MEDULOBLASTOMA DE FOSA POSTERIOR
DISFRAZADO DE PARÁLISIS DEL NERVIO
FACIAL EN PRE-ESCOLAR DE 2 AÑOS:
REPORTE DE CASO Y REVISIÓN DE LA
LITERATURA
POSTERIOR FOSSA MEDULLOBLASTOMA MASKED AS
FACIAL NERVE PALSY IN A 2-YEAR-OLD PRESCHOOLER:
CASE REPORT AND LITERATURE REVIEW
Emanuel Alexis Troncoso Villadiego
Universidad de Magdalrna
Ricardo Andrés Sánchez Algarín
CACE Pediatrico
Diana Carolina Ruiz Montaño
Universidad Libre
Bonny Castro Meriño
Universidad Libre
César Augusto Guzmán Canabal
CACE Pediatrico

pág. 7556
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24856
Meduloblastoma de fosa posterior disfrazado de parálisis del nervio facial en
pre-escolar de 2 años: reporte de caso y revisión de la literatura
Emanuel Alexis Troncoso Villadiego1
troncosovilladiegoemanuelalexi@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9887-3683
Universidad de Magdalrna
Colombia
Ricardo Andrés Sánchez Algarín
md.ricardosanchez@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-2214-9933
CACE Pediatrico
Colombia
Diana Carolina Ruiz Montaño
Dianaruiz922@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0005-5447-1072
Universidad Libre
Colombia
Bonny Castro Meriño
Bonny.ac.09@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-3725-5090
Universidad Libre
Colombia
César Augusto Guzmán Canabal
cesarstaff@yahoo.es
https://orcid.org/0009-0001-3433-7512
CACE Pediatrico
Colombia
RESUMEN
El meduloblastoma es el tumor cerebral maligno más frecuente en la población pediátrica, tanto a nivel
mundial como en Colombia, sin embargo, continúa siendo un reto diagnóstico por la variabilidad de sus
manifestaciones clínicas. Se presenta el caso de un paciente masculino de 2 años, previamente sano,
quien debutó con una parálisis facial periférica aislada indistinguible de una parálisis de Bell, con
neuroimagen inicial sin hallazgos patológicos. Dos meses después, ante progresión clínica con
alteración visual y de la marcha, se documentó una masa extraaxial en el ángulo pontocerebeloso con
hidrocefalia aguda, cuyo comportamiento radiológico orientó inicialmente hacia un schwannoma
vestibular; el diagnóstico de meduloblastoma solo se confirmó mediante estudio histopatológico tras la
resección quirúrgica, con evolución posquirúrgica favorable. Este caso ilustra una presentación atípica
del meduloblastoma tanto por la edad del paciente, la localización extraaxial, el mimetismo radiológico
y el retraso diagnóstico, que se aparta del patrón clásico descrito en la literatura. Se resalta la importancia
de mantener un alto índice de sospecha clínica ante manifestaciones neurológicas inespecíficas en la
infancia, así como el papel decisivo de las ayudas diagnósticas avanzadas para evitar un desenlace fatal.
Palabras clave: Meduloblastoma; ángulo cerebelopontino; parálisis facial; schwannoma vestibular;
pediatría
1 Autor principal.
Correspondencia: troncosovilladiegoemanuelalexi@gmail.com

pág. 7557
Posterior fossa medulloblastoma masked as facial nerve palsy in a 2-year-
old preschooler: Case report and literature review
ABSTRACT
Medulloblastoma is the most common malignant brain tumor in the pediatric population, both
worldwide and in Colombia; nevertheless, it remains a diagnostic challenge due to the variability of its
clinical manifestations. We report the case of a previously healthy 2-year-old male who presented with
isolated peripheral facial palsy indistinguishable from Bell's palsy, with an initially unremarkable
neuroimaging study. Two months later, following clinical progression with visual impairment and gait
disturbance, an extra-axial mass was documented in the cerebellopontine angle associated with acute
hydrocephalus, whose radiological features initially suggested a vestibular schwannoma; the diagnosis
of medulloblastoma was only confirmed by histopathological examination after surgical resection, with
a favorable postoperative course. This case illustrates an atypical presentation of medulloblastoma, due
to the patient's age, the extra-axial location, the radiological mimicry, and the diagnostic delay, that
departs from the classic pattern described in the literature. It highlights the importance of maintaining a
high index of clinical suspicion for nonspecific neurological manifestations in childhood, as well as the
decisive role of advanced diagnostic aids in preventing a fatal outcome.
Keywords: Medulloblastoma; cerebellopontine angle; facial paralysis; vestibular schwannoma;
pediatrics.
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

