ESTILOS DE CRIANZA COMO PREDICTORES
DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR EN
ADOLESCENTES DEL DISTRITO DE
SANTILLANA, HUANTA, 2026.
PARENTING STYLES AS PREDICTORS OF DOMESTIC
VIOLENCE IN ADOLESCENTS IN THE DISTRICT OF
SANTILLANA, HUANTA 2026
Reyna Estefanny Guerreros Talavera
Escuela Profesional de Psicología, XI ciclo Universidad César Vallejo
Vanessa Lourdes Roque Calvay
Escuela Profesional de Psicología, XI ciclo Universidad César Vallejo

pág. 4960
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23532
Estilos de crianza como predictores de la violencia intrafamiliar en
adolescentes del distrito de Santillana, Huanta, 2026.
Reyna Estefanny Guerreros Talavera1
rguerrerosta28@ucvvirtual.edu.pe
https://orcid.org/0000-0002-9328-9960
Escuela Profesional de Psicología, XI ciclo
Universidad César Vallejo
Vanessa Lourdes Roque Calvay
varoquec@ucvvirtual.edu.pe
https://orcid.org/0000-0003-3737-2732
Escuela Profesional de Psicología, XI ciclo
Universidad César Vallejo
RESUMEN
La investigación tuvo como objetivo determinar en qué medida los estilos de crianza predicen la
violencia intrafamiliar en adolescentes del distrito de Santillana, provincia de Huanta. El estudio fue de
tipo básico, con enfoque cuantitativo, nivel descriptivo–predictivo. La población estuvo conformada por
1,504 adolescentes y la muestra por 306 entre 12 y 17 años, seleccionados mediante muestreo no
probabilístico, técnica de la encuesta y dos cuestionarios válidos y confiables. Los resultados
evidenciaron que los estilos de crianza predicen significativamente la violencia intrafamiliar (R = 0,905;
R² = 0,819; p = 0,000), el modelo explica el 81,9% de la variabilidad de la violencia intrafamiliar y
muestra una relación inversa fuerte; es decir, a mejor estilos de crianza, menor niveles de violencia
intrafamiliar, asimismo, las dimensiones compromiso parental (R² = 0,702), autonomía psicológica (R²
= 0,677) y control conductual (R² = 0,425) resultaron predictores significativos. Además, el 65,7% de
los adolescentes percibe estilos de crianza en un nivel medio, y el 67,0% presenta niveles medios de
violencia intrafamiliar. Se concluye que los estilos de crianza influyen significativamente en la dinámica
familiar de los adolescentes, ya que el afecto, el apoyo emocional y la autonomía favorecen relaciones
saludables y previenen la violencia.
Palabras clave: Estilos de crianza; compromiso; violencia psicológica; violencia física
1 Autor principal
Correspondencia: rguerrerosta28@ucvvirtual.edu.pe

pág. 4961
Parenting styles as predictors of domestic violence in adolescents in the
district of Santillana, Huanta 2026
ABSTRACT
The research aimed to determine the extent to which parenting styles predict domestic violence among
adolescents in the Santillana district, Huanta province. The study was basic, with a quantitative approach
and a descriptive-predictive level. The population consisted of 1,504 adolescents, and the sample
comprised 306 between 12 and 17 years of age, selected through non-probability sampling using a
survey technique and two valid and reliable questionnaires. The results showed that parenting styles
significantly predict domestic violence (R = 0.905; R² = 0.819; p = 0.000). The model explains 81.9%
of the variability in domestic violence and demonstrates a strong inverse relationship. In other words,
better parenting styles were associated with lower levels of domestic violence. Furthermore, the
dimensions of parental commitment (R² = 0.702), psychological autonomy (R² = 0.677), and behavioral
control (R² = 0.425) were significant predictors. Additionally, 65.7% of adolescents perceived parenting
styles as average, and 67.0% reported average levels of domestic violence. It is concluded that parenting
styles significantly influence the family dynamics of adolescents, as affection, emotional support, and
autonomy foster healthy relationships and prevent violence.
Keywords: Parenting styles; commitment; psychological violence; physical violence

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INTRODUCCIÓN
Los estilos de crianza engloban diferentes formas, actitudes y comportamientos que los padres emplean
para educar a sus hijos, dentro de esta línea los estilos de crianza se ven influenciadas por experiencias
pasadas de los progenitores, quienes regulan las conductas de sus hijos de acuerdo a como ellos vivieron
y fueron educados (Vega, 2020). Así cada hogar tiene una perspectiva distinta, esto genera diferentes
prácticas parentales, según sus principios y valores.
A nivel mundial, anualmente 2 de cada 3 menores, es decir 1.600 millones de niños se enfrentan
constantemente a castigos de manera violenta en el hogar; asimismo más de dos tercios de niños reciben
castigos físicos y agresiones psicológicas, del mismo modo el riesgo de morir a causa de la violencia se
incrementa al final de la adolescencia, 7 de 10 niños y adolescente que murieron a factor de la violencia
tenían entre las edades 15 y 19 años, la mayoría de ellos varones. Además, 1 de cada 6 adolescentes
entre 15 y 19 años ha sido víctima de violencia física o sexual, ejercida por su conyugue (OMS, 2022).
La violencia familiar es una manifestación de las disfunciones dentro del núcleo familiar y puede tener
consecuencias graves en quienes la experimentan, como problemas psicológicos, emocionales y físicos.
Este fenómeno puede estar influenciado por los estilos de crianza, es decir, por la manera en que los
progenitores forman y se relacionan con sus hijos. Además, el riesgo de que esta situación se repita
aumenta cuando los padres han sido víctimas de violencia durante su propia infancia, por ello es más
probable que reproduzcan patrones de crianza violentos o inadecuados (Freire y Velázquez, 2022).
En América Latina y el Caribe, la violencia dentro del entorno familiar impacta a millones de niñas(os)
y adolescentes desde edades muy tempranas. Se estima que 2 de cada 3 menores entre 1 y 14 son
sometidos a formas de disciplina violentas en el hogar, ya sea mediante castigos físicos o agresiones
psicológicas. Además, presenta una tasa de homicidios infantiles de 12,6 por cada 100.000 niños,
(0.0126%), una cifra que es cuatro veces más alta que el promedio mundial. El homicidio representa el
motivo principal de muerte entre adolescentes de 10 a 19 años. Por otro lado, los menores tienen un
riesgo de siete veces más probabilidad perecer asesinados que las niñas, sin embargo, estas últimas
enfrentan un mayor nivel de exposición a la violencia sexual a partir de los 10 años (UNICEF, 2022).
En el contexto peruano, la problemática resulta preocupante. De acuerdo con la Encuesta Demográfica
y Salud Familiar (ENDES), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en

