LA CIBERSEGURIDAD EN LA
PLANEACIÓN NACIONAL DE MÉXICO
(2001–2024): JERARQUÍA ESTRATÉGICA Y
CONFIGURACIÓN COMO PROBLEMA
PÚBLICO
CYBERSECURITY IN MEXICO’S NATIONAL PLANNING (2001–
2024): STRATEGIC HIERARCHY AND CONFIGURATION AS A
PUBLIC PROBLEM
Norma María Martínez-López
Universidad de la Sierra Sur
Edú Ortega-Ibarra
Universidad de la Sierra Sur
Daniel Robles Torres
Universidad de la Sierra Sur
Christian Cruz Meléndez
Universidad de la Sierra Sur

pág. 5074
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23538
La ciberseguridad en la planeación nacional de México (2001–2024):
jerarquía estratégica y configuración como problema público
Norma María Martínez-López1
normamacademico@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-8945-4759
Universidad de la Sierra Sur
México
Edú Ortega-Ibarra
eoi.unsis.edu.mx@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-6504-7366
Universidad de la Sierra Sur
México
Daniel Robles Torres
danielcanek@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-9641-3971
Universidad de la Sierra Sur
México
Christian Cruz Meléndez
cacruzme@secihti.mx
https://orcid.org/0000-0002-6105-9167
Universidad de la Sierra Sur
México
RESUMEN
El artículo tiene como objetivo analizar la incorporación de la ciberseguridad en la planeación nacional
mexicana a partir de los Planes Nacionales de Desarrollo 2001–2024, con el fin de examinar su jerarquía
como problema público. Para ello, se emplea un enfoque cualitativo de tipo documental basado en la
técnica de análisis de contenido de los objetivos, estrategias y enfoques vinculados con la ciberseguridad
en los distintos sexenios. Los resultados muestran la ausencia de objetivos autónomos de ciberseguridad
y el predominio de referencias indirectas subordinadas a marcos de modernización administrativa,
seguridad pública, seguridad nacional y seguridad interior. Asimismo, se observa una incorporación
discontinua y funcional del tema, sin consolidarse como un campo estratégico de política pública. En
general, estos hallazgos indican que la planeación nacional mexicana ha reconocido parcialmente la
ciberseguridad, pero no la ha jerarquizado de manera suficiente, lo que evidencia limitaciones
estructurales para su integración como prioridad en la acción del Estado.
Palabras clave: ciberseguridad; planeación nacional; políticas públicas; agenda gubernamental,
jerarquía de problemas públicos
1 Autor principal.
Correspondencia: normamacademico@gmail.com

pág. 5075
Cybersecurity in Mexico’s National Planning (2001–2024): Strategic
Hierarchy and Configuration as a Public Problem
ABSTRACT
This article aims to analyze the incorporation of cybersecurity into Mexico’s national planning through
the National Development Plans from 2001 to 2024, in order to examine its hierarchy as a public
problem. A qualitative documentary approach is employed, based on content analysis of the objectives,
strategies, and thematic orientations related to cybersecurity across different presidential
administrations. The findings reveal the absence of autonomous cybersecurity objectives and the
predominance of indirect references subordinated to traditional frameworks such as administrative
modernization, public security, national security, and internal security. Furthermore, the results indicate
a discontinuous and functional incorporation of cybersecurity, without consolidation as a strategic field
of public policy. Overall, the study shows that while cybersecurity has been partially recognized within
national planning, it has not been sufficiently prioritized, highlighting structural limitations for its
integration as a core component of state action.
Keywords: cybersecurity; national planning; public policy; Government agenda; Public problem
hierarchy
Artículo recibido 02 febrero 2026
Aceptado para publicación: 27 febrero 2026

