LA HUERTA ESCOLAR, UNA HERRAMIENTA
PARA EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS
AMBIENTALES Y CIUDADANAS.

THE SCHOOL GARDEN, A TOOL FOR THE DEVELOPMENT

OF ENVIRONMENTAL AND CIVIC SKILLS.

Liceth Judith Caro Gómez

Universidad Popular del Cesar

Nelcy Judith Colón Alfaro

Universidad Popular del Cesar

Luis García-Noguera

Universidad Popular del Cesar
pág. 4602
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23498
La huerta escolar, una herramienta para el desarrollo de competencias
ambientales y ciudadanas.

Liceth Judith Caro Gómez
1
licej25_@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0003-5597-171X

Universidad Popular del Cesar

Colombia

Nelcy Judith Colón Alfaro

nelcyalfaro26@gmail.com

https://orcid.org/0009-0009-0721-8129

Universidad Popular del Cesar

Colombia

Luis García
-Noguera
luisjuancarlos@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-8004-0293

Universidad Popular del Cesar

Colombia

RESUMEN

Este artículo de reflexión surge a partir de la observación de la situación ambiental actual, definida como
el deterioro de los recursos naturales, la cual se ve amenazada por las acciones humanas y requiere, un
cuidado que abarque todas las acciones y medidas destinadas a proteger, preservar y restaurar el
ambiente y los recursos naturales que en ella existen, creando en los seres humanos una cultura
ambiental. En este contexto, la huerta escolar se convierte en un espacio pedagógico importante para la
educación ambiental, ya que, a través de esta, los estudiantes desarrollan procesos cognitivos que no
solo fortalecen sus capacidades, sino también sus competencias ambientales. Mediante las actividades
en la huerta, la escuela busca fomentar la construcción de una cultura ambiental que se capaz de
responder a las problemáticas locales, promoviendo el pensamiento crítico y el aprendizaje experiencial.
Se resalta el papel del docente como mediador en el proceso de enseñanza aprendizaje a través de la
aplicación de estrategias didácticas vinculadas al entorno natural. Así mismo, se abordan temas y
conceptos que relacionan la formación de capacidades con el desarrollo de competencias. Se concluye
resaltando la importancia de las problemáticas ambientales como temas centrales de formación, al
incorporar en la huerta escolar y en los programas educativos, facilitan en los estudiantes la apropiación
de valores y prácticas para la sostenibilidad.

Palabras claves: huerta escolar, educación ambiental, competencias ambientales, cultura ambiental,
sostenibilidad, prácticas sostenibles.

1
Autor principal
Correspondencia:
licej25_@hotmail.com
pág. 4603
The school garden, a tool for the development of environmental and civic

skills.

ABSTRACT

This reflective article arises from the observation of the current environmental situation, defined as the

deterioration of natural resources, which is threatened by human actions and requires care that

encompasses all actions and measures aimed at protect
ing, preserving, and restoring the environment
and the natural resources within it, creating in humans an environmental culture. In this context, the

school garden becomes an important pedagogical space for environmental education, since, through it,

stude
nts develop cognitive processes that not only strengthen their abilities but also their environmental
competencies.
Through activities in the garden, the school seeks to promote the construction of an
environmental culture capable of responding to local problems, fostering critical thinking and

experiential learning. The role of the teacher as a mediator in the teaching
learning process is
highlighted through the application of didactic strategies linked to the natural environment. Likewise,

topics and concepts that relate the development of skills to the development of competencies are

addressed. It is concluded by emph
asizing the importance of environmental issues as central topics of
education, as incorporating them into the school garden and educational programs facilitates the

students’ appropriation of values and practices for sustainability.

Keywords
: school garden, environmental education, environmental skills, environmental culture,
sustainability, sustainable practices.

