EDUCACIÓN AMBIENTAL Y
SOSTENIBILIDAD: EL ROL DEL DOCENTE EN
LA FORMACIÓN DE UNA CIUDADANÍA
AMBIENTAL RESPONSABLE
ENVIRONMENTAL EDUCATION AND SUSTAINABILITY: THE
TEACHER’S ROLE IN SHAPING RESPONSIBLE
ENVIRONMENTAL CITIZENSHIP
Claudia Patricia Leguía Castro
Universidad Popular del Cesar, Colombia
Paula Andrea Pacheco Avendaño
Universidad Popular del Cesar, Colombia
Luis García-Noguera
Universidad Popular del Cesar, Colombia

pág. 4578
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23497
Educación ambiental y sostenibilidad: el rol del docente en la formación de
una ciudadanía ambiental responsable
Claudia Patricia Leguía Castro1
claudialeguia1024@gmail.com
https://orcid.org/0009-0006-2788-7432
Universidad Popular del Cesar, Colombia
Paula Andrea Pacheco Avendaño
paulapapa2410@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-3263-2414
Universidad Popular del Cesar, Colombia
Luis García-Noguera
luisjuancarlos@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-8004-0293
Universidad Popular del Cesar, Colombia
RESUMEN
La crisis ambiental contemporánea demanda repensar los modelos educativos que orientan la relación
entre sociedad y naturaleza. El presente artículo tiene como objetivo reflexionar sobre el papel de la
educación ambiental en la formación de una ciudadanía ética, crítica y responsable, desde una
perspectiva interdisciplinaria y transformadora. Metodológicamente, se desarrolla bajo un enfoque
teórico-reflexivo sustentado en la revisión documental de fuentes académicas recientes y marcos
internacionales. Los resultados evidencian que la educación ambiental trasciende la enseñanza de
contenidos ecológicos, consolidándose como un proceso cultural, político y ético que promueve el
pensamiento crítico, la participación comunitaria y la construcción de valores orientados a la
sostenibilidad. Se concluye que el docente desempeña un rol clave como agente transformador, al
articular teoría y práctica en la formación de ciudadanos comprometidos con el cuidado del entorno.
Palabras clave: educación ambiental; sostenibilidad; ciudadanía; papel del docente; pedagogía crítica
1 Autor principal
Correspondencia: claudialeguia1024@gmail.com

pág. 4579
Environmental education and sustainability: the teacher’s role in shaping
responsible environmental citizenship
ABSTRACT
The contemporary environmental crisis demands a rethinking of educational models that shape the
relationship between society and nature. This article aims to reflect on the role of environmental
education in the formation of ethical, critical, and responsible citizenship from an interdisciplinary and
transformative perspective. Methodologically, it is developed under a theoretical-reflective approach
based on the review of recent academic sources and international frameworks. The results show that
environmental education goes beyond the transmission of ecological content, consolidating itself as a
cultural, political, and ethical process that promotes critical thinking, community participation, and the
construction of values oriented toward sustainability. It is concluded that the teacher plays a key role as
an agent of change by articulating theory and practice in the formation of citizens committed to
environmental care.
Keywords: environmental education; sustainability; citizenship; teacher’s role; critical pedagogy
Artículo recibido 28 febrero 2026
Aceptado para publicación: 28 marzo 2026

pág. 4580
INTRODUCCIÓN
La humanidad atraviesa una crisis ambiental sin precedentes que amenaza la estabilidad de los
ecosistemas y el bienestar social. Entre los desafíos más críticos se encuentran el cambio climático, la
pérdida de biodiversidad, la degradación de los suelos y la contaminación de fuentes hídricas y
atmosféricas (IPCC, 2021; ONU, 2022). A ello se suma el incremento en la generación de residuos
sólidos y la presión sobre los recursos naturales, lo que evidencia la necesidad de respuestas urgentes,
colectivas y transformadoras. En este escenario, la educación se consolida como un eje estratégico para
el cambio, y dentro de ella, la educación ambiental ocupa un lugar privilegiado al promover conciencia
crítica, responsabilidad social y participación ciudadana (UNESCO, 2020; García-Noguera y Vásquez,
2022; Tilbury, 2022).
La educación ambiental no se limita a transmitir información sobre la naturaleza o la gestión de recursos,
sino que constituye un proceso pedagógico integral que articula ciencia, ética y cultura, orientado a
formar ciudadanos capaces de comprender las interacciones entre lo social, lo económico y lo ecológico
(Nieto-Ramos et al., 2025; Novo, 2009; Leff, 2014). Desde la Conferencia de Estocolmo (1972) hasta
la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados en 2015, se ha enfatizado la
necesidad de fortalecer la dimensión ambiental en los procesos educativos, reconociendo que la
supervivencia de las generaciones venideras depende, en gran medida, de la forma en que educamos
hoy (ONU, 2015; UNESCO, 2020).
En las últimas décadas, distintos organismos internacionales y pensadores latinoamericanos han
advertido que la crisis ambiental es también una crisis civilizatoria que cuestiona los modelos de
desarrollo, producción y consumo dominantes. Leff (2022) sostiene que esta crisis representa una
ruptura del vínculo entre conocimiento, ética y naturaleza, y que la educación ambiental debe propiciar
una nueva racionalidad sustentada en el respeto por la vida y la diversidad cultural. En correspondencia
con esta perspectiva, Gadotti (2021) plantea la necesidad de una “pedagogía de la Tierra” que recupere
el sentido de pertenencia y responsabilidad del ser humano frente al planeta. De esta manera, la
educación ambiental deja de ser un componente periférico del currículo para convertirse en un proyecto
cultural, político y espiritual, orientado a la construcción de sociedades más justas y sostenibles (Conza
et al., 2025).

