PRESENTACIÓN ATÍPICA DE ABSCESO
HEPÁTICO MIXTO EN PACIENTE
PEDIÁTRICO EN COLOMBIA: REPORTE DE
CASO Y REVISIÓN DE LA LITERATURA

ATYPICAL PRESENTATION OF MIXED HEPATIC ABSCESS IN

A PEDIATRIC PATIENT IN COLOMBIA: CASE REPORT AND

LITERATURE REVIEW

Diana Carolina Ruiz Montaño

Universidad Libre

Ricardo Andrés Sánchez Algarín

Universidad Simon Bolivar

Bonny Castro

Universidad Libre

Yifanith Mayela Garcia Berdugo

Universidad Libre

Richard Germán Romero Ruiz

Organización Clínica General del Norte
pág. 5226
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23555
PRESENTACIÓN ATÍPICA DE ABSCESO HEPÁTICO MIXTO EN
PACIENTE PEDIÁTRICO EN COLOMBIA: REPORTE DE CASO Y
REVISIÓN DE LA LITERATURA

Diana Carolina Ruiz Montaño
1
Dianaruiz922@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0005-5447-1072

Universidad Libre

Colombia

Ricardo Andrés Sánchez Algarín

md.ricardosanchez@gmail.com

https://orcid.org/0000-0003-2214-9933

Universidad Simon Bolivar

Colombia

Bonny Castro

Bonny.ac.09@gmail.com

https://orcid.org/0009-0003-3725-5090

Universidad Libre

Colombia

Yifanith Mayela Garcia Berdugo

Yifanithgarciaberdugo2001@gmail.com

https://orcid.org/0009-0002-8169-9564

Universidad Libre

Colombia

Richard Germán Romero Ruiz

rrichard1605r@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0005-0352-6651

Organización Clínica General del Norte

Colombia

RESUMEN

El absceso hepático mixto definido como la coexistencia de infección amebiana y bacteriana en el
parénquima hepático constituye una entidad clínica de excepcional presentación en la población
pediátrica. Se presenta el caso de una paciente escolar femenina de 9 años, previamente sana, natural de
Colombia, quien consultó por un cuadro de 14 días de evolución caracterizado por fiebre persistente,
distensión abdominal, dolor en hipocondrio derecho, astenia y malestar general. La presentación clínica
inicial fue muy inespecífica, lo que generó múltiples diagnósticos diferenciales erróneos incluyendo
pielonefritis y artritis séptica y retrasó el diagnóstico definitivo. Mediante ecografía abdominal y
tomografía computada con contraste se identificó una masa hipodensa de aproximadamente 200 cc en
el lóbulo hepático derecho asociada a derrame pleural ipsilateral. El diagnóstico de absceso mixto se
sustentó en la positividad de Entamoeba histolytica en coproscopia, serología IgG positiva para
amebiasis y el hallazgo intraoperatorio de material achocolatado acompañado de abundante contenido
purulento. Se realizó drenaje quirúrgico con evolución clínica favorable tras el inicio de metronidazol.
Este reporte destaca la importancia de considerar la etiología mixta del absceso hepático en pediatría
ante cuadros clínicamente atípicos, incluso en niños inmunocompetentes, y resalta la necesidad de un
enfoque multidisciplinario para su diagnóstico y manejo oportuno.

Palabras clave:
absceso hepático; absceso mixto; amebiasis invasiva; Entamoeba histolytica; pediatría
1
Autor principal
Correspondencia:
md.ricardosanchez@gmail.com
pág. 5227
ATYPICAL PRESENTATION OF MIXED HEPATIC ABSCESS IN A

