pág. 1645
INTERIORIZACIÓN DE LOS ESTEREOTIPOS
DE GÉNERO EN ESTUDIANTES DE UNA
INSTITUCIÓN DE EDUCACIÓN SUPERIOR
INTERNALIZATION OF GENDER STEREOTYPES AMONG
STUDENTS AT A HIGHER EDUCATION INSTITUTION
Milena del Carmen Pavón Remes
Universidad Veracruzana
Abisaí Hernández Santos
Universidad Veracruzana

pág. 1646
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25190
Interiorización de los estereotipos de género en estudiantes de una
Institución de Educación Superior
Milena del Carmen Pavón Remes1
mipavon@uv.mx
https://orcid.org/0000-0001-8360-6160
Universidad Veracruzana
México
Abisaí Hernández Santos
abihernandez@uv.mx
https://orcid.org/0009-0003-6977-2674
Universidad Veracruzana
México
RESUMEN
En el ámbito universitario, los estereotipos de género constituyen representaciones sociales que
condicionan las percepciones sobre las capacidades, comportamientos y roles atribuidos a hombres y
mujeres. El presente estudio tuvo como objetivo identificar el nivel de interiorización de estereotipos de
género en estudiantes de una Institución de Educación Superior, durante el periodo febrero-julio 2026.
Se empleó un enfoque cuantitativo de alcance descriptivo mediante la aplicación de un instrumento
estructurado con 22 ítems de respuesta dicotómica (Sí/No), organizado en seis dimensiones: cuerpo,
comportamiento social, competencias y capacidades, emociones, expresión afectiva y responsabilidad
social. La muestra estuvo conformada por 82 participantes. Los resultados evidencian que, si bien existe
una tendencia general hacia el rechazo de los estereotipos de género, persisten concepciones
estereotipadas en dimensiones específicas, con diferencias observables según el sexo de los
participantes. Estos hallazgos resultan relevantes para el diseño de estrategias institucionales orientadas
a la prevención de la violencia de género y la promoción de una cultura de igualdad al interior de la
institución.
Palabras clave: estereotipos de género, igualdad, percepción, violencia de género, estudiantes,
universidad.
1 Autor principal
Correspondencia: abihernandez@uv.mx

pág. 1647
Internalization of Gender Stereotypes Among Students at a Higher
Education Institution
ABSTRACT
In the university setting, gender stereotypes constitute social representations that condition perceptions
of the abilities, behaviors, and roles attributed to men and women. This study aimed to identify the level
of internalization of gender stereotypes among students at a Higher Education Institution during the
period of February–July 2026. A quantitative, descriptive approach was used, employing a structured
instrument with 22 dichotomous (Yes/No) response items, organized into six dimensions: body, social
behavior, skills and abilities, emotions, affective expression, and social responsibility. The sample
consisted of 82 participants. The results show that, while there is a general trend toward rejecting gender
stereotypes, stereotypical conceptions persist in specific dimensions, with observable differences
according to the participants' sex. These findings are relevant for the design of institutional strategies
aimed at preventing gender-based violence and promoting a culture of equality within the institution.
Keywords: gender stereotypes, equality, perception, gender violence, students, university.
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

pág. 1648
INTRODUCCIÓN
Los estereotipos de género son construcciones sociales y culturales que asignan atributos, roles y
expectativas diferenciadas a hombres y mujeres en función de su sexo biológico. Estas representaciones,
profundamente arraigadas en los sistemas de valores de las sociedades, no solo condicionan las
interacciones cotidianas, sino que también estructuran las oportunidades educativas, laborales y sociales
de las personas desde edades tempranas (Ferragut et al., 2021). En el contexto universitario, su presencia
resulta particularmente relevante, dado que la educación superior constituye un espacio de formación
de identidades profesionales y ciudadanas donde dichos estereotipos pueden reproducirse o, por el
contrario, cuestionarse y transformarse.
La investigación sobre estereotipos de género en entornos educativos ha documentado de
manera consistente que las creencias estereotipadas influyen en la elección de carreras, el rendimiento
académico percibido y las expectativas que tanto docentes como estudiantes proyectan sobre sí mismos
y sobre los demás (Sáinz et al., 2022). En particular, los estereotipos asociados a las competencias
cognitivas y técnicas han mostrado tener un efecto significativo en la autoeficacia de las mujeres en
áreas científicas y tecnológicas, lo que contribuye a perpetuar la subrepresentación femenina en
disciplinas como las ingenierías, las ciencias exactas y las matemáticas (González-Pérez et al., 2020).
Esta realidad adquiere especial relevancia en facultades de perfil científico-técnico, donde la
distribución por género entre el estudiantado refleja con frecuencia patrones históricos de segregación
educativa.
Desde una perspectiva teórica, el estudio de los estereotipos de género se ha sustentado en
diversas corrientes del pensamiento social y psicológico. La teoría del rol social plantea que las
diferencias observadas en el comportamiento de hombres y mujeres no responden a características
innatas, sino a las expectativas normativas que la sociedad impone en función del género (Eagly y Wood,
2022). Complementariamente, investigaciones recientes han profundizado en la manera en que los
individuos internalizan categorías cognitivas asociadas a lo masculino y lo femenino, utilizándolas como
filtros para interpretar la realidad social y orientar sus propias conductas y decisiones (Starr, 2021).
Ambas perspectivas coinciden en señalar que los estereotipos de género no son percepciones neutrales,

pág. 1649
sino dispositivos ideológicos con efectos concretos sobre la conducta, las aspiraciones y las relaciones
interpersonales.
En el ámbito latinoamericano y mexicano, diversas investigaciones han evidenciado la
persistencia de estereotipos de género en la población universitaria. La construcción cultural del género
en México ha estado históricamente atravesada por un sistema de valores que asigna a las mujeres roles
vinculados al cuidado, la afectividad y el espacio doméstico, mientras reserva para los hombres los
atributos asociados a la racionalidad, la fuerza y el liderazgo (Bustos-Romero & Blázquez-Graf, 2020).
Esta distribución simbólica de roles no solo opera en el imaginario colectivo de la sociedad en general,
sino que se reproduce activamente en los espacios educativos, incluso entre jóvenes con acceso a
formación superior. Estudios realizados en universidades públicas mexicanas han encontrado que, a
pesar de los avances en materia de políticas de igualdad, los estereotipos relacionados con las
competencias, las emociones y la responsabilidad social siguen presentes de forma significativa en el
estudiantado (Flores-Hernández et al., 2021).
A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la Cultura ha señalado que los estereotipos de género en la educación representan uno de los principales
obstáculos para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, toda vez que condicionan las trayectorias
formativas y profesionales desde etapas tempranas del desarrollo (UNESCO, 2020). Por su parte,
investigaciones con población universitaria han encontrado que los hombres tienden a mostrar mayor
adhesión a estereotipos tradicionales de género que las mujeres, particularmente en las dimensiones
relacionadas con la expresión emocional, la competitividad y los roles de cuidado, hallazgo que ha sido
replicado en distintos contextos culturales con resultados consistentes (Plopa et al., 2020).
Las consecuencias de la interiorización de estereotipos de género en el ámbito universitario
trascienden el plano individual. A nivel institucional, su reproducción sostenida puede derivar en
ambientes que favorecen la discriminación, el acoso y diversas formas de violencia de género,
fenómenos que han sido documentados con creciente preocupación en las universidades mexicanas
(Valls et al., 2021; Murillo & Román, 2020). En este sentido, identificar el grado en que los estereotipos
de género se encuentran interiorizados en la comunidad estudiantil resulta un paso metodológico
indispensable para el diseño de estrategias de prevención e intervención institucional eficaces.