pág. 4581
Bajo este enfoque, el rol docente adquiere un valor decisivo. El maestro es más que un transmisor de
contenidos: es un mediador y facilitador que guía a los estudiantes en la construcción de aprendizajes
significativos. En la educación ambiental, su tarea consiste en propiciar espacios de reflexión crítica,
fomentar la colaboración y promover experiencias que vinculen el conocimiento científico con la acción
transformadora (González-Gaudiano y Arias-Ortega, 2021). Se trata de trascender el aula y lograr que
los estudiantes se apropien de prácticas sostenibles en su vida cotidiana, su comunidad y la sociedad
global.
La sostenibilidad, entendida como el equilibrio entre el desarrollo humano y los límites planetarios,
encuentra en la educación ambiental un aliado estratégico. Formar generaciones conscientes de la
importancia del agua, los bosques y la biodiversidad implica reconocer que cada acción educativa puede
tener un impacto directo en la conservación del entorno (Conza et al., 2025; Rockström et al., 2020). En
este sentido, la escuela se convierte en un escenario privilegiado: allí se siembran valores ético-
ambientales, se promueve la ciudadanía responsable y se desarrollan proyectos que transforman
realidades locales con proyección global (Nieto-Ramos et al., 2025).
En los últimos años, la comunidad científica y educativa ha advertido que los efectos del cambio
climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación ya no son escenarios futuros, sino realidades
que demandan respuestas pedagógicas inmediatas (IPCC, 2023). Por ello, la educación ambiental no
solo informa, sino que forma: orienta actitudes, comportamientos y compromisos hacia la sostenibilidad
(Conza et al., 2025). Las instituciones educativas tienen la oportunidad de convertirse en espacios de
investigación, acción y transformación donde el conocimiento se construye desde la experiencia y la
colaboración.
A nivel internacional, los acuerdos globales como la COP27 y la COP28 han reforzado la importancia
de la educación como instrumento de acción climática. Colombia, al ratificar estos compromisos, ha
impulsado el fortalecimiento de los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) y la Agenda 21 Escolar
como herramientas de participación que permiten contextualizar la sostenibilidad al territorio. Desde
esta perspectiva, la escuela puede traducir esos acuerdos internacionales en aprendizajes reales y
acciones locales de impacto, contribuyendo así a la consolidación de una ciudadanía ambiental activa.

pág. 4582
De manera adicional, la pandemia de la COVID-19 también reveló la necesidad de repensar la educación
en clave ambiental. El confinamiento evidenció la fragilidad de nuestros sistemas naturales y sociales,
pero al mismo tiempo impulsó procesos innovadores: el uso de herramientas digitales, el aprendizaje
híbrido y las redes de colaboración virtuales. Estas experiencias demostraron que es posible una
educación ambiental más flexible, inclusiva y conectada con la realidad global. En la actualidad, el
desafío consiste en integrar estas prácticas digitales a las metodologías participativas, promoviendo una
alfabetización ecológica y tecnológica de manera simultánea (UNESCO, 2023).
En consecuencia, el papel del docente se consolida como un elemento transformador. En medio de los
desafíos ecológicos, tecnológicos y sociales contemporáneos, el maestro se posiciona como agente de
cambio y constructor de conciencia ambiental colectiva (Angulo Mantilla et al., 2025), capaz de
transformar el aula en un espacio de diálogo, acción y esperanza (Caride y Meira, 2020). Desde esta
perspectiva, la educación ambiental se entiende no solo como una herramienta para transmitir
conocimientos, sino como una vía para reconstruir la relación ética entre humanidad y naturaleza, base
indispensable para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y avanzar hacia la justicia ecológica
global (Caicedo Hurtado et al., 2025).
El presente artículo, titulado “Educación ambiental y sostenibilidad: el rol del docente en la formación
de una ciudadanía ambiental responsable”, propone un análisis reflexivo sobre la importancia de la
educación ambiental en el contexto escolar y su relación con la sostenibilidad. En este sentido, se
abordan los fundamentos teóricos que han acompañado su evolución, destacando aportes de autores y
corrientes clave; se profundiza en el papel del docente como actor central en la formación de ciudadanos
ambientalmente responsables; se examinan los principales desafíos institucionales y sociales que
enfrentan los procesos educativos ambientales; y, finalmente, se plantean estrategias pedagógicas que
buscan articular la educación con las demandas actuales de la sociedad y con los compromisos
internacionales en materia de sostenibilidad (Conza et al., 2025).
Con ello, se busca no solo visibilizar la urgencia de fortalecer la educación ambiental en la escuela, sino
también resaltar su potencial como motor de cambio hacia una cultura más justa, solidaria y respetuosa
de la vida en todas sus formas. De esta manera, este trabajo constituye un aporte académico que, desde
la reflexión crítica, invita a repensar el papel del docente en la construcción de un futuro sostenible en

pág. 4583
los ámbitos local, nacional e internacional, aportando a la consolidación de una educación ambiental
transformadora.
METODOLOGÍA
El presente artículo se desarrolla bajo un enfoque teórico–reflexivo, orientado a analizar el papel de la
educación ambiental en la formación de una ciudadanía responsable y comprometida con la
sostenibilidad. La construcción del texto se sustentó en una revisión documental de fuentes académicas
y normativas publicadas entre 2021 y 2025, complementadas con autores clásicos y contemporáneos de
referencia en el campo, como Sauvé, Gadotti, Morin, Leff, Tilbury, Novo y González-Gaudiano.
La metodología empleada privilegia la interpretación crítica de los discursos y tendencias actuales de la
educación ambiental, a partir del análisis de marcos conceptuales, informes internacionales y
experiencias pedagógicas relevantes. A partir de este análisis, fue posible establecer conexiones entre la
teoría, la práctica docente y los compromisos globales asumidos en la Agenda 2030 y los Objetivos de
Desarrollo Sostenible (ODS).
Bajo este enfoque, el artículo no pretende presentar resultados empíricos, sino ofrecer una reflexión
sustentada en la integración de saberes pedagógicos, éticos y ambientales. En este marco, su propósito
es contribuir al debate académico y educativo sobre la construcción de una pedagogía ambiental crítica,
transformadora y contextualizada, que responda a los desafíos socioambientales contemporáneos y
promueva una ciudadanía ecológicamente consciente.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La educación ambiental ha evolucionado como respuesta a la creciente preocupación por la crisis
ecológica global y la necesidad de replantear la relación entre humanidad y naturaleza. Desde la
Conferencia de Estocolmo (1972) hasta la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015),
se ha consolidado como un eje central en las políticas educativas y ambientales (ONU, 2015; UNESCO,
2020). Este recorrido evidencia que no se trata únicamente de un campo académico, sino de una
propuesta transformadora que busca integrar ciencia, ética y cultura en la formación de una ciudadanía
crítica y responsable (Nieto-Ramos et al., 2025; García-Noguera et al., 2024).
La educación ambiental, en su evolución, ha transitado de ser una preocupación marginal para
consolidarse como una estrategia global para el desarrollo humano sostenible. Su génesis se remonta a