pág. 7558
INTRODUCCIÓN
El meduloblastoma es, dentro de los tumores malignos del sistema nervioso central, el más frecuente en
niños; se calcula que representa hasta una quinta parte de las neoplasias del SNC en este grupo de edad
(1, 2). A nivel global, los tumores del sistema nervioso central ocupan el segundo lugar como causa de
cáncer infantil, superados solo por las neoplasias hematológicas, aunque las cifras exactas de incidencia
dependen bastante de la calidad del registro oncológico de cada región (1).
La situación en Colombia es menos clara, ya que los registros poblacionales disponibles son escasos: se
reporta una incidencia de tumores del sistema nervioso central en población pediátrica de alrededor de
1.55 casos por 100 000 habitantes (3). En esas series, el meduloblastoma aparece de forma recurrente
entre las variantes histológicas más comunes (en algunos centros de referencia llega a representar hasta
una quinta parte de los casos) (4), y la sobrevida sigue siendo baja frente a la de países de altos ingresos,
con cifras cercanas al 35% al año (5). Esa cifra por sí sola dice bastante sobre las barreras que aún existen
para lograr un diagnóstico y un tratamiento oportunos.
El meduloblastoma, sin embargo, sigue siendo difícil de diagnosticar. Sus manifestaciones clínicas
suelen ser inespecíficas y cambian según la edad del paciente y la localización del tumor. Se ha descrito
que buena parte de los niños con tumores del sistema nervioso central son valorados primero por
servicios de atención básica o medicina general, y que el tiempo transcurrido entre el inicio de los
síntomas y el diagnóstico definitivo puede ser considerable (6). Ese retraso no es un dato menor: cuando
la sospecha clínica tarda en aparecer, el desenlace puede ser fatal. Justamente por eso se describe este
caso, porque el meduloblastoma no siempre se presenta de la forma clásica que se documenta en los
textos. Aquí el paciente no pertenecía al grupo etario que suele esperarse para esta localización tumoral,
el diagnóstico no se alcanzó rápidamente, y el síntoma inicial (una parálisis facial periférica aislada)
tampoco correspondió a la hipertensión endocraneana que habitualmente anuncia esta neoplasia.
Con este reporte buscamos aportar a esa evidencia local todavía escasa, describiendo un caso de
meduloblastoma pediátrico con una presentación fuera de lo habitual, tanto por la edad del paciente
como por la localización del tumor y el curso clínico previo al diagnóstico. La idea no es solo
documentar una neoplasia poco frecuente en una localización atípica, sino también llamar la atención
sobre las similitudes que pueden llevar a otras impresiones diagnósticas (la parálisis facial confundida

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con una parálisis de Bell) que, aunque poco común, puede tener consecuencias graves si no se reconoce
a tiempo.
CASO CLÍNICO
Paciente masculino de 2 años de edad, previamente sano, quien consultó por un cuadro clínico de tres
semanas de evolución caracterizado por incapacidad para el cierre del ojo derecho, asociada a pérdida
de los surcos nasofrontales ipsilaterales y desviación de la comisura labial hacia el lado contralateral,
hallazgos compatibles clínicamente con parálisis de Bell. Como parte del enfoque diagnóstico inicial se
realizaron hemograma, ionograma, pruebas de función renal, glucemia y tomografía axial
computarizada (TAC) de cráneo, sin evidencia de alteraciones patológicas; los estudios de laboratorio
se encontraban dentro de los rangos de normalidad (Tabla 1).
Con base en los hallazgos clínicos e imagenológicos, se estableció el diagnóstico presuntivo de parálisis
facial periférica idiopática, por lo que se indicó manejo ambulatorio con prednisolona a dosis de 1
mg/kg/día durante 10 días, además de seguimiento por pediatría.
Dos meses después, el paciente reconsultó remitido por progresión del cuadro clínico, presentando
visión borrosa y disminución de la agudeza visual del ojo derecho, con deterioro desde una agudeza
visual inicial de 20/20 hasta 20/60, asociado a dificultad para la marcha. Ante la aparición de nuevos
signos neurológicos, se realizó resonancia magnética nuclear (RMN) de cerebro simple y con contraste,
la cual evidenció una lesión tumoral localizada en el ángulo pontocerebeloso derecho, con estigmas de
hemorragia intratumoral, asociada a importante efecto de masa, desplazamiento del tronco encefálico,
colapso del cuarto ventrículo e hidrocefalia supratentorial aguda (Imagen 1).