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el año 2023, el 53.8 % de mujeres entre los 15 y 49 años manifestó haber sido afectados por violencia
sexual, psicológica o física ejercida por su pareja. Este dato indica que más de la mitad de las peruanas
ha sido afectada directamente por la violencia en sus vínculos íntimos. Asimismo, los resultados revelan
una marcada desigualdad regional, ya que, en zonas rurales especialmente en comunidades de
Ayacucho, las tasas de victimización son elevadas (INEI, 2024). Por otra parte, Freire & Velázquez
(2022), mencionaron que el 67.1% de las mujeres peruanas sufrió maltrato físico durante su niñez, y un
57.7% fue violentada por su pareja en la adultez. Esto pone en evidencia un patrón de violencia cíclico
y transgeneracional el cual está fuertemente vinculado con los estilos de crianza que estas mujeres
recibieron.
En el contexto regional de Ayacucho, los datos revelan una realidad más compleja. Esta región,
profundamente marcada por las secuelas del conflicto armado interno, presenta uno de los mayores
índices de violencia familiar del país. En el año 2023, según cifras del INEI (2024), Ayacucho registró
un incremento del 5.3 % en la coyuntura de violencia contra la mujer, convirtiéndose en la región con
mayor proporción de víctimas de violencia conyugal. Este entorno de violencia no solo afecta a los
adultos, también a los adolescentes. Investigaciones recientes llevadas a cabo en instituciones educativas
públicas de Ayacucho revelaron que entre el 63 % y el 78 % de los estudiantes del nivel secundario
reconocen haber vivido violencia dentro de su entorno familiar, especialmente de tipo psicológica o
física. Estos estudios señalan, además, una correlación significativa entre la violencia familiar y otros
factores como la baja resiliencia, la depresión y las conductas antisociales, todas ellas estrechamente
asociadas con estilos de crianza inadecuados.
Frente a esta problemática previamente indicada, se formula la siguiente interrogante: ¿Cómo los estilos
de crianza predicen la violencia intrafamiliar en los adolescentes del distrito de Santillana, provincia de
Huanta, 2026?
En cuanto a la justificación a nivel teórico de la investigación, permite entender cómo las formas de
crianza pueden estar asociadas a la aparición de conductas violentas al interior del hogar, adquisición de
conocimientos que aportan a la dinámica familiar del campo. A nivel social, busca visibilizar la
problemática que involucran directamente el bienestar emocional y psicológico de los adolescentes, lo
cual permitirá sensibilizar a la comunidad y a las autoridades de la localidad, así se implementarán

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acciones preventivas y programas de apoyo familiar. Finalmente, desde el ámbito metodológico, el
estudio utilizó un diseño predictivo para determinar la causalidad de la variable e instrumentos adaptados
al contexto cultural del distrito, lo cual permitirá obtener datos confiables y pertinentes, esto facilitará
su aplicación en futuras investigaciones similares y fortalecerá la base científica para abordar esta
problemática en otras zonas del país.
Dicho esto, se estableció como objetivo general: Analizar los niveles de estilos de crianza predicen los
niveles de violencia intrafamiliar en adolescentes del distrito de Santillana, Huanta, en el año 2026. De
igual manera, se generan los siguientes objetivos específicos: Analizar la autonomía psicológica
promovida por los padres predice la manifestación de la violencia intrafamiliar; Evaluar el efecto del
control conductual ejercida por los padres sobre la presencia de violencia intrafamiliar en los
adolescentes; Describir los niveles de violencia intrafamiliar presente en los adolescentes; e Identificar
los estilos de crianza predominantes percibidos por los adolescentes en la población estudiada.
En cuanto a diversas investigaciones con relación a las variables, se han considerado los siguientes
estudios a nivel internacional: Nwufo et al. (2023), realizaron un estudio en Nigeria, el cual su objetivo
fue analizar la influencia de los estilos de crianza, edad y género en la expresión de la agresión. La
muestra estuvo conformada por 261 adolescentes. Asimismo, se utilizó Cuestionarios sobre estilo
parental y agresión manifiesta. Además, tuvo un diseño correlacional, predictivo. Se concluye que este
estilo parental actúa como factor protector, especialmente en adolescentes mujeres que fueron educadas
por un estilo de crianza autoritativo reducía el nivel de agresión con la edad, en el caso de los
adolescentes del sexo masculino educados con estilos de crianza autoritarios y permisivos
incrementaban el grado de agresión y violencia. Asimismo, Mohammadi & Spencer (2024) investigaron
cómo los estilos de apego actúan como mediadores entre la relación entre la violencia de pareja íntima
(IPV) y los estilos de crianza de mujeres iraníes. La muestra se realizó con 102 mujeres de 18 a 60 años
que acudieron a centros de emergencia social en Isfahan por experiencias de violencia de pareja. El
enfoque fue cuantitativo, explicativo con corte transversal. En conclusión, se encontró que el apego
seguro se asocia positivamente con estilos de crianza autoritativos, mientras que por el contrario el apego
evitativo se relaciona negativamente. Además, la violencia física, económica y sexual mostró vínculos
significativos con los estilos de apego. Por otro lado, dicho estilo de apego puede influir en cómo las

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mujeres que han sufrido IPV ejercen su rol parental. A nivel nacional: Castillo & Silva (2024) efectuó
una investigación con la finalidad de identificar la relación existente entre la violencia intrafamiliar y
los estilos de crianza en padres atendidos por la DEMUNA de Lima Metropolitana. El estudio tuvo un
enfoque cuantitativo, con diseño no experimental y de tipo explicativo. La muestra estuvo conformada
en su totalidad por 132 padres. Asimismo, para obtener los datos, se aplicó el cuestionario de violencia
intrafamiliar y la escala correspondiente a los estilos de crianza. Los resultados revelaron que cuando
hay un alto nivel de violencia intrafamiliar, los padres tienden a usar con frecuencia distintos tipos de
estilos de crianza, ya sean democráticos, autoritarios o permisivos. Esto sugiere que la violencia dentro
del hogar puede influenciar negativamente las prácticas de crianza y la manera en cómo educan y se
relacionan con sus hijos. Asimismo, Meza & Candela (2021) investigaron cómo los estilos de crianza
que se aplican en el núcleo familiar se relacionan con la violencia en los colegios, en adolescentes de 12
a 18 años que viven en diferentes zonas de Lima Norte. Participaron 300 jóvenes, tanto hombres como
mujeres. Asimismo, el estudio fue de tipo no experimental y transversal de enfoque descriptivo y
explicativo. Los hallazgos revelaron que los métodos de crianza impactan en la violencia escolar. Los
estilos autoritario, indulgente y sobreprotector están asociados con una mayor incidencia de violencia,
mientras que el estilo democrático tiende a reducirla. Adicionalmente, se observó que los varones y los
adolescentes mayores exhiben conductas más agresivas.
Para las bases teóricas del estudio de la primera variable: Estilos de crianza. Es considera como un
conjunto de comportamientos, actitudes y prácticas que los padres utilizan de manera consistente para
orientar el desarrollo emocional, social y conductual de sus hijos (Vega 2020). Asimismo, los estilos de
crianza poco afectivos o incoherentes pueden causar resentimiento, frustración y desregulación
emocional en los hijos, provocando que desarrollen comportamientos agresivos hacia sus propios
padres, lo que se conoce como violencia filio-parental (Arias & Rivera, 2025). Por otro lado, las
mencionadas prácticas suelen venir acompañadas de una escasa comunicación afectiva entre padres e
hijos, la cual tiene como consecuencia limitar la expresión emocional y debilitar los vínculos, así como
favorecer la aparición de tensiones crónicas que pueden derivar en conflictos permanentes (Castillo &
Paredez, 2024). Por ello, a menudo se produce la reproducción intergeneracional de estos patrones
disfuncionales. Esto significa que los sujetos que han crecido en un contexto violento tienden a repetirlo

