pág. 1472
ACTUALIZACIÓN SOBRE CONCEPTOS Y
ESTRATEGIAS CONTEMPORÁNEAS EN
LA INFECCIÓN QUIRÚRGICA DE LA
HERIDA: UNA REVISIÓN NARRATIVA.
UPDATE ON CONTEMPORARY CONCEPTS AND
STRATEGIES IN SURGICAL WOUND INFECTION: A
NARRATIVE REVIEW
Carlos Daniel Pérez Campo.
Universidad del Norte. Barranquilla
Shadia Nadime Esper Socarrás
Universidad del Norte. Barranquilla
Andrea Quintero Taboada.
Universidad Metropolitana
pág. 1473
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23194
Actualización sobre conceptos y estrategias contemporáneas en la infección
quirúrgica de la herida: una revisión narrativa.
Carlos Daniel Pérez Campo1
dr.carlosperezc@outlook.com
https://orcid.org/0009-0006-3484-764X
Médico, Universidad del Norte. Barranquilla,
Atlántico.
Shadia Nadime Esper Socarrás
shadia2498@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-5601-386X
Médica, Universidad del Norte. Barranquilla,
Atlántico.
Andrea Quintero Taboada.
andreaquintero100@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-6806-1115
Médica, Universidad Metropolitana.
Barranquilla, Atlántico.
RESUMEN
Objetivo: Analizar la evidencia teórica reciente que existe acerca de la fisiopatología, diagnósticos y
tratamiento actual en la infección de la herida quirúrgica como complicación postoperatoria. Materiales
y métodos: Este artículo se llevó a cabo mediante una revisión narrativa de la literatura científica, se
identificaron bases de datos y se definieron términos MeSH y palabras clave de texto libre en la
búsqueda de información. Para garantizar la calidad y transparencia de la revisión, se aplicó la Escala
SANRA. Resultados: La búsqueda narrativa arrojó una muestra final de 57 artículos que permitieron
extraer la información clave para realizar una síntesis narrativa con el fin de construir una comprensión
integral y estructurada del tema. La infección quirúrgica de la herida, también conocida como infección
del sitio quirúrgico (ISQ) resulta de la interacción entre la virulencia bacteriana y la respuesta inmune
del huésped tras el trauma quirúrgico. Su diagnóstico combina criterios clínicos, cultivos
microbiológicos e imágenes, siguiendo los lineamientos de los centros para el control y prevención de
enfermedades (CDC). El tratamiento requiere un enfoque multidisciplinario, con control de la fuente
temprana bajo el uso de antimicrobianos empíricos y luego dirigidos con cultivos y antibiogramas, al
igual que el manejo quirúrgico en el caso de infecciones profundas o de órgano. Conclusiones: Es
importante conocer la patogénesis, los criterios diagnósticos y los protocolos de tratamiento basados en
la evidencia para brindar un manejo adecuado en las infecciones del sitio quirúrgico como complicación
postoperatoria.
Palabras clave: infección quirúrgica de la herida, infección del sitio quirúrgico, fisiopatología,
diagnóstico, tratamiento, complicaciones.
1
Autor principal
Correspondencia: dr.carlosperezc@outlook.com
pág. 1474
Update on contemporary concepts and strategies in surgical wound
infection: a narrative review.
ABSTRACT
Objective: To analyze the recent theoretical evidence regarding the pathophysiology, diagnosis, and
current treatment of surgical wound infections as a postoperative complication. Materials and methods:
This article was carried out through a narrative review of the scientific literature, databases were
identified, and MeSH terms and free text keywords were defined in the information search. To guarantee
the quality and transparency of the review, the SANRA Scale was applied. Results: The narrative search
yielded a final sample of 57 articles that allowed the extraction of key information to perform a narrative
synthesis in order to build a comprehensive and structured understanding of the topic. Surgical wound
infection results from the interaction between bacterial virulence and the host's immune response after
surgical trauma. Its diagnosis combines clinical criteria, microbiological cultures, and imaging,
following the guidelines of the Centers for Disease Control and Prevention. Treatment requires a
multidisciplinary approach, with early source control under the use of empirical antimicrobials and then
directed with cultures and antibiograms, as well as surgical management in the case of deep or organ
infections. Conclusions: It is important to understand the pathogenesis, diagnostic criteria, and
evidence-based treatment protocols to provide adequate management for surgical site infections as a
postoperative complication.
