INCIDENCIA Y TIPOS DE VIOLENCIA QUE
SUFREN LAS MUJERES EN EL MUNICIPIO

DE TIZAYUCA, HIDALGO

INDICES AND TYPES OF VIOLENCE EXPERIENCED

BY WOMEN IN THE MUNICIPALITY OF TIZAYUCA,
HIDALGO

Andrea Rodriguez Rodriguez

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México

Norma Angélica Ortega Andrade

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México

Claudia Margarita González Fragoso

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
pág. 5265
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23558
Incidencia y Tipos de Violencia que Sufren las Mujeres en el Municipio de
Tizayuca, Hidalgo

Andrea Rodriguez Rodriguez
1
ro337419@uaeh.edu.mx

https://orcid.org/0009-0006-8906-7763

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

México

Norma Angélica Ortega Andrade

ortegan@uaeh.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-0117-2547

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

México

Claudia Margarita González Fragoso

claudia_gonzalez10101@uaeh.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-8400-6033

Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

México

RESUMEN

A nivel mundial la violencia contra las mujeres es una de las violaciones de derechos humanos más
comunes y constituye un problema individual y cultural al estar arraigado en estructuras sociales que la
normalizan (Merry, 2009). Este estudio tuvo como objetivo analizar la incidencia y los tipos de
violencia contra las mujeres en el municipio de Tizayuca, Hidalgo, entre 2021 y junio de 2024. La
investigación también buscó identificar los grupos de edad más afectados y las comunidades más
vulnerables. Se empleó un diseño descriptivo, retrospectivo, no experimental y longitudinal de
tendencia. El análisis se basó en 540 expedientes de mujeres de 15 a 60 años (M=36.40; DS=0.4730)
que asistieron a terapia psicológica. Los resultados revelan que la violencia psicológica es la más
frecuente, seguida de la física. Además, se identificó a las mujeres de 26 a 45 años como el grupo más
vulnerable y las comunidades de Haciendas de Tizayuca y Rancho Don Antonio mostraron las tasas de
incidencia más altas. Los hallazgos de este estudio proporcionan evidencia crucial que puede utilizarse
para desarrollar políticas públicas destinadas a promover el bienestar de las mujeres en la región.

Palabras clave: violencia; mujeres; género; índice de violencia.

1 Autor principal

Correspondencia.
ro337419@uaeh.edu.mx
pág. 5266
Indices and Types of Violence Experienced by Women in the Municipality
of Tizayuca, Hidalgo

ABSTRACT

Globally, violence against women is one of the most common human rights violations.
It constitutes
both an
individual and cultural problem, as it is deeply rooted in social structures that normalize it
(Merry, 2009). This study aimed to analyze the incidence and types of violence against women in the

municipality of Tizayuca, Hidalgo, between 2021 and June 202
4. The research also sought to identify
the most affected age groups and the most vulnerable communities within the municipality.
A
descriptive, retrospective, non-experimental, and longitudinal trend design was employed for this study.

The analysis was based on 540 case files of women aged 15 to 60 (M=36.40; SD=0.4730) who attended

psychological therapy. The results reveal that psychological violence is the most frequent type, followed

by physical violence. Furthermore, women aged 26 to
45 were identified as the most vulnerable group,
with the communities of Haciendas de Tizayuca and Rancho Don Antonio showing the highest

incidence rates.
The findings from this study provide crucial evidence that can be utilized to develop
public policie
s aimed at promoting the well-being of women in the region.
Keywords: violence; women; gender; violence index.