Artículo recibido 28 febrero 2026

Aceptado para publicación: 28 marzo 2026
pág. 4604
INTRODUCCIÓN

En la Conferencia de Estocolmo (1972) y en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, se pudo evidenciar
los avances significativos que ha tenido la educación ambiental, donde se estableció la relevancia de
incorporarla en los sistemas educativos a través de la Agenda 21 (Organización de las Naciones Unidas
(ONU), 1992). Estos acuerdos destacan la prioridad de formar ciudadanos con pensamiento crítico,
conciencia ambiental y sentido de pertenencia que sea capaz de responder a los retos del desarrollo
sostenible. No obstante, las ciudades, pueblos y comunidades rurales continúan siendo afectadas por
problemas asociados al deterioro de los ecosistemas, el consumismo, la contaminación y la pérdida de
biodiversidad.

La Asamblea General de las Naciones Unidas (2022), declaró que todas las personas del mundo tienen
derecho a un medio ambiente saludable y afirmó que el cambio climático y la degradación ambiental
hacían parte de las amenazas más urgentes para el futuro de los seres humanos. Es por esto, que desde
las instituciones educativas se deben implementar acciones que aprecien la conservación de la
biodiversidad, el accionar sostenible de los recursos naturales, hasta la reducción de la contaminación y
la promoción de prácticas eco amigables en todos los aspectos de la vida cotidiana, reconociendo que la
educación ambiental no debe limitarse a la transmisión de conocimientos, sino que debe ser
transformadora, capaz de generar sensibilidad y responsabilidad ambiental.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2016),
resaltan la importancia de incluir la educación ambiental en currículos escolares para el desarrollo
sostenible, además señalan la importancia de implementar estrategias pedagógicas activas e
interdisciplinarias como la huerta escolar, desde todos los niveles educativos, con el fin de unir teoría y
práctica, fortaleciendo las competencias ambientales y fomentando hábitos sostenibles en la vida
cotidiana.

La incorporación de la Agenda 21 (ONU, 1992), adoptada en la Cumbre de Río (1992), en su Capítulo
36 establece la necesidad de reorientar la educación hacia el desarrollo sostenible. Por tal motivo
fomentan la integración de la educación ambiental en los sistemas educativos teniendo en cuenta su
articulación en los currículos escolares, con el fin de crear las condiciones necesarias para que recursos
pág. 4605
como la huerta escolar se convierta no solo en un espacio pedagógico, sino también, en laboratorios
vivos, donde se integren diversas dimensiones del aprendizaje (Cisnero & Bermúdez, 2022).

Allí, los estudiantes no solo adquieren conocimientos sobre procesos naturales, cuidado del suelo y el
agua, sino que también desarrollan competencias ambientales que le permitan ser un ciudadano con
pensamiento crítico y responsabilidad frente a las problemáticas locales. Eugenio-Gozalbo et al. (2020)
documenta cómo los huertos escolares funcionan como contextos efectivos para el aprendizaje
científico, es por esto, que, al vincular la huerta escolar con el conocimiento científico, pasa a ser un
entorno de aprendizaje practico, donde se fortalecen competencias ambientales como el respeto por la
biodiversidad, el uso responsable de los recursos y la construcción de una cultura ambiental sostenible
en la escuela y la comunidad.

En este contexto, la huerta escolar se visualiza como un espacio pedagógico privilegiado por varias
razones:

-
Se da a través de un aprendizaje experiencial, de esta manera, se logra articular la teoría con la
práctica, promoviendo la comprensión de algunos conceptos como biodiversidad y sostenibilidad.

-
Permite la interdisciplinariedad, integrando diferentes áreas del conocimiento (lenguaje,
matemáticas, sociales, naturales, ética) de una forma natural y vinculándola a su entorno.

-
Contribuye al fortalecimiento del trabajo colaborativo, la responsabilidad, la paciencia y la
observación sistemática, por medio del desarrollo de competencias.

-
Favorece la conexión de los estudiantes con su entorno y fortalece las prácticas culturales
tradicionales de la agricultura.

-
Genera conciencia ambiental, a través de la compresión de la importancia que tiene para los seres
vivos la tierra, el agua, la polinización y la producción de alimentos.

De este modo, se puede afirmar que la huerta escolar además de ser un espacio de aprendizaje activo y
vivencial que fortalece valores, actitudes y prácticas fundamentales para abordar los desafíos
socioambientales que tenemos actualmente y en un futuro, también se confiesa como un ecosistema
pedagógico complejo donde se fortalecen los procesos de aprendizaje social de aprender a ser, aprender
a conocer, aprender a hacer y aprender a vivir juntos, permitiendo reflexionar sobre cómo se promueven
pág. 4606
las competencias ambientales, desarrollando en los estudiantes valores de equidad y colaboración
(Audate et al., 2021).

