MÁS ALLÁ DE LA SALUD MENTAL:
DETERMINANTES SOCIALES DEL
ALCOHOLISMO EN JÓVENES ADULTOS
BEYOND MENTAL HEALTH: SOCIAL
DETERMINANTS OF ALCOHOLISM IN
YOUNG ADULTS
Carlos Alberto Rodríguez Torres
Investigador independiente
Dra. Yaneli González Vargas
Universidad Veracruzana, México
Dra. Maria Isabel Mabarak Limón
Universidad Veracruzana, Mexico
Mtra. Mireya Cruz Ruiz
Universidad Veracruzana, Mexico
Dra. Celina Márquez García
Universidad Veracruzana, Mexico

pág. 9337
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23943
Más Allá de la Salud Mental: Determinantes Sociales del Alcoholismo en
Jóvenes Adultos
Carlos Alberto Rodríguez Torres
Investigador Independiente
Dra. Yaneli González Vargas1
yangonzalez@uv.mx
Doctorado en ciencias en Salud Colectiva
UAM-Xochimilco
Universidad Veracruzana
Dra. Maria Isabel Mabarak Limón
mmabarak@uv.mx
Doctorado en Educación, Universidad Martí
Universidad Veracruzana
Mtra. Mireya Cruz Ruiz
mirecruz@uv.mx
Maestría en Psicología y desarrollo comunitario
Universidad Veracruzana
Dra. Celina Márquez García
cemarquez@uv.mx
Universidad Veracruzana
Doctorado en Educación Universidad Martí
Universidad Veracruzana
RESUMEN
La presente investigación aborda el alcoholismo desde la perspectiva de los determinantes sociales que
inciden en los niveles y hábitos de consumo de alcohol, así como en los problemas asociados, en adultos
jóvenes mexicanos. Se parte de la consideración de que elementos como las normas culturales y
sociales, la disponibilidad de bebidas alcohólicas, el nivel de desarrollo económico y la implementación
y cumplimiento de políticas públicas en la materia desempeñan un papel determinante en la
configuración de dichas conductas. Metodológicamente, el estudio se sustenta en un enfoque cualitativo
de carácter explicativo, orientado a comprender las dinámicas subyacentes del fenómeno. Entre los
objetivos principales se encuentran la revisión de cifras oficiales para dimensionar la magnitud del
problema, la recuperación de aportaciones teóricas y empíricas provenientes de autores y fuentes
secundarias, así como la reflexión crítica sobre los factores que influyen en el consumo de alcohol en
jóvenes adultos. Como resultado, se identifica que los grupos con mayor riesgo de desarrollar
dependencia alcohólica incluyen a quienes iniciaron el consumo a edades tempranas, personas con
antecedentes familiares de alcoholismo, individuos con trastornos de salud mental y aquellos en
condiciones de desempleo o precariedad económica, con mayor incidencia en hombres. Asimismo,
factores como el estrés crónico, la falta de apoyo social, la normalización del consumo excesivo, la
accesibilidad y bajo costo del alcohol, así como la limitada implementación de estrategias preventivas,
incrementan la vulnerabilidad frente a esta problemática.
Palabras clave: alcoholismo, determinantes sociales, consumo de alcohol, jóvenes adultos
1 Autor principal
Correspondencia: yangonzalez@uv.mx

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Beyond Mental Health: Social Determinants of Alcoholism in Young Adults
ABSTRACT
This research addresses alcoholism through the lens of social determinants that influence alcohol
consumption levels, habits, and associated problems among Mexican young adults. It is based on the
premise that elements such as cultural and social norms, the availability of alcoholic beverages, the
level of economic development, and the implementation and enforcement of related public policies play
a decisive role in shaping these behaviors. Methodologically, the study is grounded in a qualitative
explanatory approach aimed at understanding the underlying dynamics of the phenomenon. The main
objectives include reviewing official statistics to gauge the magnitude of the problem, gathering
theoretical and empirical contributions from secondary sources and authors, and providing a critical
reflection on the factors influencing alcohol consumption in young adults. The results identify that the
groups at the highest risk of developing alcohol dependence include those who began drinking at an
early age, individuals with a family history of alcoholism, people with mental health disorders, and
those facing unemployment or economic precariousness, with a higher incidence among men.
Furthermore, factors such as chronic stress, lack of social support, the normalization of excessive
consumption, the accessibility and low cost of alcohol, and the limited implementation of preventive
strategies increase vulnerability to this issue.
Keywords: alcoholism, social determinants, alcohol consumption, young adults
Artículo recibido 25 marzo 2026
Aceptado para publicación: 25 abril 2026

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INTRODUCCIÓN
En el siguiente trabajo de investigación, se analizarán los factores sociales que influyen en el consumo
de alcohol en México, haciendo uso de cifras oficiales y estudios previos, así como teorías psicológicas
con un enfoque social, para llegar a una conclusión concreta del tema. Dado que el objetivo de la
investigación es: analizar y describir los factores sociales que influyen en el alcoholismo en jóvenes
adultos mexicanos, por lo cual es necesario empezar por la definición del fenómeno, seguido de su
impacto social.
El alcoholismo puede definirse como una enfermedad por la que una persona siente deseo de tomar
bebidas alcohólicas, y no puede controlar ese deseo. Una persona con esta enfermedad también necesita
beber mayores cantidades para conseguir el mismo efecto y tiene síntomas de abstinencia después de
interrumpir el consumo (Instituto nacional del cáncer, 2021). De acuerdo con Benítez (2012): “a
diferencia del café y el tabaco, el alcoholismo modifica la personalidad de quien la consume en exceso.
Aunque el conocimiento de este tóxico puede contribuir a evitar que se caiga en sus redes” (p. 3).
De acuerdo con la Secretaría de Salud Nacional (SSN, 2021), 20 millones de personas enfrentan
adicción al alcohol, con frecuencia se trata de quienes comenzaron a beber a los 13 o 14 años en
promedio. En 2023, 39,086 (21.8%) personas solicitaron tratamiento por el consumo nocivo de alcohol
(26.5% mujeres y 21% hombres). Los adultos jóvenes de 18 a 39 años fueron el grupo etario que solicitó
más atención (45.6%) (Ferrer Alarcón et al., 2023).
La exposición a ciertas situaciones capaces de generar trastornos por estrés postraumático (ataques
terroristas, desastres naturales, accidentes, pandemias, etc.) se ha asociado con un aumento en las tasas
de abuso y dependencia de sustancias en algunos estudios (Orbium, 2023).
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011) considera que, entre los problemas sociales
generados por el consumo dañino del alcohol, “el crimen y la violencia” es el asunto más grave. Es
obvio que no todas las personas que beben son agresivas, pero es cierto que algunas personas se vuelven
más violentas cuando consumen alcohol.
Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública 2023, el 64% de
la población adulta identifica el consumo de alcohol en la calle como la primera conducta antisocial o
delictiva en los alrededores de su vivienda y el 20% a la venta ilegal de alcohol (INEGI, 2023)

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Teniendo en cuenta los datos anteriores, es pertinente preguntarnos: ¿cuáles son los factores sociales
que influyen en el alcoholismo de los jóvenes adultos mexicanos?, está claro que este fenómeno no
responde a una sola causa, de acuerdo con el psicólogo y filósofo Kurt Tsadek Lewin, en palabras de
Saavedra (2024): “su teoría del campo considera al individuo como un todo integrado, influido por la
totalidad de las fuerzas del campo en el que opera”. En otras palabras, nuestra conducta está influenciada
por nuestro contexto político, individual, social y cultural; por lo anterior, es importante comprender
cuáles son los factores sociales que incitan al consumo del alcohol.
Esta es una problemática importante de abordar, analizando el contexto social actual, la falta de empleo
y oportunidades de crecimiento y desarrollo, sumando la falta de suficientes medidas sanitarias
públicas, que atiendan a la salud de los ciudadanos, es fácil develar un presente en donde el consumo
de alcohol como vía de escape sea común, responsabilizando al que consuma sin analizar el medio que
rodea al individuo. cabe aclarar, que este trabajo de investigación no presupone que todos los
consumidores de alcohol llegan a él por escapismo, adicción y/o enfermedad. Habiendo explicado este
punto, las limitaciones de esta investigación pueden observarse en estos aspectos: el alcance geográfico
y cultural, subjetividad en la interpretación, dependencia en fuentes secundarias, y un enfoque en los
factores sociales.
Respecto a algunos de los antecedentes, el alcohol no es un producto como cualquier otro; ha formado
parte de la civilización humana durante miles de años. Y aunque muchos lo asocian al placer y la
sociabilidad, el abuso en su consumo también conlleva consecuencias perjudiciales (Orozco, 2010) .
El fenómeno del consumo del alcohol en México se remonta hace mucho tiempo atrás, y prácticamente
ha sido documentado desde la época colonial del país. Un asunto que no puede perderse de vista es la
influencia mágico-religiosa que se ha envuelto a la bebida alcohólica fundacional de México y puede
observarse aún en el comportamiento alcohólico de nuestros días (Fuentes et al., 2005).
En este tenor, desde la época prehispánica el consumo de bebidas alcohólicas se consumía bajo estrictos
parámetros y en un contexto esencialmente ritual (Nieves, 2012) . El consumo prehispánico de bebidas
fermentadas, particularmente de pulque, probaría la predisposición de los indígenas a las borracheras,
sean estas logradas en el marco ritual, festivo o en el beber solitario (Belsass et al., 2003).