pág. 5076
INTRODUCCIÓN
Desde la expansión de Internet en la década de 1990, el entorno digital ha transformado de manera
profunda la organización social, económica y política de los Estados, al tiempo que ha generado nuevas
vulnerabilidades asociadas a la interconectividad global. En este contexto, la ciberseguridad ha
emergido progresivamente como un campo de atención gubernamental, especialmente tras eventos que
evidenciaron el carácter disruptivo de las amenazas cibernéticas, como las operaciones en el
ciberespacio vinculadas al conflicto de Kosovo en 1999 y los ataques contra Estonia en 2007 (Wiedemar,
2023; Abad, 2020; McGuinness, 2007). A partir de entonces, diversos países comenzaron a desarrollar
estrategias orientadas a proteger infraestructuras críticas, sistemas de información y capacidades
estatales frente a riesgos digitales crecientes.
Sin embargo, el reconocimiento de la ciberseguridad como un problema relevante no implica
necesariamente su consolidación como prioridad estratégica dentro de la acción estatal. En América
Latina y el Caribe, aunque organismos como la Organización de los Estados Americanos y el Banco
Interamericano de Desarrollo han impulsado el fortalecimiento de capacidades en esta materia, persisten
rezagos en su incorporación integral a las políticas públicas, particularmente en los instrumentos de
planeación nacional, donde suelen privilegiarse los beneficios de la digitalización por encima de sus
riesgos asociados (BID & OEA, 2016). Esto adquiere especial relevancia en un contexto en el que la
creciente dependencia de infraestructuras y servicios digitales incrementa la exposición a riesgos con
implicaciones para la seguridad, la economía y la gobernabilidad.
En México, los Planes Nacionales de Desarrollo (PND) constituyen el principal instrumento rector de
la acción gubernamental, al establecer objetivos, estrategias y prioridades del desarrollo (Cámara de
Diputados del H. Congreso de la Unión, 2024). Por ello, su análisis permite examinar no solo la inclusión
de determinados temas, sino también el lugar que ocupan dentro del sistema de prioridades del Estado.
No obstante, los estudios sobre ciberseguridad en México se han concentrado sobre todo en aspectos
normativos o técnicos, dejando relativamente inexplorada su posición dentro de la planeación nacional.
En particular, persiste un vacío respecto a cómo ha sido incorporada en los PND y qué revela esta
incorporación sobre su jerarquía como problema público. En esta línea, diversos estudios han abordado
la ciberseguridad en México desde enfoques normativos o técnicos, señalando problemas en la

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consolidación de una política de ciberseguridad con visión estratégica y articulación suficiente frente a
sus socios regionales (Aguilar Antonio, 2024; Piña Libién, 2019; Aguilar Antonio, 2020). No obstante,
estos análisis han prestado menor atención a su posición dentro de la planeación nacional, lo que refuerza
la pertinencia de examinar su ubicación dentro de los Planes Nacionales de Desarrollo.
A partir de este vacío, el artículo busca responder qué revela la incorporación de la ciberseguridad en
los Planes Nacionales de Desarrollo de México entre 2001 y 2024 sobre su jerarquía como problema
público dentro de la planeación nacional. Para abordar este problema, el estudio propone un modelo
analítico de jerarquización de problemas públicos, articulado en tres dimensiones de la acción estatal:
agenda gubernamental, planeación nacional y política pública. Este enfoque se sustenta en la literatura
sobre agenda gubernamental, planeación y políticas públicas, particularmente en los aportes de Aguilar
Villanueva (1993), Matus (1987), Parsons (2007), Isuani (2012) y, Mballa y González López (2017),
que permiten analizar el proceso mediante el cual los problemas públicos son reconocidos, jerarquizados
e instrumentados por el Estado. Por otra parte, este modelo se operacionaliza mediante el análisis de tres
dimensiones empíricas: la proporción de referencias vinculadas con la ciberseguridad, su ubicación
temática dentro de la planeación nacional y el enfoque con el que fueron formuladas.
Con base en ello, se emplea un enfoque cualitativo mediante análisis de contenido deductivo de los
objetivos y estrategias contenidos en los PND correspondientes a los sexenios de Vicente Fox, Felipe
Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. En este sentido, el artículo contribuye
al campo de estudio al introducir una perspectiva analítica centrada en la jerarquía estratégica de los
problemas públicos, aplicable no solo al caso de la ciberseguridad, sino también al análisis de otros
temas emergentes en la agenda gubernamental.
MARCO TEÓRICO
Problemas públicos y construcción de agenda gubernamental
Las necesidades sociales surgen cuando un conjunto de carencias y demandas deja de ser una
experiencia aislada y comienza a afectar de manera compartida a una población; en ese momento, puede
transformarse en un problema público si actores con capacidad de influencia, dentro o fuera del Estado,
lo reconocen como asunto que requiere intervención gubernamental (Mballa & González López, 2017;
Olavarría Gambi, 2007: Sandoval Escalante, 2023). En este proceso, no basta con que exista una

