APROXIMACIÓN AL ESTADO DEL ARTE DE
LOS ESTUDIOS SOBRE DISFUNCIONALIDAD
FAMILIAR Y EL RENDIMIENTO ESCOLAR.
UN ANÁLISIS DESDE LA PSICOLOGÍA
EDUCATIVA

APPROACH TO THE STATE OF THE ART OF STUDIES ON

FAMILY DYSFUNCTION AND ACADEMIC PERFORMANCE:

AN ANALYSIS FROM EDUCATIONAL PSYCHOLOGY

Neibys Lisbeth Mercado

Instituto Universitario de las Américas y el Caribe México

Ana Patricia León Urquijo

Instituto Universitario de las Américas y el Caribe - México
pág. 3134
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23354
Aproximación al estado del arte de los estudios sobre disfuncionalidad
familiar y el rendimiento escolar. Un análisis desde la Psicología Educativa

Víctor Alberto Maldonado Fernández
1
vamf59@hotmail.com

Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM)

PERÚ

RESUMEN

El objetivo fundamental del presente estudio es proporcionar una visión actualizada y objetiva de la
disfuncionalidad familiar y su repercusión en el rendimiento escolar ya que, como lo corroboran diversas
investigaciones, la disfuncionalidad familiar, en sus diversas manifestaciones: conflictos personales,
violencia intrafamiliar, negligencia en el cumplimiento de las funciones, estilos parentales inconsistentes
e indefinidos, endeble estructura comunicacional y estrés familiar, constituye uno de los determinantes
más influyentes del bajo rendimiento académico, el ausentismo y la deserción escolar. Se ha recurrido
a la integración de evidencias globales y regionales, estadísticas recientes, evolución de los estudios
teóricos actuales y a priorizar las intervenciones basadas en evidencias. Como conclusión general puede
indicarse que la disfuncionalidad familiar es un factor fuertemente asociado a la aparición, desarrollo y
consolidación de conductas poco apropiadas, sobre todo, en niños, jóvenes y adolescentes, las mismas
que se agudizan con el transcurso del tiempo si no son abordadas oportunamente, afectando a corto y
mediano plazo, el desempeño escolar, el comportamiento social y el desempeño laboral, entre otros
aspectos negativos, tanto para la propia persona como para la comunidad en general. Se trata, pues, de
un estudio exploratorio en la medida que busca proporcionar una visión aproximada del tema y, lo que
sin duda es más relevante, intenta proporcionar criterios y elementos de referencia que permitan afinar
y efectivizar las intervenciones y tratamientos respectivos, lo cual redundará positivamente en los planos
personal, social, comunitario, académico y laboral de los afectados.

Palabras claves: Disfuncionalidad familiar, rendimiento escolar, educandos.

1 Autor Principal

Correspondencia:
vamf59@hotmail.com
pág. 3135
Approach to the State of the Art of Studies on Family Dysfunction and

Academic Performance: An Analysis from Educational Psychology

ABSTRACT

The primary objective of this study was to provide an updated and objective view of family dysfunction

and its impact on academic performance. As various studies confirm, family dysfunction, in its diverse

manifestations,
including conflict and domestic violence, neglect of parental responsibilities,
inconsistent and undefined parenting styles, weak communication structures, and family stress
is one
of the most influential determinants of low academic performance, absenteei
sm, and school dropout.
This study
integrates global and regional evidence, recent statistics, and the evolution of current
theoretical studies, prioritizing evidence
-based interventions. In conclusion, it can be stated that family
dysfunction is a factor strongly associated with the emerg
ence, development, and consolidation of
inappropriate behaviors, especially in children, youth, and adolescents. These behaviors worsen over

time if not addressed promptly, affecting, in the short or medium term, academic performance, social

behavior, and
work performance, among other negative aspects for the individual and the community in
general. This is, therefore, an exploratory study insofar as it seeks to provide an approximate overview

of the topic and, more importantly, attempts to provide criteria
and reference points that will allow for
refining and improving the effectiveness of interventions and treatments. This will have a positive

impact on the personal, social, community, academic, and professional lives of those affected.

Keywords
: Family dysfunction, academic performance, students
Artículo recibido 15 febrero 2026

Aceptado para publicación: 15 marzo 2026
pág. 3136
INTRODUCCIÓN

En referencia directa con el tema de la presente investigación hay que indicar que, en los últimos años,
el tema de la disfuncionalidad familiar se está considerando como uno de los factores psicosociales más
importantes para entender cabalmente el controvertido tema del desempeño escolar, la estabilidad
emocional y el ajuste social en la población infantil y adolescente. Recientes reportes de investigaciones
empíricas, así como de indagaciones psicosociales y antropológicas, constatan reiteradamente que la
familia no solo es el primer espacio de la socialización, sino que también constituye un factor
insoslayable del rendimiento escolar, principalmente en medios sociales vulnerables, donde predominan
la marginalidad y la exclusión. Al respecto, cabe mencionar los recientes estudios de la UNESCO
(2025); el de UNICEF Innocenti, (2025); el de la OECD (2024) y el de la UNESCO (2024).

De manera general estas investigaciones reiteran la constatación de una crisis mundial en los procesos
de aprendizaje tipificable por el frecuente incremento de los bajos rendimientos académicos, el
recrudecimiento de la exclusión educativa y del progresivo y, aparentemente incontenible, deterioro
psicosocial. Estudios realizados hace muy poco, nos informan que más del 50% de los estudiantes a
nivel mundial no logran acceder a las competencias básicas en lectura y matemáticas, y que la exclusión
educativa se incrementa en progresión geométrica ampliando las brechas educativas y generando
impactos negativos en los sectores sociales menos favorecidos. Se indica que estos déficits se vinculan
directamente con riesgos educativos como bajo rendimiento, problemas de conducta y deserción
temprana. Finalmente, estos informes, indican que, si no se asumen oportunamente medidas correctivas,
los costos sociales y económicos inevitablemente se incrementarán a mediano y largo plazo, razón por
la que es imprescindible diseñar y aplicar políticas públicas verdaderamente integrales que promuevan
la igualdad educativa y un desarrollo humano plenamente integral y sostenible. En lo que atañe a su
evolución teórica es de precisar que la conceptualización de la disfuncionalidad familiar ha transitado
desde los iniciales enfoques unicausales y descriptivos hacia los actuales modelos ecológicos,
transaccionales, los cuales integran coherentemente los diversos aspectos referidos a familia, centro
educativo y comunidad, asumiendo e incorporando nexos vinculantes entre disfuncionalidad familiar y
rendimiento académico. Consecuencia lógica de este proceso integrativo son el logro, desarrollo y
aplicación de tratamientos e intervenciones más céleres y eficaces.
pág. 3137
METODOLOGÍA

Para la elaboración del Estado del Arte en Disfuncionalidad Familiar y su relación con el rendimiento
escolar, se llevó a cabo una recopilación bibliográfica y documental, de la producción científica sobre
el tema, cuyo objetivo esencial fue identificar, analizar y sintetizar las propuestas, enfoques, tendencias,
así como los posibles sesgos teóricos y metodológicos. El estudio se inicia con una breve revisión de los
antecedentes históricos, a continuación, se analizan los principales enfoques teóricos y las principales
metodologías empleadas, estableciéndose como unidades de análisis los estudios cuantitativos,
cualitativos y mixtos de los últimos 40 años, priorizando -aunque no de manera exclusiva- los estudios
en Iberoamérica y Latinoamérica. Como fuentes de consulta se recurrió a la utilización de bases de datos
de dominio público altamente relevantes en Psicología, Educación, Ciencias Sociales y Salud. También
se indagó en repositorios institucionales y tesis doctorales para incluir literatura gris. Como operadores
de búsqueda se utilizó como ecuación “disfuncionalidad familiar” y “rendimiento escolar”. Como
criterio de exclusión se descartaron los textos incompletos, los estudios no revisados académicamente y
los estudios fuera del rango temporal establecidos, salvo los referidos a los antecedentes históricos.