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en su vida adulta.
Con el fin de comprender de manera adecuada el impacto que tiene estilos de crianza desarrollados en
la personalidad y el comportamiento del niño, es fundamental recurrir a las teorías psicológicas
relacionadas con este tema. La teoría del apego desarrollada por Bowlby en 1978, y posteriormente
extendida por Ainsworth, sostiene que la calidad del vínculo de conexión afectiva entre el cuidador y el
niño constituye la base sobre la cual se forma la estabilidad emocional del individuo, la base del
desarrollo psicosocial y la predisposición de una persona a la futura construcción de relaciones
saludables (Ruiz y Gil, 2025). Dentro de esta teoría, se plantea que un estilo de crianza coherente,
sensible y afectivo propiciará un tipo de apego seguro, caracterizado por la confianza, seguridad, y
adecuada regulación emocional, mientras que uno inconsistente, distante o violento resultará en un
apego tipo inestable, es decir se vincula con problemas en la autorregulación emocional, problemas de
conducta y relaciones interpersonales conflictivas a lo largo de la vida. De acuerdo con Pérez (2020) se
observa que los estilos de crianza con en esta corriente tienen un papel de gran importancia en lo ya
propuesto por ésta, dado que la crianza influye de manera directa en la formación de los modelos internos
del niño y, por ende, en sus expectativas y comportamientos en próximos vínculos afectivos.
En cuanto a las dimensiones de los Estilos de crianza propuestas por Steinberg (2001), las cuales son
compromiso, autonomía psicológica y control conductual, cada una de las cuales representa aspectos
esenciales de la interacción entre padres e hijos. Se extiende un concepto teorice sobre la primera
dimensión es, compromiso, hace referencia al grado de implicación afectiva y dedicación que los padres
demuestran hacia sus hijos. Según Steinberg (2001), mencionó que un alto compromiso parental se
manifiesta en la disponibilidad emocional, la participación activa en la vida cotidiana del hijo y el
acompañamiento en momentos importantes. Además, este tipo de vínculo fortalece la seguridad
emocional y el desarrollo positivo del niño y adolescentes. Algunos estudios realizados recientemente
indicaron que el compromiso parental favorece la autoestima y la adaptación social, mientras que otros
mencionaron que señalan que actúa como un factor protector frente a situaciones de estrés o conflicto.
La segunda dimensión, es la autonomía psicológica, se refiere a la capacidad de los padres para permitir
y fomentar la expresión de pensamientos, emociones y decisiones por parte de sus hijos, sin recurrir a
la imposición o al control excesivo. Para Steinberg (2001), mencionó que respetar la autonomía del

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menor implica escucharlo, considerar sus puntos de vista y permitirle explorar su identidad, lo cual
resulta clave para la formación de una personalidad sólida y equilibrada, mientras que Ryan y Deci
(2017) indicaron que “la autonomía fortalece la motivación intrínseca y la autorregulación emocional”
(p. 23). Finalmente, la tercera dimensión, es el control conductual, donde comprende el establecimiento
de normas claras, consistentes y apropiadas para guiar el comportamiento del hijo o adolescente.
Steinberg (2001) advierte que este control no debe confundirse con autoritarismo; por el contrario, debe
ejercerse de manera razonable, afectiva y coherente con el desarrollo del menor. Por otro lado, Baumrind
(1966), había mencionado que, “el control conductual adecuado favorece la internalización de valores y
normas sociales, mientras disminuye la probabilidad de conductas disruptivas, destacando que el control
conductual moderado promueve el autocontrol y el respeto hacia los demás” (p. 901).
Respecto a la segunda variable: Violencia familiar. se entiende como cualquier agresión, física,
psicológica o sexual, ejercida dentro del núcleo familiar por miembros que comparten vínculos de
convivencia, afecto o parentesco, con especial impacto en la población vulnerable como mujeres, niños
y adolescentes (Castro y Ramírez, 2023). Asimismo, la violencia familiar tiene causas y consecuencias
que están ligadas a factores como el estrés, el consumo de sustancias, experiencias de violencia en la
infancia y patrones de comportamiento aprendidos, las repercusiones son profundas para las víctimas,
dejando huellas emocionales, problemas de autoestima, ansiedad, depresión y dificultades en sus
relaciones futuras (Segura et al., 2022). Este tipo de violencia tiene raíces muy profundas y
consecuencias devastadoras. Muchas mujeres que han enfrentado traumas desde la infancia en sus
hogares sufren secuelas psicológicas como ansiedad, depresión, estrés postraumático y síntomas físicos,
como dolores persistentes sin una causa médica clara.
La teoría del sistema familiar y transmisión intergeneracional de la violencia, Straus (1973) mencionó
que “…se trata sobre la forma en que la violencia dentro del hogar surge, se mantiene y se transmite
entre generaciones como parte de un patrón estructural” (p. 2). Straus, plantea que la familia es un
sistema interconectado donde las conductas violentas se retroalimentan y tienden a estabilizarse si no se
interviene. Asimismo, su enfoque señala que la violencia puede transmitirse de una generación a otra
por medio de la visualización y reproducción de modelos significativos padres o cuidadores, reforzando
así los fundamentos de la teoría del aprendizaje social. Según este planteamiento, los hijos que crecen

