IMPACTO AMBIENTAL DE LA
PRODUCCIÓN ANIMAL:
ENVIRONMENTAL IMPACT OF ANIMAL PRODUCTION:
STRUCTURAL DETERMINANTS AND MITIGATION STRATEGIES
Yolanda Galindo Pérez
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
Isaac Almaraz Buendía
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
Javier Piloni Martini
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
J. Jesús Germán Peralta Ortiz
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
María Guadalupe Torres Cardona
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México

pág. 4832
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24551
Impacto Ambiental de la Producción Animal:
Determinantes Estructurales y Estrategias de Mitigación
Yolanda Galindo Pérez1
yolanda_galindo@uaeh.edu.mx
Instituto de Ciencias Agropecuarias
Área Académica de Medicina Veterinaria y
Zootecnia, Universidad Autónoma
Estado de Hidalgo, México
Isaac Almaraz Buendía
isaac_almaraz9974@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0001-9404-1548
Instituto de Ciencias Agropecuarias
Área Académica de Medicina Veterinaria y
Zootecnia, Universidad Autónoma
Estado de Hidalgo, México
Javier Piloni Martini
javier_piloni7632@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-1367-5010
Instituto de Ciencias Agropecuarias
Área Académica de Medicina Veterinaria y
Zootecnia, Universidad Autónoma
Estado de Hidalgo, México
J. Jesús Germán Peralta Ortiz
peralta@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-2129-6552
Instituto de Ciencias Agropecuarias
Área Académica de Medicina Veterinaria y
Zootecnia, Universidad Autónoma
Estado de Hidalgo, México
María Guadalupe Torres Cardona
maria_torres7599@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0001-7213-8779
Instituto de Ciencias Agropecuarias
Área Académica de Medicina Veterinaria y
Zootecnia, Universidad Autónoma
Estado de Hidalgo, México
RESUMEN
La producción animal genera presiones ambientales multidimensionales asociadas con emisiones de
gases de efecto invernadero, pérdidas de nutrientes, acidificación, uso de suelo, demanda energética y
efectos sobre la biodiversidad. El presente artículo analiza de manera estructurada la evidencia científica
publicada entre 2020 y 2025 sobre sistemas bovinos, porcinos, avícolas y acuícolas, con énfasis en
evaluaciones de ciclo de vida. Se identifican como puntos críticos recurrentes la producción de alimento
y la gestión de estiércol, mientras que en rumiantes la fermentación entérica constituye un componente
dominante del impacto climático. Los resultados muestran que la magnitud y jerarquía de impactos
dependen significativamente de decisiones metodológicas como la unidad funcional, los límites del
sistema, la asignación entre coproductos y el tratamiento del cambio de uso de suelo. Las estrategias de
mitigación pueden generar compensaciones entre categorías ambientales cuando no se analizan bajo
enfoques multicriterio. Estudios recientes de estos sistemas de producción, han examinado estrategias
de optimización ambiental relacionadas con la formulación del alimento, la gestión de residuos y la
incorporación de tecnologías emergentes. La literatura basada en evaluaciones de ciclo de vida ha
contribuido a ampliar la comprensión de los determinantes ambientales que configuran el desempeño
de distintas cadenas productivas en diversos contextos regionales.
Palabras clave: producción animal; evaluación ambiental; gases de efecto invernadero; ciclo de vida
1 Autor principal.
2Correspondencia: maria_torres7599@uaeh.edu.mx

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Environmental Impact of Animal Production:
Structural Determinants and Mitigation Strategies
ABSTRACT
Animal production generates multidimensional environmental pressures associated with greenhouse
gas emissions, nutrient losses, acidification, land use, energy demand, and impacts on biodiversity. This
article provides a structured analysis of the scientific evidence published between 2020 and 2025 on
bovine, pig, poultry, and aquaculture systems, with particular emphasis on life cycle assessment
approaches. Feed production and manure management are consistently identified as critical stages,
while in ruminant systems, enteric fermentation represents a dominant component of climate impacts.
The results indicate that the magnitude and ranking of environmental impacts depend significantly on
methodological choices such as functional unit, system boundaries, allocation among co-products, and
the treatment of land-use change. Furthermore, mitigation strategies may generate trade-offs among
environmental categories when evaluated without a multi-criteria approach. Recent studies on pig,
poultry, and aquaculture supply chains have explored environmental optimization strategies for feed
formulation, waste management, and the adoption of emerging technologies to improve production
efficiency. Overall, the recent literature based on life cycle assessments has expanded understanding of
the environmental determinants shaping the performance of different animal production chains across
diverse regional contexts.
Keywords: animal production; environmental assessment; greenhouse gases; life cycle.
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

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INTRODUCCIÓN
La producción animal constituye uno de los sistemas agroalimentarios con mayor impacto ambiental a
escala global. Diversos estudios han documentado que las actividades ganaderas contribuyen de manera
significativa a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la acidificación, la eutrofización, el
uso de suelo, el consumo energético y la pérdida de biodiversidad (Bromwich et al., 2025) Sin embargo,
la magnitud y distribución de estos impactos varía sustancialmente según la especie, el sistema
productivo, el contexto geográfico y las decisiones metodológicas adoptadas en los estudios de
evaluación ambiental (Cabernard et al., 2024).
En Europa, por ejemplo, la producción bovina muestra una elevada heterogeneidad estructural, con
diferencias importantes entre sistemas de cría, engorda y producción lechera, lo cual se traduce en
variaciones considerables en los indicadores ambientales (Berton et al., 2025; Grassauer et al., 2022).
En este contexto, la literatura científica reciente ha intensificado el uso de la evaluación de ciclo de vida
(Life Cycle Assessment, LCA) como herramienta para cuantificar impactos ambientales y comparar
sistemas productivos bajo diferentes configuraciones tecnológicas y geográficas (Baker & Axon, 2025;
Berton et al., 2025).
En el caso de la producción bovina, múltiples síntesis recientes han mostrado que el metano entérico
representa una fracción dominante del potencial de calentamiento global, aunque la magnitud del
impacto varía considerablemente según la productividad animal, la calidad del alimento, la duración
del ciclo productivo y los supuestos metodológicos empleados (Aboagye et al., 2024; Cusack et al.,
2021). Esta variabilidad no solo refleja diferencias biofísicas entre sistemas extensivos e intensivos,
sino también divergencias en las fronteras del sistema y en la unidad funcional adoptada, factores que
condicionan la comparabilidad entre estudios (Baker & Axon, 2025; Cruz-Rivero et al., 2025).
En sistemas porcinos y avícolas, el perfil ambiental presenta una estructura distinta. Diversos análisis
muestran que la producción y formulación del alimento concentran una proporción significativa de las
emisiones asociadas al ciclo de vida, particularmente en categorías relacionadas con cambio climático,
eutrofización y uso de energía (Costantini et al., 2021). La dependencia de insumos agrícolas externos,
como granos y proteínas vegetales, vincula el desempeño ambiental de estas cadenas con dinámicas
globales de comercio de materias primas y, en algunos contextos, con cambio indirecto de uso de suelo