Keywords: surgical wound infection, surgical site infection, pathophysiology, diagnosis, treatment,
complications.
Artículo recibido 02 febrero 2026
Aceptado para publicación: 27 febrero 2026
pág. 1475
INTRODUCCIÓN
Las infecciones del sitio quirúrgico han sido consideradas una de las complicaciones postoperatorias
más frecuentes y significantes en la práctica médica global (1). Sin embargo, a pesar de los avances
importantes en las técnicas quirúrgicas, la profilaxis antimicrobiana y los protocolos de control de
infecciones, las ISQ continúan afectando a millones de pacientes anualmente, lo que conlleva un
aumento sustancial en la morbilidad y mortalidad, prolonga las estancias hospitalarias y conlleva a un
considerable incremento en los costos de atención sanitaria (1,2).
Las causas de las ISQ son variadas, e incluyen desde la agresividad de los microbios hasta la compleja
respuesta del sistema inmune del paciente y sus condiciones de salud individuales. Por ello, es
fundamental comprenderlas a fondo para poder desarrollar e implementar estrategias de prevención y
tratamiento eficaces (3,4). Además , la diversidad en cómo se presentan y la variabilidad en los métodos
de manejo a nivel mundial, hacen ver la necesidad de una síntesis clara y actualizada de la información
científica (5,6).
En el presente artículo de revisión, se plantea como objetivo consolidar y analizar la literatura científica
actual sobre la infección del sitio quirúrgico, proporcionando una perspectiva integral que abarca su
fisiopatología detallada, los sistemas de clasificación estandarizados, los desafíos diagnósticos, las
modalidades de tratamiento actuales, las complicaciones asociadas y el estado del arte en la
investigación y las prácticas clínicas más innovadoras (7,8). Con este fin, se busca ofrecer a los
profesionales de la salud una herramienta concisa y actualizada que facilite una mejor comprensión y
un manejo más eficaz de las ISQ, contribuyendo así a mejorar los resultados de los pacientes quirúrgicos
y a optimizar los recursos sanitarios.
METODOLOGÍA
La elaboración de este artículo se llevó a cabo mediante una revisión narrativa de la literatura científica,
con el objetivo de sintetizar el conocimiento actual sobre la infección del sitio quirúrgico en sus aspectos
clave: fisiopatología, clasificación, diagnóstico, tratamiento, complicaciones y estado del arte. Se realizó
una búsqueda sistemática en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Scopus y Web of Science. La
estrategia de búsqueda incluyó una combinación de términos MeSH y palabras clave de texto libre,
como “Infección quirúrgica de la herida”, "infección del sitio quirúrgico", "fisiopatología",
pág. 1476
"diagnóstico", "tratamiento" y "complicaciones”, utilizando operadores booleanos para optimizar los
resultados. Las búsquedas se limitaron a artículos publicados en español e inglés, sin restricciones de
fecha para abarcar la evolución del conocimiento.
Los resultados de las búsquedas fueron exportados y se eliminaron los duplicados. Posteriormente, los
títulos y resúmenes de los artículos restantes fueron cribados para identificar aquellos con relevancia
directa para los objetivos de esta revisión. Finalmente, los textos completos de los artículos
preseleccionados fueron revisados para asegurar su pertinencia y extraer la información clave para cada
sección del artículo. La información extraída de la literatura fue analizada mediante una síntesis
narrativa, agrupando temáticamente los hallazgos para construir una comprensión integral y estructurada
del tema. Para garantizar la calidad y transparencia de la revisión, se aplicó la Escala SANRA para
evaluar la metodología, la presentación de resultados y la discusión de la literatura seleccionada,
promoviendo la credibilidad de las conclusiones obtenidas.