PEDIATRIC PATIENT IN COLOMBIA: CASE REPORT AND

LITERATURE REVIEW

ABSTRACT

Mixed hepatic abscess
defined as the coexistence of amoebic and bacterial infection within the
hepatic parenchyma
is an exceptionally rare clinical entity in the pediatric population. We report the
case of a 9
-year-old previously healthy Colombian female patient who presented with a 14-day history
of persistent fever, abdominal distension, right upper quadrant pain, asthenia, and general malaise. The

initial clinical presentation was highly
unspecific, leading to multiple misdiagnoses including
pyelon
ephritis and septic arthritis which delayed definitive management. Abdominal ultrasound and
contrast
-enhanced computed tomography identified a hypodense mass of approximately 200 cc in the
right hepatic lobe, with ipsilateral pleural effusion. The diagno
sis of mixed hepatic abscess was
supported by the detection of Entamoeba histolytica in stool examination, positive IgG serology for

amebiasis, and intraoperative findings of chocolate
-colored material accompanied by abundant purulent
fluid. Surgical drain
age was performed, with favorable clinical evolution following the initiation of
metronidazole. This report underscores the importance of considering mixed hepatic abscess etiology in

atypical pediatric presentations, even in immunocompetent children, and
highlights the need for a
multidisciplinary approach for timely diagnosis and management.

Keywords
: hepatic abscess; mixed abscess; invasive amebiasis; Entamoeba histolytica; pediatrics
Artículo recibido 28 febrero 2026

Aceptado para publicación: 28 marzo 2026
pág. 5228
INTRODUCCIÓN

El absceso hepático es una acumulación focal de material purulento dentro del parénquima hepático,
originada por agentes infecciosos de naturaleza bacteriana, parasitaria o fúngica (1). Si bien representa
una patología relevante a nivel global por su impacto en la morbimortalidad, su incidencia en la
población pediátrica es considerablemente baja en comparación con los adultos. En países desarrollados,
la incidencia anual en niños se estima en menos de 25 por cada 100.000 admisiones pediátricas, mientras
que en regiones tropicales y subtropicales en vías de desarrollo como América Latina esta cifra
puede superar los 79 por 100.000 ingresos (2,3). En Colombia, la magnitud real del problema podría
estar subestimada debido al subregistro de casos, el limitado acceso a servicios especializados y las
deficiencias en los sistemas de vigilancia epidemiológica (4).

Desde el punto de vista etiológico, los abscesos hepáticos se clasifican en piógenos (bacterianos),
amebianos (parasitarios), fúngicos y micobacterianos; sin embargo, las formas piógena y amebiana
representan la gran mayoría de los casos reportados (5). El absceso hepático amebiano (AHA) es
causado por Entamoeba histolytica, un protozoo transmitido por vía fecal-oral mediante la ingesta de
quistes, que invade la mucosa colónica y alcanza el hígado a través de la circulación portal (6). Por su
parte, el absceso hepático piógeno (AHP) resulta de la infección bacteriana del parénquima hepático,
con Staphylococcus aureus como el agente causal más frecuente en niños (7). A diferencia de los adultos,
en quienes el AHP predomina, en la población pediátrica la etiología amebiana es más frecuente en
regiones endémicas como Colombia, especialmente en contextos de deficientes condiciones sanitarias
(3,8).

Lo que hace particularmente complejo el diagnóstico de los abscesos hepáticos en pediatría es que su
presentación clínica es inespecífica y variable. Los síntomas más frecuentemente reportados incluyen
fiebre, dolor en hipocondrio derecho, hepatomegalia y malestar general (9). No obstante, la mayoría de
los reportes de la literatura describen cuadros clínicos con características que orientan de manera
relativamente clara hacia uno u otro subtipo etiológico: los abscesos amebianos suelen presentarse en
pacientes con antecedente de diarrea o exposición a malas condiciones sanitarias, con fiebre de inicio
más subagudo y material achocolatado estéril al drenaje; mientras que los abscesos piógenos se
pág. 5229
caracterizan por fiebre de mayor intensidad y de inicio más agudo, leucocitosis marcada y cultivos
positivos de hemocultivo o del contenido del absceso (5,10).

El absceso hepático mixto definido como la infección simultánea del parénquima hepático por E.
histolytica y por bacteria(s) , constituye una entidad aún más infrecuente y, por tanto, más difícil de
sospechar clínicamente. La literatura disponible al respecto es escasa, y los reportes de casos en
población pediátrica son excepcionales. En Colombia, un estudio retrospectivo del Hospital San Juan
de Dios de Bogotá encontró que, entre los abscesos hepáticos diagnosticados, apenas el 10.5%
correspondió a la forma mixta (11). El reconocimiento de esta entidad resulta fundamental, dado que su
manejo requiere la combinación de terapia antiparasitaria y antibiótica, y en muchos casos, intervención
quirúrgica o drenaje percutáneo (1,8).

