pág. 1001
EL “IMPERIO GLOBALIZADOR” COMO UN
“NUEVO ORDEN MUNDIAL”

THE “GLOBALIZING EMPIRE” AS A “NEW WORLD ORDER”

José Alberto Vega Rosas

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
pág. 1002
DOI
: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24072
El “imperio globalizador” como un “Nuevo Orden Mundial”

José Alberto Vega Rosas
1
a01664779@tec.mx

https://orcid.org/
0009-0002-8179-9565
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey

México

RESUMEN

El presente artículo, hace una aproximación teórica al concepto de “imperio” (el cual es definido por
Michael Hardt y Antonio Negri) y que tiene, como una de sus principales características, que es
“globalizador”, es decir, que afecta a toda la humanidad actual. Así y al conjuntar ambas, se tiene que el
“imperio globalizador” pareciera ya no importarle las fronteras geográficas de ningún país (aunque tiene
buena parte de su poder en Estados Unidos). De esa manera, dicho “gran poder global” tiene como
objetivo primordial el instaurarse permanentemente -mediante su propio “orden legal”, la “comunidad
occidental” (u “Occidente colectivo”) y las ONG´s, entre otras estructuras-, sin tomar en cuenta a la
opinión pública. Es a través de este estudio documental, como se pretende hacer hincapié en el poder de
este “Nuevo Orden Mundial”.

Palabras clave: imperio, nuevo orden mundial, globalización, poder.

1 Autor principal

Correspondecia:
a01664779@tec.mx
pág. 1003
The “globalizing empire” as a “New World Order”

ABSTRACT

This article offers a theoretical approach to the concept of "empire" (as defined by Michael Hardt and

Antonio Negri), one of whose main characteristics is its "globalizing" nature, meaning it affects all of

humanity today.
Thus, combining both aspects, it appears that the "globalizing empire" no longer cares
about the geographical borders of any country (although much of its power resides in the United States).

In this way, this "great global power" has as its primary object
ive the permanent establishment of itself
through its own "legal order," the "Western community" (or "collective West"), and NGOs, among other

structures
without regard for public opinion. It is through this documentary study that we intend to
highlight th
e power of this "New World Order."
Keywords
: empire, new world order, globalization, power.
Artículo recibido 25 marzo 2026

Aceptado para publicación: 25 abril 2026
pág. 1004
INTRODUCCIÓN

El presente tema, contribuye a comprender parcialmente algunos de los aspectos que más afectan a la
sociedad mundial en la actualidad a partir de la influencia del “imperio” en su quehacer político y
económico, lo cual da como consecuencia a injusticias como la pobreza y la desigualdad. También se
prevé que, al entender los términos a utilizar para la presente investigación, los lectores puedan
dimensionar el considerable poder que tiene el “imperio” en nuestros días.

Es a partir de este planteamiento teórico, como se planteó en una primera instancia hacer hincapié en
las definiciones de “imperio” y “globalización” para, más adelante, mostrar el surgimiento del
constructo “imperio globalizador” y su manifestación en el mundo, para organizarlo y controlarlo a su
modo. Finalmente, se harán breves discusiones y conclusiones al respecto.

Debido a que toda idea o concepción -como es el caso del “imperio globalizador”- necesita apoyarse de
otros conceptos y/u otras creaciones propias de las ciencias sociales y humanidades para su existencia,
surge la siguiente pregunta: ¿Qué mecanismos u organizaciones requiere este intento de “Nuevo orden
mundial” o, cuando menos, han permitido su surgimiento? La respuesta a la presente pregunta, servirá
para que los lectores puedan identificar ciertas características de ese sistema global que somete y
controla a los trabajadores pero que, al mismo tiempo, los necesita únicamente en favor de aquella
gigantesca estructura.

Imperio”: concepto y origen

Al respecto de este término, es necesario explicar su significado para evitar confusiones con otros
conceptos parecidos. A raíz de lo anterior, el “imperialismo” -como el ser humano comúnmente, lo ha
concebido a partir de diferentes teorías- refiere al hecho en que las distintas potencias existentes (por
ejemplo la española, la británica o la francesa) colonizaron y extrajeron tanto los recursos naturales
como, en ciertas ocasiones, a los propios habitantes aborígenes de los pueblos sometidos por aquellos
(Hardt y Negri, 2018, p. 14). Esta dominación, sirvió entonces para ampliar aún más la influencia y las
ganancias de aquellas naciones que ya contaban con un gran poder económico y político más allá de sus
fronteras (Ibidem).

