REVISIÓN DE LA LITERATURA DE
HEMATOMA RETROBULBAR:
REPORTE DE CASO
LITERATURE REVIEW OF RETROBULBAR HEMATOMA:
CASE REPORT
Gabriela Mojica
Hospital Pablo Tobón Uribe, Colombia
Conrado Orozco A
Universidad de Antioquia, Colombia

pág. 3960
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i5.26267
Revisión de la Literatura de Hematoma Retrobulbar: Reporte de Caso
Gabriela Mojica1
gmojica@hptu.org.co
https://orcid.org/0009-0009-5197-8205
Médica general
Hospital Pablo Tobón Uribe
Medellín – Colombia
Conrado Orozco A
https://orcid.org/0009-0008-9389-2656
Cirujano plástico, reconstructivo y estético
Universidad de Antioquia
Medellín – Colombia
RESUMEN
El hematoma retrobulbar es una acumulación de sangre en el espacio retrobulbar que puede producir
un síndrome compartimental orbitario y pérdida visual permanente si la presión intraorbitaria elevada
se mantiene entre 60 y 100 minutos. Su causa principal es el trauma facial asociado a fracturas, y su
reconocimiento temprano es especialmente difícil en pacientes con alteración del estado de conciencia.
Se presenta el caso de un paciente de 14 años, conductor de motocicleta sin casco, con trauma de alta
energía que le ocasionó fracturas de la base del cráneo con neumoencéfalo, hematoma subdural
parietotemporal derecho, contusiones frontales hemorrágicas, contusiones pulmonares y múltiples
fracturas faciales. Debido a su somnolencia, la evaluación clínica ocular fue limitada y el hematoma
retrobulbar pasó inicialmente inadvertido; se identificó durante la revisión de las imágenes
prequirúrgicas. Fue llevado a cirugía emergente conjunta con neurocirugía mediante craneotomía
pterional derecha, con drenaje de los hematomas epidural, intracerebral e intraorbitario y craneoplastia
con malla de titanio. Fue extubado sin complicaciones y presentó una evolución oftalmológica
favorable. Con base en una revisión de la literatura en PubMed, Embase y Google Académico, se
recomienda sospechar esta entidad ante fracturas faciales, en especial del piso orbitario. Una presión
intraocular ≥40 mmHg indica intervención inmediata, sin que las imágenes ni las interconsultas retrasen
el manejo. La terapia combinada, que integra medidas médicas e intervención quirúrgica como la
cantotomía y cantolisis lateral, se asocia a menores secuelas visuales. En el paciente politraumatizado
con fracturas faciales, la búsqueda activa del hematoma retrobulbar permite un tratamiento oportuno
que reduce el riesgo de ceguera.
Palabras clave: hematoma retrobulbar; fracturas faciales; síndrome compartimental orbitario;
craneotomía pterional
1 Autor principal
Correspondencia: gmojica@hptu.org.co

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Literature Review of Retrobulbar Hematoma: Case report
ABSTRACT
Retrobulbar hematoma is a collection of blood in the retrobulbar space that can cause orbital
compartment syndrome and permanent vision loss if elevated intraorbital pressure is sustained for 60
to 100 minutes. Its main cause is facial trauma associated with fractures, and early recognition is
particularly difficult in patients with an altered level of consciousness. We report the case of a 14-year-
old motorcycle driver, not wearing a helmet, who sustained high-energy trauma resulting in skull base
fractures with pneumocephalus, a right parietotemporal subdural hematoma, hemorrhagic frontal
contusions, pulmonary contusions, and multiple facial fractures. Because of his drowsiness, the clinical
eye examination was limited and the retrobulbar hematoma initially went unnoticed; it was identified
during the review of preoperative imaging. He underwent emergency surgery together with
neurosurgery through a right pterional craniotomy, with drainage of the epidural, intracerebral, and
intraorbital hematomas and cranioplasty with a titanium mesh. He was extubated without complications
and had a favorable ophthalmologic outcome. Based on a literature review in PubMed, Embase, and
Google Scholar, this condition should be suspected in the presence of facial fractures, especially of the
orbital floor. An intraocular pressure ≥40 mmHg calls for immediate intervention, and neither imaging
nor consultations should delay management. Combined therapy, integrating medical measures and
surgical intervention such as lateral canthotomy and cantholysis, is associated with fewer visual
sequelae. In polytrauma patients with facial fractures, actively searching for retrobulbar hematoma
allows timely treatment that reduces the risk of blindness.
