CIUDADANÍA BIOLÓGICA: DESDE LA
INTERCULTURALIDAD LATINOAMERICANA
BIOLOGICAL CITIZENSHIP: FROM LATIN AMERICAN
INTERCULTURALITY
Jairo Eduardo Soto-Molina
Universidad del Atlántico. Barranquilla, Colombia
Katia Milena Martínez Heredia
Universidad del Atlántico, Colombia

pág. 7024
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22800
Ciudadanía biológica: Desde la interculturalidad Latinoamericana
Jairo Eduardo Soto-Molina1
Jairosoto1@mail.uniatlantico.edu.co
https://orcid.org/0000-0003-3378-0202
Universidad del Atlántico. Barranquilla,
Colombia
Katia Milena Martínez Heredia
katiamartinez@mail.uniatlantico.edu.co
https://orcid.org/0000-0002-6259-82692
Universidad del Atlántico, Colombia
RESUMEN
La investigación plantea la necesidad de conceptualizar acerca de la ciudadanía biológica desde la
postura foucaultiana que invoca para su práctica efectiva la biopolítica, el biopoder y la
gubernamentalidad, en relación con la visión de la interculturalidad del sur global latinoamericano y
caribeño. Se utilizan estrategias metodológicas de postura crítica de investigaciones sobre el tema, que
desembocan en valoraciones argumentativas de los autores, mediante la exposición hermenéutica. Las
reflexiones finales indican que en Latinoamérica la ciudadanía biológica y las estrategias biopolíticos
del poder han sido el fenómeno sociopolítico más relevante en la modernidad, impactando en la vida, el
disciplinamiento y la corporalidad de los individuos, así como en la realidad intercultural, lo que llamó
Foucault “anatomopolítica”. Se citan en el estudio, eventos de control social estatal sobre la vida misma,
ocurridos en los últimos años, que muy bien pudiesen explicar las recientes protestas y luchas planteadas
en América del Sur al fragor de solicitudes de bienestar sanitario y laboral de los ciudadanos.
Palabras clave: Ciudadanía biológica; biopolítica; interculturalidad; biopoderes; anatomopolítica.
1 Autor principal
Correspondencia: Jairosoto1@mail.uniatlantico.edu.co

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Biological citizenship: from Latin American interculturality
ABSTRACT
The research raises the need to conceptualize biological citizenship from the Foucaultian position that
invokes biopolitics, biopower and governance for its effective practice to confront it with the vision of
interculturality of the Latin American and Caribbean global south. Methodological strategies of critical
posture of research on the subject are used, which lead to argumentative evaluations of the author
through the hermeneutical exposition. The final reflections indicate that in Latin America, biological
citizenship and the biopolitical factors of power have been the most relevant socio-political phenomenon
in modernity, which has impacted considering the intercultural reality, life, discipline, and the
corporality of individuals, what Foucault called "anatomopolitics." Are cited in the study, events of state
social control over life itself are cited, which occurred in recent years, which could very well explain
the recent protests and struggles in South America to the noise of requests for health and labor welfare
of citizens.
Keywords: Biological citizenship; biopolitics; interculturality; bio-powers; anatomopolitics.
Artículo recibido 09 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 12 enero 2026

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INTRODUCCIÓN
La región latinoamericana y caribeña constituyen un espacio intercultural y pluriétnico ideal para
estudiar las relaciones de poder implícitas en la dicotomía que sugiere la noción de ciudadanía biológica
y los sistemas de la gubernamentalidad de la política instrumentada desde la base que le confiere el
poder. En este sentido, el objetivo de esta investigación es interpretar el concepto de ciudadanía
biológica desde la postura expuesta en la obra del Profesor y Filósofo Michel Foucault y expresada en
las clases magistrales en el Collége de France, en la década de 1970, en relación con las formas de
convivencia, organización de vida y hábitos de la corporalidad en el frondoso, universal y diverso
espacio intercultural latinoamericano, donde cohabitan ciudadanos originarios, afrodescendientes,
mestizos, de origen europeo, entre otros.
La investigación emprende una ruta hermenéutica sobre las significaciones de ciudadano biológico,
biopolítica, biopoderes y gubernamentalidad, entendiendo estos tres últimos como conjunto de
estrategias o “técnicas de gobierno” (Foucault, 2004, p. 63) para garantizar el orden, pacificar a la
sociedad y a la población como cuerpo vivo, “es el ámbito que propuse llamar gubernamentalidad, es
decir, la manera de conducir la conducta de los otros” (Foucault, 2007, p. 218), tanto en el plano
individual como colectivo e impactando históricamente sobre las poblaciones en la Latinoamérica
pluricultural.
Son mecanismos de dominación o estrategias de la gubernamentalidad de los Estados europeos sobre
los pobladores originarios de América, quienes representan la lucha y resistencia histórica de los pueblos
culturalmente diversos, emergiendo desde el seno de la sociedad una Latinoamérica plural y diversa,
por tanto intercultural, que se resiste ante la sistemática imposición de la cultura universalista occidental
capaz de manipular y dirigir desde el punto de vista político, económico, cultural, ideológico, militar,
científico e imaginario, y deviene con conciencia o voluntad de cambio con el interés de comprender lo
que manifiestamente es una sociedad diferente.
Se trata entonces de conceptualizar acerca de la ciudadanía biológica desde la postura foucaultiana que
invoca para su práctica efectiva la biopolítica, el biopoder y la gubernamentalidad, como estrategias o
mecanismo de dominación y control, en relación con la visión de la interculturalidad del sur global
latinoamericano y caribeño. Desde este contexto, (…) va apareciendo la interculturalidad como meta,

