pág. 2950
PREVALENCIA DEL DOLOR CRÓNICO Y SU
IMPACTO EN LA CALIDAD DE VIDA DE ADULTOS
MAYORES

PREVALENCE OF CHRONIC PAIN AND ITS IMPACT ON THE

QUALITY OF LIFE OF OLDER ADULTS

Ana Gabriela Chan Pérez

Instituto de Estudios Especializados Nacional Enlace Balancán

Franchesco Javier Moreno Garcia

Instituto de Estudios Especializados Nacional Enlace Balancán

Brenda Alejandra Chablé Silván

Instituto de Estudios Especializados Nacional Enlace Balancán

Ana Gabriela Lezama Rosales

Instituto de Estudios Especializados Nacional Enlace Balancán

Anaite López Gómez

Instituto de Estudios Especializados Nacional Enlace Balancán

Cruz Yuleissi Ramon Caballero

Instituto de Estudios Especializados Nacional Enlace Balancán
pág. 2951
DOI
: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25316
Prevalencia del dolor crónico y su impacto en la calidad de vida de adultos
mayores

Ana Gabriela Chan Pérez
1
achanperez611@gmail.com

https://orcid.org/0009-0008-7047-0338

Instituto de Estudios Especializados Nacional
Enlace Balancán

México

Franchesco Javier Moreno Garcia

Franchesco.fm@gmail.com

https://orcid.org/0009-0009-1090-068X

Instituto de Estudios Especializados Nacional
Enlace Balancán

México

Brenda Alejandra Chablé Silván

Alejandrac415@gmail.com

https://orcid.org/0009-0001-4008-5462

Instituto de Estudios Especializados Nacional
Enlace Balancán

México

Ana Gabriela Lezama Rosales

Gabylez_ama@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0005-5767-4414

Instituto de Estudios Especializados Nacional
Enlace Balancán

México

Anaite López Gómez

Anaitelopez203@gmail.com

https://orcid.org/0009-0009-6014-5504

Instituto de Estudios Especializados Nacional
Enlace Balancán

México

Cruz Yuleissi Ramon Caballero

Caballeroyuleissi043@gmail.com

https://orcid.org/0009-0006-4426-0463

Instituto de Estudios Especializados Nacional
Enlace Balancán

México

RESUMEN

El dolor crónico es una condición prevalente en la población adulta mayor, con frecuencia normalizada
como consecuencia inevitable del envejecimiento y, por ello, subdiagnosticada en el primer nivel de
atención. El objetivo fue determinar la presencia y las características del dolor crónico en adultos
mayores atendidos en el Centro de Salud El Triunfo en 2026 y describir su impacto en la calidad de
vida. Se desarrolló una investigación cuantitativa, no experimental, transversal y descriptiva, con
muestreo no probabilístico por conveniencia. Participaron veinte adultos de sesenta años o más, a
quienes se aplicó un cuestionario estructurado validado por juicio de expertos que exploró intensidad,
frecuencia, localización y alivio del dolor, además de calidad de vida y capacidad funcional percibidas.
Se emplearon frecuencias absolutas y relativas. Todos los participantes refirieron dolor persistente, con
predominio de intensidad moderada a intensa (noventa por ciento) y localización en rodillas y espalda
(sesenta y cinco por ciento). El setenta y cinco por ciento calificó su calidad de vida como regular o muy
mala y esa misma proporción percibió deterioro reciente. Se concluye que el dolor crónico se acompaña
de limitación funcional y deterioro del bienestar, lo que exige su valoración sistemática en atención
primaria.

Palabras clave: dolor crónico, adulto mayor, calidad de vida, atención primaria, enfermería.

1
Autor principal
Correspondencia:
achanperez611@gmail.com
pág. 2952
Prevalence of Chronic Pain and Its Impact on the Quality of Life of Older

Adults

ABSTRACT

Chronic pain is a highly prevalent condition among older adults, frequently normalized as an inevitable

consequence of aging and, consequently, underdiagnosed at the primary care level. The objective of this

study was to determine the presence and characte
ristics of chronic pain in older adults treated at the El
Triunfo Health Center during 2026 and to describe its impact on perceived quality of life. A quantitative,

non
-experimental, cross-sectional and descriptive study was conducted, using non-probabilistic
convenience sampling. Twenty adults aged sixty years or older participated and completed a structured

questionnaire validated by expert judgment, which explored pain intensity, frequency, location and

relief, as well as perceived quality of life and fu
nctional capacity. Data were analyzed using absolute
and relative frequencies. All participants reported persistent pain, predominantly of moderate to intense

severity (ninety percent), located in the knees and back (sixty
-five percent). Seventy-five percent rated
their quality of life as fair or very poor, and the same proportion perceived recent deterioration. It is

concluded that chronic pain is associated with a consistent pattern of functional limitation and perceived

decline in well
-being, which requires systematic pain assessment in primary care.
Keywords:
chronic pain, older adult, quality of life, primary health care, nursing.
Artículo recibido 13 mayo 2026

Aceptado para publicación: 20 junio 2026
pág. 2953
INTRODUCCIÓN

El dolor crónico ha dejado de concebirse como un mero síntoma acompañante de otras enfermedades
para consolidarse, en la nosología internacional contemporánea, como una entidad clínica con estatus
propio. La Clasificación Internacional de Enfermedades en su undécima revisión incorporó por primera
vez una taxonomía sistemática del dolor crónico, distinguiendo entre dolor crónico primario, en el cual
el dolor constituye la enfermedad en sí misma, y dolor crónico secundario, derivado de una condición
subyacente identificable (Treede et al., 2019). El cambio no es meramente terminológico: reconoce que
la persistencia del dolor más allá de tres meses produce alteraciones neurobiológicas, psicológicas y
sociales que reclaman un abordaje específico. En consonancia, la Asociación Internacional para el
Estudio del Dolor revisó su definición canónica para subrayar que el dolor es una experiencia sensorial
y emocional desagradable asociada o semejante a la asociada con daño tisular real o potencial, siempre
personal e influida por factores biológicos, psicológicos y sociales, y que la incapacidad para
comunicarlo verbalmente no niega su existencia (Raja et al., 2020), precisión pertinente en poblaciones
geriátricas donde el deterioro sensorial, cognitivo o comunicativo puede enmascarar su expresión.

