pág. 4819
EL PAPEL DEL MICROBIOMA INTESTINAL EN LA

PROGRESIÓN DE LA ENFERMEDAD RENAL

THE ROLE OF THE GUT MICROBIOME IN THE

PROGRESSION OF KIDNEY DISEASE

Dra. Dávila Briones Karina Graciela

Medico posgradista de Nefrología

Dr. Romero León Josué Ernesto

Medico posgradista de Nefrología

Dr. Parrales Herrera Miguel Ángel

Medico posgradista de Nefrología

Dra. Lozano Alcívar Carla María

Medico posgradista de Nefrología
pág. 4820
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22593
El papel del microbioma intestinal en la progresión de la enfermedad renal

Dra. Dávila Briones Karina Graciela
1
karinagd15@hotmail.com

Medico posgradista de Nefrología

Segundo año Universidad Espíritu Santo

Dr. Romero León Josué Ernesto

josueromero1980@gmail.com

Medico posgradista de Nefrología

Segundo año Universidad Espíritu Santo

Dr. Parrales Herrera Miguel Ángel

miguelparralesh@hotmail.com

Medico posgradista de Nefrología

Primer año Universidad Espíritu Santo

Dra. Lozano Alcívar Carla María

klulozano88@gmail.com

Medico posgradista de Nefrología

Primer año Universidad Espíritu Santo

RESUMEN

La microbiota intestinal desempeña un papel clave en el desarrollo y la progresión de las enfermedades
renales. La disbiosis intestinal favorece la inflamación sistémica, la producción de toxinas urémicas y
el deterioro de la barrera intestinal, contribuyendo al daño renal y a las complicaciones cardiovasculares.
La interacción bidireccional del eje intestinoriñón convierte al microbioma en un potencial objetivo
terapéutico para mejorar el pronóstico de la enfermedad renal crónica.

Palabras claves: Microbiota intestinal, enfermedad renal crónica, eje intestinoriñón

1 Autor principal

Correspondencia:
karinagd15@hotmail.com
pág. 4821
The role of the gut microbiome in the progression of kidney disease

ABSTRACT

The gut microbiota plays a key role in the development and progression of kidney diseases. Intestinal

dysbiosis promotes systemic inflammation, the production of uremic toxins, and impairment of the

intestinal barrier, contributing to renal damage and card
iovascular complications. The bidirectional
interaction of the gut
kidney axis highlights the microbiome as a potential therapeutic target to improve
the prognosis of chronic kidney disease.

Keywords:
Gut microbiota, chronic kidney disease, gutkidney axis
Artículo recibido 10 diciembre 2025

Aceptado para publicación: 10 enero 2026
pág. 4822
INTRODUCCIÓN

El concepto flora intestinal ha cambiado con el paso de los tiempos, siendo modificado por términos
como “microbiota” y “microbioma”, aquello refleja un avance conceptual en el área de la salud. Esta
transformación fue impulsada por el desarrollo de herramientas genéticas modernas, más accesibles y
económicas, también por el reconocimiento de la enorme diversidad y complejidad de los
microorganismos que habitan el cuerpo humano en distintas formas de interacción. El papel del
microbioma intestinal involucra la digestión y el metabolismo de los alimentos, también tiene relación
con el desarrollo, la activación y la función del sistema inmunitario. Diversos factores como la dieta, los
medicamentos, la inflamación crónica y el envejecimiento pueden modificar la microbiota intestinal1-2.

Los microbiomas humanos son importantes para la salud, en la actualidad se han realizado más estudios
sobre el papel que desempeñan en los procesos metabólicos, inmunológicos y neurológicos. Pese a que
la complejidad total de estas comunidades microbianas aún no se comprende en su totalidad, su
explotación clínica e industrial está bien desarrollada y continúa expandiéndose, por eso es necesario
una mayor supervisión guiada por un consenso de la comunidad científica. Se considera que la
microbiota intestinal está compuesta por Proteobacterias, Firmicutes, Verrucobacteria, Bacteroides,
Actinobacteria y Fusobacteria. Tanto los Firmicutes y los Bacteroides son los principales y constituyen
alrededor del 90% de los microorganismos intestinales. Los hongos que mayormente son relacionados;
Candida, Sacharomyces, Malassezia y Cladosporium2.

La enfermedad renal crónica (ERC) parece tener una relación directa con la microbiota intestinal, ya
que el aumento de los niveles de urea provoca alteraciones, aquello conduce a una sobreproducción de
los metabolitos. Como consecuencia, toxinas urémicas microbianas potencialmente nocivas, que se
eliminan predominantemente por vía renal, se acumulan en el organismo humano, entre aquellas toxinas
están, el sulfato de indoxilo, sulfato de p-cresilo, y el N-óxido de trimetilamina [trimetilamina-N-óxido
(TMAO)], estas toxinas urémicas tinen implicaciones clínicas de la ERC, y también de la progresión de
la insuficiencia renal en sí. En pacientes con enfermedad renal terminal (ERT) se observan ciertos
cambios en el microbioma intestinal, independientemente del tratamiento que sigan como, por ejemplo,
diálisis o trasplante renal3.
pág. 4823
Discusión