El presente reporte describe el caso de una paciente pediátrica de 9 años con un absceso hepático mixto,
cuya presentación clínica fue particularmente atípica y generó un retraso diagnóstico significativo, con
múltiples diagnósticos alternativos planteados durante su evolución. Este caso ilustra las dificultades
inherentes al diagnóstico de una entidad poco frecuente dentro de una patología ya de por sí poco
frecuente en pediatría, y resalta la necesidad de mantener un alto índice de sospecha clínica ante cuadros
febriles prolongados con compromiso abdominal en niños, especialmente en regiones con condiciones
epidemiológicas de riesgo.

CASO CLÍNICO

Paciente femenina de 9 años de edad, previamente sana, con esquema de vacunación completo para la
edad, residente en Colombia. Consultó por cuadro clínico de 14 días de evolución caracterizado por
fiebre no cuantificada, distensión abdominal, dolor en hipocondrio derecho, astenia, adinamia y malestar
general. En un primer nivel de atención, ante la positividad de la puñopercusión lumbar y un uroanálisis
reportado como patológico, se planteó diagnóstico de pielonefritis y se inició tratamiento con amikacina
por 5 días, sin evidenciarse mejoría clínica.

Ante la ausencia de respuesta al tratamiento inicial, fue remitida a un centro de mayor complejidad. Se
tomaron hemocultivos y urocultivos, ambos negativos. El coproscópico reportó presencia de Entamoeba
histolytica. Los reactantes de fase aguda resultaron elevados (PCR y VSG), mientras que las pruebas de
función hepática se encontraban dentro de límites normales. La serología para amebiasis evidenció IgG
pág. 5230
positiva con IgM e IgA negativas, hallazgo que, en el contexto clínico, orientaba hacia una infección
amebiana no en fase aguda o con respuesta inmune establecida.

Durante la hospitalización, la paciente desarrolló dolor referido al hombro derecho, signo de Kehr
positivo, lo que inicialmente generó sospecha de artritis séptica. Dado que la fiebre persistía a pesar de
la antibioticoterapia inicial, se realizó cambio a ceftriaxona más clindamicina, bajo el supuesto de
bacteriemia oculta. Posteriormente, ante el empeoramiento de la distensión abdominal y la persistencia
del dolor, se realizó ecografía abdominal que evidenció hepatomegalia, y la tomografía computada con
contraste identificó una masa hipodensa de aproximadamente 200 cc en el lóbulo hepático derecho.
Adicionalmente, los estudios imagenológicos documentaron un derrame pleural de predominio derecho
evidenciado en la radiografía de tórax como velamiento de la base pulmonar derecha con elevación
del hemidiafragma ipsilateral y un derrame pericárdico leve, hallazgos compatibles con extensión
inflamatoria por contigüidad diafragmática. La paciente cursó con dificultad respiratoria progresiva en
este contexto.

Dado el tamaño del absceso, la presencia de derrame pleural y el deterioro clínico, se decidió manejo
quirúrgico con drenaje del absceso. Durante el procedimiento se obtuvo una pequeña cantidad de líquido
achocolatado junto con abundante material purulento (>200 cc), hallazgo intraoperatorio que confirmó
la naturaleza mixta del absceso. Los cultivos del material drenado no reportaron crecimiento
microbiológico posiblemente en relación con el uso previo de antibióticos, pero se inició
metronidazol. Tanto el derrame pleural derecho como el derrame pericárdico leve se resolvieron de
manera espontánea con la antibioticoterapia y el tratamiento antiparasitario, sin requerir intervención
torácica ni pericárdica adicional. La paciente presentó una evolución clínica satisfactoria y fue dada de
alta tras resolución completa del cuadro.
pág. 5231
Figura 1. Tomografía computada de abdomen con contraste (corte axial). Se observa hepatomegalia
con masa hipodensa en el lóbulo hepático derecho, de bordes bien definidos y con realce periférico,
compatible con absceso hepático de aproximadamente 200 cc. Hallazgo imagenológico clave para el
diagnóstico definitivo.