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afectación al bienestar social, a la armonía colectiva o al entorno, sino que también intervienen juicios
éticos, conocimiento especializado y relaciones de poder que contribuyen a visibilizar el problema. Por
ello, la conversión de una necesidad en problema público implica su institucionalización mediante
marcos normativos y legales, lo que permite su incorporación a las agendas del Estado. Sin embargo,
esta transformación no es automática ni lineal, ya que supone disputas constantes entre autoridades y
diversos actores sociales por definir qué demandas serán reconocidas y cuáles quedarán fuera de la
acción gubernamental (Mballa & González López, 2017).
En este marco, la agenda gubernamental puede entenderse como el conjunto de problemas que logran
captar la atención de las autoridades y que son considerados susceptibles de intervención (Cobb et al.,
1976; Aguilar Villanueva, 1993; Ramírez, 2007; Aguilar Villanueva, 2017). Como señalan estos autores,
la agenda no incorpora todos los problemas existentes, sino únicamente aquellos que logran posicionarse
dentro del espacio de decisión política. Sin embargo, la inclusión de un tema en la agenda no garantiza
su atención prioritaria, ya que los gobiernos enfrentan múltiples demandas que compiten por recursos,
tiempo y capacidad institucional (Aguilar Villanueva, 1993; González Ibarra & Hernández Bazán,
2021).
Por ende, el reconocimiento de un problema en la agenda constituye una condición necesaria, pero no
suficiente, para que éste adquiera una posición central dentro de la acción estatal. Aunque la
incorporación de un tema a la agenda supone un primer nivel de visibilizarían, ello no permite
determinar todavía el lugar que ocupa dentro de las prioridades gubernamentales. Para ello resulta
necesario examinar la planeación nacional.
Planeación nacional y jerarquización de prioridades públicas
Desde la perspectiva de la administración pública, la planeación se refiere al proceso de fijar los
objetivos generales de una o varias instituciones en distintos horizontes temporales en base a un
apropiado diagnóstico de las necesidades sociales, así como de delimitar el marco normativo que orienta
su actuación. De igual manera, implica diseñar planes, programas y proyectos, e identificar las
estrategias, medidas y recursos indispensables para su cumplimiento (Chapoy Bonifaz, 2003; Núñez
Medina, et al., 2020).

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La planeación en la administración pública parte de un criterio de racionalidad, ya que supone elegir,
entre diversas alternativas de acción, aquellas más adecuadas para alcanzar los objetivos del desarrollo.
En ese sentido, no se reduce a la formulación de metas, planes o programas, sino que implica articular
prioridades de corto, mediano y largo plazo con mecanismos de gestión, asignación de recursos e
inversiones públicas capaces de materializar las transformaciones previstas. Así, su relevancia radica en
su capacidad para ordenar la acción estatal y orientar de manera coherente la intervención gubernamental
(Chapoy Bonifaz, 2003).
Desde una perspectiva crítica, Matus (1987) advierte que la planeación solo adquiere sentido cuando
deja de ser un ejercicio formal y se convierte en una guía efectiva para la acción gubernamental. Bajo
esta lógica, los planes sectoriales o temáticos únicamente resultan eficaces si se insertan en una
planeación general que realmente oriente la toma de decisiones del gobierno. De ahí que el autor señale
la frecuente brecha entre los planes formulados como compromisos oficiales y las decisiones que, en la
práctica, conducen la acción cotidiana de los gobernantes. Por lo tanto, la utilidad de la planeación no
reside en su sola existencia documental, sino en su capacidad para anticipar problemas, jerarquizar
prioridades y conducir efectivamente la acción del Estado.
En México, la Ley de Planeación constituye el fundamento jurídico de la planeación nacional en materia
de acción gubernamental, al establecer que, la planeación debe desarrollarse como un medio para
garantizar el desempeño eficaz de las responsabilidades del Estado. Desde esta óptica, la planeación
nacional del desarrollo puede entenderse como un proceso de organización racional y sistemática de
acciones que, a partir del ejercicio de las atribuciones del Ejecutivo Federal, busca transformar la
realidad del país conforme a las normas, principios y objetivos previstos en la Constitución y en la propia
ley (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2024). Por ende, el Plan Nacional de Desarrollo,
establece los propósitos y prioridades de los gobiernos (Chapoy Bonifaz, 2003). Por otra parte, la Ley
Orgánica de la Administración Pública Federal, establece que la actuación de las dependencias y
entidades públicas debe orientarse conforme a las prioridades definidas en la planeación nacional del
desarrollo, de modo que sus acciones contribuyan al cumplimiento de los objetivos estratégicos fijados
por el Estado (Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, 2025) y de la misma manera lo
confirma la Ley de Planeación.

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En la administración pública, la planeación orienta de manera obligatoria la actuación de las
instituciones mediante programas sectoriales de mediano plazo y programas operativos anuales, en los
que se definen objetivos, políticas, acciones, responsables, recursos y metas concretas (Chapoy Bonifaz,
2003). En esa misma lógica, Martín (2005) señala que la definición de una estrategia de gobierno
implica, además, jerarquizar las prioridades del desarrollo nacional, de modo que el plan no solo
organice la acción estatal, sino que también funcione como principio ordenador de las políticas públicas.
En este sentido, si la agenda gubernamental permite identificar qué problemas son reconocidos por el
Estado, la planeación nacional permite observar cuáles de ellos son efectivamente jerarquizados como
prioridades estratégicas. Sin embargo, para comprender cómo estas prioridades se traducen en acciones
concretas, resulta necesario analizar el ámbito de las políticas públicas, en donde dichas definiciones
adquieren forma operativa.
Ciberseguridad como objeto de política pública
Las políticas públicas pueden entenderse como el conjunto de decisiones y acciones mediante las cuales
el Estado interviene para atender problemas públicos, es decir, situaciones que trascienden el ámbito
individual y adquieren relevancia colectiva al afectar el bienestar social, la seguridad o la estabilidad
institucional (Mballa & González López, 2017; Olavarría Gambi, 2007; Olaya & gallego, 2022). En este
proceso, la agenda, la planeación nacional y las políticas públicas constituyen dimensiones articuladas
de la acción estatal: mientras la agenda permite visibilizar determinados problemas, la planeación
nacional los jerarquiza como prioridades estratégicas, y las políticas públicas traducen esas prioridades
en objetivos, estrategias e instrumentos concretos de intervención.
Desde esta perspectiva, una política pública no surge de una decisión aislada, sino de un proceso de
reconocimiento, incorporación y proyección institucional del problema en la acción gubernamental
(Parsons, 2007). Además, su eficacia depende no solo de su formulación, sino también de la coherencia
entre el problema identificado, los medios empleados y los resultados esperados (Cejudo & Michel,
2016; Salazar Vargas, 2019). Bajo esta lógica, la ciberseguridad puede asumirse como un problema
público en la medida en que las amenazas digitales comprometen servicios, instituciones, información
estratégica e incluso la confianza ciudadana en la capacidad del Estado para proteger el entorno digital.

