pág. 3069
FACTORES QUE CONDICIONAN LA
ACEPTACIÓN DE LAS VACUNAS: UNA
REVISIÓN NARRATIVA
EXPRESSIONS OF HOMOPHOBIA: THE EXPERIENCE OF
SEXUAL DIVERSITY ACTIVISTS IN CULIACÁN, SINALOA.
Xochitl Itzel Castillo Duran
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Urias Bautista Sánchez
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Alejandro Chehue Romero
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Judith Bautista Sánchez
Escuela de Medicina Intermedica
Elena Guadalupe Olvera Hernandez
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

pág. 3070
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i4.25328
Factores que condicionan la aceptación de las vacunas: Una revisión
narrativa
Xochitl Itzel Castillo Duran1
xoch384@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-3298-457X
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Mexico
Urias Bautista Sánchez
urias_bautista@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-1182-2179
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Alejandro Chehue Romero
chehuea@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-3054-7544
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Mexico
Judith Bautista Sánchez
xudith25@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-5593-7279
Escuela de Medicina Intermedica
Mexico
Elena Guadalupe Olvera Hernandez
olverae@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-9704-4872
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Mexico
RESUMEN
La aceptación de las vacunas constituye un proceso dinámico en el que intervienen la confianza, la
percepción de riesgo, las experiencias previas, la influencia social, la calidad de la comunicación y las
condiciones de acceso a los servicios. El objetivo de esta revisión narrativa fue analizar los principales
factores que condicionan la aceptación vacunal, con énfasis en los mitos persistentes, la desinformación
digital y el papel del personal sanitario. Se revisaron artículos científicos, revisiones, metaanálisis y
documentos técnicos publicados principalmente entre 2014 y 2026, en español e inglés, procedentes de
fuentes biomédicas y organismos internacionales. La evidencia no respalda una asociación causal entre
vacunas y autismo, ni la idea de que la aplicación simultánea sobrecargue el sistema inmunológico. Los
componentes vacunales cumplen funciones específicas y se emplean en cantidades evaluadas; asimismo,
la infección natural puede generar complicaciones, secuelas y transmisión a grupos vulnerables. No
obstante, la aceptación no depende únicamente de corregir información falsa: también requiere servicios
accesibles, confianza institucional, recomendaciones claras y comunicación empática. Se concluye que
la hesitación vacunal debe abordarse como un fenómeno multifactorial mediante estrategias adaptadas
al contexto, alfabetización en salud, escucha activa y fortalecimiento de los programas de inmunización.
Palabras clave: aceptación vacunal; hesitación vacunal; desinformación; confianza; comunicación en
salud
1 Autor principal.
Correspondencia: xoch384@gmail.com

pág. 3071
Factors Conditioning Vaccine Acceptance: A Narrative Review
ABSTRACT
Vaccine acceptance is a dynamic process shaped by trust, risk perception, previous experiences, social
influence, communication quality, and access to health services. This narrative review aimed to analyze
the main factors conditioning vaccine acceptance, emphasizing persistent myths, digital misinformation,
and the role of health professionals. Scientific articles, reviews, meta-analyses, and technical documents
published mainly between 2014 and 2026 in English and Spanish were reviewed from biomedical
sources and international health organizations. Available evidence does not support a causal association
between vaccines and autism or the claim that simultaneous vaccination overloads the immune system.
Vaccine components serve specific purposes and are used in evaluated amounts; natural infection may
cause complications, sequelae, and transmission to vulnerable groups. Nevertheless, acceptance cannot
be improved solely by correcting false information. It also requires accessible services, institutional
trust, clear recommendations, and empathetic communication. Vaccine hesitancy should therefore be
addressed as a multifactorial phenomenon through context-sensitive strategies, health literacy, active
listening, and stronger immunization programs.
Keywords: vaccine acceptance; vaccine hesitancy; misinformation; trust; health communication
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026