pág. 1650
Frente a este panorama, el presente estudio se propone identificar la caracterización de los
estereotipos de género interiorizados por estudiantes de una Institución de Educación Superior durante
el periodo febrero-julio 2026, con el fin de aportar información empírica que contribuya al desarrollo
de acciones institucionales orientadas a la detección, prevención y atención de manifestaciones de
violencia de género al interior de la institución (Rocha-Sánchez & Ramírez-Rodríguez, 2023).
METODOLOGÍA
Planteamiento del problema
Los estereotipos de género representan un conjunto de creencias, expectativas y percepciones
socialmente construidas acerca de las características, capacidades y comportamientos que
tradicionalmente se consideran propios de hombres y mujeres. Estas ideas se transmiten de generación
en generación mediante la familia, la escuela, los medios de comunicación y otros espacios de
socialización, llegando a influir de manera significativa en la forma en que las personas se relacionan,
toman decisiones y valoran las capacidades de los demás. Aunque en las últimas décadas se han logrado
avances importantes en materia de igualdad de género, diversos estudios muestran que estos estereotipos
continúan presentes en distintos ámbitos de la sociedad, incluyendo las instituciones de educación
superior (Sáinz et al., 2022).
En el contexto universitario, los estereotipos de género no solo condicionan las expectativas
sobre el desempeño académico de mujeres y hombres, sino que también influyen en la elección de
carreras, en las oportunidades de participación, en el acceso a espacios de liderazgo y en las relaciones
interpersonales que se establecen dentro de la comunidad estudiantil. De manera particular, las carreras
pertenecientes a las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) continúan
enfrentando desafíos relacionados con la persistencia de ideas tradicionales sobre los roles de género,
las cuales pueden limitar el desarrollo pleno de las y los estudiantes y favorecer ambientes de
desigualdad (UNESCO, 2024).
La permanencia de estos estereotipos también contribuye a la reproducción de prácticas
discriminatorias y de diversas manifestaciones de violencia de género. En muchas ocasiones, estas
conductas se presentan de forma sutil mediante comentarios, bromas, prejuicios o actitudes que parecen
normalizadas dentro de la convivencia cotidiana, pero que afectan el sentido de pertenencia, la

pág. 1651
autoestima y las oportunidades de desarrollo académico de quienes las experimentan. Incluso en
instituciones que cuentan con políticas de igualdad, protocolos de atención y programas de
sensibilización, diversos estudios evidencian que una parte importante del estudiantado continúa
reproduciendo creencias estereotipadas sobre las capacidades y funciones sociales de mujeres y hombres
(Flores-Hernández et al., 2021; Sáinz et al., 2022).
Asimismo, investigaciones recientes señalan que la sola implementación de políticas
institucionales no garantiza la transformación de las percepciones y actitudes de la comunidad
universitaria. Para diseñar estrategias preventivas verdaderamente eficaces resulta indispensable
conocer cómo perciben los propios estudiantes las relaciones de género y qué tan arraigados permanecen
los estereotipos en su vida cotidiana. Este tipo de información permite identificar áreas de oportunidad
para fortalecer la formación en igualdad, promover relaciones respetuosas y contribuir a la construcción
de espacios educativos más inclusivos y libres de discriminación (UNESCO, 2024).
En este contexto, la institución de educación superior donde se desarrolló la presente
investigación no cuenta con evidencia empírica reciente que permita conocer el nivel de interiorización
de los estereotipos de género entre su población estudiantil. Esta ausencia de información limita la
posibilidad de fundamentar, con base en datos, el diseño de programas de sensibilización, prevención y
atención dirigidos a las necesidades específicas de este grupo, así como la evaluación de las acciones
institucionales encaminadas a fortalecer la igualdad y la cultura de respeto dentro del entorno
universitario.
Derivado de lo anterior, surge la necesidad de analizar las percepciones y creencias que
mantienen los estudiantes respecto a los roles tradicionales de género y determinar en qué medida estos
estereotipos continúan presentes en su contexto académico. El conocimiento generado permitirá aportar
evidencia útil para el diseño de estrategias institucionales orientadas a promover relaciones igualitarias,
prevenir conductas discriminatorias y fortalecer una cultura universitaria basada en el respeto, la equidad
y la inclusión.
Con base en este planteamiento, la presente investigación formula la siguiente pregunta de
investigación:

pág. 1652
¿Cómo se caracterizan los estereotipos de género entre los estudiantes de una Institución de Educación
Superior?
Objetivo general
Describir la caracterización de los estereotipos de género en los estudiantes de una Institución de
Educación Superior.
Objetivos específicos
• Describir las percepciones de los estudiantes sobre el cuerpo.
• Describir los comportamientos sociales presentes entre los estudiantes de una Institución de
Educación Superior
• Describir las competencias y capacidades que se diferencian entre los estudiantes.
• Describir las diversas relaciones emocionales que se generan entre los estudiantes.
• Describir las expresiones afectivas que se manifiestan entre los estudiantes.Describir el
comportamiento por parte de los estudiantes en cuanto a la responsabilidad social.
Hipótesis
No existe diferencia en la caracterización de los estereotipos de género entre los estudiantes de una
Institución de Educación Superior del periodo febrero-julio 2026.
Población y muestra
La población de referencia estuvo conformada por estudiantes activos de la Institución de Educación
Superior, durante el periodo febrero-julio 2026.
El muestreo empleado fue de tipo no probabilístico por conveniencia, dado que la participación
fue voluntaria y se llevó a cabo mediante la aplicación de un formulario digital disponible para los
estudiantes durante el periodo de levantamiento de datos. La muestra final, una vez aplicados los
criterios de inclusión y exclusión, quedó conformada por 82 participantes, distribuidos de la siguiente
manera:
• Por sexo: 39 hombres (47.96) y 43 mujeres (52.4%).
• Por semestre: segundo semestre, 9 estudiantes (11.0%); cuarto semestre, 44 estudiantes
(53.7%); quinto semestre, 1 estudiante (1.2%); sexto semestre, 14 estudiantes (17.1%); séptimo