pág. 5081
Por lo tanto, abordar la ciberseguridad como política pública implica reconocer que su atención no puede
limitarse a respuestas técnicas aisladas, sino que requiere marcos normativos, capacidades
institucionales, coordinación intergubernamental e instrumentos específicos de intervención. Como
señalan Howlett (2023), Tiburcio Zamudio (2024), Isuani (2012) y Cejudo y Michel (2016), los
instrumentos de política pública son los medios que permiten convertir objetivos en acciones, por lo que
su coherencia y complementariedad resultan esenciales frente a problemas complejos. Esta exigencia ha
sido confirmada por análisis recientes sobre el caso mexicano, los cuales advierten que una ley o marco
de ciberseguridad resulta insuficiente si no se sustenta en principios integrales, capacidades técnicas y
comprensión especializada del problema, evitando así respuestas parciales o meramente reactivas
(Aguilar Antonio & Quechol Maciel, 2025).
Asimismo, para que una política pública sea viable y efectiva, debe contar con condiciones mínimas de
implementación, entre ellas un dispositivo normativo que le otorgue dirección, un dispositivo de gestión
que haga posible su ejecución y un conjunto de recursos básicos que garantice su operación (Isuani,
2012). Esta exigencia adquiere especial relevancia en ciberseguridad, dado que se trata de un ámbito
transfronterizo, fragmentado y altamente interconectado, cuya gobernanza involucra a múltiples actores
estatales y no estatales (Parto & Els, 2024; Van den Berg & Keymolen, 2017). Por ello, una política
pública de ciberseguridad requiere no solo leyes y estrategias, sino también mecanismos de gestión,
recursos, cooperación y capacidades técnicas que permitan prevenir, mitigar y responder de manera
efectiva a los riesgos del ciberespacio.
En suma, las perspectivas sobre problemas públicos, agenda gubernamental, planeación nacional y
políticas públicas permiten comprender que la acción estatal no responde de manera automática a la
existencia de riesgos o necesidades, sino a procesos de reconocimiento, jerarquización e
instrumentación. Mientras la agenda define qué problemas logran visibilizarse en el espacio de decisión
política (Aguilar Villanueva, 1993; Cobb et al., 1976), la planeación nacional establece su posición
dentro del sistema de prioridades del Estado (Matus, 1987; Chapoy Bonifaz, 2003), y las políticas
públicas traducen dichas prioridades en acciones concretas mediante objetivos, estrategias e
instrumentos (Parsons, 2007; Cejudo & Michel, 2016). Desde esta perspectiva, la ciberseguridad puede
analizarse no solo como un riesgo asociado al entorno digital, sino como un problema público cuya