pág. 4584
los movimientos sociales y científicos de los años sesenta y setenta, cuando comenzó a reconocerse la
interdependencia entre los sistemas ecológicos y los modos de vida humanos. Desde entonces,
conferencias internacionales como Belgrado (1975), Tbilisi (1977) y Río de Janeiro (1992) marcaron
hitos en la conceptualización y proyección de la educación ambiental, definiendo principios que hoy
siguen vigentes: interdisciplinariedad, participación y responsabilidad ética.
En las últimas décadas, la convergencia entre la Educación Ambiental (EA) y la Educación para el
Desarrollo Sostenible (EDS) ha dado lugar a una nueva perspectiva que integra justicia ambiental,
equidad intergeneracional y bienestar social. Este enfoque reconoce que los problemas ecológicos no
pueden separarse de las estructuras económicas y culturales que los generan, y que la sostenibilidad solo
es posible si se fortalecen las capacidades ciudadanas para la toma de decisiones informadas y la acción
colectiva (Caride y Meira, 2020; Boff, 2021).
En América Latina, autores como González-Gaudiano, Gadotti y Leff han resaltado la importancia de
una educación ambiental crítica, emancipadora y contextualizada. Esta visión latinoamericana incorpora
el diálogo de saberes, la interculturalidad y el reconocimiento de los pueblos originarios como actores
clave en la construcción de la sostenibilidad (Morán et al., 2025). La educación ambiental, desde esta
mirada, no es solo un campo de estudio, sino un proceso de transformación social y política que busca
justicia ecológica y social (Leff, 2022; Gadotti, 2021).
La educación ambiental no se ha desarrollado de manera homogénea; su evolución ha estado guiada por
diversas corrientes epistemológicas que orientan las formas de comprender y enseñar la relación entre
el ser humano y la naturaleza. Reconocer estas corrientes permite comprender la riqueza y complejidad
del campo, así como la necesidad de articular enfoques múltiples en la práctica educativa.
Surge en los años setenta con un fuerte énfasis en la conservación de los recursos naturales. Su objetivo
principal es sensibilizar a la población sobre la importancia del entorno y promover comportamientos
de protección ambiental. Aunque fue un punto de partida esencial, se ha criticado por su enfoque
limitado, centrado en lo biológico y poco en lo social.
Inspirada en los planteamientos de Capra y Morin, esta corriente propone una visión holística del mundo.
Comprende el ambiente como un sistema interconectado de relaciones biológicas, sociales, económicas

pág. 4585
y culturales. Desde esta mirada, la educación ambiental promueve el pensamiento complejo y la
comprensión de los problemas en su totalidad, evitando reduccionismos (Morin, 1999).
Desarrollada principalmente en América Latina, pone el acento en las dimensiones de poder,
desigualdad y justicia ambiental. Leff (2014) sostiene que el conocimiento ambiental debe ser un
instrumento para la emancipación social y para la construcción de una nueva racionalidad basada en la
ética de la vida. Esta corriente busca que la educación ambiental sea una herramienta política para
transformar estructuras injustas y promover la participación ciudadana.
Defendida por Gadotti (2021) y Boff (2021), plantea que la educación ambiental debe ser también un
acto ético y espiritual. La “pedagogía de la Tierra” invita a formar seres humanos sensibles, solidarios
y conscientes de su pertenencia al planeta. Desde esta perspectiva, el proceso educativo se convierte en
una práctica del cuidado y de la esperanza, en consonancia con el pensamiento de la ecopedagogía y la
educación humanista.
Estas corrientes no son excluyentes, sino complementarias. Integrarlas en los procesos educativos
permite que la educación ambiental transite del conocimiento a la acción, del discurso a la práctica, y
de la conciencia individual a la responsabilidad colectiva (Meléndez Madroñero et al., 2022).
Uno de los debates teóricos más relevantes se centra en la diferencia entre educación ambiental (EA) y
educación para el desarrollo sostenible (EDS). Ambas comparten propósitos orientados a la
transformación social y cultural, pero presentan matices que enriquecen la discusión académica. Para
clarificar estas diferencias y complementariedades, se presenta a continuación un cuadro comparativo.

pág. 4586
Tabla 1
Educación Ambiental vs. Educación para el Desarrollo Sostenible
Dimensión Educación Ambiental (EA) Educación para el Desarrollo
Sostenible (EDS)
Enfoque principal Conciencia crítica sobre la
relación ser humano–
naturaleza.
Integración de lo social,
económico y ambiental.
Objetivo Transformar la percepción y
conducta hacia el ambiente.
Promover un modelo de
desarrollo equilibrado y
sostenible.
Estrategias Sensibilización, proyectos
locales, prácticas comunitarias.
Vinculación con agendas
internacionales (ODS,
UNESCO).
Autores clave Novo (2009), Leff (2014),
Sauvé (2020).
Tilbury (2022), UNESCO
(2020), Barth et al. (2021).
Perspectiva pedagógica Interdisciplinaria, ética,
axiológica.
Transdisciplinaria, orientada a
políticas globales.
Resultado esperado Ciudadanía ambiental
responsable
Ciudadanía
global
sostenible.
Fuente: elaboración propia.
Este contraste permite comprender que la educación ambiental aporta la conciencia crítica y el vínculo
con la naturaleza, mientras que la EDS fortalece la conexión con agendas internacionales y políticas
públicas (Angulo Castro et al., 2025). En consecuencia, no deben entenderse como propuestas
excluyentes, sino como enfoques complementarios que, al integrarse, potencian la formación de
ciudadanos capaces de actuar localmente con una mirada global.
Por otra parte, los fundamentos teóricos también resaltan el papel de los valores ético-ambientales, la
interdisciplinariedad y la vocación transformadora de la educación. Autores como Morin (1999/2000)