pág. 1653
semestre, 2 estudiantes (2.4%); octavo semestre, 8 estudiantes (9.8%); noveno semestre, 2
estudiantes (2.4%); décimo semestre, 1 estudiante (1.2%); y 1 docente (1.2%).
• Por edad: los participantes presentaron edades comprendidas entre 18 y 53 años, registrándose
una edad promedio de 21.13 años.
Los criterios de inclusión fueron: ser estudiante activo de la Institución de Educación Superior
durante el periodo señalado y haber respondido de manera completa el instrumento aplicado.
Instrumento
El cuestionario aplicado fue elaborado por las doctoras Pilar Colás Bravo y Patricia Villaciervos Moreno
en 1999, forma parte de la línea de investigación Género y Educación aplicado en el estudio intitulado
"La interiorización de los estereotipos de género en jóvenes y adolescentes”, Evaluación y Tecnología
Educativa de la Universidad de Sevilla. Este estuvo compuesto por dos secciones: la primera
correspondió a los datos sociodemográficos del participante (sexo, edad, programa educativo y
semestre); la segunda estuvo integrada por 22 ítems de respuesta dicotómica (Sí/No), organizados en
seis dimensiones teóricas:
• Dimensión A. Cuerpo: evalúa creencias estereotipadas relacionadas con la apariencia física, el
cuidado del cuerpo y los estándares de belleza atribuidos a cada género (3 ítems).
• Dimensión B. Comportamiento social: explora percepciones sobre las formas de relacionarse,
comportarse en público y actuar socialmente en función del género (2 ítems).
• Dimensión C. Competencias y capacidades: indaga sobre creencias relativas a las habilidades
intelectuales, técnicas y profesionales diferenciadas por género (6 ítems).
• Dimensión D. Emociones: examina estereotipos vinculados a la expresión, gestión y legitimidad de
las emociones según el género (4 ítems).
• Dimensión E. Expresión afectiva: aborda percepciones sobre las formas de manifestar afecto, cariño
y vínculos emocionales en relación con el género (5 ítems).
• Dimensión F. Responsabilidad social: evalúa creencias sobre los roles de cuidado, trabajo doméstico
y responsabilidad familiar atribuidos a hombres y mujeres (2 ítems).

pág. 1654
El instrumento fue aplicado de manera digital a través de Google Forms durante el mes de mayo
de 2026. La respuesta afirmativa (Sí) a cada ítem fue interpretada como indicador de la presencia del
estereotipo de género evaluado, mientras que la respuesta negativa (No) se consideró indicador de su
ausencia o rechazo.
Figura 1
Cuerpo
Nota. Elaboración propia (2026)
Esta Figura 1 se presenta el resultado de uno de los dominios de mayor relevancia en el estudio
de los estereotipos de género: las creencias sobre las aptitudes, habilidades y rendimiento académico
diferenciado por sexo. Se presentaron seis afirmaciones que exploran distintos ámbitos tareas técnicas
y organizativas, rendimiento en carreras universitarias y en formación profesional con el objetivo de
identificar en qué medida los participantes reproducen o rechazan sesgos cognitivos sobre las
capacidades intelectuales y laborales de hombres y mujeres.
En lo relativo a las tareas técnicas y mecánicas, el 37.8% de los participantes considera que los
hombres están más capacitados que las mujeres para desempeñarlas, frente al 62.2% que lo rechaza. En
sentido complementario, el 40.2% afirma que las mujeres están más capacitadas que los hombres para
las tareas organizativas y cooperativas, mientras que el 59.8% lo niega. Ambos porcentajes de
afirmación son considerables: en torno al 38-40% de la muestra sostiene una visión diferenciada y
jerarquizada de las competencias de hombres y mujeres según tipo de tarea, lo que sugiere la persistencia
de una división sexual cognitiva del trabajo en el imaginario colectivo.
El atractivo masculino (de los
niños y hombres) esta en un
cuerpo fuerte, robusto y
vigoroso.
El atractivo femenino está en un
cuerpo delicado frágil y ligero.
Las mujeres deben ocuparse más
que los hombres de su apariencia
y belleza.
SI 34,10% 30,50% 17,10%
NO 65,90% 69,50% 82,90%
34,10% 30,50% 17,10%
65,90% 69,50% 82,90%
CUERPO
SI NO

pág. 1655
Los ítems referidos al rendimiento académico universitario presentan los niveles de rechazo más
elevados de esta categoría: el 74.4% de los participantes rechaza que las chicas rindan mejor en carreras
de letras y humanidades, y en igual proporción rechaza que los chicos rindan mejor en carreras
científico-técnicas. No obstante, el 25.6% que sí apoya estos estereotipos sigue representando a una
cuarta parte de la muestra, lo cual no es irrelevante dado que dichas creencias pueden influir en las
expectativas docentes, en el autoconcepto académico de los estudiantes y, en última instancia, en las
decisiones vocacionales de jóvenes que interiorizan estos mensajes.
En el ámbito de la formación profesional, los porcentajes de acuerdo son algo mayores: el 37.8%
cree que las chicas son mejores en especialidades de cuidados personales y servicios sociales, y el 39.0%
opina que los chicos destacan en informática, electrónica e industria. Estos datos reproducen la
segregación horizontal del mercado laboral, en la que las mujeres quedan asociadas a trabajos de
cuidado, y los hombres a sectores tecnológicos e industriales. El hecho de que aproximadamente cuatro
de cada diez participantes respalden estas afirmaciones en el contexto de la formación profesional es
especialmente preocupante, ya que esta etapa educativa tiene una incidencia directa sobre la inserción
laboral temprana.
Figura 2
Competencias y capacidades
Nota. Elaboración propia (2026)
Los hombres están
más capacitados
que las mujeres
para desempeñar
tareas técnicas y
mecánicas.
Las mujeres están
más capacitadas que
los hombres para
desempeñar tareas
organizativas y
cooperativas.
El rendimiento de
las chicas es mejor
en carreras de
letras, humanidades
y ciencias sociales
(filosofía,
magisterio,
psicología,
pedagogía, trabajo
social, historia, etc.)
El rendimiento de
los chicos es mejor
en carreras
científico-técnico
(ingenierías, física,
química,
matemáticas, etc.)
En la formación
profesional las
chicas son mejores
en especialidades
relacionadas con
cuidados personales
y servicios sociales
(jardín de infancia,
auxiliar de geriatría,
peluquería, etc.)
En la formación
profesional los
chicos son mejores
en especialidades
relacionadas con la
informática, la
electrónica, la
industria y la
construcción.
SI 37,80% 40,20% 25,60% 25,60% 37,80% 39,00%
NO 62,20% 59,80% 74,40% 74,40% 62,20% 61,00%
37,80% 40,20%
25,60% 25,60%
37,80% 39,00%
62,20% 59,80%
74,40% 74,40%
62,20% 61,00%
COMPETENCIAS Y CAPACIDADES
SI NO