DESARROLLO

Noción General de Funcionalidad - Disfuncionalidad

De manera genérica, la funcionalidad hace referencia a la capacidad de un sistema o conjunto de
componentes para llevar a cabo en forma adecuada las funciones para las que ha sido desarrollado,
manteniendo su homeóstasis, adaptándose exitosamente al medio donde se desempeña y obteniendo
resultados congruentes con sus objetivos. Es decir, desde un enfoque interdisciplinario (educacional,
sociológico, psicológico y teoría de sistemas), la funcionalidad implica: cumplimiento pleno de las
funciones asignadas; realización cabal de las tareas diseñadas; coherencia y coordinación eficientes y
eficaces entre sus componentes; adaptabilidad para ajustarse a los cambios; conservación de la
estabilidad interna y, por último, obtención de resultados congruentes con los objetivos señalados.

Entre los principales teóricos del funcionalismo tenemos a Durkheim (1982) padre del funcionalismo
sociológico, quien a mediados del Siglo XIX introdujo la idea de funcionalidad como la contribución
institucional en aras de la estabilidad y cohesión del sistema social. En otras palabras, un fenómeno se
considera funcional cuando favorece el equilibrio social y disfuncional cuando -por el contrario- lo
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perturba. Otro aporte altamente relevante fue el de Talcott Parsons (1951) creador del funcionalismo
estructural. Parsons fue responsable de ampliar los alcances del funcionalismo proponiendo que todo
sistema social cumple cuatro funciones básicas: adaptación al medio, logro de los objetivos planteados,
integración de los subsistemas y mantenimiento de la viabilidad y vigencia del sistema. La funcionalidad
es medida por la forma en que el sistema cumple efectivamente estas funciones. Merton (1968) aporta
un punto de vista más flexible al señalar que los sistemas pueden asumir diferentes funciones:
manifiestas, latentes e, incluso, disfunciones. Esto implica que un mismo elemento puede ser funcional
para un grupo y disfuncional para otro, por consiguiente, la funcionalidad no es un ente absoluto, sino
contextual y relativo. Von Bertalanffy (1968) elaboró una inicial Teoría General de Sistemas en la que
defin la funcionalidad como la capacidad de un sistema para mantener su estructura, adaptarse al
medio y autorregularse dinámicamente mediante la interacción de sus componentes. Este enfoque es la
base conceptual para entender cabalmente la funcionalidad de los sistemas complejos como la familia.

Por otra parte, en cuanto a polo opuesto, es decir, a la disfuncionalidad, puede decirse que ésta hace
referencia a diversos trastornos y alteraciones que disminuyen o impiden el adecuado funcionamiento
de un sistema. En otras palabras, el término disfuncional describe a un sistema que no funciona como
debería hacerlo. En el campo conductual estas alteraciones se traducen en comportamientos de carácter
poco saludable o por interacciones inadecuadas en las relaciones socioafectivas de la persona con sus
pares. Respecto de esta conceptualización somos plenamente conscientes de que un uso inapropiado del
término “disfuncionalidad social”-concretamente en el campo de la psicología de la personalidad- podría
implicar cierta propensión a sancionar coercitivamente, a determinados comportamientos individuales
disruptivos, generadores de importantísimos procesos de cambio social, lo cual no es nuestra intención
y que podría ser un interesante tema de estudio de otro artículo. En resumen, la disfuncionalidad en
cuanto término opuesto a la funcionalidad, designa la incapacidad parcial o total de un sistema,
estructura o conjunto de relaciones para cumplir de manera eficiente las funciones que le corresponden,
generando desequilibrios internos, dificultades de adaptación al entorno y, en consecuencia, efectos
negativos en sus integrantes. Conceptualmente, la disfuncionalidad es la situación en la que un sistema
o estructura presenta fallas constantes en su organización, funcionamiento o interacción, lo cual impide
el logro pleno de sus finalidades últimas y que, por consiguiente, afecta negativamente el bienestar y
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desarrollo de sus miembros. Este concepto es bastante relativo, ya que un sistema puede ser funcional
en ciertos aspectos y disfuncional en otros, dependiendo del medio histórico, social o relacional que le
sirve de referencia.

Para Merton (1968) la disfuncionalidad social describe las consecuencias negativas que ciertos
elementos de índole social provocan en un sistema social especifico, aun cuando tengan funciones muy
positivas en otros sistemas. En resumen, Merton (1968) plantea que las disfunciones son efectos no
deseados que aminoran la adaptación y afectan la estabilidad del sistema social. Por su parte, Talcott
Parsons (1951) plantea que la disfuncionalidad surge cuando un sistema no logra cumplir eficientemente
funciones básicas requeridas para su estabilidad y óptimo funcionamiento: adaptación, integración,
logro de metas y persistencia de patrones. Es decir, la disfuncionalidad se vincula con la ruptura del
equilibrio sistémico. Para Von Bertalanffy (1968) desde la perspectiva de la Teoría General de Sistemas,
la disfuncionalidad implica la merma de la autorregulación y de la coherencia interna del sistema, lo que
afecta su capacidad de adaptación y supervivencia. Esto supone que la disfuncionalidad no se explica
por un solo elemento, sino por la deficiente interacción entre los componentes internos del sistema. Por
su parte Minuchin (1974) aplica el concepto de disfuncionalidad al sistema familiar señalando que la
disfuncionalidad aparece en situaciones donde existen límites rígidos o muy difusos, los roles no están
estructurados y existen patrones comunicacionales que dificultan el desarrollo óptimo de los miembros.
Es decir, para este autor la disfuncionalidad se manifiesta preferentemente en la estructura y dinámica
familiar. Bowen (1978) considera que la disfuncionalidad emocional influye en la disfuncionalidad
familiar provocando accesos de ansiedad crónica y una indefinición marcada del sí mismo lo que afecta
la autonomía y la regulación emocional de los componentes familiares, planteando como enfoque
novedoso que la disfuncionalidad familiar puede transmitirse de forma intergeneracional. Satir (1983)
incide en el concepto de disfuncionalidad familiar es, esencialmente, una disfuncionalidad
comunicacional, precisando que esta última es provocada por la interferencia de patrones de
comunicación confusos y multívocos, la baja autoestima y por la imposición de reglas familiares
verticales y rígidas que obstaculizan el desarrollo personal autónomo. Señala que la disfuncionalidad
familiar es consecuencia del manejo de esquemas comunicativos altamente disfuncionales y perturbados
y de la existencia de un clima emocional familiar negativo.
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Resumiendo, los enfoques brevemente revisados coinciden señalar que la disfuncionalidad familiar -
desde el punto de vista teórico- implica la presencia de frecuentes fallas en el cumplimiento de funciones
familiares, la presencia de patrones relacionales desequilibrantes y rígidos en la estructura familiar,
reiterados problemas para adaptarse al contexto familiar y una relación negativa entre en los integrantes
del sistema. Por estas razones, la disfuncionalidad no se considera un estado absoluto ni estático, sino
una condición altamente dinámica susceptible de modificarse y adaptarse.