La magnitud epidemiológica del fenómeno es considerable. Un estudio comparativo en cincuenta y dos
países documentó que la proporción de personas que refieren dolor varía sustancialmente según el
contexto nacional, y que dicha variación no se explica únicamente por la composición demográfica de
las poblaciones, sino también por factores contextuales vinculados al desarrollo económico, la
protección social y el acceso a servicios sanitarios (Zimmer et al., 2022). En Europa, el análisis de
tendencias entre 2004 y 2015 en población de cincuenta años o más evidenció incrementos sostenidos
en la prevalencia declarada de dolor, lo que contradice la expectativa de que la mejora en las condiciones
de vida reduciría automáticamente la carga álgica (Zimmer et al., 2020). La Organización Mundial de
la Salud (2023) estimó que en 2020 la lumbalgia afectó a seiscientos diecinueve millones de personas,
cifra que podría ascender a ochocientos cuarenta y tres millones hacia 2050 debido en gran medida al
crecimiento y envejecimiento poblacional, consolidándose como la principal causa mundial de
discapacidad.

América Latina no es ajena a esta tendencia. Su transición demográfica ha producido un envejecimiento
más rápido que el experimentado históricamente por los países de renta alta, pero sin la correspondiente
pág. 2954
consolidación de sistemas sanitarios preparados para atender la cronicidad. En este escenario, el dolor
crónico en personas mayores ha sido descrito como una realidad epidemiológica en expansión que
interpela directamente a los servicios de salud regionales, tanto por su frecuencia como por su impacto
sobre la autonomía y el gasto sanitario (Ugarte Llantén y Jara Aceituno, 2026). En el caso mexicano, el
debate sobre la conciencia social ante el dolor crónico ha señalado la necesidad de movilizar a la
comunidad clínica, académica y política en torno a una condición que permanece infravalorada dentro
de las prioridades de salud pública nacionales (Juárez-Lemus, 2024).

La particularidad del dolor crónico en la persona adulta mayor radica en la confluencia de tres factores.
El primero es la elevada frecuencia de enfermedades osteoarticulares degenerativas, neuropatías
periféricas y secuelas de eventos vasculares, sustratos fisiopatológicos del dolor persistente. El segundo
corresponde a las modificaciones farmacocinéticas y farmacodinámicas propias del envejecimiento, que
estrechan el margen terapéutico de los analgésicos convencionales y obligan a consideraciones
posológicas diferenciadas, especialmente ante la coexistencia de polifarmacia (Covarrubias-Gómez et
al., 2021). El tercero, de mayor relevancia para el primer nivel de atención, es la persistencia de una
construcción cultural que interpreta el dolor como parte natural e inevitable del envejecer, tanto entre
los pacientes como entre el personal sanitario. Esta normalización opera como barrera para la búsqueda
de atención y para la valoración sistemática del síntoma, produciendo un infradiagnóstico e
infratratamiento reiteradamente documentado, al que contribuye además la imprecisión terminológica
con que los equipos comunitarios priorizan, registran y abordan el problema (Alcántara Montero, 2026).

El segundo eje conceptual del estudio corresponde a la calidad de vida, definida por la Organización
Mundial de la Salud como la percepción que un individuo tiene de su posición en la vida, en el contexto
cultural y del sistema de valores en que vive y en relación con sus objetivos, expectativas, estándares y
preocupaciones. Se trata de un constructo subjetivo y multidimensional que integra los dominios físicos,
psicológico, de relaciones sociales y de entorno. Su operacionalización en contextos hispanohablantes
ha avanzado: la versión chilena del instrumento abreviado de la Organización Mundial de la Salud ha
mostrado propiedades psicométricas adecuadas (Hidalgo-Rasmussen et al., 2021) y en México se validó
una escala específica para adultos mayores, lo que confirma la pertinencia de emplear instrumentos
culturalmente adaptados a esta etapa vital (Duarte Ayala y Velasco Rojano, 2020). Estas herramientas
pág. 2955
han permitido documentar que la calidad de vida de las personas mayores se deteriora ante condiciones
como la discapacidad física motora (Murillo Moncada et al., 2024), la multimorbilidad asociada a
situaciones de maltrato (Giraldo Rodríguez y Pavón León, 2023) y la dependencia funcional para las
actividades básicas de la vida diaria (Avila Martínez et al., 2024).

La articulación entre ambos constructos ha sido explorada con creciente detalle. El estudio de factores
asociados a la calidad de vida en adultos con dolor crónico musculoesquelético identificó que la
intensidad del dolor, su cronicidad y la limitación funcional derivada explican una proporción sustantiva
de la varianza en el bienestar percibido, con el componente emocional actuando como mediador
relevante (Fuenmayor Castaño y Taborda Holguín, 2022). En población geriátrica atendida en consulta
externa se ha documentado una asociación consistente entre dolor crónico y sintomatología depresiva,
lo que sugiere un circuito de retroalimentación en el cual el dolor favorece el ánimo deprimido y este
amplifica a su vez la percepción álgica (Ortiz Palomino y Escalante López, 2025). A ello se suma la
evidencia sobre las consecuencias de la soledad y el aislamiento social en las personas mayores,
condiciones que se agravan cuando la limitación física restringe la participación comunitaria (Hervás
Corral y Sánchez-Suricalday, 2024). El dolor no permanece, por tanto, confinado a la esfera somática,
sino que se propaga hacia las dimensiones afectiva, relacional y existencial de la vida cotidiana. Este
entendimiento integrado se fundamenta en el modelo biopsicosocial, que postula que los estados de
salud y enfermedad resultan de la interacción de determinantes biológicos, psicológicos y sociales
(Engel, 1977), y que sustenta la valoración integral del adulto mayor como competencia nuclear de la
enfermería (Alcívar Vélez y Triviño Ibarra, 2026).