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visión y práctica para construir sociedades distintas, que visualizan la pluralidad cultural como parte o
instrumento tal vez, de la construcción de un nuevo imaginario nacional (…)” (Soto, 2008, p 12).
En las reflexiones finales, se presentan algunos casos icónicos ocurridos en la región donde se hace
efectivo el ejercicio de los biopoderes, para conducir las conductas corporales de los individuos, masas
y poblaciones, para gestionar formas de trabajo y la vida social y cultural, incluso hasta deshacerse de
esta última, produciendo transformaciones profundas en los individuos de la región, transformándolos
en ciudadanos biológicos, recomponiendo la identidad individual corporal del ciudadano para la práctica
productiva eficiente. Al respecto Soto-Molina agrega que:
“La cultura se relaciona directamente con el contexto donde habita el ser. Desde este hecho, los
docentes pueden provocar las interacciones con el autoreconocimiento, con la identidad propia y con el
contexto, privilegiando las tradiciones y principales manifestaciones del folclor demoscópico, literario,
coreográfico y musical de su contexto” (Soto-Molina, J. E., Molina, M. K. R., Vanegas, W. J., &
González, B. P. A. 2020: 380).
Bases teórica del análisis
La investigación plantea las relaciones existentes entre la conceptualización de ciudadanía biológica
desde la postura foucaultiana y el análisis de documentos de casos específicos de la interculturalidad del
sur global latinoamericano, que, por efecto, se introducen otros conceptos por transversalidad como:
bioética, genética, biomedicina, entre otros. El método se basa en un análisis racional y argumentativo,
haciendo uso juicioso de la discusión y el debate por parte del autor, que desembocan en resultados con
validez interna y externa (Henríquez y Zepeda, 2004, p. 21), que al final resulta del estudio, un
documento de postura crítica y reflexiva de valoración personal.
En el estudio se define como categoría de investigación independiente la conceptualización según
Foucault de ciudadanía biológica, siendo las categorías dependientes las diferentes posiciones
interculturales cambiantes de países latinoamericanos sobre el tema en discusión, según sea la posición
política-jurídica y la naturaleza cultural ancestral de los ciudadanos. De acuerdo con estas
consideraciones, el documento a presentar utiliza estrategias de reflexión descriptiva, coherente,
comparativa y con argumentación soportada por información proveniente de artículos y trabajos
científicos relacionados con la investigación.

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El enfoque metodológico del estudio se fundamenta en ubicación cronológica y espacial de la relación
investigativa, (Londoño et al., 2016), que se sitúa en el análisis socio-crítico durante las últimas cinco
décadas, donde se examinan algunas de las contribuciones más significativas del debate contemporáneo
latinoamericano sobre la cuestión de la ciudadanía biológica y manejo biopolítico por parte de los
Estados, y como al final han producido transformaciones profundas, causando reordenamiento de los
cuerpos, de poblaciones y hasta categorizando a los propios habitantes.
Se usa la etnometodología como investigación empírica de los métodos que utilizan los individuos para
dar sentido y al mismo tiempo realizar sus acciones cotidianas comunicar, tomar decisiones, razonar.
Esta opción metodológica contribuye s definir un trabajo de investigación por diversas razones: a)
enmarca los criterios desde donde se produce el conocimiento científico y b) otorga a dicho
conocimiento el valor y la garantía de ser “ciencia”. Cuando se investiga no se toma únicamente una
decisión de tipo técnico basada en la obtención objetiva y científica de datos relevantes para investigar,
al investigar, se comprende la realidad (y lo real en juego) de una determinada manera. Fundamentado
y atravesando el método encontramos los “supuestos epistemológicos”.
Al conocer de una determinada manera, a partir de los supuestos epistemológicos que construyen la
investigación, construimos también un objeto de conocimiento atravesado por una visión de lo que se
puede saber y también por una garantía de mayor o menor cientificidad” del resultado obtenido. El
énfasis es puesto en la necesidad de interpretar qué está pasando – para entender la sociedad como un
todo – y el significado que tiene para sus participantes.
Esta investigación en desarrollo, no solo ha tenido en cuenta la etnometodología como la única tradición
investigativa, ha habido una mezcla con estudios fenomenológicos e investigación semiótica para poder
hacer una análisis de las prácticas humanas colectivas e individuales, puedan ser llevadas a cabo a partir
de materiales que guardan el dato en su pureza original, mantengan la frescura del relato vivido por los
actores sociales y trate de rescatar el máximo de información proporcionados por el relato del sujeto.
Precisamente para permitir una forma de estudiar y comprender la realidad social.
Aunque con unas implicaciones prácticas; ya que se pretende en forma coherente, correlacionar la teoría
con la práctica, desde la aplicabilidad, representada en un cuadro de categorías apriorísticas y
emergentes, que ha permitido operacionalizar y contextualizar la ciudadanía biológica e

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interculturalidad latinoamericana.
La conveniencia de la metodología cualitativa a través del uso específico de la etnometodología ha sido
experimentada para aprehender la realidad social con algunos apoyos de la metodología cuantitativa
como datos estadísticos. La metodología cualitativa, como indica su propia denominación, tiene como
objetivo la descripción de las cualidades de un fenómeno. Busca un concepto que pueda abarcar una
parte de la realidad. No se trata de probar o de medir en qué grado una cierta cualidad se encuentra en
un cierto acontecimiento dado, sino de descubrir tantas cualidades como sea posible.
El proceso investigativo que se ha desarrollado a través de cuatro grandes fases En cada una de ellas se
ha ido tomando opciones entre las diferentes alternativas que se han presentado. En cada una de las
cuatro fases se podrán diferenciar, a su vez, distintas etapas. Por lo general al final de cada fase se
produjo algún producto.
Ciudadanía biológica y biopolítica según Michel Foucault
Para comprender de manera sucinta la evolución histórica del concepto de ciudadanía biológica y
biopolítica es necesario remontarse al año 480 a. c., a la legendaria batalla de las Termópilas, situándose
en la perspectiva histórica-política de Atenas y Esparta, allí están implícitos los conceptos abordados.
Mientras que los atenienses eran los pioneros en la fundación de la democracia y la alta cultura como
instrumentos políticos para el desarrollo, su gran rival Esparta, encarnó el militarismo, el centralismo
autoritario, la segregación y una brutal represión, (Cartlege, 2009, p. 3). Los Espartanos categorizaban
a los recién nacidos, si eran del género masculino debían ser fuertes y poderosos por lo que eran
preparados para la guerra, inclusive en su alimentación se procuraba que fuera cuantitativa y
cualitativamente de altos estándares por encima incluso de las féminas. Frecuentemente, realizaban
matanzas selectivas de los individuos débiles sin importar la edad, asegurando la supremacía en las
batallas.
Fue así como los espartanos introdujeron el concepto de ciudadano biológico, como aquel que tenía
espíritu guerrero, fuerte y con habilidades y aptitudes físicas insuperables que era formado por un
modelo político propio, donde la familia real reivindicaba su pertenencia al linaje de alta alcurnia
fisiológica y diferenciado de los atenienses, cuyo sistema político democrático pregonaba la isocracia,
que aunque los ciudadanos eran preparados militarmente, también recibían formación cultural y