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en entornos violentos tienden a internalizar normas y “guiones” de conducta que legitiman la agresión
como una forma válida de resolución de conflictos o de ejercicio de control. Del mismo modo la teoría
del ciclo de la violencia de Walker (1979) nos muestra que, en las relaciones abusivas, la violencia sigue
un patrón que se repite y se vuelve más intenso con el tiempo. Según esta teoría, el ciclo comienza con
una fase de acumulación de tensión, donde se dan críticas, discusiones y agresiones verbales o menores
que generan ansiedad y miedo en la víctima.
De acuerdo con Altamirano y Castro (2013), la violencia se clasifica en dos dimensiones principales:
física y psicológica. La primera dimensión la violencia física se manifiesta en tres fases, la primera es
la preocupación constante que va aumentando gradualmente y en donde la víctima trata de apaciguar a
su agresor para impedir la agresión, asimismo la segunda fase es donde detona y se ejecuta la violencia
ya sea física. Asimismo, Barrido & Ocampo (2023) explicó que la violencia física se efectúa a través
del uso de la fuerza para lograr forzar a su víctima para que esta ejecute sus deseos en contra de su
voluntad, perjudicando en la integridad física y causando lesiones en diferentes partes del cuerpo.
Además, la violencia física se ejecuta en dos estilos, el primero por el contacto físico directo con la
víctima, están incluyen lesiones, golpes, cachetadas. El segundo es evitando que la persona agraviada
tenga contacto directo con el exterior es decir y causando lesiones graves hasta la muerte. Asimismo,
como segunda dimensión Lombardo et al., (2023), mencionó que la violencia psicológica tiene ciertas
particularidades, estas son las humillaciones, insultos, actos denigrantes las cuales son realizadas
constantemente por parte del agresor hacia la víctima. Estos actos ocasionan que la persona agraviada
se sienta desvalorizada y con baja autoestima. Cevallos et al., (2022) refiere que la violencia psicológica
es la acción o comportamiento de manera intencionada que produce degradación y sufrimiento en la
víctima. Del mismo modo el maltratador busca aislar de manera social y familiar a la víctima con el
objetivo de obtener el control total sobre su vida. La violencia psicológica genera un gran impacto de
manera negativa en sus víctimas, éstas pueden presentar sintomatología de depresión, ansiedad, estrés,
autoestima baja y problemas de sueño, asimismo están influyen de manera perjudicial en el trabajo,
relaciones interpersonales y la vida diaria.
Finalmente, la presente investigación plantea como hipótesis general que los estilos de crianza predicen
significativamente los niveles de violencia intrafamiliar en los adolescentes del distrito de Santillana,

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provincia de Huanta, en el año 2026. Asimismo, las hipótesis específicas, sostienen que existe una
asociación significativa entre el compromiso parental y los niveles de violencia intrafamiliar en los
adolescentes del distrito de Santillana, Huanta, así como una relación significativa entre la autonomía
psicológica promovida por los padres y la manifestación de la violencia intrafamiliar en dicha población.
De igual manera, se postula que existe una relación significativa entre el control conductual ejercido por
los padres y la presencia de violencia intrafamiliar en los adolescentes residentes del distrito de
Santillana, Huanta.
METODOLOGÍA
Referente al tipo, enfoque y diseño, la presente investigación es de tipo básica, que busca generar
conocimiento y comprensión teórica sobre un fenómeno sin perseguir una aplicación inmediata.
Asimismo, es de tipo asociativo, porque tiene como objetivo establecer la relación entre dos variables
principales: los estilos de crianza y la violencia intrafamiliar (Flores, 2022). El enfoque que sigue es
cuantitativo, el cual se basa en la recopilación y análisis de datos numéricos mediante procedimientos
estadísticos, permitiendo describir, explicar y comprobar fenómenos de manera objetiva (Ortega, 2025.
Además, presente un diseño empírico enfocado a la predicción, al lograr identificar en qué medida los
estilos parentales pueden predecir la aparición o el aumento de conductas violentas dentro del hogar, de
este modo se pretende generar proyecciones que orienten el diseño de estrategias preventivas y
favorezcan la reducción de la violencia intrafamiliar en esta población. Asimismo, es un estudio
descriptivo porque caracterizará los niveles de las variables que están expresadas en los objetivos
planteados (Ato et al.,2013).
Referente a las variables de estudio y su operacionalización, los estilos de crianza se están
conceptualizada por Vega (2020) que engloban diferentes formas, actitudes, comportamientos y
prácticas que los padres emplean para educar a sus hijos, los mismos que se ven influenciadas por
experiencias pasadas de los padres, quienes regulan la educación de sus hijos de acuerdo a como ellos
vivieron y fueron educados. Esta variable se operacionaliza en tres dimensiones de los estilos de crianza:
compromiso, autonomía psicológica y control conductual. El compromiso se refiere al nivel de apoyo,
interés y participación que los padres brindan a sus hijos en su desarrollo emocional, social y académico.
La autonomía psicológica se entiende como la capacidad de los padres para fomentar independencia

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emocional y el pensamiento crítico, evitando ejercer conductas de manipulación o control psicológico.
Finalmente, el control conductual alude al establecimiento de normas claras, límites coherentes y una
adecuada supervisión del comportamiento de los hijos. Estos indicadores son evaluados mediante una
escala ordinal, lo que permite clasificar las respuestas de acuerdo con niveles de intensidad o frecuencia.
En relación a la segunda variable: La violencia intrafamiliar y su conceptualización por Díaz & Ávila,
(2023) refieren que cualquier acto de maltrato, abuso o comportamiento coercitivo perpetrado dentro
del entorno familiar, ejercido por uno o varios miembros del hogar hacia otros, esta se manifiesta en
forma física, sexual y psicológica. Esta variable se ve operacionalizada en dos dimensiones de la
violencia intrafamiliar: violencia física y psicológica. Los indicadores son la violencia física comprende
agresiones corporales como golpes, empujones o jalones, así como el uso de objetos o de fuerza física
con la intención de provocar daño. Por su parte la violencia psicológica se refleja a través de insultos,
humillaciones, amenazas, aislamiento social impuesto y coacción emocional, todo ello con el propósito
de ejercer control sobre la víctima.
Para la población y muestra, Creswell (2014) define a la población como el grupo de personas u objetos
que poseen ciertas características y sobre los cuales el investigador quiere, desea aplicar una determinada
prueba y obtener resultados. De esta manera, está conformada 1,504 adolescentes del distrito de
Santillana, perteneciente a la provincia de Huanta, en el departamento de Ayacucho. Dichos
adolescentes se encuentran en un rango de edad comprendido entre los 10 y 19 años, de acuerdo con los
registros del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2017). La muestra de la presente
investigación está integrada por un total de 306 adolescentes del Municipio de Santillana, en la provincia
de Huanta, departamento de Ayacucho, con categoría de edad entre los 12 y 17 años. El cálculo del
tamaño muestral se realiza aplicando la fórmula estadística para poblaciones infinitas, el cual tiene un
nivel de confianza del 95 % y un margen de error del 5 %. Asimismo, se establecieron los criterios de
inclusión, se considera a los adolescentes entre 12 y 17 años de edad, que estén matriculados en
instituciones educativas, que residían en el distrito de Santillana y que expresaron su disposición
voluntaria para participar mediante la firma del consentimiento informado, en el caso de los menores de
edad, se considera el asentimiento correspondiente. Asimismo, se requiere que los participantes tengan
las competencias básicas de lectura y escritura en el idioma en el que se aplican los instrumentos,