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Asimismo, el pulque fue ingerido por los gobernantes o sacerdotes en las ceremonias religiosas,
llegando incluso a constituirse alrededor de ella toda una cultura deificada (Gutiérrez, 2020). Era
considerado un remedio medicinal. El beber era un privilegio del anciano. (Natera, 1987). A los
borrachos se les golpeaba, a los macehuales se les trasquilaba, a las mujeres se les apedreaba, a los
sacerdotes se les golpeaba en secreto, retiraban títulos y funciones para conservar la moral y
legitimación política ante el pueblo (Almonte, 2022). Podría concluirse que el consumo de alcohol
estaba controlado por normas sociales, y solo se justificaba bajo situaciones ceremoniales, el
alcoholismo aún no presentaba la magnitud del problema actual, los gobernantes entendían que el abuso
de esta sustancia por parte de los ciudadanos era un reconocible signo de daño y desorden social; sin
embargo, sus castigos eran extremos.
Según Solange (2024) la conquista y la época colonial trajeron consigo grandes cambios para la vida
material. El autor destaca dos: el primero fue la desaparición del uso de bebidas alcohólicas solo en
contextos ceremoniales, que ligaban el consumo a su religión, normas y referencias éticas a favor de
una cultura individualista ligada al cambio comercial mercantil; el segundo gran cambio fueron la
introducción de nuevas técnicas de elaboración de bebidas alcohólicas, que culminaron en nuevas
formas de preparados que se han ido acumulando a lo largo de los años, en un ejercicio de tolerancia y
sincretismo.
Es entonces cuando se reinterpretan las propiedades del alcohol en un contexto nuevo: se vuelven
virtudes terapéuticas y profilácticas cualesquiera en el contexto de una medicina profana en vía rápida
de racionalizarse (Alberro, 2024).
La tolerancia a los consumidores de alcohol era una forma de mantener el control sobre los
conquistados, y evitar que se revelaran. Como era de esperarse, una vez levantadas las restricciones
sobre la ingesta de alcohol, los nativos comenzaron a consumirlo desmedidamente.
Posteriormente, al notarse que el consumo excesivo de alcohol era notablemente dañino para la salud,
comenzaron a orquestarse diversos planes de regulación y prohibición de bebidas fermentadas. Uno de
los registros más antiguos de la prohibición del aguardiente de caña, afirma Armendares (2005), es la
Ordenanza de 7 de mayo de 1631, expedida por el virrey marqués de Cerralvo.

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En ella se hace mención de que "de muchos años atrás se hacían estas bebidas y se habían experimentado
los daños que causaban"
Se podría decir que, para este momento histórico, las bebidas alcohólicas ya formaban parte de
la vida cotidiana; por lo tanto, las prohibiciones continuaron en esta época. Se prohibía beber
en las vinaterías y en las pulquerías; solo podía hacerse a cuarenta varas de sus puertas. Los
dueños de pulquerías podían vender bebidas, pero solo durante el horario permitido a las
vinaterías (Guedea, 1980).
En la actualidad en México, 70% de la población consume alcohol, y cerca de 27 millones de personas
tienen un consumo problemático. “casi en cada familia hay alguien con consumo nocivo”, planteó
Cáceres, citado por Mena (2022).
El consumo de alcohol en México se encuentra en un proceso de transformación, marcado por la
preferencia por bebidas de menor graduación alcohólica, el consumo en el hogar y la búsqueda de
opciones más económicas (América malls a retail, 2024).
En nuestro país el mayor consumo es de cerveza (40.8%), luego los destilados (19.1%) seguido
del vino de mesa (8.2%). Frecuentemente las políticas de salud chocan con los intereses de la
industria del alcohol por lo que se requiere un trabajo conjunto entre la industria y las
autoridades para lograr el cumplimiento regulatorio y un responsable consumo de alcohol
(Kaiser, 2023).
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó un trabajo de investigación de corte cualitativo de enfoque explicativo, abordando fuentes
secundarias para la interpretación de la información mediante la revisión de bibliografía. Acerca de los
factores sociales de influencia en el consumo de alcohol en México, centrado en los jóvenes adultos
Al estar orientada al descubrimiento de las realidades sociales, es una mirada enfocada al análisis de los
fenómenos, examinando a partir de la posición de los elementos presentes en el ambiente y vinculados
a su contexto (Guzmán, 2021).
Se trata de un estudio documental-monografía, en el que se recopila información de fuentes externas,
la investigación está situada bajo el enfoque explicativo; este enfoque va dirigido a buscar las causas de
los fenómenos, ya sean físicos o sociales.

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Para este trabajo se realizó una revisión bibliográfica, la cual es una etapa esencial en la investigación
académica y permitió fundamentar la discusión y conclusión del trabajo (López et al., 2023).
La bibliografía fue seleccionada de acuerdo con los apartados que conformaron la investigación, en
función de desarrollar un hilo narrativo coherente de sucesos. En algunos casos, fueron tomadas en
cuenta fuentes de hace más de cinco años, ya que, así lo ha requerido el desarrollo de los antecedentes
históricos, y al ser importante explicar modelos e ideas que preceden a los de hoy, en un esfuerzo de
comprender las causas del estado actual del fenómeno. Varios de los documentos recuperados
pertenecen a: artículos de revistas; libros; sitios web; documentos gubernamentales, especialmente en
el marco legal; tesis; etc. Algunos de estos documentos fueron encontrados en bibliotecas virtuales de
instituciones educativas, principalmente de la Universidad Veracruzana.
Para la búsqueda de información se recurrió al uso de palabras clave como: alcoholismo, sociedad,
adultos jóvenes, factores sociales, población mexicana; estudiantes universitarios. Para los ámbitos
geográficos se ocuparon palabras como: México; América Latina; OMS y OPS. Y para aspectos
específicos: políticas públicas; salud pública; intervenciones preventivas; tratamiento; factores de
riesgo y riesgos de consumo.
Para la selección de la información, se fundamentó en los siguientes criterios de inclusión y exclusión.
Criterios de inclusión
▪ Fuentes académicas como artículos de revistas, libros especializados, tesis, e informes de
organismos oficiales. También fueron tomadas en cuenta todas aquellas páginas web que
pertenecieran a centros de atención médica y/o psicológica, también aquellas en donde su
información partía de una recopilación de fuentes rigurosamente escogidas, como datos oficiales,
trabajos académicos, etc.
▪ Estudios e investigaciones realizadas en México o que incluyan población latinoamericana,
preferentemente sobre adultos jóvenes (18-30 años aproximadamente).
▪ Material que aborde el alcoholismo de manera médica, psicológica, con enfoques sociales y
culturales.
▪ Información en español e inglés accesible de manera pública.

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Criterios de exclusión
▪ Información de páginas web sin respaldo académico (blogs, foros, opiniones de usuarios)
▪ Material desactualizado (salvo por definiciones e información referente a teorías clásicas).
▪ Estudios centrados en otros grupos de edad.
▪ Materiales que no aborden el tema del alcoholismo (salvo cuando sea necesario explicar un
concepto, que consecuentemente es aterrizado al tema principal).
RESULTADOS
Los resultados del presente estudio confirman que el alcoholismo debe ser comprendido como una
enfermedad de carácter multifactorial que trasciende el ámbito individual, constituyéndose como un
problema de salud pública con importantes implicaciones médicas, sociales y legales. Las definiciones
propuestas por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación
Americana de Psiquiatría (APA) coinciden en integrar dimensiones biológicas, psicológicas y sociales
para su análisis.
Se identificó que el impacto del alcoholismo en adultos jóvenes mexicanos no es homogéneo, sino que
varía de acuerdo con las condiciones sociales, económicas y culturales de los distintos sectores de la
población. En este sentido, la identificación de grupos en situación de riesgo resulta clave para el diseño
de intervenciones específicas y una mejor asignación de recursos públicos. Asimismo, se observó que
la etapa comprendida entre los 18 y 30 años representa un periodo de alta vulnerabilidad, debido a los
cambios estructurales asociados a la vida laboral, académica y personal.
Los hallazgos evidencian que el contacto temprano con el alcohol, frecuentemente en contextos
familiares y sociales, contribuye a la normalización de su consumo (Dianova, 2022). De igual forma,
se confirma que el problema persiste y presenta una tendencia creciente en México, particularmente en
menores de edad (Juárez Rojas, 2023).
Por otra parte, la influencia social desempeña un papel determinante en la modificación de conductas,
actitudes y creencias relacionadas con el consumo (Rampton, 2024). Asimismo, factores como el
abandono y los traumas familiares, que representan aproximadamente el 30% de las causas del
consumo, evidencian la relevancia del entorno afectivo (Andrade et al., 2025, p. 6466).