pág. 1656
En la Figura 2 se analizan las representaciones de los participantes sobre la gestión emocional,
la expresión de los sentimientos y la resolución de conflictos en función del género. Se evaluaron cuatro
afirmaciones que dan cuenta de los mandatos sociales que regulan cómo deben sentir y actuar hombres
y mujeres ante experiencias emocionales adversas.
El resultado más destacado y con mayor nivel de rechazo de todo el instrumento se produce en
esta gráfica: el 90.2% de los participantes no considera ridículo que los hombres lloren o expresen sus
sentimientos en público, y solo el 9.8% afirma dicha creencia. Este hallazgo es sumamente relevante
porque apunta a una transformación cultural significativa en las representaciones sobre la masculinidad:
la norma del estoicismo emocional masculino históricamente uno de los pilares del modelo de género
hegemónico aparece cuestionada de manera abrumadora entre los encuestados. Esta apertura hacia la
expresión emocional masculina es un indicador positivo en términos de salud mental, ya que la represión
emocional en hombres se ha asociado consistentemente con mayores niveles de alexitimia, violencia y
dificultades en la construcción de vínculos afectivos.
Sin embargo, coexisten con este resultado creencias que mantienen una lectura diferenciada del
mundo emocional según el género. El 56.1% de los participantes está de acuerdo con que, si una chica
se siente herida, lo normal es que llore, frente al 43.9% que lo rechaza. Esta creencia, aunque no implica
necesariamente una valoración negativa de la expresión emocional femenina, naturaliza el llanto como
respuesta prototípica de las mujeres al dolor, lo que puede contribuir a la consolidación de una imagen
de la feminidad como intrínsecamente más vulnerable o menos capaz de contener el malestar.
En cuanto a la resolución de conflictos, el 43.9% de los encuestados afirma que los hombres
resuelven los conflictos normalmente utilizando la fuerza física, mientras que el 56.1% lo niega.
Paralelamente, el 56.1% considera que las mujeres tienden a resolver los conflictos mediante el diálogo,
frente al 43.9% que lo rechaza. La combinación de ambos resultados revela una percepción dicotómica
y estereotipada sobre los mecanismos de resolución de conflictos: violencia para los hombres, palabras
para las mujeres. Esta dicotomía no solo es empíricamente cuestionable la violencia no es un rasgo
inherente a la masculinidad, ni el diálogo una disposición exclusiva de la feminidad, sino que además
tiene implicaciones normativas que pueden perpetuar la tolerancia social hacia la violencia masculina y
la invisibilización de las formas de agresión verbal o relacional asociadas al género femenino.

pág. 1657
Figura 3
Emociones
Nota. Elaboración propia (2026)
La Figura 3 ilustra el resultado de las percepciones sobre la expresión pública del afecto entre
personas del mismo género, así como en las disposiciones relacionales atribuidas diferencialmente a
hombres y mujeres. Los cinco ítems analizados permiten identificar hasta qué punto los participantes
avalan o rechazan la existencia de normas restrictivas que regulan el contacto físico afectivo entre
hombres, y en qué medida atribuyen esencialmente a las mujeres capacidades emocionales como la
empatía, la capacidad de consolar o la predisposición al amor.
El resultado con mayor nivel de rechazo en esta gráfica corresponde a la afirmación que prohíbe
implícitamente a los hombres abrazarse o besarse con sus amigos para demostrar cariño: el 80.5% de
los participantes la rechaza y solo el 19.5% la respalda. En consonancia con el hallazgo de la gráfica
anterior sobre la expresión emocional masculina, este dato reafirma una apertura significativa hacia la
despenalización del afecto físico entre hombres, lo cual representa un avance notable en la
deconstrucción de la masculinidad hegemónica, que históricamente ha regulado y sancionado las
muestras públicas de afecto entre varones bajo la amenaza del cuestionamiento de la identidad sexual.
Con un porcentaje algo menor de rechazo, el 63.4% de los participantes también niega que
tomarse de la mano sea una conducta exclusiva del universo femenino. Sin embargo, el 36.6% que la
apoya indica que este tipo de contacto físico sigue siendo percibido como una práctica marcada por el
género para una parte relevante de la muestra.
Es ridículo que los
hombres lloren o
expresen sus sentimientos
en público.
Si una chica se siente
herida lo normal es que
llore
Los hombres resuelven
los conflictos
normalmente utilizando
la fuerza física
Las mujeres resuelven los
conflictos normalmente
utilizando el diálogo
SI 9,80% 56,10% 43,90% 56,10%
NO 90,20% 43,90% 56,10% 43,90%
9,80%
56,10% 43,90% 56,10%
90,20%
43,90% 56,10% 43,90%
EMOCIONES
SI NO

pág. 1658
Los ítems relativos a atributos relacionales femeninos presentan resultados más equilibrados y,
en algunos casos, con mayor adhesión estereotipada. El 57.3% de los participantes afirma que los
hombres son más propensos a actitudes competitivas el porcentaje más alto de acuerdo de esta gráfica,
mientras que el 42.7% lo rechaza. Este resultado refleja la robustez del estereotipo que asocia la
masculinidad con la competitividad como rasgo de carácter casi definitorio, un atributo que la psicología
social ha vinculado a la identidad de género masculina en numerosas culturas.
Por su parte, el 45.1% considera que las mujeres tienen una predisposición natural al amor,
frente al 54.9% que rechaza esta esencialización. Y el 41.5% cree que una mujer es más capaz de
consolar a alguien que está triste, versus el 58.5% que no lo afirma. Estos dos ítems revelan una
tendencia a naturalizar la empatía y la capacidad afectiva como rasgos intrínsecos de la feminidad, lo
cual, aunque puede parecer una valoración positiva de las mujeres, en realidad reproduce un
esencialismo de género que limita la subjetividad femenina al terreno del cuidado emocional y des
responsabiliza a los hombres de la dimensión afectiva de sus relaciones.
Figura 4
Expresión afectiva
Nota. Elaboración propia (2026)
La Figura 4 muestra los estereotipos vinculados a los roles de género en el ámbito de la
responsabilidad social, económica y doméstica. Se presentaron dos afirmaciones que corresponden a los
Las mujeres pueden
abrazarse o besarse
con sus amigas para
demostrar su
cariño, pero los
hombres no.
Las mujeres pueden
tomarse de la mano
con sus amigas,
pero los hombres
no
Si alguien esta triste
una mujer es más
capaz de consolarlo
Los hombres son
más propensos a
actitudes
competitivas
Las mujeres tienen
una predisposición
natural al amor
SI 19,50% 36,60% 41,50% 57,30% 45,10%
NO 80,50% 63,40% 58,50% 42,70% 54,90%
19,50%
36,60% 41,50%
57,30% 45,10%
80,50%
63,40% 58,50%
42,70% 54,90%
EXPRESION AFECTIVA
SI NO