En el plano terapéutico, la evidencia ha desplazado el centro de gravedad desde el abordaje
exclusivamente farmacológico hacia estrategias multimodales. El ejercicio terapéutico ha documentado
reducciones significativas de la intensidad álgica y mejoras funcionales en dolor crónico del raquis
(Hernando-Jorge et al., 2021), y su combinación con educación en neurociencia del dolor supera los
efectos de cada componente aislado en dolor lumbar crónico (Ramós-Martín y Rodríguez-Nogueira,
2021). En población geriátrica se han sistematizado modalidades, dosificaciones y desenlaces aplicables
(Hernán-Santana et al., 2024), y protocolos clásicos de flexión lumbar continúan reportando beneficios
(Herrera Hernández y Romero Rodríguez, 2026). El principal obstáculo no reside ya en la ausencia de
pág. 2956
intervenciones eficaces sino en la adherencia sostenida, ámbito para el cual se han propuesto estrategias
específicas (Cuyul-Vásquez et al., 2026). Complementariamente, se ha insistido en reorganizar los
circuitos asistenciales para lograr una atención efectivamente integral (Tenas Anglada y Valencia,
2025), y la evidencia sobre enfermería comunitaria en Latinoamérica confirma que las intervenciones
sostenidas desde el primer nivel producen mejoras medibles en el bienestar percibido (Rezabala Párraga
et al., 2025).

Pese a la robustez de este cuerpo de evidencia, persiste una brecha entre el conocimiento disponible y
su aplicación en unidades concretas del primer nivel. La mayor parte de los estudios latinoamericanos
sobre dolor crónico en adultos mayores se ha desarrollado en contextos hospitalarios, institucionalizados
o universitarios, mientras que su caracterización en centros de salud comunitarios, puerta de entrada
efectiva al sistema para la mayoría de la población envejecida, resulta comparativamente escasa, lo que
dificulta la planificación de intervenciones ajustadas y perpetúa la invisibilidad del problema. El Centro
de Salud El Triunfo, unidad de primer nivel que atiende regularmente a población adulta mayor con
enfermedades crónico-degenerativas, no dispone de información sistematizada sobre la frecuencia y las
características del dolor crónico entre sus usuarios ni sobre sus repercusiones en el bienestar percibido.

En atención a lo expuesto, el estudio se propuso como objetivo general determinar la presencia y las
características del dolor crónico en los adultos mayores atendidos en el Centro de Salud El Triunfo
durante 2026 y describir su impacto en la calidad de vida de esta población. Como objetivos específicos
se plantearon identificar la frecuencia, intensidad y localización anatómica del dolor referido; evaluar la
calidad de vida percibida en sus dimensiones física, emocional y social; y describir los patrones de
correspondencia entre las características del dolor y el nivel de calidad de vida reportado. La
contribución esperada es doble: aportar evidencia local que oriente la incorporación de la valoración
sistemática del dolor en la rutina asistencial de la unidad y, en el plano disciplinar, fortalecer la
comprensión del dolor crónico geriátrico como fenómeno multidimensional cuyo abordaje excede el
ámbito farmacológico.

METODOLOGÍA

Tipo y diseño de investigación
pág. 2957
El estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, orientado a la medición y el análisis numérico de
las variables dolor crónico y calidad de vida percibida. El diseño fue no experimental, dado que las
variables no fueron manipuladas sino observadas tal como se presentaron, con corte transversal y
recolección de datos en un único momento durante el primer semestre de 2026.

El alcance fue descriptivo. Si bien el planteamiento original del protocolo contemplaba una intención
correlacional, el análisis efectivamente ejecutado se limitó a la caracterización de frecuencias absolutas
y relativas, sin aplicación de pruebas de contraste de hipótesis ni estimación de coeficientes de
asociación. En consecuencia, los hallazgos referidos a la relación entre dolor crónico y calidad de vida
deben interpretarse como patrones descriptivos convergentes y no como asociaciones estadísticamente
contrastadas, precisión que se retoma en el apartado de limitaciones.

Población, muestra y criterios de selección

La población estuvo constituida por las personas de sesenta años o más que acudieron al Centro de Salud
El Triunfo para recibir atención médica o seguimiento de enfermedades crónicas durante el periodo de
recolección. Dado que la unidad no dispone de un registro nominal actualizado de sus usuarios adultos
mayores, la población se consideró de tamaño desconocido, lo que impidió el cálculo de un tamaño
muestral probabilístico. La muestra quedó conformada por veinte participantes seleccionados por
conveniencia entre quienes acudieron a la unidad, cumplieron los criterios de elegibilidad y aceptaron
participar voluntariamente.

Se establecieron como criterios de inclusión: edad igual o superior a sesenta años; asistencia al Centro
de Salud El Triunfo durante el periodo de estudio; presencia o ausencia de dolor crónico, sin condicionar
la participación a la existencia previa del síntoma; aceptación voluntaria; y capacidad cognitiva y
comunicativa suficiente para responder el instrumento. Se excluyó a las personas con alteraciones
cognitivas o trastornos mentales que dificultaran la comprensión del cuestionario, con problemas
severos de comunicación, o que declinaran participar. Se eliminaron los cuestionarios incompletos,
contestados de manera inconsistente o correspondientes a participantes que abandonaron el proceso.

