FACTORES DETERMINANTES EN LA
INVERSIÓN DE PROYECTOS AGRÍCOLAS DE
MAÍZ EN SANTA ELENA
AGRICULTURAL INVESTMENT FACTORS AND
THEIR IMPACT ON INVESTMENT IN MAIZE PROJECTS
IN SANTA ELENA
Andres Arturo Aguilar Villarroel
Universidad Estatal Península de Santa Elena, Ecuador
Roxana del Carmen Álvarez Acosta
Universidad Estatal Península de Santa Elena, Ecuador

pág. 4758
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24544
Factores Determinantes en la Inversión de Proyectos Agrícolas de Maíz en
Santa Elena
Andres Arturo Aguilar Villarroel 1
andres.aguilarvillarroel2298@upse.edu.ec
https://orcid.org/0009-0004-2607-9877
Universidad Estatal Península
de Santa Elena
Ecuador
Roxana del Carmen Álvarez Acosta
ralvarez@upse.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-4782-6630
Universidad Estatal Península
de Santa Elena
Ecuador
RESUMEN
La investigación analizó los factores determinantes en la inversión de proyectos agrícolas de maíz en la
provincia de Santa Elena. El objetivo fue identificar perfiles de inversión y estrategias público-privadas
que fortalezcan la atracción de capital hacia el sector maicero, mediante el análisis de variables
productivas y comerciales como tipo de riego, tamaño de finca, comercialización y época de siembra.
El estudio tuvo un enfoque cuantitativo. Se aplicó una encuesta estructurada a 112 actores vinculados a
la cadena del maíz, incorporando escala Likert y análisis conjunto para evaluar la utilidad relativa de
distintos perfiles de inversión. Los resultados evidenciaron que la comercialización directa a la industria
y el tamaño de finca mediano (5–10 ha) son los factores con mayor influencia en la decisión de invertir.
Se concluye que fortalecer los canales comerciales y promover escalas productivas para atraer inversión
y mejorar la sostenibilidad del sector maicero en Santa Elena.
Palabras clave: inversión, proyectos, estrategias público-privadas
1 Autor principal
Correspondencia: andres.aguilarvillarroel2298@upse.edu.ec

pág. 4759
Agricultural Investment Factors and their Impact on Investment in Maize
Projects in Santa Elena
ABSTRACT
The research analyzed the determining factors in investment in agricultural maize projects in the
province of Santa Elena. The objective was to identify investment profiles and public–private strategies
to strengthen capital attraction toward the maize sector, through the analysis of productive and
commercial variables such as type of irrigation, farm size, commercialization, and planting season. The
study followed a quantitative approach. A structured survey was administered to 112 stakeholders
linked to the maize value chain, incorporating a Likert scale and conjoint analysis to evaluate the relative
utility of different investment profiles. The results showed that direct commercialization to industry and
medium-sized farms (5–10 hectares) are the factors with the greatest influence on the decision to invest.
It is concluded that strengthening commercial channels and promoting productive scales are key
strategies to attract investment and improve the sustainability of the maize sector in Santa Elena.
Keywords: investment, projects, public–private strategies.
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