Resultados
Fisiopatología
Entender la base de la enfermedad es crucial para implementar estrategias de prevención efectivas contra
la infección del sitio quirúrgico (9). De hecho, la adquisición de esta infección depende de la exposición
bacteriana y de la capacidad del huésped para controlar la inevitable contaminación de la herida
quirúrgica (4). La susceptibilidad a la infección es intrínsecamente ligada tanto a la virulencia
bacteriana como al tamaño del inóculo microbiano presente en el campo quirúrgico (3). A nivel celular,
la interacción entre los factores de virulencia bacteriana y la respuesta inmune del huésped determina
la progresión de la infección (10). Generalmente, los patógenos predominantes son cocos grampositivos
como Staphylococcus aureus y los estafilococos coagulasa-negativos, junto con Streptococcus pyogenes
y Enterococcus spp, seguidos por bacilos gramnegativos como Escherichia coli, Pseudomonas
aeruginosa y Enterobacter spp. (11).
El proceso fisiológico que responde al trauma postquirúrgico se caracteriza por una compleja interacción
de vías moleculares y celulares que orquestan la reparación tisular y la defensa contra patógenos. Así,
inicialmente, la agresión quirúrgica desencadena la liberación de mediadores inflamatorios y citocinas,
lo que orquesta el reclutamiento de células inmunes al sitio quirúrgico, una fase pivotal para la defensa
pág. 1477
del huésped (9). Las principales citocinas que modulan esta respuesta incluyen interleucinas
proinflamatorias como IL-1β, IL-6 y TNF-α , fundamentales para iniciar la cascada inmunitaria y la
subsiguiente eliminación de microorganismos (9). En consecuencia, estas citocinas provocan un
aumento en la permeabilidad vascular, lo que facilita la extravasación de leucocitos hacia el área
lesionada, donde inician la fagocitosis de bacterias y detritos celulares (12). Posteriormente, la respuesta
inmune innata cede paso a la fase proliferativa de la cicatrización, que implica la angiogénesis, la
síntesis de colágeno y la reepitelización (13). No obstante, esta compleja red inmunológica puede verse
comprometida por múltiples factores que predisponen al paciente a una infección del sitio quirúrgico
(14). Entre esos factores encontramos la edad avanzada, la obesidad, la diabetes mellitus, el
tabaquismo y la presencia de infecciones en otros sitios del organismo (14).
La respuesta inmunitaria sistémica al trauma quirúrgico implica una serie intrincada de eventos que
pueden generar tanto protección como susceptibilidad a las complicaciones infecciosas (15). En este
sentido, esta respuesta incluye la activación de mecanismos proinflamatorios y antiinflamatorios, con
un desequilibrio hacia la inmunosupresión postoperatoria que puede aumentar el riesgo de infecciones
(16,17). Por ejemplo, se ha observado una reducción en la quimiotaxis de monocitos y un incremento
en el recuento postoperatorio de monocitos circulantes, asociados con infecciones postoperatorias (18).
Adicionalmente, se ha documentado que el trauma quirúrgico induce cambios en la señalización de
proteínas como STAT3 y STAT5 en células inmunes, lo que influye en la respuesta inmunitaria innata
y adaptativa (15). Por lo tanto, esta desregulación de la respuesta inflamatoria postoperatoria es un
mecanismo crucial en el daño inmunitario del huésped, donde la severidad de los trastornos
inmunológicos es directamente proporcional a la extensión del trauma quirúrgico y a factores
intrínsecos del paciente (19,20). La respuesta inflamatoria sistémica generada por la cirugía se
caracteriza, por su parte, por una mezcla intrincada de señales metabólicas, inmunológicas,
hemodinámicas y hormonales diseñadas para ser protectoras y facilitar la recuperación (21).