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(Vatsanidou et al., 2025). Además de las emisiones directas y de la producción de alimento, la gestión
del estiércol constituye un nodo crítico en varias categorías de impacto. Las emisiones de amoníaco,
óxido nitroso y metano durante almacenamiento y aplicación al suelo contribuyen simultáneamente a
acidificación, eutrofización y calentamiento global.
Las estrategias tecnológicas para mitigar estas emisiones —como acidificación del purín, cubiertas de
almacenamiento o digestión anaerobia— pueden modificar el balance ambiental global, generando
reducciones en algunas categorías, pero incrementos en otras debido a mayores requerimientos
energéticos o materiales (Kiss et al., 2025).
El componente territorial adquiere particular relevancia cuando la expansión ganadera se asocia con
cambio de uso de suelo. En regiones tropicales, la conversión de bosques a pastizales o a cultivos
destinados a alimentación animal puede representar una contribución sustancial al potencial de
calentamiento global del producto final (Corrêa et al., 2025). En estos escenarios, el impacto climático
total puede estar dominado por emisiones derivadas de deforestación más que por emisiones entéricas
o energéticas directas, lo cual modifica sustancialmente la jerarquía de prioridades de mitigación (Costa
et al., 2025).
Adicionalmente, la incorporación de categorías emergentes, como pérdida de biodiversidad o impactos
en servicios ecosistémicos, está ampliando el alcance de las evaluaciones ambientales más allá de
indicadores tradicionales como CO₂ equivalente (Bromwich et al., 2025). La integración de métricas
espaciales explícitas y de factores de caracterización diferenciados por región introduce nuevas
complejidades analíticas y resalta la necesidad de armonización metodológica (Cabernard et al., 2024).
En este contexto, la producción animal no puede evaluarse únicamente desde una perspectiva
unidimensional centrada en el carbono. La evidencia reciente sugiere que las estrategias de mitigación
climática pueden generar compensaciones o “trade-offs” en eutrofización, uso de energía o consumo de
agua si no se analizan bajo un enfoque multicriterio (Behjat et al., 2025; Guan et al., 2025).
A pesar del creciente volumen de publicaciones, persisten vacíos relacionados con la comparabilidad
entre estudios, la consistencia en el reporte de incertidumbre y la integración entre escalas productivas
y territoriales. Estos vacíos limitan la capacidad de formular recomendaciones generalizables y robustas
para la transición hacia sistemas de producción animal ambientalmente más sostenibles.

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En consecuencia, el objetivo del presente artículo de revisión, es analizar de manera técnica y
estructurada los determinantes del impacto ambiental de la producción animal, identificar patrones
comunes y divergencias entre especies productivas, y discutir la influencia de las decisiones
metodológicas sobre la interpretación de resultados. El análisis se fundamenta en literatura científica
publicada entre 2020 y 2025 y busca ofrecer una síntesis comparativa que contribuya a la clarificación
conceptual y metodológica del campo.
METODOLOGÍA
El presente artículo corresponde a una revisión narrativa estructurada orientada a sintetizar y analizar
críticamente la evidencia científica publicada entre 2020 y 2025 sobre el impacto ambiental de la
producción animal. A diferencia de una revisión sistemática con meta-análisis cuantitativo, el enfoque
adoptado prioriza la integración conceptual y la comparación metodológica entre estudios, con el
objetivo de identificar patrones comunes, divergencias estructurales y determinantes analíticos que
condicionan la interpretación de resultados (Baker & Axon, 2025; Blackstone et al., 2025).
Alcance temporal y bases bibliográficas.
El análisis se fundamenta en la base bibliográfica proporcionada, compuesto por aproximadamente 71
publicaciones científicas recientes que incluyen:
▪ Evaluaciones de ciclo de vida (LCA) atribucionales.
▪ Análisis consecuenciales (CLCA).
▪ Evaluaciones de sostenibilidad del ciclo de vida (LCSA).
▪ Revisiones sistemáticas sectoriales (Budhathoki et al., 2025).
▪ Estudios comparativos entre sistemas de producción.
▪ Investigaciones centradas en incertidumbre metodológica (Bromwich et al., 2025).
Se incluyeron estudios aplicados a cadenas productivas bovinas (carne y leche), porcinas, avícolas y
acuícolas, así como trabajos metodológicos relevantes para la interpretación de resultados. El criterio
temporal (2020–2025) permite capturar avances recientes en modelación, incorporación de categorías
emergentes y refinamientos en factores de caracterización.

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Criterios de inclusión y exclusión
Se consideraron elegibles estudios que:
1. Describieran límites del sistema (cuna a puerta, cuna a tumba, puerta a puerta).
2. Especificaran el método de asignación empleado en caso de coproductos.
3. Presentaran resultados en al menos una categoría ambiental cuantificable (p. ej., potencial de
calentamiento global, eutrofización, acidificación, uso de suelo o energía).
Se excluyeron documentos que:
1. No proporcionaran suficiente detalle metodológico.
2. Se limitarán a análisis puramente económicos sin componente ambiental cuantitativo.
3. Carecieran de trazabilidad en fuentes de datos o supuestos.
Este criterio de selección busca garantizar comparabilidad mínima entre estudios, aunque no elimina
completamente la heterogeneidad metodológica inherente al campo.
Marco analítico de síntesis
La integración de resultados se organizó en dos niveles complementarios:
1. Clasificación por categoría de impacto ambiental
Se estructuró el análisis en torno a las principales categorías reportadas en la literatura:
▪ Cambio climático (CO₂ equivalente).
▪ Eutrofización.
▪ Acidificación.
▪ Uso de suelo.
▪ Demanda energética.
▪ Biodiversidad (cuando disponible) (Bromwich et al., 2025; Coelho et al., 2025).
Esta clasificación permite identificar puntos críticos recurrentes y evaluar consistencia entre cadenas
productivas.
2. Clasificación por especie o sistema productivo
Se diferenciaron cuatro grandes grupos:
▪ Rumiantes (carne bovina y sistemas lecheros).
▪ Monogástricos (porcinos y avícolas).