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garantizando así la adecuada comprensión y desarrollo del estudio. Respecto a los criterios de exclusión,
se descarta la participación de aquellos adolescentes que presentaban dificultades cognitivas, sensoriales
o de salud que limitan la comprensión y el correcto llenado de los instrumentos aplicados. De igual
manera, se excluye a quienes no firmaron el consentimiento informado o entregaron los cuestionarios
de forma incompleta, ya que ello impide un análisis válido de la información.
Para la recolección de datos se utilizó la encuesta como instrumento principal, asegurando un
procedimiento sistemático que permite explorar y describir e incluso predecir fenómenos sociales
mediante la aplicación de cuestionarios (Duarte & Guerrero, 2024). Por otro lado, se empleó el
Cuestionario de Estilos de Crianza creado por Steinberg (2001) adaptado al contexto peruano por Merino
y Arndt en 2004, en el idioma español, instrumento diseñado para evaluar comportamientos y prácticas
parentales. Este cuestionario tiene tres dimensiones principales: compromiso, autonomía psicológica y
control conductual, mediante ítems formulados en formato de escala tipo Likert. Su aplicación puede
realizarse de forma grupal o individual, con un tiempo estimado de 15 a 20 minutos. La fiabilidad
reportada en estudios previos presenta coeficientes alfa superiores a 0.80, lo que indica una adecuada
consistencia interna, y su validez de constructo ha sido confirmada mediante análisis factorial. Mediante
la Correlación Ítem–Test, los índices de discriminación oscilaron entre 0.41 y 0.67, evidenciando una
adecuada calidad de los ítems. La prueba t de Student confirmó la validez del instrumento (p < 0.05) al
diferenciar significativamente entre puntajes altos y bajos, como se muestra en la tabla. Asimismo, se
empleó el Cuestionario de Violencia Familiar (VIFA), desarrollado en Perú por Altamirano & Castro
(2013), compuesto por 20 ítems distribuidos en dos dimensiones: violencia física y violencia
psicológica, con escala tipo Likert y un tiempo de aplicación aproximado de 20 minutos. Este
instrumento presentó adecuada validez de contenido, evidenciada mediante el coeficiente V de Aiken
(p < 0.05), y una alta confiabilidad (α = 0.92).
Cabe señalar que Altamirano (2020) realizó una ampliación del instrumento a 46 ítems, reportando
evidencias psicométricas adicionales en población adolescente (KMO = .920; p < .001; α = .855), lo que
respalda la solidez teórica y metodológica del constructo evaluado.
Los principios éticos del presente estudio, se basaron en el Código de ética en investigación de la
Universidad César Vallejo (2024), en consecuencia, el principio de autonomía, se considera la elección

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de los escolares y los padres sobre la implicación del estudio. Para esto se usa el consentimiento
informado descrito de forma sencilla y accesible, el cual explica los objetivos y procesos. De esta forma
se garantiza una decisión libre y voluntaria. Por ello se aplica el principio de beneficencia para asegurar
que los aportes sean reales y beneficiosos para el sector educativo, identificar los estilos de crianza y la
conexión con la violencia familiar, dicha información puede guiar la creación de programas para
prevención y reforzamiento familiar. Además, nos ayuda a evitar que la recopilación de datos cause
incomodidad y malestar a los involucrados. Por otro lado, la no maleficencia se implementa para
prevenir algún tipo de daño psicológico, emocional o de manera física. Se tendrá delicadeza con las
preguntas incluidas en los instrumentos para que no sean de forma intrusiva y no cause incomodidad en
los estudiantes. Para finalizar el principio de justicia asegura la igualdad de trato para todos los
estudiantes.
RESULTADOS
Tabla 1.
Estilos de crianza como predictores de la violencia intrafamiliar en adolescentes del distrito de
Santillana, Huanta, 2026
Modelo R R cuadrado R cuadrado ajustado Error estándar de la estimación
1 -,905a ,819 ,818 4,05686
Modelo Suma de cuadrados gl Media cuadrática F Sig.
1 Regresión 22612,860 1 22612,860 1373,967 ,000b
Residuo 5003,258 304 16,458
Total 27616,118 305
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
b. Predictores: (Constante), Estilos de crianza
En la primera tabla, se muestra un coeficiente R = ,905, evidenciando una relación muy fuerte entre los
estilos de crianza y la violencia intrafamiliar. El R² = ,819 indica que el 81,9% de la variabilidad es
explicada por el modelo, con un R² ajustado de ,818 y un error estándar de 4,05686, lo que refleja alta
precisión. El ANOVA confirma que el modelo es significativo (F = 1373,967; p = ,000 < 0,05). Además,
el coeficiente Beta (β = -,905; p = ,000) evidencia una relación inversa altamente significativa: a mejores

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estilos de crianza, menores niveles de violencia intrafamiliar. Por tanto, se acepta la hipótesis alterna.
Tabla 2.
Compromiso parental como predictor de la violencia intrafamiliar en adolescentes del distrito de
Santillana, Huanta, 2026
Modelo R R cuadrado R cuadrado ajustado
Error estándar de la
estimación
1 ,838a ,702 ,701 5,20245
Modelo Suma de cuadrados gl Media cuadrática F Sig.
1 Regresión 19388,201 1 19388,201 716,343 ,000b
Residuo 8227,917 304 27,066
Total 27616,118 305
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
b. Predictores: (Constante), compromiso parental
En la segunda tabla, se observa un coeficiente R = ,838, que indica una relación fuerte entre compromiso
parental y violencia intrafamiliar. El R² = ,702 señala que el 70,2% de la variabilidad es explicada por
esta dimensión, y el R² ajustado (,701) confirma la consistencia del modelo. El error estándar (5,20245)
refleja adecuada precisión. El ANOVA muestra que el modelo es significativo (F = 716,343; p = ,000 <
0,05), confirmando que el compromiso parental predice significativamente la violencia intrafamiliar y
respaldando la hipótesis específica 1.