La Disfuncionalidad en el Área Familiar

En la actualidad, en el campo de la literatura científica, se conceptualiza la familia disfuncional como
un sistema familiar dentro del cual, las interacciones, roles y vínculos entre sus componentes desarrollan
patrones relacionales negativos, los cuales alteran el desarrollo integral de los individuos y la
satisfacción óptima de necesidades psicosociales básicas. Este constructo incluye elementos muy
negativos como frecuencia inusual de conflictos internos, comunicaciones inadecuadas, presencia de
componentes agresivos y hostiles, priorización parcializada de intereses individuales por encima de los
colectivos, así como descuido sistemático de responsabilidades parentales y emocionales, según Jeynes,
W. (2018). En otros términos, la familia disfuncional habitualmente presenta dificultades para cumplir
con las funciones asignadas y, en consecuencia, incumple con su función básica que es satisfacer las
necesidades básicas físicas y emocionales de sus miembros. En consecuencia, la disfuncionalidad genera
situaciones adversas, tales como, dependencia, manipulación, comportamientos inapropiados: ausencias
físicas reiteradas, falta de empatía entre sus miembros, episodios de violencia, situaciones de aislamiento
entre sus miembros, problemas de comunicación, indefinición de roles y bajo rendimiento en general,
según Carabaño (2019).

Estudios realizados en el contexto Latinoamericano, describen la familia disfuncional, en los siguientes
términos: Tello (2017) sostiene que una familia disfuncional no logra cumplir con los roles y funciones
establecidos por la sociedad. Pérez y Reinoza (2011) dividen la disfuncionalidad en dos formas: la
primera se caracteriza por comportamientos inadecuados e inmaduros de los padres, afectando el
desarrollo individual y la capacidad para socializar de los miembros; la segunda forma implica la
presencia de integrantes con inestabilidad espiritual, psicológica y emocional. Por su parte, Mejía (2010)
describe a la familia disfuncional como un organismo que no cumple con las funciones impuestas por
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la sociedad. Báez (2013) destaca que, aunque no necesariamente hay una separación entre los
progenitores, el lazo matrimonial puede ser fuerte, pero presenta cierta inestabilidad. Es decir, los
autores mencionados describen a la familia disfuncional como:

Aquella que no logra cumplir adecuadamente los roles y funciones socialmente establecidos, tal
es el caso de Tello (2017) y Mejía (2010).

La disfuncionalidad se manifiesta mediante conductas parentales inmaduras que afectan el
desarrollo personal y la socialización de los miembros, como indican Pérez y Reinoza (2011).

La disfuncionalidad no implica necesariamente separación conyugal, porque pueden darse
vínculos aparentemente fuertes, pero caracterizados por inestabilidad interna, como indica Báez
(2013).

Esta percepción nos revela que la disfuncionalidad familiar no es solo la ocurrencia puntual de
problemas aislados, sino que involucra patrones repetitivos que perjudican la adaptación, el desarrollo
socioemocional y las competencias sociales y relacionales de los diversos integrantes de la familia,
particularmente de niños y adolescentes.

Teorías sobre disfuncionalidad familiar

Teoría de sistemas familiares

Una de las perspectivas relevantes para abordar la disfuncionalidad familiar es la teoría de sistemas
familiares, que parte del concepto fundamental de que la familia es un “sistema interdependiente”, es
decir, un sistema en el que los elementos que lo componen están interconectados estrechamente y en el
que el comportamiento de unos afecta a los otros con patrones, reglas y límites que influyen en el
comportamiento de todos y cada uno de los miembros. Esta perspectiva determina que la disfunción no
se explique exclusivamente por las acciones de un individuo aislado, sino, fundamentalmente por las
relaciones y dinámicas de todos los componentes del sistema.

Entre los principales representantes de este enfoque podemos mencionar a Salvador Minuchin (1977)
autor que, desde la terapia familiar estructural, considera que los problemas de la familia no se ubican a
nivel de las personas aisladas, sino que estos problemas se generan, evolucionan y se consolidan dentro
de la estructura y reglas de la interacción familiar. Minuchin y Fishman (2001) plantean que la familia
es una entidad altamente dinámica, es decir, que implica una constante interacción entre sus
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componentes y que es -dentro de esa casi perpetua interacción- donde se originan y desarrollan las
diversas problemáticas. Minuchin, ha planteado un modelo sistémico estructural que presenta cuatro
tipos de estructuras familiares: el individual, el conyugal, el parental y de los hermanos. Un axioma
central de la teoría de Minuchin es que los síntomas individuales, sobre todo en el caso de niños y
adolescentes, cumplen una función reguladora y compensatoria dentro del sistema familiar. Así, los
problemas emocionales, conductuales o escolares no se interpretan como fallas personales, sino como
manifestaciones de interacciones disfuncionales grupales que muchas veces contribuyen a mantener el
equilibrio del sistema, aun cuando éste asuma características patológicas. Desde esta perspectiva, la
familia disfuncional se caracteriza por presentar jerarquías invertidas, conformación de alianzas
inapropiadas entre miembros, imposición de reglas rígidas o inconsistentes, así como severas
dificultades para adecuarse al ciclo vital habitual de la familia. Estas dinámicas coactan y restringen el
desarrollo autónomo de los hijos y afectando su ajuste emocional, social y, finalmente, su desempeño
académico, según Nichols y Davis (2029).

Este enfoque tiene implicancias significativas en el caso de intervenciones terapéuticas, ya que postula
que las modificaciones conductuales positivas generadas por las intervenciones o acciones terapéuticas,
son consecuencia directa de la reestructuración de la organización familiar, del robustecimiento de los
subsistemas parentales y, finalmente, debido al establecimiento de límites adecuados. Este modelo
restaurativo ha sido muy aplicado en el ámbito clínico, educacional y comunal, y sigue siendo una
referencia básica dentro de la terapia de la disfuncionalidad familiar,

El modelo Olson, Sprenkle & Russell o Modelo Circumplex

Este modelo plantea que ciertas dimensiones básicas como la cohesión y la “adaptabilidad son
suficientes para explicar y modificar el funcionamiento familiar, así como las desviaciones asociadas a
la disfunción familiar. Al respecto cabe señalar que el Modelo Circumplejo del Funcionamiento
Familiar, fue desarrollado inicialmente por Olson, Sprenkle y Russell a finales de 1970 y es uno de los
marcos teóricos y empíricos más sólidos e influyentes y que, muy frecuentemente se utiliza para estudiar
el funcionamiento y corregir las disfuncionalidades familiares. Este procedimiento se desarrolla con el
fin de integrar la teoría de los sistemas familiares, la psicología del desarrollo y los estudios fácticos,
ofreciendo a los investigadores un esquema conceptual claro y operacional para analizar la compleja
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dinámica familiar (Olson et al., 1979). Este modelo asume la denominación Circumplejo” porque
estructura las principales dimensiones del funcionamiento familiar en un continuo circular, que
posibilita clasificar a las familias según patrones equilibrados o desequilibrados de interacción
intrafamiliar.

Figura 1: Modelo Circumplejo

Fuente:
https://www.researchgate.net/figure/FIGURA-1-Modelo-circumplejo-adaptado-de-Olson-et-al-1989_fig1_28109743
El principal aporte de este modelo radica en que no concibe a la familia solo como funcional o
disfuncional, de manera simplistamente dicotómica, sino la visualiza estructurada en distintos niveles
de ajuste o desajuste, según el caso. Este modelo se sustenta en un grupo de supuestos básicos:

La familia es una estructura altamente dinámica que cambia a lo largo del tiempo y de las
situaciones concretas.