Artículo recibido 28 febrero 2026

Aceptado para publicación: 28 marzo 2026
pág. 5267
INTRODUCCIÓN

La violencia en sí misma, constituye una de las principales problemáticas sociales y de salud pública
a nivel mundial, ya que vulnera derechos fundamentales y deteriora la calidad de vida de las personas.
De acuerdo con Galtung (2016) “la violencia puede ser vista como una privación de los derechos
humanos básicos como la supervivencia, el bienestar, la libertad y el reconocimiento” (p. 150), la
ausencia de estos derechos, conduce a la degradación humana, pues se pierde calidad de vida y
dignidad. Ésta no se limita a los golpes o agresiones físicas; también puede adoptar formas
estructurales, simbólicas y culturales que se perpetúan a través de normas sociales, valores y creencias.

El Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos (2007), la Ley General de Acceso de las
Mujeres a una Vida Libre de Violencia clasifica la violencia contra las mujeres en seis formas
principales (pp. 4-5).

Violencia Psicológica: Se refiere a cualquier acto que pueda dañar la estabilidad psicológica;
negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación,
marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la
autodeterminación y amenazas.

Violencia Física: Cualquier acto que cause daño no accidental usando la fuerza física o algún tipo de
arma u objeto que pueda provocar o no lesiones internas, externas, o ambas ya sea a través de golpes,
lanzamiento de objetos, encierro, sacudidas o estrujones.

Violencia Patrimonial: Cualquier acto u omisión que afecta la supervivencia, la transformación,
sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes y valores,
derechos patrimoniales o recursos económicos. Puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios
de la víctima.

Violencia Económica: Se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus
percepciones económicas, así como un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro
laboral. Este tipo de violencia se puede manifestar cuando a la persona se le quita el dinero que gana,
se le impide gastarlo en beneficio suyo o de su familia, o se le niega el dinero para controlar su
independencia.
pág. 5268
Violencia Sexual: Es cualquier acto que degrade o dañe el cuerpo y/o la seguridad de la víctima y que
por tanto atente contra su libertad, cause lesiones o dañe la dignidad, integridad o libertad de las mujeres
e incluyen todas las relaciones o actos sexuales, físicos o verbales, no deseados ni aceptados por la otra
persona.

Violencia a través de interpósita persona: Es cualquier acto u omisión que pueda causar perjuicio o
daño a las mujeres, utilizando a personas allegadas para causar daño ya sea que se tenga o se haya tenido
relación de matrimonio o concubinato; o mantenga o se haya mantenido una relación de hecho con la
persona agresora, se manifiesta en conductas como: amenazar o causar daño, sustraer u ocultar a hijos,
incitar o fomentar actos de violencia psicológica que descalifiquen la figura materna afectando el
vínculo materno.

Adicional Galtung (2016) añade tres categorías que ayudan a comprender la amplitud del problema:

La violencia directa: Expresada en agresiones físicas, verbales o psicológicas.

La violencia estructural: Impide a grupos vulnerables acceder a salud, educación o trabajo.

La violencia cultural: Válida la desigualdad mediante valores y creencias como “los hombres son más
fuertes” o “las mujeres sirven para la casa”.

De igual manera en el ámbito de pareja Johnson (2011), identifica tres tipos de violencia y aunque
éstos, pueden ser frecuentes o no, dentro de una relación y pueden variar desde actos menores de
violencia hasta agresiones que terminan en homicidios, es importante poder diferenciarlas:

Terrorismo íntimo: Es probablemente la más grave y brutal, puesto que es ejercida con el objetivo
de tener control sobre la pareja y por tanto es la comúnmente encontrada en refugios, hospitales,
registros policiales o tribunales, ya que este es el tipo de violencia más probable de escalar y ser
repetitiva, lo que lleva a las víctimas a buscar ayuda.

Resistencia violenta: Utilizada como respuesta del terrorismo íntimo y son acciones que hace la
victima como defensa a estas actitudes violentas.

Violencia situacional: No busca poder o control, sino que es el resultado de la escalada de conflicto,
lo que se podría denominar como violencia psicológica, económica o patrimonial que, si bien no deja
marcas físicas, podría dar pauta a una escalada de violencia.
pág. 5269
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021), las mujeres comienzan a
experimentar situaciones de violencia desde edades muy tempranas. Datos de la investigación de
Álvarez (2020), revelan que, de los tipos de violencia, la psicológica es la más frecuente (49 %) y le
siguen la sexual (41.3 %), la económica (29 %) y la física (34 %).