pág. 4974
Tabla 3.
Coeficientes del modelo de regresión lineal de los estilos de crianza como predictores de la violencia
intrafamiliar en adolescentes del distrito de Santillana, Huanta, 2026
Modelo
Coeficientes no estandarizados
Coeficientes
estandarizados
t Sig.B Desv. Error Beta
1
(Constante) 64,001 ,992 64,527 ,000
Estilos de crianza -,643 ,017 -,905 -37,067 ,000
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
En la tercera tabla, se observa que los estilos de crianza predicen significativamente la violencia
intrafamiliar (p = ,000). Asimismo, presentan una relación negativa y fuerte (Beta = -0,905), lo que
indica que, a mejores estilos de crianza, menores niveles de violencia intrafamiliar en los adolescentes.
Tabla 4.
Resumen del modelo de regresión lineal de autonomía psicológica como predictor de la violencia
intrafamiliar en adolescentes del distrito de Santillana, Huanta, 2026
Modelo R R cuadrado R cuadrado ajustado Error estándar de la estimación
1 ,823a ,677 ,676 5,41642
Modelo Suma de cuadrados Gl Media cuadrática F Sig.
1 Regresión 18697,491 1 18697,491 637,322 ,000b
Residuo 8918,626 304 29,338
Total 27616,118 305
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
b. Predictores: (Constante), Autonomía psicológica

pág. 4975
En la cuarta tabla, se observa un coeficiente R = ,823, evidenciando una relación fuerte entre autonomía
psicológica y violencia intrafamiliar. El R² = ,677 indica que el 67,7% de la variabilidad es explicada
por esta dimensión, y el R² ajustado (,676) confirma la estabilidad del modelo. El ANOVA (F = 637,322;
p = ,000 < 0,05) confirma que el modelo es significativo, validando la hipótesis específica.
Tabla 5.
Coeficientes del modelo de regresión lineal de autonomía psicológica como predictor de la violencia
intrafamiliar en adolescentes
Modelo
Coeficientes no estandarizados Coeficientes estandarizados
t Sig.B Desv. Error Beta
1 (Constante) 59,287 1,268 46,770 ,000
Autonomía psicológica -1,387 ,055 -,823 -25,245 ,000
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
En la quinta tabla, se observa que la autonomía psicológica predice significativamente la violencia
intrafamiliar (p = ,000). Asimismo, presenta una relación negativa y fuerte (Beta = -,823), lo que indica
que, a mayor autonomía psicológica, menores niveles de violencia intrafamiliar en los adolescentes.
Tabla 6.
Resumen del modelo de regresión para predecir la violencia intrafamiliar a partir del control
conductual de los padres en adolescentes
Modelo R R cuadrado R cuadrado ajustado
Error estándar de la
estimación
1 ,652a ,425 ,423 7,22687
Modelo Suma de cuadrados gl Media cuadrática F Sig.
1 Regresión 11738,907 1 11738,907 224,764 ,000b
Residuo 15877,211 304 52,228
Total 27616,118 305
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
b. Predictores: (Constante), Control Conductual

pág. 4976
En la sexta tabla, se observa un coeficiente R = ,652, lo que indica una relación moderada entre el control
conductual y la violencia intrafamiliar. El R² = ,425 señala que el 42,5% de la variabilidad es explicada
por esta dimensión, confirmándose con el R² ajustado (,423). El error estándar (7,22687) muestra un
nivel aceptable de precisión. El ANOVA evidencia que el modelo es significativo (F = 224,764; p =
,000 < 0,05), indicando que el control conductual influye significativamente en la violencia intrafamiliar.
Tabla 7.
Coeficientes de regresión del control conductual sobre violencia intrafamiliar en adolescentes
Modelo
Coeficientes no estandarizados Coeficientes estandarizados
t Sig.B Desv. Error Beta
1 (Constante) 49,197 1,457 33,773 ,000
Control Conductual -2,148 ,143 -,652 -14,992 ,000
a. Variable dependiente: Violencia intrafamiliar
En la séptima tabla, se observa que el control conductual predice significativamente la violencia
intrafamiliar (p = ,000). Asimismo, presenta una relación negativa y moderada (Beta = -,652), lo que
indica que, a mayor control conductual, menores niveles de violencia intrafamiliar en los adolescentes.
Tabla 8.
Estilos de crianza en adolescentes del distrito de Santillana, Huanta
Niveles Frecuencia Porcentaje
Bajo 65 21,2%
Medio 201 65,7%
Alto 40 13,1%
Total 306 100,0%
En la octava tabla, se observa que el 65,7% de los adolescentes percibe los estilos de crianza en un nivel
medio, lo que indica que en la mayoría de los hogares del distrito de Santillana predominan prácticas
parentales moderadas en cuanto a afecto, supervisión y establecimiento de normas, asimismo, el 21,2%
presenta un nivel bajo, lo que podría evidenciar limitaciones en el acompañamiento y orientación

pág. 4977
familiar, mientras que el 13,1% se ubica en un nivel alto, reflejando una menor proporción de familias
que ejercen estilos de crianza más consistentes y estructurados, en conjunto, los resultados muestran una
tendencia predominante hacia niveles intermedios de crianza en la población estudiada.
Tabla 9.
Violencia intrafamiliar en adolescentes del distrito de Santillana, Huanta
Niveles Frecuencia Porcentaje
Bajo 64 20,9%
Medio 205 67,0%
Alto
Total
37
306
12,1%
100,0%
En la novena tabla, se observa que el 67,0% de los adolescentes se encuentra en un nivel medio de
violencia intrafamiliar, lo que indica la presencia moderada de situaciones conflictivas dentro del
entorno familiar, asimismo, el 20,9% reporta un nivel bajo, reflejando menor exposición a conductas
violentas, mientras que el 12,1% presenta un nivel alto, lo que revela que un grupo reducido, pero
significativo, experimenta altos niveles de violencia en el hogar, en general, los resultados muestran que
la violencia intrafamiliar se manifiesta principalmente en niveles intermedios en la población estudiada.
DISCUSIÓN
A partir de los hallazgos encontrados y considerando el objetivo general, orientado a determinar en qué
medida los estilos de crianza predicen los niveles de violencia intrafamiliar en adolescentes del distrito
de Santillana, Huanta, en el año 2026. El análisis inferencial mediante regresión lineal mostró un
coeficiente R = ,905, indicando una relación muy fuerte entre los estilos de crianza y la violencia
intrafamiliar, con un R² = ,819 que evidencia que el 81,9% de la variabilidad de la violencia intrafamiliar
es explicada por los estilos de crianza; el modelo fue estadísticamente significativo (F = 1373,967; p =
,000 < 0,05), y el coeficiente β = -,905 (p = ,000) demostró una relación inversa altamente significativa,
lo que implica que a mejores estilos de crianza se presentan menores niveles de violencia intrafamiliar,
confirmándose la hipótesis general. Estos hallazgos coinciden con Caycho et al. (2016), quienes
encontraron que el rechazo y la sobreprotección parental se asocian negativamente con la felicidad,