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relevancia depende de la forma en que es incorporado, jerarquizado e instrumentado por el Estado. En
este sentido, el estudio de los Planes Nacionales de Desarrollo permite examinar empíricamente su
posición dentro de la estructura de prioridades gubernamentales, a partir de tres dimensiones analíticas:
la proporción de referencias vinculadas con la ciberseguridad, su ubicación temática dentro de la
planeación nacional y el enfoque con el que es formulada, lo que permite evaluar su jerarquía como
problema público en el ámbito programático. Desde una perspectiva comparada, la literatura reciente
también recalca que las políticas de ciberseguridad más robustas se construyen a partir de esquemas de
gobernanza que articulan gestión del riesgo, intercambio seguro de información y dirección estratégica,
lo que resulta especialmente relevante para evaluar si un tema ha sido realmente institucionalizado como
prioridad pública (Figueroa et al., 2025).
METODOLOGÍA
El presente estudio se desarrolla desde un enfoque cualitativo de carácter analítico-comparativo, con el
propósito de examinar la incorporación de la ciberseguridad en la planeación nacional de México y
analizar su jerarquía como problema público. Se empleó un diseño longitudinal y comparativo, tomando
como corpus cuatro documentos correspondientes a los Planes Nacionales de Desarrollo de los sexenios
de Vicente Fox (2001–2006), Felipe Calderón (2007–2012), Enrique Peña Nieto (2013–2018) y Andrés
Manuel López Obrador (2019–2024), específicamente en sus apartados de seguridad. La técnica de
recolección de datos fue la revisión documental, mientras que para el análisis se utilizó la técnica de
análisis de contenido cualitativo deductivo. La unidad de análisis estuvo integrada por los objetivos y
estrategias con relación directa o indirecta con la ciberseguridad; la primera se definió como mención
explícita al tema, y la segunda como referencias a tecnologías de la información, delitos informáticos,
sistemas digitales o procesos de modernización con implicaciones en seguridad. El procedimiento
consistió, en primer lugar, en revisar los apartados de seguridad de cada plan para identificar fragmentos
de texto asociados con la ciberseguridad y, en segundo lugar, en codificarlos y clasificarlos a partir de
categorías analíticas previamente definidas: proporción, ubicación temática y enfoque. La información
se organizó en matrices comparativas por sexenio, lo que permitió examinar tanto la densidad como la
forma de incorporación del tema en la planeación nacional.

pág. 5083
RESULTADOS
Lugar jerárquico de la ciberseguridad en la planeación nacional
La Tabla 1 muestra que, en los cuatro sexenios analizados, persiste un patrón en el que, los objetivos
vinculados indirectamente con la ciberseguridad son menores que los objetivos tradicionales de
seguridad. En términos proporcionales, su presencia es reducida en todos los periodos. De manera
comparativa, el sexenio de Vicente Fox presenta la mayor proporción relativa, con 4 de 8 objetivos,
mientras que el de Andrés Manuel López Obrador registra 2 objetivos indirectos pese al mayor número
total de objetivos. Asimismo, en ningún sexenio se identifican objetivos autónomos de ciberseguridad.
En general, los datos muestran una presencia reducida de objetivos relacionados con este tema a lo largo
del periodo analizado y una continuidad en la ausencia de objetivos específicos.
Tabla 1. Distribución de objetivos vinculados con la ciberseguridad en los Planes Nacionales de
Desarrollo, 2001–2024
Sexenio Objetivos tradicionales
vinculados con la
seguridad
Objetivos con relación
indirecta a la
ciberseguridad
Objetivos autónomos
de ciberseguridad
Vicente Fox
(2001–2006)
8 4 0
Felipe Calderón
(2007–2012)
35 5 0
Enrique Peña
Nieto (2013–
2018)
6 2 0
Andrés Manuel
López Obrador
(2019–2024)
35 2 0
Total 84 13 0
Fuente: Elaboración propia con base en los Planes Nacionales de Desarrollo 2001–2024.

pág. 5084
La Tabla 2 muestra que, a lo largo de los cuatro sexenios, las estrategias con relación indirecta a la
ciberseguridad mantienen una presencia reducida frente a las estrategias tradicionales de seguridad,
mientras que las estrategias autónomas están ausentes en todo el periodo analizado. Esta regularidad
permite identificar una tendencia de baja proporción de estrategias vinculadas con la ciberseguridad
entre 2001 y 2024. En términos comparativos, el mayor número de estrategias indirectas se registra en
el sexenio de Vicente Fox, con 8, y el menor en el de Enrique Peña Nieto, con 3. Aunque existen
variaciones en los valores absolutos entre sexenios, la tendencia general se mantiene constante, ya que
las estrategias relacionadas con la ciberseguridad son numéricamente menores en todos los periodos.
Tabla 2. Distribución de estrategias vinculadas con la ciberseguridad en los Planes Nacionales de
Desarrollo, 2001–2024
Sexenio Estrategias tradicionales
vinculadas con la
seguridad
Estrategias con relación
indirecta con la
ciberseguridad
Estrategias autónomas
de ciberseguridad
Vicente Fox (2001–
2006)
47 8 0
Felipe Calderón
(2007–2012)
168 7 0
Enrique Peña Nieto
(2013–2018)
21 3 0
Andrés Manuel
López Obrador
(2019–2024)
7 4 0
Total 243 22 0
Fuente: Elaboración propia con base en los Planes Nacionales de Desarrollo 2001–2024.
La Tabla 3 muestra que los objetivos vinculados indirectamente con la ciberseguridad se concentran en
tres ámbitos principales: modernización institucional, seguridad pública y seguridad nacional. Esta
distribución permite identificar un patrón de concentración temática en esas tres categorías. En el