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INTRODUCCIÓN
La investigación aborda el análisis de factores determinantes en la inversión de proyectos agrícolas de
maíz en Santa Elena, una provincia con alto potencial productivo pero limitada atracción de capital
privado. El problema radica en la falta de estudios que identifiquen y midan el peso de factores como
tipo de riego, tamaño de finca, vía de comercialización y época de siembra en la toma de decisiones de
los productores, lo que dificulta el diseño de estrategias que impulsen el desarrollo del sector maicero
rural (Cañarte et al., 2021).
El objetivo general de la investigación es identificar perfiles de inversión y estrategias público-privadas
que fortalezcan la atracción de capital hacia el sector maicero en Santa Elena, a partir del análisis y
validación de factores productivos y comerciales. Para ello, se plantean como objetivos específicos:
diagnosticar los factores productivos y comerciales que inciden en el atractivo de los proyectos agrícolas
de maíz; proponer perfiles de inversión óptimos y estrategias de fomento; y validar la utilidad relativa
de dichos factores mediante el análisis conjunto aplicado a productores agrícolas y comerciantes de
insumos vinculados con la cadena del maíz.
Los gobiernos latinoamericanos, especialmente en sectores rurales y productivos, prestan atención a los
ODS 2, 12 y 9: hambre cero, producción y consumo responsables, e industria, innovación e
infraestructura (Bravo y León, 2013). Para cumplir estas metas requiere enfocarse en la producción de
cereales, especialmente maíz (FAO, 2024).
La producción mundial de maíz ha aumentado drásticamente en las últimas décadas por la creciente
demanda y avances tecnológicos, convirtiéndose en el cereal líder y se espera que sea el cultivo más
producido y comercializado en los próximos años (Erenstein, 2022). El total de área del maíz en el
mundo es de 197 millones de hectáreas, incluyendo importantes zonas de producción en América Latina
(Llocya, 2018).
El sector agrícola es el motor de una economía en desarrollo, por lo que es crucial generar
financiamiento que promueva su avance (Rosales, 2018). Según este autor, entre 2005 y 2015 el Sistema
Bancario Nacional de Ecuador canalizó $7.697.304.726,95 en créditos al sector agrícola, con un 81%
proveniente de bancos privados y un 19% de instituciones públicas.

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Se considera que aspectos como la vía de comercialización y el tamaño de la finca tienen mayor peso
en la valoración de los proyectos agrícolas de maíz que otros factores técnicos, como el tipo de riego o
la época de siembra. Por ello, una adecuada gestión de los canales de venta y de la escala productiva
puede incrementar el atractivo, la viabilidad y la rentabilidad de estos proyectos dentro de la cadena
maicera.
En Ecuador, muchos pequeños productores son riesgo-aversos debido a experiencias previas de
pérdidas; esta aversión se manifiesta, por ejemplo, en una preferencia por la seguridad de ingresos antes
que, por promesas de mayores ganancias, pero inciertas (Moya et al., 2022). Un indicio de esta actitud
se vio en un estudio donde “los productores de maíz consideran que es más sostenible recibir un precio
justo por el quintal de maíz duro que los créditos y subsidios ofrecidos por el gobierno”(Zambrano &
Andrade, 2021). Es decir, tienen más en consideración la estabilidad de un precio garantizado (siempre
que no se degenere, claro está) que tener que aceptar entrar en deudas o depender de ayudas que no se
sabe por cuánto tiempo pueden tardar en estar disponibles. Esta es exactamente la imagen que refleja
que muchos agricultores sienten temor a la volatilidad y prefieren, por tanto, evitar riesgos incluso a
costa de renunciar a ingresos más altos.
Una vez tomada la decisión de invertir, surge la cuestión de con qué recursos financiar el proyecto. En
contextos de agricultura familiar de pequeña escala, la principal fuente de financiamiento suele ser el
capital propio del agricultor, es decir, sus ahorros, venta de activos, reinversión de utilidades de
cosechas anteriores o apoyo de familiares (Escobar et al., 2024). La proporción de la inversión cubierta
con fondos propios es muy alta en el campo ecuatoriano debido a las dificultades ya mencionadas en el
acceso al crédito formal. La mayoría de pequeños productores maiceros terminan financiando sus
campañas de siembra principalmente con recursos propios, al no calificar o no tener acceso a préstamos
bancarios significativos (Santafé-Pozo et al., 2023).
Por ejemplo, en ciertas zonas se ha observado que durante la época de siembra muchos agricultores
recurren a mingas familiares (mano de obra de la familia) y a pequeñas reservas de dinero acumuladas
tras la cosecha previa para comprar insumos (Bórawski et al., 2020). En casos donde esos ahorros no
alcanzan, pueden tener que reducir la escala de siembra o buscar financiamiento informal (préstamos
de comerciantes o prestamistas locales, generalmente a tasas altas).

