos evidencian percepciones mayoritariamente positivas por parte
de la comunidad educativa, lo que sugiere la existencia de prácticas inclusivas consolidadas. No
obstante, también se identifican porcentajes minoritarios que reflejan áreas susceptibles de mejora, lo
cual invita a una reflexión crítica orientada al fortalecimiento continuo de los procesos institucionales.
Los resultados obtenidos evidencian una percepción mayoritariamente positiva respecto a la promoción
de la inclusión educativa en la institución. El 65 % de los encuestados manifestó que casi siempre se
fomenta la inclusión de todos los estudiantes sin discriminación, mientras que un 30 % considera que
esto ocurre siempre, lo que refleja un compromiso institucional significativo con prácticas inclusivas.
No obstante, un 5 % indicó que la inclusión se promueve solo algunas veces, lo cual sugiere la existencia
de áreas susceptibles de mejora para garantizar que estas acciones sean constantes y lleguen a toda la
comunidad educativa. La ausencia de respuestas en la opción “nunca” demuestra que no se perciben
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prácticas excluyentes sistemáticas, aunque los resultados invitan a fortalecer estrategias que consoliden
una inclusión plena y sostenida en todos los espacios escolares.
Los resultados evidencian que la percepción del clima escolar en la institución es predominantemente
favorable. Un 60 % de los encuestados califica el clima como muy positivo, mientras que un 30 % lo
considera positivo, lo que indica que la mayoría de la comunidad educativa percibe un ambiente
caracterizado por relaciones adecuadas, respeto y convivencia armónica. Sin embargo, un 10 % señala
que el clima es poco positivo, lo cual sugiere la presencia de ciertas dificultades o situaciones aisladas
que podrían afectar la percepción de algunos miembros. Es importante destacar que ningún encuestado
calificó el clima como negativo, lo que refleja la ausencia de conflictos graves o problemáticas
estructurales, aunque se recomienda reforzar acciones preventivas y de mejora continua para consolidar
un clima escolar plenamente inclusivo y satisfactorio para todos.
Los resultados muestran una valoración altamente positiva respecto al respeto hacia la diversidad
cultural, social y académica entre los estudiantes. El 65 % de los encuestados afirma que este respeto se
da siempre, mientras que el 35 % indica que ocurre frecuentemente, lo que evidencia la presencia de
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prácticas y actitudes favorables hacia la diversidad dentro de la institución. La ausencia de respuestas
en las opciones “ocasionalmente” y “nunca” refleja que no se perciben situaciones recurrentes de
irrespeto o discriminación, lo cual sugiere la existencia de un clima escolar basado en la aceptación y la
convivencia armónica. Estos resultados permiten inferir que la diversidad es reconocida y valorada
como parte integral de la comunidad educativa, contribuyendo a fortalecer los procesos de inclusión y
cohesión social.
Los resultados indican que la participación estudiantil en actividades académicas y escolares es alta
dentro de la institución. Un 50 % de los encuestados señala que los estudiantes participan casi siempre,
mientras que un 45 % afirma que lo hacen siempre, lo que refleja un nivel significativo de
involucramiento y compromiso con la vida escolar. Solo un 5 % considera que la participación ocurre
algunas veces, lo cual evidencia que existen casos aislados donde el nivel de participación podría
fortalecerse. La inexistencia de respuestas en la opción “nunca” sugiere que la participación estudiantil
es una práctica generalizada, aunque los resultados invitan a reforzar estrategias que motiven una
participación constante e inclusiva para todos los estudiantes.
Los resultados reflejan una percepción favorable sobre el rol de los docentes en la promoción de la
convivencia basada en el respeto y la colaboración. El 55 % de los encuestados considera que los
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docentes fomentan estas prácticas casi siempre, mientras que un 40 % afirma que lo hacen siempre, lo
que evidencia un compromiso pedagógico significativo con la construcción de un clima escolar positivo.
No obstante, un 5 % señala que esto ocurre solo algunas veces, lo que sugiere la necesidad de reforzar
de manera continua estrategias docentes que consoliden la convivencia en todos los espacios educativos.
La ausencia de respuestas en la opción “nunca” indica que no se perciben prácticas docentes contrarias
a la convivencia, reafirmando el papel del profesorado como agente clave en la promoción de ambientes
inclusivos y colaborativos.
Los resultados evidencian una percepción mayoritariamente positiva respecto al apoyo institucional a
estudiantes en situación de vulnerabilidad o con necesidades educativas diversas. Un 50 % de los
encuestados considera que la institución siempre brinda un apoyo adecuado, mientras que un 40 %
señala que lo hace frecuentemente, lo que refleja un esfuerzo institucional significativo por atender la
diversidad estudiantil. Sin embargo, un 10 % manifiesta que dicho apoyo se ofrece rara vez, lo que pone
de manifiesto la necesidad de fortalecer y sistematizar las estrategias de acompañamiento para garantizar
una atención equitativa y continua. Es relevante destacar que no se registraron respuestas en la opción
“nunca”, lo cual indica que el apoyo existe, aunque aún puede optimizarse para alcanzar mayores niveles
de inclusión y satisfacción.
