VIOLENCIA DIGITAL EN REDES SOCIALES:
PERCEPCIÓN Y EXPERIENCIAS DE
ADOLESCENTES EN BAJA CALIFORNIA,
MÉXICO
DIGITAL VIOLENCE ON SOCIAL MEDIA: PERCEPTIONS
AND EXPERIENCES OF ADOLESCENTS IN BAJA
CALIFORNIA, MEXICO
Miguel Maclis Peralta
Universidad Autónoma de Baja California, México
Virginia Guadalupe López Torres
Universidad Autónoma de Baja California, México
Luis Ramón Moreno Moreno
Universidad Autónoma de Baja California, México

pág. 452
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23063
Violencia Digital en Redes Sociales: Percepción y Experiencias de
Adolescentes en Baja California, México
Miguel Maclis Peralta1
miguel.maclis@uabc.edu.mx
https://orcid.org/0009-0004-9077-7119
Universidad Autónoma de Baja California
México
Virginia Guadalupe López Torres
virginia.lopez@uiabc.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-2795-8951
Universidad Autónoma de Baja California
México
Luis Ramón Moreno Moreno
lmoreno@uabc.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-2544-6562
Universidad Autónoma de Baja California
México
RESUMEN
El uso intensivo de redes sociales entre adolescentes ha incrementado su exposición a distintas formas
de violencia digital, que van desde el ciberacoso hasta la difusión de contenidos sexuales manipulados
mediante inteligencia artificial. Este estudio analiza la percepción y las experiencias de adolescentes de
la ciudad de Ensenada, Baja California, respecto a la violencia digital, así como las estrategias familiares
y escolares para prevenirla. Se aplicó un diseño transversal no experimental con una muestra de 96
participantes de entre 10 y 14 años con perfiles activos en redes sociales. Los resultados descriptivos
muestran que más del 60% de los encuestados ha experimentado algún tipo de agresión en línea. El
análisis inferencial (ANOVA y pruebas t) evidenció diferencias significativas por sexo, mientras que
las correlaciones de Spearman confirmaron asociaciones negativas entre la violencia digital y la
mediación parental y escolar. El estudio aporta evidencia empírica sobre la violencia digital adolescente
en contextos fronterizos del norte de México, contribuyendo a la comprensión regional del fenómeno y
al diseño de políticas públicas orientadas a fortalecer la formación ciudadana digital y promover
estrategias de protección en entornos virtuales
Palabras clave: violencia digital, adolescentes, redes sociales, prevención, educación digital
1 Autor principal.
Correspondencia: virginia.lopez@uiabc.edu.mx

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Digital Violence on Social Media: Perceptions and Experiences of
Adolescents in Baja California, Mexico
ABSTRACT
The intensive use of social media among adolescents has increased their exposure to various forms of
digital violence, ranging from cyberbullying to the dissemination of sexually manipulated content
through artificial intelligence. This study analyzes the perceptions and experiences of adolescents from
the city of Ensenada, Baja California, regarding digital violence, as well as family and school strategies
aimed at its prevention. A non-experimental cross-sectional design was applied with a sample of 96
participants aged 10 to 14 who reported having active social media profiles. Descriptive results indicate
that more than 60% of respondents have experienced some form of online aggression. Inferential
analyses (ANOVA and t-tests) revealed significant gender differences, while Spearman’s correlations
confirmed negative associations between digital violence and both parental and school mediation. The
study provides empirical evidence on adolescent digital violence in the border regions of northern
Mexico, contributing to the regional understanding of the phenomenon and to the design of public
policies aimed at strengthening digital citizenship education and promoting protection strategies in
virtual environments
Keywords: digital violence, adolescents, social media, prevention, digital education
Artículo recibido 20 enero 2026
Aceptado para publicación: 26 marzo 2026