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filosófica. Desde allí se comienza a tener una visión conceptual de la ciudadanía biológica, dentro del
contexto temporal y social ateniense-espartano formada a partir de las diversas formas de biopolítica.
Pasados los siglos, fue Michel Foucault quien presentó por primera vez el concepto de biopolítica o de
los biopoderes, también denominado tecnologías del Poder, frente a un curso en el Collége de France
entre 1975 y 1976, para referirse al conjunto de mecanismos y estrategias de poder del Estado Moderno
quien ha diseñado a lo largo de la historia, desde el siglo XVIII hasta la contemporaneidad, un conjunto
de teorías y prácticas de gobierno que disciplinan, normalizan y controlan a la población, como cuerpo
vivo; en síntesis, la biopolítica, los biopoderes o tecnologías del Poder son estrategias de la
gubernamentalidad basadas en el principio de seguridad para el mantenimiento y sostenimiento del
poder del Estado sobre la población, a través de un constructo teórico y práctico de Administración
Pública, que responde al conjunto de técnicas que pretenden más que disciplinar, normalizar, administrar
y regular, por ende dominar a la población que se gobierna, desde el nacimiento hasta la muerte.
Este autor procura sintetizar y dejar claro el significado de ciudadanía biológica, asumiéndolo como una
teoría de la verdad, para componer identidad y derechos que se embragan o articulan a partir de una
innovación biomédica o biotecnológica que se acopla a las tecnologías de poder, como técnicas que
permite a los individuos funcionar en la vida social, política y económica dentro del ámbito de la
sociedad, postulando que “les techniques de soi, qui permettent aux individus d´opérations sur leur corps
et leur âme, leurs pensées, leurs conduites, leurs mode d´être; de sers transformer afin d´atteindre un
certain de bonheur, de pureté, de sagesse, de perfection ou d´immortalité” (Foucault, 1994, p. 785) .
Según Michel Foucault la ciudadanía biológica de los individuos se había convertido en gran medida en
una forma particular de gestionar la vida y la muerte de la especie humana desde el punto de vista social
por lo menos en la cultura occidental. En su teoría el autor explicó que la forma de gestión de la vida,
hasta los inicios del siglo XVIII había sido dominada por el paradigma de la soberanía de los Estados,
donde prevalecía la autoridad con poder para matar a individuos que no cumplieran las normas vigentes.
A partir de mediados de ese mismo siglo surgen concepciones, a luz de los comienzos revolución
industrial y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, donde el Estado prioriza la
vida sobre el dominio del territorio y emerge una nueva forma gestión, que es producir la vida,
preservarla, regularla y mantenerla en estado óptimo, en otras palabras “no en sustituir el viejo derecho

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de la soberanía -hacer morir o dejar vivir -con otro derecho. El nuevo derecho no cancelará al primero,
pero lo penetrará, lo atravesará, lo modificará. Tal derecho, o más bien tal poder, será exactamente el
contrario del anterior: será el poder de hacer vivir y de dejar morir” (Foucault, 1977, p. 194), ya que, “lo
que importa, ante todo, es lo biológico, lo somático, lo corporal” (López, 2014, p. 114).
La biopolítica, los biopoderes o tecnologías del Poder nacen, entonces, en el contexto histórico del fin
de la Guerra de los 30 años en la Europa de siglo XVII y la firma del Tratado de Paz de Westfalia en
1648. Esto dio paso a la consolidación del concepto político de Estado-Nación, Estado Moderno o
Estado Westfaliano, noción teórico-práctica que marcó una nueva etapa en la historia de la humanidad,
la llegada de la modernidad y con ello una etapa de cambios en las esferas económica, política, social y
cultural. Especialmente para los sujetos políticos, económicos y populares participes. en el ámbito
político, la transición de la edad media a modernidad correspondió a la construcción de la institución
jurídica y política de Poder más representativa en todos los tiempos: el Estado-Nación o Estado
Moderno. Las viejas instituciones Monárquicas, Autoritarias y Absolutistas se fueron desplazando, y
estructurando las nuevas autoridades de la Nación, creando un orden social nuevo (liberal, burgués y
capitalista) y eliminando las viejas formas estamentales de origen feudal del antiguo régimen, que
permitieron la pacificación de la sociedad, aun cuando el control, la autoridad política y el dominio de
una clase social dominante prevaleció una sobre otra; en el ámbito económico, la transición del sistema
feudal al mercantilismo y de ahí al liberalismo clásico y posteriormente al capitalismo neoliberal plasma
el debate teórico y práctico de los relaciones nacientes de producción y explotación, provocando la
disyuntiva histórica entre Capital y Trabajo, entre el bien privado y el bien público, entre acumulación
y distribución, entre Burguesía y Proletariado presentes hasta hoy; en la esfera social y cultural. La
naciente idea de Ciudadano estuvo acompañada, por ejemplo, con la noción de Estado, analizada en
Thomas Hobbes (1982), con su obra “El Leviatán”, en la cual se invita a pensar sobre aquellas formas
institucionales en el que la mayoría de los individuos, presionados otra vez por el miedo, “consienten”
ser gobernados por unos pocos, a través de leyes generales de naturaleza que prohíben destruir la vida.
Esa conducción marcó las pautas de una sociedad disciplinaria a la luz de los preceptos de un enviado
de Dios en la Tierra, llegando en último término a la idea de que “debe existir (como los mismos
filósofos paganos manifestaban) un motor inicial, es decir, una causa primera y eterna de todas las cosas,

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que es lo que los hombres significan con el nombre de Dios” (p. 45), herencia de un poder-saber
biopolítico que quedó institucionalizado desde el medioevo hasta la contemporaneidad, a partir de un
sistema de verdad absoluta que orientó la idea del bien y el mal, aconductó y disciplinó a las sujetos,
bajo la influencia y dominio de la Iglesia, máxima autoridad política a lo largo del tiempo, “con
pretensiones de gobierno de la humanidad (Foucault, 2004, p. 177), quien introdujo técnicas de
avasallamiento, modos de aprehensión y memorización de los textos bíblicos y finalmente, creó los
medios de castigo, desde lo legislativo y lo judicial, generando escenarios de sumisión y obediencia de
unos sobre otros; el Poder-Saber biopolítico en el contexto del nacimiento del Estado-Nación o Estado
Westfaliano es capaz de neutralizar las prácticas individuales y colectivas, los valores, las creencias, las
tradiciones, las costumbres, las normas, la conducta, las reglas de comportamiento y las formas de
gobierno de una época a otra.
Para comprender la biopolítica, es necesario entender el arte de gobernar del liberalismo, ya que el sujeto
de control en este sistema es la población, por consiguiente, será a partir de este sistema de gobierno,
que se puede estructurar jurídica y legislativamente la biopolítica (Foucault 1979, p. 41). Se asume
entonces, que la ciudadanía biológica, sólo puede ser realidad cuando hay biopolítica y
gubernamentalidad, y se ha comprendido en general que esa razón gubernamental existe en el sistema
político liberal, que, en opinión de Foucault, es opuesto a la razón de Estado o en todo caso modifica de
manera fundamental la gobernanza sobre la corporalidad, en sentido estricto de los ciudadanos
biológicos sin cuestionar quizás sus fundamentos; a esto Foucault lo llama Biopoder.
Entonces la triada biopolítica, biopoder y gubernamentalidad, son las claves para la dominación social,
que en primer plano utiliza la disciplina para ejecutar un control minucioso de cada detalle del individuo,
incluso de la corporalidad, utilizando técnicas en las articulaciones corpóreas para que sean útiles en
cada función, educa el cuerpo para que sea rápido y preciso para así crear habilidades y destrezas. La
disciplina para algunos significa estar en sintonía con lo moderno, es por ello, que esta competencia o
actitud es el marco de los cambios sociales y culturales, ocurridos en el mundo y representa un valor
central en las organizaciones e instituciones de la sociedad moderna. En opinión de Moreno (2020)
concordando con Foucault, expresa en su investigación:
...para que las fuerzas corporales sean útiles y dóciles, la disciplina emplea procedimientos como el