El funcionamiento de la familia puede representarse mediante dimensiones centrales que
interactúan dinámicamente.
pág. 3144
Existen niveles óptimos (integrados y equilibrados) de funcionamiento familiar que se asocian al
estado de bienestar psicológico.

En cada una de esas dimensiones coexisten niveles extremos negativos que se asocian con la
disfunción familiar.

La comunicación familiar desempeña un rol facilitador que regula el funcionamiento del sistema
familiar.

Estos supuestos permiten comprender por qué el modelo ha sido ampliamente adoptado tanto en el
campo de la investigación como en las aplicaciones educativas y en las intervenciones clínicas. En lo
que atañe a las dimensiones centrales del Modelo Circumplejo, Olson (2000) considera, como ya se
indicó, dos dimensiones principales: la cohesión y la adaptabilidad.

a) Cohesión Familiar: Se refiere al grado de cercanía emocional, vínculo afectivo y sentido de
pertenencia entre los miembros de la familia. Evalúa cuánto tiempo pasan juntos, el nivel de apoyo
emocional, la lealtad familiar y el equilibrio entre autonomía individual y unión familiar. Olson
diferencia cuatro niveles de cohesión familiar:

Familia Desligada (muy baja cohesión)

Familia Separada (cohesión bajamoderada)

Familia Conectada (cohesión moderadaalta)

Familia Aglutinada (muy alta cohesión)

Los niveles más saludables de cohesión familiar son: cohesión separada y cohesión conectada. Por su
parte, los tipos de cohesión familiar que se vinculan con mayores niveles de disfunción familiar son la
cohesión desligada y la cohesión aglutinada.

b) Adaptabilidad familiar: Hace referencia a las capacidades del sistema familiar para modificar y
adaptar sus estructuras, roles, reglas y sistemas de liderazgo ante situaciones críticas que implican
cambios o elevado estrés. Esta dimensión mide la forma en que la familia responde a situaciones de
crisis y a las demandas externas. Resumiendo, la adaptabilidad alude a la capacidad de la familiar para
alterar y adecuar su estructura cuando la persona afronta situaciones de estrés y crisis. La adaptabilidad
determina como la familia aplica el liderazgo, modifica sus roles habituales, utiliza y aplica las normas
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y reglas y, finalmente, como se manejan los mecanismos de control y poder. En cuanto a los niveles de
adaptabilidad es necesario precisar que, así como la cohesión, la adaptabilidad también se organiza en
cuatro niveles:

Familia con Adaptabilidad Rígida (muy baja adaptabilidad)

Familia con Adaptabilidad bajamoderada

Familia Flexible con Adaptabilidad moderadaalta)

Familia Caótica (muy alta adaptabilidad)

En cuanto a la evaluación del Modelo Circumplejo sintéticamente puede señalarse dos puntos
esenciales:

Los niveles más saludables los presentan las familias Estructurada y Flexibles.
Los niveles más asociados con la disfunción familiar son las familias Rígida y Caóticas.
Olson (1979) indica que la funcionalidad familiar surge del equilibrio, no de la rigidez ni del desorden.

En relación con la comunicación, Olson (1979) precisa que la comunicación no es una dimensión
independiente, sino una competencia facilitadora, por la cual una buena comunicación genera un mejor
ajuste de la cohesión y de la adaptabilidad. Por el contrario, una mala comunicación genera rigidez o
caos, que son situaciones más difíciles de modificar. Posteriormente, Olson (2019) incorporó la
comunicación familiar como una dimensión clave que facilita el direccionamiento de la familia hacia
niveles equilibrados de cohesión y flexibilidad. La comunicación incluye habilidades como la escucha
activa, la empatía, la claridad en los mensajes y la resolución de conflictos. Dentro de este contexto se
considera que una comunicación efectiva permite que la familia, ajuste sus reglas y roles, maneje
positivamente la cercanía emocional, enfrente los conflictos de manera socialmente adecuada. Por el
contrario, una comunicación deficiente incrementa la probabilidad de que la familia permanezca en
patrones disfuncionales.

El modelo comunicacional de la Disfunción Familiar

Virginia Satir (1991) es una de las principales desarrolladoras teóricas de la denominada “terapia
familiar sistémica, y contando con esta experiencia elaboró un modelo interpretativo complejo basado
en las comunicaciones interpersonales, el autoconcepto y su aplicación en las normas o reglas familiares,
las cuales son consideradas elementos esenciales para la comprensión cabal del funcionamiento familiar
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y sus disfuncionalidades. Para esta autora, la disfuncionalidad familiar se genera, desarrolla y consolida
cuando se utilizan a menudo patrones comunicacionales esencialmente distorsionados e incongruentes,
los cuales al encontrarse en situación de deterioro afectan negativamente la fluidez y viabilidad de la
comunicación y la autoestima de los receptores, perturbando el establecimiento de relaciones sociales
auténticas y saludables. Este planteamiento considera que los procesos comunicativos no solo consisten
en un intercambio de mensajes informativos, sino que también se intercambian emociones, señales
corporales y gestos contextuales, Es decir, la interacción familiar es una secuencia de procesos en donde
se construyen e intercambian significados complejos, identidades representativas y roles
identificatorios, como indica Satir (1988). De las consideraciones anteriores se deduce que el uso de
patrones comunicativos inconexos, poco coherentes o, incluso, marcadamente incongruentes están
asociados a un deterioro del funcionamiento familiar. Satir plantea que las comunicaciones
distorsionadas es decir, aquellas que no son claras, congruentes ni auténticas generan
disfuncionalidad familiar porque impiden la expresión genuina de emociones y necesidades de los
miembros, creando confusión, resentimiento y ruptura de los vínculos. Su modelo identifica cuatro
estilos de comunicación disfuncional (apaciguador, acusador, super razonable y distractor), los cuales,
al repetirse patológicamente, erosionan la autoestima y la confianza dentro de la familia, favoreciendo
dinámicas rígidas y conflictivas. Satir sostiene que las familias disfuncionales se caracterizan por
mantener comunicaciones incongruentes, es decir, carentes de coherencia entre lo que se dice y lo que
se hace conductualmente. Esta incongruencia de los sistemas comunicacionales genera confusión,
ansiedad y desconfianza, entre los emisores y receptores, por lo que se debilitan los vínculos afectivos
favoreciendo el surgimiento de dinámicas conflictivas, evasivas o de control exacerbado entre sus
miembros. En este marco, la disfuncionalidad familiar se expresa cuando los miembros no pueden
comunicarse de forma abierta y valida, lo que conduce a una disminución progresiva de la intimidad, el
apoyo emocional y la capacidad de resolución de problemas (Satir, Banmen, Gerber & Gomori, 1991).
Satir señala que la comunicación congruente (coherente entre palabras y hechos) fortalece la autoestima
y la funcionalidad familiar. Por el contrario, la comunicación distorsionada genera malentendidos y
bloquea la resolución de conflictos. Satir considera la existencia de cuatro estilos comunicativos
distorsionados que generan disfunción familiar:
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Apaciguador: Evita a toda costa la manifestación de conflictos.

Acusador: Su método consiste en responsabilizar y culpar a otros.

Supuestamente razonable: Se apoya en una lógica distorsionada.

Distractor: Evita afrontar los problemas recurriendo a la ironía y el humor.