Figura 2. Tomografía computada de abdomen con contraste (reconstrucción coronal). Se evidencia la
extensión cefalo-caudal de la lesión hipodensa en el lóbulo hepático derecho, así como la presencia de
derrame pleural ipsilateral en la base pulmonar derecha, complicación frecuente del absceso hepático
por contigüidad diafragmática.
pág. 5232
Figura 3. Radiografía de tórax AP. Se observa velamiento homogéneo de la base pulmonar derecha
con borramiento del seno costofréníco y elevación del hemidiafragma derecho, compatible con derrame
pleural derecho de moderada cuantía. Este hallazgo es característico de la extensión inflamatoria por
contigüidad del absceso hepático hacia el espacio pleural (derrame simpático).

Figura 4. Tomografía computada de tórax (reconstrucción coronal, ventanas pulmonar y mediastinal).
Izquierda: ventana pulmonar con atelectasia compresiva del lóbulo inferior derecho secundaria al
derrame pleural. Derecha: ventana mediastinal que confirma el derrame pleural derecho de moderada
cuantía con colapso parcial del parénquima pulmonar adyacente. Ambas imágenes son consistentes
con derrame simpático por irritación diafragmática del absceso hepático subyacente.
pág. 5233
DISCUSIÓN

Epidemiología y contexto

El absceso hepático es una patología predominante en la población adulta; en pediatría representa una
causa infrecuente de hospitalización, con características epidemiológicas distintas según la región
geográfica. En países de altos ingresos, su incidencia en niños es de aproximadamente 25 por cada
100.000 admisiones pediátricas, mientras que, en naciones en desarrollo, particularmente en Asia y
América Latina, puede alcanzar cifras de hasta 79 por 100.000 (2,3). En Colombia, la verdadera carga
de enfermedad por absceso hepático en pediatría podría estar subestimada por el subregistro y el acceso
limitado a diagnóstico especializado (4). El reporte de Guzmán y Velasco sobre 14 casos de absceso
hepático pediátrico en el Hospital Universitario del Valle en Cali entre 2005 y 2010 constituye una de
las pocas series colombianas disponibles, y refleja la escasez de datos locales sobre esta patología (12).

Presentación clínica atípica como desafío diagnóstico

En el presente caso, la presentación atípica fue el principal factor que retrasó el diagnóstico. La tríada
clásica descrita en la literatura para el absceso hepático en pediatría incluye fiebre, dolor en hipocondrio
derecho y hepatomegalia (9,13). Sin embargo, nuestra paciente no presentó esta tríada de manera clara
desde el inicio, sino que la clínica fue de inicio insidioso, con síntomas inespecíficos que motivaron el
diagnóstico inicial de pielonefritis diagnóstico erróneo potencialmente reforzado por un uroanálisis
no conclusivo y la positividad de la puñopercusión. Este hallazgo no es inédito en la literatura
pediátrica: Fynn et al. reportaron en Uruguay el caso de una niña de 2 años en quien el diagnóstico de
absceso hepático piógeno fue igualmente tardío debido a una presentación clínica inespecífica, con
imágenes hepáticas inicialmente interpretadas como tumoración (13).

El signo de Kehr dolor referido al hombro ipsilateral por irritación diafragmática estuvo presente
en nuestra paciente y generó inicialmente la sospecha de artritis séptica, lo que ilustra cómo
manifestaciones atípicas de una patología hepatobiliar pueden llevar a planteamientos diagnósticos
completamente alejados del órgano comprometido. En la revisión de Mishra et al. sobre absceso
hepático en niños, se menciona que el dolor referido al hombro y la presencia de derrame pleural son
complicaciones frecuentemente infradiagnosticadas que reflejan extensión del proceso infeccioso hacia
estructuras adyacentes (8).
pág. 5234
Diagnóstico diferencial entre absceso amebiano, piógeno y mixto

