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coordinación, aplicadas durante las rutinas del centro. Para la evaluación se utilizó el Inventario de
Desarrollo Battelle. En el pretest, se identificó que la mayoría de los niños presentaban un nivel
adecuado, aunque un caso particular (niño con autismo) reflejó dificultades en motricidad gruesa. Tras
la intervención, se evidenciaron mejoras significativas en los resultados individuales y colectivos: los
niños fortalecieron habilidades como el equilibrio al caminar, la coordinación óculo-manual y el control
postural. Un ejemplo destacado fue el progreso de niños que inicialmente tropezaban al desplazarse, y
que al finalizar la intervención lograron completar recorridos motores con seguridad y autonomía.
La investigación de Chanatásig (2020) se llevó a cabo en el CNH "Amiguitos a Jugar" en Pujilí, con una
muestra de 20 niños de 0 a 2 años. La intervención, centrada en actividades sensoriomotrices, se aplicó
durante cuatro meses, dos veces por semana, e incluyó ejercicios como arrastrarse, gatear, subir escaleras
con ayuda, lanzar objetos y juegos con plastilina. Se utilizó el test de Nelson Ortiz para evaluar el
desarrollo motor. Al inicio, los niños se encontraban en niveles bajos o mínimos de desarrollo motriz
grueso. Posteriormente, los resultados mostraron un progreso evidente: por ejemplo, el niño N1 pasó de
4 puntos a 9 en motricidad gruesa, mientras otros niños avanzaron de niveles bajos a medios y altos. Los
niños que antes no lograban mantenerse en pie sin ayuda, al finalizar la intervención podían caminar
solos, construir torres de cubos o lanzar pelotas, evidenciando un fortalecimiento notable de sus
habilidades motrices.
En el estudio realizado por Galarza y Sánchez (2023), en el CEMEI "Empleados Municipales" de Quito,
participaron 20 niños de 1 a 2 años. La intervención consistió en la implementación de actividades
orientadas al desarrollo de la motricidad gruesa, incluyendo juegos de equilibrio, desplazamientos
controlados, y ejercicios que involucraban coordinación de ambos lados del cuerpo. Según los resultados
de la lista de cotejo, antes de la intervención el 65% de los niños presentaba niveles bajos en indicadores
como equilibrio, coordinación y desplazamiento. Tras la intervención, el 70% alcanzó niveles adecuados
para su edad. Entre los logros observados se destacó la capacidad de caminar sobre líneas rectas, subir
y bajar escaleras con apoyo, y lanzar objetos con precisión. Además, se evidenció un aumento en la
autonomía y en la disposición de los niños para participar en juegos motores, lo que también favoreció
su integración social y confianza personal
Durante el desarrollo de la investigación se presentó una limitación relacionada con la asistencia