pág. 4587
proponen superar la fragmentación del conocimiento mediante la transdisciplinariedad, mientras que
estudios recientes subrayan la necesidad de formar competencias para la resiliencia ecológica en
contextos de incertidumbre (Sauvé, 2020; Barth et al., 2021).
En síntesis, la educación ambiental debe entenderse como un proceso integral, ético y participativo, que
busca no solo transmitir información, sino empoderar a las nuevas generaciones para transformar
realidades sociales y ecológicas en concordancia con los desafíos globales de la sostenibilidad (Morán
et al., 2025).
El docente desempeña un papel decisivo en la construcción de una conciencia ambiental crítica. Su
función trasciende la transmisión de información y se orienta hacia la formación de ciudadanos capaces
de comprender, valorar y transformar su entorno. En este marco, el profesor se convierte en mediador,
facilitador y referente ético, capaz de guiar experiencias de aprendizaje significativas que articulen
conocimiento científico, cultura y acción transformadora (Sauvé, 2020; González-Gaudiano y Arias-
Ortega, 2021).
La mediación pedagógica es fundamental para vincular la teoría con la práctica. El maestro debe
propiciar espacios de reflexión crítica, fomentar el diálogo y motivar el trabajo colaborativo. Más que
transmitir contenidos acabados, acompaña procesos de indagación y acción en los que los estudiantes
construyen saberes a partir de sus contextos y problemáticas reales (Barth et al., 2021).
Asimismo, en su rol de facilitador, promueve experiencias que trascienden el aula, integrando la
comunidad y el territorio en el proceso formativo. De esta manera, la educación ambiental se convierte
en una práctica viva que impacta tanto en la escuela como en el entorno social. El docente actúa como
puente entre la ciencia y la experiencia cotidiana, convirtiendo cada proyecto en una oportunidad para
desarrollar pensamiento crítico y sentido ético.
El fortalecimiento de la educación ambiental depende, en gran medida, de la calidad de la formación
docente. En la etapa inicial, las facultades de educación deben garantizar programas que integren
contenidos ambientales con enfoques pedagógicos interdisciplinarios y metodologías activas. Sin
embargo, en muchos casos, los currículos de formación docente abordan la temática ambiental de
manera superficial o desconectada de los contextos territoriales.

pág. 4588
Como señalan Novo (2009) y González-Gaudiano (2021), formar docentes ambientalmente competentes
requiere superar los modelos tradicionales y promover una visión crítica, ética y contextualizada. La
formación continua, por su parte, debe ofrecer espacios de actualización y reflexión sobre problemáticas
emergentes como el cambio climático, la justicia ambiental o la educación energética, permitiendo a los
maestros replantear sus prácticas pedagógicas desde una perspectiva sostenible (Morán et al., 2025).
En Colombia, los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) y los programas de formación del
Ministerio de Educación Nacional (MEN, 2022) representan esfuerzos valiosos para consolidar una red
de docentes líderes en sostenibilidad. No obstante, aún se requiere mayor inversión en capacitación,
recursos y acompañamiento pedagógico para garantizar procesos duraderos de transformación
educativa.
Para que la educación ambiental sea efectiva, el docente requiere un conjunto de competencias que
integren aspectos didácticos, éticos e innovadores. A continuación, se presenta en la Tabla 2, un cuadro
que resume estas competencias y ofrece ejemplos de aplicación en el aula:
Tabla 2
Competencias pedagógicas del docente ambiental
Competencia Descripción Ejemplo en la práctica
Didáctica ambiental Diseñar experiencias de
aprendizaje contextualizadas y
críticas.
Proyecto escolar sobre el ciclo
del agua en la comunidad local.
Interdisciplinariedad Articular contenidos de diversas
áreas del conocimiento en torno
a problemas ambientales
Integrar biología y ciencias
sociales para analizar la
deforestación y sus impactos
comunitarios.
Innovación pedagógica Incorporar metodologías activas
y recursos digitales.
Uso de simuladores digitales
para estudiar escenarios de
cambio climático.

pág. 4589
Dimensión ética y axiológica Transmitir valores de respeto,
solidaridad y justicia ambiental.
Debates en clase sobre consumo
responsable y equidad
intergeneracional.
Fuente: Elaboración propia a partir de Novo (2009), Morin ((1999/2000)), UNESCO (2020), González-Gaudiano y Arias-
Ortega (2021).
Las prácticas pedagógicas en educación ambiental se fundamentan en metodologías activas que
involucran al estudiante como protagonista. Estrategias como el aprendizaje basado en proyectos, la
investigación escolar, las huertas comunitarias, el reciclaje o la conservación de cuencas permiten
conectar el conocimiento con la acción (UNESCO, 2020).
Entre las metodologías con mejores resultados destacan el aprendizaje basado en proyectos con
propósito público, la investigación-acción escolar y el aprendizaje-servicio, que conectan contenidos
curriculares con necesidades reales del entorno. Estas estrategias, además de fortalecer competencias
científicas y ciudadanas, consolidan hábitos sostenibles y sentido de pertenencia.
De igual manera, la incorporación de recursos digitales, audiovisuales y comunitarios favorece la
innovación pedagógica. Experiencias como el programa “Escuelas Verdes” en América Latina han
demostrado que, cuando los docentes lideran proyectos con impacto ambiental, los estudiantes
desarrollan competencias ciudadanas y hábitos sostenibles (Tilbury, 2022).
En la actualidad, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se han convertido en
aliadas clave de la educación ambiental. Plataformas interactivas, simuladores, documentales y redes de
colaboración permiten ampliar el alcance del aprendizaje ecológico, favoreciendo la alfabetización
digital y ambiental simultáneamente. Según UNESCO (2023), el uso crítico y creativo de las TIC
fomenta una ciudadanía ambiental global y conectada, capaz de comprender las problemáticas locales
desde una visión planetaria.
El rol docente en la educación ambiental puede comprenderse en diversas dimensiones, entre ellas su
función como mediador y facilitador de aprendizajes, diseñador de prácticas pedagógicas
transformadoras, promotor de procesos de investigación y participación comunitaria, integrador de TIC
y metodologías activas, y referente ético en la formación de valores ambientales.