Vías inmunológicas en la enfermedad renal

El intestino cumple funciones importantes como la absorción de nutrientes en la síntesis de aminoácidos,
vitaminas y ácidos grasos de cadena corta (AGCC), los cuales aportan energía a las células epiteliales,
fortalecen la barrera intestinal y desempeñan un papel clave en la inmunomodulación. Los AGCC actúan
mediante la activación de receptores acoplados a proteínas G (GPCR), como FFAR2 y FFAR3, y la
inhibición de histona desacetilasas (HDAC), lo que provoca cambios en la expresión génica con efectos
antiinflamatorios y antiproliferativos. A través de estos mecanismos, el microbiota intestinal contribuye
al mantenimiento de la homeostasis del sistema inmunitario innato y adaptativo a nivel local y sistémico.
Sin embargo, cuando la barrera intestinal se altera y se produce el fenómeno de “intestino permeable”,
las bacterias y sus toxinas pueden atravesar la mucosa, ingresar al torrente sanguíneo y alcanzar distintos
órganos, incluido el riñón, donde activan respuestas inmunitarias proinflamatorias y reguladoras. Tanto
los neutrófilos y macrófagos se activan como parte de la primera línea de defensa de la inmunidad innata,
participando tanto en la respuesta frente a patógenos como en los procesos inflamatorios asociados a la
enfermedad renal4-6.

El deterioro de la función fagocítica de los macrófagos, en conjunto con la activación sostenida de
neutrófilos que son importantes en la inmunidad innata renal favorecen la inflamación crónica y el
deterioro progresivo de la función renal; este estado inflamatorio sistémico puede evaluarse mediante la
relación neutrófilo/linfocito (NLR), que es un marcador asociado al riesgo de enfermedad renal terminal,
también sirve como indicador en eventos cardiovasculares y mortalidad en pacientes con enfermedad
renal crónica avanzada. Los receptores de reconocimiento de patrones (PRR), como los receptores tipo
Toll (TLR) expresados en células renales, activan vías proinflamatorias como NF-κB y MAPK,
reforzando el estado inflamatorio y evidenciando el diálogo entre la inmunidad innata y adaptativa a
través de la liberación de citocinas. Las células epiteliales tubulares renales, tienen función de
moduladores inmunes, las cuales contribuyen a la respuesta inflamatoria mediante la producción de
quimiocinas, citocinas y moléculas antimicrobianas, además de interactuar con linfocitos T para inducir
la inmunidad adaptativa. Cuando estas células resultan dañadas, se desdiferencian e inducen el
reclutamiento de miofibroblastos, promoviendo inflamación, hipertrofia renal residual y sobrecarga
pág. 4824
metabólica del nefrón, este no es capaz de manejar el aumento del transporte tubular, lo que culmina en
hipoxia, acidosis y progresión de la enfermedad renal6-8.

En la progresión de la inflamación renal, la inmunidad adaptativa desempeña un papel clave, tal como
se ilustra (Fig 1.) mediante la interacción entre células dendríticas, linfocitos T y células epiteliales
tubulares. Las células dendríticas activadas en el riñón promueven la producción de citocinas
proinflamatorias como IL-12 e IL-6 y desencadenan la diferenciación de linfocitos T CD4+ naïve hacia
distintos subtipos funcionales. Entre ellos, las células T reguladoras (Treg) cumplen una función
protectora al limitar la inflamación y favorecer la homeostasis inmunológica, mientras que las células
Th17 amplifican el daño tisular mediante la secreción de IL-17. Las células epiteliales tubulares renales,
además de su función estructural, regulan activamente estas respuestas al expresar moléculas
coestimuladoras como ICOS-L y B7-H1, modulando positiva o negativamente la activación de las
células T. El desequilibrio entre respuestas Treg y Th17, junto con la activación sostenida de vías
proinflamatorias como NF-κB, perpetúa la inflamación renal crónica y contribuye a la progresión del
daño renal, reforzando el vínculo entre inmunidad, inflamación y deterioro funcional del riñón9-10.

Fig 1. Vías inmunológicas de la respuesta inmunitaria renal
pág. 4825
Microbiota intestinal y litiasis renal

La epidemiología de la litiasis renal muestra una marcada variabilidad a nivel mundial, puesto a que está
influida por factores geográficos, socioeconómicos, edad, el sexo, la raza y los hábitos dietéticos. La
obesidad y el síndrome metabólico se reconocen como factores de riesgo. Mundialmente, el oxalato de
calcio continúa siendo el componente predominante de los cálculos renales. La litiasis renal se asocia
con enfermedades sistémicas como diabetes mellitus, enfermedad cardiovascular, fracturas óseas y
enfermedad renal crónica, compartiendo con ellas múltiples factores de riesgo que favorecen su
desarrollo bidireccional teniendo relación el eje intestino-riñón10-11.