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Adicionalmente, se identificó que el contexto social contemporáneo, caracterizado por el consumismo,
el individualismo y la sobrecarga laboral, incrementa los niveles de estrés, lo que favorece el uso del
alcohol como mecanismo de afrontamiento, a pesar de sus efectos negativos a largo plazo. En este
marco, los determinantes sociales de la salud —que incluyen factores ambientales, económicos,
culturales y sanitarios— influyen de manera directa en la magnitud del problema (De La Guardia
Gutiérrez et al., 2020). En conjunto, estos elementos evidencian que el consumo de alcohol se encuentra
socialmente normalizado como estrategia para regular el estado emocional, lo que refleja la ausencia
de mecanismos de afrontamiento saludables en la población.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El alcoholismo es una enfermedad en la cual la persona que lo padece presenta una preocupación por
continuar bebiendo; no es solo una enfermedad con carácter individual, es un problema de salud pública
con profundas implicaciones legales, médicas y sociales. Diferentes autores y organizaciones como la
Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) lo han
definido desde diferentes enfoques, englobando aspectos médicos, sociales y biológicos. En este
apartado se presentarán las principales definiciones utilizadas en el estudio de alcoholismo.
El término alcoholismo fue acuñado originalmente en 1849 por Magnus Huss. Hasta la década de 1940
hacía referencia principalmente a las consecuencias físicas del consumo masivo y prolongado. Otro
concepto más estricto es el alcoholismo considerado como enfermedad (Organización Mundial de la
Salud, 1994, p. 16).
Para Huss, los problemas de esta nueva entidad médica: “alcoholismo”, no eran de incumbencia
únicamente de los médicos, sino que la conducta del bebedor afectaba a la moral y entorno familiar
(Sanfeliu, 2002). Ya en las manifestaciones más tempranas del estudio del alcoholismo como
enfermedad, lo vislumbraban como dañino para el entorno de quien padecía sus síntomas; lo anterior
recuerda al concepto de “alcoholismo como enfermedad familiar”, anteriormente mencionado en esta
investigación, formulado por los grupos Alanon y Alateen décadas más tarde.
En palabras de Menéndez, citado por Campos (1997), señala que la construcción del alcoholismo como
enfermedad “fue parte de un proceso de apropiación médica de un fenómeno considerado hasta entonces
como un vicio, como un desorden, como un problema social y muy secundariamente como

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enfermedad”. El autor también menciona que los problemas relacionados con el consumo de bebidas
alcohólicas eran vistos como una cuestión de las clases bajas trabajadoras, transformando el discurso
en señalar las faltas morales de las clases populares, hasta el proceso de apropiación de los médicos.
Para 1956, la Asociación Médica Americana (AMA) por los estudios de del Dr. Jullinek, reconoció que
el alcoholismo es una enfermedad que debe ser estudiada y tratada por la profesión médica (Reyes,
1984). El concepto de alcoholismo como enfermedad del Dr Jullinek considera diferentes grados de
alcoholismo: Alpha, Beta, Delta y Épsilon (Espinosa, s.f.). Además, Jullinek explicado por Reina
(2021), describe que el alcoholismo se desarrolla en cuatro fases: pre alcohólica, prodrómica
sintomática, crucial o crítica, crónica.
Ahora bien, con el paso del tiempo, el estudio en el consumo del alcohol ha evolucionado a
manifestaciones más técnicas y específicas, en el afán de no caer en la generalidad excesiva. Un ejemplo
de ello es el concepto de Kershenobich (2010) “El alcoholismo es una enfermedad primaria y crónica
en cuyo desarrollo y manifestaciones clínicas influyen factores genéticos, psicosociales y ambientales.
La enfermedad es a menudo progresiva y fatal.” Con lo anterior, se ponen a los factores genéticos,
ambientales y psicosociales como variables importantes de estudiar para lograr comprender este
fenómeno.
El año pasado, el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA, 2024), reconoce al
trastorno por consumo de alcohol como: una afección médica caracterizada por la capacidad disminuida
de detener o controlar el consumo del alcohol a pesar de las consecuencias adversas sociales,
ocupacionales o de salud.
Y este año, Morris J et al. (2025) publicaron en la National Library of Medicine (NLM) un listado de
conceptos claves para entender los problemas asociados al consumo de alcohol, para entrar en materia
destacaría el concepto de “dependencia alcohólica”: generalmente se entiende como un patrón
desadaptativo de consumo de alcohol que da lugar a diversas adaptaciones fisiológicas, como el uso
compulsivo/adaptación neurobiológica, la tolerancia y la abstinencia. El término captura una
conceptualización importante, pero algo estrecha.

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Antes de entrar de lleno en los factores de influencia social que se atribuyen al consumo de alcohol en
jóvenes adultos mexicanos, hay que entender que es la influencia, cómo se manifiesta y por medio de
qué mecanismos se producen, y se perpetúan.
La influencia social representa las formas en que los individuos cambian sus creencias, actitudes y
comportamientos debido a la presión, exposición o persuasión real o percibida de otros en su entorno
social (Rampton, 2024) .
Cortés (2024) parte del concepto de influencia de la siguiente manera, independientemente de si la
influencia es consciente o inconsciente: persuasión, manipulación, liderazgo, autoridad, imitación y
presión social.
En los inicios de los estudios sobre la influencia social se consideraba que la imitación era el
proceso por excelencia de la reproducción social y también resultado de la sugestión y contagio.
La imitación permite que lo individual pase a ser social. La sugestión se considera un estado
psicológico que permite la aceptación irracional de la voluntad de los demás. El contagio es
facilitado por el contexto de grupo y las relaciones sociales. Aunque el nombre imitación nos
lleva a pensar en una reproducción superficial, esta presenta dos importantes funciones: una de
aprendizaje y otra de facilitación de interacción social (Marcu, 2023).
El autor Leon Festinger establece que las personas evaluamos nuestras propias opiniones, capacidades
y habilidades comparándolas con las de los demás. Parece además que esto se verifica especialmente
en situaciones de incertidumbre, en las que puede ser difícil medir nuestra habilidad de forma objetiva
(Mitjana, 2019).
Por otra parte, Salomón E. Una de las ideas clave de Asch fue la idea de que la presión social, o la
presión para ajustarse a las normas grupales, puede ser tan fuerte que anula el propio juicio de un
individuo. En sus experimentos, los participantes no siempre estaban de acuerdo con el grupo porque
creían que la mayoría tenía razón, pero a menudo se conformaban por el deseo de encajar o evitar
conflictos. Este fenómeno se conoce como influencia social normativa (Psychology Town, 2024)
Tipos y elementos de la influencia social.
Para Nagy et al. (s.f.) la influencia es solo la combinación de los siguientes tres elementos: un
comunicador, un mensaje, y una audiencia.

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En este caso, y aterrizándolo al tema, el comunicador puede interpretarse como los medios por el cual
se emite el mensaje, no necesariamente un individuo; el mensaje es el contenido o información que se
quiere transmitir; al final de la cadena se posiciona la audiencia, el público objetivo del mensaje.
Conociendo estos tres elementos, podemos analizar la manera en las que se podrían presentar los
mecanismos de influencia social.
Robinson (2024) señala los siguientes tres: conformidad, cumplimiento, obediencia. El primer tipo hace
referencia a la forma de igualar la respuesta de los demás, mientras más personas reaccionen de una
determinada manera, es probable que más personas reaccionen igual; el cumplimiento se lleva a cabo
cuando a una persona se le lleva a realizar una tarea grande por medio de solicitudes más pequeñas; la
obediencia contrasta con el cumplimiento, en el sentido de que en esta forma no se espera que una
persona realice una tarea por medio de solicitudes partidas, por el contrario, esta forma hace uso de
solicitudes directas y concretas para que alguien haga algo.
Con el panorama más amplio acerca de lo que se hace referencia al hablar de influencia, es importante
entrar de lleno a la influencia social y familiar como variables para el consumo del alcohol. Tanto la
sociedad como la familia pertenecen a la configuración del tejido social; se le llama tejido social por la
manera en la que se construye la identidad de una comunidad mediante las relaciones personales. Según
Jiménez et al. citado por Mantilla et al. (2021): "El tejido social lo conforma un grupo de personas que
se unen para satisfacer necesidades humanas elementales o superiores, como son: alimento, salud,
educación seguridad social, cultura, deporte, servicios públicos, transporte y todo lo que represente
mejor calidad de vida".
Se entiende como la configuración de vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la
reproducción de la vida social. Esto quiere decir que todas nuestras actividades diarias, desde la
convivencia familiar, en nuestros trabajos, escuelas, y con nuestros vecinos componen el “tejido social”
(Consejo ciudadano de seguridad y justicia del estado de Puebla, 2022, p. 2)
Mantilla et al. (2021) también recupera la definición de ciudad del diccionario de geografía humana del
2011 que la define como un grupo de personas, intercambios comerciales e instituciones
gubernamentales, que se relaciona constantemente con el mundo a través de los avances tecnológicos,
sin embargo, no hay que olvidar todos los conflictos sociales que implican llevar a cabo estos procesos.