Correlación clínica: estos cambios son observados clínicamente en los pacientes como una serie de
manifestaciones que va n desde fiebre, leucocitosis o leucopenia, hasta taquicardia y taquipnea,
síntomas que pueden solaparse con los de una infección emergente (22).
Clasificación
pág. 1478
La infección del sitio quirúrgico se clasifica tradicionalmente en tres subclases; superficial, profunda y
de órgano/espacio, cada una con criterios diagnósticos específicos basados en la profundidad
y localización anatómica de la infección (3). Específicamente, la infección superficial se limita a la piel
y el tejido subcutáneo, mientras que la profunda afecta la fascia y las capas musculares. Por otro lado,
la infección de órgano/espacio involucra cualquier parte de la anatomía, distinta de la incisión, que fue
abierta o manipulada durante el procedimiento quirúrgico, como órganos o cavidades corporales (23).
Esta distinción es fundamental para orientar el diagnóstico, el tratamiento y las estrategias de
prevención, dada la heterogeneidad en la presentación clínica y la gravedad de cada tipo (21). Además,
la identificación temprana de estos tipos de infecciones es crucial para mitigar su impacto en la
morbilidad y mortalidad del paciente, así como en los costos de atención sanitaria asociados (3).
Diagnóstico
El diagnóstico de las infecciones del sitio quirúrgico representa un desafío considerable debido a la
variabilidad en la presentación clínica y la superposición de síntomas con la respuesta inflamatoria
postoperatoria normal (3). En general, los síntomas que orientan hacia una infección del sitio quirúrgico
incluyen fiebre, dolor o sensibilidad local, eritema, edema y secreción purulenta en el sitio de la incisión
(24). No obstante, los síntomas pueden variar dependiendo de la ubicación y profundidad de
la infección (25). Específicamente, las infecciones superficiales se manifiestan con signos inflamatorios
cutáneos, mientras que las profundas pueden incluir drenaje purulento de la incisión o dehiscencia
espontánea de la herida (25). Las infecciones de órgano/espacio, por su parte, se detectan por medio de
drenaje purulento desde un drenaje, aislamiento de microorganismos en cultivos, o la visualización de
un absceso mediante estudios de imagen o durante una reintervención (26). Es importante destacar que
aproximadamente el 50% de las infecciones del sitio quirúrgico se hacen evidentes después del alta
hospitalaria del paciente (1). Por esta razón, esta ocurrencia tardía subraya la necesidad de un
seguimiento postoperatorio riguroso y la educación del paciente sobre los signos de alarma para la
detección temprana (1).
El algoritmo diagnóstico debe integrar tanto hallazgos clínicos como pruebas complementarias,
incluyendo estudios microbiológicos y de imagen, para confirmar la presencia y extensión de la
infección (9,27). En este contexto, los laboratorios clínicos como el recuento de glóbulos blancos, la
pág. 1479
proteína C reactiva y la procalcitonina son indicadores útiles de la respuesta inflamatoria sistémica,
aunque no son específicos de una infección en el sitio quirúrgico (13). Sin embargo, la identificación de
los microorganismos causales mediante cultivo de secreciones o tejidos es fundamental para guiar la
terapia antimicrobiana dirigida y optimizar el tratamiento (14). Asimismo, los estudios de imagen como
la ecografía, la tomografía computarizada o la resonancia magnética pueden ser esenciales para evaluar
la extensión de la infección, especialmente en casos de infecciones profundas o de órgano/espacio,
donde pueden revelar colecciones purulentas o abscesos no evidentes en el examen físico (13).