En las últimas tres décadas, globalmente la prevalencia de los cálculos renales ha aumentado de forma
sostenida, con diferencias marcadas de acuerdo a la edad y sexo. La prevalencia se incrementa
progresivamente con la edad, alcanzando los valores más altos en hombres mayores de 80 años.
Tradicionalmente, los hombres han presentado una mayor prevalencia que las mujeres; sin embargo,
esta brecha de género se ha ido reduciendo. Mientras que la prevalencia en hombres se ha mantenido
relativamente estable, en mujeres se observa un aumento constante, especialmente en aquellas menores
de 60 años, lo que sugiere cambios en los patrones de riesgo y exposición a lo largo del tiempo11.

Estudios anteriores demostraron que la ausencia de Oxalobacter formigenes en el intestino se asociaba
con la formación de cálculos, ya que esta bacteria oxalótrofa especializada degrada el oxalato y reduce
su absorción intestinal; aunque estudios clínicos posteriores sugirieron que su ausencia podría inducir
hiperoxaluria, investigaciones más recientes han cuestionado esta relación al no encontrar diferencias
consistentes en los niveles urinarios de oxalato, lo que podría explicarse por variaciones en la población,
el estilo de vida y los hábitos dietéticos. Los géneros bacterianos intestinales, como Faecalibacterium,
Enterobacter, Dorea, Bifidobacterium y Eubacterium, pueden influir en la formación de cálculos
mediante la modulación de la inflamación, el estrés oxidativo y el metabolismo del oxalato y el citrato.
En conjunto, estudios de cohorte, análisis metagenómicos y modelos de aprendizaje automático han
demostrado que la composición del microbioma intestinal difiere entre individuos con y sin litiasis renal
y que estas diferencias están influenciadas por patrones dietéticos, lo que respalda el papel relevante del
microbioma intestinal en la formación de cálculos de oxalato de calcio11-12.
pág. 4826
Mientras que en el microbioma urinario las bacterias productoras de ureasa como Staphylococcus
aureus., Klebsiella pneumoniae, Serratia marcescens, Pseudomonas aeruginosa, Providencia stuartii,
Proteus mirabilis, y Morganella morganii, tienen un papel importante en el desarrollo de cálculos renales
al descomponer urea inducen a la producción de amoníaco y dióxido de carbono, provocando lesión
tubular renal, alcalinización de la orina y la posterior formación de sales fosfatadas; de igual manera,
las bacterias productoras de ureasa forman así cálculos de estruvita y las enterobacterias con la
Escherichia coli (E. coli) pueden causar urolitiasis13.

Un estudio realizado en el 2019 cuyo objetivo era definir el papel de la disbiosis en pacientes con
urolitiasis, llevaron a cabo una investigación clínica comparativa de multiómica que demostró que el
microbioma urinario, pero no el intestinal, permite diferenciar a los pacientes con enfermedad litiásica
urinaria (USD) de aquellos sin antecedentes de la enfermedad. En el microbioma urinario se observaron
diferencias significativas en la abundancia de unidades taxonómicas operativas, con mayor diversidad
en el grupo sano. Además, se identificaron perfiles microbianos y metabólicos distintivos entre ambos
grupos, con un mayor número de metabolitos enriquecidos en los individuos sanos. En conjunto, estos
hallazgos sugieren que el microbioma urinario desempeña un papel más relevante que el microbioma
intestinal en el desarrollo de la USD14.

Un estudio realizado en el 2022 por Kachroo et al. sobre un análisis comparativo metagenómico shotgun
del microbioma urinario en pacientes con cálculos netamente de oxalato de calcio durante un episodio
activo de USD y en individuos sin antecedentes de esta patología. El estudio incluyó muestras de orina
de chorro medio de un grupo reducido de participantes (cinco formadores de cálculos y cinco controles
sanos). El objetivo era identificar funciones microbianas asociadas en los dominios procariótico, viral,
fúngico y protozoario. Los resultados mostraron que, en los pacientes con cálculos de oxalato de calcio,
la expresión de genes relacionados con el metabolismo del oxalato, el transporte transmembrana, la
proteólisis y las vías de oxidación-reducción era menor. Sin embargo, los genes enriquecidos en el grupo
control se asociaron principalmente con Lactobacillus crispatus, mientras que los genes vinculados al
oxalato de calcio se relacionaron con Pseudomonas aeruginosa y especies de Burkholderia15.

Se considera que el microbioma de los cálculos urinarios son los microorganismos identificados
directamente en los litios mediante técnicas como el cultivo urinario cuantitativo ampliado (EQUC) y
pág. 4827
la secuenciación del gen 16S rRNA. Diversos estudios han demostrado que las bacterias pueden
detectarse en un porcentaje considerable de los cálculos, variando aproximadamente entre el 15 % y el
70 %. En particular, entre el 13 % y el 44 % de los cálculos de oxalato de calcio presentan cultivos
positivos. Los microorganismos más frecuentemente aislados incluyen Escherichia coli, Pseudomonas
spp. y Proteus spp., este último asociado principalmente con la formación de cálculos de estruvita debido
a su capacidad de producir ureasa. Estos hallazgos respaldan la idea de que los microorganismos pueden
participar en la fisiopatología de ciertos tipos de litiasis urinaria16-17.