pág. 5085
conjunto analizado no se observan objetivos agrupados en una categoría específica de ciberseguridad.
En cambio, las referencias se mantienen ubicadas de forma recurrente en esos tres ámbitos a lo largo del
periodo considerado.
Tabla 3. Enfoques identificados en los objetivos vinculados con la ciberseguridad en los Planes
Nacionales de Desarrollo, 2001–2024
Enfoque Descripción general
Modernización Objetivos orientados al fortalecimiento tecnológico, la digitalización
gubernamental y la modernización administrativa del Estado.
Seguridad
pública
Objetivos relacionados con la prevención del delito, la protección de la ciudadanía
y el fortalecimiento de capacidades institucionales en materia de seguridad.
Seguridad
nacional
Objetivos enfocados en la defensa del Estado, la protección de infraestructuras
estratégicas y la preservación de la soberanía frente a amenazas.
Seguridad
interior
Objetivos vinculados con la estabilidad interna, la gobernabilidad y la contención
de riesgos que pueden afectar el orden institucional.
Fuente: Elaboración propia con base en los Planes Nacionales de Desarrollo 2001–2024.
Ubicación temática y enfoque de la ciberseguridad en las estrategias
La Tabla 4 muestra que, en los cuatro sexenios analizados, las estrategias vinculadas indirectamente con
la ciberseguridad se concentran en categorías recurrentes como seguridad y tecnología aplicada,
inteligencia estratégica, análisis de riesgos, investigación criminal digital, capacitación y planificación.
Esta distribución permite identificar un patrón de concentración en ámbitos operativos relacionados con
funciones de seguridad. Asimismo, no se registran categorías específicas o exclusivas de ciberseguridad
como campo independiente.
En términos comparativos, se observan variaciones en el énfasis temático entre sexenios: en Vicente
Fox predominan estrategias asociadas a modernización administrativa; en Felipe Calderón, a seguridad
pública; en Enrique Peña Nieto, a seguridad nacional y gestión de riesgos; y en López Obrador, a
seguridad interior. No obstante, la tendencia general se mantiene constante a lo largo del periodo, con
una distribución temática recurrente de las estrategias en los mismos ámbitos.

pág. 5086
Tabla 4. Enfoques de las estrategias vinculadas con la ciberseguridad en los Planes Nacionales de
Desarrollo, 2001–2024
Sexenio Categorías estratégicas identificadas Enfoque predominante
Vicente Fox
Quesada
(2001–2006)
Seguridad y tecnología aplicada; cooperación
internacional; planificación y prevención de
riesgos; inteligencia estratégica y análisis de
riesgos; capacitación y profesionalización;
investigación criminal digital e inteligencia
estratégica
Modernización del Estado y
fortalecimiento administrativo
Felipe
Calderón
(2007–2012)
Investigación criminal digital e inteligencia
estratégica; seguridad y tecnología aplicada;
capacitación y profesionalización;
cooperación internacional; planificación y
prevención de riesgos; regulación y
seguridad digital
Combate al crimen organizado y
seguridad pública
Enrique Peña
Nieto (2013–
2018)
Inteligencia estratégica y análisis de riesgos;
presencia explícita del concepto;
capacitación y profesionalización; gestión de
la información digital
Seguridad nacional y gestión
estratégica de riesgos
Andrés
Manuel
López
Obrador
(2019–2024)
Investigación criminal digital e inteligencia
estratégica
Seguridad interior, pacificación y
soberanía
Síntesis
general
Predominan categorías asociadas con
modernización tecnológica, gestión de
riesgos, inteligencia estratégica y seguridad
digital, aunque con distinta jerarquización
según el sexenio
La ciberseguridad se incorpora de
forma subordinada a marcos de
modernización, seguridad pública,
seguridad nacional o seguridad
interior, más que como un campo
autónomo de política pública
Fuente: Elaboración propia con base en los Planes Nacionales de Desarrollo 2001–2024.

pág. 5087
Implicaciones para la política pública
A partir de los hallazgos del análisis de los Planes Nacionales de Desarrollo 2001–2024, puede advertirse
que la incorporación de la ciberseguridad en la planeación nacional mexicana ha sido limitada,
discontinua y, en buena medida, subordinada a marcos más amplios de modernización administrativa,
seguridad pública, seguridad nacional y seguridad interior. Esta configuración no solo muestra la
ausencia de un reconocimiento autónomo del tema como problema público estratégico, sino que también
plantea la necesidad de traducir los resultados del estudio en orientaciones que contribuyan a fortalecer
su tratamiento institucional.
Desde esta perspectiva, las implicaciones del análisis apuntan a la conveniencia de avanzar hacia
instrumentos de planeación que otorguen mayor claridad conceptual, continuidad programática y
articulación interinstitucional a la ciberseguridad. En este sentido, la Tabla 5 sintetiza los principales
hallazgos del estudio, sus implicaciones analíticas y algunas orientaciones generales para la política
pública, encaminadas a fortalecer su jerarquización dentro de la acción del Estado mexicano.
Tabla 5. Implicaciones analíticas para la política pública derivadas del análisis de la ciberseguridad en
los Planes Nacionales de Desarrollo, 2001–2024
Hallazgo principal Implicación analítica Orientación general
Ausencia de objetivos
autónomos de
ciberseguridad
La ciberseguridad no ha sido
reconocida como problema público
independiente
Incorporar objetivos explícitos de
ciberseguridad en los
instrumentos de planeación
nacional
Predominio de
estrategias subordinadas
a marcos tradicionales
El tema se articula desde seguridad,
modernización o control, pero no
desde una política propia
Diseñar una política nacional
integral con enfoque transversal e
interinstitucional
Variabilidad sexenal en
los enfoques estratégicos
No existe continuidad programática
suficiente
Establecer lineamientos de largo
plazo que trasciendan los ciclos
gubernamentales
Débil presencia
conceptual explícita
Hay ambigüedad en la definición
estatal del problema
Fortalecer el desarrollo
conceptual, normativo y
programático de la ciberseguridad
Orientación operativa
más que estratégica
Se privilegia la respuesta funcional
sobre la institucionalización
Articular capacidades técnicas,
jurídicas, organizacionales y de
gobernanza
Fuente: Elaboración propia.