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Imagen 1. TAC de cráneo simple, corte coronal: masa extraaxial en fosa posterior con hidrocefalia no
comunicante.
Debido al deterioro clínico y a los hallazgos imagenológicos, se decidió su traslado a la unidad de
cuidados intensivos pediátricos (UCIP). Al ingreso, el paciente se encontraba somnoliento, con
tendencia al compromiso del estado de alerta y ptosis palpebral izquierda. Durante el segundo día de
hospitalización, el servicio de neurocirugía realizó derivación ventrículo-peritoneal como medida para
el manejo de la hidrocefalia obstructiva. Posteriormente, se efectuó resonancia magnética cerebral bajo
sedación con protocolo de neuronavegación, espectroscopia y tractografía para una mejor
caracterización de la lesión y planificación quirúrgica.
Durante su estancia en la UCIP recibió tratamiento con dexametasona 3 mg por vía intravenosa cada 6
horas y dipirona 200 mg por vía intravenosa cada 8 horas. Adicionalmente, se obtuvo muestra de líquido
cefalorraquídeo para cultivo, el cual no evidenció crecimiento microbiano tras 72 horas de incubación.

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Tabla 1. Se incluyen los paraclínicos obtenidos de manera ambulatoria previos al primer egreso, y los
correspondientes al primer día de estancia en UCIP (ingreso), sexto día (previo a la resección quirúrgica)
y octavo día (posquirúrgico).
Estudio Ambulatorio
(extrainstitucional)
Día 1 UCIP Día 6 UCIP Día 8 UCIP
Glicemia 119.0 mg/dl 90.3 mg/dl - -
Nitrógeno ureico
en sangre
0.32 mg/dl 13.6 mg/dl 12.6 mg/dl -
Urea - 29.1 mg/dl 26.9 mg/dl -
Creatinina - 0.29 mg/dl 0.33 mg/dl -
Sodio 137.00 mmol/L 138.00 mmol/L 138.00 mmol/L 133 mmol/L
Potasio 3.86 mmol/L 4.70 mmol/L 6.00 mmol/L 5.09 mmol/L
Cloro 102.9 mmol/L 100.8 mmol/L 101.9 mmol/L 100 mmol/L
Hemoglobina 12.90 g/dl 13.70 g/dl 12.70 g/dl 8.50 g/dl
Hematocrito 38.4 % 40.7 % 37.6 % 24.0 %
Plaquetas 427 x10³/μL 614 x10³/μL 536 x10³/μL 365 x10³/μL
Leucocitos 12.24 x10³/mm³ 14.22 x10³/mm³ 14.05 x10³/mm³ 24.13 x10³/mm³
Neutrófilos 56.80 % 62.80 % 77.70 % 76.60 %
Linfocitos 32.40 % 26.70 % 16.30 % 10.40 %
Tiempo de
protrombina (TP)
- 12.3 s 18.8 s -
Tiempo de
tromboplastina
parcial activado
(TTPa)
- 25.2 s 45.1 s -
INR - 1.05 1.66 -
Velocidad de
sedimentación
globular (VSG)
- 10.0 mm/h - 8.0 mm/h
La tomografía axial computarizada (tac) de cráneo realizada al tercer día de hospitalización demostró
una masa extraaxial de densidad heterogénea en el ángulo pontocerebeloso derecho, con importante
efecto de masa, desplazamiento del tronco encefálico y compresión del cuarto ventrículo. Al cuarto día,
la resonancia magnética cerebral con protocolo avanzado confirmó la presencia de una lesión extraaxial
localizada en la cisterna del ángulo pontocerebeloso derecho, con extensión al conducto auditivo interno,
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sus características en las secuencias multiparamétricas y el análisis espectroscópico fueron altamente
sugestivas de schwannoma vestibular. La lesión ocasionaba marcado efecto compresivo sobre las
estructuras adyacentes, con desplazamiento del tronco encefálico y envolvimiento casi circunferencial
de la arteria basilar y del segmento distal de la arteria vertebral derecha (Imagen 2, Imagen 3).
Imagen 2. RMN cerebral con protocolo de neuronavegación: masa extraaxial en la cisterna del ángulo
pontocerebeloso con extensión intracanalicular.
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Imagen 3. RMN cerebral con espectroscopia: perfil espectral de la lesión, cuyo patrón aportó
adicionalmente a la impresión diagnóstica inicial de schwannoma vestibular, al ser compatible con una
neoplasia de baja celularidad — solo descartada tras el estudio histopatológico.
Con base en los hallazgos clínicos e imagenológicos, el caso fue discutido en junta neuroquirúrgica,
donde se consideró al paciente candidato a resección quirúrgica de la lesión infratentorial mediante
craneotomía, con el objetivo de lograr la máxima resección tumoral segura. Como parte de la planeación
preoperatoria, se solicitó resonancia magnética de columna cervical, torácica y lumbosacra, simple y
con contraste, con el fin de descartar diseminación leptomeníngea (Imagen 4).