Investigaciones actuales en las que analizaron directamente el microbioma de cálculos de calcio
mediante EQUC y secuenciación 16S rRNA han obtenido una elevada diversidad bacteriana, con
predominio de familias como Enterobacteriaceae y géneros como Staphylococcus, Streptococcus,
Proteus, Lactobacillus y Bifidobacterium. Sin embargo, la presencia bacteriana fue menor en los
cálculos de oxalato de calcio en comparación con otros tipos, como la brushita o los cálculos infecciosos.
También se ha observado que la progresión de la litiasis es significativamente mayor en pacientes con
infección aguda del tracto urinario, lo que resalta la importancia del tratamiento oportuno de estas
infecciones para prevenir el crecimiento de cálculos, especialmente los de origen infeccioso18.

Relación con la enfermedad renal crónica

La enfermedad renal crónica (ERC) es una patología progresiva, sin cura y con alta morbilidad y
mortalidad, generalmente afecta a la población adulta y con mayor incidencia en personas con diabetes
mellitus e hipertensión arterial. La preservación de la función renal puede mejorar los resultados clínicos
mediante estrategias no farmacológicas como ajustes en el estilo de vida y la dieta, también juega un
papel muy importante el tratamiento farmacológico tanto como para la ERC y la protección del riñón.
Una dieta baja en proteínas y en sal, rica en vegetales puede ayudar a mitigar la hiperfiltración
glomerular y a conservar la función renal por más tiempo y conserva la homeostasis ácido-base y
mantiene saludable el microbioma intestinal19.

Las terapias farmacológicas que modifican la hemodinámica intrarrenal como los moduladores del
sistema reninaangiotensinaaldosterona y los inhibidores de SGLT2 (SLC5A2) pueden preservar la
función renal reduciendo la presión intraglomerular de manera independiente del control de la presión
arterial y de la glucosa. Los antagonistas no esteroideos del receptor mineralocorticoide tienen la función
pág. 4828
proteger el riñón mediante mecanismos antiinflamatorios o antifibróticos. El manejo del riesgo
cardiovascular asociado a la ERC depende en mayor parte a la minimización del riesgo de infecciones,
a la prevención de la lesión renal aguda y al control de factores de riesgos no convencionales, debido a
las complicaciones que conlleva esta patología debido a su gran número de morbilidad y mortalidad.
Cuando es necesaria la terapia de reemplazo renal, puede considerarse una transición progresiva hacia
la diálisis, para poder preservar la función renal residual por más tiempo20.

Con la progresión de la ERC, la concentración de urea en sangre aumenta de forma gradual. Con la
disminución progresiva de la función renal, el tracto gastrointestinal se convierte en la principal vía de
excreción de urea. En las etapas avanzadas de la ERC se observa una alteración de la función de la
barrera intestinal y una inflamación crónica a lo largo del tracto digestivo. La urea difunde desde la
sangre hacia la luz intestinal, aquello estimula la sobreproducción de bacterias que contienen ureasa
facilitando el catabolismo. La urea luminal es convertida en amoníaco por la ureasa microbiana y
posteriormente en hidróxido de amonio, aquello produce lesión de la barrera epitelial y el aumento de
la permeabilidad intestinal, permitiendo la translocación hacia la circulación de toxinas urémicas de
origen intestinal, endotoxinas, antígenos y microorganismos intestinales u otros productos microbianos,
todo este proceso se lo conoce como atopobiosis, que no es nada más que la presencia de microbios en
lugares distintos a su localización habitual y se asocia con enfermedades inflamatorias21-22.

La microbiota colónica sana, incluyen bacterias ácido lácticas beneficiosas (BAL) como
Lactobacillaceae y Prevotellaceae, sin embargo, se encuentran reducidas, mientras que la presencia de
Enterobacteria y Enterococci, cuyo estado normal se encuentra presente en pequeñas cantidades,
aumentan hasta 100 veces en pacientes con ERC. Otros mecanismos que contribuyen a la alteración del
microbioma intestinal en la ERC pueden ser desde factores externos como los hábitos alimentarios,
patologías como diabetes mellitus, el uso de medicamentos como los quelantes de fosfato. La
acumulación de toxinas urémicas se ha asociado con la fisiopatología de las complicaciones de la ERC
entre ellas, la anemia, trastornos óseos, la calcificación vascular, la resistencia a la insulina y la
aterosclerosis 23.

La disbiosis intestinal podría considerarse como un factor poco común de riesgo cardiovascular en la
ERC debido a que la relación entre el eje riñónintestino y el microbioma intestinal es bidireccional,
pág. 4829
produciendo la disbiosis y a su vez, la ERC conduce a un desplazamiento del microbioma intestinal
saludable hacia un estado de desequilibrio entre bacterias beneficiosas y patógenas. Esta disbiosis altera
la integridad epitelial intestinal y exacerba los procesos inflamatorios e inmunológicos debido a la
endotoxemia, las toxinas urémicas de origen intestinal y la acidosis, lo que contribuye a la progresión y
a las complicaciones de la ERC. La dieta recomendada para esta patología se basa en alimentos bajo en
sodio, potasio y fosfato, provocando una menor absorción de nutrientes importantes como la fibra
dietética. Las fibras dietéticas favorecen la producción de AGCC, los cuales protegen frente al daño
intestinal. Con el deterioro renal progresivo, se produce retención de toxinas urémicas que contienen
urea, las cuales se acumulan en el intestino, en la sangre, y favoreciendo la colonización de
microorganismos que utilizan la urea como fuente de energía24-25.