El efecto en la familia de estos estilos contribuye a perpetuar la falta de confianza y la incapacidad de
resolver problemas, lo que deriva en disfuncionalidad familiar: roles rígidos, baja autoestima, conflictos
no resueltos y transmisión intergeneracional de patrones dañinos. Es decir, en las familias disfuncionales
predominan estos estilos, lo que contribuye a la disminución del funcionamiento familiar, al impedir
una comunicación clara, empática y valida. Satir vincula directamente la comunicación disfuncional con
una autoestima baja, tanto a nivel individual como familiar. Por consiguiente, en las familias
disfuncionales, los roles comunicacionales suelen ser rígidos, implícitos y punitivos, lo que limita la
expresión emocional y favorece el miedo al rechazo o al castigo. En resumen, los patrones
comunicacionales patológicos distorsionan y perpetúan ciclos de incomunicación, con la presencia
constante de conflictos y distanciamientos afectivos, afectando negativamente el desarrollo emocional
de niños y adolescentes (Satir, 1988).

En resumen, para Satir las comunicaciones distorsionadas tienen un impacto sistémico en la dinámica
familiar, lo cual implica que la disfuncionalidad no se localiza en un solo miembro, sino en el patrón
relacional del sistema familiar. La comunicación disfuncional actúa como un mecanismo que perpetúa
la dinámica patológica del sistema, obstaculizando el desarrollo y consolidación de cambios adaptativos,
integrativos y saludables. En consecuencia, a manera de resumen, puede indicarse que la
disfuncionalidad familiar es conceptualizada como la consecuencia de interacciones comunicacionales
repetitivas que refuerzan la incongruencia, la baja autoestima y la intrascendencia emocional, alterando
de este modo el clima familiar, el rendimiento académico, la estabilidad emocional y las relaciones
interpersonales.

Teoría estructural de la familia disfuncional (Salvador Minuchin)

La teoría estructural de la familia, propuesta por Salvador Minuchin (1974), se considera una de las
teorías más vigentes e influyentes sobre la disfunción familiar. Este enfoque plantea que los problemas
familiares no residen en las personas en cuanto entidades individuales, sino en la estructura familiar,
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entendida esta como un grupo sujeto a reglas, jerarquías, roles y subsistemas regulados e interactuantes
que organizan las relaciones. Es decir, concibe a la familia como un sistema organizado conformado por
una serie de subsistemas (conyugal, parental, fraterno) que interaccionan a través de reglas, límites y
líneas de autoridad (Minuchin, 1981). Los límites, por su parte, establecen los grados de permeabilidad
y contacto entre los diferentes subsistemas y pueden ser:

Borrosos: Indeterminados que provocan confusiones y falta de independencia.
Estrictos: Generan aislamiento y desconexiones.
Precisos: Estimulan el desempeño eficaz.
Jerárquicos: Se mantienen claras las líneas de autoridad. Los padres ejercen su liderazgo sin
despotismos.

Como precisa Minuchin (2007) la familia disfuncional presenta las siguientes características:

Alteración radical de las jerarquías parentales.
Roles indefinidos o muy rígidos de los componentes.
Existencia de alianzas irregulares entre los componentes.
Sistemas de relaciones intrafamiliares conflictivas.
Para Minuchin (1981) la disfuncionalidad familiar aparece cuando los límites establecidos son difusos,
las jerarquías no están claramente delimitadas, los subsistemas se confunden, todo lo cual genera
disfuncionalidad familiar. En este contexto el objetivo del tratamiento o de la intervención es reorganizar
la estructura familiar, fortalecer los límites establecidos y restablecer las jerarquías funcionales del caso.
Minuchin (2007) considera que, en estos casos, el terapeuta debe intervenir activamente, pudiendo
participar directamente en las dinámicas familiares durante el tratamiento. El modelo propuesto por
Minuchin es muy aplicado en investigaciones clínicas, educativas y comunitarias por aplicabilidad
diagnóstica y su efectividad terapéutica.

Teoría multidimensional y contextual de la Disfunción Familiar

Debe tenerse en cuenta que la disfunción familiar ha evolucionado, desde los iniciales simples modelos
lineales, dedicados al análisis de déficits individuales, para posteriormente abordar enfoques más
complejos de tipo multidimensional y contextual, que entienden a la familia como un sistema altamente
complejo, esencialmente dinámico y sujeto a la influencia de múltiples sistemas interactivos.
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Congruentemente, este enfoque plantea que la disfuncionalidad no puede ser unicausal, sino que es
resultado de la permanente interacción de diversos factores individuales, grupales, institucionales,
socioculturales y económicos, tal como señalan Bronfenbrenner & Morris (2006).

La teoría más reciente sobre la disfunción familiar es la Teoría multidimensional y contextual, la que
considera que la disfunción familiar no es un fenómeno de cacter estático, sino que, por el contrario,
es altamente dinámico y contextual, en el cual influyen factores sociales, económicos, culturales y
tecnológicos. Al respecto es necesario precisar que la disfuncionalidad familiar es un concepto relativo
y que varía según las circunstancias y los contextos, de modo tal que crisis como la pandemia, las
recientes migraciones, la precariedad económica o el uso de nuevas tecnologías, han redefinido las
dinámicas familiares, generando -en consecuencia- nuevas formas de disfunción. Hay que indicar que,
en contextos latinoamericanos, la disfunción familiar se asocia frecuentemente a desigualdades
estructurales, violencia intrafamiliar y déficits en redes de apoyo social, lo que refuerza la necesidad de
llevar a cabo abordajes verdaderamente integrales. Es importante precisar que la Teoría
Multidimensional de la Disfunción Familiar se basa en un concepto integrador el cual considera que la
familia es un sistema altamente complejo, dinámico, dentro del cual la disfuncionalidad surge como
consecuencia de la activa interacción entre múltiples dimensiones negativas de carácter individual,
relacional, estructural, emocional, cognitiva, sociocultural, económica y contextual. Este enfoque se
distancia de modelos reduccionistas centrados exclusivamente en el déficit individual o en un solo nivel
explicativo, proponiendo una comprensión ecológica, sistémica y relacional del funcionamiento
familiar, como precisan Bronfenbrenner & Morris (2006). Desde esta perspectiva, la disfunción familiar
no constituye una categoría fija o estática, sino que es conceptualizada como un proceso dinámico,
influido por transiciones vitales, crisis normativas, así como por transformaciones sociales y culturales
que afectan la organización, los roles y los patrones de interacción dentro del sistema familiar.

La teoría multidimensional ha recibido el aporte de enfoques socioculturales de procedencia
latinoamericana. Estas investigaciones regionales recalcan la influencia de la desigualdad, la violencia
estructural, las migraciones, las precarias condiciones laborales y los cambios valorativos en las
situaciones de género, que aportan nuevas perspectivas sobre la disfunción familiar, destacando la
pág. 3150
necesidad de llevar a cabo análisis específicos centrados en América Latina, como indican Wainstein y
Wittner (2017) y la CEPAL (2023).