pág. 1659
pilares del modelo tradicional de familia patriarcal: la asignación del rol proveedor al hombre y del rol
cuidador del hogar a la mujer.
Los resultados muestran una asimetría muy marcada entre ambos ítems. En lo que respecta al
cuidado doméstico, el 90.2% de los participantes rechaza que las mujeres sean las únicas responsables
del hogar, frente al 9.8% que lo afirma. Este porcentaje de rechazo es uno de los más altos de todo el
instrumento, equiparable al registrado ante la prohibición del llanto masculino en la gráfica anterior, lo
que indica que la exclusividad femenina en las tareas domésticas es una de las normas de género con
menor adhesión entre los encuestados. Este hallazgo es consistente con las transformaciones culturales
ocurridas en las últimas décadas en torno a la corresponsabilidad doméstica, aunque cabe preguntarse si
el rechazo discursivo de este estereotipo se corresponde con prácticas cotidianas efectivamente
igualitarias.
Sin embargo, el resultado relativo al rol proveedor masculino presenta una distribución más
equilibrada y, en comparación, mayor adhesión: el 42.7% de los participantes considera que los hombres
son los responsables de mantener económicamente a sus familias, mientras que el 57.3% lo rechaza. La
diferencia de más de treinta puntos porcentuales entre la adhesión a ambos estereotipos 9.8% para el rol
doméstico femenino exclusivo frente a 42.7% para el rol proveedor masculino es especialmente
significativa y reveladora.
Esta asimetría sugiere que la transformación del modelo tradicional de género en el ámbito de
la responsabilidad social no avanza de manera simétrica: la idea de que la mujer es la única responsable
del hogar ha sido ampliamente cuestionada, pero la concepción del hombre como principal o único
sostén económico de la familia conserva una adherencia notable entre los participantes. Este
desequilibrio refleja lo que algunos autores han denominado un feminismo selectivo o incompleto, en
el que se avanza hacia la incorporación de las mujeres al ámbito público, pero no necesariamente hacia
la incorporación equitativa de los hombres al ámbito privado y reproductivo.
Desde una perspectiva sociológica, estos datos tienen implicaciones directas sobre la
comprensión de la persistencia de la brecha salarial de género, la división sexual del trabajo no
remunerado y las dificultades para alcanzar una corresponsabilidad efectiva en el seno de las familias.
La deconstrucción del mandato del proveedor masculino resulta indispensable para avanzar hacia

pág. 1660
modelos relacionales y familiares más igualitarios, y los datos de esta gráfica indican que dicho proceso
está aún lejos de completarse.
Figura 5
Responsabilidad social
Nota. Elaboración propia (2026).
La Figura 5 muestra opiniones sobre dos ideas relacionadas con los estereotipos de género: la creencia
de que los hombres deben ser los proveedores económicos y la idea de que las mujeres deben encargarse
del hogar.
En el primer caso, 42.7% de las personas está de acuerdo con que los hombres son responsables de
mantener económicamente a sus familias, mientras que 57.3% no está de acuerdo. Esto refleja que el
estereotipo del hombre como “jefe de familia” o proveedor principal todavía tiene presencia en una parte
considerable de la sociedad. Sin embargo, como la mayoría respondió que no, también se observa un
cambio en la forma de pensar: muchas personas ya reconocen que la responsabilidad económica no debe
recaer únicamente en los hombres, sino que puede compartirse entre ambos integrantes de una familia
o adaptarse a cada situación.
En el segundo caso, la diferencia es mucho más marcada. Solo 9.8% considera que las mujeres son
las únicas responsables del cuidado del hogar, mientras que 90.2% rechaza esa idea. Esto indica que
existe una mayor conciencia sobre la importancia de repartir las tareas domésticas y de cuidado. La
mayoría de las personas parece entender que el hogar no es una obligación exclusiva de las mujeres,
sino una responsabilidad compartida.
Los hombres son los responsables de
mantener económicamente a sus familias
La mujeres son las únicas responsables del
cuidado del hogar.
SI 42,70% 9,80%
NO 57,30% 90,20%
42,70%
9,80%
57,30%
90,20%
RESPONSABILIDAD SOCIAL
SI NO

pág. 1661
Comparando ambos resultados, se puede decir que el estereotipo relacionado con las mujeres y el hogar
está siendo rechazado con más fuerza que el estereotipo del hombre proveedor. Esto puede significar
que la sociedad ha avanzado más en reconocer que las mujeres no deben limitarse al trabajo doméstico,
pero todavía conserva cierta expectativa de que los hombres deben sostener económicamente a la
familia.
En general, la Figura 5 evidencia una transición social: las personas empiezan a cuestionar los roles
tradicionales de género, aunque algunos siguen presentes. El resultado más importante es que la mayoría
rechaza la idea de asignar responsabilidades familiares solo por ser hombre o mujer. Esto apunta hacia
una visión más igualitaria, donde tanto el trabajo económico como el cuidado del hogar pueden ser
compartidos de manera justa.
RESULTADOS
La presente investigación permite concluir que los estudiantes de una Institución de Educación Superior,
atraviesan un proceso de transición ideológica en torno a los estereotipos de género. Dicho proceso no
puede entenderse como un cambio total, lineal o plenamente consolidado, sino como una transformación
parcial, compleja y, en varios sentidos, contradictoria. Los hallazgos obtenidos muestran que existe una
apertura significativa hacia los principios de igualdad entre mujeres y hombres, especialmente en
aquellos aspectos más visibles y ampliamente discutidos del sistema patriarcal tradicional.
En este sentido, puede afirmarse que los esfuerzos institucionales, junto con los cambios
culturales ocurridos durante la última década, han contribuido a fortalecer un discurso formal de
igualdad dentro de la comunidad estudiantil. La mayoría del estudiantado reconoce que las mujeres no
deben ser relegadas al espacio doméstico, que no existen diferencias naturales que limiten la capacidad
intelectual, técnica o profesional de una persona según su sexo, y que los estándares de belleza impuestos
socialmente pueden resultar opresivos. Estos avances evidencian una mayor conciencia crítica frente a
expresiones tradicionales de desigualdad que, durante mucho tiempo, fueron normalizadas.
No obstante, la conclusión central de este estudio es que la transformación de las
representaciones sociales de género no ocurre de manera uniforme. Aunque en el plano discursivo existe
una aceptación amplia de la igualdad, en las prácticas cotidianas, en las expectativas emocionales y en
ciertas conductas de socialización persisten resistencias importantes. Es decir, el estudiantado puede