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Un estudio local en la provincia de Cotopaxi reveló que aproximadamente 78% de los agricultores
encuestados requirieron microcréditos en la época de siembra para poder financiar sus cultivos (Prado
et al., 2022). Esto evidencia que el capital propio a menudo resulta insuficiente en los momentos clave
(como la compra de insumos al inicio del ciclo agrícola), obligando a complementar con crédito cuando
es posible obtenerlo. No obstante, muchos agricultores prefieren limitarse a sus fondos antes que
endeudarse en exceso, por temor a no poder pagar luego (nuevamente la percepción de riesgo).
Las fuentes externas de financiamiento principalmente créditos de instituciones financieras públicas o
privadas, e incluso apoyos gubernamentales constituyen el otro componente de los recursos para
invertir. Los créditos agrícolas provenientes de fuentes públicas y privadas son parte del sistema de
financiamiento rural, siendo BanEcuador (banco de desarrollo agropecuario estatal) el principal
proveedor de crédito al sector. No obstante, en la práctica el acceso efectivo de los pequeños y medianos
productores a estos créditos continúa siendo restringido por trámites, garantías demandadas y área
geográfica de cobertura (Celi et al., 2023). Cuando un agricultor sí llega a conseguir el crédito
institucional, el monto de inversión en su proyecto de maíz puede incrementarse de manera
considerable, lo que le permitirá invertir en mejor tecnología o aumentar el área cultivada.
Más allá de invertir en un ciclo agrícola particular, importa evaluar si esa inversión se sostiene en el
tiempo, es decir, si el proyecto de maíz perdura y se reinvierte en campañas sucesivas, logrando un
crecimiento o al menos una estabilidad a largo plazo (Morales & Analuisa, 2024). La continuidad de
los proyectos agrícolas está sujeta a los resultados obtenidos y a las condiciones del entorno. Cuando
un productor invierte y obtiene buenos rendimientos y ganancias, típicamente reinvierte una parte en la
siguiente siembra, dando continuidad al proyecto e incluso ampliándolo. Pero si la inversión no rinde
frutos (por pérdidas de cosecha, precios bajos, deudas acumuladas), es posible que el agricultor
abandone el proyecto o reduzca significativamente la escala, rompiendo la continuidad (Carballo et al.,
2024).
Lamentablemente, muchos proyectos agrícolas de pequeños enfrentan dificultades para ser sostenibles.
Los bajos ingresos en años malos no permiten a los productores afrontar los costos y las necesidades
más básicas y las posibilidades de sostener el proyecto a largo plazo se impiden.