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La sociedad es la expresión del tejido social: nace, crece, se desarrolla y se expresa a través de ellos; es
un activo para los individuos y los grupos cuya mayor presencia indica la existencia de una comunidad
más participativa, unida y coherente (Lozano et al., 2011).
Cuando se hace presente una patología dentro de la sociedad, en este caso, el alcoholismo, los
mecanismos de influencia se hacen más notorias y adquieren mayor relevancia, ya que, al manifestarse
en diferentes individuos, su experiencia comparte similitudes. No surgen de manera aislada, ya que se
producen dentro de un contexto social compartido en donde presentan similitudes significativas:
historias familiares marcadas por dinámicas semejantes, entornos sociales que refuerzan las mismas
conductas y mensajes que legitiman dichas prácticas. De este modo, la patología social, por llamarlo
así, se convierte en un fenómeno colectivo
Por otro lado, el alcohol es una sustancia culturalmente aceptada en nuestro país: en la mayoría de los
casos, los jóvenes entran en contacto con el alcohol a una edad muy temprana, especialmente durante
eventos familiares como comidas festivas, cumpleaños, fiestas navideñas, etc. (Dianova, 2022) .
Actualmente México sigue teniendo un problema para no solamente erradicar, sino también controlar
el alcoholismo. Esta sustancia sigue presente en la vida de muchos mexicanos, inclusive los casos van
en aumento, especialmente con los menores de edad (Juárez Rojas, 2023) .
Según las conclusiones de Oliva et al. (2021), en su artículo “Alcoholismo en adolescencia: visión
Latinoamericana”, existe un imperante de consumo, normalizado y tolerado del alcohol, y este patrón
se extiende a nuestra población vulnerable. Por lo que es necesario tomar medidas para prevenir las
consecuencias negativas en nuestra sociedad. El estudio continúa dando un ejemplo de los remanentes
culturales del consumo de alcohol en Costa Rica con la llamada “cultura del guaro”, para explicar su
presencia en eventos sociales.
De esta forma, podríamos hacer un símil en México, con el nombrado “Maratón Guadalupe-Reyes”, el
cual consiste en celebrar del 12 de diciembre hasta el 6 de enero, situación en donde el alcohol está
presente. La normalización del consumo de alcohol en celebraciones tradicionales contribuye a
invisibilizar sus efectos negativos, particularmente en poblaciones vulnerables, como lo son los jóvenes.
Al enmarcar el consumo dentro de expresiones culturales ampliamente aceptadas, se limita la
percepción de riesgo y se dificulta la implementación de estrategias preventivas efectivas, deja de

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percibirse como un comportamiento de riesgo para convertirse en un elemento identitario y de
pertenencia social.
Este panorama debe ser comprendido con realismo. Los jóvenes no consumen alcohol en el
vacío: lo hacen en un entorno donde beber está profundamente normalizado, donde la presión
social es intensa y donde el alcohol forma parte del paisaje cotidiano —fiestas, reuniones
familiares, celebraciones deportivas, eventos culturales y hasta rituales comunitarios—. La
cultura mexicana no solo tolera el consumo: con frecuencia lo celebra.
Comprender esta normalización es crucial para responder adecuadamente. No basta con
advertir que “el alcohol hace daño” o replicar campañas que estigmatizan a los consumidores;
se necesita atender los factores culturales, emocionales y sociales que influyen en la relación
de los jóvenes con el consumo (Staff cejuv, 2025).
Como nos podemos dar cuenta, lo que rodea el impacto, consumo y comercialización de bebidas
alcohólicas es un fenómeno que aterriza en diferentes variables. Las consecuencias sociales del
alcoholismo en México van desde violencia, accidentes, conflictos en las relaciones familiares y
deserción escolar etc.
En México una de cada tres mujeres que conviven con un cónyuge que consume alcohol
diariamente hasta alcanzar la de ebriedad enfrenta un riesgo significativamente mayor de vivir
violencia de pareja, en comparación con aquellas cuyos hogares están libres del consumo. De
acuerdo con la Encuesta RESET Alcohol México 2024, realizada por Vital Strategies, el 97%
de la población mexicana está preocupada por la violencia contra la mujer atribuible al consumo
de alcohol (RASA, 2025).
Por otro lado, el abandono y los traumas familiares, que representan un 30% de las causas del consumo
de alcohol, apuntan a una problemática más profunda relacionada con la estructura y el apoyo familiar
(Andrade et al., 2025, p. 6466).
Las personas más vulnerables a sufrir las consecuencias del alcoholismo son la familia del alcohólico,
son los que conviven con esa persona y poco a poco observan cómo se va desgastando los órganos y la
manera en que se va transformando la persona (Rojas, 2023).

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En respuesta a esto, el estudio RESET Alcohol México 2024, Realizado por Vital Strategies, citado por
Cámara Nacional de la Industria Nacional (CANIFARMA, 2024) arroja lo siguiente:
El 60% de la población apoya la implementación de políticas que aumenten el precio del
alcohol, mientras que el 69% está a favor de reducir los horarios de venta y restringir la
publicidad en medios de comunicación y redes sociales. Un 84% apoya las etiquetas de
advertencia en productos alcohólicos y un 83% respaldaría impuestos si los ingresos se
destinaran a educación o salud. Asimismo, existe un consenso generalizado en que la industria
del alcohol debe asumir una mayor responsabilidad por los daños que sus productos provocan,
con el 76% de los encuestados apoyando restricciones en la publicidad dirigida a jóvenes.
La evidencia presentada demuestra que la regulación del precio, la publicidad y la disponibilidad del
alcohol no solo cuenta con respaldo social, sino que puede contribuir de manera significativa a disminuir
la violencia y otros daños asociados.
El alcoholismo también impacta en el porcentaje de deserción escolar, Medina et al. (2021), citando a
Vázquez et al. (2019) mantienen que: “se determina el problema de la deserción escolar con vivir en un
hogar familiar no íntegro, tener una madre trabajadora, tabaquismo activo, consumo de alcohol,
actividad sexual a temprana edad y embarazo en una muestra poblacional amplia de adolescentes
mexicanas” (p. 278).
Actualmente, nos encontramos en un momento social basado en el consumismo, individualismo, y
sobreproducción, y con ello, una mayor carga de trabajo que cae en los ciudadanos. El ritmo de vida
parece volverse cada vez más acelerado, y los momentos de verdadero descanso, más cortos. Una de
las conclusiones a las que llega el documental Take your Pills (2018) es que, para adaptarse al estilo de
vida de hoy en día, es necesario consumir drogas y estimulantes, lo cual, en comparación con otros
momentos de la historia, las drogas eran utilizadas para escapar de la realidad, no para poder soportarla.
Por ello, la educación desde planes gubernamentales de prevención es cruciales para atender a dicho
problema. Planes desde los cuales contemplen la participación de la comunidad, capacitar al sector
educativo para poder reconocer signos de consumo de riesgo, y acercar a las organizaciones de salud a
colaborar.

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La prevención e intervención en adicciones en los ambientes educativos es fundamental para abordar
el problema del consumo de sustancias y alcohol en México. Las escuelas, al actuar como puntos de
intervención temprana, tienen el potencial de jugar un papel decisivo (UDLAP, 2024).
Los temas de salud mental y adicciones en una institución educativa ya no deben ser un estigma
que solo es visibilizado cuando hay un requerimiento del gobierno federal. Pero las políticas
internas, en la mayoría de los casos, no están considerando a la salud mental y las adicciones
en la interpretación de los resultados de indicadores de rendimiento académico y evaluación
del desempeño (Castillejos López, 2024, p. 11).
La percepción general de políticas públicas, así como la percepción de las políticas de reducción de
daños, son predictores del consumo de alcohol en jóvenes universitarios; por lo tanto, estas deben ser
claras y ampliamente conocidas por esta población (González et al., 2025).
Por ello, es importante desarrollar medidas de prevención dentro y fuera de las instituciones. El
consumo de sustancias debe de tratarse como enfermedad y síntoma, al mismo tiempo, de manera en la
que se entienda que, en este caso, el consumo de alcohol viene de una mala medida de afrontamiento
ante situaciones problemáticas, y al mismo tiempo, complejizar trastornos, y problemas latentes de las
personas.
¿Qué es un factor determinante social y cultural?
Dado la difusión del discurso individualista actual, impulsado por líderes de opinión en internet, y
medios de comunicación tradicionales, es importante explicar que determinantes sociales y culturales
que rigen nuestra vida. Para finalmente contextualizarlo en México, y qué relación tiene con el
alcoholismo en jóvenes adultos.
En este marco, el discurso individualista contemporáneo tiende a responsabilizar al sujeto de manera
casi exclusiva por su estado de salud, promoviendo narrativas de mérito, autocontrol y éxito personal.
Este enfoque invisibiliza las condiciones estructurales que limitan o posibilitan las decisiones
individuales, tales como la desigualdad económica, la precariedad laboral o la falta de acceso a servicios
de salud mental. En consecuencia, prácticas de riesgo como el consumo problemático de alcohol suelen
interpretarse como fallas morales o decisiones personales, en lugar de comprenderse como respuestas
situadas a contextos sociales específicos.