El propósito del presente artículo es darle respuesta a la siguiente pregunta general: ¿Las huertas
escolares son una herramienta adecuada para el desarrollo de las competencias ambientales en los
estudiantes de básica primaria? Con base a lo anterior, surgen tres sub-preguntas orientadoras que serán
abordadas a lo largo de este artículo: ¿Por qué es importante fomentar el desarrollo de competencias
ambientales en el contexto escolar a través de una huerta? ¿Por qué es necesario implementar estrategias
pedagógicas que permitan la promoción de competencias ambientales en las instituciones educativas?
¿Qué competencias ambientales específicas se pueden fortalecer mediante el trabajo en la huerta
escolar?

METODOLOGÍA

La revisión documental propuesta en este artículo, se desarrolló a través del paradigma interpretativo,
temiendo en cuenta en el enfoque cualitativo, lo que permite valorar el objeto de estudio desde las
situaciones que subyacen y orientan sus actuaciones (Hernández et al., 2016). En coherencia, este
estudio tiene un alcance descriptivo y diseño bibliográfico, que le permite dar cuenta de las fuentes
secundarias en las que se soporta la revisión sistemática de la literatura adelantada dentro de la
investigación.

Bajo esa consideración, es conveniente señalar que los criterios de inclusión considerados en la revisión
documental fueron:

Artículos científicos publicados de 2016 a 2025.
Artículos publicados en revistas indexadas en Scopus, Redalyc o Scielo.
Publicaciones cuyo objeto de estudio fueron la huerta escolar, la formación de competencias
ciudadanas ambientales o la educación ambiental.

Para el desarrollo de la revisión documental, se diseñó como instrumento una ficha de resumen analítico
especializado, la cual fue sistematizada en una matriz de revisión documental. Siendo esta última objeto
de revisión a través del análisis de contenido (Tamayo, 2018).

De igual forma, es conveniente señalar que, durante la revisión documental, se emplearon los operadores
booleanos AND (huerta escolar AND competencias ciudadanas AND educación ambiental), OR (huerta
pág. 4607
escolar OR huerto escolar, competencias ciudadanas OR ciudadanía ambiental), NOT (huerta escolar
AND educación ambiental NOT agricultura comercial).

Resultados

Producto de la revisión sistemática adelantada, se logró encontrar 123 artículos, de los cuales, al ser
revisados teniendo en cuenta los criterios de inclusión, solo quedaron 37, que fueron analizados de
acuerdo con las preguntas que permiten sistematizar la macro pregunta propuesta:

¿Por qué es importante fomentar el desarrollo de competencias ambientales en el contexto escolar
a través de una huerta?

En el contexto actual de crisis ambiental, la educación juega un papel fundamental en la formación de
ciudadanos responsables y comprometidos con el cuidado del medio ambiente, asimismo que sean
capaces de comprender la diversidad y magnitud de los problemas ambientales y saber actuar frente a
las consecuencias. Por lo tanto, la huerta escolar es un escenario pedagógico vivencial, el cual permite
que los estudiantes desarrollen conocimientos y aprendan sobre los ciclos naturales, la interdependencia
entre los seres vivos y el valor de aplicar practicas sostenibles, es decir, que favorece el aprendizaje
activo y la comprensión de procesos naturales (González-Nasayo & Rosero-Toro, 2023).