Finalmente, el algoritmo diagnóstico de las infecciones del sitio quirúrgico profundas se basa en la
confirmación directa de los criterios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades a
través de la revisión manual de los expedientes clínicos o la evidencia de abscesos (28).
Tabla 1. Criterios diagnósticos de ISQ del CDC.
Tipo de Infección
Criterios de Diagnóstico de los CDC
Plazo de Ocurrencia
Infección Incisional
Superficial
Infección que involucra solo la piel o el tejido
subcutáneo de la incisión, y al menos uno de los
siguientes (29,30):
1. Drenaje purulento, con o sin confirmación de
laboratorio, de la incisión superficial.
2. Organismos aislados de un cultivo tomado
asépticamente de fluido o tejido de la incisión
superficial.
3. Al menos uno de los siguientes signos o
síntomas de infección: dolor o sensibilidad,
hinchazón localizada, enrojecimiento o calor, y la
incisión superficial es abierta deliberadamente
por el cirujano, a menos que el cultivo de la
incisión sea negativo.
4. Diagnóstico de SSI Incisional superficial por
un cirujano o médico tratante (30,31).
Dentro de los 30 días
posteriores a la operación
(29,30,32).
Infección Incisional
Profunda
Infección que involucra los tejidos blandos
profundos (ej. capas fasciales y musculares) de la
incisión, y al menos uno de los siguientes
(29,30,33):
1. Drenaje purulento de la incisión profunda, pero
no del componente de órgano/espacio del sitio
quirúrgico.
2. La incisión profunda se deshace
espontáneamente o es abierta deliberadamente
por un cirujano cuando el paciente presenta al
menos uno de los siguientes signos o síntomas:
Dentro de los 30 días
posteriores a la operación si
no hay implante, o dentro de
1 año si hay un implante y la
infección parece estar
relacionada con la operación
(29,30,32).
pág. 1480
fiebre (> 38 °C), dolor localizado o sensibilidad,
a menos que el sitio sea cultivo negativo.
3. Un absceso u otra evidencia de infección que
involucre la incisión profunda encontrada en
examen directo, durante una reintervención, o por
examen histopatológico o radiológico.
4. Diagnóstico de SSI Incisional profunda por un
cirujano o médico tratante (30,31).
Infección de
Órgano/Espacio
Infección que involucra cualquier parte de la
anatomía (ej. órganos o espacios), distinta de la
incisión, que fue abierta o manipulada durante
una operación, y al menos uno de los siguientes
(29,30,34):
1. Drenaje purulento de un drenaje colocado a
través de una herida por punción en el
órgano/espacio.
2. Organismos aislados de un cultivo tomado
asépticamente de fluido o tejido en el
órgano/espacio.
3. Un absceso u otra evidencia de infección que
involucre el órgano/espacio encontrado en
examen directo, durante una reintervención, o por
examen histopatológico o radiológico.
4. Diagnóstico de SSI de órgano/espacio por un
cirujano o médico tratante (30,34).
Dentro de los 30 días
posteriores a la operación si
no hay implante, o dentro de
1 año si hay un implante y la
infección parece estar
relacionada con la operación
(29,30,32).
Fuente: adaptada de las referencias listadas (25,35).
Es importante destacar que estos criterios de los CDC son ampliamente aceptados y utilizados para la
vigilancia y el diagnóstico de las infecciones del sitio quirúrgico, siendo fundamentales en el ámbito de
la salud pública y la investigación (7,8). La definición de la SSI del CDC es la más
utilizada globalmente (36). A pesar de su amplia adopción, la relevancia clínica de las ISQ
diagnosticadas exclusivamente por los criterios del CDC ha sido objeto de estudio, buscando una
concordancia con otras escalas como el puntaje ASEPSIS (35).
Tratamiento
El tratamiento de las ISQ demanda un enfoque multidisciplinario que abarca desde la optimización del
control de fuentes de infección hasta la terapia antimicrobiana adecuada y el soporte al paciente (37).