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El contexto de vida personal determina su salud, por lo que culparlas por tener mala salud o atribuirles
buena salud es inapropiado. Es poco probable que las personas puedan controlar directamente muchos
de los determinantes de salud (OASH, s.f.).
Tomando en cuenta la definición ampliada de Hurtado et al. (2021), a partir de lo que la Organización
Mundial de la Salud (OMS) brinda: “La salud es un estado completo de bienestar físico, mental, social,
ambiental y espiritual y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Los determinantes del estado de salud de la población han estado sometidos a las contingencias
históricas de la especie humana, abarcan desde factores ambientales, biológicos, conductuales, sociales,
económicos, laborales, culturales y, por supuesto, los servicios sanitarios (De La Guardia Gutiérrez Et
al., 2020).
La salud se encuentra enraizada en el marco del ambiente en el que una persona se desarrolla desde que
nace. Como ha expresado el psicoterapeuta español José Luis Marín en reciente entrevista “En nuestra
vida tiene mucha más importancia el código postal, que el código genético” (ZZEN, 2025, 1h4m13s).
Los determinantes sociales de la salud (DSS) son un tema de especial interés para los diferentes
organismos internacionales, como la Organización Mundial de Salud (OMS) que los define como las
“las circunstancias en que las personas nacen crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto
más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana". También
distinguen entre determinantes sociales estructurales e intermedios.
Por determinantes intermedios, por tanto, se debe entender todas aquellas circunstancias materiales,
entendidas como las condiciones de trabajo y de vida, los hábitos relacionados con la salud y los factores
psicosociales y biológicos (Vargas, 2023).
De acuerdo con la Dirección General de Salud Pública y Equidad en Salud (2024) los determinantes
intermedios están relacionados con el desarrollo del ciclo de la vida como la mortalidad, la
autopercepción de la salud mental, la morbilidad, la salud sexual o la discapacidad entre otros más
específicos de autopercepción.
Y, en el marco conceptual que distingue a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entienden
como determinantes estructurales a los que entran dentro del contexto socioeconómico y político en el
que se distribuyen los recursos.

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Dentro de este marco teórico, la distribución de los lugares en donde se tiene acceso a los servicios de
salud condiciona el acceso a recursos, determinando la posibilidad de un diagnóstico preciso, y de
recibir un tratamiento adecuado. Las personas que habitan en áreas rurales o marginadas suelen
enfrentar mayores dificultades para acceder a hospitales, personal médico y medicamentos, lo que
posibilita un mayor riesgo de empeorar la enfermedad.
Con el espacio geográfico, viene acompañado el factor económico. Es parte de nuestra normalidad que
las ciudades se separen por el nivel de sustento económico de las personas que lo habitan. En la mayoría
de las ciudades la riqueza junto con el área industrial está ubicada en el centro de la ciudad, y en la
periferia, las zonas en donde el desarrollo económico es tardío.
Podríamos decir que los factores económicos son aquellos relacionados con la movilidad social,
condiciones de trabajo, y la posibilidad de acceder a recursos esenciales. Esto constituye variables clave
que influyen directamente en el estado de salud de la población.
Más recientemente, Moddie et al., citado por la National Institutes of Health (NIH, 2024) han
identificado los llamados «determinantes comerciales de la salud», que apuntan a los efectos nocivos
que ciertos intereses comerciales y económicos tienen para la salud de las poblaciones.
El resultado de la suma de estos factores es la cultura que cubre todo el tejido social que compone a la
sociedad. Para Zygmunt Bauman en palabras de Peña (2021), define la cultura como un conjunto de
costumbres, ideas y tradiciones que caracterizan y amoldan a una comunidad o pueblo, con el límite del
tiempo o de aspectos geográficos.
En relación con la salud, el Sustainability Directory (2025), reconoce los siguientes factores de
influencia, como básicos en la salud:
▪ Prácticas dietéticas: alimentos, métodos de preparación, y costumbres al comer.
▪ Creencias de salud: creencias sobre las causas de enfermedad, tratamiento y medidas preventivas.
▪ Estructuras sociales: redes de apoyo familiar y social.
▪ Estilos de comunicación: normas y barreras lingüísticas.
Nuestras sociedades actuales se caracterizan por ser multiculturales, lo que implica que en un mismo
territorio conviven diferentes formas de concebir la salud y la enfermedad, y distintas prácticas curativas
(Instituto de Investigación sobre la Salud Pública, s.f.).

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En otras palabras, se está hablando de las condiciones estructurales, que según Alemán (2023), puede
ser la cultura, la economía y la política, entre otros; que, en suma, determinará el grado de vulnerabilidad
de un grupo, de un individuo o de una sociedad.
Cabe destacar que estos determinantes de la salud no funcionan de manera aislada. En realidad, están
profundamente interconectados y se influyen mutuamente. Por ejemplo, las condiciones sociales, como
la pobreza y la falta de educación, pueden causar enfermedades (Cala, 2023).
En conjunto, estos factores actúan como determinantes estructurales de la salud, ya que el lugar donde
se vive condiciona las oportunidades de bienestar y reproduce desigualdades que se reflejan en la
experiencia individual de enfermedad o salud. En la juventud adulta, en donde se constituye una etapa
crítica del ciclo vital, caracterizada por transiciones significativas como la inserción laboral, la
autonomía económica y la redefinición de identidades personales y sociales. En contextos de alta
incertidumbre económica y social, como el mexicano, estas transiciones suelen darse en condiciones de
precariedad, lo que incrementa la exposición a conductas de riesgo, entre ellas el consumo excesivo de
alcohol.
El alcoholismo en adultos jóvenes no afecta de la misma manera a toda la población mexicana. Como
cualquier territorio, está dividido en diferentes sectores que, en relación con sus condiciones sociales,
económicas y culturales, tienen mayor riesgo de desarrollar problemas con el alcoholismo. Identificar
a la población de riesgo es importante para diseñar intervenciones efectivas dirigidas a una población
definida, además, mejoraría la asignación de recursos públicos y mejoraría la atención para tratar y
prevenir los problemas de salud en estos sectores.
En cuanto a la población, los adultos jóvenes que transitan alrededor de 18 y 30 años se encuentran en
una etapa de profundos cambios, algunos experimentando la introducción al mundo laboral, muchos
otros atravesando su vida universitaria, y experimentando un estilo de vida mayormente independiente.
De la misma manera, a exponerse a nuevas experiencias que trae esta etapa de la vida, no solo trae
consigo nuevas y mayores responsabilidades, también lo acompaña la exposición a nuevos riesgos.
El alcance y magnitud de los riesgos de salud, en los jóvenes adultos, se ve incrementado cuando su
entorno socioeconómico, educativo, familiar y cultural de base, es inestable e inseguro. Entrando en los
datos, según la Redacción El Economista (2025): “Al corte del 2024 se observó que 11.8 millones de

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personas de 12 a 29 años se encuentran en algún grado de pobreza, de acuerdo con la Medición
Multidimensional de la Pobreza del Inegi.” Esto significa que 1 de cada 3 jóvenes en México presenta
dificultades para acceder a una vivienda digna, educación y seguridad social. Un gran porcentaje de
estas personas permanecerán en esa situación por el resto de sus vidas a consecuencia del estancamiento
de la movilidad social en el país. Julio Serrano Espinosa, citado por Becerra (2025), declaró: “Tres
cuartas partes de los mexicanos que nacen en un hogar pobre en México permanecen en esa situación
por siempre”.
Si bien, la percepción sobre la búsqueda de una mejor educación y un trabajo bien remunerado puede
presentarse como opciones dignas y al alcance de todos para mejorar sus condiciones económicas, y
desarrollar su potencial y talento, hoy en día choca con la experiencia de la realidad mexicana.
Actualmente en México el 40 por ciento de las personas desempleadas en México tienen entre 20 y 29
años, de acuerdo con el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), lo que
confirma una brecha entre la juventud y las personas ocupadas.
Además, el informe revela que la tasa de desocupación juvenil es tres veces mayor que la de los adultos,
y que cerca del 60 por ciento de los jóvenes trabajan en la informalidad, sin acceso a seguridad social
ni condiciones laborales dignas (Hernández N. , 2025) .
Del lado educativo, El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval),
citado por el Centro de Investigación en Política Pública (CIPP,2024), señaló en 2020, que uno de cada
10 mexicanos en educación obligatoria está en rezago educativo, es decir, que su nivel escolar no
corresponde al que deberían tener de acuerdo con su edad. Factores como el nivel socioeconómico, la
plantilla y capacitación docente, así como el acceso a una mayor conectividad pueden influir en la
calidad educativa que reciben los estudiantes.
Recapitulando, por un lado, tenemos a población que está pasando por el inicio de su vida adulta, sin
las suficientes oportunidades laborales ni educativas, situado en un país en donde el índice de movilidad
se mantiene estancada, resultando en angustia e incertidumbre por la situación económica. Esto es a lo
que se le conoce como “estrés financiero”.
El estrés financiero puede impactar directamente en la salud de las personas, provocando insomnio,
depresión, alteraciones del sistema inmune o problemas cardiovasculares, entre otras afecciones

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(BBVA, 2024). Está relacionado con la falta de concentración, sensación de cansancio y cambios
temperamentales.
Según la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi), del Instituto Nacional de
Estadística y Geografía, en 2023 dos de cada tres mexicanos padecieron estrés financiero en un
nivel alto o moderado porcentaje (36.9 y 34.6 %, respectivamente). De este universo, 34.9 %
de los mayores de 18 años consultados lo experimentó vía malestares físicos: dolor de cabeza,
gastritis, colitis y cambios en la presión arterial; y un 30.7 % sufrió impactos psicológicos,
manifestados como problemas de sueño o trastornos en la alimentación (Delgado, 2025).
Según los datos de la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023, extraídos del sitio
web del Gobierno de México, Gob MX (2025). Las principales causas del estrés financiero son:
▪ Deudas acumuladas (48%)
▪ Gastos imprevistos (45%)
▪ Préstamos (39%)
▪ Gastar más de lo planeado (39%)
▪ Dificultad para guardar dinero para metas futuras (37%)
▪ Dinero insuficiente para actividades de entretenimiento (27%)
El estrés a menudo lleva a muchas personas a recurrir al alcohol como una forma de escapar
temporalmente de la presión emocional. Aunque el alcohol puede aliviar momentáneamente la tensión,
no resuelve el problema subyacente y, con el tiempo, puede empeorar el estrés al afectar la salud mental
y física. Según la investigación de Condorcana et al., (2024):
La evidencia de la investigación sugiere que existe una relación negativa entre el bienestar
psicológico y el consumo de alcohol, lo que implica que un mayor bienestar está asociado con
un menor consumo de alcohol. Estudios previos han demostrado que el consumo excesivo de
alcohol puede aumentar los niveles de ansiedad, depresión y estrés percibido, lo que podría ser
un factor que afecta la salud mental en general mientras que el bienestar psicológico puede
actuar como un factor protector contra el consumo de alcohol debido a que se asocia con
habilidades de afrontamiento más efectivas y una mayor resistencia a la presión social para
beber en exceso. (p. 240).