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ejercicio físico, impone actividades repetitivas sobre el cuerpo, calculadas en el tiempo y que lo articulan
a los objetos que manipula. De esa manera se forman cuerpos-máquina. Cuerpos-robots que cuanto
mejor automaticen e incorporen los movimientos requeridos suben de rango o escalafón, estableciendo
así las jerarquías (p. 21).
Esto explica de cierto modo, porqué la historia de la cultura occidental y sobre todo la historia
latinoamericana se caracteriza por una objetividad intensa por la disciplina en el seno familiar, hasta el
punto de que en nuestras crianzas y aún en la etapa laboral del ciudadano ser disciplinado, obediente,
con ciertos rasgos de sumisión implica ser bueno y capaz. No se tolera actuar de forma irreverente y
contestatario en un dialogo familiar, aunque se utilicen argumentos críticos válidos y sustentados que se
aproximen a la razón.
El concepto de ciudadano biológico es tan profundo, intenso y lleno de una gran universalidad que sus
límites escapan a nuestra imaginación e incluye nuevos y altísimos avances en materia del conocimiento
biomédico del cuerpo humano. En el caso de la Biomedicina, que estudia los aspectos biológicos de la
medicina y tiene como objetivo fundamental investigar los mecanismos moleculares, bioquímicos,
celulares y genéticos de las enfermedades humanas, es utilizada como herramienta de clasificación de
los individuos en ciudadanos biológicos, saneándolos, apartándolos, segregándolos y sirviendo de
colofón para generar biopolíticas de atención sanitaria (Menéndez, 2005, p. 11). Es así entonces que,
esta aseveración constituye una marca de clase de identidad del individuo y lo preserva como un ser
biológico. El conocimiento del genoma humano por ejemplo ha traído como consecuencia, por un lado,
la predicción de patologías y el desarrollo de fármacos para el saneamiento de enfermedades, sin
embargo, por otro lado, ha traído como consecuencia las posibilidades de su manipulación y
consiguientemente la transformación de la genética de los seres vivos, incluyendo el ser humano. Estas
manipulaciones genéticas en humanos arrojan altos riesgos para la preservación de la especie, de tal
manera que los efectos sociológicos traen consigo normas morales como referencia para cumplir con la
bioética ante la ejecución de experimentos e investigaciones genéticas.
Por lo expuesto, cada ser humano en la actualidad de la pandemia del Covid-19 deberá aprehender del
paradigma “yo me cuido, (que) implica que yo te cuido”, como responsabilidad es colectiva para generar
menos impactos negativos en la población, siendo cooperativo y participe de las biopolíticas

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establecidas y atendiendo a la acepción del concepto de bioética, donde cada ciudadano biológico agrega
biovalor a la conducta individual, siendo los desarrollos tecnológicos en el campo de la biogenética un
escenario que reclama ahora un gran debate interdisciplinario que discuta y discierna sobre la situación
entre la condición de ciudadano biológico y la gubernamentalidad biopolítica, identificando cuáles son
las fronteras de actuación entre gobernantes y gobernados en una sociedad democrática para asumir una
posición bioética, que respete la pluralidad ideológica y la libertad de pensamientos.
De acuerdo con Montoya (2016) los biopoderes, las biopolíticas y las estrategias de la
gubernamentalidad del Estado deben garantizar el pleno estado de bienestar de los ciudadanos. Sin
embargo, surge la pregunta sobre ¿cuál es el sistema político que proteja y sea garante de los derechos
y las libertades de los ciudadanos como seres biológicos?, interrogante que, aunque no será tema
objetivo en esta investigación, deberá estar implícita en toda discusión que aborde el tema tratado.
No se puede olvidar, que el término gubernamentalidad no es absolutorio, existe un orden social que
desvirtúa y minimiza al Estado, que esta in crescendo en los países latinoamericanos y caribeños, como
carta de principios del nuevo sujeto de derechos que emerge en un dialogo público, abierto, plural y
democrático en aptitud y actitud crítica ante los conflictos sociales y violencias, ya que como lo recalca
Foucault (2009), ¿Acaso no es, precisamente (la revolución de las ideas), un acontecimiento que trastoca
y hace que lo que era grande se vuelva pequeño y lo que era pequeño se vuelva grande, y suprime y
devora las estructuras más sólidas, al parecer, de la sociedad y los Estados?.
Con ello se asiste a un proceso cultural sin duda muy singular, que enseguida tomó conciencia de sí
mismo de cierta manera, al nombrarse y situarse con respecto a su pasado, con respecto a su futuro, con
respecto también a su presente dando cuenta de los movimientos que ese proceso debe efectuar dentro
de su propio presente, como ruptura y conmoción en la historia, como fracaso, y como fracaso casi
necesario, pero al mismo tiempo con un valor, y un valor operativo en la historia y el progreso de la
especie humana. Es el Estado Mínimo frente a un movimiento que se agiganta y se maximiza gracias a
la dinámica potenciadora y dinamizadora de los sujetos colectivos interculturales, es decir, la
dinamización teórica y práctica, objetiva y subjetiva, ética y estética de las fuerzas sociales y productivas
de la Nación, cuyo derecho a la subjetividad posibilita la emergencia de experiencias alternativas de
cambio en lo económico, lo político, lo social y cultural.