pág. 4590
Por consiguiente, el docente no solo enseña sobre el ambiente, sino que inspira un compromiso social,
cultural y ético hacia la sostenibilidad, convirtiéndose en un verdadero motor de cambio en la escuela y
en la comunidad.
La educación ambiental, a pesar de su creciente relevancia en la agenda internacional, continúa
enfrentando limitaciones que obstaculizan su implementación efectiva. Diversos estudios muestran que,
aunque los marcos normativos y curriculares reconocen su importancia, en la práctica persisten barreras
institucionales, curriculares y sociales que reducen su alcance (González-Gaudiano y Arias-Ortega,
2021; Sauvé, 2020).
Si bien los documentos internacionales, como la Agenda 2030, promueven la educación ambiental como
eje para la sostenibilidad, muchas instituciones educativas limitan su aplicación a actividades aisladas
como campañas de reciclaje o celebraciones ambientales (UNESCO, 2020). Esta reducción fragmenta
su sentido transformador y genera una distancia significativa entre el discurso oficial y la práctica
cotidiana en las aulas (Sauvé, 2020).
La desconexión entre los planes estratégicos y las prácticas escolares concretas evidencia que aún
prevalece una visión instrumental de la educación ambiental. Se asume como complemento decorativo
del currículo, y no como una dimensión transversal del proyecto educativo institucional. Para superar
esta brecha, se requiere fortalecer la coherencia entre políticas públicas, formación docente y proyectos
pedagógicos, garantizando continuidad y evaluación de impacto (Tilbury, 2022).
Uno de los principales problemas es la carencia de recursos financieros y pedagógicos para consolidar
proyectos ambientales sostenidos. Según González-Gaudiano y Arias-Ortega (2021), la falta de
capacitación docente y la sobrecarga curricular impiden que la educación ambiental se convierta en un
eje transversal. A ello se suma la rigidez disciplinaria de los currículos, lo cual dificulta el abordaje
integral de problemas socioambientales complejos (Barth et al., 2021).
Por otra parte, la presión de las evaluaciones estandarizadas conduce a priorizar aprendizajes
instrumentales sobre procesos formativos orientados a la ética y la ciudadanía ambiental. Este escenario
limita la innovación pedagógica y reduce la posibilidad de implementar metodologías participativas que
promuevan pensamiento crítico y acción comunitaria (Tilbury, 2022).

pág. 4591
En muchos contextos, los docentes que desean liderar proyectos ambientales deben hacerlo sin
incentivos institucionales o con recursos mínimos, lo que genera desgaste y desmotivación. La falta de
articulación entre los niveles de gestión directiva y pedagógica agrava la fragmentación de las
experiencias, impidiendo que las buenas prácticas se consoliden como parte de la cultura escolar.
El contexto social también condiciona la efectividad de la educación ambiental. En regiones donde
predominan la pobreza y la desigualdad, la sostenibilidad suele verse como un objetivo secundario frente
a las necesidades básicas de supervivencia (ONU, 2022). Tal situación explica por qué las comunidades
pueden mostrar resistencia a programas educativos que no se articulan con mejoras tangibles en su
calidad de vida (Gómez-Lee y Ramírez, 2021).
Además, la escasa participación comunitaria y el debilitamiento del tejido social dificultan la
apropiación de proyectos ambientales. Las iniciativas escolares no pueden sostenerse sin el compromiso
de las familias, las organizaciones locales y las autoridades territoriales. En este sentido, la educación
ambiental debe articularse con procesos de desarrollo local y gestión participativa del territorio.
En el caso colombiano, la educación ambiental cuenta con un marco normativo robusto, pero enfrenta
dificultades en su aplicación. Desde la Política Nacional de Educación Ambiental (1994) y el Decreto
1743 de 1994, se promueve la incorporación del componente ambiental en todos los niveles educativos,
orientando la creación de los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) y Proyectos Ciudadanos de
Educación Ambiental (PROCEDA).
Sin embargo, como advierte el Ministerio de Educación Nacional (MEN, 2022), muchas instituciones
aún implementan estos proyectos como actividades esporádicas o extracurriculares, sin integrarlos de
manera estructural al currículo. Los PRAE suelen depender de la iniciativa de algunos docentes y
carecen de seguimiento, evaluación y financiación permanente.
La política educativa colombiana actual propone un enfoque de “Educación Ambiental para la
Sostenibilidad”, que busca articular las agendas educativas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) y los planes territoriales de desarrollo. No obstante, los informes del Ministerio de Ambiente
(2023) señalan la necesidad de fortalecer la coordinación interinstitucional y de ofrecer formación
continua a los educadores para hacer efectivos los principios de transversalidad, interdisciplinariedad y
participación ciudadana.

pág. 4592
En este sentido, la educación ambiental en Colombia enfrenta el reto de pasar de la normatividad a la
transformación cultural. Las políticas deben traducirse en prácticas pedagógicas significativas,
sostenibles y con sentido territorial, que fortalezcan la identidad ambiental de las comunidades y el
liderazgo docente como agentes de cambio.
En América Latina, y particularmente en Colombia, los problemas ambientales deforestación,
contaminación hídrica, minería extractiva y pérdida de biodiversidad intensifican la urgencia de
procesos educativos coherentes con la realidad territorial. Sin embargo, la débil articulación entre
políticas ambientales, sociales y educativas limita la capacidad transformadora de la escuela (Gómez-
Lee y Ramírez, 2021).
Rockström et al. (2020) plantean que adaptar las agendas globales a contextos locales es uno de los
mayores desafíos para lograr la sostenibilidad. Para ello, se requiere una educación ambiental
contextualizada, que aborde los obstáculos y limitaciones de la educación ambiental (ver Tabla 3), parta
del conocimiento del territorio y promueva soluciones colaborativas basadas en el diálogo entre ciencia,
cultura y comunidad.
Tabla 3
Principales obstáculos de la educación ambiental y sus implicaciones
Obstáculo Descripción Implicaciones educativas
Brecha teoría–práctica Se plantean objetivos
ambiciosos en documentos,
pero se reducen a actividades
puntuales.
Dificultad para consolidar
aprendizajes significativos y
sostenibles.
Limitaciones institucionales Escasez de recursos,
infraestructura y formación
docente.
Proyectos ambientales
fragmentados o discontinuos.
Fragmentación curricular Poca integración
interdisciplinaria debido a
planes de estudio rígidos.
Imposibilidad de abordar
problemas ambientales de
manera integral.