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INTRODUCCIÓN
En los últimos años, en el país hemos observado un aumento de la violencia en general, de la mano de
una mayor visibilidad de esta en los medios masivos de comunicación y la internet. De la misma forma,
este fenómeno ha adquirido nuevas manifestaciones vinculadas con la expansión tecnológica y la
digitalización de la vida cotidiana; así pues, las redes sociales, concebidas inicialmente como espacios
de socialización, aprendizaje y entretenimiento, se han convertido en escenarios donde se reproducen
formas de violencia estructural, simbólica y de género, mediadas por las tecnologías de información y
comunicación (TIC). Esta transformación, ha sido denominada por distintos autores como violencia
digital, un fenómeno que va más allá de fronteras físicas y que impacta de manera particular a niñas,
niños y adolescentes, cuya identidad y socialización se desarrollan crecientemente en entornos virtuales
-de forma directa o indirecta-.
El fenómeno de la pandemia de COVID-19 incrementó el uso de las tecnologías de información en las
niñas, niños y adolescentes para fines educativos, entretenimiento y forma de relacionarse,
exponiéndolos a una nueva escala de riesgos digitales (Olvera y Paulin, 2023; Khan, 2024). Asimismo,
distintos estudios documentan como el confinamiento intensificó las dinámicas de hiperconectividad y
exposición infantil a la violencia digital; así por ejemplo, Kol y Topgül (2022) documentan que la
adicción a los videojuegos y la prolongada permanencia en entornos digitales potencian los
comportamientos agresivos y el riesgo de victimización. De acuerdo a información oficial, en México,
más del 95% de la población menor de 18 años tiene acceso a internet y redes sociales, lo que incrementa
la posibilidad de sufrir algún tipo de violencia digital (Instituto Nacional de Estadística y Geografía,
2024); cabe mencionar que esta interacción y socialización en plataformas digitales se ha consolidado
como un medio central en la vida de los adolescentes, lo que al mismo tiempo, los ha expuesto a riesgos
derivados de la violencia digital la que mayormente suele incluir ciberacoso, grooming y bullying entre
otros. Siguiendo a Araúz-Reyes y Stanziola (2025), estas manifestaciones de violencia digital, afectan
el desarrollo emocional, psicológico y social de los adolescentes, lo que a su vez tiene un impacto
negativo en la autoestima y en problemas severos de salud mental. Para Prince (2023), la violencia
identificada en contextos escolares y familiares encuentra un espacio de reproducción en los entornos
digitales.

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En ese sentido, la violencia digital es un problema que afecta a familias y sociedades, sin embargo, son
pocos los estudios diagnósticos dedicados a este fenómeno (Mukred et al., 2024). De forma reciente,
Chen (2025) advierte sobre los peligros de la inteligencia artificial (IA) en el contexto de la violencia
digital, en particular su uso en la edición de imágenes y vídeos; dos casos ilustrativos de este fenómeno
particular: 1) el 28 de julio de 2025 el periódico El País reportó que un adolescente difundió en internet
fotografías de 16 mujeres menores de edad que previamente modificó con IA para que aparecieran
desnudas ofreciendo servicios sexuales (López, 2025) y 2) el 12 de noviembre de 2025 el programa
ADN Noticias dio a conocer que al menos 400 estudiantes mujeres de una escuela secundaria técnica
pública de Zacatecas fueron víctimas de un compañero quien les tomó fotografías sin su consentimiento,
las alteró con IA y creó un catálogo pornográfico el cual fue difundido a través de su cuenta de Instagram
y un sitio de Google (Salinas, 2025). Ambos casos ilustran como la violencia digital ha escalado de
insultos en las redes sociales a actos que se tipifican como un delito en la legislación mexicana.
En este contexto, la supervisión de los padres -o tutores- adquiere un papel central, dado que son estos
quienes, mediante el acompañamiento y la mediación digital, deben monitorear el comportamiento de
sus hijos e hijas, identificar si son víctimas o agresores y fomentar un uso responsable de las tecnologías.
No obstante, de acuerdo a Elsaesser et al. (2017), la mediación/supervisión de los padres en el uso de
internet mantiene una relación débil con la perpetración o victimización del ciberacoso, lo que sugiere
la necesidad de fortalecer los procesos educativos y comunitarios para abordar de forma integral el
fenómeno de la violencia digital.
Teniendo en cuenta lo que se acaba de comentar, el objetivo del presente estudio es el de analizar la
violencia digital a la que están expuestos los y las adolescentes en redes sociales desde su propia
percepción, así como las estrategias familiares y escolares que intervienen en su prevención. Con ello,
se busca aportar evidencia empírica que contribuya al diseño de programas de formación ciudadana
digital y de políticas públicas orientadas a la protección de la infancia y adolescencia en entornos
virtuales.
Violencia digital
El desarrollo de Internet y el avance de las tecnologías de la información, ha transformado la forma en
que las personas se comunican, interactúan y construyen identidad.