Fig 2. Muestra el eje riñónintestino en relación bidireccional entre ERC y la disbiosis intestinal. Con
el deterioro de la función renal se acumulan toxinas urémicas que alteran la microbiota y dañan la barrera
intestinal, aumentando la permeabilidad, la inflamación y la endotoxemia.

Con la disminución de la función renal en esta patología, los niveles de sulfato de indoxilo aumentan en
sangre debido a su limitada excreción renal deteriorando aún más la función renal. En las células del
pág. 4830
túbulo proximal, el sulfato de indoxilo activa el factor nuclear κB (NF-κB), suprime la proliferación
celular e induce y acelera la senescencia a través de la activación de p53. Aquello estimula la fibrosis
mediante la expresión del factor de crecimiento transformante beta 1 (TGF-β1) y del inhibidor del
activador del plasminógeno tipo 1 (PAI-1). El quorum sensing es un mecanismo regulador bacteriano
que permite percibir y coordinar comportamientos sincronizados en función de la densidad poblacional
bacteriana. Estas señales pueden ser producidas por patobiontes y por la microbiota autóctona26.

Las señales producidas por bacterias gramnegativas, como Pseudomonas aeruginosa, ejercen efectos
inmunológicos negativos, como la activación de vías de quinasas activadas por mitógenos, que inducen
la señalización de NF-κB y la quimiotaxis, aquello aumenta la expresión de genes inflamatorios. El
sulfato de indoxilo también induce la transición epitelio-mesenquimal de las células epiteliales tubulares
a través de la activación del sistema renina-angiotensina, lo que contribuye a la fibrosis renal. El sulfato
de indoxilo provoca la depleción de Klotho (es una proteína transmembrana que favorece el
antienvejecimiento). El sulfato de p-cresilo inhibe los transportadores de eflujo proteína de resistencia
a múltiples fármacos 4 (MRP4) y proteína de resistencia al cáncer de mama (BCRP) en las células del
túbulo proximal. provocando la acumulación intracelular de toxinas, incluido el propio sulfato de p-
cresilo. La trimetilamina N-óxido (TMAO) también puede contribuir a la progresión de la ERC al
promover la fibrosis renal, en particular la fibrosis túbulo-intersticial, y al aumentar la expresión de
genes profibróticos y marcadores de daño renal27-28.
pág. 4831
Fig 3. Toxinas urémicas y sulfato de indoxilo en la ERC: La disminución de la función renal favorece
la acumulación de toxinas derivadas del intestino, como el sulfato de indoxilo. Estas toxinas activan vías
proinflamatorias y profibróticas en las células tubulares renales, como NF-κB y p53, promoviendo
senescencia celular y fibrosis, lo que acelera la progresión de la enfermedad renal crónica.

De acuerdo al estudio realizado por Hu et al, en el 2022. Se analizó por primera vez el micobioma
intestinal en pacientes con ERC y su relación con parámetros inmunológicos séricos, considerando que
la mayoría de investigaciones previas se han centrado en el microbioma bacteriano. Aunque el
microbioma, al igual que el bacteriano, está influido por factores ambientales como la dieta, la
investigación revela que no se observaron diferencias significativas en la ingesta alimentaria entre
pacientes con ERC y controles sanos. Los resultados mostraron que la composición fúngica intestinal
se encuentra alterada en la ERC, con cambios variables según el estadio de la enfermedad. Los pacientes
con ERC temprana, moderada y terminal presentaron perfiles fúngicos distintos a los controles, mientras
que en estadios leves y severos no se detectaron diferencias claras, sugiriendo posibles procesos de
restauración del microbioma que requieren mayor estudio29.
pág. 4832
La diversidad y riqueza del microbioma fueron mayores en los pacientes con ERC, especialmente en
estadios iniciales. A nivel taxonómico, los filos Ascomycota y Basidiomycota predominaron tanto en
pacientes como en controles. Candida fue el género más frecuente, aunque se encontró reducido en
pacientes con ERC, lo que resalta la necesidad de investigar su papel en la inflamación intestinal
asociada a esta enfermedad. Destaca el aumento de Saccharomyces, que se asoció positivamente con los
niveles de cadenas ligeras libres κ, sugiriendo un posible papel inmunomodulador y protector. Por el
contrario, Ganoderma y Bjerkandera mostraron una disminución y una correlación negativa con
marcadores inflamatorios, lo que indica su posible función beneficiosa en la regulación inmunitaria. En
conjunto, los hallazgos evidencian que la disbiosis del micobioma intestinal está relacionada con
alteraciones inmunológicas en la ERC, abriendo la posibilidad de estrategias terapéuticas basadas en el
micobioma. Sin embargo, el tamaño muestral limitado y la presencia de comorbilidades como diabetes
e hipertensión representan limitaciones que deberán abordarse en estudios futuros de mayor escala30-32.