La distinción clínica y paraclínica entre el absceso hepático amebiano y el piógeno sigue siendo un
desafío, incluso con los recursos diagnósticos modernos. Ralls et al. demostraron en un estudio
comparativo que las características ecográficas de ambas entidades se superponen de manera
significativa y que la imagen aislada es insuficiente para diferenciarlas; sólo la combinación de datos
clínicos, de laboratorio e imagenológicos permitió un diagnóstico correcto en el 86% de los casos de
absceso amebiano (10). En la tomografía computada, el absceso amebiano suele aparecer como una
masa hipodensa única, redondeada, en el lóbulo derecho, con realce periférico ("signo del doble halo");
mientras que el absceso piógeno puede presentar el denominado "signo del racimo" o múltiples abscesos
en cualquier lóbulo (14). En nuestra paciente, la TAC evidenció una masa única en el lóbulo derecho,
hallazgo compatible con AHA pero sin que pudiera descartarse la superinfección bacteriana.

Desde el punto de vista microbiológico, el absceso amebiano clásicamente produce un material
achocolatado o "pasta de anchoa", estéril en cultivo, mientras que en el absceso piógeno predomina el
pus amarillo-verdoso con cultivos positivos (5). El hallazgo intraoperatorio en nuestro caso material
achocolatado coexistiendo con abundante contenido purulento es un signo diagnóstico que, aunque
inespecífico, debe orientar hacia la etiología mixta. Este hallazgo es precisamente el que reportaron
Rivero-León y Núñez-Calatayud en su reporte de un absceso hepático amebiano modificado en una
paciente adulta, en quien la combinación de material mixto en el drenaje y la falta de respuesta al
tratamiento único orientó al diagnóstico definitivo (15).

Absceso hepático mixto: una entidad excepcional en pediatría

El absceso hepático mixto es, por definición, una entidad infrecuente incluso en adultos. Su incidencia
exacta en pediatría es desconocida, y la literatura específica sobre casos pediátricos es escasa. En la serie
del Hospital San Juan de Dios de Bogotá, entre 57 casos de absceso hepático identificados entre 1991 y
1995, apenas el 10.5% fueron clasificados como mixtos (11). Esta cifra resulta difícil de extrapolar a la
actualidad, dado que el diagnóstico de absceso mixto depende en gran medida de la disponibilidad de
técnicas microbiológicas y serológicas sensibles. La editorial de Pediatric Infectious Disease Journal
titulada "Amoebic, Pyogenic or Mixed? The More You Search, the More You Find!" argumenta que la
mayoría de los abscesos amebianos contienen de forma concomitante bacterias, y que los abscesos
pág. 5235
verdaderamente mixtos serían más comunes si se emplearan técnicas moleculares para identificar la
flora bacteriana del material drenado (1).

En la serie multicéntrica de abscesos hepáticos en niños reportada por Artís et al. en Venezuela, con 161
casos, no se especifica la proporción de abscesos mixtos, pero se reporta una tasa de cultivos
microbiológicos positivos del 27.27%, predominantemente gérmenes Gram negativos, en pacientes con
coproscópico positivo para protozoarios en el 42.37% de los que tenían parásitos en heces (9). Esta
coexistencia de E. histolytica y bacterias en el contexto clínico sugiere que la etiología mixta podría ser
más frecuente de lo que se documenta formalmente. Franco Andrade et al. reportaron en México en
2025 el caso de un adolescente de 16 años con abscesos hepáticos múltiples piógenos de manejo
complejo, subrayando que incluso los abscesos de etiología única en pediatría representan un reto
terapéutico mayor (16).

El reporte de caso de un niño de 3 años con absceso hepático amebiano inicialmente confundido con
tumor hepático, publicado por Castillo et al. en Venezuela, guarda similitudes con nuestro caso en cuanto
a la complejidad diagnóstica y la superposición de hallazgos imagenológicos (17). En ambos casos, el
diagnóstico definitivo requirió la integración de múltiples elementos clínicos, paraclínicos y del material
drenado, y en ninguno fue posible establecer la etiología de manera categórica en las fases tempranas
de la atención.