Eugenio-Gozalbo et al. (2020) afirman que las huertas escolares funcionan como contextos de
aprendizaje científico donde se desarrollan habilidades de observación, experimentación e indagación.
Por lo anterior, cabe resaltar que la huerta escolar permite articular la teoría con la práctica, facilitando
el desarrollo del pensamiento crítico y fortaleciendo las competencias ambientales. De igual forma, la
educación ambiental como disciplina que busca sensibilizar y formar a las futuras generaciones sobre la
importancia de la sostenibilidad, se ha convertido en un componente esencial en los programas
educativos. Según Salgado et al. (2022), la educación ambiental busca cultivar una cultura institucional
sostenible, incorporando prácticas ecológicas en la gestión escolar y en el comportamiento diario de la
comunidad educativa. De acuerdo con el Artículo1 de la Ley 1549 de 2012, se define legalmente la
educación ambiental, como un proceso dinámico y participativo, orientado a la formación de personas
críticas y reflexivas, con capacidades para comprender las problemáticas ambientales de sus contextos
(locales, regionales y nacionales).
pág. 4608
Por lo tanto ,las instituciones educativas son un espacio clave para fomentar el cuidado y el respeto por
el medio ambiente y se consideran como las principales formadoras de la sociedad, las cuales se vinculan
formalmente para dar soluciones a los problemas ambientales por medio de los Proyectos Ambientales
Escolares (PRAE),establecidos en la Ley 1549 de 2012, que señala en el Artículo 8, “Estos proyectos,
buscan incorporar temas ambientales de forma transversal en los currículos educativos, abarcando
problemas ambientales relacionados con los diagnósticos de sus contextos particulares”. Bajo esa
consideración, los proyectos se enfocarán en desarrollar competencias y habilidades en niños y
adolescentes para la toma de decisiones éticas y responsables sobre el manejo sostenible del ambiente.
En este contexto, los PRAE, se pueden considerar como una estrategia pedagógica que busca orientar y
dar soluciones a los problemas ambientales y fortalecer las competencias ambientales, generando el
respeto y el cuidado de los recursos naturales.

En este sentido, fomentar el desarrollo de las competencias ambientales en el ámbito educativo es de
gran importancia para la formación de ciudadanos responsables y comprometidos con la protección y
conservación del medio ambiente. Segú Tolentino et al. (2022), destaca que el desarrollo de
competencias ambientales en educación básica forma ciudadanos con conciencia ecológica, capaces de
entender la interdependencia entre sistemas naturales y humanos, además de aplicar prácticas sostenibles
en su entorno inmediato. Es decir, que desde las escuelas es posible crear conciencia ambiental en los
estudiantes, ayudándolos a comprender la magnitud de los problemas ambientales y proporcionarles las
herramientas necesarias para contribuir a la solución de estos (
Bonilla Acevedo et al., 2025).
Asimismo, la UNESCO (2021), define las competencias ambientales como el conjunto de
conocimientos, habilidades, actitudes y valores que capacitan a las personas para comprender, valorar y
abordar los desafíos ambientales de manera efectiva. Estas competencias son esenciales para poder
comprender la interdependencia entre los recursos naturales y humanos, analizar problemas ambientales
relacionados con el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el agotamiento
de los recursos naturales.

En este contexto, las competencias ambientales presentan componentes claves que permiten interactuar
de manera responsable, critica y sostenible, formando ciudadanos comprometidos con la protección del
entorno natural y la solución de problemas ecológicos. La huerta escolar es una herramienta clave para
pág. 4609
educar en la sostenibilidad, ya que permiten el aprendizaje vivencial y el desarrollo de competencias
como el pensamiento sistémico, la acción responsable y la resolución de problemas ambientales
(UNESCO, 2017). Es decir, que las huertas escolares promueven la conciencia ambiental en los
estudiantes, la sostenibilidad y la responsabilidad hacia su entorno natural. Según Castañeda Muñoz
(2020), la huerta escolar permite que el aprendizaje sea significativo desde las vivencias de los
estudiantes, promoviendo su participación y constante, desarrollando conocimientos propios a partir de
su interacción con el entorno natural.

Por lo tanto, el desarrollo de competencias ambientales es fundamental para enfrentar los retos
ecológicos actuales y para crear una sociedad más consciente y proactiva en la protección del medio
ambiente. Es importante destacar que, en el ámbito educativo, el desarrollo de competencias ambientales
no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que también involucra el desarrollo de habilidades,
actitudes y valores que permitan a los estudiantes poner en práctica lo aprendido. En este sentido, la
educación ambiental busca cultivar una conciencia crítica sobre los problemas ambientales y fomentar
una actitud activa frente a ellos, promoviendo prácticas que contribuyan al cuidado del medio ambiente
tanto a nivel individual como colectivo (
Meléndez Madroñero et al., 2022).
¿Por qué es necesario implementar estrategias pedagógicas que permitan la promoción de
competencias ambientales en las instituciones educativas?