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INTRODUCCIÓN
La vacunación es una de las intervenciones sanitarias con mayor capacidad para prevenir enfermedad,
discapacidad y muerte. Su impacto rebasa la protección individual, porque las coberturas elevadas
reducen la circulación de agentes infecciosos y protegen de manera indirecta a quienes no pueden recibir
determinadas vacunas. Sin embargo, la disponibilidad de productos seguros y eficaces no garantiza por
sí sola que todas las personas inicien o completen los esquemas recomendados.
Los datos más recientes muestran un panorama de avances modestos y brechas persistentes. En 2025,
la cobertura mundial con la tercera dosis contra difteria, tétanos y tosferina se mantuvo en 85 %, mientras
que 13.5 millones de niñas y niños no recibieron ninguna vacuna durante su primer año de vida. En el
caso del sarampión, la primera dosis alcanzó 84 %, porcentaje insuficiente para evitar la acumulación
de personas susceptibles en numerosos territorios (World Health Organization [WHO], 2026a). En las
Américas, el resurgimiento del sarampión durante 2025 y 2026 volvió a mostrar que las brechas de
inmunización pueden traducirse rápidamente en brotes y presión sobre los servicios de salud (Pan
American Health Organization [PAHO], 2026a).
Estas brechas no tienen una sola explicación. Algunas personas no se vacunan porque el servicio está
lejos, los horarios son incompatibles con sus actividades, existen problemas de abasto, no cuentan con
información sobre dónde acudir o enfrentan desigualdades sociales. Otras retrasan o rechazan una
vacuna pese a tenerla disponible, debido a dudas sobre su seguridad, necesidad o eficacia. Esta distinción
es esencial: la falta de vacunación no debe atribuirse automáticamente a desinformación o resistencia
individual, porque hacerlo invisibiliza las barreras estructurales y puede conducir a intervenciones poco
efectivas.
La hesitación vacunal ha sido descrita como el retraso en la aceptación o el rechazo de vacunas a pesar
de la disponibilidad de los servicios, y puede variar según el momento, el lugar y la vacuna específica
(MacDonald, 2015). No se trata de una categoría rígida. Una persona puede aceptar algunas vacunas,
dudar de otras o modificar su decisión después de conversar con un profesional de la salud. Por ello, la
aceptación debe comprenderse como un continuo, no como una oposición simple entre personas “a
favor” y “en contra”.

pág. 3073
Dentro de este continuo, los mitos desempeñan un papel relevante porque ofrecen explicaciones
sencillas ante preocupaciones complejas. La supuesta relación entre vacunas y autismo, la idea de que
varias dosis “sobrecargan” el sistema inmunológico, el temor generalizado a los ingredientes o la
creencia de que enfermarse es siempre preferible para adquirir inmunidad natural continúan circulando,
aun cuando han sido refutados o requieren importantes matices. La repetición constante de estos
mensajes, especialmente en entornos digitales, puede erosionar la confianza y hacer que una afirmación
desacreditada parezca una controversia científica vigente.
El objetivo de este artículo fue analizar, mediante una revisión narrativa, los factores que condicionan
la aceptación de las vacunas, contrastar los principales mitos con la evidencia disponible y discutir
estrategias de comunicación y salud pública que permitan responder a las dudas sin estigmatizar a la
población.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de literatura científica y documentos técnicos sobre aceptación vacunal,
hesitación, seguridad, mitos, desinformación y comunicación en salud. La revisión narrativa se eligió
porque permite integrar resultados de diseños diversos, marcos conceptuales y recomendaciones
institucionales, y organizarlos alrededor de problemas relevantes para la práctica sanitaria.
La búsqueda se actualizó hasta julio de 2026. Se consultaron PubMed/MEDLINE, páginas oficiales de
la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, UNICEF y los Centers
for Disease Control and Prevention. Se utilizaron combinaciones en español e inglés de los términos:
aceptación vacunal, hesitación vacunal, confianza en vacunas, mitos sobre vacunación, seguridad
vacunal, vacunas y autismo, ingredientes de vacunas, adyuvantes, inmunidad natural, desinformación,
redes sociales y comunicación de riesgos.
Se incluyeron revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones de alcance, estudios observacionales
pertinentes y documentos técnicos con autoría institucional identificable. Se priorizaron publicaciones
de 2020 a 2026; no obstante, se conservaron trabajos previos cuando constituían referencias
fundacionales o aportaban evidencia directa sobre mitos específicos. Se excluyeron materiales
comerciales, textos de opinión sin respaldo bibliográfico, publicaciones duplicadas y contenidos cuya
procedencia no podía verificarse.