Sin embargo, el manejo va a depender de la clasificación de la infección, la extensión del compromiso
tisular y el agente etiológico (25). Las ISQ superficiales generalmente se pueden manejar con
pág. 1481
desbridamiento local y antibioticoterapia, mientras que las infecciones profundas o de órgano/espacio a
menudo requieren intervención quirúrgica para el control de la fuente y drenaje de abscesos (38). Por
consiguiente, la priorización y la rapidez en el control de la fuente son cruciales, especialmente en
infecciones intraabdominales o de tejidos blandos, para mejorar los resultados del paciente y reducir la
duración del tratamiento antibiótico (39).
Para la prevención de ISQ, la profilaxis preoperatoria, que incluye la administración de antibióticos en
el momento adecuado antes de la incisión quirúrgica, es un componente fundamental, ya que reduce la
carga bacteriana en el sitio quirúrgico y disminuye el riesgo de infección posoperatoria (40). En este
sentido, la cefazolina es el antibiótico más comúnmente administrado para la profilaxis perioperatoria,
y su uso adecuado, conforme a las guías basadas en la evidencia, contribuye significativamente a la
reducción de las tasas de ISQ (41) (42).
Para las ISQ superficiales, los antibióticos de elección suelen ser las cefalosporinas de primera o
segunda generación, debido a su cobertura efectiva contra los patógenos más comúnmente implicados
en este tipo de infecciones (43). En el caso de infecciones profundas, la terapia antibiótica debe ser
ajustada de acuerdo con los resultados de los cultivos microbiológicos y el antibiograma. Sin embargo,
inicialmente se pueden emplear regímenes de amplio espectro para garantizar la cobertura frente a un
espectro más amplio de posibles agentes etiológicos (13). Estos regímenes empíricos de amplio espectro
suelen incluir la cobertura contra Staphylococcus aureus resistente a meticilina y bacterias Gram-
negativas (13). Para la cobertura anti-MRSA, se pueden considerar fármacos como vancomicina,
linezolid o daptomicina (11,13). Para la cobertura de Gram-negativos y un espectro más amplio,
se utilizan comúnmente betalactámicos de amplio espectro como piperacilina-tazobactam o
carbapenémicos (4446). Adicionalmente, el abordaje de las ISQ profundas debe incluir
ineludiblemente el desbridamiento quirúrgico, el drenaje de abscesos, la remoción de tejido necrótico,
y una terapia antibiótica empírica adecuada que será subsecuentemente modificada según los resultados
del antibiograma, con el fin de optimizar la eficacia y mitigar la selección de resistencia antimicrobiana
(13,47).
pág. 1482
Complicaciones
Las ISQ pueden conducir a complicaciones significativas, incluyendo un aumento del 60% en la
probabilidad de ingreso a unidades de cuidados intensivos, una probabilidad cinco veces mayor de
reingreso hospitalario y el doble de riesgo de mortalidad en comparación con pacientes sin
estas infecciones (25). Entre las complicaciones más destacadas se encuentran la dehiscencia de la
herida, la fascitis necrotizante, la sepsis y la formación de fístulas (48). La dehiscencia de la herida se
manifiesta como la separación parcial o completa de los bordes de una incisión quirúrgica, exponiendo
el tejido subyacente y aumentando el riesgo de infecciones secundarias y una cicatrización deficiente
(49). Además , la fascitis necrotizante, una infección grave de los tejidos blandos, se propaga
rápidamente y puede requerir desbridamiento quirúrgico extenso y antibioticoterapia intravenosa de
amplio espectro para prevenir la progresión a sepsis y fallo multiorgánico (47). La sepsis, por su parte,
representa una respuesta inflamatoria sistémica desregulada a la infección, que conduce a disfunción
orgánica y puede ser potencialmente mortal si no se trata con prontitud y agresividad. Finalmente, la
formación de fístulas, conexiones anormales entre órganos o entre un órgano y la superficie corporal,
complica la recuperación y a menudo necesita intervención quirúrgica para su corrección.