Enfermedad renal crónica terminal

La ERC y su progresión hacia la enfermedad renal crónica terminal se asocian con alteraciones
cuantitativas y cualitativas del microbioma intestinal, fenómeno que desempeña un papel clave en la
fisiopatología del eje intestinoriñón. El microbioma intestinal participa en funciones metabólicas
esenciales, como la producción de vitaminas, la modulación del sistema inmunitario y la generación de
metabolitos, pero en la ERC este equilibrio se ve alterado por el entorno urémico, las restricciones
dietéticas y las intervenciones terapéuticas. En particular, la disbiosis intestinal favorece la producción
de toxinas urémicas derivadas del metabolismo bacteriano, como el sulfato de indoxilo y el p-cresil
sulfato, las cuales se asocian con inflamación sistémica, daño cardiovascular y progresión de la
enfermedad renal avanzada. Estos cambios refuerzan la idea de que la microbiota intestinal no solo es
un reflejo del estado de la ERC, sino también un actor activo en su evolución33-34.

El estudio realizado por Khiabani et al, se enfocó en la diversidad de la familia Bacteroidaceae ya que
es uno de los componentes más abundantes del microbioma intestinal humano y su relación con los
pacientes con enfermedad renal crónica terminal (ERCT), con el objetivo de evaluar su diversidad y
abundancia en pacientes con ERC y ERCT en comparación con individuos sanos mediante
secuenciación de nueva generación. Los resultados mostraron que, a pesar de la amplia evidencia previa
pág. 4833
que vincula la ERC con disbiosis intestinal, no se observaron diferencias significativas en la distribución
ni en la diversidad de especies de Bacteroides entre pacientes y controles sanos. En ambos grupos, las
especies Bacteroides dorei, B. uniformis y B. ovatus fueron las más prevalentes. Estos hallazgos
sugieren que la familia Bacteroidaceae, considerada estable a lo largo de la vida, podría no ser un
marcador diferencial aislado de la ERC terminal, a diferencia de otros grupos bacterianos que sí
muestran cambios consistentes en la enfermedad renal36.

El artículo contextualiza estos resultados dentro de un escenario más amplio de alteración del
microbioma intestinal en la ERCT, caracterizado por una reducción global de la carga bacteriana, una
disminución de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta y un aumento relativo de
microorganismos con capacidad de producir toxinas urémicas. Además, se ha descrito un cambio en los
enterotipos intestinales desde perfiles dominados por Prevotella hacia aquellos dominados por
Bacteroides en estadios avanzados de la enfermedad renal, lo que podría favorecer un ambiente
proinflamatorio. En conjunto, el estudio destaca que, aunque Bacteroidaceae no muestra variaciones
significativas de manera aislada, el microbioma intestinal en su conjunto desempeña un papel
fundamental en la progresión de la ERC hacia la ERCT, subrayando la necesidad de enfoques integrales
que consideren la comunidad microbiana completa y sus funciones metabólicas como posibles dianas
terapéuticas37-38.

Ebrahimzadeh et al., considera que, en la ERCT, el microbioma intestinal sufre una alteración profunda
que impacta directamente en la progresión de la enfermedad y en el pronóstico del paciente. En
individuos sometidos a hemodiálisis, la composición bacteriana intestinal difiere de manera significativa
respecto a personas con función renal conservada, especialmente a nivel de diversidad estructural. Esta
disbiosis se asocia con una reducción de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta (AGCC)
y con un aumento de microorganismos relacionados con la producción de toxinas urémicas, lo que
refleja un entorno intestinal desfavorable vinculado al deterioro renal avanzado39.

La disminución de AGCC en la ERCT tiene implicaciones relevantes, ya que estos metabolitos cumplen
un papel clave en el mantenimiento de la barrera intestinal y en la modulación de la inflamación
sistémica. En pacientes en hemodiálisis se observa una reducción marcada de ácidos orgánicos fecales,
junto con un aumento del pH intestinal, condiciones que favorecen la disfunción de la barrera epitelial
pág. 4834
y la translocación de endotoxinas. Este entorno contribuye a un estado inflamatorio persistente,
evidenciado por el aumento de marcadores como la proteína C reactiva y la proteína ligadora de
lipopolisacáridos, los cuales se relacionan estrechamente con la progresión de la enfermedad renal y las
complicaciones cardiovasculares40-41.

El microbioma intestinal desempeña un papel central en la generación y acumulación de toxinas
urémicas derivadas del metabolismo bacteriano, como el sulfato de indoxilo y el sulfato de p-cresilo,
cuyos niveles son significativamente más elevados en pacientes con ERCT, especialmente en aquellos
con diabetes. Estas toxinas se asocian con fibrosis renal, daño vascular y peor pronóstico clínico. El
estudio identifica subgrupos bacterianos específicos vinculados tanto al desarrollo de ERCT como al
aumento de toxinas urémicas, lo que refuerza la idea de que el eje intestinoriñón es un componente
clave en la fisiopatología de la enfermedad renal terminal y un potencial objetivo terapéutico futuro42-
43.