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La información se sintetizó en ocho categorías: 1) aceptación, hesitación y acceso; 2) seguridad y
farmacovigilancia; 3) vacunas y autismo; 4) aplicación simultánea y respuesta inmunológica; 5)
ingredientes y percepción de toxicidad; 6) inmunidad natural; 7) desinformación digital y confianza; y
8) estrategias para favorecer decisiones informadas. Debido al carácter narrativo de la revisión, no se
efectuó metaanálisis ni evaluación formal del riesgo de sesgo de cada documento.
Desarrollo del tema
Aceptación, hesitación y barreras de acceso
La aceptación vacunal surge de la interacción entre factores personales y contextuales. Entre los
primeros se encuentran la percepción de vulnerabilidad, el balance subjetivo entre beneficios y riesgos,
las experiencias previas, las creencias religiosas o culturales y el conocimiento disponible. Entre los
segundos destacan la confianza en las instituciones, las normas sociales, la recomendación profesional,
la facilidad para acudir al servicio, la disponibilidad de dosis y la calidad del encuentro clínico.
Los modelos contemporáneos de comportamiento vacunal señalan que la decisión puede estar influida
por la confianza, la complacencia, las restricciones prácticas, el cálculo deliberado y el sentido de
responsabilidad colectiva (Betsch et al., 2018). Esta perspectiva ayuda a comprender por qué
proporcionar más datos no siempre modifica una decisión: cuando la barrera principal es logística, se
requiere mejorar el acceso; cuando predomina la desconfianza, se necesita una relación sostenida y
transparente; y cuando existe baja percepción de riesgo, conviene explicar las consecuencias de perder
la protección comunitaria.
Por tanto, atribuir toda falta de vacunación a la ignorancia puede resultar injusto y contraproducente. La
respuesta debe comenzar por identificar la barrera real. Escuchar antes de corregir permite distinguir
entre una pregunta legítima, una experiencia adversa previa, una dificultad operativa y una postura de
rechazo consolidada.
Seguridad vacunal y vigilancia continua
Las vacunas, como cualquier intervención sanitaria, pueden producir eventos adversos. La
comunicación responsable no debe negar esta posibilidad, sino explicar su frecuencia, gravedad,
temporalidad y relación causal. La mayoría de las reacciones esperadas son leves y transitorias, como

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dolor local o fiebre; los eventos graves son poco frecuentes y se investigan mediante sistemas de
farmacovigilancia.
La evaluación de seguridad comienza antes de la autorización, con estudios preclínicos y ensayos
clínicos, y continúa después de la introducción en programas nacionales. La vigilancia
poscomercialización permite detectar señales raras que no siempre aparecen en los ensayos iniciales,
evaluar si existe una asociación causal y actualizar recomendaciones cuando es necesario (WHO,
2025a). Esta capacidad de corrección no representa debilidad del sistema, sino una característica
esencial de la seguridad sanitaria.
Un punto clave es diferenciar entre un evento ocurrido después de la vacunación y un evento causado
por la vacuna. La proximidad temporal puede generar sospecha, pero la causalidad requiere analizar
antecedentes, frecuencia esperada en población no vacunada, plausibilidad biológica, consistencia de
los hallazgos y evidencia epidemiológica. Explicar esta diferencia reduce interpretaciones erróneas sin
invalidar la experiencia de quien reporta un problema.
El mito de las vacunas y el autismo
La supuesta relación entre vacunación y autismo es uno de los mitos más persistentes. Su fuerza no
deriva de la evidencia actual, sino de la difusión prolongada de una afirmación desacreditada y de la
coincidencia temporal entre la aplicación de vacunas infantiles y la edad en la que suelen reconocerse
signos del neurodesarrollo.
La evidencia epidemiológica acumulada no respalda una asociación causal. Un metaanálisis que integró
estudios de cohorte y de casos y controles no encontró relación entre vacunación, vacuna triple viral,
timerosal o mercurio y trastornos del espectro autista (Taylor et al., 2014). Revisiones posteriores sobre
vacunas contra sarampión, parotiditis y rubéola tampoco han identificado un incremento del riesgo de
autismo atribuible a la vacunación (Di Pietrantonj et al., 2021).
Responder a este mito exige sensibilidad. Las familias que buscan comprender un diagnóstico no deben
ser tratadas como adversarias. Una comunicación útil reconoce la preocupación, explica que dos eventos
pueden coincidir en el tiempo sin que uno cause al otro y presenta la evidencia en lenguaje comprensible.
Ridiculizar la duda puede reforzar la desconfianza y cerrar la posibilidad de diálogo.