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Perspectiva intercultural Latinoamericana y la ciudadanía biológica
La interculturalidad representa el cruce comunicacional entre culturas diferentes, se refiere en
su acepción más simple, a las relaciones de intercambio, que en muchos casos existen entre ellas
diferencias fenotípicas y genotípicas, de religión, etnia, idioma, costumbres históricas. Muchos
intelectuales consideran como paradigma diferenciador intercultural la posición económica, cuando
marca una tenencia diferencial de recursos económicos, pero esto no es más que una consecuencia de la
evolución histórica, política y social de los individuos. De acuerdo con Albó y Barrios (2006) “la
interculturalidad es, en principio, una cualidad del relacionamiento y comprensión entre quienes son
histórica y culturalmente distintos dentro de un mismo ámbito político” (p.72).
En la visión de interculturalidad se cruza la definición de ciudadanía biológica propuesta por Foucault,
ya que la acepción marca una identidad del individuo que está sometido a un régimen político
cualesquiera. Además, desde un punto de vista étnico-social, se resaltan genotipos y aspectos físicos
diferenciadores que son capaces de interrelacionarse y que a la larga representan individuos genéticos y
biomédicos diferenciados, a la vez estos rasgos, permiten a los individuos efectuar su acción de vida
dentro del ámbito social específico y característico de la comunidad donde cohabitan.
La interculturalidad latinoamericana y caribeña que está caracterizada por ser exuberante y pluricultural
en cuanto a grupos sociales originarios y migrantes colonizadores, está en función de la asociación y
coexistencia de diversas prácticas sociales que son atribuidas y/o asumidas como elementos de identidad
de determinados grupos sociales y culturales (Villalta, 2016). Ahora bien, Según la UNESCO la
interculturalidad es la presencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar
expresiones culturales compartidas, adquiridas por medio del diálogo y de una actitud de respeto mutuo.
Esta identidad en América Latina es, entonces, un gran espacio pluriétnico, con una gran carga de
mestizaje indo-africano-europeo, que a su vez cada grupo goza de costumbres y culturas diferenciadas.
Es por ello que las sociedades latinoamericanas son sociedades interculturales, “un espacio sociocultural
latinoamericano, en el que coexisten muchas identidades y culturas” (Canclini, 2004, p. 239), la real
mezcla entre lo tradicional, lo moderno y lo contemporáneo, sociedades históricamente dotadas de
identidad sobre un pasado común, sociedades dotadas de diversidad étnica y lingüística antes y después
de la colonización y neocolonización occidental, sociedades tradicionalmente comunitarias, igualitarias

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y solidarias, productoras y reproductoras de generación en generación de invaluables prácticas,
tradiciones, valores, costumbres, mitos y creencias sobre el ciudadano y protección de la Madre Tierra,
sociedades de una riqueza inaudita de saberes y prácticas que se entrelazan y se retroalimentan en la
contemporaneidad.
La interculturalidad es la noción teórica y práctica, objetiva y subjetiva, ética y estética emergente en
medio de la multiculturalidad existente que integra las dimensiones históricas instituidas e instituyentes
entre gobernantes y gobernados, es la noción omnicomprensiva que requiere de la capacidad para
reconocer la alteridad, comprender la diferencia y la divergencia en tanto condición intrínseca de los
sujetos o sujetos libres con capacidad de relacionamiento, dialogar entre las culturas e interpretar el
quehacer crítico y el saber espontáneo de los que hablan en la vida cotidiana en medio de los
condicionamientos homogeneizantes y universalizantes del sistema de producción neoliberal de la
cultura global. (Soto, 2025)
La interculturalidad no suponen la aceptación o adopción de una cultura en otra como hibridación
funcional o instrumental, de las culturas primitivas o indígenas en la cultura moderna globalizada, es la
puesta en marcha de un conjunto de apuestas teóricas y prácticas, objetivas y subjetivas, éticas y estéticas
que encuentran asilo en la co-construcción de los derechos desde el punto de vista omnicomprensivo
asumiendo la tarea de interrogar al pasado, interpelar el presente e interpretar “juntos” el futuro,
mediante el Poder Interpretativo del sistema social intercultural que alude a rupturas emancipadoras de
los sujetos en su praxis de cambio y en movimiento, ya que “los contenidos del diálogo intercultural se
desarrollan principalmente más por el eje de la con-vivencia de las culturas, que por los procesos
cognoscitivos que tiene cada cultural para organizar racionalmente el mundo y su entorno” (Márquez,
2004, p. 15). De Soussa (2010) alude a la reconstrucción interculturalidad de los derechos desde las
diferencias de las culturas, es decir, que toca trascender el debate sobre el universalismo y el relativismo
cultural, ya que todas las culturas tienen una concepción diferente de los derechos e ideas sobre la
dignidad humana, entendiendo que todas las culturas son incompletas y problemáticas, pero también
fuente de exceso sentido y de universos de significados que enriquecen la apuesta emancipadora, de tal
forma que el diálogo entre las culturas permita eventualmente una concepción mestiza de los derechos,
para esta investigación derechos societales, es decir, derechos interculturales que aluden al derecho a la

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vida, a la libertad, a la diversidad, a la subjetividad, a la autodeterminación y por ende a la
interculturalidad.
Sin embargo, los que históricamente han ostentado el poder del Estado sobre los ciudadanos
aseguraron “el empadronamiento, nominación, administración e inclusión en procesos de educación que
aseguraron una capacitación mínima, pero necesaria para el involucramiento de la población, sobre todo
la masculina en el sistema productivo laboral de la economía emergente del país” (Llanos y Sánchez,
2016, p. 316), estrategias biopolíticas y de la gubernamentalidad neoliberal, de las cuales no escapó
Latinoamérica y el Caribe, siendo la etnicidad y la interculturalidad una condición de subyugación,
opresión y sumisión y por ende de dominación, ya que “consiguen bloquear un campo de relaciones de
poder, haciendo de estas relaciones algo inmóvil y fijo, e impidiendo la mínima reversibilidad de
movimientos -mediante instrumentos que pueden ser tanto económicos como políticos o militares”
(Foucault, 1982, p. 109).
De hecho, se produjeron migraciones masivas de la población indígena hacia las grandes ciudades,
quienes se dedicaron a actividades de comercio informal, construcción, labores domésticas y de
servidumbre que poco a poco producen segregación y tipos de clasificación demográfica cultural y
étnica en cinturones periurbanos de miseria y pobreza en las grandes ciudades como Rio de Janeiro, Sao
Paulo, Caracas, Lima, Quito, La Paz, Bogotá, Ciudad de México, entre otras tantas de la región.
Es la denominada hegemonía del poder estatal imperial colonial y neocolonial y el poder del mercado
liberal y neoliberal que se ha posicionado a lo largo del tiempo intentando exterminar, invisibilizar y
en muchos otros casos declarar verdad la no existencia de la multiculturalidad étnica existente en la
región, a través de la intensificación de procesos de homogeneización cultural, donde se ahonda en la
uniformización de conductas, deseos, valores, representaciones, creencias, tradiciones, etc.,
continuamente inducidas por los sistemas de intercambios y de consumo, principal ley de la competencia
y de la supervivencia depredadora del capitalismo postindustrial (Márquez, 2006). En opinión de
Hernández, (2014), específicamente algunos Estados e iniciativas privadas utilizan en el campo laboral,
el adiestramiento, supervisión y tecnologías que impactan en el cuerpo del ser humano para incrementar
la fuerza útil del sujeto en el aparato productivo –aún persiste esta práctica, pero no generalizada-, o sea
que se avocan, no al individuo como ciudadano con derechos civiles, sino a la corporalidad del hombre.