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Imagen 4. RMN cerebral con tractografía: caracteriza la relación de la lesión con los tractos de sustancia
blanca y las estructuras vasculares adyacentes del ángulo pontocerebeloso.
La resección quirúrgica de la lesión se realizó sin complicaciones intraoperatorias, en el posoperatorio
inmediato, el paciente reingresó a la unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) consciente, alerta
y hemodinámicamente estable, los exámenes de laboratorio posquirúrgicos evidenciaron leucocitosis
con leve neutrofilia, por lo que se continuó el manejo con dexametasona y dipirona, asociando cefalotina
como profilaxis antibiótica posquirúrgica.
El estudio histopatológico de la pieza quirúrgica confirmó el diagnóstico de meduloblastoma, la
tomografía axial computarizada de cráneo de control demostró resección subtotal de la lesión, asociada
a pequeño sangrado posquirúrgico esperado, sin evidencia de nuevas complicaciones, asimismo, la
resonancia magnética de neuroeje no evidenció lesiones compatibles con diseminación leptomeníngea
ni compromiso de la columna vertebral (Imagen 5).
Ante la favorable evolución clínica se indica traslado a piso, donde se disminuye progresivamente la
terapia con Dexametasona, el paciente se mantiene en estancia hospitalaria durante 2 días adicionales y
posteriormente se da egreso hospitalario con desenlace favorable.

pág. 7565
Imagen 5. TAC de cráneo de control posquirúrgico: resección considerable de la lesión, con material
hiperdenso y burbujas aéreas asociadas en el lecho quirúrgico del ángulo pontocerebeloso, sin poder
descartarse un componente hemostático.
DISCUSIÓN
Marco general del meduloblastoma
El meduloblastoma es un tumor embrionario sólido y maligno del sistema nervioso central, clasificado
como neuroectodérmico primitivo. Se origina en la fosa posterior, principalmente en el cerebelo y el IV
ventrículo, y la OMS lo ubica en el grado IV (el más alto de su escala) por su intensa actividad mitótica
(2). Histológicamente se reconocen los subtipos clásicos, desmoplásico/nodular, con nodularidad
extensa y de células grandes/anaplásico; a esto se suma la clasificación molecular en cuatro subgrupos:
WNT, SHH, Grupo 3 y Grupo 4 (7).
En el 75% de los casos pediátricos el tumor se origina en el vermis cerebeloso y el techo del IV
ventrículo, lo que explica la tríada clásica de hipertensión endocraneana (cefalea y vómito) junto con
ataxia troncal, secundaria a la obstrucción temprana de la salida del líquido cefalorraquídeo (8, 9). El
caso presentado se aleja de ese patrón clásico en al menos cuatro aspectos a la vez, y es justamente esa
combinación, más que cualquiera de los elementos por separado, la que lo vuelve inusual.