Es necesaria esta explicación, pues si bien “imperialismo” y “capitalismo” (este último concepto
identificado como la subordinación del trabajo hacia el “gran capital”, a través de la propiedad privada,
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el libre mercado y los trabajos asalariados) (Calderín y Paz, 2018, p. 2) son aspectos distintos, al mismo
tiempo es necesario explicar que el capitalismo ha incluido modelos colonialistas o imperiales con la
finalidad de ejercer su dominio sobre los pueblos y Estados. (Sandoval, 2020, p. 50-52). Por tanto, se
entiende que los ejemplos europeos imperialistas, también son muestras notorias de la expansión
geográfica del capital.

En contraste, el “imperio” al cual se refieren tanto Hardt y Negri (realizadores de la obra homónima),
indica que, a pesar de que intenta abarcar geográficamente todo el globo terrestre, este último término
no cuenta con un “polo”, capital, lugar o país en donde se puedan tomar las decisiones más
trascendentales en favor -aparentemente- de la mayoría de las personas en el orbe. (Hardt y Negri, op.
cit., p. 13-15).

Lo anterior ha dado como consecuencia el tráfico de distintos bienes y servicios tales como los adelantos
tecnológicos, además de ideas e informaciones varias, (Ibid., p. 13) pero sin incluir la opinión o voces
de los actores estatales, comunidades, grupos de ciudadanos y demás formas de organización social en
los países dominados (Dugin, 2015, p. 7).

Así pues, tales bienes y servicios ingresan cada vez más y con mayor facilidad en varias de las naciones
del mundo que deben recibir dichos cambios sociales, culturales, políticos y comerciales propiciados
por el “gran poder mundial”. Es así, como se supone que las empresas trasnacionales, los bancos y los
grandes prestamistas (al manejar grandes volúmenes de dinero mediante las transferencias económicas),
fungen ahora como las nuevas “entidades soberanas” del “gran poder trasnacional” (Hardt y Negri, op.
cit., p. 13).

a) El “revoltijo imperial”

Si bien es cierto que Estados Unidos es (auto)considerada como la nación intocable” con cierta posición
de privilegio dentro del “imperio”, es importante recalcar que Hardt y Negri están de acuerdo en que
éste último -desplegado actualmente en el mundo- no cuenta ya con un centro de poder localizable (Ibid.,
p. 13 y 14). De igual manera, el “gran poder planetario” tampoco ya es capaz de respetar las barreras de
los Estados-nación, pues maneja:

“fronteras abiertas y en permanente expansión. El imperio maneja identidades híbridas,
jerarquías flexibles e intercambios plurales…Los colores nacionales distintivos del
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mapa imperialista del mundo se han fusionado y mezclado el en arco iris del imperio
global…las divisiones espaciales de los tres mundos (el Primer Mundo, el Segundo y el
Tercero) se han mezclado en un revoltijo tal que continuamente hallamos al Primer
Mundo en el Tercero, el Tercero en el Primero y ya casi no encontramos el Segundo en
ninguna parte” (Ibid., p. 14 y 15).

Es decir que, al considerar los cambios suscitados a través de los últimos años, es como el “gran capital”
(empresas, bancos, etc.), ya no considera las labores de las diversas autoridades gubernamentales, toda
vez que la liberalización de la globalización -ésta última como la forma más novedosa y agresiva del
capitalismo y que, a su vez, se convertirá en una herramienta del “imperio”- es capaz de dañar
económicamente a varias naciones del orbe (sobre todo, a aquellas que aún se encuentran en desarrollo)
(García y Pulgar, 2010, p. 723 y 724).

En adición, se hallan dentro de las llamadas “potencias actuales” (como son Estados Unidos o Reino
Unido) a personas pobres o en situación de miseria, lo cual este aspecto no radica únicamente en la falta
de dinero para adquirir alimentos, sino también en la prioridad de obtener otros enseres como muebles
y ropa en buen estado, además de hacerse de un hogar o espacio para poder dormir y descansar de sus
labores cotidianas.