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Sin embargo, estos mismos espacios digitales que promueven el intercambio de ideas y la expresión
personal, de la misma forma han facilitado el surgimiento de nuevas formas de violencia interpersonal
y simbólica (Chahrazed & Hasnia, 2025; Çakar-Mengü & Mengü, 2023; Elsaesser et al., 2017). La
denominada violencia digital se refiere al uso de medios tecnológicos para dañar, intimidar o vulnerar
a otras personas, ya sea mediante la difusión de información privada, la manipulación de imágenes, el
acoso o la exclusión social en entornos virtuales (Tonny & Nawaz, 2024). Entre sus manifestaciones
más comunes se encuentran el ciberacoso, el chantaje, la intimidación, la comunicación no deseada, los
mensajes de texto abusivos, la difamación y la piratería informática. Además, para Kara et al., (2022)
la violencia digital se manifiesta como el conjunto de prácticas agresivas en redes sociales, que se
caracterizan por la difusión pública del daño y la ausencia de mecanismos regulatorios eficaces; de la
misma forma, argumentan que las redes sociales, al funcionar bajo estrategias de visibilidad y
recompensa, tienden a normalizar comportamientos agresivos y a invisibilizar las experiencias de las
víctimas, es decir, existe una impunidad estructural del entorno digital, donde las normas comunitarias
y los mecanismos de denuncia resultan insuficientes.
En el caso particular de los adolescentes, la violencia digital puede adoptar múltiples formas que van
desde el ciberacoso hasta la circulación de contenido inapropiado que vulnera su privacidad y dignidad.
De acuerdo a Morales (2024), estas conductas reproducen patrones de violencia previamente aprendidos
en el hogar o en la escuela, lo que confirma que los entornos digitales no generan violencia nueva, sino
que amplifican y reconfiguran el fenómeno de violencia existente en la vida cotidiana. En esta línea,
Hearn et al. (2023) subrayan que la violencia digital y la violencia presencial se interrelacionan y se
refuerzan mutuamente, generando un proceso continuo entre los espacios físicos y virtuales.
A la par de lo anterior, es importante destacar que violencia digital también presenta una dimensión
estructural y de género. Así pues, Cuzcano y González (2025) advierten que las tecnologías de
información, al igual que otros sistemas socioculturales, operan frecuentemente como herramientas al
servicio del patriarcado, al permitir la creación de deepfakes y otros contenidos sexuales no consentidos
que afectan principalmente a mujeres y niñas. La escasa regulación de las plataformas digitales frente
a la circulación masiva de este material, reproduce esquemas de desigualdad y objetivación del cuerpo