Mecanismos de superinfección bacteriana en el absceso amebiano

La superinfección bacteriana de un absceso amebiano puede ocurrir por diferentes mecanismos:
translocación bacteriana desde la mucosa colónica ulcerada por E. histolytica, bacteriemia secundaria a
una infección distante o como consecuencia de intervenciones médicas (1). En nuestra paciente, la
administración previa de amikacin y ceftriaxona podría haber enmascarado la presencia de bacterias en
los cultivos del material drenado, lo que explicaría los resultados negativos, a pesar de la apariencia
macroscópica purulenta del absceso. Esta limitación diagnóstica es bien conocida en la literatura:
Giorgio et al., en su revisión sobre absceso hepático desde la perspectiva europea, destacan que el cultivo
del material aspirado puede ser negativo hasta en el 40-50% de los abscesos piógenos cuando el paciente
ha recibido antibióticos previos (18).
pág. 5236
Derrame pleural y pericárdico como complicaciones del absceso hepático

El derrame pleural es una de las complicaciones extrahepáticas más frecuentes del absceso hepático,
particularmente cuando la lesión se localiza en el lóbulo hepático derecho en contacto con el
hemidiafragma ipsilateral. Su patogenia puede explicarse por dos mecanismos principales: el derrame
simpático o reactivo, producido por la irritación diafragmática secundaria al proceso inflamatorio
subyacente sin comunicación directa entre ambas cavidades; y la extensión transdiafragmática
propiamente dicha, en la que el material purulento atraviesa el diafragma y contamina el espacio pleural,
dando lugar a un empiema torácico (20,21). En el caso de nuestra paciente, el derrame pleural derecho
de moderada cuantía observado tanto en la radiografía de tórax como en la TAC coronal es más
consistente con el mecanismo simpático, dado que no se documentó comunicación directa entre el
absceso y el espacio pleural, y que el derrame se resolvió completamente con el tratamiento médico-
quirúrgico del absceso sin necesidad de drenaje torácico independiente.

El derrame pericárdico asociado al absceso hepático es una complicación considerablemente más
infrecuente y potencialmente grave. Su mecanismo de producción es análogo al pleural: la contigüidad
del lóbulo hepático izquierdo con el pericardio facilita la extensión transdiafragmática hacia el saco
pericárdico, con riesgo de pericarditis purulenta y taponamiento cardíaco (21). Cho et al. reportaron un
caso de pericarditis secundaria a extensión transdiafragmática de absceso hepático del lóbulo izquierdo,
que progresó a taponamiento cardíaco a pesar del tratamiento antibiótico inicial, requiriendo drenaje
quirúrgico emergente (21). A diferencia de ese reporte, la paciente del presente caso presentó un derrame
pericárdico leve que evolucionó favorablemente sin intervención, lo que refuerza la importancia de
establecer un monitoreo ecocardiográfico seriado en todos los pacientes pediátricos con absceso
hepático y compromiso diafragmático documentado, incluso cuando el derrame pericárdico parezca
inicialmente de escasa magnitud.

Tratamiento y desenlace

El tratamiento del absceso hepático mixto debe abordar simultáneamente ambas etiologías. El
metronidazol es el agente de elección para E. histolytica, con tasas de respuesta clínica superiores al
90% en el absceso amebiano sin complicaciones (6). En casos de absceso mixto, o cuando se sospecha
superinfección bacteriana, se recomienda añadir cobertura antibiótica de amplio espectro,
pág. 5237
particularmente contra Gram negativos y anaerobios (5,8). El drenaje, ya sea percutáneo guiado por
imagen o quirúrgico abierto, está indicado cuando el absceso supera los 5-10 cm, cuando no hay
respuesta al tratamiento médico, cuando existe amenaza de ruptura o cuando se presenta con derrame
pleural asociado (18). En nuestra paciente, el tamaño del absceso (200 cc), la presencia de derrame
pleural y el deterioro clínico justificaron plenamente la decisión quirúrgica, con excelente evolución
posterior.

La serie de casos de Sotillo et al. en Panamá, con cuatro pacientes pediátricos con absceso hepático
piógeno, reportó hospitalizaciones prolongadas (hasta 38 días) y la necesidad de modificaciones del
esquema antibiótico en todos los casos, lo que refleja la complejidad del manejo incluso en abscesos de
etiología única (7). En nuestro caso, la evolución fue más favorable, probablemente porque el
componente parasitario tratado con metronidazol representaba la fracción predominante de la
infección.