De acuerdo a la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de
las Mujeres (ONU Mujeres, 2023) se estima que cerca de 736 millones de mujeres han sufrido algún
tipo de violencia en algún momento de su vida. Es importante decir que, aunque la violencia no
distingue de edad, las adolescentes enfrentan un riesgo mayor de sufrir violencia en comparación con
las mujeres adultas, una de cada cuatro mujeres, de entre 15 y 24 años que han tenido una relación
íntima, habrá sido víctima de conductas violentas por parte de su pareja antes de cumplir los 25 años.
Los factores que originan y sostienen la violencia son múltiples, entre ellos destacan la inequidad de
género, los estereotipos sexistas, la misoginia y la concepción de que los hombres tienen derecho a
controlar a las mujeres. Johnson (2005), señala que el terrorismo íntimo está fuertemente asociado con
actitudes misóginas, mientras que la violencia situacional de pareja es prácticamente igual,
independientemente del género. Estos patrones muestran cómo el machismo y la desigualdad social
siguen siendo factores estructurales que alimentan el ciclo de la violencia.

Agoff et al., (2006), mencionan que, en muchos casos, las mujeres atribuyen las agresiones a causas
externas como el machismo, la infancia difícil del cónyuge, el consumo de alcohol o las presiones
laborales. Esta visión desresponsabiliza al agresor y aumenta la tolerancia al abuso, circunstancia que
complica la búsqueda de algún tipo de ayuda. Frías (2013), menciona que este es un proceso difícil
que depende de factores individuales, sociales y culturales. Las mujeres suelen decidir pedir apoyo en
función de tres elementos: que perciban las conductas como una injusticia, que valoren la severidad
del acto y que logren reconocerse como víctimas cuyos derechos han sido vulnerados.

La dominación masculina, entendida como violencia simbólica (Bourdieu, 1996), legitima y reproduce
la subordinación femenina al normalizar las relaciones de poder, lo que dificulta que muchas mujeres
identifiquen la violencia y soliciten ayuda. En México, el 18.8 % de las mujeres han sufrido violencia
física o sexual, de la cuales solo el 29.68 % acudió a instituciones, mientras que la mayoría prefirió
apoyos informales como familiares (40 %) o amistades (13.4 %).
pág. 5270
Como señala Frías (2013), el recurso a instancias públicas es limitado, principalmente al Ministerio
Público (12.6 %), al Desarrollo Integral de la Familia [DIF] (10.2 %) o a la policía (7.8 %). Las razones
para no denunciar incluyen miedo (18.6 %), considerar la violencia sin importancia (17.7 %),
preocupación por los hijos (16.2 %), desconfianza en las autoridades (8 %) y desconocimiento de sus
derechos (10.4 %). La decisión de no pedir ayuda no puede entenderse únicamente como un acto
individual, sino que está influida por patrones culturales que hacen sentir la violencia como algo
natural, lo que limita el acceso a instancias de protección.

En este sentido, algunos planteamientos sostienen que la violencia está en la naturaleza humana, como
si naciéramos con una predisposición genética a ser agresivos. Sin embargo, Galtung (2016) señala
que esa idea de que la violencia está en los genes no es tan cierta, porque a diferencia de instintos
básicos como comer o reproducirse, la violencia no es igual en todas las personas ni en todas las
culturas. Depende del contexto social y cultural, es decir, la forma en que vivimos, aprendemos y nos
relacionamos puede aumentar o disminuir la violencia. Si la violencia fuera algo natural, entonces no
habría forma de cambiarla y se justificaría que los hombres siempre dominen a las mujeres. Pero como
la violencia depende de factores sociales y culturales, significa que la violencia de género se aprende
desde la infancia y así se transmiten las ideas de desigualdad. Esto pasa porque desde niños nos
enseñan ciertas reglas, costumbres e ideas, y muchas veces se nos imponen sin posibilidad de elegir.
En el caso de las mujeres, muchas veces la sociedad les impone la “cultura dominante” de lo que
significa “ser mujer”. Al respecto, Galtung (2016) señala que las ideas más comunes son: deben
obedecer, cuidar la casa y a los hijos; no pueden ocupar los mismos espacios que los hombres; los
hombres mandan y las mujeres obedecen y, en público deben comportarse de cierta manera.