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Localización extraaxial en el ángulo pontocerebeloso
En este paciente, el tumor no era intraaxial ni estaba en el vermis, sino que se trataba de una masa
extraaxial centrada en la cisterna del ángulo pontocerebeloso (APC), con extensión al conducto auditivo
interno: un patrón anatómico descrito en la literatura, pero poco común dentro del espectro del
meduloblastoma. Las series publicadas apenas reúnen entre 30 y 50 casos de meduloblastoma
verdaderamente extraaxial en el APC en todo el mundo, la mayoría en adultos y adolescentes (8, 9, 10).
Una revisión sistemática reciente sobre meduloblastoma de APC en adultos, que agrupó 42 pacientes de
27 estudios distintos, encontró una edad mediana de 32 años (10); las series pediátricas de esta misma
localización, por su parte, describen una edad promedio cercana a los 10 años (rango de 3 a 17). Nuestro
paciente, con solo 2 años, queda por debajo incluso de ese rango ya atípico, lo que hace todavía menos
probable pensar en este diagnóstico frente a la localización de línea media habitual en la primera
infancia.
Debut como parálisis facial periférica aislada, con neuroimagen inicial negativa
El primer contacto médico no fue por signos de hipertensión endocraneana ni por ataxia, sino por una
parálisis facial periférica aislada, clínicamente indistinguible de una parálisis de Bell, con una TAC de
cráneo simple inicial que no mostró hallazgos patológicos. Este punto es clínicamente delicado: al no
demostrarse una lesión ocupante de espacio en la primera evaluación, se reforzó la idea de un cuadro
benigno y se indicó manejo esteroideo ambulatorio, lo que retrasó el reconocimiento de la naturaleza
neoplásica del cuadro.
La literatura ya había advertido sobre este escenario: los tumores del ángulo pontocerebeloso están entre
las causas más graves, aunque poco frecuentes, de parálisis facial periférica en la infancia (11). De
hecho, existe un caso pediátrico publicado en el que ese mismo error de anclaje diagnóstico retrasó la
RMN, y el paciente falleció seis semanas después del debut facial sin haber recibido tratamiento
oncológico (11). En nuestro caso ocurrió el mismo mecanismo de error diagnóstico inicial, pero con un
desenlace distinto: la reconsulta por síntomas nuevos, visuales y de la marcha, obligó a ampliar el estudio
antes de que se cerrara la ventana terapéutica.

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Velocidad de progresión radiológica
Entre una TAC de cráneo estrictamente normal y una RMN que documentó una masa con efecto
compresivo severo, hidrocefalia aguda y signos de sangrado, pasaron cerca de dos meses. Ese intervalo
no es, en sí mismo, inusual: la mediana reportada en cohortes poblacionales de meduloblastoma
pediátrico es de 65 días (rango intercuartílico de 31 a 121) (12). Lo que sí llama la atención es el contraste
entre una neuroimagen inicial completamente negativa y la aparición, poco después, de una lesión ya
voluminosa y con efecto de masa establecido.
Este patrón, de pasar de una imagen negativa a una masa sintomática, se ha descrito puntualmente en la
literatura, con tiempos de duplicación tumoral de apenas 2 a 6.5 días en el caso de progresión más rápida
documentado hasta ahora, muy por debajo del promedio reportado para la cinética del meduloblastoma
(alrededor de 54 días) (13). Todo esto sugiere que el tumor de nuestro paciente era biológicamente muy
agresivo, y que su «invisibilidad» inicial en la TAC probablemente reflejaba una fase muy temprana de
un crecimiento que después se volvió explosivo.
Mimetismo radiológico con schwannoma vestibular
El estudio de RMN con espectroscopia y tractografía, por el comportamiento magnético y espectral de
la lesión, orientó hacia un schwannoma vestibular; solo el estudio histopatológico permitió descartar ese
diagnóstico. Este fenómeno es conocido dentro de la poca casuística de meduloblastoma extraaxial de
APC: al no estar en su localización intraaxial habitual, el tumor pierde buena parte de las claves
radiológicas que normalmente lo delatan (alta celularidad, con marcada restricción a la difusión y ADC
bajo) y termina pareciéndose, tanto en aspecto como en localización, a las neoplasias que sí suelen
ocupar esa cisterna: en primer lugar el schwannoma vestibular (70-80% de las masas del APC), seguido
del meningioma.
Hay reportes de casos con la misma lógica diagnóstica, tanto en niños como en adultos, operados bajo
sospecha de schwannoma y en quienes el meduloblastoma solo se confirmó con hematoxilina-eosina e
inmunohistoquímica de la pieza quirúrgica (14, 15). En teoría, la secuencia de difusión (DWI/ADC) es
la herramienta más útil para diferenciar estas entidades: el schwannoma vestibular suele mostrar ADC
elevado, coherente con su menor celularidad (patrón Antoni B), mientras que el meduloblastoma
intraaxial muestra restricción marcada (16, 17). Pero esa capacidad discriminativa se ha validado sobre

