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INTRODUCCIÓN
La púrpura fulminante infecciosa y la fascitis necrotizante representan dos entidades clínicas
devastadoras dentro del espectro de las infecciones cutáneas graves. Ambas se caracterizan por un inicio
abrupto, evolución acelerada y elevada mortalidad si no se instauran medidas terapéuticas tempranas.
La púrpura fulminante infecciosa se caracteriza por necrosis isquémica rápidamente progresiva de las
extremidades, coagulopatía intravascular diseminada e insuficiencia multiorgánica (Yomogida et al.,
2024). Esta clase de púrpura suele manifestarse como un síndrome de necrosis hemorrágica cutánea
asociado con coagulopatía sistémica, especialmente con cuadros de coagulación intravascular
diseminada en el contexto de infecciones bacterianas severas. Hay tres subtipos de púrpura fulminante:
idiopática, neonatal y, el subtipo más común, la infecciosa aguda (Temnithikul et al., 2022). Su
fisiopatología implica un proceso de trombosis microvascular que conduce a isquemia dérmica,
progresión a equimosis extensas y, en casos avanzados, destrucción tisular profunda (Becker et al.,
2000; Oviedo-Garcia et al., 2022). Clínicamente, los pacientes pueden presentar lesiones purpúricas
dolorosas que evolucionan rápidamente a áreas de necrosis, acompañadas de inestabilidad
hemodinámica y deterioro orgánico multisistémico, características descritas de manera consistente en
estudios contemporáneos (Guliyeva et al., 2024).
Clínicamente, los pacientes manifiestan máculas eritematosas en tronco y extremidades, de bordes
delgados, que se induran, no palidecen y progresa. Las lesiones en un estadio temprano, tienen un patrón
levídico con piel moteada para después, progresar en necrosis. Este patrón irreversible en el espesor
completo de la piel suele progresar en un lapso de 24 a 48 horas (Colling et al., 2018).
En paralelo, la fascitis necrotizante constituye otra urgencia dermatológica y quirúrgica de alto riesgo.
Se trata de una infección agresiva de tejidos blandos que compromete la fascia profunda y se acompaña
de una destrucción acelerada del tejido subcutáneo. Se ha documentado que esta entidad puede
presentarse inicialmente con signos sutiles, pero su progresión supera con frecuencia la apariencia
cutánea inicial, lo que explica por qué el “dolor desproporcionado al examen físico” continúa siendo un
criterio clínico clave para su identificación temprana (Stevens & Janis, 2014; Catena et al., 2004). La
evolución natural sin desbridamiento oportuno tiende a ser fulminante, con una mortalidad considerable
descrita en múltiples series clínicas (Salati, 2022).