pág. 1662
rechazar abiertamente ideas discriminatorias evidentes, pero al mismo tiempo conservar creencias más
sutiles que continúan reproduciendo desigualdades entre hombres y mujeres.
Los datos permiten identificar la permanencia de núcleos duros asociados a la masculinidad
hegemónica y a la feminidad normativa. Entre ellos se encuentran la exigencia de discreción, recato o
moderación dirigida principalmente hacia las mujeres; la normalización de la fuerza física como una
característica esperada en los hombres; la restricción del contacto físico o afectivo entre varones por
temor a cuestionamientos sobre su masculinidad; y la idea de que el hombre debe asumir de manera
principal o exclusiva la responsabilidad económica del hogar. Estos elementos demuestran que las
estructuras simbólicas tradicionales siguen operando, aunque muchas veces lo hagan de forma menos
visible.
Esta contradicción tiene implicaciones importantes para el entorno universitario. La universidad
no solo es un espacio de formación académica, sino también un lugar donde se construyen identidades
profesionales, relaciones sociales, proyectos de vida y formas de ciudadanía. Por ello, la permanencia
de sesgos de género puede influir en la manera en que las y los estudiantes se perciben a sí mismos,
eligen una carrera, participan en ciertos espacios o asumen determinadas responsabilidades. Cuando
determinadas ingenierías, oficios o actividades siguen asociándose culturalmente con un sexo
específico, se generan mecanismos silenciosos de segregación vocacional y exclusión.
Asimismo, la persistencia de estereotipos en el ámbito emocional y relacional puede contribuir
a mantener condiciones de desigualdad dentro del campus. La dificultad para expresar afecto entre
hombres, la presión sobre las mujeres para comportarse de determinada manera o la justificación de
ciertas conductas agresivas como parte de la “naturaleza masculina” son expresiones que pueden
favorecer ambientes de discriminación, tensión o violencia simbólica. Aunque estas prácticas no siempre
sean reconocidas como problemáticas, forman parte de una cultura que limita la libertad de las personas
para desarrollarse plenamente.
En definitiva, el estudiante ha incorporado de manera importante el discurso de la igualdad de
género en el plano de los derechos, las oportunidades y la participación social. Sin embargo, aún
reproduce esquemas tradicionales en el terreno de las interacciones cotidianas, las normas emocionales
y las expectativas sociales asignadas a mujeres y hombres. Esto configura un escenario en el que

pág. 1663
conviven ideas modernas con prácticas heredadas, avances significativos con resistencias culturales, y
discursos igualitarios con formas sutiles de desigualdad.
Por lo tanto, resulta necesario que las acciones institucionales no se limiten únicamente a
promover la igualdad como principio general, sino que profundicen en aquellas dimensiones donde los
estereotipos permanecen más arraigados. Es fundamental impulsar espacios de reflexión crítica, diálogo
y formación que permitan cuestionar las formas cotidianas en que se reproduce el género, especialmente
aquellas que parecen naturales o inofensivas. Solo así será posible avanzar hacia una comunidad
universitaria más equitativa, libre de prejuicios y capaz de construir relaciones basadas en el respeto, la
corresponsabilidad y la dignidad de todas las personas.
CONCLUSIÓN
La presente investigación permite concluir que los estudiantes de una Institución de Educación Superior,
atraviesan un proceso de transición ideológica en torno a los estereotipos de género. Dicho proceso no
puede entenderse como un cambio total, lineal o plenamente consolidado, sino como una transformación
parcial, compleja y, en varios sentidos, contradictoria. Los hallazgos obtenidos muestran que existe una
apertura significativa hacia los principios de igualdad entre mujeres y hombres, especialmente en
aquellos aspectos más visibles y ampliamente discutidos del sistema patriarcal tradicional.
En este sentido, puede afirmarse que los esfuerzos institucionales, junto con los cambios
culturales ocurridos durante la última década, han contribuido a fortalecer un discurso formal de
igualdad dentro de la comunidad estudiantil. La mayoría del estudiantado reconoce que las mujeres no
deben ser relegadas al espacio doméstico, que no existen diferencias naturales que limiten la capacidad
intelectual, técnica o profesional de una persona según su sexo, y que los estándares de belleza impuestos
socialmente pueden resultar opresivos. Estos avances evidencian una mayor conciencia crítica frente a
expresiones tradicionales de desigualdad que, durante mucho tiempo, fueron normalizadas.
No obstante, la conclusión central de este estudio es que la transformación de las
representaciones sociales de género no ocurre de manera uniforme. Aunque en el plano discursivo existe
una aceptación amplia de la igualdad, en las prácticas cotidianas, en las expectativas emocionales y en
ciertas conductas de socialización persisten resistencias importantes. Es decir, el estudiantado puede

pág. 1664
rechazar abiertamente ideas discriminatorias evidentes, pero al mismo tiempo conservar creencias más
sutiles que continúan reproduciendo desigualdades entre hombres y mujeres.
Los datos permiten identificar la permanencia de núcleos duros asociados a la masculinidad
hegemónica y a la feminidad normativa. Entre ellos se encuentran la exigencia de discreción, recato o
moderación dirigida principalmente hacia las mujeres; la normalización de la fuerza física como una
característica esperada en los hombres; la restricción del contacto físico o afectivo entre varones por
temor a cuestionamientos sobre su masculinidad; y la idea de que el hombre debe asumir de manera
principal o exclusiva la responsabilidad económica del hogar. Estos elementos demuestran que las
estructuras simbólicas tradicionales siguen operando, aunque muchas veces lo hagan de forma menos
visible.
Esta contradicción tiene implicaciones importantes para el entorno universitario. La universidad
no solo es un espacio de formación académica, sino también un lugar donde se construyen identidades
profesionales, relaciones sociales, proyectos de vida y formas de ciudadanía. Por ello, la permanencia
de sesgos de género puede influir en la manera en que las y los estudiantes se perciben a sí mismos,
eligen una carrera, participan en ciertos espacios o asumen determinadas responsabilidades. Cuando
determinadas ingenierías, oficios o actividades siguen asociándose culturalmente con un sexo
específico, se generan mecanismos silenciosos de segregación vocacional y exclusión.
Asimismo, la persistencia de estereotipos en el ámbito emocional y relacional puede contribuir
a mantener condiciones de desigualdad dentro del campus. La dificultad para expresar afecto entre
hombres, la presión sobre las mujeres para comportarse de determinada manera o la justificación de
ciertas conductas agresivas como parte de la “naturaleza masculina” son expresiones que pueden
favorecer ambientes de discriminación, tensión o violencia simbólica. Aunque estas prácticas no siempre
sean reconocidas como problemáticas, forman parte de una cultura que limita la libertad de las personas
para desarrollarse plenamente.
En definitiva, el estudiante ha incorporado de manera importante el discurso de la igualdad de
género en el plano de los derechos, las oportunidades y la participación social. Sin embargo, aún
reproduce esquemas tradicionales en el terreno de las interacciones cotidianas, las normas emocionales
y las expectativas sociales asignadas a mujeres y hombres. Esto configura un escenario en el que