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Los resultados muestran un consenso claro respecto a la relación entre el clima escolar y la inclusión
educativa. El 80 % de los encuestados se manifiesta totalmente de acuerdo en que un buen clima escolar
favorece la inclusión, mientras que el 20 % está de acuerdo, lo que evidencia una valoración unánime
sobre la importancia de un ambiente escolar positivo para garantizar la participación y el respeto a la
diversidad. La ausencia de respuestas en las opciones “en desacuerdo” y “totalmente en desacuerdo
confirma que no existen percepciones negativas al respecto. Estos resultados permiten interpretar que la
comunidad educativa reconoce al clima escolar como un factor clave para el fortalecimiento de prácticas
inclusivas y la construcción de una convivencia basada en la equidad y el respeto.
DISCUSIÓN
En primer lugar, los resultados relacionados con la inclusión educativa y el clima escolar muestran una
correspondencia directa entre ambas variables, ya que la mayoría de los encuestados percibe que la
institución promueve la inclusión y mantiene un ambiente escolar favorable. El hecho de que no existan
respuestas que indiquen prácticas excluyentes o un clima negativo evidencia avances significativos en
la construcción de espacios educativos respetuosos y equitativos. Sin embargo, la presencia de
percepciones intermedias sugiere que la inclusión no siempre se manifiesta de manera uniforme, lo que
plantea la necesidad de consolidar acciones institucionales que garanticen su aplicación constante en
todos los contextos escolares.
En relación con el respeto a la diversidad y la convivencia escolar, los resultados reflejan una aceptación
amplia de las diferencias culturales, sociales y académicas, lo cual constituye un pilar fundamental para
una educación inclusiva. La ausencia de percepciones negativas indica que la diversidad es valorada
como parte natural de la vida escolar, favoreciendo relaciones basadas en el respeto y la armonía. No
obstante, mantener este nivel de convivencia requiere un trabajo permanente que refuerce valores como
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la empatía, la tolerancia y el diálogo, evitando que posibles situaciones aisladas afecten el clima
institucional.
Respecto a la participación estudiantil y al rol docente, los hallazgos muestran un alto nivel de
involucramiento de los estudiantes en actividades académicas y escolares, así como una percepción
positiva del accionar docente en la promoción de la convivencia y la colaboración. Estos resultados
confirman que la participación activa y el acompañamiento pedagógico son factores clave para fortalecer
el sentido de pertenencia y la inclusión. Sin embargo, los porcentajes menores que señalan una
participación o fomento ocasional evidencian la necesidad de diversificar estrategias metodológicas que
aseguren la implicación de todos los estudiantes, especialmente de aquellos que presentan mayores
dificultades para integrarse.
Finalmente, el apoyo institucional a estudiantes en situación de vulnerabilidad se percibe de manera
favorable, aunque con márgenes de mejora. Si bien la mayoría reconoce la existencia de acciones de
acompañamiento, el hecho de que una parte de los encuestados considere que este apoyo se brinda rara
vez pone en evidencia la importancia de sistematizar y visibilizar las estrategias inclusivas. En conjunto,
los resultados confirman que un clima escolar positivo es reconocido de forma unánime como un factor
determinante para la inclusión educativa, lo que reafirma la necesidad de fortalecer políticas, prácticas
y culturas institucionales orientadas a garantizar una educación equitativa, participativa y respetuosa de
la diversidad.
CONCLUSIONES
En primer lugar, se concluye que la inclusión educativa y el clima escolar mantienen una relación
estrecha y directa, ya que un ambiente escolar positivo favorece la participación, el respeto a la
diversidad y la convivencia armónica. Los resultados muestran que cuando los estudiantes perciben un
entorno seguro y respetuoso, se fortalecen los procesos de integración y el sentido de pertenencia dentro
de la comunidad educativa.
En segundo lugar, el respeto a la diversidad cultural, social y académica se consolida como un pilar
fundamental para la construcción de escuelas inclusivas. La valoración positiva de la diversidad
contribuye a reducir prácticas discriminatorias y promueve relaciones basadas en la empatía, la
tolerancia y la aceptación, elementos indispensables para una convivencia escolar saludable y equitativa.
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En tercer lugar, la participación estudiantil y el rol del docente se identifican como factores clave para
fortalecer la inclusión educativa. La implicación activa de los estudiantes en la vida escolar, junto con
prácticas pedagógicas orientadas a la colaboración y el respeto, favorecen el desarrollo integral del
alumnado y refuerzan su compromiso con el proceso educativo.
Finalmente, aunque el apoyo institucional a estudiantes en situación de vulnerabilidad es percibido de
manera favorable, se evidencia la necesidad de fortalecer y sistematizar las estrategias inclusivas para
garantizar una atención continua y equitativa. En este sentido, resulta imprescindible consolidar
políticas, prácticas y culturas institucionales que promuevan un clima escolar inclusivo, orientado a
garantizar una educación de calidad para todos.
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