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El primero en exponer sus ideas de manera sistemática fue José Díaz Covarrubias, mismas que se
encuentran en su obra La instrucción Pública en México, editado en 1875, argumentaba que las ciencias
deberían ser el estudio esencial de los planes de enseñanza y las matemáticas la ciencia fundamental.
Díaz Covarrubias proponía que la estructura de la instrucción pública debería tener cuatro niveles:
rudimental que tendría la responsabilidad de llevar a un sector amplio de la población la educación; la
fundamental, correspondía al nivel secundario y preparatorio y se desarrollaría bajo la base de una
preparación enciclopédica universal; la profesional, estaría organizada en escuelas especiales, y tendría
como objetivo la aplicación de las ciencias estudiadas en la escuela enciclopédica y, la trascendental
que estaba destinada a la investigación para el progreso de la ciencia y por ello, se realizaría en
laboratorios y gabinetes (Díaz J:Plan de estudios:1867)
También Ignacio Ramírez tuvo una participación destacada, tenía experiencia en la organización de la
instrucción pública ya que fue responsable de la ley de 1861 -bajo de gobierno de Juárez-, en el grupo
encargado de organizar la instrucción pública en 1867, él defendía la organización de la educación en
tres ramos: gimnástico comprendía, idiomas, artes, matemáticas y gimnasia; el segundo era el de
clasificaciones o histórico, además de la historia, estaría el estudio de obras literarias, los sistemas, los
mitos, los códigos, la legislación nacional y los diversos sistemas filosóficos y por último el ramo
científico, centrado en la enseñanza de las ciencias a través de la observación y el cálculo, es decir las
ciencias positivistas. Ramírez no relacionaba los contenidos con una estructura rígida de grados como
primaria, secundaria o profesional, sino que estos servirían como base para la elaboración de los
programas. Finalmente concluía su participación argumentando que el país necesitaba hombres de
entendimiento y de voluntad y no máquinas de memoria.
La comisión que organizó la instrucción pública presento los contenidos
programáticos que se acercaban a la propuesta de Ramírez. Sin embargo, Días
Covarrubias publicó un artículo en el Diario Oficial el 11 de octubre de 1867, donde
intentaba precisar sus ideas y buscar los puntos de encuentro con la propuesta de
Ramírez, y finalizó aceptando que esos puntos de encuentro eran dos: la importancia
de los estudios esencialmente prácticos y nada de estudios metafísicos. Pero lo alejaba
acerca de la concepción de las ciencias positivas ya que para Díaz la ciencia positiva