Actualmente la crisis ambiental requiere una transformación en los procesos educativos, en la cual, las
instituciones educativas se conviertan en espacios fundamentales para la construcción de ciudadanos
con pensamiento crítico y conciencia ambiental responsable. De igual forma David W. Orr (2004),
señala “la crisis ambiental es, en su esencia, una crisis educativa" (p. 27), lo que evidencia la gran
responsabilidad que tienen las instituciones en la formación de nuevas conciencias ambientales. En este
contexto, se hace necesario implementar estrategias pedagógicas que estén orientadas al fortalecimiento
de competencias ambientales en las instituciones educativas (Gadotti, 2008; UNESCO, 2017).

Por esta razón, las estrategias pedagógicas para la promoción de las competencias ambientales son
de gran importancia en la educación actual, debido a la necesidad de sensibilizar y formar a los
estudiantes en el cuidado del medio ambiente y la sostenibilidad (
García-Noguera y Vásquez, 2022).
Estas estrategias buscan no solo proporcionar conocimientos sobre los problemas ambientales, sino
pág. 4610
también fomentar habilidades, actitudes y comportamientos que los estudiantes puedan aplicar en su
vida diaria. Según Luna (2021), las escuelas deben crear espacios de investigación e intervención que
fomenten estrategias pedagógicas interdisciplinarias, promoviendo una cultura socioambiental
sostenible en los estudiantes.

En este mismo contexto, las estrategias pedagógicas para la promoción de competencias ambientales se
consideran como métodos de enseñanza que buscan desarrollar en los estudiantes conocimientos,
habilidades y actitudes para cuidar y preservar el medio ambiente, estas estrategias se enfocan en crear
conciencia, promover la comprensión de los problemas ambientales y fomentar el desarrollo de
comportamientos responsables con el entorno. En este sentido, como señalan Viveros Rodríguez et al.
(2024), “las competencias ambientales implican la movilización y combinación eficaz de recursos
individuales (conocimientos, procedimientos, actitudes) y del medio para poder actuar de forma crítica
y resolver tareas que pueden juzgarse como complejas” (p. 101).

Cabe agregar la importancia de destacar que las estrategias pedagógicas desempeñan un papel crucial
en la promoción de competencias ambientales, ya que permiten la creación de entornos de aprendizaje
activos y participativos, la contextualización de los contenidos en la realidad local y la
interdisciplinariedad. Las estrategias que establecen conexiones entre problemas ambientales y
situaciones cotidianas promueven la colaboración activa y la acción práctica, las cuales son esenciales
para aumentar la conciencia y el compromiso ambiental de los estudiantes (Vargas et al., 2021).

Asimismo, las estrategias pedagógicas deben ser dinámicas, participativas y contextualizadas,
permitiendo que los estudiantes se conviertan en agentes activos de su propio aprendizaje y de la
transformación social hacia la sostenibilidad. Sin embargo, la incorporación de contenidos ambientales
en los planes de estudio no es efectivo si no va de la mano con la implementación de estrategias
pedagógicas que permita articular estos propósitos formativos con la práctica pedagógica cotidiana
(Tilbury, 2011). Por tal razón es necesario desarrollar metodologías activas y contextualizadas tales
como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), las salidas de campo pedagógicas y la investigación-
acción participativa, entre otras, que garanticen la aplicación de conceptos ambientales en situaciones
reales y cotidianas, priorizando su coherencia con los principios de la educación ambiental. De acuerdo
con Zambrano Briones et al. (2022), El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP); se ha destacado como
pág. 4611
una metodología efectiva para la educación, especialmente en áreas como la medioambiental. A través
de proyectos diseñados cuidadosamente, los estudiantes pueden explorar temas relevantes relacionados
con el medio ambiente, como la conservación de la biodiversidad, la gestión de los recursos naturales y
la mitigación del cambio climático. Bajo este contexto las huertas escolares se pueden implementar
como una estrategia pedagógica efectiva, que integran múltiples disciplinas, competencias cognitivas,
sociales, y emocionales y que permitan generan valores medioambientales que promuevan el cuidado
del medio ambiente y la conciencia ecológica. Por tanto, integrar la huerta escolar como una estrategia
pedagógica ofrece una oportunidad para enseñar el desarrollo sostenible y la educación ambiental,
involucrando a los estudiantes de forma activa en su aprendizaje (García, 2022).