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▪ Sistemas acuícolas.
▪ Estudios multi-cadena o comparativos.
Esta segmentación facilita contrastes estructurales entre sistemas basados en fermentación entérica y
aquellos dominados por insumos agrícolas externos.
Consideraciones metodológicas evaluadas
Dado que uno de los objetivos centrales es analizar la influencia de decisiones metodológicas sobre los
resultados, se prestó especial atención a los siguientes elementos:
Unidad funcional
Se registró si los estudios utilizaron:
▪ kg de producto (carne, leche, huevo).
▪ kg de proteína.
▪ megajoules (MJ) de energía comestible.
▪ kg de peso vivo.
Las diferencias en unidad funcional pueden modificar sustancialmente la jerarquía entre sistemas,
especialmente cuando se comparan rumiantes con monogástricos (Blackstone et al., 2025; Costantini
et al., 2021).
Límites del sistema
Se distinguieron estudios:
▪ Cuna a puerta (cradle-to-farm gate).
▪ Cuna a tumba (incluyendo procesamiento, transporte y consumo).
▪ Puerta a puerta (procesos específicos).
La inclusión o exclusión de cambio de uso de suelo se registró de manera explícita debido a su potencial
influencia en resultados climáticos (Cabernard et al., 2024).
Asignación entre coproductos
En sistemas lecheros y de carne con múltiples salidas, así como en producción de huevos y leche con
subproductos, se identificó si la asignación fue:
▪ Económica.
▪ Física (masa o energía).

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▪ Biológica.
Incertidumbre y análisis de sensibilidad
Se examinó si los estudios reportaron:
• Intervalos de confianza.
• Análisis Monte Carlo.
• Escenarios alternativos.
• Sensibilidad a parámetros clave.
La ausencia de análisis de incertidumbre limita la robustez de conclusiones comparativas,
particularmente cuando las diferencias entre sistemas son pequeñas (Bromwich et al., 2025).
Limitaciones de la revisión
El enfoque narrativo implica ciertas limitaciones:
▪ No se realizó metaanálisis cuantitativo con normalización estadística.
▪ No se recalcularon resultados bajo una unidad funcional común.
▪ Se depende de la calidad metodológica reportada por cada estudio.
Sin embargo, el objetivo no es producir una estimación agregada única, sino identificar patrones
estructurales y discutir implicaciones metodológicas.
Consideraciones éticas y de transparencia
Al tratarse de una revisión documental, no se requirió aprobación ética. No obstante, se mantuvo
trazabilidad estricta de las fuentes citadas y se priorizó literatura revisada por pares para asegurar
estándares académicos adecuados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Cambio climático: determinantes estructurales y comparación entre cadenas productivas.
Cambio climático en sistemas bovinos
En sistemas extensivos basados en pastoreo, la fermentación entérica domina el perfil climático debido
a dietas ricas en fibra estructural y mayores tiempos de engorda. En contraste, en sistemas intensivos
con dietas concentradas, si bien la intensidad entérica por unidad de tiempo puede reducirse, aumenta
la contribución relativa de insumos agrícolas y energía incorporada en la cadena de suministro del

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alimento (Hammar et al., 2022). Esta diferencia ilustra un primer trade-off estructural: mejoras en
eficiencia productiva pueden desplazar parte de la carga ambiental hacia etapas upstream del sistema.
Asimismo, la productividad por animal influye directamente en la intensidad de emisiones por
kilogramo de producto. Cusack et al. (2021) muestran que incrementos en eficiencia alimenticia y en
tasa de crecimiento pueden reducir el PCG por unidad funcional, aun cuando las emisiones absolutas
por animal se mantengan relativamente constantes. Esta relación subraya la importancia de considerar
indicadores de intensidad y no solo emisiones totales.
Sistemas lecheros y asignación entre coproductos
En sistemas lecheros, la distribución de cargas ambientales entre leche y carne derivada del descarte de
vacas y producción de terneros depende críticamente del método de asignación. Kokemohr et al. (2022)
evidencian que la asignación económica tiende a atribuir una mayor proporción de emisiones a la leche
en contextos donde el valor comercial del ganado de descarte es relativamente bajo, mientras que la
asignación física puede modificar sustancialmente esta distribución (Baker & Axon, 2025; Cruz-Rivero
et al., 2025).
Esta sensibilidad metodológica implica que comparaciones entre estudios deben interpretarse con
cautela. Dos sistemas lecheros con características biofísicas similares pueden presentar diferencias
relevantes en PCG únicamente por divergencias en el criterio de asignación adoptado. Por tanto, las
conclusiones sobre superioridad ambiental relativa requieren contextualización metodológica explícita.
Sistemas porcinos y avícolas: dominancia del alimento
A diferencia de los rumiantes, en sistemas porcinos y avícolas el metano entérico tiene relevancia
marginal. La literatura reciente converge en que la producción y formulación del alimento constituyen
el punto crítico principal en términos climáticos (Gislason et al., 2023). La dependencia de granos y
proteínas vegetales concentra emisiones asociadas a fertilización nitrogenada, uso de combustibles
fósiles en maquinaria agrícola y transporte.
La intensidad climática de estos sistemas depende en gran medida de la conversión alimenticia (feed
conversion ratio, FCR). Mejoras en eficiencia reducen la cantidad de insumo requerido por kilogramo
de carne producida, disminuyendo proporcionalmente las emisiones asociadas al cultivo y
procesamiento de materias primas.