En el estudio realizado por Laiola et al., establece una relación crítica entre la composición del
microbioma intestinal, la acumulación de toxinas urémicas (TU) y la progresión de la enfermedad renal
crónica (ERC). A través de un análisis multiómico y longitudinal, los investigadores demostraron que
los pacientes con ERC presentan una microbiota alterada en comparación con individuos sanos,
caracterizada por un enriquecimiento de especies productoras de precursores de toxinas urémicas, como
las de los géneros Enterocloster y Hungatella44.

Los pacientes con ERC severa muestran niveles más altos de toxinas en suero y una mayor abundancia
de especies bacterianas tóxicas en comparación con aquellos con ERC moderada. Especies como
Desulfovibrio fairfieldensis y Lachnoclostridium pacaense se correlacionaron positivamente con toxinas
derivadas de fenoles e indoles.

Un hallazgo fundamental fue el uso del trasplante de microbiota fecal (FMT) de pacientes con ERC a
ratones. Este procedimiento aumentó los niveles de toxinas urémicas en suero y exacerbó la fibrosis
renal en los modelos animales, lo que respalda un vínculo causal entre la microbiota alterada y el
deterioro de la función renal44.
pág. 4835
Se identificó a Faecalibacterium prausnitzii como una especie clave cuya abundancia se asocia con la
preservación de la función renal y menores niveles de toxinas urémicas, sugiriendo un rol protector que
se pierde conforme la enfermedad progresa

El estudio observó que, con el tiempo, la "proporción de especies tóxicas" tiende a aumentar en pacientes
con ERC. Sin embargo, el cumplimiento de una dieta baja en proteínas y basada en plantas, junto con
el consumo de probióticos, parece mitigar estos cambios negativos, reduciendo la abundancia de
especies productoras de toxinas.

Aunque los marcadores clínicos tradicionales (como la tasa de filtración glomerular basal) siguen siendo
predictores fuertes, los niveles de toxinas urémicas derivadas del microbioma demostraron tener un buen
poder predictivo para clasificar la progresión rápida de la enfermedad44.

Microbioma en Nefritis Lupica

La nefritis lúpica afecta a más de la mitad de los pacientes con LES y se asocia con un aumento
significativo de la mortalidad. Aunque su etiología es compleja, investigaciones recientes sugieren que
la disbiosis intestinal actúa como un factor ambiental crítico que interfiere con la autoinmunidad y
contribuye al desarrollo de la enfermedad45.

1. Los estudios en modelos animales y humanos han identificado especies bacterianas clave relacionadas
con el daño renal:

• Ratones colonizados con bacterias filamentosas segmentadas presentan lesiones histológicas de NL
más severas y niveles elevados de interleucina-17 (IL-17).

• Ruminococcus gnavus (RG): En pacientes con LES, se ha observado una sobreabundancia de esta
bacteria. Es relevante destacar que los anticuerpos contra RG presentan una reacción cruzada con el
anti-ADN de doble cadena (anti-dsDNA), y los pacientes con nefritis lúpica activa (clases III y IV)
muestran niveles significativamente más altos de anticuerpos anti-RG en suero.

• Por el contrario, la suplementación con cepas de Lactobacillus en ratones con lupus mejoró la función
renal, redujo la proteinuria y ayudó a restaurar el equilibrio entre los linfocitos Treg y Th17 en el riñón.

2. Mecanismos Patogénicos: Permeabilidad y Mimetismo Molecular

La disbiosis contribuye a la NL a través de varios mecanismos:
pág. 4836
• Intestino permeable ("Leaky Gut"): La alteración del ecosistema intestinal aumenta la permeabilidad
de la barrera epitelial, permitiendo la translocación bacteriana. Por ejemplo, Enterococcus gallinarum
puede trasladarse al hígado, estimulando la síntesis de interferón tipo 1 (IFN-1), un mediador clave en
la inflamación del lupus.

• Mimetismo Molecular: Los metabolitos o péptidos bacterianos pueden imitar autoantígenos humanos,
desencadenando una respuesta autoinmune por reactividad cruzada. Péptidos de bacterias como
Odoribacter splanchnicus o Akkermansia miciniphila pueden afectar la secreción de citoquinas en
subgrupos de pacientes con anticuerpos anti-Smith (Sm). Asimismo, antígenos de Burkholderia pueden
unirse a anticuerpos anti-dsDNA, lo que sugiere que estas bacterias podrían participar en la formación
de estos marcadores diagnósticos de la NL45.