Asimismo, García y González (2021), aseguran que, debido a la implementación de metodologías
integradas que fomentan el trabajo en equipo y el uso de múltiples disciplinas en escenarios prácticos,
se logra abordar de manera efectiva la temática de la huerta escolar siendo esta última esencial en el
aprendizaje relacionado con la seguridad alimentaria, la interiorización de hábitos responsables y el
fortalecimiento de valores ambientales.

De este modo, las estrategias pedagógicas orientadas a la promoción de las competencias ambientales
son fundamentales para crear una sociedad más consciente, comprometida y capaz de enfrentar los
desafíos medioambientales del presente y del futuro, integrando la huerta escolar como estrategias en el
currículo educativo, se contribuye al desarrollo de habilidades y actitudes responsables que los
estudiantes pueden aplicar tanto en su vida cotidiana como en su futura vida profesional.

¿Qué competencias ambientales específicas se pueden fortalecer mediante el trabajo en la huerta
escolar?

La implementación de una huerta escolar va más allá de una actividad de campo; se constituye como un
laboratorio vivo y un espacio pedagógico en el que se desarrollan diferentes competencias ambientales,
que le permite a los estudiantes valorar y comprender su entorno natural, siendo capaces de asumir una
actitud ética y responsable frente a la crisis ecológica que se presenta en la actualidad. Del mismo modo,
Lane-Ko y Cochran (2022), muestran que es necesaria una pedagogía que integre conocimientos,
emociones y compromisos organizándolas en dimensiones cognitivas, afectivas, procedimentales,
sociales y éticas propias de la educación para la sostenibilidad (García-Noguera et al., 2024).
pág. 4612
Cabe resaltar, que en las últimas décadas la implementación de las huertas escolares como estrategia
para fortalecer las competencias ambientales, ha sido objeto de investigación educativa debido a que
ofrece un espacio único donde los estudiantes pueden desarrollar habilidades y competencias cognitivas,
procedimentales, actitudinales, sociales y reflexivas, todas estas, necesarias y relevantes para el
desarrollo de una conciencia ecológica crítica y comprometida (Sauvé, 2005; Wals et al., 2020). Con
referencia a lo anterior, se han realizado estudios recientes donde se expone que la implementación del
proyecto de la huerta escolar permite “desarrollar una conciencia ambiental basada en el conocimiento
de procesos naturales diferentes y del papel significativo que los seres humanos tienen en el cuidado del
medio” (García et al., 2025) y favorece la conciencia ambiental, siendo esta, entendida como la
capacidad de reconocer la propia interdependencia con los ecosistemas y asumir responsabilidades hacia
ellos al generar en los estudiantes experiencias directas de cuidado, mantenimiento y cosecha de plantas
(Angulo Castro et al., 2025). Asimismo, Coronado (2022) destaca que estos espacios permiten a los
estudiantes aplicar conocimientos teóricos en situaciones reales, como el cultivo de plantas y el manejo
de recursos naturales. Lo cual contribuye a la creación de una cultura ambiental sostenible y fomenta un
sentido de pertenencia y responsabilidad hacia la preservación de su entorno.