pág. 4841
Sin embargo, estrategias de reformulación que incorporan ingredientes alternativos pueden modificar
otras categorías de impacto, generando posibles compensaciones entre clima y eutrofización (Ruiz-
Colmenero et al., 2024; Vatsanidou et al., 2025).
En sistemas avícolas, la corta duración del ciclo productivo favorece intensidades relativamente bajas
por kilogramo de producto en comparación con bovinos. No obstante, esta ventaja depende del supuesto
de que el alimento no esté vinculado a cambio indirecto de uso de suelo. La inclusión de factores de
conversión asociados a deforestación puede alterar esta jerarquía (Costantini et al., 2021; Ogino et al.,
2021).
Cambio de uso de suelo y contexto territorial
El componente territorial adquiere relevancia crítica cuando la expansión ganadera o agrícola implica
conversión de ecosistemas naturales. Hernandez-Guzman et al. (2025) muestran que, en regiones
tropicales, las emisiones derivadas de deforestación pueden representar la fracción dominante del PCG
asociado a carne bovina, superando incluso las emisiones entéricas (Corrêa et al., 2025; Costa et al.,
2025).
La inclusión o exclusión de cambio de uso de suelo (LUC) en el inventario determina diferencias
sustanciales en resultados reportados. Algunos estudios lo incorporan mediante factores promedio
regionales, mientras que otros lo excluyen por considerarlo exógeno al sistema de referencia. Esta
divergencia metodológica complica la comparabilidad y puede inducir interpretaciones divergentes
respecto a la contribución relativa de la producción animal al cambio climático.
Además, la temporalidad considerada para amortizar emisiones de LUC (20, 30 o 100 años) influye
directamente en la magnitud del impacto asignado al producto final. La elección del horizonte temporal
constituye, por tanto, un supuesto normativo con implicaciones significativas.
Gestión de estiércol y emisiones indirectas
La gestión de excretas contribuye al PCG principalmente a través de emisiones de metano y óxido
nitroso. En sistemas porcinos, el almacenamiento en condiciones anaerobias favorece la generación de
metano, mientras que la aplicación al suelo puede inducir emisiones de N₂O . En sistemas bovinos, el
manejo del estiércol adquiere mayor relevancia en esquemas intensivos confinados.

pág. 4842
Tecnologías como la digestión anaerobia permiten capturar metano y generar energía, reduciendo
emisiones directas del almacenamiento. No obstante, el desempeño neto depende de supuestos sobre
sustitución energética y eficiencia de captura, así como de decisiones metodológicas como la unidad
funcional, los límites del sistema y la asignación de créditos por energía desplazada (Wang et al., 2025).
En escenarios donde la electricidad desplazada proviene de fuentes de baja intensidad de carbono, el
beneficio climático marginal puede reducirse. Este ejemplo ilustra cómo la evaluación climática no
puede separarse del contexto energético regional.
Comparación transversal entre especies
Al comparar intensidades climáticas entre especies, la literatura generalmente ubica a los rumiantes con
mayores valores por kilogramo de producto, seguidos por porcinos y avícolas (Cusack et al., 2021;
Gislason et al., 2023). Sin embargo, esta jerarquía depende críticamente de:
▪ La unidad funcional (masa vs. proteína).
▪ La inclusión de LUC.
▪ La frontera del sistema.
▪ El método de asignación.
Cuando la unidad funcional se expresa en contenido proteico, las diferencias relativas pueden reducirse
debido a variaciones en densidad nutricional. Asimismo, en sistemas bovinos altamente eficientes, la
brecha respecto a monogástricos puede estrecharse significativamente. Por tanto, afirmar una jerarquía
ambiental universal entre especies resulta metodológicamente problemático sin especificar claramente
el marco analítico.
Trade-offs multi-gas
La literatura reciente también ha señalado la importancia de considerar el comportamiento diferenciado
de gases con distinto potencial de calentamiento global y vida atmosférica. El metano, principal gas en
rumiantes, posee una vida media corta en comparación con CO₂, lo cual ha motivado debates sobre
métricas alternativas al potencial de calentamiento global a 100 años (GWP100) tradicional (Hammar
et al., 2022). Aunque la mayoría de estudios continúa empleando GWP100 para asegurar
comparabilidad, la discusión metodológica permanece abierta.

pág. 4843
Desde una perspectiva metodológica más amplia, la discusión sobre cambio climático en producción
animal no puede desligarse del debate sobre métricas de equivalencia climática. El uso predominante
del potencial de calentamiento global a 100 años (GWP100) permite comparabilidad entre estudios; sin
embargo, diversos autores han señalado que esta métrica no captura adecuadamente las diferencias
dinámicas entre contaminantes de vida corta, como el metano, y gases de larga permanencia atmosférica
como el CO₂ (Allen et al., 2018; Lynch et al., 2020). En el caso de la producción bovina, donde el
metano entérico constituye una fracción dominante del inventario, la elección de métrica puede
modificar la interpretación de tendencias de calentamiento a largo plazo, Lynch et al. (2020) proponen
el uso de GWP* como una métrica alternativa que traduce emisiones de metano en “equivalentes de
calentamiento”, capturando su comportamiento transitorio. Si bien la mayoría de estudios de LCA
continúa empleando GWP100 para mantener consistencia con directrices internacionales, la discusión
metodológica permanece activa y su adopción futura podría alterar comparaciones inter-especie.
A escala sistémica, evaluaciones globales del sistema alimentario han señalado que, bajo trayectorias
actuales, las emisiones agregadas podrían comprometer el cumplimiento de metas climáticas de 1.5 °C
y 2 °C establecidas en acuerdos internacionales (Springmann et al., 2018; Clark et al., 2020;
Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), 2022). No obstante, la contribución específica
atribuible a cadenas ganaderas depende críticamente de la delimitación de fronteras del sistema y del
tratamiento de cambio de uso de suelo. Estudios comparativos de amplio alcance han mostrado que los
productos de origen animal presentan, en promedio, mayores intensidades de emisiones por unidad de
masa que alternativas vegetales; sin embargo, la dispersión intra-categoría es considerable y está
fuertemente influenciada por prácticas productivas y contexto territorial (Poore & Nemecek, 2018).
Esta variabilidad refuerza la necesidad de evitar generalizaciones simplificadas y de priorizar análisis
contextualizados bajo marcos metodológicos explícitos. En conjunto, la evidencia indica que las
conclusiones climáticas derivadas de LCA en producción animal no son independientes del marco
analítico empleado. La transparencia en la elección de métrica climática, horizonte temporal y
delimitación de fronteras constituye un requisito indispensable para comparaciones robustas y para la
formulación de recomendaciones basadas en evidencia.