Keywords: retrobulbar hematoma; facial fractures; orbital compartment syndrome; pterional
craniotomy.
Artículo recibido 20 agosto 2026
Aceptado para publicación: 20 setiembre 2026

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INTRODUCCIÓN
El hematoma retrobulbar se define como el acúmulo de sangre en el espacio retrobulbar detrás del globo
ocular. La principal causa es el trauma asociado a fracturas faciales en accidentes de tránsito (2), sin
embargo, se han descrito otras causas como complicación quirúrgica al reducir fracturas faciales o en
cirugías oculares que involucren el abordaje por los párpados o abordaje transnasal, dacriocistectomía,
en anestesia regional con inyección por vía retrobulbar, maniobra de valsalva en pacientes
anticoagulados, anomalías vasculares, coagulopatías e hipertensión descontrolada. (1,2)
La incidencia del hematoma retrobulbar es baja, Boffano, P et al menciona una incidencia variable de
1.3% to 3.6% de acuerdo a la población estudiada, en latinoamérica se estima una incidencia del 1%.
En la población del artículo se encuentra que cerca de un tercio (35.1%) de los pacientes se encontraban
recibiendo terapia antitrombótica comportandose como factor de riesgo adicional para el desarrollo de
hematoma retrobulbar (10). Menos del 1- 2 % se asocia a complicaciones postquirúrgicas. Cuando se
asocia a inyección retro o peribulbar es del 2%, si es debida a reparación de fractura de cigomático es
del 0.3% o por blefaroplastia del 0.055% (2). Esto lleva a que su incidencia cambie de acuerdo a la
etiología y a pesar de ser poco frecuente, se debe reconocer de manera temprana por las consecuencias
que un diagnóstico equivocado puede traer, entre ellas la pérdida permanente de la visión cuya
incidencia es del 0.14% según la literatura.(2,4,5)
La fisiopatología para el hematoma retrobulbar consiste en la colección de sangre en el espacio
retrobulbar divido en tres compartimentos conocidos como subperiosteal, intraconal y extraconal,
debido a que es un espacio cerrado y limitado por estructuras óseas cuando se superan los mecanismos
de compensación de presiones toleradas la presión venosa aumenta y consigo la presión intraorbitaria
cuyo rango normal se encuentra entre 8 a 21 mmHg, disminuyendo el flujo arterial que termina en un
síndrome compartimental ocular. Una vez se aumenta la presión ocular de manera sostenida, se excede
el límite de presión de la arteria retiniana y si este aumento se sostiene por más de 60 a 100 minutos,
puede llevar a pérdida permanente de la visión. Se ha descrito la descompresión sin intervención
quirúrgica debido a la presencia de fracturas de la órbita; pues la cavidad se vuelve permeable
permitiendo que la sangre fluya a través de la fractura impidiendo su acumulación y disminuyendo el
riesgo de pérdida permanente de visión o síndrome compartimental ocular. (3)

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Clínicamente se evidencia proptosis, producto del aumento de la presión ocular que generalmente es
progresiva; el paciente puede referir diplopía, cefalea, náuseas y vómito. Otros hallazgos corresponden
a dolor ocular progresivo, equimosis periorbitaria, disminución de la agudeza visual, aumento de
presión intraorbitaria, oftalmoplejía y edema del disco óptico en la oftalmoscopia. Sin embargo, se
debe tener en cuenta que de manera inicial el paciente puede permanecer asintomático.