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femenino, lo que revela la persistencia de un orden simbólico que legitima la violencia en el entorno
digital.
En nuestro país, el arraigo patriarcal continúa condicionando las prácticas sociales, educativas y
comunicativas, extendiéndose además al ámbito digital (González, 2022). En este contexto, los
adolescentes de la llamada generación Alfa —caracterizada por su hiperconectividad y necesidad de
retroalimentación inmediata (Simental, 2023)— enfrentan un escenario de vulnerabilidad ante la alta
exposición. Si bien estas características pueden potenciar su aprendizaje y creatividad, al mismo tiempo,
incrementan su vulnerabilidad frente a la violencia digital, especialmente entre aquellos jóvenes que
pertenecen a grupos minoritarios, los cuales son quienes registran mayores niveles de acoso escolar y
exclusión social en línea (Toro-Álvarez, 2024; Li et al., 2024).
Adolescentes
Las unidades de análisis del presente estudio, están representadas por adolescentes clasificados dentro
de lo que se conoce como la generación Alfa, e integrada por los jóvenes que nacieron entre 2010 y
2020 (Simental y Ríos, 2023). Se trata de la primera generación prácticamente digital, y cuya
socialización ocurre en entornos mediados por pantallas y plataformas interactivas. De acuerdo a Soto
et al. (2025), estos adolescentes son aprendices visuales, multitarea y presentan una marcada preferencia
por la retroalimentación inmediata. A la par, Apaydin y Kaya (2020) agregan que los integrantes de esta
generación, exhiben niveles elevados de autoestima, emotividad y conciencia social, aunque también
tienden a una comunicación más cerrada y a comportamientos individualistas. Su curiosidad, movilidad
y libertad de conducta, acompañadas de una elevada necesidad de visibilidad y aprobación, los
convierten en usuarios altamente participativos, pero también de la misma forma, vulnerables a las
dinámicas de exposición y violencia digital. En el mismo tenor, de acuerdo a Hossain et al. (2022) los
jóvenes tienden a normalizar el ciberacoso como parte de su vida digital cotidiana, lo que incrementa
la tolerancia hacia comportamientos agresivos en redes.
En términos de regulación, la Children’s Online Privacy Protection Act (COPPA) —una ley federal
estadounidense— establece trece años como edad mínima general para crear un perfil en redes sociales
(Federal Trade Commission, 1998). Aunque algunos países han adoptado disposiciones similares, su
cumplimiento es limitado, pues muchos niños y adolescentes alteran su fecha de nacimiento para

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acceder a estas plataformas. Nagata et al. (2025) en su análisis, encuentran que un 64% de los
participantes menores de 13 años poseían en promedio 3.38 cuentas activas en redes sociales, lo que
pone en evidencia la brecha entre regulación y práctica cotidiana. A pesar de ello, en los últimos años
algunos gobiernos han comenzado a responder ante los riesgos psicosociales asociados al uso temprano
de redes sociales. Un ejemplo reciente es el caso Australia, que acaba de aprobar en 2025 la Online
Safety Amendment (Social Media Minimum Age) Act, la cual prohíbe el acceso a redes sociales a
menores de 16 años y establece sanciones para las empresas tecnológicas que incumplan esta medida
(Parlamento de Australia, 2025). Estas acciones reflejan una creciente preocupación internacional por
la protección digital de la infancia y subrayan la necesidad de mayor corresponsabilidad entre familias,
corporaciones tecnológicas y autoridades gubernamentales para garantizar entornos digitales seguros y
prevenir la violencia en línea hacia menores de edad.
METODOLOGÍA
El estudio adoptó un diseño transversal no experimental, con enfoque descriptivo. El trabajo de campo
se realizó entre los meses de agosto y noviembre de 2025 en la ciudad de Ensenada, Baja California, y
el objetivo fue el de caracterizar la percepción de violencia digital entre adolescentes y las estrategias
familiares y escolares de prevención de este fenómeno.
La población de interés, estuvo conformada por adolescentes de entre 10 y 14 años que contaban con
al menos un perfil activo en redes sociales (Instagram, TikTok o YouTube Shorts). La participación se
efectuó mediante consentimiento informado, el cual fue firmado por los padres o tutores, y la muestra
final estuvo compuesta por 96 participantes, cifra considerada adecuada para estudios descriptivos de
tipo exploratorio (Lewis et al., 2021; Esene et al., 2014).
Del total de unidades de análisis encuestadas, un 60.4% fueron mujeres y 39.6% hombres, mientras
que, en cuanto a escolaridad, 60% de ellos, eran estudiantes de educación primaria (22% en cuarto
grado, 15% en quinto y 23% en sexto) y 40% en educación secundaria (12.5% en primer grado, 10.5%
en segundo y 17% en tercero). La mayoría contaba con entre 12 y 14 años de edad (72%), y un 70%
declaró pasar más de dos horas diarias en redes sociales sin supervisión parental.
Se aplicó un cuestionario elaborado a partir de instrumentos previamente validados por Toro-Álvarez
(2024), Li et al. (2024), Çakar-Mengü & Mengü (2023) y Olvera y Paulin (2023).