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Impacto ambiental de la producción animal en Latinoamérica (evidencia con ACV y enfoques
complementarios).
La evaluación del impacto ambiental de la producción animal en Latinoamérica requiere enfoques que
capten tanto la heterogeneidad productiva como la influencia del contexto territorial y temporal. En este
sentido, la evaluación de ciclo de vida (ACV/LCA) y los modelos dinámicos de simulación ofrecen
herramientas complementarias para estimar emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), uso de
energía y uso de suelo bajo distintas configuraciones productivas y supuestos metodológicos (Rivera,
Chará, & Barahona, 2016; Vera-Infanzón, Rao, Ramírez-Restrepo, & Hoyos-Garcés, 2023).
En Campeche, México, un estudio de caso aplicó un ACV “puerta a puerta” para comparar tres sistemas
ganaderos tropicales asociados a distintos tipos de pastoreo (monocultivo, acahual y silvopastoril) en
unidades vaca–becerro y doble propósito. Una contribución metodológica relevante fue el uso de la
unidad funcional 1 kg de peso vivo ajustado por contenido de proteína (kgPV-eq). Los autores reportan
que, cuando la productividad y el origen de la materia seca fueron similares, las emisiones de GEI no
difirieron sustancialmente entre sistemas de pastoreo; en cambio, la comparación entre tipos de unidad
productiva mostró que la productividad por hectárea explica mejor la variación en desempeño ambiental
que el tipo de pastoreo por sí mismo, y también influye en la interpretación del uso de suelo (Molina-
Rivera, Olea-Pérez, Galindo-Maldonado, & Arriaga-Jordán, 2019). Este hallazgo orienta a priorizar
estrategias de mejora de eficiencia productiva como palanca para reducir intensidades por unidad
funcional, sin asumir automáticamente que “silvopastoril” o “monocultivo” serán mejores en ausencia
de cambios en productividad (Molina-Rivera et al., 2019).
En Colombia, Rivera et al. (2016) compararon la producción de leche bovina en un sistema silvopastoril
intensivo (SSPi) con leucaena frente a un sistema convencional intensivo, bajo un ACV “cuna a puerta
de finca” (hasta la venta de la leche), siguiendo ISO 14040/14044. En términos climáticos y energéticos,
el SSPi mostró menores emisiones por kilogramo de leche corregida por grasa y proteína (2.05 vs 2.34
kg CO₂-eq) y menor demanda de energía no renovable (3.64 vs 5.81 MJ) por la misma unidad funcional.
No obstante, el estudio discute que el desempeño relativo depende del indicador, particularmente en
uso de suelo, lo que refuerza la necesidad de reportar explícitamente la unidad funcional y las fronteras
analíticas para comparaciones robustas (Rivera et al., 2016).

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Mientras el ACV permite comparar configuraciones bajo fronteras definidas, los modelos dinámicos
agregan una dimensión temporal que resulta crítica en paisajes tropicales donde el carbono del suelo y
la transición de coberturas pueden modificar la huella climática a lo largo de décadas. Vera-Infanzón et
al. (2023) desarrollaron un modelo de simulación dinámica a nivel finca para evaluar, durante 30 años,
trayectorias de intensificación mediante incorporación progresiva de pasturas sembradas en sabanas
ácidas del oriente colombiano. El estudio muestra que la huella de carbono y los resultados productivos
varían con el tiempo según la proporción de sabana convertida, la carga animal y la acumulación de
carbono orgánico del suelo. Un aporte central para la toma de decisiones es que los resultados pueden
depender de supuestos sobre tasas y duración del secuestro de carbono, mantenimiento de productividad
y manejo de pasturas, por lo que se recomienda explicitar horizontes temporales y realizar análisis de
sensibilidad sobre parámetros críticos (Vera-Infanzón et al., 2023).
Además de los sistemas bovinos, la evidencia en monogástricos intensivos en la región muestra que los
impactos ambientales se concentran frecuentemente en el alimento y en fases finales de engorda. En
México, un ACV en granjas porcinas intensivas cuantificó huellas de carbono, agua y energía usando
como unidad funcional un cerdo terminado de 124 kg. Los autores reportaron una huella de carbono de
538.62 kg CO₂-eq, huella hídrica de 21.34 m³ y huella energética de 1773.79 MJ, con un mayor aporte
de las etapas finales debido al incremento en alimento consumido; además, sugieren que la valorización
energética del purín (p. ej., biogás) puede mejorar el desempeño ambiental reduciendo huella de carbono
(Giraldi-Díaz, Castillo-González, De Medina-Salas, Velásquez-De la Cruz, & Huerta-Silva, 2021). Este
patrón coincide con la necesidad de focalizar mitigación en formulación de alimento, eficiencia
alimenticia y manejo de excretas, con cuidado de no desplazar impactos hacia otras categorías.
En Brasil, la evidencia resalta contrastes entre bovinos confinados (feedlot) y sistemas basados en
pasturas. Morais et al. (2023) compararon impactos ambientales de carne “premium” vs “super-
premium” en un feedlot, mostrando que la búsqueda de atributos de calidad puede incrementar
sustancialmente impactos: la línea super-premium presentó mayor huella de carbono y también mayores
indicadores de eutrofización, acidificación y uso de suelo, identificando la producción de alimento
como principal contribuyente de GEI.

pág. 4846
Este hallazgo es útil para discutir cómo objetivos productivos (calidad/terminación) pueden elevar
cargas ambientales cuando requieren dietas/tiempos adicionales (Morais et al., 2023).
Complementariamente, en sistemas de bovinos a pastoreo en el bioma de la Mata Atlántica, Oliveira et
al. (2020) evaluaron balance de GEI y huella de carbono considerando manejo de pasturas (degradadas
vs intensificadas), productividad y dinámica de carbono del suelo. Sus resultados sugieren que la
intensificación puede reducir la huella por unidad de producto al aumentar rendimientos y generar
efecto “land-saving” o ahorro de suelo, mientras que pasturas degradadas tienden a presentar peores
resultados por menor productividad y menor contribución del suelo al balance de carbono. En términos
de interpretación, este estudio refuerza que el desempeño climático en pastoreo depende críticamente
del estado de la pastura y de supuestos de secuestro de carbono, por lo que la evaluación debe especificar
horizontes temporales y condiciones de referencia (Oliveira et al., 2020).
En Uruguay, un análisis de sistemas vaca–becerro a pastoreo mostró también que la eficiencia
productiva y reproductiva es determinante de la huella climática. En 20 sistemas, las emisiones
promedio fueron 20.8 kg CO₂-eq por kg de ganancia de peso vivo, con el metano como principal
contribuyente. Los autores plantean que una estrategia “carbon inteligente” requiere optimizar carga
animal, oferta de forraje y reproducción para reducir huella por kg y por ha simultáneamente, evitando
que intensificaciones mal diseñadas incrementen emisiones por superficie (Becoña, Astigarraga, &
Picasso, 2014). Este resultado complementa la evidencia de Brasil y Colombia al subrayar que la
mitigación en pastoreo depende de manejo y eficiencia.
Finalmente, en Ecuador, un estudio aplicó LCA como marco metodológico para evaluar sostenibilidad
ambiental de la cadena de cerdo, integrando producción de alimento, producción porcina, sacrificio y
manejo de subproductos. Usando múltiples unidades funcionales y escenarios de valorización
(incluyendo rendering y asignación económica), los resultados identificaron de manera consistente a la
producción de ingredientes del alimento como el principal “hotspot”, y mostraron que el rendering
puede reducir impactos en diversas categorías al evitar la producción de otras grasas y proteínas frente
a disposiciones menos controladas (Pazmiño & Ramirez, 2021). Este trabajo es clave para discutir cómo
decisiones de coproductos/subproductos y asignación pueden modificar la jerarquía de impactos en
monogástricos.