Técnica e instrumento
pág. 2958
La técnica empleada fue la encuesta y el instrumento un cuestionario estructurado de elaboración propia,
sometido a validación de contenido por juicio de expertos para asegurar la pertinencia, claridad y
suficiencia de los reactivos respecto de los objetivos planteados.

El instrumento se organizó en seis secciones. La primera recogió datos demográficos: grupo etario, sexo
y región anatómica de mayor frecuencia de dolor. La segunda evaluó la intensidad mediante escala
numérica de cero a diez, agrupada en cinco categorías ordinales (leve, regular, moderado, fuerte e
intenso). La tercera indagó la frecuencia de presentación del dolor y su interferencia con las actividades
cotidianas, con opciones tipo Likert de cinco niveles. La cuarta exploró el alivio atribuido a los
tratamientos recibidos y la presencia de dolor en reposo. La quinta y la sexta abordaron la calidad de
vida percibida: calificación global, disfrute de la vida, percepción de deterioro reciente, disponibilidad
de energía y capacidad de desplazamiento autónomo.

Procedimiento y análisis de datos

El proceso se organizó en cuatro etapas. En la planeación se delimitó el problema, se definieron los
objetivos, se revisó la literatura y se estructuró el diseño metodológico, elaborándose el cuestionario y
sometiéndolo a validación por juicio de expertos. En la gestión institucional se obtuvieron las
autorizaciones del Centro de Salud El Triunfo para el acceso a la población y la aplicación del
instrumento. En la recolección se identificó a los usuarios elegibles, se les explicó individualmente el
propósito del estudio, el carácter voluntario de la participación y el tratamiento confidencial de la
información, y se obtuvo el consentimiento informado por escrito; la aplicación fue asistida, mediante
lectura en voz alta de los reactivos y registro de las respuestas por el equipo investigador, para neutralizar
el efecto de posibles limitaciones visuales o de alfabetización. Finalmente se codificaron y capturaron
los datos, se depuraron los registros y se procedió al análisis.

El análisis se efectuó mediante estadística descriptiva, calculándose para cada variable frecuencias
absolutas y relativas expresadas en porcentajes y organizándose los resultados en tablas de distribución.
Las variables ordinales se presentan en sus categorías originales y, cuando la interpretación lo requiere,
mediante agrupaciones acumuladas explicitadas en el texto. No se aplicaron pruebas estadísticas
inferenciales, medidas de correlación ni estimaciones de tamaño de efecto, decisión determinada por el
pág. 2959
tamaño reducido de la muestra y la naturaleza no probabilística del muestreo, condiciones que impiden
la generalización de los hallazgos y la contrastación formal de hipótesis.

Consideraciones éticas

La investigación se condujo conforme a los principios de la Declaración de Helsinki. Todos los
participantes fueron informados de manera comprensible sobre el objetivo del estudio, la ausencia de
riesgos derivados de su participación y su derecho a retirarse en cualquier momento sin consecuencia
sobre la atención recibida; el consentimiento informado se obtuvo por escrito de forma previa a la
aplicación del instrumento. Los datos se manejaron de manera anónima y agregada, sin identificadores
personales, y se destinaron exclusivamente a los fines académicos declarados. El estudio no contempló
intervención clínica alguna ni modificación de los tratamientos vigentes.

RESULTADOS

Se aplicó el cuestionario a los veinte participantes previstos, sin pérdidas por instrumentos incompletos
ni abandonos. Los resultados se organizan en cuatro bloques: caracterización sociodemográfica,
características del dolor referido, interferencia funcional y respuesta terapéutica percibida, y percepción
de calidad de vida.

Un hallazgo que condiciona la lectura de todo el conjunto de datos debe consignarse desde el inicio:
pese a que los criterios de inclusión admitían expresamente la participación de personas con y sin dolor
crónico, la totalidad de los veinte participantes refirió dolor persistente, localizándolo en alguna región
anatómica y asignándole un valor de intensidad en la escala numérica. Este resultado, equivalente a una
frecuencia del cien por ciento dentro de la muestra, se interpreta en la discusión a la luz de las
limitaciones del muestreo por conveniencia y no debe leerse como estimación de prevalencia
poblacional.
pág. 2960
Tabla 1

Distribución de la muestra según grupo etario y sexo (n = 20)

Variable
Categoría f %
Grupo etario
60 a 65 años 5 25.0
66 a 70 años
7 35.0
71 a 75 años
4 20.0
76 a 80 años
3 15.0
81 a 85 años
1 5.0
Sexo
Femenino 10 50.0
Masculino
10 50.0
Nota. f = frecuencia absoluta; % = frecuencia relativa. Elaboración propia con base en los datos recolectados.

La distribución etaria muestra una concentración en los tramos iniciales de la vejez. Como se observa
en la Tabla 1, el sesenta por ciento de los participantes se ubicó entre los sesenta y los setenta años,
correspondiendo el grupo más numeroso al tramo de sesenta y seis a setenta años, con siete casos
equivalentes al treinta y cinco por ciento. Los tramos de mayor edad presentaron representación
decreciente, con un único caso entre ochenta y uno y ochenta y cinco años. El perfil corresponde, por
tanto, a una población de adultos mayores jóvenes, circunstancia relevante para interpretar los datos
sobre limitación funcional, dado que los deterioros observados no pueden atribuirse de manera
predominante a la edad muy avanzada. La distribución por sexo resultó equilibrada, con diez mujeres y
diez hombres.
pág. 2961
Tabla 2

Localización anatómica del dolor referido con mayor frecuencia (n = 20)

Región anatómica
f %
Rodillas
9 45.0
Espalda
4 20.0
Muñecas
2 10.0
Cadera
2 10.0
Hombro
1 5.0
Tobillo
1 5.0
Pies
1 5.0
Total
20 100.0
Nota. Se registró la región de mayor frecuencia de dolor referida por cada participante. Elaboración propia.