Resumiendo lo expuesto hasta ahora sobre la disfunción familiar puede señalarse -en primer lugar- que
la familia como entidad humana y social ha sido reconocida a lo largo de la historia como la institución
primaria encargada de la socialización, transmisión de valores, regulación emocional y protección de
sus miembros. Desde una perspectiva sociológica y psicológica contemporánea, la familia no se reduce
a una estructura formal, sino que se entiende como un sistema psicosocial altamente dinámico,
caracterizado por interacciones continuas, reglas explícitas e implícitas, roles diferenciados y vínculos
afectivos que influyen de manera decisiva en el desarrollo humano. Actualmente, la moderna teoría
general de sistemas, aplicada al contexto familiar, plantea que la familia funciona como un todo
organizado, en el cual cualquier cambio en uno de sus integrantes repercute en el conjunto total del
sistema. En este sentido, la conducta individual no puede interpretarse de manera aislada, sino en
relación con los patrones de interacción familiar general, tal como señala Bowen (1978). Esta
concepción resulta fundamental para comprender el surgimiento de la disfunción familiar, ya que
desplaza el énfasis desde el individuo y su dinámica particular hacia las dinámicas interactivas y
relacionales. Desde la teoría ecológica, la familia se define por su desempeño y función en contextos
sociales, culturales y económicos que determinan sus características comportamentales. Factores como
la pobreza, la violencia estructural, la migración, el desempleo y los cambios socioculturales
contemporáneos inciden directamente en la estabilidad y funcionalidad familiar, especialmente en
contextos latinoamericanos.

La evolución histórica de la noción de familia disfuncional ha transcurrido desde una concepción
simplista y de naturaleza patologizante hacia un moderno enfoque de tipo multidimensional y relacional
de índole básicamente grupal. Actualmente, la familia disfuncional se define como un sistema
caracterizado por patrones de interacción negativos, inestables o ineficaces que obstaculizan el
desarrollo emocional, social y psicológico de sus miembros, tal como indican Olson et al., (2019) y
Wainstein & Wittner (2017). Los autores contemporáneos coinciden en señalar que la disfuncionalidad
no está determinada por el tipo de estructura familiar (nuclear, monoparental, extensa), sino
principalmente por la calidad de las relaciones entre sus miembros, es decir, por los tipos de
pág. 3151
comunicación, los niveles de regulaciones emocionales, la forma de ejercer los roles parentales y la
diferente capacidad adaptativa ante situaciones de crisis, como indican Cabrera & Aya (2021) y Xu et
al. (2024). En consecuencia, asumiendo esta perspectiva, una familia puede considerarse disfuncional
cuando:

Predominan conflictos irresueltos.

Impera la comunicación hostil al interior de la familia.

Los roles no se hallan claramente delineados.

Se percibe indiferencia emocional o afectiva.

Se prioriza el interés individual sobre el interés colectivo.

Poco apoyo emocional.

Simplificando, las teorías más modernas sobre la disfuncionalidad familiar se ubican dentro de las
denominadas “Teorías Multidimensionales” las cuales sostienen que la disfuncionalidad familiar es
producto de la interacción de diversos y complejos factores como:

Factores personales (equilibrio mental, salud emocional)
Factores de relaciones sociales (comunicación, participación, límites, jerarquías y horizontalidad)
Factores intergeneracionales (tendencias heredadas)
Factores evolutivos (cumplimiento pleno de los ciclos vitales)
Factores medio ambientales (marginación, pobreza, cultura, políticas sociales)
Factores estructurales (desigualdad, migración, violencia)
Este enfoque integrador permite comprender la disfunción familiar como un fenómeno complejo,
dinámico y situacional, imbricado en las relaciones interpersonales y sociales, lo cual favorece las
intervenciones terapéuticas de carácter sistémico, preventivas, oportunas, así como culturalmente
adecuadas y pertinentes.

La disfuncionalidad familiar y su relación con el rendimiento escolar

El rendimiento escolar se considera actualmente como uno de los principales indicadores del desarrollo
académico, social y emocional de niños y adolescentes, así como un efectivo predictor de desempeños
escolares y oportunidades futuras. En el presente, la mayoría de los estudios han constatado que el
desempeño escolar no depende exclusivamente de factores cognitivos individuales, sino que está
pág. 3152
profundamente influido por factores contextuales, entre los cuales la familia ocupa un lugar central. En
este contexto, la disfunción familiar es reconocida mayoritariamente como un significativo factor de
riesgo para el bajo rendimiento académico, la deserción escolar y el ausentismo, y también para la
aparición y desarrollo de dificultades socioemocionales y conductuales. A lo largo del tiempo, el
concepto de disfunción familiar ha experimentado una importante evolución teórica: desde enfoques
lineales y centrados en déficits individuales, hasta modelos sistémicos, ecológicos, multidimensionales
y contextuales que integran factores emocionales, relacionales, estructurales, socioculturales y
económicos.

El presente capítulo intenta analizar el rendimiento escolar y su posible vinculación con una perspectiva
multidimensional.

Debemos ser plenamente conscientes que el rendimiento escolar ya no se visualiza únicamente como
notas cuantitativas, calificaciones cualitativas o determinados logros académicos, sino que se le concibe
como un constructo multidimensional que implica determinados elementos cognitivos, emocionales,
sociales, motivacionales y contextuales. Investigaciones recientes destacan reiteradamente la
importancia de las estrategias de aprendizaje que se asumen, las fuentes motivacionales intrínsecas y
extrínsecas que actúen y el mayor o menor bienestar socioemocional logrado o por lograrse. En lo que
se refiere al rendimiento escolar como constructo multidimensional, es necesario mencionar los
siguientes autores:

Fineburg (2009) define el rendimiento escolar como cualquier avance o progreso de un alumno
dentro de su medio escolar, incluyendo test, promedios generales y parciales y continuidad
educativa. Esta conceptualización se ensancha hasta abarcar indicadores de competencias
socioemocionales, niveles de resiliencia y grados de participación escolar.

Ernst, Arán Filippetti y Lemos (2022) consideran que el rendimiento académico está fuertemente
asociado con el uso intensivo de estrategias de aprendizaje (planificación, seguimiento,
evaluación y retroalimentación del aprendizaje propio). Estos autores reiteran que el rendimiento
escolar no depende solo de la memoria o la repetición, sino de la capacidad de administrar
racionalmente los diversos recursos cognitivos y emocionales que dispone el educando.
pág. 3153
Teorías motivacionales o Teoría de la Autodeterminación (Deci & Ryan), esta teoría postula que
la motivación intrínseca (aquella en la que la satisfacción proviene directamente del logro de la
tarea en sí misma), la autonomía pedagógica y la competencia justa y objetiva, son esenciales
para un rendimiento escolar sostenible. Estos investigadores proponen que los seres humanos
poseen una tendencia innata a la mejora, al crecimiento, a la integración psicológica y a la propia
regulación. De este modo, la calidad de la motivación es más importante que la cantidad, es decir,
no solo es importante la intensidad de la motivación de una persona, sino qué tipo de motivación
la impulsa. La teoría de la autodeterminación señala claramente que la funcionalidad óptima del
discente, los niveles de aprendizaje significativo que logre, el rendimiento sostenido que alcance
y el bienestar psicológico obtenido, dependen de la satisfacción de tres necesidades psicológicas
básicas universales: Autonomía, Competencia y Relación (vinculación). Hay que precisar que
estas necesidades son esenciales para el desarrollo psicológico óptimo en los diversos planos de
la existencia: educativo, laboral, familiar, clínico y social.

a) Autonomía: Alude a la experiencia de sentirse actor y responsable de la propia conducta, es decir,
actuar en función de la voluntad personal. No significa independencia absoluta, sino sentir que las
acciones son autodeterminadas y coherentes con los propios valores e intereses.

b) Competencia: Supone considerarse capaz para interaccionar con el medio y sentir que se poseen las
competencias necesarias para enfrentar los retos y lograr los objetivos planteados. La percepción de
competencia está vinculada fuertemente con el rendimiento académico.

c) Relación: La vinculación se refiere a la necesidad de establecer lazos afectivos significativos, sentirse
aceptado, valorado y conectado con otros.