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El instrumento empleado, busca identificar cómo los jóvenes interpretan, enfrentan y reproducen la
violencia digital dentro de su entorno social y escolar, similar lo realizado por Hossain et al. (2022).
Las respuestas se evaluaron mediante una escala tipo Likert de cinco puntos, donde 1 corresponde a
nunca y 5 a siempre. Cabe mencionar, que los ítems fueron adaptados al contexto local y validados por
un panel de expertos antes de su aplicación. Además, para verificar la confiabilidad del instrumento se
realizó una prueba piloto con características similares a la muestra final, mediante el coeficiente alfa de
Cronbach, obteniendo un valor superior al umbral mínimo de 0.70. La Tabla 1 presenta los ítems
utilizados en el instrumento.
Tabla 1. Ítems del cuestionario sobre violencia digital en adolescentes
VD1 Me siento seguro usando redes sociales
VD2 He recibido burlas, insultos (groserías para hacerme sentir menos) o comentarios ofensivos
VD3 He recibido mensajes incómodos o con intenciones sexuales
VD4 He sentido miedo por algo que me pasó en redes sociales
VD5 He visto que suben fotos o vídeos míos o de algún conocido, sin permiso y que las usan en
publicaciones que me hacen sentir mal
VD6 Cuando tengo un problema en redes sociales sé a quién pedir ayuda
VD7 Mis padres o tutores me explican cómo usar las redes sociales de manera segura
VD8 En la escuela me enseñan cómo evitar o detener el ciberacoso en redes sociales
VD9 Conozco las herramientas de las redes sociales para protegerme
VD10 Mis padres revisan o controlan la actividad de mis dispositivos a través de aplicaciones seguras
Nota: Elaboración propia
Para el análisis de la información obtenida se utilizó estadística descriptiva para caracterizar la muestra
y las variables de interés. Se analizaron distribuciones de frecuencia, medias y porcentajes, así como
medidas de confiabilidad interna del instrumento (Tabla 2). Además, se llevó a cabo un análisis
inferencia con el propósito de identificar diferencias y asociaciones relevantes entre variables; en un
primer momento, se aplicó un análisis de varianza (ANOVA) de un factor y pruebas t de muestras
independientes para comparar las percepciones y experiencias de violencia digital según el sexo de los
participantes, mientras que en un segundo momento, se estimaron correlaciones bivariadas de Spearman
(ρ) entre las dimensiones de violencia digital, mediación parental y mediación escolar, dado que las
variables se midieron mediante escalas tipo Likert de naturaleza ordinal.

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Tabla 2. Perfil sociodemográfico de los encuestados
Indicadores Frecuencia(s) Porcentaje
Género
Femenino 58 60.4
Masculino 38 39.6
Escolaridad
Primaria 58 60.0
4to grado 21 22.0
5to grado 15 15.0
6to grado 22 23.0
Secundaria 38 40.0
1ro 12 12.5
2do 10 10.5
Tercero 16 17.0
Edad
10 a 11 27 28.0
12 a 14 69 72.0
Horas/día en redes sociales
1 a 2 28 29.2
3 a 4 26 27.1
5 a 6 24 25.0
7 y más 18 18.8
Fuente: Elaboración propia.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
El análisis de los datos nos permite observar que los adolescentes participantes, presentan una
exposición significativa a diversas formas de violencia digital. En relación con la percepción de
seguridad, un 40% de los encuestados manifestó no sentirse seguro al utilizar redes sociales; de la misma
forma, un 68.7% reportó haber recibido burlas, insultos o comentarios ofensivos, y un 53.1% señaló
haber recibido mensajes incómodos o con connotaciones sexuales. De manera preocupante, un 60%
afirmó haber sentido miedo derivado de alguna experiencia en línea, mientras que la mitad indicó haber
sido víctima o conocer a una víctima de manipulación digital de imágenes (deepfakes).
Respecto a las estrategias de intervención y apoyo, un 19% de los participantes señaló no saber a quién
acudir en caso de enfrentar un problema en redes sociales; a pesar de ello, un 80% documentó haber
recibido orientación de sus padres o tutores sobre el uso seguro de internet, mientras que un 70% indicó