pág. 1665
conviven ideas modernas con prácticas heredadas, avances significativos con resistencias culturales, y
discursos igualitarios con formas sutiles de desigualdad.
Por lo tanto, resulta necesario que las acciones institucionales no se limiten únicamente a
promover la igualdad como principio general, sino que profundicen en aquellas dimensiones donde los
estereotipos permanecen más arraigados. Es fundamental impulsar espacios de reflexión crítica, diálogo
y formación que permitan cuestionar las formas cotidianas en que se reproduce el género, especialmente
aquellas que parecen naturales o inofensivas. Solo así será posible avanzar hacia una comunidad
universitaria más equitativa, libre de prejuicios y capaz de construir relaciones basadas en el respeto, la
corresponsabilidad y la dignidad de todas las personas.
Recomendaciones
• Transversalización de la perspectiva de género en la formación científico-técnica: Se deben
diseñar e incorporar de manera obligatoria módulos de aprendizaje de perspectiva de género y
ética profesional dentro de las Experiencias Educativas troncales del área de ciencias exactas e
ingenierías (como Probabilidad y Estadística e Introducción a la Ingeniería), implementando
análisis de casos históricos y biografías de científicas y tecnólogas destacadas en los programas
de estudio vigentes. Esto se justifica plenamente para mitigar el sesgo latente detectado en la
investigación, donde cerca del 40% de los universitarios evaluados sigue asociando las ramas
de la informática, la industria y la construcción como campos de mejor desempeño masculino,
permitiendo neutralizar la segregación vocacional desde el aula y debilitar la creencia de que
las capacidades técnicas están ligadas al sexo biológico.
• Talleres permanentes de masculinidades alternativas y gestión socioemocional: Las
dependencias de orientación estudiantil, tutorías y equidad de género de la institución deben
establecer talleres vivenciales permanentes titulados "Masculinidades Alternativas y
Deconstrucción del Rol de Proveedor", a la par de cursos prácticos enfocados en comunicación
asertiva y mediación pacífica dirigidos principalmente a los estudiantes varones del campus. Su
obligatoriedad responde de forma directa a que un preocupante 43.9% de los jóvenes normaliza
el uso de la fuerza física en hombres para resolver conflictos y un 42.7% les asigna la carga
exclusiva del sustento financiero, volviéndose indispensable ofrecerles herramientas

pág. 1666
emocionales institucionales que suplan la reactividad violenta, disminuyan los índices de
agresividad en el entorno universitario y promuevan relaciones interpersonales más sanas.
• Campañas institucionales de sensibilización sobre microviolencias y conductas normativas: El
área de comunicación institucional del campus debe estructurar y desplegar campañas
periódicas de difusión masiva (a través de infografías impresas en la facultad, foros estudiantiles
interactivos y contenido digital continuo) orientadas a cuestionar las sutiles exigencias
normativas de conducta diaria que suelen pasar desapercibidas en el reglamento universitario
pero que restringen el desarrollo individual. La ejecución de esta propuesta es fundamental
debido a que el 64.6% del estudiantado continúa exigiendo discreción y recato como virtudes
prioritarias para las mujeres y el 36.6% ejerce censura social hacia las demostraciones afectivas
físicas entre amigos varones, haciendo urgente visibilizar estos comportamientos como
dispositivos ideológicos de control social que perpetúan el rol de la mujer sumisa y castigan la
vulnerabilidad afectiva masculina.
• Adopción de enfoques metodológicos mixtos y líneas de investigación cualitativa: Se debe
aperturar y calendarizar una segunda fase de investigación institucional dirigida por el cuerpo
docente que complemente el presente enfoque cuantitativo de alcance descriptivo, programando
e instrumentando técnicas cualitativas de recolección de datos como grupos de discusión (focus
groups) y entrevistas semiestructuradas focalizadas con los mismos sectores estudiantiles. La
pertinencia de esta ampliación radica en que el cuestionario dicotómico actual permite
identificar con éxito qué estereotipos persisten y en qué porcentajes, pero no logra ahondar en
las motivaciones ni en las dinámicas subjetivas de los participantes, requiriendo un abordaje
cualitativo para explicar la raíz de la asimetría cognitiva detectada (por qué defienden discursos
de equidad en teoría pero reproducen expectativas tradicionales en la práctica) y así robustecer
el diagnóstico para las políticas de género universitarias.
Discusión
Los hallazgos de esta investigación revelan una interesante contradicción discursiva y conductual en el
estudiantado de la Institución de Educación Superior la cual se alinea con las tendencias complejas
observadas en la educación superior contemporánea. Al contrastar los resultados empíricos con la

pág. 1667
literatura previa, se hace evidente que los jóvenes universitarios operan bajo una asimetría cognitiva:
han asimilado de forma casi unánime los principios político-sociales de la equidad de género, pero
mantienen una fuerte resistencia psicológica y cultural para desprenderse de los sesgos arraigados en el
ámbito de las interacciones cotidianas y la afectividad.
En la dimensión del cuerpo y la responsabilidad social, el rechazo contundente al canon de
belleza femenino frágil (69.5%) y, de manera masiva, a la exclusividad de las mujeres en el cuidado del
hogar (90.2%), demuestra una ruptura generacional con la distribución simbólica tradicional en México
descrita por Bustos-Romero y Blázquez-Graf (2020). Este fenómeno puede explicarse a través de la
teoría del rol social de Eagly y Wood (2022), la cual argumenta que las expectativas normativas cambian
a medida que las mujeres se incorporan masivamente a la educación superior y al mercado laboral
técnico. La corresponsabilidad del hogar ya no se percibe como una concesión, sino como un mandato
de justicia elemental entre los universitarios.
No obstante, la aparente neutralidad de género se fractura al descender al plano de las
competencias laborales específicas. Aunque el 74.4% de la muestra afirma discursivamente que el
género no dicta el rendimiento intelectual en ciencias exactas o humanidades, un persistente 40% de los
encuestados sigue encasillando la informática, la industria y la construcción como aptitudes masculinas,
y los servicios sociales como femeninos. Este hallazgo coincide con las advertencias de Sáinz et al.
(2022) y González-Pérez et al. (2020), quienes señalan que los estereotipos cognitivos actúan como
"filtros invisibles" que perpetúan la segregación vocacional en facultades de perfil científico-técnico. El
estudiantado defiende la igualdad en abstracto, pero reproduce la división sexual del trabajo al proyectar
el ejercicio profesional real, lo que demuestra que los estereotipos técnicos operan de manera subyacente
e inconsciente.
El punto de mayor tensión y criticidad detectado en el estudio radica en la dimensión de las
emociones, las conductas sociales y la expresión afectiva. El masivo respaldo a la apertura emocional
masculina (90.2% rechaza que sea ridículo que un hombre llore en público) contrasta drásticamente con
la persistente censura social hacia el contacto físico homosocial entre varones, donde un 36.6% reprueba
que dos amigos caminen de la mano. Esta contradicción demuestra que, si bien la vulnerabilidad del
varón ha comenzado a legitimarse en el plano reflexivo, los mecanismos de vigilancia de la masculinidad

