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INTRODUCCIÓN
La acelerada transformación digital experimentada durante las últimas dos décadas ha redefinido
profundamente las formas de comunicación, participación social, acceso a la información y construcción
del conocimiento. La incorporación masiva de dispositivos móviles, redes sociales, plataformas
colaborativas e inteligencia artificial ha modificado los escenarios educativos, generando nuevas
oportunidades para el aprendizaje, pero también desafíos relacionados con la convivencia, la privacidad,
la seguridad y la ética en los entornos digitales (UNESCO, 2023). En consecuencia, la formación de
ciudadanos capaces de desenvolverse de manera crítica, responsable y ética en dichos escenarios
constituye actualmente una de las prioridades de las políticas educativas internacionales.
En este contexto emerge el concepto de ciudadanía digital, entendido como el conjunto de
conocimientos, habilidades, valores y actitudes que permiten a las personas participar de forma segura,
ética, crítica y responsable en la sociedad digital (Ribble, 2015). Desde esta perspectiva, la ciudadanía
digital trasciende el dominio instrumental de las tecnologías para incorporar dimensiones relacionadas
con la participación democrática, la alfabetización mediática, la protección de datos personales, el
respeto por los demás y la construcción de una identidad digital responsable (Choi, 2016). De manera
complementaria, Floridi (2013) sostiene que la sociedad contemporánea debe comprenderse como una
"infosfera", donde las acciones realizadas en los entornos digitales poseen implicaciones éticas
comparables a las desarrolladas en los espacios físicos.
Diversas investigaciones han demostrado que los adolescentes constituyen uno de los grupos
poblacionales con mayor interacción en ambientes digitales, particularmente mediante redes sociales,
plataformas de mensajería instantánea y servicios de contenido audiovisual (Livingstone et al., 2021).
Sin embargo, el incremento de dicha interacción también ha favorecido la aparición de fenómenos como
el ciberacoso, la difusión de noticias falsas, el discurso de odio, el uso irresponsable de la inteligencia
artificial, el robo de identidad y la sobreexposición de información personal (Hinduja & Patchin, 2023;
Wardle & Derakhshan, 2017). Estos fenómenos evidencian que el acceso a la tecnología no garantiza,
por sí mismo, la construcción de una ciudadanía digital competente, siendo indispensable el desarrollo
de procesos educativos sistemáticos que promuevan el pensamiento crítico y la ética digital.