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que en la escuela se les ha enseñado cómo prevenir o detener el ciberacoso. Sin embargo, solo el 75%
dijo conocer las herramientas de protección disponibles en las propias plataformas digitales.
En el apartado de supervisión parental, los datos documentan que un 20% de los adolescentes
respondieron que sus padres no revisan ni controlan el uso de sus dispositivos o redes sociales, mientras
que el 30% afirmó que la revisión se realiza una vez al mes y solo el 23% de los padres realiza una
revisión de forma diaria.
Para estimar el nivel general de exposición, se construyó un baremo con los ítems VD1 a VD5, que
clasifica la violencia digital en tres niveles: bajo, medio y alto. Los resultados indican que el 83.3% de
los adolescentes se ubicó en el nivel medio, el 14.6% en el nivel bajo y solo el 2.1% en el nivel alto;
esto nos podría indicar que los adolescentes experimentan violencia digital, en sus distintas
manifestaciones, con una intensidad moderada.
Finalmente, se aplicó un análisis de varianza (ANOVA) de un factor para comparar la percepción de
violencia digital entre hombres y mujeres. Las hipótesis de contraste fueron:
H₀: μ₁ = μ₂ (las medias poblacionales son iguales);
H₁: μ₁ ≠ μ₂ (las medias poblacionales son diferentes).
Los resultados del ANOVA (Tabla 3) mostraron diferencias estadísticamente significativas (F = 5.395;
p = 0.022), y las pruebas robustas de igualdad de medias de Welch y Brown-Forsythe corroboraron este
hallazgo (p = 0.021). Dado que el valor de significancia es menor a 0.05, se rechaza la hipótesis nula y
se concluye que las percepciones de violencia digital difieren por género, siendo las mujeres quienes
reportan mayores niveles de exposición y afectación.
Tabla 3. Análisis de varianza y pruebas robustas de igualdad de medias
Fuente de variación Suma de
cuadrados gl Media
cuadrática Fa Sig.
Entre grupos 30.732 1 30.732 5.395 0.022
Dentro de grupos 535.424 94 5.696
Total 566.156 95
Pruebas robustas de igualdad de medias
Estadístico gl₁ gl₂ Sig.
Welch 1 82.716 0.021
Brown-Forsythe 1 82.716 0.021
a F distribuida de forma asintótica
Fuente: elaboración propia con SPSS

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Las pruebas robustas confirman la existencia de diferencias de percepción por género en la experiencia
de violencia digital. La evidencia empírica sugiere que las adolescentes son más propensas a
experimentar situaciones de acoso o exposición no consentida, lo cual coincide con investigaciones
previas que señalan una dimensión de género en la violencia digital.
A la par de lo anterior, para verificar esta diferencia por sexo en las manifestaciones de violencia digital
experimentadas por los encuestados, se llevó a cabo una prueba t para muestras independientes. Los
resultados obtenidos en la subescala de experiencias de violencia digital, indicaron diferencias
estadísticamente significativas únicamente en dos indicadores: haber recibido mensajes incómodos o
con connotaciones sexuales (t(94) = −3.15, p = .002, d = 0.65) y haber visto que suben fotos, videos o
comentarios propios o de otras personas sin permiso (t(94) = −2.32, p = .022, d = 0.46). En ambos casos,
las mujeres reportaron puntajes promedio más altos, lo que podría sugerir una mayor exposición a
violencia sexualizada o de tipo simbólico en entornos digitales; asimismo, en cuanto al resto de ítems
analizados (me siento seguro usando redes sociales, he recibido burlas o insultos, he sentido miedo por
algo que me pasó en redes sociales), las diferencias obtenidas no fueron estadísticamente significativas
(p > .05).
En lo que respecta a la subescala de prevención digital, la cual incluye la orientación parental, el
acompañamiento escolar y el conocimiento de herramientas de seguridad, no se encontraron diferencias
estadísticamente significativas entre hombres y mujeres en ninguno de los ítems analizados (p > .05).
A pesar de ello, se observa que los promedios fueron ligeramente más altos entre las mujeres en la
mayoría de los casos, lo que podría reflejar una mayor sensibilización o receptividad hacia prácticas
preventivas; además, los tamaños del efecto (Cohen’s d) se encontraron entre 0.26 y 0.46 para las
variables de prevención, lo que sugiere efectos pequeños, mientras que en las variables asociadas a
violencia digital los tamaños fueron de moderados a altos (d ≈ 0.65–0.85), indicando diferencias
sustanciales en la experiencia de victimización.
En cuanto al análisis correlacional, y de acuerdo a los estadísticos obtenidos, se observa un patrón
coherente con las hipótesis teóricas, es decir, las experiencias de violencia digital se correlacionan
positivamente entre sí, destacando la asociación entre la exposición a burlas y la publicación no
consentida de imágenes (ρ = .27, p < .01).