pág. 4593
Condiciones sociales
adversas
Desigualdad, pobreza y falta de
servicios básicos.
Escasa apropiación de
prácticas sostenibles.
Débil articulación de
políticas
Desconexión entre agendas
educativas y ambientales.
Bajo impacto de los proyectos
escolares en las comunidades.
Fuente: Elaboración propia a partir de Sauvé (2020), González-Gaudiano y Arias-Ortega (2021),
Gómez-Lee y Ramírez (2021), ONU (2022), Rockström et al. (2020).
Los desafíos de la educación ambiental no se reducen a la falta de iniciativas, sino a la ausencia de
coherencia entre políticas, prácticas y contextos sociales. Para que la educación ambiental cumpla su
misión transformadora, se requiere superar la brecha entre el discurso y la práctica, fortalecer la
formación docente, flexibilizar los currículos y, sobre todo, vincular la sostenibilidad con la justicia
social y la equidad (Tilbury, 2022; UNESCO, 2020).
Solo cuando la educación ambiental logre consolidarse como un proyecto ético, político y cultural,
anclado en los territorios y liderado por docentes comprometidos, podrá generar verdaderos procesos de
cambio hacia una ciudadanía ambiental crítica, solidaria y sostenible.
Frente a los desafíos señalados, la brecha entre discurso y práctica, la rigidez curricular y la falta de
coherencia institucional surge la necesidad de transformar la educación ambiental desde la acción
pedagógica. La superación de estos obstáculos no puede depender únicamente de políticas o normativas,
sino de estrategias educativas que integren ciencia, valores y participación ciudadana. En este sentido,
las prácticas pedagógicas deben orientarse hacia la construcción de aprendizajes significativos que
vinculen el conocimiento con la vida cotidiana y con los problemas reales del territorio. La escuela,
como espacio de innovación y diálogo, tiene el potencial de convertirse en un laboratorio de
sostenibilidad donde estudiantes, docentes y comunidad construyan conjuntamente alternativas frente a
la crisis ambiental. Así, las estrategias pedagógicas que se presentan a continuación constituyen un
horizonte de posibilidades para resignificar la enseñanza, fortalecer la ética del cuidado y promover una
ciudadanía activa, crítica y comprometida con el bienestar común y el equilibrio ecológico.
La educación ambiental, para ser efectiva, requiere trascender el discurso y traducirse en prácticas
concretas que integren escuela, comunidad y territorio. Numerosos estudios subrayan que las estrategias
pedagógicas más exitosas son aquellas que combinan la reflexión crítica con la acción transformadora,

pág. 4594
generando aprendizajes significativos y sostenibles (UNESCO, 2020; Tilbury, 2022). En este sentido,
los proyectos escolares, la articulación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y las
experiencias innovadoras constituyen caminos fundamentales para fortalecer la formación ciudadana
ambiental.
Los proyectos escolares son un recurso privilegiado para vincular el conocimiento científico con la
acción comunitaria. Experiencias como las huertas escolares, los programas de reciclaje, la conservación
de cuencas o la educación para el consumo responsable permiten que los estudiantes desarrollen
competencias cognitivas, sociales y éticas al mismo tiempo (González-Gaudiano y Arias-Ortega, 2021).
De acuerdo con Sauvé (2020), el aprendizaje se consolida cuando los estudiantes participan activamente
en proyectos que inciden en su entorno inmediato. Estos espacios no solo fortalecen el sentido de
pertenencia y responsabilidad ambiental, sino que también promueven la participación comunitaria,
integrando a familias y actores locales.
En el contexto latinoamericano, experiencias como el programa “Escuelas Verdes” en Brasil, impulsado
por el Instituto Ecoar para la Ciudadanía, muestran que la gestión ambiental escolar puede generar
impactos sostenibles cuando se integran la acción ecológica, la participación estudiantil y la gestión
institucional. En Colombia, los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) se han convertido en una
herramienta clave para dinamizar la educación ambiental territorial. En regiones como el Magdalena, el
Eje Cafetero y Antioquia, las escuelas rurales han liderado campañas de reforestación, ahorro del agua,
huertas agroecológicas y acciones de restauración ecológica comunitaria.
Estos proyectos, al ser diseñados con metodologías participativas, promueven el liderazgo juvenil y la
corresponsabilidad social, pilares esenciales para alcanzar los ODS. Además, contribuyen a que los
estudiantes comprendan que su entorno inmediato forma parte de un sistema más amplio, donde cada
acción tiene repercusiones en la comunidad y en el planeta.
La Agenda 2030 ofrece un marco universal que facilita orientar las acciones educativas hacia la
sostenibilidad. El ODS 4 (educación de calidad), el ODS 13 (acción por el clima), el ODS 14 (vida
submarina) y el ODS 15 (vida de ecosistemas terrestres) son particularmente relevantes para la
educación ambiental (ONU, 2015).

pág. 4595
La incorporación de los ODS al currículo escolar posibilita que los estudiantes comprendan la dimensión
global de los problemas ambientales y reconozcan que sus acciones locales están conectadas con
procesos internacionales (Barth et al., 2021). Esta articulación fortalece la noción de ciudadanía global
y promueve un sentido de corresponsabilidad (Ver Tabla 4).
Tabla 4
Estrategias pedagógicas y su articulación con los ODS
Estrategia
pedagógica
Descripción ODS vinculados Impacto esperado
Huertas escolares Espacios de cultivo
sostenible que enseñan
sobre biodiversidad,
alimentación
saludable y economía
solidaria.
ODS 2 (Hambre cero),
ODS 12 (Producción y
consumo
responsables).
Promueve hábitos
alimenticios
sostenibles y
valoración de la
biodiversidad.
Programas de
reciclaje y economía
circular
Clasificación,
reducción y
reutilización de
residuos dentro de la
escuela.
ODS 11 (Ciudades
sostenibles), ODS 12.
Disminuye la huella
ecológica escolar y
fomenta hábitos de
consumo responsable.
Conservación de
cuencas y fuentes
hídricas
Proyectos de
monitoreo y cuidado
del agua en contextos
locales.
ODS 6 (Agua limpia y
saneamiento), ODS
15.
Refuerza la conciencia
sobre la importancia
del recurso hídrico.
Uso de TIC para la
educación ambiental
Plataformas digitales,
simuladores y redes
sociales educativas.
ODS 4 (Educación de
calidad), ODS 13
(Acción por el clima).
Facilita aprendizajes
innovadores y conecta
a estudiantes con
realidades globales.