Es importante señalar que, dado que nuestra paciente presentó IgG positiva con IgM e IgA negativas en
la serología para amebiasis, podría interpretarse como una infección amebiana en resolución o de larga
data, antes que una infección aguda activa. Sin embargo, la IgG puede permanecer positiva durante
meses a años tras una infección amebiana; su interpretación debe hacerse siempre en el contexto clínico
y epidemiológico global del paciente (6). La serología amebiana positiva, junto con el coproscópico
positivo para E. histolytica, el material achocolatado en el drenaje y la excelente respuesta al
metronidazol, constituyen en conjunto un criterio suficiente para establecer el componente amebiano
del absceso.
pág. 5238
Tabla 1. Comparación de hallazgos clínicos y paraclínicos entre absceso hepático piógeno y amebiano
presentados por paciente del caso clínico ()

CARACTERÍSTICA
ABSCESO PIÓGENO ABSCESO AMEBIANO
Causa
Bacterias (S. aureus, gram
negativos)

Entamoeba histolytica

Edad habitual
Cualquier edad 2050 años
Inicio de síntomas
Agudo Subagudo
Fiebre alta
Variable
Dolor abdominal sordo
Variable
Malestar general / astenia

Tos / dolor pleurítico /
irradiación


Sin síntomas digestivos previos
(diarrea)


Hepatomegalia

Leucocitosis
(marcada) Variable
Alteración de pruebas de función
hepática

Variable

Hemocultivos positivos
Frecuente Raro / Negativo
Serología para amebiasis
Negativa Positiva (IgG / IgM)
Contenido al drenaje
Pus amarillo-verdoso Material achocolatado estéril
Tratamiento principal
Antibioterapia + drenaje Metronidazol = hallazgo característico / predominante en paciente del caso clínico. Fuente: elaboración propia
basada en Kurland & Brann (2004), Mishra et al. (2010) y Stanley (2003).
pág. 5239
CONCLUSIONES

El absceso hepático mixto es una entidad clínica excepcional en pediatría, caracterizada por la
coexistencia de infección amebiana y bacteriana en el parénquima hepático. Su rareza, combinada con
una presentación clínica frecuentemente atípica, impone desafíos diagnósticos significativos que pueden
llevar a retrasos en el tratamiento con consecuencias potencialmente graves para el paciente.

El presente caso ilustra que, incluso en niños inmunocompetentes previamente sanos, esta entidad debe
ser considerada en el diagnóstico diferencial ante un cuadro febril prolongado con compromiso
abdominal, especialmente cuando el paciente reside en regiones endémicas para amebiasis como
Colombia. La ausencia de respuesta a un esquema de tratamiento único ya sea antibiótico o
antiparasitario debe alertar al clínico sobre la posibilidad de una etiología mixta.

La integración de múltiples estrategias diagnósticas es fundamental: la coproscopía, la serología
amebiana, los reactantes de fase aguda, los cultivos del material drenado y los hallazgos intraoperatorios
deben analizarse de manera conjunta para alcanzar el diagnóstico definitivo. La TAC con contraste sigue
siendo el estándar de oro imagenológico, aunque no permite establecer la etiología de forma inequívoca.

El manejo exitoso de este caso se sustentó en tres pilares: drenaje quirúrgico oportuno, cobertura
antiparasitaria con metronidazol y antibioticoterapia de amplio espectro. Este enfoque multidisciplinario
que involucra pediatría, infectología pediátrica, gastroenterología y cirugía pediátrica es esencial
para optimizar los desenlaces clínicos en pacientes pediátricos con absceso hepático, particularmente
cuando la etiología es mixta o atípica.

Finalmente, la escasez de reportes de caso pediátricos de absceso hepático mixto en la literatura
latinoamericana y particularmente colombiana subraya la importancia de la publicación sistemática
de estos casos. Cada reporte contribuye a ampliar el conocimiento sobre la epidemiología, la
presentación clínica y el manejo de esta entidad, y sirve como herramienta educativa para mantener el
índice de sospecha clínica entre los pediatras y médicos que atienden niños en regiones de riesgo.
pág. 5240
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