pág. 4978
mientras que la calidez emocional se relaciona positivamente, su modelo explicó el 23% de la varianza
de la felicidad, aunque la variable dependiente es distinta, ambos estudios coinciden en que las prácticas
parentales influyen de manera significativa en el ajuste psicosocial adolescente. Asimismo, Benancio et
al. (2021) determino una influencia significativa de los estilos de crianza sobre variables conductuales
y socioemocionales, reportando valores de R² que oscilan entre ,077 y ,170 según las dimensiones
analizadas; con significancia estadística (p < ,05), DE, dicho estudio evidenció que cuando las
dimensiones parentales se encontrar Estos resultados, son respaldados por la teoría del sistema familiar
y la transmisión intergeneracional de la violencia propuesta por Straus (1973) que explica que la
violencia es un patrón estructural que se mantiene y retroalimenta dentro de la dinámica familiar, desde
esta perspectiva, estilos parentales disfuncionales pueden consolidar interacciones violentas que se
perpetúan en el tiempo, mientras que prácticas parentales saludables reorganizan el sistema hacia
dinámicas protectoras, por tanto, el elevado poder predictivo encontrado en esta investigación encuentra
respaldo teórico en ambos enfoques, al evidenciar que la crianza constituye un factor estructural en la
prevención o mantenimiento de la violencia intrafamiliar. En ese sentido, los resultados empíricos del
presente estudio se articulan con dicha base teórica, al evidenciar que los estilos parentales funcionan
como factores estructurales que pueden fortalecer o debilitar la organización del sistema familiar,
influyendo directamente en la presencia o reducción de la violencia intrafamiliar.
Respecto al primer objetivo específico, que indica en qué medida el compromiso parental predice los
niveles de violencia intrafamiliar en adolescentes. El análisis inferencial mostró un coeficiente R = ,838
y un R² = ,702, por ello que el 70,2% de la variabilidad de la violencia intrafamiliar es explicada por
esta dimensión; el modelo fue significativo (F = 716,343; p = ,000 < 0,05) y el coeficiente β = -,838 (p
= ,000) evidencia una relación inversa significativa, indicando que un mayor compromiso parental se
asocia con menores niveles de violencia intrafamiliar, aceptándose la hipótesis específica, desde los
resultados descriptivos, el 48,4% de los adolescentes percibe un compromiso parental medio, el 30,7%
alto y el 20,9% bajo, evidenciando que aunque predomina un involucramiento moderado, existe un
grupo considerable con limitada participación afectiva y comunicativa en la familia. Este resultado
coinciden con Castillo & Silva (2024), identificaron una correlación significativa y directa entre
violencia intrafamiliar y estilo democrático (Rho = 0,673; p = 0,000), con una fuerza de asociación

pág. 4979
media, asimismo, en su estudio predominó un nivel regular de violencia intrafamiliar (64,4%), lo que
infiere que incluso en contextos donde se reportan prácticas democráticas pueden persistir dinámicas
conflictivas, de la misma manera, la presencia del estilo democrático no garantiza por sí sola la ausencia
de violencia, especialmente cuando coexiste con otras prácticas parentales inconsistentes. No tiene
mucha concordancia con Alvarado y Huamán (2022), quienes reportaron una correlación positiva débil
entre compromiso y violencia familiar (Rho = ,046; p > 0,05), sin significancia estadística, asimismo, el
79,2% percibía el compromiso en nivel bueno, se infiere que no basta con describir el nivel del
compromiso parental, sino que es necesario analizar su impacto estructural sobre la dinámica familiar;
en el presente estudio, el compromiso se configura como un factor protector relevante frente a la
violencia intrafamiliar. Por lo tanto, se sustenta con el modelo de estilos parentales de Laurence (2001)
quien conceptualiza el compromiso como el grado de implicación afectiva y participación activa de los
padres en la vida de sus hijos. Según este enfoque, cuando el compromiso es alto y consistente, se
favorece el ajuste socioemocional y la internalización de normas prosociales; en consecuencia, los
resultados del presente estudio confirman empíricamente que el compromiso parental no solo constituye
una dimensión descriptiva, sino un elemento estructural que reduce significativamente la probabilidad
de violencia intrafamiliar.
Por otra parte, referente al segundo objetivo específico, se analizó la autonomía psicológica como
predictor de la violencia intrafamiliar en adolescentes. El análisis inferencial respecto a la autonomía
psicológica mostró un coeficiente R = ,823 y un R² = ,677, indicando que el 67,7% de la variabilidad de
la violencia intrafamiliar es explicada por esta dimensión; el modelo fue significativo (F = 637,322; p =
,000 < 0,05) y el coeficiente β = -,823 (p = ,000) evidencia una relación inversa significativa,
demostrando que la promoción de independencia, expresión emocional y toma de decisiones por parte
de los padres reduce significativamente los niveles de violencia intrafamiliar, aceptándose la hipótesis
específica 2, desde la perspectiva descriptiva, la mayoría de los adolescentes percibe un nivel medio de
autonomía psicológica, reflejando que la mayoría recibe cierto respeto hacia sus opiniones y decisiones,
aunque no de manera plenamente consolidada. Los resultados coinciden parcialmente con Benancio et
al. (2021) quien encontró influencia significativa en habilidades sociales básicas (R² = ,170; p = ,023),
no halló influencia significativa en habilidades avanzadas ni en habilidades relacionadas con los

pág. 4980
sentimientos (p > ,05), asimismo, cuando la autonomía psicológica se encuentra sobre el promedio,
predominaban niveles buenos de habilidades sociales. No obstante, Alvarado y Huamán (2022)
encontraron una correlación positiva débil entre autonomía psicológica y violencia familiar, además,
descriptivamente encontró un nivel regular y malo en autonomía, señalando deficiencias en esta
dimensión; de manera similar, se demuestra que fortalecer la autonomía psicológica constituye un factor
protector significativo frente a la violencia intrafamiliar adolescente. Estos resultados coinciden con la
teoría de la autodeterminación propuesta por Richard & Edward (2017) quienes sostienen que el apoyo
a la autonomía fortalece la motivación intrínseca y la autorregulación emocional, en contextos familiares
donde la autonomía es respetada, los adolescentes desarrollan mayor autocontrol y menor tendencia a
conductas violentas, por tanto, el sustento teórico confirma que la autonomía psicológica constituye un
componente clave en la prevención de dinámicas familiares conflictivas.
Por otro lado, en relación con el tercer objetivo específico, se evaluó el efecto del control conductual
precedida por los padres sobre la presencia de violencia intrafamiliar en adolescentes. El análisis
inferencial mostró un coeficiente R = ,652 y un R² = ,425, indicando que el 42,5% de la variabilidad de
la violencia intrafamiliar es explicada por esta dimensión; el modelo fue significativo (F = 224,764; p =
,000 < 0,05) y el coeficiente β = -,652 (p = ,000) evidencia una relación inversa significativa, lo que
indica que un control conductual basado en normas claras y supervisión coherente se asocia con menores
niveles de violencia intrafamiliar, aceptándose la hipótesis específica 3, desde los resultados
descriptivos, el 56,2% de los adolescentes percibe un nivel medio de control conductual, el 29,4% bajo
y el 14,4% alto, mostrando que la supervisión parental predomina en niveles moderados dentro de la
población estudiada. Este hallazgo coincide con el estudio de Castillo y Silva (2024) reportaron una
correlación directa media entre violencia intrafamiliar y estilo permisivo, además, señalaron que el
48,5% de los padres presentaban niveles bajos en estilos de crianza, lo que refleja poca definición en
sus prácticas parentales, ambos estudios coinciden en que tanto el exceso de control como la falta de
límites constituyen factores de riesgo que pueden favorecer la aparición o mantenimiento de dinámicas
violentas dentro del sistema familiar. No concuerda con Alvarado y Huamán (2022) que hallaron una
correlación positiva débil, sin significancia, asimismo, evidenciaron que el 52,5% presentaba un nivel
regular y el 45,8% un nivel malo en control conductual, lo que indicaba dificultades en la regulación