Así, al tener en cuenta a la vivienda, se pueden enunciar la existencia de personas que, en este instante
y con sus salarios, ya no se pueden permitir la compra o la renta de un techo digno en Estados Unidos.
Por lo tanto, se ven en la necesidad de vivir en la calle, aun si tienen trabajo. Casos similares pueden
hallarse en otros países desarrollados, como en Canadá o algunos pertenecientes al continente europeo
(Institute of Global Homelessness, s.f., g. 6). Con ello, se observa que el “imperio” tiene un rasgo
clasista frente a la humanidad.

Resulta importante destacar esta situación, ya que -como es sabido- Estados Unidos, Canadá y países de
Europa como Francia o Alemania forman parte del denominado G-7, es decir, el grupo de los siete países
que, en teoría, son los más desarrollados económicamente del planeta.

A pesar de pertenecer a ese selecto grupo de potencias adineradas a nivel planetario, estas naciones no
han podido enfrentar las crisis y recesiones económicas de los últimos años, lo cual ha provocado que
millones de personas pertenecientes a ese grupo de soberanías, no puedan obtener suficientes bienes y
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servicios como para obtener una calidad de vida satisfactoria. Por lo tanto, se corrobora “el revoltijo
espacial de los tres mundos” (el de las personas más adineradas en los países pobres, los sectores
populares que padecen penurias económicas en las naciones ricas y los muy pocos Estados-nación
socialistas que quedan), mencionado con anterioridad.

Agregando a lo anterior, si se tienen en cuenta que ya muchas personas empiezan a tener dificultades
para poder vivir en un espacio cómodo en las naciones pudientes ya nombradas, es natural pensar que
tienen más dificultades las personas de las clases medias y pobres por hacerse de un hogar estable, en
los países más pobres del planeta.

Más aún: HyN indican que se pueden encontrar a personas en Estados de la llamada “periferia mundial”
(como Argentina o México), siendo dueñas de ciertos medios de producción, aunque en un porcentaje
muy bajo. Lo anterior les garantiza hallarse en un nivel socioeconómico destacado o alto, tanto en esos
países del denominado “Tercer Mundo” a los que pertenecen, como a nivel global (Hardt y Negri, op.
cit., 15-18).

Con ello, estos autores resumen que al “imperio” no se le puede ver como una especie de imperialismo,
ya que este nuevo “gran poder supranacional” es una manera “mucho más acabada” que la de sus
antecedentes, pues cuenta con una escala global, situación que no pudieron llevar a cabo las naciones
europeas mencionadas siglos atrás (Ibidem).

b) La red nodal del “imperio”

Otra de las características principales de este “gran poder global”, es que su influencia se encuentra
distribuida como si el mismo estuviera compuesto por redes. Estas mallas aparentes ostentan
articulaciones o nodos que tienen la capacidad para cambiar de posición, siempre que el “imperio” pueda
sacar provecho de esta condición o bien, que se encuentre en el menor riesgo posible (Ibid., p. 404).

Sumado de tal situación, se considera que uno de los documentos en el cual el “gran poder global” se
basó para el inicio de su expansión es la Constitución de los Estados Unidos, pues en este documento se
habría dado a conocer la intención para la construcción de una gran autoridad que fuese basada en redes,
de fronteras abiertas y distinto a los poderes magnánimos europeos de su época, es decir, hacia finales
del siglo XVIII (Ibid., p. 16).
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Este hecho dieciochesco -aunado a que muchos actores políticos y económicos se encuentran a favor
del “imperio”, al trabajar para él-, es una de las razones por las cuales la nación estadounidense cuente
con una cierta posición de privilegio dentro del mismo, toda vez que en su seno se originó dicho
fenómeno, el cual fue esparcido con posterioridad al resto del orbe (Ibidem).

Una cognición más por las que también se considera importante tomar en cuanta al “imperio”, es porque
se considera que éste ha trastocado tanto al mercado global como a los circuitos mundiales de producción
(Ibid., p. 13). Así, los mismos son originados por las empresas trasnacionales -muchas de ellas
precisamente de origen estadounidense- y organizaciones internacionales comerciales que aportan
experiencias, conocimientos y financiaciones, tales como el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario
Internacional (FMI), cuya sede se encuentra en Washington, D.C. (es decir, la capital de EUA) (Ibid., p.
52).