pág. 1668
hegemónica siguen penalizando severamente las muestras públicas de afecto que desafíen la
heteronormatividad, un patrón de comportamiento consistente con los hallazgos de Plopa et al. (2020)
en poblaciones universitarias internacionales.
Asimismo, la normalización del uso de la fuerza física en hombres para resolver conflictos
(43.9%), la persistencia del mandato del "varón proveedor" (42.7%) y la exigencia mayoritaria de recato
y discreción para las mujeres (64.6%) confirman lo postulado por Flores-Hernández et al. (2021) en
otras universidades públicas del país: el entorno académico no inmuniza automáticamente a los jóvenes
contra las estructuras patriarcales profundas. Como señalan Valls et al. (2021), la persistencia de estos
mandatos de control conductual femenino y de reactividad violenta masculina constituye el caldo de
cultivo ideal para la reproducción de microviolencias en las relaciones interpersonales de los estudiantes.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bert, F., Boietti, E., Rousset, S., Pompili, E., Franzini Tibaldeo, E., Gea, M., Scaioli, G., & Siliquini, R.
(2022). Gender sensitivity and stereotypes in medical university students: An Italian cross-
sectional study. PLOS ONE, 17(1), e0262324. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0262324
Cazares-Palacios, I. M., Tovar Hernández, D. M., & Herrera-Mijangos, S. N. (2022). Violencia de
género en una universidad de Coahuila, México. Sinéctica, Revista Electrónica de Educación,
(58), e1405. https://doi.org/10.31391/S2007-7033(2022)0058-010
Chapa Romero, A. C., Cadena Alvear, I., Almanza Avendaño, A. M., & Gómez San Luis, A. H. (2022).
Violencia de género en la universidad: percepciones, actitudes y conocimientos desde la voz del
estudiantado. Revista Guillermo de Ockham, 20(1), 77–91.
https://doi.org/10.21500/22563202.5648
Flores-Hernández, A., Ramírez-García, A., & Martínez-González, M. (2021). Estereotipos de género y
desigualdad en la educación superior: una revisión de la literatura. Revista de Educación
Superior, 50(198), 95–116.
Eagly, A. H., & Wood, W. (2016). Social role theory of sex differences. En A. Wong, M.
Wickramasinghe, R. Hoogland y N. A. Naples (Eds.), The Wiley Blackwell Encyclopedia of
Gender and Sexuality Studies. Wiley Blackwell.
https://doi.org/10.1002/9781118663219.wbegss183

pág. 1669
García Villanueva, J., & Hernández Ramírez, C. I. (2022). Estereotipos de belleza y discriminación: Un
análisis desde la perspectiva de género. Revista de Psicología de la Universidad Autónoma del
Estado de México, 11(27), 41–60. https://revistapsicologia.uaemex.mx/article/view/19864
Hernández-Sampieri, R., & Mendoza Torres, C. P. (2023). Metodología de la investigación: Las rutas
cuantitativa, cualitativa y mixta (2ª ed.). McGraw-Hill Education.
Lesch, L., Scharfenkamp, K., & Wicker, P. (2023). The perceived role fit of women and men academics:
Evidence from the social sports sciences. Frontiers in Psychology, 14, 1239944.
https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1239944
Priyashantha, K., De Alwis, A. C., & Welmilla, I. (2023). Gender stereotypes change outcomes: A
systematic literature review. Journal of Humanities and Applied Social Sciences, 5(5), 450–466.
https://doi.org/10.1108/JHASS-07-2021-0131
Renström, E. A., Gustafsson Sendén, M., & Lindqvist, A. (2021). Gender stereotypes in student
evaluations of teaching. Frontiers in Education, 5, 571287.
https://doi.org/10.3389/feduc.2020.571287
Rodríguez-Roca, B., Subirón-Valera, A. B., Gasch-Gallén, Á., Calatayud, E., Gómez-Soria, I., &
Marcén-Román, Y. (2021). Gender self-perception and psychological distress in healthcare
students during the COVID-19 pandemic. International Journal of Environmental Research and
Public Health, 18(20), 10918. https://doi.org/10.3390/ijerph182010918
Sáinz, M., Fàbregues, S., Romano, M. J., & López, B. (2022). Interventions to increase young people's
interest in STEM: A scoping review. Frontiers in Psychology (en prensa/publicado 2022).
https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1151715
Sáinz, M., Meneses, J., López-Sáez, M., & Fàbregues, S. (2022). Gender stereotypes and educational
choices in STEM: A systematic review. Frontiers in Psychology, 13, 876355.
Sullivan, J., Ciociolo, A., & Moss-Racusin, C. A. (2022). Establishing the content of gender stereotypes
across development. PLOS ONE, 17(7), e0263217.
https://doi.org/10.1371/journal.pone.0263217
pág. 1670
UNESCO. (2020). Towards inclusion in education: Status, trends and challenges — The UNESCO
Salamanca Statement 25 years on. UNESCO Publishing.
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000373655
Urrea Zazueta, M. L., Carrillo Montoya, T. del N. J., Alvarado Guevara, R. A. M., & Masías Otero, E.
J. (2022). Estereotipos y roles de género en la ciencia: Investigadoras de una universidad pública
de Sinaloa, México. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 6(6), 7289–7307.
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v6i6.3946
Villa-Lever, L. (2025). Aspiraciones y violencias de género en las universidades mexicanas. Revista
Iberoamericana de Educación Superior, 16(46), 3–24.
https://doi.org/10.22201/iisue.20072872e.2025.46.1917