pág. 5088
DISCUSIÓN
Los hallazgos del estudio permiten sostener que la ciberseguridad ha sido incorporada en la planeación
nacional mexicana de manera limitada y sin consolidarse como un problema público plenamente
institucionalizado. Desde el enfoque de políticas públicas, la presencia de un tema en documentos
oficiales no implica por sí misma su reconocimiento sustantivo como prioridad, sino que este depende
de su jerarquización, su definición conceptual y su traducción en instrumentos de acción (Aguilar
Villanueva, 1993, 2017; Parsons, 2007; Cejudo & Michel, 2016). En este sentido, el análisis de los
Planes Nacionales de Desarrollo evidencia que la ciberseguridad ha alcanzado una visibilidad parcial,
pero sin configurarse como un eje autónomo dentro de la acción estatal.
En el nivel de los objetivos, que expresa la forma en que el Estado delimita y jerarquiza los problemas
dentro de la agenda gubernamental, los resultados muestran una baja proporción de referencias y la
ausencia de objetivos específicos de ciberseguridad. Este comportamiento indica que el tema no ha
logrado posicionarse como un problema claramente diferenciado dentro del sistema de prioridades del
Estado. Como señalan Cobb et al. (1976), Aguilar Villanueva (1993) y Ramírez Brouchoud (2007), la
agenda pública es selectiva y solo incorpora aquellos problemas que alcanzan reconocimiento político
suficiente; en este caso, la ciberseguridad permanece integrada a problemáticas más amplias como la
seguridad, la modernización administrativa o la gestión institucional.
Desde la perspectiva de la planeación nacional, esta configuración adquiere mayor relevancia. De
acuerdo con Matus (1987), la planeación implica no solo organizar la acción estatal, sino jerarquizar los
problemas que orientan la toma de decisiones. Sin embargo, la ausencia de objetivos autónomos y la
concentración temática en ámbitos tradicionales indican que el entorno digital no ha sido
conceptualizado como un dominio estratégico con implicaciones propias. En este sentido, la planeación
nacional ha incorporado la ciberseguridad como un componente funcional de agendas preexistentes, en
línea con lo planteado por Chapoy Bonifaz (2003) y Martín (2005), quienes señalan que la planeación
define tanto prioridades como formas de intervención.
El enfoque de los objetivos refuerza esta observación. La concentración de referencias en categorías
como modernización institucional, seguridad pública y seguridad nacional muestra que la dimensión
digital es encuadrada principalmente en función de su utilidad para fortalecer capacidades

pág. 5089
administrativas y de seguridad existentes. Desde la literatura sobre problemas públicos, esto sugiere que
la ciberseguridad no ha sido plenamente delimitada como un problema con lógica propia, ya que su
definición depende de marcos interpretativos previamente institucionalizados (Mballa & González
López, 2017; Olavarría Gambi, 2007; Sandoval Escalante, 2023).
A diferencia del nivel de los objetivos, el análisis de las estrategias permite observar cómo el problema
es operado en la práctica gubernamental. En este plano, los resultados muestran que, aunque el
componente digital está presente en diversas líneas de acción, su incorporación no da lugar a un conjunto
de instrumentos diseñados específicamente para la gestión del riesgo cibernético. En cambio, las
estrategias se integran a mecanismos ya existentes dentro de la estructura estatal, particularmente en
ámbitos como la vigilancia, la inteligencia, la investigación criminal y la coordinación institucional.
En términos de políticas públicas, esta configuración evidencia una disociación entre la naturaleza del
problema y los instrumentos utilizados para su atención. Como señalan Parsons (2007), Cejudo y Michel
(2016) e Isuani (2012), la efectividad de una política pública depende de la correspondencia entre la
definición del problema, los medios empleados y los resultados esperados. Además, para que una
política pública sea viable y efectiva, debe contar con condiciones mínimas de implementación, entre
ellas un dispositivo normativo que le otorgue dirección, un dispositivo de gestión que haga posible su
ejecución y un conjunto de recursos básicos que garantice su operación (Isuani, 2012). No obstante, en
el caso analizado, las estrategias no se estructuran a partir de la especificidad del riesgo digital, sino que
se insertan en marcos de acción previamente definidos, lo que limita su capacidad para responder de
manera integral a las características del ciberespacio.
Las variaciones observadas entre sexenios refuerzan esta tendencia. Si bien cada administración
incorpora el componente digital de acuerdo con sus propias prioridades; modernización administrativa,
combate al crimen organizado, seguridad nacional o seguridad interior, en todos los casos las estrategias
mantienen una orientación dependiente de agendas más amplias. Este comportamiento indica que la
ciberseguridad no solo carece de autonomía en su definición, sino también en su ejecución, al no
traducirse en un campo de intervención diferenciado dentro de la acción pública.
Este patrón coincide con diagnósticos recientes sobre la evolución de la ciberseguridad en México.
Aguilar Antonio (2024) señala que el país presenta un desarrollo desigual y fragmentado en comparación