A la hora de valorar de manera clínica un paciente que cuente con las características previamente
descritas, se debe realizar evaluación individual de cada ojo respecto a la agudeza visual, la respuesta
pupilar directa e indirecta a la luz para detectar si existen alteraciones en respuesta al reflejo pupilar
aferente y los movimientos extraoculares con el fin de detectar si existe restricción.
En caso de que el paciente se encuentre con alteración del estado de conciencia o sea poco colaborador,
se recomienda evaluar la proptosis, la resistencia a la retropulsión, la respuesta pupilar, la presión
intraocular de ser posible y la presencia de párpados edematizados. Con presencia de estos síntomas y
una presión intraocular mayor a 40 mmHg se debe iniciar el manejo.
Una vez establecida la sospecha, se requiere la valoración por oftalmología pero esta no debe retrasar
el inicio del manejo donde se debe administrar un antiemético, un anestésico y de acuerdo al grado de
compromiso considerar la realización de cantotomía y cantolisis.
MATERIALES Y MÉ TODOS
Se presenta el caso clínico de un paciente adolescente que sufrió un accidente de tránsito mientras
conducía una motocicleta, con traumatismo craneofacial, fracturas faciales y diagnóstico de hematoma
retrobulbar. Debido a la importancia de esta complicación y al riesgo potencial de compromiso visual,
se realizó una evaluación clínica e imagenológica para establecer el diagnóstico y definir la conducta
terapéutica más adecuada. El paciente fue sometido a drenaje quirúrgico del hematoma mediante un
abordaje pterional con craneotomía, con el propósito de facilitar la evacuación de la colección hemática
y disminuir la presión intraorbitaria. Se describe la presentación clínica, los hallazgos diagnósticos, el
procedimiento quirúrgico y la evolución posterior del paciente, destacando los aspectos relevantes para
el abordaje de esta entidad.
Adicionalmente, se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed, Embase y
Google Académico, con el objetivo de identificar publicaciones relacionadas con el hematoma

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retrobulbar y su asociación con las fracturas faciales. Para la estrategia de búsqueda se utilizaron
términos MeSH relacionados con hematoma retrobulbar y fracturas faciales, así como sus equivalentes
bibliográficos cuando correspondía. La literatura identificada permitió contextualizar el caso clínico,
revisar las alternativas diagnósticas y terapéuticas disponibles y resaltar la importancia del
reconocimiento temprano y la intervención oportuna para prevenir complicaciones visuales
permanentes.
Caso clínico
Paciente de 14 años, sin antecedentes médicos, ingresa tras sufrir un trauma de alta energía como
conductor de motocicleta sin casco, con manejo inicial de ácido tranexámico, cefalotina y gentamicina.
A su ingreso, se encuentra ansioso y somnoliento, con equimosis periorbitaria bilateral, edema maxilar
bilateral y múltiples fracturas dentales; además, presenta un episodio de hematemesis y una herida en
el muslo derecho de 15 cm con exposición de tejido muscular y vena safena, sin sangrado activo. Se
descartaron fracturas de fémur y mediante el examen FAST se descartan sangrado intraabdominal,
pélvico y pericárdico. Se solicitó TAC de cráneo, de columna cervical, cara, tórax y abdomen, donde
se encontraron fracturas en la base del cráneo con neumoencéfalo, hematoma
subdural parietotemporal derecho, contusiones frontales hemorrágicas, fracturas faciales y cervicales,
y contusiones pulmonares.
Imagen 1. Paciente al ingreso. Autorizada por representante legal y paciente.
Neurocirugía evaluó al paciente y consideró que no requería cirugía urgente. Ortopedia programa un
lavado quirúrgico de la herida en el muslo. Los paraclínicos evidenciaron función renal conservada,
acidosis metabólica leve y hemograma sin alteraciones significativas.