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En palabras atinentes al caso: eres un ciudadano biológico en mis estándares laborales, capaz de
producir, por lo tanto, eres útil.
Sin embargo, se produce un contrasentido que se desarrolla en torno al derecho de los ciudadanos en
defensa de los bienes comunes en un mundo global, donde se comprende que el “otro” es plural,
múltiple, diverso y que tiene derechos y libertades; por tanto lo que se generan son nuevas formas de
manifestación, es decir, nuevos procesos culturales que maximizan la producción social, creando
espacios marginales de explosión social y cultural, donde la sociedad se une para expresarse e interactuar
local o globalmente. La producción social y cultural de los ciudadanos es multi e intercultural e implica
la identificación y el reconocimiento de los valores, las costumbres, las tradiciones, las creencias, la
historia, los modos de vida, las prácticas sociales y ciudadanas, las orientaciones éticas y morales, y todo
el conjunto de relaciones sociales entre los sujetos que hacen posible la participación y la
intercomunicación dialogante, ya que “el Mercado no crea vínculos societales, esto es entre sujetos pues
estos se constituyen en procesos de comunicación de sentido” (Barbero, 2003, p. 16).
La cultura se convierte en el ámbito de la vida en sociedad más importante puesto que permite crear y
recrear tejidos de significación entre los sujetos y prácticas simbólicas tangibles e intangibles en
escenarios de diversidad y pluralidad en interacción social, económica y política, donde los sujetos se
expresan como creación artística, referente, conducta, identidad, educación, patrón, practica, modelo de
vida, representación social, símbolo, valor y escenario de comprensión e interpretación, así como
elemento de poder y saber, abogando por un filosofía intercultural, una reflexión sobre las culturas,
donde “el diálogo intercultural es primariamente filosófico, pero en el sentido de las vivencias de los
pensares y los saberes que en cada cultura se originan y se desarrollan” (Gutiérrez, y Márquez, 2004 p.
15), defendiendo la condición humana como el lugar de la historicidad, desde el derecho de aparición
del otro y el rescate de la pluralidad discursiva, donde las relaciones sociales intersubjetivas sean
públicas y la comprensión del mundo de lo plural sean visibles.
METODOLOGÍA
La presente investigación se inscribe en un enfoque cualitativo de carácter teórico-crítico, orientado a la
comprensión e interpretación de la noción de ciudadanía biológica en el contexto latinoamericano y
caribeño, a partir del diálogo entre la perspectiva foucaultiana de la biopolítica y la interculturalidad del

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Sur global. El estudio no persigue la medición de variables empíricas ni la generalización estadística de
resultados, sino la problematización conceptual y el análisis crítico de discursos, prácticas y marcos
interpretativos que han configurado las formas contemporáneas de gobierno sobre la vida.
Desde el punto de vista epistemológico, la investigación se fundamenta en una postura hermenéutica-
crítica, entendida como un proceso de interpretación reflexiva de textos, discursos y acontecimientos
sociopolíticos, que permite develar las relaciones de poder, saber y subjetivación implicadas en la
construcción de la ciudadanía biológica. Esta perspectiva asume que los conceptos de biopolítica,
biopoder, gubernamentalidad y anatomopolítica no son categorías neutras, sino dispositivos históricos
y culturales que adquieren sentidos específicos en los contextos latinoamericanos marcados por la
colonialidad, la desigualdad y la diversidad intercultural.
El diseño metodológico se desarrolló mediante una revisión crítica y analítica de literatura especializada,
que incluyó obras fundamentales de Michel Foucault, así como estudios contemporáneos sobre
ciudadanía biológica, biopolítica, control social y salud pública en América Latina. Esta revisión no se
limitó a una recopilación descriptiva de fuentes, sino que se orientó a la construcción argumentativa,
contrastando enfoques, tensiones conceptuales y posicionamientos teóricos desde una mirada situada en
el Sur global.
Como estrategia analítica central, se empleó la exposición hermenéutica, a través de la cual se
interpretaron los discursos académicos y los acontecimientos sociopolíticos recientes —tales como
políticas sanitarias, regulaciones del cuerpo, control estatal de la vida y movilizaciones sociales— como
expresiones concretas de prácticas biopolíticas. Este procedimiento permitió identificar continuidades y
rupturas entre las formas clásicas de disciplinamiento descritas por Foucault y las manifestaciones
actuales de la ciudadanía biológica en escenarios interculturales latinoamericanos.
El proceso metodológico incluyó, además, un análisis contextual de eventos contemporáneos
relacionados con demandas de bienestar sanitario y laboral, entendidos no como estudios de caso
empíricos, sino como referentes interpretativos que ilustran la vigencia de la anatomopolítica y del
biopoder en la vida cotidiana de los ciudadanos. Dichos eventos fueron analizados como construcciones
discursivas que revelan tensiones entre el control estatal, los derechos ciudadanos y las luchas sociales
por la dignidad y la vida.