Teoría del
Engagement Escolar desarrollada por Fredricks, Blumenfeld & Paris (2004), quienes
destacan la importancia del compromiso o “involucramiento” conductual, emocional y cognitivo como
factores positivos del rendimiento académico y laboral, como variable predictora del desempeño y
rendimiento en el área laboral como señala Espinoza (2017) y también Mendoza & Gutiérrez (2017).
Últimamente diversas investigaciones buscan evaluar el impacto del involucramiento con el rendimiento
encontrando resultados que señalan una correlación positiva entre ambas variables, como precisa Lei et
al. (2018). En este orden de cosas otros autores señalan que el engagement se ubica dentro del mismo
pág. 3154
continuo del burnout (agotamiento emocional, mental y físico), indicando que se trata de polos opuestos,
definiendo al burnout como una merma o deterioro del engagement, de acuerdo con Schaufeli & Bakker
(2004).

Teoría de los Factores Socioemocionales y Bienestar Psicológico. Se refiere a un grupo de recientes
investigaciones que plantean que los aspectos emocionales y el bienestar psicológico son tan importantes
como las competencias cognitivas. Desde un enfoque integral, el desarrollo socioemocional se refiere a
un conjunto de competencias relacionadas con la identificación, control y manifestación de las
emociones. Se refiere -en otras palabras- a la capacidad para desarrollar relaciones interpersonales
positivas y al manejo constructivo del estrés. Estas capacidades posibilitan que el alumno pueda afrontar
de manera más productiva y adaptativa los requerimientos del medio escolar, permitiendo el
mantenimiento de un clima emocional favorable para el desarrollo del aprendizaje significativo, como
señala la Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning (2020). Por su parte, el bienestar
psicológico ha sido considerado como un estado que involucra variadas dimensiones que involucran
componentes afectivos, cognitivos y de relación social, como, por ejemplo, la satisfacción con la propia
vida, sentir que la vida tiene un propósito, el autoconcepto positivo y la buena calidad de las relaciones
interpersonales, como señalan Ryff (1989) y Ryff & Keyes (1995). En efecto, es de precisar que diversas
investigaciones han comprobado reiteradamente que los alumnos con elevados niveles de bienestar
psicológico presentan mejor ajuste social, asumen con una actitud adecuada sus responsabilidades
académicas y evidencian mejores desempeños académicos, a diferencia de aquellos estudiantes que
presentan problemas emocionales reiterados o crónicos. Desde la óptica de la psicología positiva,
Seligman (2011) postula que el bienestar se estructura en dimensiones como: emociones positivas,
compromisos familiares, relaciones comunitarias, el sentido compartido del propósito de la existencia y
el logro alcanzado realmente. Estas dimensiones favorecen la salud mental y potencian
significativamente los procesos cognitivos asociados significativamente con el aprendizaje académico,
léase atención, concentración, la memoria y ductilidad cognitiva. En este sentido, la denominada
regulación emocional constituye un factor trascendente en el desempeño escolar, al respecto, Gross
(2015) señala que la capacidad para controlar y manejar positivamente las emociones como ansiedad,
frustración y el estrés académico posibilita que el alumno mantenga permanentemente niveles óptimos
pág. 3155
de activación emocional, lo que le posibilita la concentración y resolver problemas de naturaleza
académica. En el ambiente escolar, una deficiente regulación o descontrol emocional se asocian
habitualmente con comportamientos disruptivos, problemas de concentración, procrastinación y bajo
rendimiento. Inversamente, los estudiantes que presentan más competencias en regulación emocional
evidencian mayor perseverancia frente a tareas complejas, muestran mayores niveles de tolerancia a las
situaciones frustrantes y una mayor disponibilidad para realizar aprendizajes autónomos. Es importante
recalcar que el clima escolar y la calidad de las relaciones interpersonales mantenidas regularmente entre
alumnos, docentes, familia y comunidad, conforman el eje central del bienestar psicológico.

Teorías del clima escolar. Recientes investigaciones señalan que un clima escolar positivo, caracterizado
por apoyo emocional, respeto, normas claras y sentido de pertenencia, se asocia significativamente con
mejores niveles de motivación, compromiso y rendimiento académico (Thapa et al., 2013). Las
relaciones positivas con los docentes desempeñan un rol muy importante porque operan como elementos
de protección ante el estrés escolar, permitiendo la internalización consensuada de normas, fortaleciendo
la motivación del discente y estimulando la sana competencia entre pares (Wentzel, 2012). Asimismo,
saber que se cuenta con el apoyo familiar fortalece en el alumno su autoconcepto académico y la
regulación del aprendizaje. Se debe tener en cuenta que el estrés académico y los problemas de ansiedad
y depresión -tan frecuentes en adolescentes- son factores de riesgo que predisponen al bajo rendimiento
escolar. Muchas investigaciones constatan que niveles muy elevados y persistentes de estrés perjudican
el manejo de los procesos cognitivos superiores, como la memoria, la atención, la planificación y el
autocontrol (Diamond, 2013). Es conocido que, tratándose de adolescentes, la persistente exposición a
situaciones de estrés puede generar cansancio académico, baja motivación y deserción escolar. Por esto,
promover o estimular el bienestar socioemocional del educando se considera como una estrategia
fundamental para prevenir déficits y lagunas académicas, consolidando además la resiliencia escolar,
según la OECD (2019) y la UNICEF (2021). Por estas razones se promueve, cada vez más intensamente,
los programas de educación socioemocional por sus comprobados efectos positivos, tanto en el plano
emocional como en el plano académico. Investigaciones llevadas a cabo por Durlak et al. (2011)
evidencian que las intervenciones en el campo socioemocional, por un lado, mejoran las competencias
emocionales y sociales y, por otro lado, determinan incrementos importantes en el desempeño
pág. 3156
académico. Por estas consideraciones, la inclusión integral de la educación socioemocional en el
currículum escolar es una acción que puede contribuir al desarrollo y formación de alumnos más
resilientes, comprometidos con sus estudios y muy competentes desde el punto de vista emocional, lo
que indudablemente debe traducirse en un mejor rendimiento académico y en su bienestar general. En
Latinoamérica, diversos estudios han resaltado la importancia de considerar las condiciones
socioemocionales y contextuales de los estudiantes, especialmente en poblaciones vulnerables, donde el
bienestar psicológico se ve afectado por factores socioeconómicos, familiares y comunitarios,
incidiendo directamente en el rendimiento escolar y en la permanencia educativa.

Teoría ecológica y contextual. Se inspira en los planteamientos de Bronfenbrenner (2005) (teoría
ecológica del desarrollo humano) y considera que el rendimiento escolar está condicionado por factores
familiares, comunitarios y sociales.