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Imagen 2. TAC de cráneo y reconstrucción tridimensional
Posteriormente, el grupo de cirugía plástica evalúa las lesiones faciales y decide realizar lavado,
desbridamiento y curetaje óseo mandibular. Durante la revisión de imágenes de rutina prequirúrgicas,
se identificó un hematoma retrobulbar que requirió drenaje emergente, por lo que se programó para
cirugía emergente en conjunto con neurocirugía para descompresión mediante craneotomía, drenando
los hematomas epidurales, intracerebrales e intraorbitario y en el mismo acto, se corrigió el
meningocele residual con craneoplastia.
El paciente fue trasladado a UCI en el posquirúrgico, donde recibió manejo antibiótico y analgésico,
se logró extubar sin complicaciones. A lo largo de su evolución, presentó una leve acidosis metabólica,
y la evaluación oftalmológica muestra una buena evolución. Finalmente, fue dado de alta por
neurocirugía y ortopedia.
Imagen 3. Paciente post operatorio Autorizada por representante legal y paciente.

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DISCUSIÓN
El hematoma retrobulbar tiene origen multifactorial, siendo principalmente secundario a trauma
maxilofacial asociado a fracturas. La órbita es una estructura susceptible a fracturas debido a su
exposición y a sus huesos delgados, adicionalmente, es una cavidad inflexible por lo que con cambios
en su contenido llevan a afectar la irrigación de la retina y a daño isquémico en el nervio óptico (2); por
estas características, con el aumento de la presión existe el riesgo de desarrollar el síndrome
compartimental. La diplopía es la complicación más frecuentemente asociada a defectos en el piso de
la órbita, así como la alteración en los movimientos oculares, exoftalmos, disminución en la agudeza
visual y el edema palpebral que en ocasiones dificulta la evaluación y detección de la proptosis que
tiende a ser progresiva. (6,7)
Debido a que el hematoma retrobulbar compromete la visión, es fundamental su pronto reconocimiento
e inicio del manejo para evitar o reducir secuelas. Una vez se tenga la sospecha o se confirme el
diagnóstico, el paciente debe ser evaluado por oftalmología, sin embargo, ni la toma de imágenes ni la
consulta deben retrasar el inicio del manejo pues el compromiso a nivel ocular es tiempo dependiente.
De existir la posibilidad de medir la presión intraocular y encontrarse esta mayor o igual a 40 mmHg se
debe intervenir de manera inmediata. De ahí la importancia de conocer el procedimiento para realizar
la descompresión orbitaria mediante cantotomía y cantolisis lateral orbitaria o LOCC, con el fin de
aliviar la presión intraorbitaria al liberar el párpado inferior aumentado el tamaño de la cavidad. (2).
En el hospital Chang Gung Memorial se realizó una revisión retrospectiva entre 1999 y 2009 donde se
recogieron datos de 90 casos con fracturas orbitarias. Los pacientes que presentaron hematoma
retrobulbar se dividieron en tres cohortes con el fin de determinar la mejor conducta; en la primera se
observaron los pacientes sin realizar intervenciones, la segunda con manejo médico y la última con
manejo combinado donde se incluyó la terapia médica e intervención quirúrgica. Se encontró que los
pacientes que fueron intervenidos quirúrgicamente y recibieron terapia médica tuvieron menores
secuelas que quienes recibieron solo una terapia ( manejo médico sin intervención quirúrgica). (2-9).
Se refuerzan estos hallazgos con el reciente estudio publicado por Boffano, P. et al. La mayoría de los
pacientes recibieron terapia combinada, generalmente abordados con cantotomía lateral y cantolisis, se
encontró recuperación completa en el 51.9%, parcial en el 29.9% y ceguera en el 10.4%.

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La variabilidad en estos resultados se asoció de manera directa a lesiones oculares, edad, tamaño del
hematoma y el tiempo de intervención. (10.)