La topografía del dolor referido, presentada en la Tabla 2, revela un patrón claramente osteoarticular.
Las rodillas constituyeron la región más afectada, con nueve casos equivalentes al cuarenta y cinco por
ciento, seguidas por la espalda con cuatro casos correspondientes al veinte por ciento. Ambas
localizaciones agruparon al sesenta y cinco por ciento de los participantes, y la incorporación de la
cadera eleva a setenta y cinco por ciento la proporción de personas cuyo dolor se sitúa en articulaciones
de carga o en el eje axial del cuerpo. Las localizaciones restantes, de carácter distal o de miembro
superior, presentaron frecuencias marginales. Este agrupamiento resulta congruente con la carga
mecánica diferencial que soportan las estructuras comprometidas y delimita las regiones que deberían
priorizarse en la exploración física de rutina.
pág. 2962
Tabla 3

Intensidad y frecuencia de presentación del dolor crónico (n = 20)

Dimensión
Categoría f %
Intensidad
Leve (1-2) 2 10.0
Regular (3-4)
0 0.0
Moderado (5-6)
8 40.0
Fuerte (7-8)
6 30.0
Intenso (9-10)
4 20.0
Frecuencia
Ocasionalmente 1 5.0
Rara vez
3 15.0
Normalmente
4 20.0
Frecuentemente
3 15.0
Siempre
9 45.0
Nota. La intensidad se midió mediante escala numérica de 0 a 10, agrupada en cinco categorías ordinales. Elaboración propia.

La caracterización de la intensidad y la frecuencia del dolor, sintetizada en la Tabla 3, constituye el
núcleo descriptivo del estudio. En cuanto a la intensidad, la categoría modal correspondió al dolor
moderado, con ocho casos equivalentes al cuarenta por ciento, seguida por el dolor fuerte con seis casos
y por el dolor intenso con cuatro. En conjunto, el noventa por ciento de los participantes situó su dolor
en niveles iguales o superiores a cinco, mientras que solo dos personas reportaron dolor leve y ninguna
se ubicó en la categoría intermedia: la distribución se encuentra marcadamente desplazada hacia el
extremo superior de la escala.

El patrón temporal refuerza esta lectura. Nueve participantes, equivalentes al cuarenta y cinco por ciento,
declararon experimentar dolor de manera permanente, y otros tres lo refirieron de forma frecuente, de
modo que el sesenta por ciento de la muestra convive con el síntoma de manera habitual o continua;
incorporando la categoría intermedia, la proporción asciende al ochenta por ciento. Solo cuatro personas
describieron episodios esporádicos. La lectura conjunta de ambas dimensiones establece que el dolor no
configura un evento agudo aislado ni una molestia intermitente, sino una condición sostenida en el
pág. 2963
tiempo y de intensidad clínicamente relevante, lo que justifica su consideración como dolor crónico en
sentido nosológico.

Tabla 4

Interferencia funcional del dolor y percepción de alivio terapéutico (n = 20)

Indicador
Categoría f %
Limitación de actividades
diarias

Siempre
8 40.0
Normalmente
7 35.0
Frecuentemente
3 15.0
Ocasionalmente
2 10.0
Rara vez
0 0.0
Alivio atribuido al tratamiento
Siempre 4 20.0
Frecuentemente
3 15.0
Normalmente
4 20.0
Rara vez
8 40.0
Nunca
1 5.0
Dolor en reposo
Siempre 5 25.0
Frecuentemente
1 5.0
Normalmente
6 30.0
Rara vez
6 30.0
Nunca
2 10.0
Nota. Dolor en reposo se refiere a la presencia de dolor al permanecer sentado o acostado. Elaboración propia.

La Tabla 4 integra los indicadores relativos a la repercusión funcional del dolor y a la eficacia percibida
del tratamiento. Respecto de la interferencia con las actividades de la vida diaria, ocho participantes
señalaron que el dolor las limita siempre y siete que lo hace normalmente, de manera que tres cuartas
partes de la muestra experimenta restricción habitual o permanente de su desempeño cotidiano.
Incorporando a quienes refieren limitación frecuente, la proporción alcanza el noventa por ciento, y
pág. 2964
ningún participante seleccionó la opción de limitación esporádica: la interferencia funcional aparece
como rasgo prácticamente universal.

El indicador relativo al alivio atribuido a los medicamentos y tratamientos recibidos ofrece el hallazgo
de mayor implicación clínica. Ocho participantes indicaron que las terapias empleadas alivian el dolor
rara vez y uno que no lo alivian nunca, sumando el cuarenta y cinco por ciento en situación de control
terapéutico deficiente; en el extremo opuesto, solo cuatro reportaron alivio consistente. Para casi la mitad
de los usuarios evaluados, el esquema terapéutico vigente no logra un control satisfactorio.

La presencia de dolor en reposo completa el cuadro: cinco participantes lo experimentan siempre al
permanecer sentados o acostados, seis normalmente y uno de forma frecuente, totalizando el sesenta por
ciento de la muestra. El dato posee relevancia semiológica: el dolor que persiste sin carga mecánica
sugiere componentes inflamatorios activos, sensibilización central o insuficiencia analgésica, y suele
asociarse a alteraciones del sueño con repercusiones sobre el ánimo y la capacidad funcional diurna.

Tabla 5

Percepción global de la calidad de vida (n = 20)

Indicador
Categoría f %
Calificación de la calidad de
vida

Muy buena
0 0.0
Buena
1 5.0
Normal
4 20.0
Regular
10 50.0
Muy mala
5 25.0
Disfrute de la vida
Extremadamente 0 0.0
Bastante
1 5.0
Lo normal
6 30.0
Un poco
9 45.0
Nada
4 20.0
Deterioro reciente percibido
Extremadamente 5 25.0
pág. 2965
Indicador
Categoría f %
Bastante
10 50.0
Lo normal
1 5.0
Un poco
1 5.0
Nada
3 15.0
Nota. Elaboración propia con base en los datos recolectados.