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La problemática de rentabilidad del maíz (en este caso del maíz) se manifiesta en el contexto de los
hogares que se dedican a su producción e incide directamente sobre las condiciones de vida de sus
integrantes, afectando a la salud, a la educación y a la alimentación del hogar, entre otros rubros
definidos como necesarios.
La continuidad entonces se rompe por factores económicos (Cuenca & Meza, 2020). Para que un
proyecto de maíz sea sostenible en el tiempo, debe generar suficientes excedentes que permitan no solo
reproducir el ciclo productivo siguiente (comprar semilla, fertilizante, etc.), sino también soportar las
adversidades eventuales (Cañarte et al., 2021). Aquí es donde intervienen las políticas de apoyo y las
buenas prácticas de gestión. Los estudios han demostrado que cuando los agricultores cuentan con un
respaldo financiero y técnico suficiente la sustentabilidad de sus emprendimientos mejora
significativamente.
La sostenibilidad de la inversión también se relaciona con la estabilidad económica de la familia
agricultora, la cual puede fortalecerse mediante la diversificación de actividades. Una familia cuya única
fuente de ingresos es el maíz está expuesta a los vaivenes de ese cultivo; en cambio, una familia que
diversifica su producción (por ejemplo, siembra otros productos, cría ganado menor o tiene algún
ingreso no agrícola) podrá capear mejor las fluctuaciones y mantener la inversión en maíz aun en
momentos difíciles (Parrado, 2023). La diversificación de cultivos se ha promovido como estrategia de
reducción de riesgos y estabilización de ingresos. Estudios económicos confirman que diversificar
mejora la estabilidad de los ingresos del agricultor, reduce la dependencia de un solo producto y facilita
el acceso a diferentes mercados, amortiguando el impacto de la caída de uno de ellos (Rojas & Mera,
2022). Por otro lado, el investigador se ha visto desde el inicio de la investigación motivado a identificar
y analizar los factores productivos y comerciales que determinan la decisión de invertir en proyectos
agrícolas de maíz en la localidad de Santa Elena, a partir de los cuales se puede proponer el perfil de
inversión más adecuado y estrategias de inversión públicas y privadas a partir del uso del análisis
conjunto como método estadístico que permite analizar la utilidad relativa de cada factor.
El estudio es importante porque aborda una problemática que ha limitado el desarrollo del sector
agrícola en zonas rurales con escaso financiamiento.

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A partir de los resultados obtenidos, será posible formular estrategias públicas y privadas orientadas a
fortalecer la inversión en proyectos de maíz, mediante la identificación de perfiles productivos
atractivos, la mejora de los canales de comercialización, la promoción de alianzas con la industria, el
acceso a financiamiento y el apoyo a esquemas asociativos. Con ello, se busca incrementar la
rentabilidad, reducir la intermediación y mejorar la sostenibilidad de la producción maicera en Santa
Elena.
Finalmente, el estudio en el que se trabaja ha tenido como objetivo final poder generar insumos técnicos
y estratégicos de manera tal que se logre atraer capital privado y público y mejorar las condiciones
productivas y comerciales de los agricultores y haya un modelo replicable en varias provincias y
cultivos del país.
METODOLOGÍA
La investigación se desarrolló en la provincia de Santa Elena, Ecuador, específicamente en las
parroquias Colonche, Manglaralto y Simón Bolívar, seleccionadas por concentrar la mayor parte de la
producción maicera provincial. El GAD Santa Elena consideró a estas parroquias como espacios con
alto potencial productivo, aunque con limitaciones estructurales como la escasa infraestructura hídrica,
un grado de tecnificación agrícola débil y un escaso acceso a créditos productivos, entre otras (GAD
Santa Elena, 2022).
El diseño de la investigación será no experimental y transversal, ya que no se manipularán variables y
los datos se recogerán en un único momento temporal. En cuanto al alcance, se considera un estudio de
tipo exploratorio–descriptivo, pues busca identificar y describir los factores determinantes en la
decisión de invertir en proyectos agrícolas de maíz y sus implicaciones en la formulación de perfiles de
inversión.
La investigación fue de tipo cuantitativo, ya que se trabajó con la recolección y el análisis de datos
numéricos obtenidos mediante un cuestionario estructurado. Asimismo, se enmarcó en un diseño no
experimental y transversal, dado que no se manipularon variables, sino que se observaron los fenómenos
tal como se presentaron en su contexto natural, recolectando la información en un único momento
temporal. Se utilizó este diseño para describir y correlacionar los factores en la decisión de invertir en
proyectos de maíz en la provincia de Santa Elena.