pág. 4596
Proyectos artísticos y
culturales
Obras de teatro,
murales o canciones
con mensajes
ambientales.
ODS 16 (Paz, justicia
e instituciones
sólidas), ODS 17
(Alianzas).
Vincula la dimensión
cultural a la educación
ambiental,
promoviendo la
creatividad.
Fuente: Elaboración propia a partir de UNESCO (2020), Tilbury (2022), González-Gaudiano y Arias-Ortega (2021).
La innovación pedagógica es otro componente esencial. En varios países latinoamericanos, programas
como EcoEscuelas, Escuelas Verdes, o iniciativas asociadas a la Agenda 21 Escolar han demostrado que
la combinación de ciencia, cultura y comunidad produce transformaciones significativas en los hábitos
ambientales de los estudiantes (Gómez-Lee y Ramírez, 2021).
Tilbury (2022) resalta que las experiencias más innovadoras son aquellas que integran metodologías
activas —aprendizaje basado en proyectos, servicio comunitario, investigación-acción— con el uso de
recursos digitales y artísticos. Estas propuestas no solo enriquecen el proceso de enseñanza-aprendizaje,
sino que también despiertan el interés de los estudiantes al vincular lo ambiental con expresiones
creativas, culturales y tecnológicas.
La educación ambiental, en este contexto, debe concebirse como una práctica pedagógica flexible, que
responda a los intereses del estudiante y a las problemáticas del entorno. La integración de recursos
audiovisuales, narrativas digitales y redes colaborativas virtuales ha permitido, por ejemplo, que
estudiantes rurales participen en proyectos de investigación climática junto a escuelas urbanas. Este
intercambio de saberes amplía la comprensión del territorio y fortalece el sentido de comunidad global.
Asimismo, la educación artística ambiental se presenta como una estrategia potente para sensibilizar
emocionalmente a los estudiantes. El arte, el teatro, la música o la poesía ecológica permiten reconstruir
el vínculo afectivo con la naturaleza, generando una conciencia más profunda y duradera. Este tipo de
estrategias contribuye a desarrollar empatía ambiental, imaginación y pensamiento crítico, capacidades
necesarias para la transformación social.
Más allá del aula, la educación ambiental adquiere sentido cuando se conecta con la cultura y la vida
cotidiana. En América Latina, las prácticas de sostenibilidad se entrelazan con las cosmovisiones

pág. 4597
indígenas, afrodescendientes y campesinas, que conciben la naturaleza como sujeto de derechos y no
como recurso. Integrar estos saberes en la escuela enriquece los procesos pedagógicos y fomenta una
educación ambiental intercultural, basada en el respeto y el diálogo de saberes (Leff, 2022).
La escuela puede convertirse en un eje articulador entre conocimiento científico y sabiduría tradicional,
mediante proyectos que rescaten prácticas ancestrales de cultivo, conservación de semillas, manejo del
agua y reforestación. Esta perspectiva fortalece la identidad cultural y territorial, promoviendo una
sostenibilidad arraigada en la experiencia comunitaria.
La educación ambiental, entendida desde la comunidad, impulsa también procesos de justicia ambiental
y participación social (Bonilla Acevedo et al., 2025). Cuando la escuela abre sus puertas a las
organizaciones locales, los proyectos trascienden el plano educativo y se transforman en acciones
colectivas de transformación del territorio: jornadas de limpieza, campañas contra la contaminación, o
creación de viveros comunitarios. En este diálogo entre escuela y sociedad, el aprendizaje se convierte
en acción transformadora.
Con base en los aportes teóricos y las experiencias revisadas, se sugieren cinco líneas de acción
prioritarias para fortalecer la educación ambiental en las escuelas:
• Transversalidad curricular: integrar el componente ambiental en todas las áreas del
conocimiento, no como asignatura aislada, sino como eje articulador de la formación ciudadana.
• Formación docente continua: garantizar programas de capacitación y redes de aprendizaje entre
maestros, que fortalezcan sus competencias pedagógicas, ambientales y tecnológicas.
• Participación comunitaria: involucrar a familias, instituciones, organizaciones sociales y actores
locales en los proyectos escolares, fortaleciendo la gestión territorial del conocimiento.
• Innovación metodológica: promover metodologías activas, el uso de TIC y el trabajo
interdisciplinario, fomentando la creatividad y el pensamiento crítico.
• Evaluación transformadora: implementar sistemas de seguimiento cualitativo que valoren
actitudes, participación y compromiso ambiental, más allá del rendimiento académico.

pág. 4598
CONCLUSIONES
La educación ambiental se consolida como una estrategia fundamental para afrontar la crisis
socioambiental contemporánea, al promover no solo la adquisición de conocimientos, sino la
transformación de valores, actitudes y prácticas orientadas hacia la sostenibilidad. Su carácter ético,
interdisciplinario y formativo la posiciona como un eje clave en la construcción de una ciudadanía
crítica, solidaria y ambientalmente responsable.
En este marco, los fundamentos teóricos analizados evidencian que la educación ambiental y la
educación para el desarrollo sostenible constituyen enfoques complementarios que convergen en la
formación de sujetos capaces de comprender la interdependencia entre sociedad y naturaleza. Esta
articulación permite fortalecer una visión educativa orientada tanto a la conciencia ecológica como a la
acción transformadora en contextos locales y globales.
Asimismo, se reafirma que el rol del docente es determinante en estos procesos. Más allá de la
transmisión de contenidos, el maestro se configura como mediador, facilitador y agente de cambio, capaz
de promover el pensamiento crítico, la participación y el compromiso ambiental. Su práctica
pedagógica, sustentada en la interdisciplinariedad, la innovación y la dimensión ética, resulta esencial
para consolidar procesos educativos significativos y contextualizados.
Por otra parte, los desafíos identificados evidencian la persistencia de brechas entre el discurso
institucional y la práctica educativa, así como limitaciones asociadas a factores curriculares,
institucionales y sociales. Superar estas dificultades implica fortalecer la formación docente, flexibilizar
los currículos y promover una mayor articulación entre la escuela, la comunidad y las políticas públicas.
Finalmente, las estrategias pedagógicas analizadas demuestran que la educación ambiental alcanza
mayor impacto cuando se vincula con experiencias significativas del entorno, integrando metodologías
activas, participación comunitaria y el uso de tecnologías. En este sentido, la escuela se consolida como
un espacio de transformación social, capaz de formar ciudadanos comprometidos con la sostenibilidad
y con la construcción de un futuro más justo y equilibrado.