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Esto quiere decir, que el consumo de alcohol para buscar modificar el estado de ánimo emocional de
las personas está totalmente normalizado en México. Es una manifestación de la falta de medidas de
afrontamiento positivas en la población. Complementando los datos y conclusiones que relacionan el
consumo de alcohol con el estrés, y el entorno, en el conversatorio “Diálogos sobre el alcohol”, una de
las conclusiones a las que llegaron los participantes, fue la percepción errónea, del alcohol como una
sustancia no considerada como una droga:
El alcohol no es entendido como una droga a pesar de que es una sustancia depresora del sistema
nervioso central que provoca una baja en los reflejos motores, estados de depresión y
desinhibición. Su consumo complejiza cualquier enfermedad mental que se padezca y está
vinculado con episodios de violencia (Luna et al., 2024).
Esto está relacionado a la educación en torno al uso del alcohol en eventos y ritos sociales, como fiestas,
poder “beber como adulto” al cumplir la mayoría de edad, por nombrar algunos ejemplos. Asimismo,
existen aspectos histórico–culturales que significan el consumo de alcohol como una acción tolerable,
“tradicional”, “normal” y hasta “necesaria” en muchas de las actividades sociales de integración y
convivencia (Gómez et al., 2025, p. 55). Es paradójica la relación de la sociedad con el alcohol, al ser
una sustancia relacionada con buenos momentos, fiesta y compañía, y al mismo tiempo es rechazado el
alcoholismo, y a veces tratado como un tabú, y su consecuencias vistas como lejanas.
La presión de grupo toma un papel importante en el consumo de alcohol. Durante las diferentes etapas
de vida de una persona, formar parte de un grupo es importante para: el desarrollo de habilidades
sociales, apoyo emocional, aprendizaje, sentirse motivados, formar identidad y reforzar valores como
la solidaridad responsabilidad; pero, la presión social ejerce su poder cuando las personas sienten que
deben pensar y actuar igual al grupo para no ser rechazados.
Como lo expone Ocampo et al. (2024), citando a Barón y Byrne (2023) y del Carmen (2020):
Son los grupos de pares quienes pueden ejercer presión como un medio para incitar al sujeto a
comportarse de una manera específica, sea adecuada o inadecuada (. Existen tres tipos de
presión de grupo, 1) la presión directa: cuando verbalmente se realiza la invitación consumir,
incluye burlas o acciones para que el joven consuma; 2) la presión indirecta: el joven se siente
presionado cuando el grupo lo rechaza o excluye y 3) la presión percibida: comprende

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sensaciones de rechazo, búsqueda de aprobación, esto dependerá de que tan presionado se
sienta ante la situación que experimente (p. 273).
Ahora bien, remontándonos a la familia, que, en la mayoría de los casos, es el primer grupo al que se
pertenece, en algunos contextos el consumo de alcohol puede estar normalizado, lo que puede
predisponer a ciertos miembros. La educación familiar es el núcleo en la formación de valores, y del
mismo modo que se refuerzan conductas responsables, también se pueden adoptar hábitos no
saludables. Si en el núcleo familiar de un individuo, situaciones de abandono, violencia, estrés,
problemas de comunicación y falta de apoyo emocional están presentes, más antecedentes de abuso de
sustancias, en este caso alcohol, es de esperarse que los miembros recurran al consumo frecuente de
alcohol para afrontar su día a día.
El riesgo de tener trastorno por consumo de alcohol es mayor en las personas que tienen un padre, madre
u otro familiar cercano con problemas con el alcohol. Esto puede verse influenciado por factores
genéticos (Mayo Clinic, 2022) .
Esteves et al. (2020), citado por Escobar et al. (2022), consideran que la familia, como primer
sistema social, posibilita a cada miembro fortalecer sus capacidades, roles y habilidades, al
permitirles desarrollarse respetando su individualidad y autonomía, con la que se enfrentarán a
ciertas situaciones futuras.
En otras palabras, un hogar lleno de amor, apoyo y seguridad fomenta la autoconfianza y una buena
autoestima. Sin embargo, un entorno familiar disfuncional, caracterizado por el abuso, la negligencia o
los conflictos constantes, puede generar trastornos emocionales (Olmos, 2025). El estrés de la
sobrecarga emocional afecta a la comunicación y a los vinculos familiares, pudiendo manifestar
síntomas de problemas de gestion emocional, impulsividad, y desarrallor metodos de afrontamiento
negativos.
La cultura también es un factor que influye en el consumo de alcohol de las personas, ya sea
promoviendo el consumo o limitándolo, la identidad étnica es una de las variables que se pueden
considerar para analizar la influencia de la cultura en el consumo de alcohol de un individuo (Camacho
et al., 2022, p. 3307). El factor cultural engloba la normalización del consumo, la publicidad, como se

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toca el tema en los medios de comunicación, y el papel que tiene el alcohol en los eventos sociales y
los roles de genero. La cultura influye en cuándo, cómo y con quién se consume.
Se pude concluir que el consumo del alcohol en México, no está aislado a un solo factor, más bien, este
fenómeno se desenvuelve entre condiciones especificas de la región, como la cultura, factores
socioeconómicos, oportunidades educativas, antecedentes familiares, espacios de sociabilización y
políticas públicas. El desarrollo del estrés financiero y emocional en una etapa clave de la vida como lo
es la adultez temprana, incrementa la probabilidad de la ingesta como una medida de afrontamiento
negativa. La normalización y la presión de grupo, aunado a una historia de vida familiar disfuncional
evidencia la necesidad de políticas públicas integrales focalizadas en la población y sectores de riesgo,
que no solo atiendan el consumo de alcohol, sino también las condiciones estructurales que lo favorecen,
promoviendo el bienestar psicológico, la educación preventiva y alternativas saludables de
afrontamiento.
Estigmas ante el diagnóstico de dependencia alcohólica.
Un estigma es una construcción social. La propia sociedad intenta justificarlo apoyándose en emociones
de odio y miedo, convenciéndose de que todo aquello que se sale de lo considerado normal es
potencialmente peligroso, y hay que defenderse (García et al., 2023).
Es una barrera importante en la disposición de muchas personas a buscar ayuda para los problemas de
alcohol y puede afectar la forma en que se tratan en todos los aspectos de la vida (National Institute on
Alcohol Abuse and Alcoholism, s.f.).
La estigmanitazión puede conducir a una discriminación negativa, lo que a su vez conlleva
desventajas en términos de acceso a la atención, un servicio de salud deficiente, momentos
frecuentes que pueden dañar la autoestima, así como estrés adicional que puede empeorar la
condición de la persona “etiquetada” y, por lo tanto, la “etiqueta” se hace aún mayor, lo que
hace más probable que las persona sea identificada y estigmatizada (García, 2020).
Un país que aplaude, o al menos consiente y permite el consumo de ciertas drogas y que al mismo
tiempo arrincona a las personas que sufren las consecuencias de las mismas, debe hacer una seria
reflexión (Ministerio de sanidad, 2020).