pág. 4847
La evidencia científica revisada muestra de forma consistente que la producción pecuaria constituye
una fuente importante de presión ambiental global, no solo por su contribución a las emisiones de gases
de efecto invernadero, sino también por sus efectos sobre el uso de suelo y agua, la contaminación del
aire, la pérdida de biodiversidad y la alteración de ciclos biogeoquímicos clave. En este sentido, diversos
autores coinciden en que la evaluación de la sostenibilidad ganadera no debe limitarse a una sola
variable ambiental ni a una sola etapa del sistema productivo, sino que debe abordarse mediante
enfoques integrales de ciclo de vida que incluyan emisiones directas, energía comprada, producción de
alimento, manejo del estiércol, cambio de uso de suelo y otros insumos a lo largo de toda la cadena
(Place, 2024; Crippa et al., 2021; Rotz et al., 2019; Gerber et al., 2013).
Esta perspectiva resulta particularmente relevante porque el perfil ambiental de la ganadería varía según
la especie y el sistema de producción. En rumiantes, el metano entérico aparece de manera reiterada
como una de las principales fuentes de emisión y como uno de los factores más determinantes del
impacto climático del sistema (Ripple et al., 2014; Herrero et al., 2016; Opio et al., 2013; Cheng et al.,
2022). En cambio, en monogástricos como cerdos y aves, si bien las emisiones del estiércol siguen
siendo importantes, la producción del alimento suele adquirir un peso aún mayor dentro de la carga
ambiental total (Place, 2024; Giraldi-Díaz et al., 2021). Esta diferenciación confirma que no existe una
única vía de mitigación aplicable a todos los sistemas, sino que las opciones deben adaptarse a la
especie, al nivel de intensificación, a la región y a las condiciones tecnológicas de cada sistema
productivo (Gerber et al., 2013; Herrero et al., 2016).
Uno de los hallazgos más consistentes entre estudios es que la producción del alimento constituye uno
de los principales puntos críticos del desempeño ambiental de la ganadería. En sistemas porcinos
intensivos, por ejemplo, se ha documentado que la fase de engorda final concentra una gran proporción
del impacto ambiental debido a la elevada cantidad de alimento requerida, lo que convierte a la cadena
alimentaria en el componente dominante de la huella de carbono, hídrica y energética del sistema
(Giraldi-Díaz et al., 2021). De manera semejante, en sistemas de rumiantes, aunque el metano entérico
sea el principal contribuyente al calentamiento global, la producción de alimento sigue representando
una fracción importante del uso de recursos, de las emisiones asociadas y de las presiones sobre el uso
del suelo y del agua (Opio et al., 2013; Du et al., 2022; Mekonnen & Hoekstra, 2012). Por ello, distintos

pág. 4848
autores han propuesto estrategias orientadas a mejorar la digestibilidad del alimento, optimizar el
balance nutricional, incrementar la eficiencia alimentaria y aprovechar subproductos agrícolas o
biomasa no comestible por humanos, ya que estas medidas pueden reducir las emisiones por unidad de
producto y mejorar el aprovechamiento de recursos dentro de una lógica de economía circular (Gill et
al., 2021; Garnsworthy, 2018; Wang et al., 2024). Sin embargo, la literatura también advierte que una
mayor productividad no siempre se traduce automáticamente en una mejor sostenibilidad global.
Mondière et al. (2024) mostraron que sistemas bovinos más amigables con la biodiversidad presentaron
menor productividad, pero también menores impactos ambientales por hectárea, particularmente en
cambio climático y demanda energética, lo que pone en evidencia la existencia de trade-offs entre
intensificación, eficiencia productiva y otras funciones ecológicas del sistema. En consecuencia, la
sostenibilidad ganadera no puede valorarse únicamente con base en el volumen de producción, sino que
debe incorporar también la conservación de la biodiversidad, el uso multifuncional del territorio y la
sostenibilidad global del agroecosistema (Mondière et al., 2024; Gill et al., 2021; Place, 2024).
De forma paralela, varios trabajos coinciden en que la mitigación ambiental en ganadería no depende
de una sola medida aislada, sino de la combinación de múltiples intervenciones sobre nutrición, salud,
fertilidad, genética, reemplazo, manejo del estiércol y eficiencia general del sistema. Garnsworthy
(2018) destaca que mejorar la eficiencia productiva permite diluir las emisiones y excreciones asociadas
al mantenimiento y a las etapas no productivas en una mayor cantidad de leche, carne o huevos,
reduciendo así la intensidad ambiental por unidad de producto. En una línea similar, Hristov et al.
(2013a, 2013b) señalan que el mejoramiento de la calidad del forraje, la mayor eficiencia alimentaria y
las dietas mejor balanceadas constituyen herramientas clave para disminuir las emisiones de metano y
óxido nitroso por unidad de producto, aunque advierten que no todas las estrategias nutricionales o
tecnológicas presentan la misma viabilidad técnica o económica. Grossi et al. (2019) refuerzan este
argumento al señalar que las estrategias de mitigación deben combinar mejoras en la digestibilidad de
la dieta, optimización del manejo del estiércol, ajuste de la fertilización y aumento de la eficiencia
productiva, siempre evaluando los posibles trade-offs ambientales. En años recientes, la atención se ha
concentrado también en alternativas más específicas para reducir el metano entérico, como el uso de
aditivos alimentarios, aceites esenciales, algas, enzimas y compuestos como el 3-NOP, cuyos efectos