Esto demuestra que, así como se aprende la violencia, también se puede aprender la igualdad y el
respeto. La violencia no es inevitable ni está en los genes, es un producto de cómo se organiza la
sociedad y de la cultura, por lo que se puede transformar y prevenir.

Es por ello que movimientos sociales como el feminismo juegan un papel crucial, para la prevención y
el cambio, puesto que alzan la voz de millones de mujeres en el mundo, recordando a la sociedad que
todos y todas merecemos respeto y una vida libre de violencia. Este movimiento no pone el papel de la
mujer por encima del hombre, sino que busca equidad y por supuesto denuncia las injusticias que las
pág. 5271
mujeres viven día tras día. Sin embargo, el feminismo también propone transformaciones estructurales
profundas. Adichie (2014), destaca que “el feminismo es creer en la igualdad social, política y
económica de los sexos” (p. 15).

Este movimiento abrió camino a la lucha contra la violencia en México. La Primera Declaración de la
Selva Lacandona (1993) incorporó la Ley Revolucionaria de Mujeres, que reconoció derechos
fundamentales como el trabajo, la educación, la salud, la participación comunitaria y la protección
contra el maltrato y la violación. Sin embargo, ese mismo año iniciaron los feminicidios en Ciudad
Juárez, inicialmente minimizados y justificados con estigmas hacia las víctimas, no fue hasta que una
maestra de catecismo fue asesinada, que el discurso oficial cambió. En 1995 se abrió en Chihuahua la
primera Agencia Especializada en Delitos Sexuales; sin embargo, los feminicidios continuaron
(Galeana, 2017).

La atención a la violencia contra las mujeres en México inició con esfuerzos sociales y locales, como
la creación de los Centros de Atención a la Mujer (CAM) en 1983 por Griselda Álvarez. A nivel federal,
el tema fue abordado por el DIF y el Consejo Nacional de Población (CONAPO) y en 1996 surgió el
programa Alianza por la Igualdad (PRONAM) como principal política gubernamental en la materia. En
el ámbito municipal, si bien no existe certeza sobre cuál fue el primer instituto local de la mujer, se
reconoce al Instituto de la Mujer de León, Guanajuato (1998) como uno de los pioneros en la materia
(Galeana, 2017; Arzaluz, 2012).

Un paso crucial ocurrió el 8 de marzo de 2001, cuando se creó el Instituto Nacional de las Mujeres
(INMUJERES) como la instancia gubernamental federal encargada de promover el avance de las
mujeres en el país.

Actualmente, las 32 entidades federativas cuentan con su propio instituto local, y algunos de ellos
incluso se han transformado en secretarías estatales de igualdad de género (Galeana, 2017). Sin
embargo, la actuación de estos organismos ha sido poco estudiada; entre los análisis más destacados se
encuentra el trabajo de Tarrés (2007), quien señala que “los institutos estatales de las mujeres cumplen
un papel central en el diseño de agendas para incidir en las políticas públicas” (p.10). El mayor avance
normativo llegó en 2007 con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia
(LGAMVLV), que estableció como ejes la prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia,
pág. 5272
convirtiéndose en el marco de referencia para la protección de los derechos de las mujeres y la
coordinación institucional en México (Espinoza, 2020).