Se debe tener en cuenta que para discernir entre el manejo médico y el quirúrgico se evalúa el estado
clínico del paciente. En la evaluación del paciente se debe incluir si hay disminución de agudeza visual,
pérdida del reflejo luminoso o restricción de movimientos oculares; de estar presentes se procede a
revisar la presencia de proptosis dolorosa, globo ocular pétreo o aumento en la consistencia y alteración
del reflejo pupilar aferente. Este último se considera la manifestación más sensible por lo que de estar
presente, sumado al resto de síntomas a pesar de que no exista disminución en la agudeza visual se debe
proceder a la intervención quirúrgica junto al manejo médico. La tomografía de cráneo es la imagen
inicial por excelencia, pues además de identificar fracturas asociadas ayuda a caracterizar la localización
anatómica del hematoma, siendo la extraconal la más común y la intraconal la de peor pronóstico
visual.
En el caso clínico, nos encontramos con un paciente con alteración en el estado de conciencia por lo
que su evaluación completa representó un reto debido al trauma de alta energía y manifestaciones
clínicas se realiza la serie de imágenes descritas donde se identificaron múltiples fracturas faciales y
demás lesiones mencionadas, sin embargo, el hematoma retrobulbar inicialmente pasó desapercibido.
Esto nos lleva a pensar en que la sospecha temprana de esta entidad al tener un factor de riesgo como
lo son las fracturas faciales , especialmente cuando se incluyen las del piso de órbita, debe hacernos
pensar en esta complicación asociada. Estudiar de manera detallada la clínica y si esta no es clara
recurrir a la tomografía, con especial cuidado se debe estudiar la imagen para descartar o confirmar la
presencia del hematoma retrobulbar. Con la imagen, es importante identificar fracturas de poso de la
órbita que son como bien se ha dicho las más frecuentes en relación a hematoma retrobulbar y se asocian
a mal desenlace si no se identifican a tiempo, principalmente si son intraconales.
Como recomendación adicional, se encuentra hospitalizar a los pacientes con sospecha por al menos 48
horas para evaluar aparición de sangrado tardío. (15)
En este caso, se logra detectar de manera exitosa su presencia y en conjunto con neurocirugía se realiza
una craneotomía mediante un abordaje pterional derecho, donde adicionalmente se decide drenar un
hematoma epidural y uno intracerebral, con posterior drenaje del hematoma retrobulbar y colocación

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de malla de titanio vario. Además del procedimiento LOCC que se considera un abordaje de emergencia
donde el objetivo principal es ampliar la capacidad de la cavidad, se describen abordajes como el lateral
realizando la incisión en la ceja, transetmoidal, transantral, craneotomía transfrontal y pterional que fue
el seleccionado en este caso. (2) Los implantes utilizados para reconstrucción varían de acuerdo a la
disponibilidad, y al tamaño del defecto, en niños, generalmente se recomiendan implantes absorbibles
como lo son lo PDS (Polidioxanona o PDO), sin embargo, la malla de titanio se prefiere para defectos
de mayor tamaño, con la única dificultad de adherencia con el tiempo a las estructuras que terminan en
un abordaje complejo de ser necesario. (6).
Adicionalmente, la descompresión bajo anestesia general se debe realizar idealmente en las primeras 6
horas posterior al trauma para mejores desenlaces y realizar seguimiento de la agudeza visual cada 2
horas por 24 horas posterior a la reducción de la fractura. (11,13,14)
Es importante tener en cuenta el manejo no farmacológico donde se incluye el reposo en cama con
cabecera elevada y hielo a tolerancia (8). En cuanto al manejo médico se considera primera línea cuando
no existen fracturas pero se evidencia hematoma retrobulbar que no compromete ni la agudeza visual,
ni los reflejos ni tampoco el movimiento, considerándose casos leves. Cuando estamos ante un caso en
el que no existan las condiciones previamente mencionadas y se deba intervenir quirúrgicamente al
paciente, también se considera como terapia coadyuvante. En esto se incluye el uso de corticoesteroides,
ya que reducen el espasmo y edema de la microcirculación y presión intraorbitaria, por lo que se
consideran de primera línea. El corticosteroide más utilizado en estos casos es la Metilprednisolona a
dosis altas: 30 mg/kg de carga seguido de 15 mg/kg cada 6 horas. (2).