pág. 5090
con sus socios regionales, mientras que Aguilar Antonio y Quechol Maciel (2025) advierten que los
avances normativos no son suficientes sin una comprensión integral del problema. De manera
complementaria, estudios como los de Parto y Els (2024) y Van den Berg y Keymolen (2017) han
destacado que la gobernanza de la ciberseguridad requiere coordinación institucional, claridad
organizacional y mecanismos integrales de gestión del riesgo, elementos que no se observan de forma
consistente en la planeación nacional mexicana.
A nivel regional, estos resultados también dialogan con diagnósticos previos del Banco Interamericano
de Desarrollo y la Organización de los Estados Americanos (2016), que identifican rezagos en América
Latina en la consolidación de capacidades institucionales de ciberseguridad. En el caso mexicano, el
análisis longitudinal muestra que, aunque el tema ha estado presente de manera tangencial, ello no se ha
traducido en continuidad programática ni en una configuración estratégica claramente definida.
En general, la evidencia permite observar una relación consistente entre la forma en que el problema es
definido en la agenda (objetivos) y la manera en que es operado en la práctica (estrategias). Mientras
que los objetivos reflejan una delimitación indirecta y subordinada del problema, las estrategias
muestran una operacionalización integrada a funciones estatales preexistentes. Esta correspondencia
sugiere que la ciberseguridad ha sido tratada como un componente funcional dentro de la acción estatal,
más que como un campo de política pública con lógica propia.
A modo de cierre, estos hallazgos abren una reflexión sobre la capacidad adaptativa de la planeación
nacional frente a problemas emergentes. Si el entorno digital ha transformado de manera sustantiva la
seguridad, la economía y la acción gubernamental, la persistencia de patrones de incorporación indirecta
y dependiente sugiere que el Estado mexicano enfrenta dificultades para reconfigurar sus esquemas de
intervención frente a nuevas formas de riesgo. En este sentido, el análisis de la ciberseguridad no solo
aporta al campo específico, sino que permite examinar de manera más amplia los límites de la planeación
estatal para jerarquizar problemas públicos en contextos de transformación digital acelerada.
CONCLUSIONES
El análisis realizado permite sostener que la incorporación de la ciberseguridad en la planeación nacional
mexicana no ha derivado en una reconfiguración sustantiva de los criterios mediante los cuales el Estado
define y organiza sus prioridades. Más allá de su presencia en objetivos y estrategias, los resultados

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muestran que su integración no ha modificado la estructura general de la acción pública, sino que se ha
mantenido dentro de marcos previamente establecidos.
En este sentido, la evidencia pone de relieve una brecha entre la creciente centralidad del entorno digital
y la capacidad del Estado para ajustar sus esquemas de intervención. La expansión del ciberespacio
como ámbito de interacción social, económica y gubernamental no se ha traducido en una
transformación equivalente en la forma en que los problemas públicos son reconocidos, delimitados y
jerarquizados dentro de la planeación nacional.
Desde una perspectiva más amplia, estos hallazgos sugieren que la planeación estatal tiende a responder
a los cambios tecnológicos mediante procesos de incorporación incremental, en los que los nuevos
elementos se integran a estructuras existentes sin alterar su lógica de funcionamiento. Esto limita la
posibilidad de construir marcos de acción acordes con la complejidad, interdependencia y dinamismo
propios del entorno digital.
En este contexto, el desafío no radica únicamente en ampliar la presencia de la ciberseguridad en los
instrumentos de planeación, sino en revisar los principios bajo los cuales el Estado identifica y organiza
sus prioridades estratégicas. Ello implica avanzar hacia esquemas de planeación capaces de reconocer
el ciberespacio como un ámbito que redefine las condiciones de la acción pública, incorporando no solo
dimensiones operativas, sino también elementos de gobernanza, articulación institucional y atención
integral de riesgos.
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