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pueden ser importantes, pero dependen de la dosis, la composición de la dieta, la duración del
tratamiento y las condiciones reales del sistema de producción (Malyugina et al., 2025; Chiariotti,
2023). Esto refuerza la idea de que no existe una solución universal, sino paquetes tecnológicos y de
manejo que deben ajustarse a cada contexto productivo.
El manejo del estiércol representa otro componente decisivo del perfil ambiental pecuario. Distintos
estudios han mostrado que el almacenamiento, tratamiento y aplicación del estiércol pueden generar
emisiones importantes de metano, óxido nitroso y amoníaco, además de contribuir a la acidificación, a
la formación de material particulado y a la contaminación del agua (Grossi et al., 2019; Yan et al., 2024;
Leip et al., 2015). En este contexto, Scotto di Perta et al. (2020) observaron que tratamientos como la
digestión anaerobia y la separación sólido-líquido pueden aumentar las emisiones de NH3 al elevar el
nitrógeno amoniacal disponible, mientras que coberturas como la paja o la formación de costras
naturales pueden contribuir a reducir parcialmente la volatilización. De forma complementaria, Yan et
al. (2024) subrayan que la mitigación en la cadena completa de manejo del estiércol debe considerar
desde el alojamiento animal hasta el almacenamiento, tratamiento y aplicación al suelo, debido a que
algunas estrategias pueden disminuir un contaminante y aumentar otro. Así, la acidificación puede
reducir amoníaco y metano, pero otras prácticas como ciertas formas de aplicación al suelo pueden
disminuir NH3 e incrementar N2O. Por ello, los autores insisten en que las medidas no deben evaluarse
de forma aislada, sino considerando costos, factibilidad técnica y posibles trade-offs entre
contaminantes (Yan et al., 2024). Esta misma lógica sistémica se extiende a la calidad del aire, pues la
ganadería puede contribuir de forma importante a la contaminación atmosférica por emisiones de
amoníaco y su relación con material particulado, como se ha documentado en sistemas bovinos y
porcinos intensivos (Lunghi et al., 2024).
Además de las emisiones atmosféricas, la literatura reciente ha ampliado la discusión hacia otras
dimensiones frecuentemente subestimadas, como la huella hídrica, el uso de suelo, la biodiversidad y
la multifuncionalidad del territorio. Mekonnen y Hoekstra (2012) señalan que los productos de origen
animal presentan una huella hídrica mayor que los productos vegetales de valor nutricional equivalente,
y que una parte sustancial de dicha huella proviene de la producción de alimento más que del agua
bebida directamente por los animales.

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No obstante, Place (2024) y Gill et al. (2021) advierten que tanto el agua como el suelo no deben
interpretarse de manera simplista, ya que parte de los recursos utilizados por la ganadería se desarrollan
en tierras no aptas para cultivos destinados al consumo humano directo, o permiten valorizar biomasa
no comestible, subproductos y granos fuera de estándar. Este punto es importante porque desplaza la
discusión desde una evaluación puramente cuantitativa hacia una comprensión más funcional de la
contribución de la ganadería dentro de los sistemas agroalimentarios. Sin embargo, reconocer estas
funciones no elimina la necesidad de reducir sus impactos, especialmente cuando se considera que la
ganadería europea, por ejemplo, ha sido asociada con una fracción muy alta de los impactos ambientales
de la agricultura, incluyendo calentamiento global, acidificación, contaminación del agua y pérdida de
biodiversidad (Leip et al., 2015). De ahí que varios autores sostengan que la mitigación no puede
depender solo de medidas técnicas dentro de la granja, sino que también requiere cambios en dieta,
reducción del desperdicio de alimentos y políticas públicas mejor articuladas con la evidencia científica
(Gill et al., 2021; Leip et al., 2015; Crippa et al., 2021).
La relación entre ganadería y ambiente también debe entenderse como bidireccional, ya que el sector
pecuario no solo contribuye al cambio climático, sino que también es fuertemente afectado por él.
Diversas revisiones documentan que el aumento de la temperatura, la mayor variabilidad de las lluvias,
las sequías y los eventos extremos afectan la disponibilidad y calidad del forraje, incrementan el estrés
térmico, alteran la distribución de enfermedades y comprometen la productividad y resiliencia de los
sistemas pecuarios (Escarcha et al., 2018; Rojas-Downing et al., 2017; Cheng et al., 2022). En
consecuencia, la discusión contemporánea ya no se enfoca únicamente en la mitigación, sino también
en la adaptación, incluyendo mejoras en genética, alimentación, uso eficiente del agua, provisión de
sombra o enfriamiento, selección de animales más resistentes y rediseño de sistemas productivos más
resilientes (Rojas-Downing et al., 2017; Cheng et al., 2022). Este enfoque resulta especialmente
importante en regiones en desarrollo, en sistemas mixtos y en especies no rumiantes, donde la evidencia
sigue siendo limitada y donde los efectos del cambio climático pueden interactuar con restricciones
estructurales de infraestructura, tecnología y acceso a recursos (Escarcha et al., 2018; Singh et al., 2025).
Por otra parte, algunos trabajos muestran que la innovación tecnológica y la ganadería de precisión
pueden ofrecer herramientas útiles para reducir la intensidad ambiental cuando mejoran la eficiencia,