Por otro lado, los antieméticos se recomiendan con el fin de reducir el aumento de presión por la
maniobra de valsalva asociada a vómito y analgesia para mayor confort. En los casos donde se identifica
mediante imágenes la presencia de un hematoma retrobulbar sin compromiso del nervio óptico se
sugiere iniciar con el manejo farmacológico y realizar observación continua con el fin de identificar de
manera temprana el deterioro o la aparición de signos que hagan sospechar el aumento en la presión
intraorbitaria. (1). Se ha descrito como alternativa el drenaje mediante aspiración del hematoma de
manera directa, sin embargo, esto depende de la magnitud del hematoma y el compromiso clínico que
muestre el paciente además de la experticia del personal para realizar dicho procedimiento.

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Se encuentra también descrito el uso de betabloqueadores como el timolol maleato y agentes osmóticos
como el manitol. La Acetazolamida ha demostrado ser efectiva para reducir la presión intraocular por
lo que es otra opción para el manejo médico. De manera general, si un paciente presenta diplopía,
proptosis, alteración en movimientos oculares, disminución del reflejo pupilar aferente, una fractura
mayor a 1 cm evidenciada por TAC o evidencia del hematoma retrobulbar en TAC la indicación es
realizar la cirugía de manera urgente. (6).
Se debe tener en cuenta, que existen reportes donde se presentan de manera tardía los síntomas y signos
del hematoma retrobulbar debido a que la proptosis puede ser progresiva y generar las alteraciones
cuando el volumen del sangrado supere la capacidad de irrigación del ojo y del nervio óptico, que así
como los músculos también sufre isquemia por el aumento de presión en la cavidad; de ahí la alteración
en los movimientos oculares. Otra indicación quirúrgica diferente a las ya mencionadas es la presencia
de enoftalmos mayor a 2 mm en las primeras 6 semanas, hipoglobo o diplopía significativa que no
resuelve después de dos semanas,(6) por lo cual es fundamental el seguimiento de los pacientes
basándose en los factores de riesgo con los que cumpla y los signos de alarma. (7, 12,13).
CONCLUSIONES
En conclusión, el hematoma retrobulbar constituye una urgencia oftalmológica que requiere una alta
sospecha diagnóstica, especialmente en pacientes con antecedentes de traumatismo facial, fracturas
orbitarias o accidentes de tránsito. El reconocimiento oportuno de los factores de riesgo, las
manifestaciones clínicas y los signos de alarma resulta fundamental para establecer un diagnóstico
temprano y seleccionar la estrategia terapéutica más adecuada según las características y la gravedad
de cada caso.
Es indispensable realizar una evaluación clínica exhaustiva y complementar los hallazgos con estudios
de imagen cuando estén indicados, sin retrasar las intervenciones necesarias ante la sospecha de
compromiso visual. La identificación de signos como la disminución de la agudeza visual, la proptosis,
el dolor ocular y la limitación de los movimientos oculares debe motivar una valoración urgente y la
consideración de una descompresión orbitaria inmediata cuando exista indicación clínica.
Se debe recordar que esta entidad es tiempo-dependiente, por lo que cualquier demora en su
reconocimiento y tratamiento puede favorecer la aparición de lesiones irreversibles del nervio óptico,

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pérdida permanente de la visión y deterioro significativo de la calidad de vida. Por tanto, la educación
del personal sanitario, la interpretación adecuada de las imágenes diagnósticas y la coordinación
interdisciplinaria son esenciales para optimizar los resultados clínicos, reducir las secuelas y favorecer
la recuperación funcional del paciente.
Conflicto de interés
Los autores declaran no tener conflicto de interés.
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