A pesar de estos avances, la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema alarmante. El
municipio de Tizayuca Hidalgo, en particular, se mantiene entre los cien municipios con mayor número
de feminicidios en el país, representando con ello un riesgo para las mujeres (Avilés, 2022).
Adicionalmente, se menciona que el municipio durante el año 2020 contaba con una población de
168,302 habitantes, de los cuales 86,255 eran mujeres (Secretaría de Economía, 2020). Población que
es atendida por el Instituto Municipal de la Mujer, mismo que en 2023 intervino en 2045 casos de
solicitantes que oscilan principalmente entre los 21 y 30 años de edad, en solicitud de apoyo a la
población femenina o vulnerable, en materia legal y psicológica (Bautista, 2024). Estas cifras
evidencian la urgencia de fortalecer la implementación de políticas públicas y mecanismos de
protección, así como de garantizar que las instituciones cumplan de manera efectiva con el mandato de
prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.

Es por ello, que el presente estudio busca examinar los tipos de violencia que se presentan con mayor
frecuencia, identificando tanto las edades en las que se presentan más casos, así como las comunidades
de Tizayuca, Hidalgo que concentran una mayor exposición de mujeres a esta problemática, ya que para
poder comprenderla y atenderla, se requiere diferenciar sus distintas manifestaciones y con ello seguir
fortaleciendo las acciones de prevención e intervención de la violencia.

METODOLOGÍA

Participantes

Mujeres entre 15 a 60 años que acudieron a asesoría psicológica en el Instituto Municipal de la Mujer

en el municipio de Tizayuca Hidalgo, durante los años de 2021 a junio de 2024, incluyendo a un total

de 540 mujeres, con una edad promedio de M=36.40 (DS=0.4730). La muestra por año estuvo

conformada por 113 mujeres en el año 2021 con un rango de edad de 15 a 60 años, una edad promedio

de M=34.62 (DS= 10.6722), el año 2022 por 81 mujeres con un rango de edad de 19 a 60 años, una

edad promedio de M=37.51 (DS=10.3562), el año 2023 por 123 mujeres con un rango de edad de 15 a

58 años, una edad promedio de M=36.15 (DS=11.4355) y enero-junio 2024 por 223 mujeres con un

rango de edad de 15 a 60 años, una edad promedio de M= 37.33 (DS=11.0933).
pág. 5273
Tipo de estudio y diseño de investigación

Es un estudio descriptivo retrospectivo, con un diseño no experimental y longitudinal de tendencia.

Recolección de datos documental

A través de los expedientes psicológicos, derivados de la atención a mujeres en el Instituto Municipal

de la Mujer en el Municipio de Tizayuca, Hidalgo; comprendidos del 2021 a junio del 2024. Dichos

expedientes, son llenados a través de la ficha de identificación la cual contiene: nombre, fecha, edad,

fecha de nacimiento, lugar de residencia, número de teléfono, tipo de violencia, motivo de consulta e

información familiar, además de que dichos expedientes tienen también pruebas psicométricas,

proyectivas y anexos del trabajo terapéutico personal. Dicha información es recabada individualmente

por la psicóloga asignada a la hora de hacer la cita.

Con fines de cuidar la privacidad de las usuarias para esta investigación se expondrán exclusivamente

la edad, lugar de residencia o comunidad y tipo de violencia.

Procedimiento

Se inició con el acercamiento con la titular del Instituto Municipal de la Mujer en el municipio de

Tizayuca Hidalgo, quien mostró interés por contar con un reporte digital de los tipos de violencia por

los cuales las mujeres acudían a solicitar apoyo. De esta forma se brindó el acceso a los expedientes

psicológicos impresos, a la responsable de esta investigación. Se hizo énfasis con las autoridades del

manejo confidencial de los datos, del uso para fines de investigación y sus alcances; la titular autorizó

y firmó el consentimiento para que esos datos formarán parte de dicho estudio.