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Además, las estrategias de mediación parental y escolar mostraron relaciones positivas entre sí (ρ = .25,
p < .05), mientras que las experiencias de violencia y las acciones preventivas se relacionaron de manera
inversa (ρ = −.22, p < .05). De forma conjunta, estos resultados nos sugieren que un mayor
acompañamiento familiar y escolar se asocia con una menor exposición a agresiones digitales, lo que a
su vez, consideramos que confirma la coherencia conceptual del instrumento de medición.
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos en esta investigación permiten documentar que la violencia digital constituye
una forma emergente y extendida de agresión entre adolescentes, particularmente en el ámbito de las
redes sociales. La elevada proporción de participantes que reporta haber recibido ofensas, mensajes de
connotación sexual o haber experimentado miedo demuestra que la violencia digital se ha normalizado
como parte de las interacciones en línea del día a día. Estos hallazgos coinciden con los de Toro-Alvarez
(2024) y Li et al. (2024), quienes advierten que el ciberacoso y las agresiones digitales forman parte de
un proceso constante de violencia que trasciende el espacio escolar y se reproduce en los entornos
digitales.
Desde una perspectiva de género, los resultados del ANOVA y la prueba t confirman la existencia de
una brecha de género en las experiencias de violencia digital, donde son las adolescentes quienes
reportan una mayor exposición a mensajes con connotaciones sexuales y a la publicación no consentida
de información personal. Este hallazgo se relaciona con lo planteado por Cuzcano y González (2025),
Hearn et al. (2023) y Olvera y Paulin (2023), quienes señalan que la violencia digital refuerza
estructuras patriarcales que históricamente han objetivado y violentado a las mujeres, y en la actualidad
ha trascendido a nuevas formas de exposición, control y humillación en línea. En ese sentido, la
violencia digital ya no es únicamente tecnológica, sino también simbólica y estructural, dado que
reproduce desigualdades de poder basadas en el género.
Por otro lado, la ausencia de diferencias significativas en las estrategias de prevención podría sugerir
que, aunque hombres y mujeres reciben orientación similar en el ámbito familiar y escolar, la
experiencia subjetiva del riesgo digital es distinta, con un impacto mayor sobre las adolescentes.

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Además, en cuanto a los resultados obtenidos del análisis de correlación, se documenta que la
prevención parental y escolar se asocia de forma inversa con las experiencias de violencia digital, lo
que refuerza la importancia de la mediación educativa y familiar en el uso seguro de las redes sociales.
En el entorno familiar, los resultados obtenidos documentan la persistencia de brechas en la supervisión
de los padres. Aunque la mayoría de los adolescentes afirma recibir orientación sobre el uso seguro de
internet, la supervisión efectiva -padres, tutores, profesores- sigue siendo limitada. En este sentido, las
Naciones Unidas introdujeron el concepto de crianza digital, entendido como el papel activo de madres
y padres en la reducción de los efectos negativos del contenido mediático en los niños, niñas y
adolescentes, a través de estrategias de acompañamiento, diálogo y regulación del tiempo de exposición
(Chahrazed & Hasnia, 2025). La propuesta de este enfoque, es entonces, el de eliminar la lógica del
control punitivo -castigos- para avanzar hacia una mediación basada en la confianza, la alfabetización
digital y la corresponsabilidad familiar; asimismo, resulta fundamental promover políticas de
alfabetización digital a nivel familiar que limiten la exposición infantil y fortalezcan la supervisión
parental responsable, un componente esencial para prevenir la violencia digital (Özüölmez y Duruel
Erkılıç, 2022).
A nivel estructural, la ausencia de mecanismos eficaces que permitan identificar o eliminar cuentas
falsas y contenidos manipulados en las redes sociales, profundiza la vulnerabilidad de los adolescentes.
Las principales plataformas -Facebook, Instagram, TikTok, WhatsApp y otras- continúan permitiendo
la circulación de materiales ofensivos o sexualizados, lo que incrementa la exposición de los menores
y adolescentes, además de reproducir la impunidad digital (Tonny & Nawaz, 2024). En ese marco, se
hace necesario una regulación internacional y nacional más robusta, de la mano de una promoción de
la responsabilidad corporativa de las empresas tecnológicas, además de garantizar la protección integral
de los derechos digitales de niñas, niños y adolescentes.
Finalmente, los resultados de este estudio refuerzan la necesidad de promover una educación ciudadana
digital que fomente el pensamiento crítico, el respeto en la comunicación en línea y la empatía en la
interacción virtual. La prevención de la violencia digital debe concebirse, no como un proceso solo de
los padres y/o tutores, sino como un proceso colectivo que involucra además a las escuelas, las