Figura 2: Modelo Ecológico

Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_Ecol%C3%B3gica_de_Bronfenbrenner
Al respecto, estudios muy recientes han incorporado nuevos factores como capital cultural, apoyo
familiar y entorno digital en la definición de rendimiento escolar. La teoría ecológica y contextual
plantea que el rendimiento escolar no puede explicarse únicamente por sus capacidades individuales
pág. 3157
(inteligencia, motivación o afán de logro), sino que debe ser entendido como el resultado de la
interacción dinámica entre el individuo y los diferentes ambientes dentro de los que actúa
cotidianamente. Esta noción cuestiona el enfoque reduccionista de la conducta asumiendo una visión
holística. En su modelo ecológico inicial Bronfenbrenner (1979) propuso un esquema que permitía
comprender cómo el medio sociocultural influye en el desarrollo y comportamiento humano,
particularmente en el ámbito educativo y en el rendimiento escolar, Bronfenbrenner concibió el
ambiente como una serie de estructuras que se influyen mutuamente y afectan al individuo ubicado en
el centro. Estos sistemas son:

1. Microsistema: Nivel más cercano al individuo. Incluye los entornos en los que la persona participa
activamente y tiene interacciones cara a cara. Impactan directamente o en el rendimiento escolar:

Familia: Padres, estilos de crianza, comunicación y intervención en las tareas escolares.

Escuela/Aula: Relación docente alumno, métodos de enseñanza, el clima escolar, interacciones
con los compañeros (apoyo, bullying, etc.)

Amigos: Fomentan o desmotivan el interés por los estudios y la dedicación.

2. Mesosistema: Comprende las interconexiones entre los diferentes microsistemas de un sujeto. Es un
sistema de microsistemas. Influye en el rendimiento escolar. Se refiere a la frecuencia y calidad de las
relaciones entre el hogar y la escuela.

3. Exosistema: Designa ambientes en los que el individuo no participa activamente, pero cuyos eventos
lo afectan indirectamente: Rendimiento escolar. Horario laboral de los padres, nivel de estrés, la
seguridad económica, políticas escolares; Redes de apoyo social de la familia.

4. Macrosistema: Es el nivel más grande y abarca patrones culturales, ideologías, sistemas de creencias
y valores de la sociedad en la que vive el individuo, todo cual afecta su rendimiento escolar:

Posteriormente, Bronfenbrenner, junto a Stephen J. Ceci (1994) y Pamela A. Morris (2006), reelaboró
su teoría, denominándola “Modelo Bioecológico del Desarrollo Humano”, actualización en la cual
incorporo dos nuevos componentes:

Cronosistema: Es la dimensión referida al tiempo y la historicidad. Alude a los cambios que ocurren a
lo largo de la historia de una persona dentro de un contexto histórico más amplio: una guerra, una crisis
política o económica, una pandemia, etc., que impacto en el rendimiento escolar: La Inteligencia
pág. 3158
Artificial es un ejemplo ideal del cronosistema que está reconfigurando todos los demás sistemas y
afecta el rendimiento escolar a nivel general.

Componente Biológico: El modelo actualizado pone mayor énfasis en las características biológicas y
personales del individuo (maduración, carácter, capacidades cognitivas, salud, etc.). Se asume que el
sujeto humano no es un receptor pasivo de las influencias ambientales, sino un elemento activo que
influye en su entorno. La interacción es, pues, bidireccional.

CONCLUSIONES

Verificables investigaciones científicas de los últimos años han confirmado reiteradamente que la
disfunción familiar constituye un conocido e importante factor de riesgo para el bajo rendimiento
escolar. Es decir, desde los primeros sistemas teóricos desarrollados por Minuchin (1974) y Olson
(2000), la disfuncionalidad ha sido considerada como una alteración grave que afecta la adaptabilidad,
cohesión y comunicación familiar, factores que obviamente perjudican los procesos de socialización y
desempeño académico.

En este sentido, el modelo de Bronfenbrenner y Morris (2006) considera que la familia es el
microsistema que más influye en el desarrollo académico, afectivo y madurativo del alumno.
Investigaciones recientes reiteran que ambientes familiares conflictivos, con sistemas de comunicación
deficientes y prácticas parentales inadecuadas se asocian con menores logros académicos. En esta línea,
diversos meta-análisis y revisiones sistemáticas recientes reiteran la existencia de una relación inversa
entre la disfunción familiar y el rendimiento académico escolar. Al respecto hay que precisar que un
meta-análisis internacional sobre maltrato y negligencia infantil (2024) evidenció una asociación
negativa significativa entre disfunción severa (abuso, negligencia emocional) y rendimiento académico,
con efectos moderados (r ≈ -0.16 a -0.21), especialmente en las asignaturas de lenguaje y matemáticas,
destacando el rol del clima emocional familiar en el aprendizaje escolar. Asimismo, la investigación de
Shi et al., (2025) halló que la disfunción familiar se asocia negativamente con el rendimiento escolar,
afectando directamente el desempeño académico del escolar. Estudios recientes en educación básica de
Wu et al. (2024) nos informan que los estilos parentales disfuncionales o excesivamente controladores
se asocian con menor rendimiento académico, mientras que la implicación parental positiva actúa como
factor protector, mitigando el impacto pernicioso de los contextos familiares adversos. Además,
pág. 3159
investigaciones europeas recientes (2024) indican que la intervención de la familia influye no solo en el
rendimiento, sino también en el desarrollo socioemocional, el compromiso escolar y la motivación,
variables que influyen en la relación entre contexto familiar y logros académicos, especialmente en
contextos de vulnerabilidad socioeconómica.

En síntesis, el estado del arte actual nos indica que la disfunción familiar afecta el rendimiento escolar,
directa e indirectamente, a través de la regulación emocional, la autoestima, la motivación académica y
el compromiso escolar. Variables como inestabilidad emocional, conflicto familiar y baja cohesión
grupal muestran sus efectos más negativos. Por tanto, la implicación parental directa y positiva, así como
el desarrollo o mantenimiento de una comunicación funcional al interior de la familia operan como
factores protectores de los efectos de la disfuncionalidad, incluso en contextos de pobreza o riesgo
psicosocial.

Perspectivas futuras de la disfuncionalidad familiar en el área educativa

Las tendencias actuales en esta área en particular se dirigen hacia un abordaje integral e intersectorial
del tema, con las siguientes proyecciones:

Incremento de las intervenciones en el campo familiar y escolar, destinadas a fortalecer las competencias
parentales, la comunicación intrafamiliar y la regulación emocional, como procedimientos para mejorar
el rendimiento escolar.

Promover el aprendizaje socioemocional (SEL) y el bienestar estudiantil como recurso para amenguar
los efectos de la disfunción familiar sobre el desempeño académico.

Aplicación de tecnologías educativas y monitoreo temprano para identificar oportunamente estudiantes
en riesgo pertenecientes a contextos familiares disfuncionales.

Estimular la resiliencia académica en contextos marginales lo que plantea desarrollar políticas
orientadas a la reducción de desigualdades y superación de las brechas educativas, según Delprato
(2025).

Resumiendo. La situación actual indica que la disfunción familiar seguirá siendo un determinante crítico
del rendimiento escolar. Sin embargo, si las políticas educativas se orientan hacia modelos preventivos,
verdaderamente integrales y orientados hacia la familia, se podrá -no sólo afrontar- sino superar la
pág. 3160
situación deficitaria, mejorando el entorno familiar, el desempeño académico y, en última instancia, el
desarrollo integral del estudiante.

A partir de la literatura revisada, puede proponerse un modelo integrador que explique la relación entre
disfunción familiar y rendimiento escolar como el resultado de la interacción entre:

Factores de corte individual (salud mental, autorregulación).

Factores de relación sociofamiliar (comunicación, estilos parentales).

Factores económicos estructurales (pobreza, empleo, políticas sociales).

Factores contextuales (relación familia-escuela, cultura).

Factores de tipo intergeneracional (patrones transmitidos).

Este modelo refuerza la necesidad de intervenciones integrales que articulen familia, escuela y políticas
públicas para mitigar los efectos de la disfunción familiar sobre el desempeño académico.

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