pág. 4981
familiar, esto demuestra que las dimensiones del estilo de crianza, especialmente el compromiso parental
y la autonomía psicológica, poseen un sólido poder predictivo sobre la violencia intrafamiliar en
adolescentes. Estos resultados se sustenta con la teoría del ciclo de la violencia planteada por Walker
(1979) explica que la violencia tiende a repetirse en patrones progresivos cuando no existen mecanismos
reguladores adecuados dentro del sistema familiar, un control excesivo o, por el contrario, la ausencia
de límites puede reforzar la acumulación de tensión y la posterior explosión agresiva; en consecuencia,
los resultados del estudio evidencian que un control conductual equilibrado actúa como mecanismo
preventivo que contribuye a romper la dinámica cíclica de la violencia intrafamiliar
A su vez, en el cuarto objetivo específico, se buscó determinar los niveles de estilos de crianza y
violencia intrafamiliar en adolescentes, se evidenció que el 65,7% de los adolescentes percibe los estilos
de crianza en un nivel medio, el 21,2% en nivel bajo y el 13,1% en nivel alto; mientras que la violencia
intrafamiliar se presenta principalmente en un nivel medio con el 67,0%, seguido del nivel bajo con el
20,9% y el nivel alto con el 12,1%, evidenciando un predominio de prácticas parentales moderadas
dentro del entorno familiar, lo que se relaciona con la presencia también moderada de situaciones de
violencia intrafamiliar. Estos resultados coinciden con Meza y Candela (2021), quienes evidenciaron
que el nivel de violencia intrafamiliar dominante en adolescentes fue de nivel bajo con 39,3%, seguido
del nivel medio con 32,0% y el nivel alto con 28,7%, asimismo, respecto a los estilos de crianza,
predominó el estilo autoritario en nivel alto con 90,7% y el estilo democrático también en nivel alto con
61,3%, mientras que los estilos indulgente y sobreprotector se presentaron principalmente en nivel
medio con 61,3% y 66,0%, respectivamente. Por otro lado, no concuerda con Alvarado y Huamán
(2022), quienes en su investigación identificaron niveles mayoritariamente malos de violencia física
(84,2%) y violencia psicológica (78,3%), evidenciando un escenario familiar más crítico y con mayor
presencia de conductas violentas. Estos resultados se sustentan desde la teoría del sistema familiar y la
transmisión intergeneracional de la violencia propuesta por Straus (1973), la cual plantea que las
conductas y patrones de interacción dentro de la familia tienden a reproducirse y mantenerse en el
tiempo, por lo que los estilos parentales cumplen un rol fundamental en la organización del sistema
familiar. En ese sentido, cuando predominan prácticas de crianza más adecuadas, se favorecen relaciones
familiares más equilibradas que contribuyen a reducir la presencia de violencia intrafamiliar.

pág. 4982
Respecto a las proyecciones para futuras investigaciones, se recomienda desarrollar estudios
longitudinales que permitan analizar la evolución de los estilos de crianza y su impacto en la violencia
intrafamiliar a lo largo del tiempo; asimismo, incorporar diseños mixtos que integren entrevistas a padres
y docentes para contrastar percepciones, de igual manera, sería pertinente ampliar la muestra a otros
distritos o regiones, a fin de comparar resultados y fortalecer la validez externa de los hallazgos,
finalmente, se sugiere explorar variables mediadoras como autoestima, clima familiar o regulación
emocional, que podrían explicar con mayor profundidad la relación entre estilos de crianza y violencia
intrafamiliar.
RECOMENDACIONES
Se recomienda que las instituciones educativas y autoridades locales del distrito de Santillana
desarrollen programas preventivos orientados al fortalecimiento de los estilos de crianza, considerando
que estos constituyen un factor determinante en la disminución de la violencia intrafamiliar en
adolescentes, la evidencia del estudio demuestra que una mejora integral en las prácticas parentales
contribuye significativamente a reducir conductas violentas dentro del entorno familiar, por lo que es
necesario promover intervenciones sistemáticas dirigidas a padres y madres de familia.
Se recomienda a los padres y docentes de la institución educativa fortalecer el compromiso parental
mediante la implementación de escuelas de padres, talleres formativos y espacios de orientación familiar
que promuevan el involucramiento activo en la vida emocional y académica de los adolescentes, los
resultados del estudio evidencian que, cuando existe mayor acompañamiento, comunicación y apoyo
afectivo por parte de los padres, se reducen significativamente los niveles de violencia intrafamiliar; por
ello, esta dimensión debe ser priorizada en las estrategias de intervención orientadas al fortalecimiento
de la convivencia familiar.
Se recomienda capacitar a los padres en estrategias que fomenten la autonomía psicológica de sus hijos,
promoviendo la expresión emocional, la toma de decisiones responsable y el respeto por sus opiniones,
la investigación demuestra que cuando los adolescentes perciben mayor confianza y reconocimiento de
su individualidad, disminuyen los conflictos y manifestaciones de violencia dentro del hogar, por tanto,
fortalecer esta dimensión contribuirá a una convivencia familiar más saludable.
Se sugiere orientar a los padres en la aplicación de un control conductual adecuado, basado en normas

pág. 4983
claras, coherentes y consistentes, evitando prácticas autoritarias o excesivamente permisivas, el estudio
indica que una supervisión equilibrada y el establecimiento de límites adecuados favorecen la reducción
de la violencia intrafamiliar, por lo que resulta necesario promover modelos de disciplina positiva en el
entorno familiar.
Finalmente, se recomienda a futuros investigadores y a las universidades desarrollar estudios con
diseños experimentales o cuasi experimentales, así como implementar programas de intervención
dirigidos a padres y adolescentes, con el propósito de evaluar la efectividad de estrategias de
fortalecimiento de los estilos de crianza en la reducción de la violencia intrafamiliar, asimismo, se
sugiere ampliar la investigación en diferentes contextos sociales y educativos para comparar resultados
y generar evidencia más sólida sobre esta problemática.
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