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comunidades y las plataformas digitales, articulando políticas públicas orientadas a la equidad y la
seguridad en espacios virtuales.
CONCLUSIONES
Los resultados obtenidos en este análisis, ponen de manifiesto que la violencia digital representa una
experiencia recurrente entre adolescentes, a la par del hecho de que las plataformas de redes sociales se
han convertido en espacios donde puede encontrarse vulnerabilidad, aprendizaje social y desigualdad
de género. La mayoría de los participantes encuestado, manifestó haber experimentado algún tipo de
agresión en línea, en particular las mujeres, lo que confirma la persistencia de patrones de violencia
simbólica y estructural en los entornos digitales. En ese marco, esto implica la necesidad de desarrollar
y poner en práctica, estrategias de intervención basadas en la corresponsabilidad entre familias,
instituciones educativas, gobiernos y empresas tecnológicas.
En el ámbito educativo, los hallazgos documentan la necesidad de incorporar la dimensión de educación
ciudadana digital en los planes escolares, con un enfoque preventivo que incentive el pensamiento
crítico, la empatía y el uso ético de la tecnología. Del mismo modo, se hace necesario el fortalecer las
estrategias de política pública que regulan el acceso y uso de las redes sociales por parte de menores,
siguiendo ejemplos internacionales recientes, como el de Australia, país que ha establecido una edad
mínima de 16 años para el uso de estas plataformas. Desde una perspectiva familiar, la crianza digital
se perfila como una estrategia clave para disminuir los riesgos asociados al uso de redes sociales. Este
enfoque implica pasar del control coercitivo a una mediación activa y a un acompañamiento informado,
fomentando en los adolescentes habilidades de autorregulación y autocuidado digital.
En suma, consideramos que este análisis amplía el conocimiento sobre la violencia digital en México
desde una perspectiva regional y fronteriza, lo que permite contar con información para el desarrollo de
políticas públicas y programas educativos orientados a la construcción de ciudadanía digital y la
prevención de la violencia en entornos virtuales.
Teniendo en cuenta lo que se acaba de comentar, líneas futuras de investigación podrían orientarse hacia
el análisis longitudinal de los efectos de la violencia digital sobre el bienestar psicológico y social de
los adolescentes, así como al estudio comparativo entre regiones o contextos escolares. De la misma
forma, resulta pertinente profundizar en el rol de los algoritmos y la inteligencia artificial en la

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reproducción de estereotipos y dinámicas de exclusión digital. Además, investigaciones futuras podrían
explorar el impacto de las políticas emergentes de restricción de edad en redes sociales sobre la
socialización juvenil y el ejercicio de derechos digitales.
Finalmente, se reconoce que el estudio presenta limitaciones derivadas de su alcance geográfico,
centrado en la ciudad de Ensenada, y del uso de datos autodeclarados, que pueden contener sesgos de
percepción. A pesar de ello, los resultados obtenidos conforman un aporte relevante para comprender
las formas actuales de violencia que atraviesan los adolescentes y de la misma forma, para sustentar el
diseño de estrategias integrales de prevención y protección infantil en entornos digitales.
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