Dada la complejidad de estas complicaciones, su manejo suele ser interdisciplinar, requiriendo la
colaboración de cirujanos, infectólogos, intensivistas y personal de enfermería para optimizar los
resultados y minimizar la morbilidad y mortalidad asociada (40). Además, este enfoque integral no solo
se centra en el tratamiento de la infección, sino también en la prevención de futuras recurrencias y en la
restauración completa de la función del paciente (50). En particular, la reintervención quirúrgica puede
ser necesaria para abordar complicaciones persistentes, como la formación de abscesos
intraabdominales o la dehiscencia de anastomosis , que no responden al tratamiento conservador (51,52).
Asimismo, en algunas ocasiones, será necesario el ingreso a UCI para el soporte vital avanzado y el
manejo de la disfunción orgánica, especialmente en casos de sepsis grave (53).
Estado del arte
Actualmente, la evidencia sugiere que la prevención de la infección del sitio quirúrgico se centra en la
implementación de protocolos estandarizados que abarcan desde la preparación preoperatoria del
paciente hasta el manejo intraoperatorio y postoperatorio de la herida (54). Entre los tratamientos de
pág. 1483
vanguardia, se incluyen la terapia de presión negativa en la herida y la oxigenoterapia hiperbárica (55).
Además, el uso de biomarcadores como la procalcitonina ha demostrado ser útil para guiar la duración
y el cese de la terapia antibiótica en pacientes críticamente enfermos (38). Asimismo, otras terapias
emergentes con sólida evidencia incluyen el uso de soluciones antisépticas avanzadas y materiales de
sutura impregnados con agentes antimicrobianos (56). Este enfoque integral, que considera tanto las
medidas preventivas como los tratamientos avanzados, es fundamental para mitigar la aparición de
complicaciones postoperatorias, las cuales pueden variar desde infecciones localizadas hasta eventos
sistémicos graves como la sepsis (54).
Discusión
La infección del sitio quirúrgico sigue siendo un desafío persistente en la atención sanitaria, con
implicaciones significativas para la seguridad del paciente y la carga económica de los sistemas de salud.
Este artículo de revisión ha consolidado una visión integral de los conocimientos actuales, destacando
la complejidad de su fisiopatología, la relevancia de una clasificación precisa, los desafíos diagnósticos,
la necesidad de un tratamiento estratificado, las graves complicaciones asociadas y el continuo avance
en estrategias preventivas y terapéuticas.
La fisiopatología de la ISQ subraya que no es meramente una cuestión de contaminación bacteriana,
sino una delicada balanza entre la virulencia microbiana y la respuesta inmunitaria del huésped.
De hecho, la evidencia presentada ilustra cómo el trauma quirúrgico puede inducir una
inmunosupresión transitoria y desequilibrios inmunes que predisponen al paciente, un
hallazgo consistente con la literatura que enfatiza la importancia de optimizar la condición del paciente
preoperatoriamente (16,17,20). Asimismo, los factores de riesgo intrínsecos (14) refuerzan la necesidad
de una evaluación de riesgo individualizada y estrategias de mitigación adaptadas.
La clasificación de las ISQ, tal como la definen los CDC, es fundamental para la vigilancia
epidemiológica y la orientación clínica (7,8). Sin embargo, el diagnóstico sigue siendo un reto,
especialmente por la superposición de síntomas con la respuesta inflamatoria normal y la
manifestación tardía de muchas infecciones tras el alta hospitalaria (31). Por consiguiente, esto resalta
la importancia de la educación del paciente y de un seguimiento postoperatorio robusto. Además, la
pág. 1484
dependencia de los cultivos microbiológicos para la identificación del patógeno y la guía del tratamiento
es crucial para combatir la resistencia antimicrobiana, un problema creciente en la salud global (11).