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la salud y la toma de decisiones. Tullo et al. (2019) sostienen que la ganadería de precisión puede ayudar
a disminuir emisiones de amoníaco y metano, así como la excreción de nitrógeno y fósforo e incluso el
uso innecesario de antibióticos, mediante un mejor monitoreo de salud, alimentación, fertilidad y
ambiente. En la misma línea, Bianchi et al. (2024) encontraron que tecnologías como el ordeño
automático, el monitoreo de mastitis y la detección automática de celo pueden reducir el impacto
ambiental por kilogramo de leche cuando efectivamente mejoran la producción, la fertilidad y la
detección temprana de problemas. No obstante, estos estudios también dejan claro que la tecnología no
reduce impactos por sí sola; su beneficio depende de que la información producida se convierta en
decisiones oportunas y en mejoras reales de manejo. A ello se suman propuestas complementarias como
los sistemas silvopastoriles y las soluciones basadas en bosques, que pueden ayudar a compensar parte
de los impactos mediante secuestro de carbono, control de erosión y regulación del ciclo del agua,
aunque su efectividad depende del diseño y manejo del sistema (Solomon et al., 2023).
En conjunto, la literatura revisada permite concluir que la sostenibilidad ambiental de la producción
pecuaria depende de una visión integral en la que productividad, emisiones, uso de recursos,
biodiversidad, salud animal, adaptación climática y viabilidad socioeconómica sean evaluadas de
manera simultánea. Aunque existe un amplio repertorio de opciones de mitigación, desde mejoras
nutricionales y aditivos hasta manejo del estiércol, tecnologías de precisión, uso de subproductos,
sistemas silvopastoriles y ajustes en consumo, los estudios coinciden en que ninguna medida aislada es
suficiente para resolver la complejidad ambiental del sector (Herrero et al., 2016; Grossi et al., 2019;
Du et al., 2022; Singh et al., 2025). Asimismo, la evidencia sugiere que la efectividad real de estas
estrategias depende no solo de su potencial técnico, sino también de su adopción, de los costos, de las
políticas públicas, de la aceptación social y de la capacidad para evitar efectos colaterales indeseados.
Por ello, avanzar hacia sistemas pecuarios más sostenibles exige un enfoque de sistema completo, capaz
de integrar mitigación, adaptación, eficiencia, bienestar animal y gobernanza ambiental en una misma
agenda de transformación (Gill et al., 2021; Place, 2024; Gerber et al., 2013).

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CONCLUSIONES
La producción animal constituye un sistema complejo cuyas implicaciones ambientales no pueden
reducirse a una única categoría de impacto ni a una jerarquía simplificada entre especies productivas.
La evidencia analizada en esta revisión muestra que el desempeño ambiental depende simultáneamente
de determinantes biofísicos, configuraciones tecnológicas, contexto territorial y decisiones
metodológicas adoptadas en la evaluación. En términos estructurales, la producción de alimento y la
gestión de estiércol emergen como hotspots recurrentes en la mayoría de cadenas productivas. En
rumiantes, la fermentación entérica representa un componente dominante del potencial de
calentamiento global; en monogástricos, la producción de insumos agrícolas concentra una fracción
sustantiva del impacto climático y de eutrofización. Sin embargo, la magnitud relativa de estos
componentes varía en función de productividad animal, eficiencia alimenticia, prácticas agronómicas y
contexto energético regional.
El cambio de uso de suelo se identifica como un factor determinante en escenarios de expansión
territorial, particularmente en regiones tropicales. Cuando se incorpora explícitamente en el inventario,
puede modificar sustancialmente la jerarquía de impactos reportados entre sistemas. Esta observación
refuerza la importancia de integrar dimensiones espaciales y temporales en el análisis, evitando
interpretaciones basadas exclusivamente en emisiones operativas (Hernandez-Guzman et al., 2025).
En categorías relacionadas con eutrofización y acidificación, la gestión del nitrógeno aparece como eje
central. Las pérdidas de nutrientes durante almacenamiento y aplicación de estiércol, así como la
fertilización de cultivos destinados a alimentación animal, generan presiones ambientales
interconectadas. Las estrategias tecnológicas de mitigación —incluyendo digestión anaerobia,
acidificación del purín y reformulación de dietas— muestran potencial de reducción en determinadas
categorías, pero pueden generar compensaciones en otras. Por tanto, la optimización ambiental requiere
evaluación multicriterio y no intervenciones aisladas (Lima et al., 2025).
Un hallazgo transversal de la literatura revisada es la influencia sustantiva de decisiones metodológicas
sobre los resultados cuantificados. La elección de unidad funcional, límites del sistema, método de
asignación y tratamiento de incertidumbre condiciona la comparabilidad entre estudios y puede alterar
la clasificación relativa entre cadenas productivas. Esta sensibilidad metodológica no invalida el uso de

pág. 4853
LCA como herramienta, pero exige transparencia y armonización para evitar conclusiones normativas
prematuras. Asimismo, la incorporación de categorías emergentes como biodiversidad y uso de suelo
espacialmente diferenciado amplía el alcance de la evaluación ambiental más allá del carbono. Este
avance metodológico sugiere una transición progresiva hacia marcos integrados que articulen clima,
nutrientes, energía y servicios ecosistémicos (Bromwich et al., 2025; Sooriya-Patabendige et al., 2025).
Desde una perspectiva técnica, la evidencia no respalda afirmaciones categóricas sobre la superioridad
ambiental absoluta de una especie productiva sobre otra sin especificación del marco analítico
empleado. En cambio, los resultados sugieren que el desempeño ambiental es altamente contextual y
dependiente de configuración productiva, localización geográfica y supuestos de modelación.
En consecuencia, futuras investigaciones deberían avanzar en:
Armonización metodológica en unidades funcionales y fronteras del sistema.
Integración sistemática de análisis de incertidumbre.
Desarrollo de métricas regionalizadas para biodiversidad y cambio de uso de suelo.
Evaluaciones multicriterio que eviten desplazamientos de impacto entre categorías.
En conjunto, la evidencia integrada para Latinoamérica refuerza que: la productividad y eficiencia
emergen como determinantes estructurales del desempeño ambiental (carne y leche), en monogástricos
intensivos el alimento y la fase de engorda dominan huellas, en bovinos confinados los objetivos de
calidad pueden incrementar impactos por efectos de dieta y tiempo de engorda, y en bovinos a pastoreo
el balance climático depende del estado y manejo de la pastura, así como de supuestos temporales y del
carbono del suelo. Por ello, las recomendaciones para transiciones hacia sistemas más sostenibles en la
región deben basarse en evaluaciones multicriterio, transparencia metodológica (unidad funcional,
límites del sistema, escenarios), y, cuando haya cambios progresivos de cobertura o intensificación,
incorporar enfoques dinámicos y sensibilidad para evitar conclusiones simplificadas (Becoña et al.,
2014; Giraldi-Díaz et al., 2021; Molina-Rivera et al., 2019).
La transición hacia sistemas de producción animal ambientalmente más sostenibles requerirá no solo
innovación tecnológica, sino también coherencia metodológica y articulación con políticas territoriales
y energéticas.

pág. 4854
El fortalecimiento de estándares analíticos contribuirá a mejorar la solidez de las recomendaciones
derivadas de evaluaciones ambientales y a reducir la brecha entre investigación científica y toma de
decisiones.
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