Figura 4.
Mecanismos potenciales del desarrollo de la nefritis lúpica . (A) Barrera intestinal y
translocación bacteriana. (B,C) Efectos inflamatorios de la disbiosis. (D) Posible papel preventivo de
los probióticos en el desarrollo de la nefritis lúpica. IL: interleucina; IgG2: inmunoglobulina G2; Th:
linfocitos T cooperadores; IgM anti-PC: inmunoglobulina M antifosforilcolina; GALT: tejido linfoide
asociado al intestino.
pág. 4837
3. El Impacto de los Tratamientos y el Entorno

Es importante notar que la disbiosis en pacientes con NL no solo es una causa, sino también una
consecuencia de la enfermedad y su tratamiento. Los esteroides e inmunosupresores reducen la
abundancia y diversidad bacteriana, lo que puede aumentar el riesgo de infecciones y requerir el uso de
antibióticos, exacerbando aún más el desequilibrio del microbiota.

Incluso en estudios de mayor alcance sobre la enfermedad renal crónica (ERC) en general, se ha
observado que, aunque la acumulación de toxinas urémicas parece ser independiente de la etiología
específica de la enfermedad renal, el microbiota tóxico sigue siendo un determinante clave de la
progresión hacia la falla renal45.

Microbioma en hemodiálisis

En los pacientes en hemodiálisis se observan alteraciones importantes del microbioma, especialmente a
nivel intestinal. Generalmente se produce un aumento de Proteobacteria (principalmente
Gammaproteobacteria), Actinobacteria y Firmicutes, aunque existen diferencias según la modalidad de
diálisis y la población estudiada46. Aunque en los pediátricos que se realizan hemodiálisis se detectan
concentraciones elevadas de toxinas urémicas como el sulfato de indoxilo y el sulfato de p-cresilo, es
poco frecuente encontrar cambios proporcionales en los taxones bacterianos responsables de su
producción. En una proporción significativa de pacientes en hemodiálisis se ha detectado ADN
bacteriano en sangre, lo que sugiere una mayor colonización microbiana sistémica, con predominio de
géneros como Escherichia, Staphylococcus, Pseudomonas y Enterococcus47-48.

En la ERCT, las familias bacterianas dominantes como Clostridiaceae y Enterobacteriaceae poseen
enzimas capaces de generar toxinas urémicas, lo que contribuye a la inflamación y a la toxicidad
urémica49. En contraste, se observa una disminución de bacterias beneficiosas como Lactobacillaceae y
Prevotellaceae, productoras de butirato, un ácido graso de cadena corta con efectos protectores sobre la
barrera intestinal y la regulación inmunológica. La reducción de estos metabolitos se asocia con menor
expansión de células T reguladoras y un estado inflamatorio persistente. A ello se suma que la
ultrafiltración excesiva y la hipotensión intradiálisis pueden provocar episodios de isquemia intestinal
transitoria, alterando la permeabilidad de la barrera intestinal50-52.
pág. 4838
Los pacientes en hemodiálisis presentan las concentraciones más elevadas de toxinas urémicas unidas a
proteínas, como el sulfato de indoxilo, el sulfato de p-cresilo y el TMAO, cuya eliminación mediante
hemodiálisis convencional es limitada. Estas toxinas se acumulan debido a su alta unión a proteínas
plasmáticas y a la baja eficiencia de depuración dialítica, incluso con membranas de alto flujo. En
particular, el TMAO alcanza niveles muy superiores a los de la población general, lo que contribuye al
riesgo cardiovascular y a la progresión de complicaciones en estos pacientes53.

CONCLUSIÓN

La evidencia actual demuestra de forma consistente que la microbiota intestinal desempeña un papel
central en la fisiopatología de las enfermedades renales a lo largo de todo su espectro, desde la
enfermedad renal crónica (ERC) temprana hasta la enfermedad renal crónica terminal y las terapias de
reemplazo renal. La alteración progresiva de la función renal genera un entorno urémico que modifica
la composición y la actividad metabólica del microbioma intestinal, favoreciendo la disbiosis, el
deterioro de la barrera epitelial y el aumento de la permeabilidad intestinal. Este proceso permite la
translocación de endotoxinas y metabolitos microbianos hacia la circulación sistémica, lo que contribuye
a inflamación crónica, disfunción inmunológica y daño multiorgánico.

La reducción de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta y el aumento de
microorganismos con capacidad de generar toxinas urémicas, como el sulfato de indoxilo, el sulfato de
p-cresilo y el TMAO, se asocian con fibrosis renal, progresión de la ERC, complicaciones
cardiovasculares y mayor mortalidad. Estos efectos se intensifican en pacientes en hemodiálisis, donde
la depuración limitada de toxinas unidas a proteínas y las alteraciones hemodinámicas favorecen aún
más la disbiosis intestinal y la inflamación sistémica. La interacción bidireccional del eje intestinoriñón
explica cómo la disbiosis no solo es consecuencia del daño renal, sino también un factor activo en su
progresión. En conjunto, estos hallazgos subrayan que la microbiota intestinal representa un componente
clave en las enfermedades renales y un potencial objetivo terapéutico. Estrategias basadas en la
modulación del microbioma, mediante intervenciones dietéticas, probióticos, prebióticos o enfoques
personalizados, podrían contribuir a mejorar el control inflamatorio, ralentizar la progresión de la
enfermedad renal y optimizar el pronóstico clínico de estos pacientes.
pág. 4839
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