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confirman que la deserción escolar se debe a múltiples causas, incluyendo las dificultades económicas,
la falta de orientación vocacional, el desajuste entre las expectativas de los estudiantes y la realidad
académica, y el estrés emocional generado por la adaptación al entorno universitario (Canales y De los
Ríos, 2018; Hernández Ricardez, Vázquez Olán y Guel Leija, 2022)
González y Berbérdez (2019) y Fernández (2017) señalan que la deserción es un fenómeno multicausal
y una preocupación crítica para las IES, ya que tiene repercusiones tanto sociales como económicas,
afectando no solo a los individuos, sino también a la capacidad de las universidades para formar
profesionales preparados para un contexto laboral altamente competitivo. La implementación de
estrategias eficaces requiere considerar las condiciones estructurales y socioeconómicas de los
estudiantes, así como fortalecer la calidad educativa y los apoyos institucionales para facilitar su
permanencia y egreso (Magallanes y Melo, 2025).
En México, la deserción escolar es un fenómeno complejo que constituye un desafío multifactorial
donde las circunstancias académicas, económicas, sociales y personales, exigen una mirada
comprensiva y sensible a las trayectorias individuales de los estudiantes (Lira-Aguirre, Cordero y
Chaparro-Medina, 2024). Este fenómeno afecta tanto a estudiantes como a las instituciones, dado que
el abandono escolar está vinculado a múltiples variables como lo son las dificultades económicas, los
bajos rendimientos académicos, problemas familiares, y la falta de apoyo institucional (Carro y Lima,
2022). A pesar de los esfuerzos por implementar políticas y estrategias para disminuir la deserción, el
reto sigue siendo significativo debido a la compleja combinación de elementos del ámbito personal y el
contexto externo interactuando de manera decisiva en la continuidad de los estudios (Magallanes y
Melo, 2025).
El propósito de la evolución curricular en la educación universitaria, destaca la necesidad que los planes
de estudio como es en la licenciatura en nutrición, sean constantemente actualizados para mejorar la
formación de los egresados (Angulo, Moreno y Ruiz, 2024; Rubí, 2024). La clave de estos procesos
radica en la adaptación de los programas educativos, respondan las necesidades del ámbito profesional
y los talentos y potencialidades individuales de quienes aprenden, con un enfoque en una formación
integral que abarca tanto conocimientos académicos como habilidades prácticas (Estrella, Rodríguez y
Arceo, 2025). Esto incluye la incorporar prácticas profesionales, formación en contextos reales y una