Los indicadores de calidad de vida percibida, presentados en la Tabla 5, muestran una distribución
consistentemente desfavorable. En la calificación global, diez participantes situaron su calidad de vida
en la categoría regular y cinco en la categoría muy mala, de modo que el setenta y cinco por ciento se
ubicó en el rango negativo del indicador. Solo una persona la calificó como buena y ninguna seleccionó
la valoración más alta, de modo que la percepción de bienestar óptimo está ausente en todo el grupo.

El indicador de disfrute de la vida replica este patrón: nueve participantes declararon disfrutar de su vida
solo un poco y cuatro manifestaron no disfrutarla en absoluto, sumando el sesenta y cinco por ciento de
la muestra, con una sola persona en niveles elevados y ningún registro en la categoría máxima. Este
indicador, de naturaleza afectiva, sugiere que la afectación compromete también la dimensión hedónica
y de sentido vital.

El tercer indicador aporta la dimensión temporal de la experiencia. Diez participantes consideraron que
su calidad de vida ha empeorado bastante durante el último tiempo y cinco que lo ha hecho de manera
extrema, agrupando nuevamente al setenta y cinco por ciento en la percepción de deterioro sustantivo,
frente a solo tres personas que negaron cualquier empeoramiento. La convergencia con la calificación
global sugiere que los participantes no experimentan su situación como un estado estable sino como una
trayectoria descendente, con implicaciones directas para el pronóstico funcional.
pág. 2966
Tabla 6

Capacidad funcional percibida para actividades cotidianas y desplazamiento (n = 20)

Indicador
Categoría f %
Energía suficiente para
actividades diarias

Siempre
3 15.0
Bastante
1 5.0
Lo normal
7 35.0
Un poco
9 45.0
Nada
0 0.0
Capacidad de desplazamiento
autónomo

Siempre
5 25.0
Bastante
2 10.0
Lo normal
5 25.0
Un poco
5 25.0
Nada
3 15.0
Nota. Elaboración propia con base en los datos recolectados.

La Tabla 6 recoge los indicadores de capacidad funcional autopercibida. En cuanto a la disponibilidad
de energía para las actividades cotidianas, nueve participantes, equivalentes al cuarenta y cinco por
ciento, declararon contar solo con un poco de energía, siete se situaron en la categoría intermedia y solo
cuatro reportaron niveles satisfactorios. Ningún participante manifestó carecer completamente de
energía, de modo que la afectación, aunque extendida, no alcanza niveles de postración.

La capacidad de desplazamiento autónomo presentó la distribución más dispersa del conjunto. Cinco
participantes declararon desplazarse siempre por cuenta propia y dos refirieron hacerlo con bastante
facilidad, sumando el treinta y cinco por ciento con movilidad conservada; en el extremo opuesto, cinco
personas indicaron poder desplazarse solo un poco y tres manifestaron no poder hacerlo de manera
autónoma, agrupando al cuarenta por ciento en situación de compromiso de la movilidad independiente.
pág. 2967
Esta heterogeneidad revela la coexistencia, en una muestra reducida y etariamente homogénea, de
perfiles funcionales netamente diferenciados.

La integración descriptiva de los seis bloques permite delinear un patrón de correspondencia consistente.
Las proporciones de participantes con dolor de intensidad moderada a intensa, con limitación habitual
de actividades, con control terapéutico insuficiente, con calidad de vida percibida como regular o muy
mala y con percepción de deterioro reciente se sitúan todas entre el sesenta y el noventa por ciento,
mientras que los indicadores favorables de cada dimensión no superan en ningún caso el treinta y cinco
por ciento. Esta convergencia entre distribuciones marginales, si bien no equivale a una asociación
estadísticamente contrastada, configura un patrón descriptivo coherente en el cual las dimensiones del
dolor y del bienestar percibido se comportan de manera concordante.

DISCUSIÓN

Los resultados permiten sostener que, en la muestra evaluada, el dolor crónico constituye una condición
extendida, de intensidad elevada, escasamente controlada por los tratamientos disponibles y
acompañada de un deterioro consistente del bienestar autorreportado.

El primer resultado que reclama interpretación cuidadosa es la ausencia de participantes libres de dolor.
Que la totalidad de la muestra refiriera dolor persistente, pese a que los criterios de inclusión no lo
exigían, no debe interpretarse como estimación de prevalencia poblacional: el muestreo por
conveniencia aplicado sobre personas que acuden espontáneamente a consulta produce un sesgo de
selección de dirección conocida, pues quienes buscan atención presentan mayor probabilidad de padecer
sintomatología activa que la población general de su grupo etario. Lo que el dato sí documenta es que,
entre los adultos mayores que utilizan los servicios de la unidad, el dolor crónico es un motivo de
morbilidad prácticamente omnipresente, con implicaciones organizativas directas: si casi todo usuario
adulto mayor convive con dolor persistente, su valoración sistemática deja de ser actividad selectiva
para convertirse en componente obligado de la consulta de rutina. Esta lectura coincide con la
caracterización del dolor crónico geriátrico como realidad epidemiológica en expansión que presiona
sobre los servicios sanitarios regionales (Ugarte Llantén y Jara Aceituno, 2026) y con la necesidad de
elevar la conciencia clínica ante esta condición en México (Juárez-Lemus, 2024).
pág. 2968
El perfil topográfico identificado, con predominio de rodillas y espalda y una concentración del setenta
y cinco por ciento en articulaciones de carga y eje axial, resulta consistente con la epidemiología
internacional de las condiciones osteomusculares, en la que la lumbalgia figura como principal causa
mundial de discapacidad con prevalencia creciente con la edad (Organización Mundial de la Salud,
2023). La concordancia entre el patrón local y las tendencias globales sugiere que los determinantes
anatómicos y biomecánicos del dolor geriátrico operan con relativa independencia del contexto sanitario
específico, lo que respalda la transferibilidad de las recomendaciones terapéuticas generadas en otros
entornos.