La información de los expedientes físicos se recopiló en una hoja de cálculo Excel, en donde se

clasificaron los datos de edad, comunidad, tipo de violencia y/o motivo de consulta, posteriormente

dichos datos fueron vaciados al software Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) para el

análisis estadístico. Posteriormente, se entregó un reporte de resultados a las autoridades

correspondientes.

Consideraciones éticas

Para la recolección de datos se llevó a cabo siguiendo los principios establecidos en el Código Ético del

Psicólogo (Sociedad Mexicana de Psicología, 2009). En el cual se obtuvo el consentimiento de la titular

de la institución, explicando los objetivos, procedimiento y el carácter voluntario de su colaboración.
pág. 5274
Así mismo, se mantuvo la confidencialidad y anonimato de la información, utilizándose únicamente

con fines institucionales, académicos y científicos.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Se observan los distintos tipos de violencia ejercidos contra la mujer en un periodo de 2021 al primer
semestre de 2024. En la Tabla 1, se observan los tipos de violencia más comunes por año. En el 2021
es la violencia psicológica con un total de 79 mujeres que la han experimentado, significando un 69.9%
de las 113 mujeres que acudieron a asesoría psicológica en ese año. Enseguida se tiene la violencia
física con un total de 31 mujeres, significando un 27.4%. Se está hablando de que más de la mitad de
las mujeres sufrieron de golpes o lesiones y en la mayoría de los casos, por su pareja. Este tipo de
violencia, además de dejar secuelas físicas, tiene un fuerte impacto emocional y social. La realidad es
que en el año 2022 los resultados son similares en cuanto al tipo de violencia; la psicológica es la más
común con un total de 58 mujeres, el cual equivale a 71.6%, y enseguida la violencia física con un total
de 25 mujeres, siendo este el 30.8%. Sin embargo, lo que sí cambia es el total de mujeres que acudieron
a atención, pues en este año se registraron 81 mujeres, casi la tercera parte con respecto a 2021. Esta
reducción no duraría mucho, pues en el año 2023 se reportan 123 mujeres, de las cuales 44 refieren
vivir violencia psicológica, significando un 35.7%, y 18 mujeres señalan sufrir violencia física,
representando el 14.6% del total de mujeres. Ahora bien, en la primera mitad del año 2024 se reportaron
223 mujeres que acudieron a asesoría psicológica. El aumento en este año es exorbitante y podría
deberse a diferentes situaciones: al aumento de violencia en el municipio, a que las mujeres buscan
ayuda, la difusión de instancias como el Instituto Municipal de las Mujeres o bien a que la salud mental
comienza a tomar relevancia en la vida de las personas de Tizayuca. Pues si bien 95 (42.6%) mujeres
llegaron al instituto para ser tratadas por violencia psicológica, de esos 223 expedientes, 90 (40.3%) no
tiene registrado el tipo de violencia que estaban viviendo las mujeres en ese momento. Esta falta de
registro también puede representar una carencia en los protocolos de atención o en la recolección de
datos. Si bien estas son cifras esperanzadoras, la realidad es que en estos cuatro años el tipo de violencia
que se vive no cambia: comienza con violencia psicológica y física en la mayoría de los casos. La
información demuestra que la violencia psicológica fue la más reportada entre 2021 y junio de 2024
resultados que concuerdan con los datos de Álvarez (2020) y de la OMS (2021), quienes señalan que
pág. 5275
este tipo de violencia es la más frecuente a nivel nacional e internacional. Esto indica que, aunque la
violencia física o sexual suelen recibir más atención por parte de los medios, las agresiones verbales,
emocionales y de control ejercen un impacto igualmente devastador en la vida de las mujeres.