A raíz de la relación entre el “imperio” y aquellas instituciones, es como se deduce que este “gran poder
supranacional” ostenta un interés genuino en apropiarse de todos los aspectos económicos del mundo,
así como también de otras corporaciones capaces de generar dinero o recursos, pero cuyo crecimiento
solo beneficia a sus dueños (es decir, al 1% de la población más pudiente a nivel global) (Oxfam, 2025,
párr. 1-6).

Aún a pesar de la inmensa capacidad que posee el “imperio” para incidir de manera económica, política
y sociocultural en varias de las naciones, ello no significa que sea un camino fácil de transitar para el
“gran poder planetario” pues, en ciertas ocasiones, existen divergencias entre los valores que éste es
capaz de crear y los de aquellos países en donde dicho fenómeno tiende a manifestarse (Hardt y Negri,
op. cit., p. 27-29).

Más aún: el “imperio” tiene como una de sus características principales el de ser “globalizador”. Por
tanto, se deberá incidir primeramente en los orígenes de la globalización para, posteriormente, incidir
en su significado actual pues, como se verá, este término tiene un origen que data de hace varios siglos.

La globalización y sus orígenes

a) Los orígenes medievales de la globalización

Al respecto del fenómeno globalizatorio, Hardt y Negri le dieron al capitalismo (es decir, al sistema
económico que se caracteriza por la propiedad privada de los medios de producción y del cual surge la
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globalización) un origen medieval, toda vez que afirmaron que es hacia el año 1200 cuando empezaron
las personas a construir el eurocentrismo (o lo que es lo mismo, la conservación de los valores políticos
y culturales de origen europeo), sin saberlo. Esto, a su vez, daría origen a dicho modo de producción
(Hardt y Negri, op. cit., p. 90).

A partir de este enunciado, se reafirma el argumento de que el capitalismo en su forma más “acabada”
(la globalización) ya se encontraba ligeramente adelantado en el momento en que Colón pisó tierras
bahameñas actuales en 1492 (tesis expuesta por Harvey) (Harvey, 1997, p.2). En adición, este fenómeno
global empezó a desarrollarse lentamente por los adelantos científicos y artísticos de su época, que
fueron las causas del progreso en las sociedades, así como de la explicación del mundo en el que se
desenvolvían (Hardt y Negri, op. cit., p. 90-92).

Más aún: estos avances permitieron una mayor y mejor clasificación de los conocimientos, lo cual -
aunado al eurocentrismo-, produjo el concepto denominado “colonialidad” (o la forma de pensamiento,
surgida como resultado del colonialismo), que provocó la posterior “minimización del otro” en las
invasiones europeas entre los siglos XVI y XIX. Esta infravaloración sucedió, debido a que buena parte
de los conocimientos de carácter social de aquella época no estaban desligados de las ideas, creencias
y/o valores que tenían los individuos y las sociedades a las que pertenecían (Camboni y Juárez, 2020,
pág. 211). Entre esas sabidurías de la época, se encontraban aquellas vinculadas tanto a la política como
a la filosofía (Hardt y Negri, op. cit., p. 91).

Al atender a los tipos de racionalidad pertenecientes a estas últimas dos disciplinas, fue como los
ciudadanos del momento supieron que los puestos gubernamentales o estatales se hallaban relacionados
con ambas ramas del saber. Igualmente, se deduce que los amplios sectores populares de la época,
empezaron a ser más críticos con sus gobernantes (Ibidem). Estas acciones sociales, además de la
declaración de Marsilio de Padua -filósofo italiano de los siglos XIII y XIV- quien afirmó que los
gobiernos y las leyes se derivan de la reunión y poder que emanan de sus ciudadanos respectivos (y no
precisamente por un acto divino, como era justo lo que se creía en aquellos santiamenes), provocaron
cambios en el entendimiento de la democracia moderna (Ibid., p. 93).

Así, los futuros ciudadanos (en su forma de observar los asuntos políticos) comprendieron que -en
adelante-, si deseaban entender algunas de las acciones divinas en el mundo, ya no debían seguir “al pie