En ese sentido, Ardoin et al. (2020), han documentado que los múltiples beneficios del aprendizaje
basado en huertos, se puede evidenciar a través de estos espacios, debido a que generan resultados
significativos en dimensiones cognitivas, afectivas y comportamentales. Pese a lo anterior, se hace
necesario comprender el alcance formativo que tiene la huerta escolar y examinar de manera específica
qué competencias ambientales se desarrollan y cómo estas contribuyen a la formación de sujetos
ambientalmente responsables (
Viveros Rodríguez et al., 2024).
De acuerdo con Salmerón (2021), el trabajo en los huertos escolares se constituye en un recurso
educativo que integra diversas áreas del conocimiento para fomentar en los estudiantes habilidades clave
como el trabajo en equipo y la conciencia ambiental. Es decir que estos espacios no solo favorecen el
desarrollo académico de los estudiantes, sino que también brindan herramientas para promover la
participación activa, la colaboración y la conciencia ambiental, lo cual les permite ser agentes activos
en la protección y cuidado del medio ambiente. Según Rubina et al. (2021), la conciencia ambiental se
define como la combinación de actitudes, acciones y conocimientos acerca del impacto de las
pág. 4613
actividades humanas en el equilibrio del medio ambiente, ya sea de manera positiva o negativa (Angulo
Mantilla et al, 2025). Por lo tanto, una de las competencias más importantes que se fortalece con el
trabajo en la huerta escolar es la capacidad de educar y sensibilizar a otros sobre la importancia del
cuidado del medio ambiente, también es necesario resaltar que a través de la huerta se fortalece el trabajo
en equipo y se fomenta el desarrollo de habilidades sociales, como la cooperación, el liderazgo y la
resolución de problemas. Al respecto, Herrera et al. (2020), plantea que la huerta escolar permite mejorar
la convivencia entre la comunidad educativa a través del trabajo en equipo, promoviendo habilidades
como la resolución de conflictos, la colaboración y el fortalecimiento de las relaciones interpersonales.

El trabajo en la huerta escolar también promueve la formación sobre nutrición y seguridad alimentaria,

lo cual permite que los estudiantes aprenden a cultivar, cosechar y conservar los alimentos. Estos
espacios permiten conectar a los estudiantes con el origen de los alimentos, promoviendo una
comprensión más profunda sobre la sostenibilidad y los ciclos naturales (Rodríguez-Marín et al., 2021).

En este contexto, Naula (2021) argumenta que el huerto escolar promueve hábitos alimenticios

saludables, crea conciencia sobre la importancia de la agricultura sostenible y ayuda en el desarrollo de
habilidades prácticas y de resolución de problemas, aspectos fundamentales para el crecimiento personal
y académico de los estudiantes. Según Sobrado (2023), través de estos espacios de aprendizaje, los
estudiantes no solo adquieren conocimientos sobre biología y sostenibilidad, sino que también
desarrollan una mayor conciencia sobre la importancia de la alimentación y la producción responsable
de los alimentos.

CONCLUSIONES

Teniendo en cuenta la revisión documental realizada en el presente trabajo de investigación, se llega a
la conclusión de que las huertas escolares se consolidan como una herramienta pedagógica que permite
el fortalecimiento de las competencias ambientales en las estudiantes de educación básica primaria ya
que favorece el aprendizaje significativo mediante la construcción de su propio conocimiento a través
de la experiencia directa con su entorno y con los procesos naturales, promoviendo la práctica de valores
ambientales como el respeto, cuidado y sostenibilidad ambiental, y fortaleciendo las habilidades
socioemocionales mediante el trabajo colaborativo y la responsabilidad compartida en el cuidado de los
cultivos. Asimismo, es importante reconocer que esta estrategia solamente es efectiva si se articula la
pág. 4614
implementación física de la huerta escolar con un acompañamiento pedagógico transversal, donde se
garantice el desarrollo de competencias ambientales.

Finalmente, en la medida en que se desarrollen estas competencias, la institución educativa promueve
el aprendizaje integral de los estudiantes y el fortalecimiento de su compromiso con el entorno, al mismo
tiempo contribuye a la formación de un ciudadano crítico y activo, en sintonía con los principios de la
educación para el desarrollo sostenible (EDS). Con el cambio global hacia un desarrollo más sostenible,
las competencias ambientales se han convertido en un requisito esencial para preparar a los estudiantes
para enfrentarse a los retos de un mundo cada vez más afectado por problemas ecológicos. Al promover
estas competencias desde las primeras etapas de la educación, se asegura que las futuras generaciones
estén mejor equipadas para contribuir a la creación de un futuro más sostenible.
pág. 4615
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