Tabla 1 Tipos de violencia que sufren las mujeres del año 2021 a 2024

Año
Participantes V. Psicológica V. Física V. Económica V. Sexual Desconocido
n
f % f % f % f % f %
2021
113 79 69.9 31 27.4 4 3.5 6 5.3 19 16.8
2022
81 58 71.6 25 30.8 1 1.2 5 6.1 18 22.2
2023
123 44 35.7 18 14.6 4 3.2 4 3.2 67 54.4
2024
223 95 42.6 55 24.6 19 8.5 8 3.5 90 40.3
Nota: Elaboración propia

Después de comprender que la violencia puede manifestarse en cualquier contexto y adoptar diversas

formas, resulta fundamental considerar las etapas de la vida en las que las mujeres se encuentran en

mayor situación de vulnerabilidad. Tal como se observa en la Tabla 2, los rangos de edad más propensos

a experimentar algún tipo de violencia varían dependiendo del año, concentrándose principalmente

entre los 26 a 45 años, pues como señala la OMS (2021) las mujeres en edades reproductivas son más

vulnerables a la violencia de pareja, esto confirma el planteamiento de Frías (2013), sobre que muchas

mujeres toleran la violencia en este periodo al priorizar el bienestar de sus hijos, pues en esta etapa se

establecen relaciones de pareja, reproducción familiar y con ello roles de género, lo que intensifica las

tensiones en el hogar. Esta investigación demuestra que, durante el año 2021, se atendieron un total de

113 mujeres cuyas edades oscilaban entre los 15 y los 60 años, la edad promedio fue de M = 34.62(DS

= 10.6722), destacándose que el grupo etario predominante fue el de 36 a 45 años, con un total de 34

mujeres, lo que representa el 30.08% del total. Para el año 2022, el instituto brindó atención a 81

mujeres, con edades comprendidas entre los 19 y los 60 años. En este periodo, la edad promedio fue de

M = 37.51 (DS = 10.3562). En cuanto a la distribución por grupos etarios, el rango de edad con mayor

incidencia fue el de 26 a 35 años, con un total de 30 mujeres, lo cual representa el 37.03% del total de

atenciones. En el año 2023, se registraron 123 mujeres atendidas, cuyas edades se encontraban entre los

15 y los 58 años, arrojando una media de edad de M = 36.15(DS = 11.4355).

Dentro de este grupo, el intervalo de edad más representado fue nuevamente el de 36 a 45 años, con un

total de 39 mujeres, equivalente al 31.70%.
pág. 5276
Finalmente, de enero a junio del año 2024, se contabilizó la atención de 223 mujeres, cuyas edades iban

desde los 15 hasta los 60 años, con una edad promedio de M = 37.33 (DS = 11.0933). En este periodo,

el grupo de edad con mayor número de casos fue el de 36 a 45 años, con un total de 62 mujeres, lo que

representa el 27.80% del total de personas que recibieron asesoría psicológica.

Tabla 2 Edad predominante de mujeres que acudieron a Instituto municipal de la mujer por violencia

Año

Participantes
Edad Frecuencia Porcentaje Rango Media Desviación
estándar

(n)
(f) (%) (r) (m) (ds)
2021
113 De 36 a 45 34 30.08 15 a 60 34.62 10.6722
2022
81 De 26 a 35 30 37.03 19 a 60 37.51 10.3562
2023
123 De 36 a 45 39 31.70 15 a 58 36.15 11.4355
2024
223 De 36 a 45 62 27.80 15 a 60 37.33 11.0933
Nota: Elaboración propia