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Aplicación simultánea y supuesta sobrecarga inmunológica
Otra preocupación frecuente es que varias vacunas aplicadas en una misma consulta puedan “saturar” o
debilitar el sistema inmunológico. Esta idea parte de una representación inexacta de la respuesta
inmunitaria. Desde los primeros días de vida, el organismo entra en contacto con numerosos antígenos
presentes en alimentos, superficies, microorganismos y el ambiente.
Los esquemas de vacunación se diseñan considerando edad, maduración inmunológica, riesgo de
exposición, interferencias potenciales y evidencia de inmunogenicidad y seguridad. Cuando la
administración simultánea está recomendada, permite proteger oportunamente, disminuir visitas
perdidas y evitar periodos innecesarios de susceptibilidad. No equivale a inmunosupresión ni impide
que el organismo responda a otros estímulos.
La explicación debe evitar comparaciones absolutas. No todas las vacunas pueden combinarse de
cualquier manera; la simultaneidad se rige por lineamientos técnicos. El mensaje correcto no es que
“siempre da igual”, sino que los esquemas autorizados han sido evaluados y deben seguirse conforme a
las recomendaciones nacionales.
Ingredientes, adyuvantes y percepción de toxicidad
Los nombres químicos generan preocupación cuando se presentan sin contexto. Conservadores,
estabilizadores y adyuvantes cumplen funciones distintas: mantener la calidad del producto, evitar
contaminación, conservar su estabilidad o potenciar la respuesta inmunitaria. La evaluación de un
componente no depende solo de su nombre, sino de la dosis, vía de administración, exposición total y
evidencia toxicológica.
Los adyuvantes utilizados en determinadas vacunas permiten obtener una respuesta inmunitaria
adecuada con menor cantidad de antígeno o menos dosis. Su seguridad se evalúa junto con la
formulación completa, y la vigilancia continúa después de la autorización (Centers for Disease Control
and Prevention [CDC], 2024a). Presentar un ingrediente como peligroso únicamente porque también
aparece en otros contextos ignora un principio básico de toxicología: el riesgo depende de la exposición
y no solo de la presencia.

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La transparencia es indispensable. Ocultar términos o responder con frases tranquilizadoras sin
explicación puede aumentar la sospecha. Es más efectivo describir qué contiene la vacuna, para qué
sirve cada componente, en qué cantidad se utiliza y qué mecanismos existen para evaluar su seguridad.
Inmunidad natural y riesgo de enfermar
La infección natural puede generar inmunidad, pero no constituye una alternativa sin costo. Para
obtenerla, la persona debe atravesar la enfermedad y asumir el riesgo de complicaciones,
hospitalización, secuelas, transmisión o muerte. La magnitud de ese riesgo varía según el agente
infeccioso, la edad y las condiciones individuales.
Las vacunas buscan inducir memoria inmunológica reduciendo la probabilidad de padecer las formas
graves asociadas con la infección. La protección no siempre es absoluta y puede disminuir con el tiempo;
por ello existen refuerzos y actualizaciones. Reconocer estos límites fortalece la credibilidad: una vacuna
no necesita prevenir todos los contagios para aportar un beneficio clínico y poblacional relevante.
El argumento de la inmunidad natural también suele omitir la dimensión colectiva. Una persona
infectada puede transmitir el agente antes de desarrollar síntomas o durante el curso clínico, afectando
a lactantes, personas inmunosuprimidas y otros grupos vulnerables. La decisión individual, por tanto,
tiene consecuencias comunitarias.
Desinformación digital y construcción de confianza
Las redes sociales no crean por sí solas la hesitación, pero amplifican contenidos que apelan a emociones
intensas y ofrecen respuestas simples. Un relato personal puede resultar más persuasivo que una tabla
epidemiológica, aun cuando no permita establecer causalidad. Además, la repetición aumenta la
familiaridad con una afirmación y puede hacer que parezca verdadera.
En un estudio realizado en Brasil, la dificultad para rechazar mitos relacionados con autismo, efectos
adversos e inmunidad natural se asoció con esquemas incompletos, incluso después de considerar otros
determinantes (Kallas-Silva et al., 2025). Este hallazgo no implica que toda persona expuesta a
información falsa rechazará vacunas, pero confirma que los mitos pueden traducirse en conductas
sanitarias.
Las intervenciones digitales muestran resultados variables. Una revisión sistemática y metaanálisis de
ensayos aleatorizados encontró que las estrategias en redes sociales pueden mejorar conocimientos,