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Finalmente, la validez del estudio se sustenta en la coherencia teórico-metodológica, la consistencia
argumentativa y el diálogo crítico entre las categorías analizadas, más que en criterios de replicabilidad
empírica. La investigación asume una posición ética y política explícita, reconociendo que el análisis de
la ciudadanía biológica en América Latina implica una toma de postura frente a los efectos del poder
sobre los cuerpos, las culturas y las formas de vida en contextos interculturales.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La realidad intercultural latinoamericana presenta diferencias con otras regiones del mundo
desarrollado, por ejemplo, la variabilidad cultural en los países como los de Europa es sin duda poca,
caso particular de Islandia y los países nórdicos europeos que presentan matices más homogéneos de
orden genético, social y cultural. Contrario a esto, la diversidad cultural latinoamericana actual es tan
amplia, que aún nuestros descendientes directos de europeos presentan sesgos raciales, biológicos y
culturales con los mestizos, afrodescendientes y amerindios de la región, inhibiendo el principio de la
comunicación en la interculturalidad. En general la gobernanza de los países latinoamericanos
aprovecha el poder de los medios de comunicación y los adelantos tecnológicos para dar continuidad al
biopoder sobre las distintas culturas. Es decir, hace uso de las tecnologías de poder como mecanismo
de normalización y disciplina en instituciones, en organizaciones, agrupaciones sociales y en la mayoría
de la población. Frente a esto Soto apunta que:
“Es punto fundamental en el pensamiento crítico latinoamericano la oposición que hace a la forma en la
cual se concibe la noción de razón en la sociedad occidental. La razón sacralizada emite nociones
totalizadoras de la realidad; que al subsumir a ella las posibilidades humanas provoca sacrifico de los
recursos que posibilitan vida estimable”. (Soto-Molina, J. E. S., Molina, M. K. R., & Vanegas, W. J.
2021:296).
Estos mecanismos disciplinarios sirven para el control social de las funciones laborales y asegurarse así
las actividades básicas que conlleven a la productividad. Esto lo llamó Foucault como resultado de sus
prominentes investigaciones la “anatomopolítica”. Según el autor, surge como dispositivo de control
biológico en el siglo XVIII, con el objeto de instaurar procesos de disciplina y control corporal en las
precarias condiciones laborales en las fábricas (Foucault, 1976, p. 168). En la actualidad se ha extendido
hasta agrupaciones sociales, estudiantiles, civiles públicas y privadas, para que las acciones objetivo del

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controlador sean lo más eficiente posible. A partir de este principio nace la corporalidad de los
individuos afrodescendientes latinoamericanos, que generación tras generación fueron esculpidos
corporalmente para lograr fuerza de trabajo optima durante la esclavitud mejorando la productividad en
los campos.
La ciudadanía biológica y sus implicaciones sociales, culturales y políticas en la vida diaria de los
individuos en Latinoamérica y El Caribe, está llena de etnicidad y más desafortunado aún, se percibe
como un paradigma desconocido por la mayor parte de la población. La región se presenta como un
escenario ideal donde los Estados han jugado históricamente un papel importante como instrumento
controlador y organizador de la vida misma. Los pueblos indígenas y afroamericanos han estado en una
lucha histórica por los derechos ancestrales que fueron arrebatados con el pasar del tiempo. En muchos
países se ha criminalizado el reclamo, la protesta y la emancipación. Los Estados han manejado con
directrices biopolíticas valiéndose de la cuota de biopoder y han controlado desde la alimentación
autóctona hasta el reordenamiento territorial de las culturas indoamericanas.
Aunque la tendencia de convivencia entre la interculturalidad en Latinoamérica y El Caribe ha mostrado
no avanzar hacia una modelo de identidad social, en algunos países se perciben escuetos avances –
aunque aún falta mucho camino que recorrer- en mayor valoración igualitariamente entre grupo etno-
sociales, como es caso de la Bolivia, que fue declarada en su constitución del año 2009 un estado
plurinacional y declara en su artículo 1: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho
Plurinacional Comunitario libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y
con autonomías”. De igual manera, las constituciones de la República Bolivariana de Venezuela del
1999 y la de la Republica de Ecuador del año 1998, reconocen el carácter pluricultural y multiétnico del
Estado. México y Paraguay reconocen en sus constituciones a los pueblos indígenas. De entrada, asumen
la pluriculturalidad y la interculturalidad como un hecho de ámbito político, que deberá asumir y tomar
en cuenta estas diferencias étnicas y sociales y, por ende, respetar las costumbres ancestrales de cada
grupo cultural, que de por sí, no son genéticas, sino construidas socialmente.
Los territorios de origen incaicos, como el Norte de Chile y Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y hasta
Colombia son fundamentalmente pluriculturales, en ellos con existencia o no del reconocimiento
constitucional, el principio de la interculturalidad no ha sido cumplido, ya que se reconoce superioridad

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de una cultura sobre otra, independientemente de la relación entre mayoría-minoría. Más bien el sistema
político se ha encargado de ejercer controles a través de políticas y biopolíticas que han perpetuado el
Estado, provocando poco bienestar y sumisión de las comunidades indígenas y afrodescendientes, (Albó
y Barrios, ob. cit., p.72), todo esto ha jerarquizado la autoridad en la clase dominante –gobierno y la
clase pudiente- asegurándose así una la asignación de la cuota de biopoder.
Según Lepe-Carrión (2018, p.160), uno de los casos que soporta esta aseveración en Latinoamérica, es
el conflicto que todavía persiste entre el Estado Chileno con la comunidad Mapuche en la región de
Araucanía, donde el discurso intercultural del gobierno y la misma ley de Chile ha socavado la vida del
pueblo ancestral. Hasta el punto de que ha criminalizado las exigencias que por derecho son originarias
de los Mapuches aplicando la Ley Antiterrorista a lo largo de las dos últimas décadas. Aquí retrotraemos
el enfoque de Foucault sobre biopolítica el “poder de matar y de hacer morir”, lo cual es la forma de
poder y soberanía, que en nuestro caso emerge del racismo, y aplicación del biopoder sobre el ciudadano
Mapuche visto como un ser biológico ha provocado estructuralmente debilitarlo y en muchos casos
eliminarlo.
Otro caso de historia reciente en Latinoamérica sobre la intervención del Estado en el control y
dominación de la ciudadanía biológica se desarrolló en Argentina, a partir de la dictadura militar entre
los años 1976 y 1983, donde se aplicó terrorismo de Estado, donde la corporalidad y la vida misma no
tenían valor, los gobernantes eran los que ostentaban el biopoder, eran los dueños de la vida. Se
ejecutaron asesinatos, torturas y desapariciones forzosas que originaron un impacto social de reclamos
a los derechos de la vida de tal magnitud que persiste hasta la actualidad, donde surgieron movimientos
sociales, entre los más icónicos están las “Madres de la Plaza de Mayo” que transvasó las barreras
generacionales hasta convertirse en las “Abuelas de la Plaza de Mayo”, (Germain, 2014, p. 382), aquí
se puede observar como la biopolítica se apropiaba del poder de la vida.
Pudiésemos en esta investigación citar y describir detalladamente casos específicos interminables de la
biopolítica y el control ciudadano sobre la vida misma en la historia reciente de América Latina y El
Caribe, como la desaparición forzada 43 estudiantes de Ayotzinapa, Iguala, México en el año 2014; la
desaparición forzada y asesinatos de carácter ideológico post-Allende durante la dictadura de Augusto
Pinochet en Chile en los años 1970; la Masacre del Perejil ordenada por el dictador Rafael Trujillo en