Con relación a los municipios, es decir, los focos rojos de la comunidad, Tizayuca se distingue por
contar con al menos 60 barrios y fraccionamientos (Secretaría de Economía, 2020). Tal como se aprecia
en la Tabla 3, las cinco comunidades donde se presenta una mayor incidencia de reportes son: Haciendas
de Tizayuca, Rancho Don Antonio, Atempa, Héroes de Tizayuca y El Carmen, respectivamente. No
obstante, es Haciendas de Tizayuca la que encabeza de forma recurrente este listado. Tan solo en el año
2021, de las 113 mujeres que acudieron a solicitar apoyo o presentar denuncias, 17 eran originarias de
dicha comunidad, lo cual representa un 15%. En 2022, 7 de las 81 mujeres que se registraron provenían
también de Haciendas de Tizayuca, equivalente al 8.6%. Para el año 2023, de un total de 123 mujeres
atendidas, 11 residían en esa misma zona, representando el 8.9%. Finalmente, en el periodo
comprendido entre enero y junio de 2024, se reportaron 223 casos, de los cuales 37 corresponden
nuevamente a mujeres que vivían en Haciendas de Tizayuca, lo que equivale al 16.59%.

Tabla 3 Comunidades con mayor incidencia de atención en Instituto municipal de la mujer

Comunidad
Año 2021 Año 2022 Año 2023 Año 2024
n
f % n f % n f % n f %
Haciendas de Tizayuca
113 17 15 81 7 8.6 123 11 8.9 223 37 16.5
Rancho Don Antonio
113 10 8.8 81 5 6.1 123 10 8.1 223 18 8.0
Atempa
113 9 7.9 81 3 3.7 123 3 2.4 223 8 3.5
Héroes de Tizayuca
113 5 4.4 81 3 3.7 123 5 4.0 223 16 7.1
El Carmen
113 3 2.6 81 5 6.1 123 1 0.8 223 4 1.7
Nota: Elaboración propia
pág. 5277
CONCLUSIÓN

Los resultados del presente estudio confirman que la violencia contra las mujeres es un fenómeno
complejo, estructural y cultural, que se manifiesta principalmente en la violencia psicológica y afecta
con mayor frecuencia a mujeres entre 26 y 45 años. Asimismo, el hecho de que comunidades como
Haciendas de Tizayuca concentren un mayor número de casos demuestra que la violencia no se
distribuye de manera uniforme, lo que muestra que el problema no es homogéneo, sino que responde a
factores territoriales, socioeconómicos y culturales, tal como menciona Galtung (2016), quien también
habla sobre qué violencia estructural impide acceder a recursos básicos de salud, trabajo y educación.
Condiciones que influyen en la concentración de casos, como ocurre en municipios con alta incidencia
de feminicidios y delincuencia en general. A pesar de que estas cifras pueden parecer relativamente
pequeñas en términos absolutos, lo cierto es que revelan una tendencia constante que no puede pasarse
por alto. Esta comunidad atiende un porcentaje significativo de mujeres que han denunciado estar
viviendo algún tipo de violencia, lo que la convierte en un punto crítico dentro del municipio y requiere
una atención inmediata por parte de las autoridades.

Con base en el análisis de la información, se puede observar la dominación simbólica y estructural que
mantienen a las mujeres en situación de vulnerabilidad. Como advierte Bourdieu (1996), la violencia
simbólica no siempre es fácil de ver, lo que explica por qué muchas mujeres no identifican la violencia
o no denuncian. De igual manera, Johnson (2011) señala que el terrorismo íntimo representa un riesgo
grave en las relaciones de pareja, especialmente en edades reproductivas, donde las mujeres sienten
mayor presión, pues no deben ver solo por ellas si no en la mayoría de casos también por sus hijos.

En este sentido, es importante fortalecer la implementación de la Ley General de Acceso de las Mujeres
a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV, 2007), pero también acompañarla de estrategias
comunitarias y educativas que ataquen el problema de raíz. Solo mediante un enfoque integral,
sostenido y coordinado será posible reducir la violencia, avanzar en el cumplimiento de la LGAMVLV
y garantizar que las mujeres puedan vivir con dignidad, autonomía y seguridad, pues la violencia refleja
una realidad para miles de mujeres, por lo cual es crucial tomar en cuenta e incidir en los factores
estructurales y culturales que la reproducen, para así garantizar que todas las mujeres ejerzan
plenamente su derecho a vivir una vida libre de violencia.
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