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Esta visión social del alcoholismo se traduce en los adictos con baja autoestima, menor autoeficacia
para evitar recaídas, aumento del estrés, mayor desánimo para conseguir metas relacionadas con la
recuperación y escaso seguimiento de las recomendaciones para solicitar ayuda (Muñoz, 2021) .
En primer lugar, está el estigma público. En segundo lugar, existe un estigma por parte de los
profesionales sanitarios. En tercer lugar, existe un estigma estructural. Cuanto más estigma
experimentan, más auto estigma desarrollan y más sienten que merecen ese trato (Dhanda, 2024) .
Los esfuerzos para abordar el estigma del alcohol se ven obstaculizados por varios
malentendidos y mitos sobre la naturaleza del consumo y los problemas de alcohol,
particularmente la narrativa maestra de ‘alcoholismo’ como una afección grave y orientada a la
enfermedad, al tiempo que culpa a las personas por su condición. Esto sirve para estigmatizar
los procesos a través de la percepción de una diferencia fundamental en ‘los problemas de
bebedores’ como impulsor de la separación, la otredad y la discriminación, a su vez socavando
la búsqueda de ayuda, el cambio propio y la recuperación no persistente. Además, el estigma
puede parecer un concepto intangible, uno que solo requiere ‘llamando a’, o se puede suponer
erróneamente que tiene un papel protector a través de la influencia normativa (Morris et al.,
2023).
Trapaga y Escobedo, citado por Pérez (2024), dicha representación adquiere una fuerte carga moral, de
aquí lo trágico, que trasciende el plano puramente mental y se integran en las creencias y esquemas del
sujeto guiando su conducta y sus emociones.
Representaciones del alcoholismo en medios audiovisuales.
Los medios audiovisuales son aquellos canales de comunicación que transmiten su mensaje a través del
sonido y de la imagen (de ahí que reciban el nombre de “audiovisuales”). Es decir, estos engloban a la
televisión, el cine e incluso internet (Sandoval, 2024) .
El acceso a plataformas de streaming como Netflix, Prime video, HBO Max, etc. Ha permitido que la
visualización de estos contenidos sea más accesible para cada vez más personas, desplazando a las
formas más tradicionales de llegar a estos productos de entretenimiento como asistir a una función de
cine, o alquilar un DVD, VHS, casete, etc.

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Primeramente, habría que analizar el cine, por su importancia cultural, y el alcance de su impacto en la
formación de la percepción de la realidad de cada individuo. El director de cine Agazzi, citado por
Cahuasa (2024), deja en claro que el mensaje de las películas va mucho más allá de lo que dice el guion
y muestran las imágenes, ya que los espectadores pueden reconocerse en los personajes y hacerlos
suyos, tomando también de ellos algo a cambio.
Las primeras representaciones del alcoholismo y la drogadicción a menudo ofrecían un trasfondo
moralista. De hecho, escenifican la dependencia a las drogas como un defecto de carácter y no como
una enfermedad (Centro de desintoxicación Ivatad Valencia Adicciones, 2023). Si vemos al cine, series
y programas de televisión como un reflejo contingente de la ideología que posee la sociedad, no es de
sorprender que las tramas de películas como “Cocaine” (1992), “The pace that Kills” (1928), o “Cocaine
Fiends” (1935) presenten a los personajes como personas sin voluntad, de moral débil, e incluso como
pecaminosas, aterrizando en un discurso religioso propio de las épocas en las que transcurrieron estas
producciones.
Hoy en día, que una película, programa o serie contenga mensajes que se asemejen a alguno de los
ejemplos anteriores, sería polémico y blanco de críticas, esto va más allá de la clásica explicación
comodín que apuntaría a la corrección política actual como arma de censura, más bien, al entender que
los medios audiovisuales en general, también sirven como recurso didáctico.
Como bien lo dice Lorente et al. (2021) en su artículo “Desarrollo del pensamiento crítico a través del
cine como recurso didáctico”: “son un recurso educativo muy importante, puesto que la mayoría de la
información que recibe la sociedad se realiza mediante estos sistemas. Las imágenes pueden cubrir una
función muy importante para la población, llegando a sensibilizar” p. 152.
Para enriquecer esta investigación además de conocer la influencia de los medios de comunicación es
importante realizar un recorrido por los diversos modelos teóricos para abordar el estudio desde
diferentes enfoques.
Modelo Biomédico.
Surgió en el siglo XIX con el desarrollo de la medicina moderna. Pone énfasis en la comprensión de las
enfermedades como alteraciones biológicas en el cuerpo, ignorando en gran medida aspectos
psicológicos, sociales y culturales de la salud (Gómez, 2023).

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El cuerpo humano es considerado una máquina que puede ser analizada en términos de sus partes; la
enfermedad es vista como un mal funcionamiento de los mecanismos biológicos; el papel de los
médicos es intervenir, física o químicamente (Calvo, 2023).
Brower et al. citado por Pastor et al. (1993) explica que a “las toxicomanías como una irreversible
pérdida de control sobre el alcohol o la sustancia causante de dependencia, el sujeto que abusa de las
drogas es visto como alguien enfermo debido al propio consumo y no a la existencia de algún otro
trastorno o problema subyacente.”
El modelo nos remite a un carácter más individualista, se centra en los procesos fisiológicos, el sujeto
es visto como un organismo el cual necesita ser tratado. El cual está estrechamente relacionado con el
modelo-médico sanitario, ya que asume que el factor biológico predominante radica en algún tipo de
anormalidad fisiológica o metabólica, de base genética generalmente (Crispín, 2023).
No se aplica el concepto de curación, ya que la supuesta vulnerabilidad biológica siempre está presente
y pueden ocurrir recaídas, que, no deben ser vistas como un fracaso del tratamiento sino como el
resultado su evolución (Roche, 2023).
Para Gómez (2023), algunos de los principios fundamentales del modelo biomédico que guían la
investigación, tratamiento, y diagnostico son los siguientes:
▪ Reduccionismo
▪ Objetividad
▪ Enfoque en la enfermedad.
Lamentablemente, pese a haber transcurrido un buen tiempo desde que la Organización Mundial de la
Salud (OMS) declarara que salud no es simplemente la “ausencia de enfermedad”, la medicina moderna
sigue teniendo como eje principal el combate a las enfermedades (Wolff, 2021).
Los críticos del modelo médico argumentan que simplifica en exceso la naturaleza compleja de la
adicción, Sin embargo, los defensores argumentan que comprender la base neurobiológica de la
adicción es esencial para desarrollar estrategias efectivas de prevención y tratamiento (Ruvins et al.,
2024).

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Modelo del Aprendizaje Social.
Propuesto por R. Arkers, el modelo sostiene que el abuso de alcohol es una función de la imitación, la
percepción de un alto nivel de uso entre conocidos y las actitudes y expectativas favorables asociadas a
su uso; el mayor peso predictivo corresponde a la asociación diferencial de pares seguida por
definiciones y reforzamiento diferencial (Díaz Negrete et al., 2015). Este modelo se compone de los
constructos de imitación y asociación diferencial de pares. Reforzamiento diferencial y definiciones.
También cabe mencionar lo postulado por el psicólogo canadiense Albert Bandura, en donde explica
que el proceso de aprendizaje no solo sucede por la experiencia directa, sino también por la observación
e imitación de los demás, en donde, explica de la Torre (2024), las personas aprenden más en entornos
sociales a través de la observación e imitación, el estado mental de las personas puede afectar este
proceso de aprendizaje y que aun cuando algo se aprende, no quiere decir que habrá un cambio de
comportamiento en la persona.
El aprendizaje por observación supone cuatro requisitos de acuerdo con Bandura:
1. Atención: necesaria para realizar la imitación.
2. Retención: necesaria para realizar lo aprendido.
3. Reproducción: capacidad para ejecutar la conducta.
4. Motivación y reforzamiento: deseo y consecuencia para realizar una actividad (Bunam , s.f.) .
Modelo de Sistemas.
El Modelo de Sistemas de Neuman ve al paciente como un sistema abierto que responde a los factores
estresantes del entorno. Las variables del paciente son fisiológicas, psicológicas, socioculturales, de
desarrollo y espirituales (Enfermería Virtual, s.f.).
Entender la compleja situación que lleva a los jóvenes al consumo excesivo de alcohol es
necesario para proponer intervenciones que se enfoquen en los factores que favorezcan la
prevención del daño a la salud. El propósito de este trabajo es describir la construcción de la
teoría de rango medio Modelo de Sistemas del Consumo Excesivo de Alcohol en Estudiantes
Universitarios (MSNEXAL) sustraída del MSN (Mejía et al., 2022).

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El modelo de Prochaska o modelo transteórico del cambio.
Este modelo aprovecha la dinámica de cambio por la que pasan las personas que utilizan sustancias, por
lo que este modelo es útil para entender y describir las etapas que se producen en las etapas de cambio
(Bequir, s.f.) .
Las etapas de cambio de conducta según el modelo de Prochaska son los siguientes:
1. Pre contemplación: En esta fase, la persona que sufre la adicción no está pensando seriamente en
hacer un cambio y puede no ser consciente de que su comportamiento es problemático. En este
estado, la persona a veces, muy de vez en cuando, piensa que tiene que cambiar, pero no sabe cómo,
no pone tiempo en planearlo.
2. Contemplación: Primeros contactos con información sobre adicciones. La persona contempla lo que
quiere y debe cambiar. Empieza a indagar, hacer preguntas, buscar información, habla con amigos,
pero no pasa de ahí. Hay intención, pero no hay acción.
3. Preparación: La persona ya ha hecho pequeñas acciones orientadas al cambio. Tienen un plan de
acción, como podría ser hacer una consulta a un profesional.
4. Acción: La persona ha tomado medidas para cambiar su comportamiento y está trabajando
activamente para hacerlo.
5. Mantenimiento: Se trabaja para prevenir la recaída. La persona trabaja en mantener la abstinencia,
seguir aprendiendo cómo hacerlo, ganas, herramientas, seguir pautas, etcétera (Equipo Adictalia,
2024) .
Modelo del control social.
Según Silva, citado por Ramírez et al. (2023): “La teoría del control social propone que las normas
sociales y las presiones del entorno influyen en el comportamiento humano”. Según un estudio realizado
por Monk et al. (2020), beber alcohol en grupo genera una sensación subjetiva de felicidad, por sobre
un estado de ánimo positivo.
El control social es un ejercicio de influencia de unos actores sobre otros, utilizando herramientas que
pueden ser intangibles como conjuntos de prácticas, actitudes sociales, valores morales, cultura y
religión o utilizando herramientas expresamente invasivas (Masa, 2021).