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octubre de 1937, que culminó con la erradicación y matanza masiva de la población de origen haitiano
que residía en el territorio dominicano; los trabajos forzosos en Cuba pre-Batista del siglo pasado, las
guerras de los países centroamericanos durante el siglo XX por el control de los recursos naturales; los
asesinatos selectivos y continuados de líderes sociales en Colombia luego de la firma de los acuerdos
de paz del año 2016, entre otros.
Todo indica un continuo manejo del derecho universal a la vida, al cuerpo y a la sagrada condición de
las capacidades biológicas ser humano, “ius vitae”, por parte del Estado utilizando para ello, estamento
jurídico, biopoder militar y hasta alianzas extrajurídicas en algunos casos. Sin embargo, no todo está
perdido, existe un ámbito positivo de la biopolítica en su aplicación, que algunos países de la región en
menor o mayor medida han ejecutado para el control de la salud y el bienestar de los individuos como
seres biológicos. Se trata pues de una biopolítica con orientaciones positivas que según Tejeda, (2011,
p. 88) en Latinoamérica estas iniciativas fueron emanadas a partir del retiro de las dictaduras de los años
1960 y 1970, producto del crecimiento demográfico y subsiguiente urbanización de la población hacia
ciudades capitales, además se adicionó la promulgación de los derechos humanos universales que se
declararon en el seno de las Naciones Unidas en el año 1995, políticas que intentan construir un estado
de bienestar sanitario y laboral de la población.
Para Molina, (2016). América no es una unidad cultural esencialmente, como se podría creer
comúnmente, señala que es una sumatoria de grandes diferencias regionales y nacionales que expresan
una falta de construcción de identidad Añade que existen unas líneas de desarrollo en la filosofía
latinoamericana que pueden ser los primeros aportes para esa construcción. Soto, J. frente a este hecho
señala que existe una necesidad de decolonizar el pensamiento los sentimientos y las acciones de los
latinoamericanos y construir una nueva ciudadanía intercultural y, además, bilingüe para poder
articularnos con la ciencia la técnica y la tecnología.
CONCLUSIONES
La ciudadanía biológica y los factores biopolíticos de poder involucrados, en opinión de la mayoría de
los autores estudiados, es el fenómeno sociopolítico más relevante en la modernidad, que ha ido
evolucionando de acuerdo con las circunstancias culturales, tecnológicas y políticas de cada país de
Latinoamérica. En general haciendo historia, desde comienzo de las luchas independentistas, se buscaba

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liberar a los esclavos, empero con intervenciones estatales y personales, la gobernanza fue creando
excesos que desembocaron en el control ciudadano mediante la disciplina y el biopoder. Lo que llamo
Foucault (2000, p. 220) “una biopolítica de control de la especie humana”, donde desde sus principios,
el estado determina cuantos, y como seremos como ciudadanos biológicos, para luego ir a un conjunto
de procesos de control y dominación en la proporción que implica desde control de los nacimientos y
las defunciones, la tasa de reproducción, la fecundidad de una población, que conduce hacia control
social total disimulado, convirtiendo al ciudadano a una conducta robótica.
En América Latina, a partir de las experiencias políticas, desde la instauración de gobiernos
“democráticos” que surgieron en la década de 1960 y 1970 aparecen señales de organización de la vida
sustentadas en nuevas constituciones políticas, es donde el derecho a la vida constituye el sujeto
principal de las leyes y el convivir ciudadano, aunque en la medida de la evolución gubernamental se
han ido restringiendo y el algunos casos han tomado una dirección biopolítica por parte del Estado para
el control y la disciplina ciudadana utilizando el biopoder que le proporciona el estamento jurídico, no
jurídico en muchos casos y militar. Estas coacciones de control de la vida y la corporalidad del
ciudadano, han estado condicionados por dos procesos, uno, la fiscalización y la intervención de la
justicia por parte de quien ostenta el biopoder y el segundo, la del poderío de las fuerzas militares
(Foucault, 2001, p. 24), que muchas veces en América Latina y El Caribe, aprovechando las desventajas
de participación en el ámbito político y cultural que han tenido los pueblos originarios y
afrodescendientes han caído bajo los efectos de la dominación.
La interculturalidad en el sur global latinoamericano debe entenderse dentro de los límites de etnicidad
y pluriculturalidad que la condición de ciudadanos biológicos es vista desde dos percepciones en su
dirección de aplicación, lo positivo y lo negativo. La primera como un mecanismo sujeto a derechos
nacionales e internacionales para el bien de la salud y atención en la enfermedad del ser humano, visto
desde la perspectiva biológica de iguales, para florecer la vida, organizarla y dignificarla. La segunda
que representa lo negativo, es la injerencia e intromisión de la biopolítica utilizando el poder en sus
procesos: judicial y militar; y ahora agregando desde este análisis, el “poder mediático” que ha
conspirado para favorecer el control estatal, como expresión de control social.
Estos aspectos de utilización del biopoder por parte de los Estados, en muchos casos han sido con

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alianzas extrajurídicas, para facilitar a través de la eliminación del ser humano, el control territorial y
por ende el control del ciudadano biológico. Todo este acontecer del manejo del ciudadano biológico ha
ido anulando las posibilidades de la convivencia democrática en los países de la región y más bien ha
fortalecido la surgencia de movimientos sociales que reclaman el derecho a la vida. Esta razón puede
explicar las recientes protestas por el derecho a una vida digna de los años 2019 en Chile y Ecuador y
más recientemente en el año 2021 en Colombia. Luchas planteadas en los últimos años en América del
Sur al fragor de solicitudes de mejoras de condiciones laborales, sanitarias, educación y jubilación para
los trabajadores y pensionados para vivir como ciudadanos dignos.
De manera muy particular en la región latinoamericana y caribeña, el tema de ciudadana biología
presenta tanta complejidad y exuberancia de eventos de control, disciplinamiento y dominación a través
de la biopolítica del poder que al final ha impactado y modelado a los individuos produciendo grandes
transformaciones sociales y corporales que han cambiado la vida, cuerpo y hasta al intención de vivir
dignamente de los ciudadanos, pero al final en los últimos tiempos han aparecido nuevas subjetividades
y consciencia que han problematizado la situación política. Los habitantes de la región desean ser
autónomos, dueños de su propia vida, se han convertido en seres humanos protestarios que desean
gestionar para el bien espiritual y físico, su salud y su propia vida.
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