El tratamiento de la ISQ exige un enfoque escalonado y multidisciplinario. En este contexto, la eficacia
de la profilaxis antibiótica preoperatoria adecuada (48,57) es un pilar fundamental en la
prevención, mientras que el control temprano de la fuente y la terapia antibiótica dirigida son esenciales
para las infecciones ya establecidas. Es importante señalar que la necesidad de intervención quirúrgica
en casos de infecciones profundas o de órgano/espacio subraya que, a pesar de los avances médicos, el
manejo quirúrgico sigue siendo una piedra angular.
Las complicaciones asociadas a la ISQ son variadas y graves, con un impacto sustancial en la
morbilidad, la estancia hospitalaria y la mortalidad (1). De hecho, esto no solo impone una carga humana
significativa, sino también un considerable costo económico para los sistemas de salud. Por lo tanto, la
gestión de estas complicaciones a menudo requiere un equipo interdisciplinario y recursos intensivos,
lo que subraya la importancia primordial de la prevención.
El "estado del arte" en la prevención y el tratamiento de la ISQ muestra una evolución continua, con el
desarrollo de protocolos estandarizados, el uso de tecnologías avanzadas como la terapia de presión
negativa, y la integración de biomarcadores para optimizar el uso de antibióticos (1). En este sentido,
estas innovaciones son prometedoras para reducir la incidencia y mejorar los resultados de las ISQ.
La presente revisión se basa en una síntesis de la literatura disponible y previamente consultada. No
obstante, si bien se ha buscado ofrecer una perspectiva integral, la ausencia de una metodología de
búsqueda sistemática y exhaustiva puede limitar la exhaustividad de los "resultados" y la
generalizabilidad de algunas conclusiones. Cabe señalar que la discusión se deriva directamente de los
hallazgos presentados en las secciones anteriores del documento, y no incorpora una nueva búsqueda de
literatura para contrastar directamente estos hallazgos con otras perspectivas contemporáneas o debates
específicos.
CONCLUSIÓN
La infección del sitio quirúrgico sigue siendo una preocupación significativa en la medicina moderna,
impactando negativamente la morbilidad, la mortalidad y los costos sanitarios a nivel global. En este
contexto, esta revisión ha puesto de manifiesto la intrincada fisiopatología de las ISQ, donde la
pág. 1485
interacción entre la virulencia bacteriana y la compleja respuesta inmune del huésped, a menudo
comprometida por el trauma quirúrgico y factores intrínsecos del paciente, es un factor determinante.
La clasificación de las ISQ en superficiales, profundas y de órgano/espacio, conforme a los criterios de
los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, es fundamental para estandarizar
el diagnóstico y la vigilancia, aunque los desafíos persisten debido a la variabilidad clínica y la
aparición tardía de los síntomas. Por consiguiente, el tratamiento requiere un enfoque multidisciplinario,
priorizando el control de la fuente y la antibioticoterapia dirigida, respaldado por una profilaxis
antibiótica preoperatoria rigurosa.
Las complicaciones de las ISQ son graves y diversas, lo que subraya la necesidad crítica de estrategias
preventivas robustas y la implementación de las mejores prácticas. En este sentido, el estado del arte
revela un avance continuo en métodos preventivos estandarizados, tecnologías de soporte como
la terapia de presión negativa y el uso de biomarcadores para optimizar la terapia antibiótica.
En resumen, la traslación efectiva "de la teoría a la práctica" en el manejo de las ISQ exige una
comprensión profunda de su patogénesis, una aplicación rigurosa de los criterios diagnósticos,
la adopción de protocolos de tratamiento basados en la evidencia y una vigilancia constante de las
innovaciones. Solo a través de este enfoque integral y la colaboración interdisciplinaria se podrá mitigar
el impacto de las ISQ, mejorando la seguridad del paciente y los resultados postoperatorios.
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