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La población de estudio estuvo conformada por productores agrícolas y comerciantes de insumos
vinculados con la cadena de valor del maíz en la provincia de Santa Elena. Estos actores fueron
seleccionados porque participan en la dinámica productiva y comercial del cultivo, por lo que sus
percepciones permitieron identificar los factores que inciden en el atractivo y la viabilidad de los
proyectos agrícolas de maíz en el territorio.
La provincia de Santa Elena albergó una población de 385 735 habitantes según el censo nacional de
2022, convirtiéndola en una de las regiones menos densamente pobladas, pero con gran potencial
agroproductivo del país (GAD Santa Elena, 2022). La muestra se obtuvo a partir de registros y listados
locales de actores vinculados a la cadena del maíz en Santa Elena, provenientes de GAD parroquiales,
asociaciones de productores y contactos comerciales del sector agrícola.
Con base en este marco muestral, se seleccionaron por conveniencia productores agrícolas y
comerciantes de insumos vinculados con la cadena del maíz en las parroquias Colonche, Manglaralto y
Simón Bolívar. En total se contactó a 117 personas, de las cuales 112 completaron válidamente el
cuestionario, alcanzando una tasa de respuesta efectiva del 95,73 %.
El instrumento de recolección fue un cuestionario estructurado dividido en tres secciones principales:
1. Datos informativos, en los que se registraron cargo/ocupación, género y tiempo de experiencia
agrícola.
2. Ítems de escala Likert relacionados con la variable independiente (factores de inversión agrícola) y
la variable dependiente (inversión en proyectos de maíz). Cada ítem fue evaluado en una escala de
1 a 5, donde 1 correspondió a “Totalmente en desacuerdo” y 5 a “Totalmente de acuerdo”.
3. Perfiles de inversión combinados, que presentaron distintas configuraciones de cuatro atributos:
tipo de riego, tamaño de finca, forma de comercialización y época de siembra. Los encuestados
debieron valorar su disposición a invertir en cada perfil, lo cual facilitó la aplicación del análisis
conjunto.
El diseño del cuestionario incluyó seis afirmaciones en escala Likert: cuatro enfocadas en los factores
de inversión agrícola y dos relacionadas con la disposición a invertir. Posteriormente, se añadieron 11
perfiles hipotéticos de proyectos de maíz, que combinaron los atributos previamente definidos.

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En cuanto a la confiabilidad estadística, se utilizó el coeficiente Alpha de Cronbach, calculado con el
software SPSS. Este indicador permitió medir la consistencia interna del cuestionario, verificando si los
ítems que conformaban cada dimensión producían resultados homogéneos. Los valores obtenidos
fueron de 0.75 superando el umbral de 0.70, considerado aceptable en estudios de ciencias sociales y
aplicadas.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Antes de analizar los factores determinantes de inversión, fue necesario caracterizar a los participantes
de la investigación con el fin de contextualizar sus percepciones y valorar la pertinencia de sus
respuestas. Para ello, se consideraron dos variables sociodemográficas fundamentales: el género y el
tiempo de experiencia en la actividad agrícola. Estos elementos permiten comprender el perfil de los
actores vinculados al cultivo de maíz en la provincia de Santa Elena y garantizar que la información
recopilada provenga de personas con conocimiento directo del sector productivo. A continuación, se
presentan los resultados correspondientes a la distribución de los encuestados según dichas variables.
Tabla 1 Distribución de los encuestados según género
Género Frecuencia Porcentaje
Masculino 78 69.6%
Femenino 34 30.4%
Total 112 100%
La composición por género permite inferir que las decisiones y percepciones sobre inversión agrícola
siguen concentrándose mayoritariamente en actores masculinos, situación asociada a la estructura
tradicional del trabajo rural maicero. Sin embargo, la presencia femenina evidencia una participación
relevante en la cadena productiva, lo que aporta una perspectiva complementaria sobre
comercialización, gestión familiar y sostenibilidad de los proyectos agrícolas.
Tabla 2 Experiencia en la actividad agrícola
Tiempo de experiencia Frecuencia Porcentaje
Menos de 1 año 9 8.0%
Entre 1 y 3 años 21 18.8%
Entre 4 y 10 años 46 41.1%
Más de 10 años 36 32.1%
Total 112 100%