pág. 4599
DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses en la elaboración, desarrollo y publicación del
presente artículo.
AGRADECIMIENTOS
Los autores expresan su agradecimiento a la Maestría en Pedagogía Ambiental para el Desarrollo
Sostenible de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, por el proceso de formación, el
acompañamiento académico y el apoyo investigativo brindado durante el desarrollo de la investigación
de la cual se deriva el presente artículo. Asimismo, se reconoce el aporte del asesor, Dr. Luis García
Noguera, por su orientación, compromiso y contribución en el fortalecimiento del proceso investigativo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Angulo Mantilla, S., Lozano Moreno, F., y García, L. (2025). Fomento de conciencia ambiental en
estudiantes de arquitectura de una universidad de Buenaventura. Ciencia Latina Revista
Científica Multidisciplinar, 8(6), 9776-9802. https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i6.15642
Angulo Castro, Y. R., Sinisterra Cundumí, E., y García, L. (2025). Conciencia ambiental sobre la
contaminación auditiva: una revisión de literatura desde el contexto educativo y de ciudad.
Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 9(1), 518-551.
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i1.15740
Barth, M., Michelsen, G., Rieckmann, M., y Thomas, I. (2021). Routledge Handbook of Higher
Education for Sustainable Development. Routledge.
Boff, L. (2021). Ecología: Grito de la Tierra, grito de los pobres. Editorial Trotta.
Bonilla Acevedo, K. D., Cuero Cuero, A., & García-Noguera, L. (2025). Educación ambiental para el
desarrollo sostenible: revisión de estrategias pedagógicas en contextos locales. Ciencia Latina
Revista Científica Multidisciplinar, 8(6), 10560-10595.
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i6.15768
Caicedo Hurtado, Y., González Ricaurte, C., & García Noguera, L. (2025). Fomento de conciencia
ambiental sobre el manejo de los residuos sólidos orgánicos en una institución educativa de
Buenaventura. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 8(6), 9855-9875.
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i6.15648

pág. 4600
Caride, J. A., y Meira, P. A. (2020). La educación ambiental como educación para la sostenibilidad.
Narcea Ediciones.
Conza, E. R. M., Alay, M. L. A., Micolta, L. J. V., Vega, J. G. B., Castillo, E. B. B., & Granja, A. G. M.
(2025). Educación ambiental: estrategias para concienciar sobre la sostenibilidad. South Florida
Journal of Development, 6(2), e4992. https://doi.org/10.46932/sfjdv6n2-025
Gadotti, M. (2021). Pedagogía de la Tierra: Educación y sustentabilidad. Siglo XXI Editores.
García-Noguera, L., Fernández Pulgarín, N., y Ojeda Pérez, J. A. (2024). Incidencia de la cátedra de la
paz en la construcción de ciudadanía en Ciudad Bolívar. Inclusión Y Desarrollo, 11(3), 102-114.
https://doi.org/10.26620/uniminuto.inclusion.11.3.2024.102-114
García-Noguera, L. y Vásquez, Y. (2022). Paz y ciudadanía a partir de la Cátedra de la Paz. Revista
Internacional de Humanidades, 11, 1-8. https://doi.org/10.37467/revhuman.v11.3832
Gómez-Lee, M., y Ramírez, L. (2021). Prácticas educativas para la sostenibilidad en América Latina.
Editorial UPN.
González-Gaudiano, E., y Arias-Ortega, L. (2021). Educación ambiental y ciudadanía planetaria:
Reflexiones desde América Latina. Universidad Veracruzana.
IPCC. (2023). Synthesis Report: Climate Change 2023. Intergovernmental Panel on Climate Change.
Cambridge University Press.
IPCC. (2021). Sixth Assessment Report: Climate Change 2021 – The Physical Science Basis. Cambridge
University Press.
Leff, E. (2022). Racionalidad ambiental y diálogo de saberes: Por una reconfiguración del pensamiento
ambiental. Siglo XXI Editores.
Meléndez Madroñero, G., Pérez Taguada, Y. P., y García, L. (2022). Reflexiones sobre la educación
ambiental mediada por las TIC para promover la conservación del recurso hídrico entre
estudiantes del centro educativo Divino Niño, Taminango (N). Ciencia Latina Revista Científica
Multidisciplinar, 6(3), 3205-3238. https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v6i3.2457
Morán Barrionuevo, M. M., Ramírez Requena, G. R., Ricardo Barzola, D. del R., Santiana Piguave, B.
F., y Tapia Falcones, J. A. (2025). El desarrollo sostenible y su transversalidad en la educación

pág. 4601
ambiental: Un reto para las escuelas y docentes. Ciencia Y Educación, 6(2), 141 - 153.
https://doi.org/10.5281/zenodo.14947880
Nieto-Ramos, M., Puig-Gutiérrez, M., y Rodríguez-Marín, F. (2025). Relación entre Educación para la
Ciudadanía y Educación Ambiental en el currículo de Educación Infantil. Revista Fuentes,
27(1), 79–93. https://doi.org/10.12795/revistafuentes.2025.25039
Novo, M. (2009). La educación ambiental: Bases éticas, conceptuales y metodológicas. UNESCO-
MundiPrensa.
ONU. (2022). Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2022. Naciones Unidas.
ONU. (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Naciones
Unidas.
Rockström, J., Gupta, J., y Stafford-Smith, M. (2020). Planetary boundaries and sustainable
development: New frameworks for global transformation. Sustainability Science, 15(4), 1023-
1035.
Sauvé, L. (2020). Educación ambiental y formación del pensamiento crítico. Universidad de Québec.
Tilbury, D. (2022). Education for Sustainable Development: Transformative learning and systemic
change. Springer Nature.
UNESCO. (2020). Educación para el desarrollo sostenible: Hoja de ruta para 2030. Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
UNESCO. (2023). Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación.
UNESCO.