El hallazgo relativo a la intensidad merece atención particular. Que el noventa por ciento de los
participantes sitúe su dolor en niveles iguales o superiores a cinco en una escala de diez puntos indica
una carga sintomática que excede el umbral habitualmente considerado para la indicación de tratamiento
activo. El dato adquiere mayor significación al confrontarse con el perfil etario de la muestra,
concentrada en un sesenta por ciento entre los sesenta y los setenta años: no se trata de personas muy
ancianas con comorbilidad acumulada, sino de adultos mayores jóvenes que ya experimentan dolor de
magnitud considerable. Esta observación cuestiona la construcción cultural que interpreta el dolor como
consecuencia natural del envejecimiento y refuerza el argumento en favor de intervenciones tempranas,
en tanto la terminología adoptada por los equipos condiciona el umbral a partir del cual el síntoma se
considera problema clínico y no rasgo esperable de la edad (Alcántara Montero, 2026). El
reconocimiento del dolor crónico como entidad nosológica autónoma en la undécima revisión de la
Clasificación Internacional de Enfermedades (Treede et al., 2019) proporciona el sustento normativo
para ese cambio de umbral.

El resultado de mayor relevancia práctica corresponde a la percepción de eficacia terapéutica. Que el
cuarenta y cinco por ciento de los participantes declare que los tratamientos alivian el dolor rara vez o
nunca constituye un indicador de fracaso del esquema analgésico vigente en casi la mitad de la población
evaluada. Pueden proponerse tres explicaciones no excluyentes. La primera remite a las particularidades
farmacológicas del envejecimiento: las modificaciones en absorción, distribución, metabolismo y
eliminación, junto con la mayor susceptibilidad a efectos adversos y la frecuente polifarmacia, estrechan
el margen terapéutico y conducen a esquemas subdosificados por temor a la iatrogenia (Covarrubias-
pág. 2969
Gómez et al., 2021). La segunda apunta a la naturaleza del propio dolor: cuando predomina la
sensibilización central, la respuesta a analgésicos periféricos resulta limitada, y el hallazgo de que el
sesenta por ciento experimente dolor en reposo es compatible con esta hipótesis. La tercera, de orden
organizativo, señala la ausencia de circuitos asistenciales que integren componentes no farmacológicos
(Tenas Anglada y Valencia, 2025).

Esta última explicación conecta con un cuerpo de evidencia consistente sobre intervenciones no
farmacológicas: el ejercicio terapéutico reduce la intensidad álgica y mejora la funcionalidad en dolor
crónico del raquis (Hernando-Jorge et al., 2021), su combinación con educación en neurociencia del
dolor supera a cada componente por separado (Ramós-Martín y Rodríguez-Nogueira, 2021), y en
población geriátrica existen tanto modalidades sistematizadas (Hernán-Santana et al., 2024) como
protocolos específicos vigentes para el dolor lumbar (Herrera Hernández y Romero Rodríguez, 2026),
junto con estrategias orientadas a sostener la adherencia (Cuyul-Vásquez et al., 2026). La distancia entre
esta disponibilidad de evidencia y el control insuficiente reportado sugiere que el problema local no
radica en la inexistencia de alternativas terapéuticas, sino en su incorporación limitada a la práctica
cotidiana del primer nivel.

El bloque de resultados sobre calidad de vida permite establecer el vínculo con el segundo objetivo. La
convergencia de tres indicadores independientes en torno a proporciones similares, con un setenta y
cinco por ciento que califica su calidad de vida como regular o muy mala, un sesenta y cinco por ciento
que declara disfrutar poco o nada de su vida y un setenta y cinco por ciento que percibe deterioro
reciente, configura un patrón difícilmente atribuible al azar. Estos hallazgos se alinean con la evidencia
que identifica la intensidad del dolor y la limitación funcional derivada como determinantes principales
del bienestar percibido en adultos con dolor crónico musculoesquelético, con mediación relevante del
componente emocional (Fuenmayor Castaño y Taborda Holguín, 2022). La ausencia absoluta de
calificaciones máximas refuerza la impresión de un efecto techo negativo atribuible a la condición
dolorosa.

La dimensión afectiva merece consideración específica. Que el sesenta y cinco por ciento de los
participantes disfrute poco o nada de su vida excede lo esperable de una limitación puramente física y
sugiere compromiso del estado de ánimo. La literatura reciente ha documentado una asociación
pág. 2970
consistente entre dolor crónico y sintomatología depresiva en adultos mayores de consulta externa,
interpretada como circuito de retroalimentación en el cual el dolor favorece el ánimo deprimido y este
amplifica a su vez la percepción álgica (Ortiz Palomino y Escalante López, 2025). A ello se añade el
componente social: el cuarenta por ciento con compromiso de la movilidad autónoma presenta riesgo
elevado de reducción de la participación comunitaria, con las consecuencias documentadas de la soledad
y el aislamiento (Hervás Corral y Sánchez-Suricalday, 2024). El modelo biopsicosocial (Engel, 1977)
ofrece el marco explicativo adecuado, al postular que ninguna descripción restringida al nivel biológico
agota la comprensión de la experiencia del paciente.