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Esto es un mecanismo que tampoco ejerce violencia física aparentemente, pero la presión
psicológica que se utiliza igual hace daño psicológico, de tal manera que se puede llegar a
ejercer control social con la alteración de la información que circula por la red, y en México
esto es una práctica muy común pues con frecuencia circulan las denominadas fake news que
impactan de momento hasta que son desmentidas (Quiñones, 2023).
En el caso de los adultos jóvenes en México, la cultura de la bebida podría influir en el consumo de
alcohol como método de socialización y de festejo, e inclusive como medio para superar el dolor
emocional; claro está que, esto último remite solo a la sensación subjetiva de superación, en ninguna
circunstancia podría afirmarse que el consumo de alcohol sirve como medida de afrontamiento ante
conflictos emocionales.
Dos conceptos clave para el entendimiento de como las sociedades mantienen el orden son: el control
social formal, y control social informal.
El control social formal involucra leyes y políticas establecidas que dictan un comportamiento
aceptable, con repercusiones por incumplimiento que van desde multas hasta encarcelamiento. Este tipo
de control generalmente es aplicado por las autoridades gubernamentales e institucionales e incluye el
marco del sistema legal, que puede afectar varios aspectos de la vida, desde el matrimonio hasta las
regulaciones laborales.
En contraste, el control social informal abarca influencias más sutiles, como las normas sociales
y las expectativas de la comunidad, que guían el comportamiento a través de señales no verbales
y la comunicación interpersonal. Los mecanismos informales pueden manifestarse en
situaciones cotidianas, como la desaprobación familiar o la vigilancia comunitaria, dando forma
a las acciones de los individuos sin una aplicación abierta (Vejar, 2023).
El presente trabajo cumple con el objetivo de analizar y describir los factores sociales que influyen en
el consumo de alcohol en jóvenes adultos en México, gracias al enfoque social que se abordó durante
la recopilación de información, y por el debido seguimiento de los criterios de inclusión y exclusión. A
pesar de las esperadas limitaciones que se presentaron, dada la estructura que da forma a la monografía,
como la dependencia de fuentes externas, y en varios momentos de la investigación, tomar información
externa al enfoque para contrastarla, observando como los acontecimientos se manifiestan de formas

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diferentes dentro del mismo marco. No solo haciendo referencias a conceptos, y propuestas que no están
directamente relacionadas con el tema de la investigación, si no, también a la diferencia geográfica en
el que los estudios fueron realizados, para darle mayor densidad al análisis de las causas del consumo
de alcohol en México.
En líneas generales, el consumo de alcohol en jóvenes adultos, en México, es la culminación de una
serie de varios factores, y condiciones ocurriendo al mismo tiempo, en el mismo lugar; pero, cuyas
raíces parten desde aspectos fundamentales de la vida dentro de la sociedad mexicana, como los roles
de género; nivel socioeconómico; costumbres y tradiciones; sentido de pertenencia; escapismo ante la
inseguridad social en el país, y los intereses comerciales de empresarios, y los mandos administrativos
del país.
Puede verse reflejado en la cultura e idiosincrasia del mexicano, desde la publicidad, hasta
representaciones en el cine y la música, etc. Y con claros antecedente históricos. Se podría concluir,
que estos factores responden a problemas estructurales, que van más allá de individuos, o una
comunidad.
En conclusión, de los puntos anteriores, los sectores que tienen mayor riesgo a desarrollar dependencia
alcohólica son: jóvenes que consumieron alcohol a edad temprana, aquellos con antecedentes familiares
de alcoholismo, personas con trastornos de salud mental, población en situación de desempleo o
precariedad, y en mayor parte hombres. Mas allá del sector de la población, los factores que aumentan
el riesgo son: estrés crónico y financiero, falta de apoyo social, normalización cultural del consumo
excesivo, accesibilidad y bajo costo del alcohol, y falta de medidas preventivas y de intervención
dirigidas a atender las raíces de la problemática, dependiendo la situación de cada sector. No se puede
esperar tener los mimos resultados cuando el plan de intervención se aplica a sectores con problemas,
situaciones y necesidades distintas.
Ahondando en la parte preventiva y de intervención, debemos tomar en cuenta la gran estigmatización
hacia los jóvenes que acuden a programas de rehabilitación, y no es de extrañarse de un país que
generalmente señala como débiles a las personas que acuden a psicoterapia o que siguen un tratamiento
psiquiátrico; esto pasa generalmente en hombres, de quienes se espera que sigan el típico estereotipo
del macho mexicano: un hombre que no llora, que no teme en recurrir a las agresiones como resolución

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a los conflictos, y que no muestra sus emociones al menos que sea acompañado de la ingesta de alcohol.
Aquí es en donde se le tiene que poner especial atención a los estudios que relaciona la violencia de
género y el alcohol. Sobre la misma línea, es de esperar una reacción violenta de una persona en alto
estado de ebriedad, que aprendió desde la infancia que no es válido manifestar ninguna de sus
emociones, salvo por la ira.
Es necesario darles más difusión a las campañas de concientización sobre los riesgos del alcoholismo,
y a estudios que traten tópicos relacionados. No se trata de demonizar el alcohol, o a las personas que
prefieran ingerirlo, es cuestión de educar a la población sobre los riesgos a lo que realmente se exponen.
Los programas sociales deberían partir desde los resultados de las investigaciones enfocadas
exclusivamente en México, antes de exportar programas de otros países, que viven en condiciones
diferentes a las nuestras. Cabe aclarar, que aquí no se propone una visión cerrada del problema, pero es
recomendable empezar mirando hacia los problemas que aquejan al interior del territorio. Desde aquí,
las investigaciones cualitativas, por su enfoque en las experiencias personales de los fenómenos, debería
servir de punta de lanza para generar nuevas propuestas para trabajar la problemática.
Fomentar el deporte y el uso de terceros lugares, en donde la población pueda tener momentos de
recreación con amigos y familiares, es crucial para la salud de las personas, y prevenir el consumo de
alcohol como una forma de escapismo. Lo hecho por Islandia podría ser un gran ejemplo en este aspecto,
en cuanto el deporte, asegura Ros, citado por Esparza (2017): "Son cosas tan de cajón que todo el mundo
dice: ¡Claro! El deporte, por ejemplo. Cualquier niño de 5 años entiende que quien hace deporte se
droga menos. Pero lo que no entiende nadie es que cuando el niño pasa a secundaria, al menos en
Tarragona, ya no tiene actividades extraescolares".
Por lo tanto, el deporte es una gran herramienta, siempre y cuando pueda estar al alcance de las personas
que no tiene mucho tiempo de ocio, ni recursos.
Por el lado educativo, de acuerdo con las recomendaciones del doctor Olmos (2023), para el portal web
de Oceánica:
La educación sobre el alcohol debe comenzar desde una edad temprana. Los niños y adolescentes deben
recibir información precisa y objetiva sobre los riesgos asociados con el consumo de alcohol para
prevenir el alcoholismo. Las escuelas y las familias desempeñan un papel fundamental en este proceso,

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proporcionando conocimientos sólidos sobre los efectos negativos del alcohol en el cuerpo y la mente.
Además, es importante enseñar habilidades de toma de decisiones y resistencia a la presión de grupo,
para que los jóvenes estén mejor preparados para enfrentar situaciones en las que se les ofrezca alcohol.
Aquí es recomendable tomar como principales pilares los ambientes que favorecen el apoyo,
restricciones en la disponibilidad de alcohol y la promoción de estilos de vida saludables en donde entre
la actividad física, una alimentación equilibrada y prácticas para gestionar el estrés. En este último
punto, la espiritualidad juega un rol muy importante y actúa como factor protector del consumo de
alcohol y se ha observado que favorece en el tratamiento de recuperación, en el mantenimiento de la
abstinencia y en el manejo del deseo intenso de consumir alcohol (Rodríguez et al., 2019, p. 111).
Los grupos de Alcohólicos Anónimos (AA), incluyen la aceptación de un poder superior como punto
de anclaje espiritual, para dirigir a sus miembros a la recuperación. Es cierto que AA tiene ineludibles
raíces cristianas, como la creencia en un poder superior, pero su Programa de recuperación va más allá
de los principios de cualquier religión organizada; está orientado a la liberación de los defectos de
carácter (Pérez, 2022, p. 208).
Por último, haciendo énfasis en lo mencionado anteriormente, los planes deben ser construidos
pensando en el contexto social del sector al que pertenece la población a la que se dirigen. Por poner
una situación de ejemplo, ¿qué tan eficaz podría ser un plan para la reducción del consumo de alcohol
en una población que carece de agua potable? Ante esto, el diagnóstico social-integral es imprescindible
para formar programas que atienden a la salud del país.
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