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todo en meduloblastoma de localización típica, y en presentaciones extraaxiales del APC la
superposición de patrones con schwannoma y meningioma sigue siendo una limitación conocida. Esto
probablemente explica por qué, tanto en nuestro caso como en los ya publicados, el diagnóstico
definitivo terminó dependiendo de la histopatología y no de la resonancia.
Semejanzas con la literatura descrita
Con todo, el caso comparte varios elementos con la casuística publicada de meduloblastoma de ángulo
pontocerebeloso: predominio en varones jóvenes, necesidad de derivación de LCR por la hidrocefalia
obstructiva secundaria al efecto de masa, resección quirúrgica como primera línea de manejo, estudio
completo del neuroeje para descartar diseminación leptomeníngea según la clasificación de Chang, y
una evolución posquirúrgica favorable cuando la resección es adecuada y no hay enfermedad
metastásica al momento del diagnóstico (8, 9, 10). También coincide con lo reportado en que acertar
con el diagnóstico antes de operar es la excepción, no la regla, en esta localización (14, 15).
Tras el diagnóstico histopatológico es obligado estratificar el grado de diseminación, algo que se hace
con el sistema de clasificación de Chang (Tabla 2), que va de M0 a M4. En este paciente, la resonancia
de neuroeje completo (columna cervical, torácica y lumbosacra) no mostró depósitos metastásicos, por
lo que quedó estadificado como M0, un hallazgo que concuerda con el desenlace clínico favorable que
tuvo tras la resección.

pág. 7569
Tabla 2. Sistema de clasificación de Chang (grado de diseminación)
(Adaptado de, 18)
Relevancia clínica
Este caso deja un mensaje práctico para quien atiende niños en la consulta: una parálisis facial periférica
aislada en un lactante o preescolar, con una neuroimagen inicial normal, no debería cerrar del todo la
posibilidad de una lesión estructural en la fosa posterior, sobre todo si el curso clínico no sigue lo que
se espera de una parálisis de Bell (resolución en días o pocas semanas). En este caso fue la reevaluación
clínica activa y el umbral bajo para repetir la neuroimagen (idealmente con RMN) ante la persistencia o
aparición de nuevos signos neurológicos lo que permitió llegar al diagnóstico antes de que la enfermedad
avanzara a un punto de manejo inviable (6, 11).
CONCLUSIONES
Este caso resalta la importancia de mantener un alto índice de sospecha clínica ante manifestaciones
neurológicas atípicas en la población pediátrica, evitando cerrar de manera prematura el diagnóstico con
impresiones clínicas incorrectas como ocurrió inicialmente en este paciente, manejado como una
parálisis facial periférica idiopática, dado que un desenlace fatal es posible cuando el reconocimiento
del meduloblastoma se retrasa (6, 11). Las ayudas diagnósticas, en especial la resonancia magnética
cerebral con protocolos avanzados (espectroscopia, tractografía y neuronavegación) junto con el estudio
histopatológico definitivo, son herramientas indispensables para confirmar o descartar esta neoplasia
cuando la presentación clínica y radiológica inicial resulta ambigua o simula otras entidades, como
ocurrió en este caso al pensar en schwannoma vestibular (16, 17).

pág. 7570
La disponibilidad oportuna y la correcta interpretación de estos estudios pueden marcar la diferencia
entre un diagnóstico temprano con opción quirúrgica curativa y un desenlace fatal. Más allá del caso
puntual, este reporte pretende sensibilizar al personal de salud que atiende niños sobre la posibilidad de
presentaciones atípicas del meduloblastoma, y sobre la importancia de un manejo multidisciplinario
oportuno entre pediatría, neurocirugía y oncología. Documentar casos como este, aunque sean aislados,
ayuda a ampliar la evidencia disponible en nuestro medio y puede facilitar que futuros pacientes con
cuadros similares sean identificados y tratados a tiempo.
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