Los resultados sobre capacidad funcional aportan un matiz relevante en clave preventiva. Ningún
participante declaró carecer completamente de energía y el treinta y cinco por ciento conserva movilidad
autónoma satisfactoria, de modo que la población evaluada no se encuentra en dependencia establecida
sino en un estadio intermedio de compromiso funcional. La trayectoria descendente percibida por tres
cuartas partes de la muestra, combinada con la conservación parcial de capacidades, define una ventana
de oportunidad para intervenciones orientadas a detener o ralentizar la progresión hacia la dependencia,
cuyas repercusiones sobre el entorno familiar (Avila Martínez et al., 2024) y sobre la calidad de vida
del adulto mayor (Murillo Moncada et al., 2024) se encuentran documentadas. Desde la perspectiva
disciplinar, los hallazgos refuerzan el valor de la valoración integral bajo enfoque biopsicosocial como
competencia nuclear del primer nivel (Alcívar Vélez y Triviño Ibarra, 2026), en línea con la evidencia
de que las intervenciones sostenidas de enfermería comunitaria producen mejoras medibles en el
bienestar percibido (Rezabala Párraga et al., 2025).

Debe reconocerse un conjunto de limitaciones que delimitan el alcance de las conclusiones. La primera
y más determinante es el tamaño muestral, de veinte participantes seleccionados por conveniencia en
una única unidad, combinación que impide toda generalización, incluso hacia el conjunto de usuarios
adultos mayores de la propia unidad, y obliga a interpretar las proporciones como descripciones del
grupo evaluado y no como estimaciones poblacionales. La segunda concierne al análisis: no se aplicaron
pruebas de contraste de hipótesis ni medidas de asociación, por lo que los patrones de correspondencia
descritos no permiten afirmar una relación estadísticamente significativa entre ambas variables; la
hipótesis del protocolo original no fue sometida a contraste formal y este trabajo debe leerse como
pág. 2971
estudio exploratorio de diagnóstico situacional. La tercera deriva del diseño transversal, que impide
establecer secuencias temporales y cualquier inferencia causal. La cuarta se refiere al instrumento: se
empleó un cuestionario de elaboración propia validado por juicio de expertos, sin determinación de
consistencia interna ni empleo de escalas estandarizadas para población hispanohablante (Duarte Ayala
y Velasco Rojano, 2020; Hidalgo-Rasmussen et al., 2021), lo que limita la comparabilidad con otros
estudios.

Estas limitaciones definen la agenda subsiguiente: replicar la caracterización con muestras
probabilísticas de mayor tamaño extendidas a varias unidades del primer nivel, incorporar instrumentos
estandarizados de calidad de vida y de evaluación multidimensional del dolor, y aplicar análisis
inferenciales que estimen la magnitud de la asociación controlando covariables como comorbilidad,
polifarmacia, estado nutricional y apoyo social percibido. Resultarían igualmente valiosos los diseños
longitudinales y los ensayos que evalúen intervenciones multimodales en condiciones reales de atención
primaria.

CONCLUSIONES

En respuesta directa al objetivo planteado, los hallazgos permiten concluir que, dentro de la muestra
evaluada, el dolor crónico constituye una condición extendida, de intensidad predominantemente
moderada a intensa, temporalmente sostenida, localizada de manera preferente en articulaciones de
carga y eje axial, insuficientemente controlada por los tratamientos disponibles y acompañada de un
deterioro consistente del bienestar autorreportado.

En relación con el primer objetivo específico, la totalidad de los participantes refirió dolor persistente:
el noventa por ciento lo situó en niveles iguales o superiores a cinco en una escala de diez puntos y el
sesenta por ciento declaró experimentarlo de manera habitual o permanente, con las rodillas y la espalda
como localizaciones predominantes. Este perfil se registró en una población concentrada
mayoritariamente entre los sesenta y los setenta años, lo que indica que la carga álgica relevante se
instala tempranamente en la vejez y no constituye un fenómeno exclusivo de las edades más avanzadas.

Respecto del segundo objetivo específico, la calidad de vida percibida mostró un patrón desfavorable
en sus tres indicadores: tres cuartas partes de los participantes la calificaron como regular o muy mala,
dos tercios declararon disfrutar poco o nada de su vida y tres cuartas partes percibieron un deterioro
pág. 2972
sustantivo durante el último tiempo, sin que ningún participante seleccionara las categorías más
favorables de bienestar y disfrute. La afectación comprende, por tanto, dimensiones físicas, emocionales
y de participación social de manera simultánea. En cuanto al tercer objetivo específico, la comparación
descriptiva de las distribuciones evidenció una correspondencia consistente entre las variables del dolor
y las del bienestar percibido, situándose los indicadores desfavorables de ambos bloques entre el sesenta
y el noventa por ciento frente a indicadores favorables que no superaron el treinta y cinco por ciento.
Corresponde subrayar que esta convergencia posee carácter descriptivo y no equivale a la demostración
de una asociación estadísticamente significativa.

De estos hallazgos se derivan implicaciones prácticas concretas. Primero, la magnitud del problema
justifica incorporar la valoración sistemática del dolor mediante escalas estandarizadas en la consulta de
rutina de todo usuario adulto mayor, con registro en el expediente y seguimiento longitudinal. Segundo,
el elevado porcentaje con control terapéutico insuficiente exige revisar individualmente los esquemas
analgésicos vigentes e incorporar componentes no farmacológicos, particularmente ejercicio terapéutico
y educación para el autocuidado. Tercero, la conservación parcial de la capacidad funcional en un
contexto de deterioro percibido define una ventana de oportunidad para intervenciones preventivas
orientadas a evitar la progresión hacia la dependencia.

Finalmente, se recomienda que futuras investigaciones amplíen la muestra, adopten estrategias de
muestreo probabilístico, empleen instrumentos previamente validados de evaluación multidimensional
del dolor y de calidad de vida, e incorporen análisis inferenciales que permitan estimar la magnitud de
la asociación entre ambas variables controlando covariables relevantes. Los diseños longitudinales y los
ensayos de intervención implementados en condiciones reales de atención primaria resultarían
especialmente valiosos para transformar la caracterización diagnóstica aquí presentada en evidencia
orientada a la acción.
pág. 2973
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