LA AUTODISCRIMINACIÓN COMO
MANIFESTACIÓN DE LA AUTOESTIGMA

EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS

SELF
-DISCRIMINATION AS A MANIFESTATION OF
SELF
-STIGMA AMONG UNIVERSITY STUDENTS
Ursula Milagros Chu Amaranto

Universidad Nacional del Santa, Perú

Miriam Vilma Vallejo Martínez

Universidad Nacional del Santa, Perú

Julissa Olinda De La Cruz Muñoz

Universidad Nacional del Santa, Perú

Luis Alfredo Pajuelo Gonzáles

Universidad Nacional del Santa, Perú
pág. 4148
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i5.26283
La Autodiscriminación como Manifestación de la Autoestigma en
Estudiantes Universitarios

Ursula Milagros Chu Amaranto
1
uchu@uns.edu.pe

https://orcid.org/0000
-0003-4884-2904
Universidad Nacional del Santa

Perú

Miriam Vilma Vallejo Martínez

mvallejo@uns.edu.pe

https://orcid.org/0000-0001-7706-7922

Universidad Nacional del Santa

Perú

Julissa Olinda De La
Cruz Muñoz
jdelacruz@uns.edu.pe

https://orcid.org/0000
-0002-8347-0053
Universidad Nacional del Santa

Perú

Luis Alfredo Pajuelo Gonzáles

lpajuelo@uns.edu.pe

https://orcid.org/0000-0003-4568-3434

Universidad Nacional del Santa

Perú

RESUMEN

Los estereotipos sociales pueden ser incorporados progresivamente por las personas hasta convertirse
en creencias personales, favoreciendo procesos de autoestigma y posibles conductas
autodiscriminatorias. En este contexto, el estudio tuvo como propósito aportar evidencia empírica sobre
la presencia de conductas de autoexclusión en estudiantes universitarios. Se desarrolló bajo un diseño
descriptivo, con una muestra de 587 estudiantes, a quienes se aplicó un instrumento que presentó niveles
adecuados de validez y confiabilidad. Se demostró que el 70,2 % de los estudiantes presenta un nivel
bajo de autoexclusión; sin embargo, el 25,7 % alcanza un nivel medio y el 4,1 % un nivel alto, lo que
evidencia la presencia del fenómeno en aproximadamente tres de cada diez estudiantes. En las
dimensiones evaluadas, el 34,9 % presenta un nivel medio y el 4,9 % un nivel alto de internalización
de estereotipos. Asimismo, el 5,8 % evidencia un nivel alto de rechazo de la identidad étnico-racial.
Respecto a las experiencias discriminatorias, el 29,8 % se ubica en nivel medio y el 4,6 % en nivel alto.
Finalmente, el 33,0 % presenta un nivel medio de autoexclusión y el 4,3 % un nivel alto. Los hallazgos
evidencian diferentes grados de autodiscriminación en el ámbito universitario.

Palabras clave:
estigma; autoestigma; Why Try Effect; autodiscriminación
1
Autor principal
Correspondencia:
uchu@uns.edu.pe
pág. 4149
Self
-discrimination as a Manifestation of Self-Stigma Among University
Students

ABSTRACT

Individuals may progressively internalize social stereotypes, turning them into personal beliefs that

foster processes of self
-stigma and potential self-discriminatory behaviors. In this context, the study
aimed to provide empirical evidence regarding the
presence of self-exclusion behaviors among
university students. It employed a descriptive design with a sample of 587 students, using an instrument

that demonstrated adequate levels of validity and reliability.
The results showed that 70.2% of the
students
exhibited a low level of self-exclusion; however, 25.7% showed a moderate level and 4.1% a
high level, indicating the presence of this phenomenon in approximately three out of ten students.

Regarding the dimensions evaluated, 34.9% showed a moderate level
and 4.9% a high level of
stereotype internalization. Additionally, 5.8% exhibited a high level of rejection of their ethnic
-racial
identity. Regarding discriminatory experiences, 29.8% fell into the moderate category and 4.6% into

the high category. Final
ly, 33.0% showed a moderate level of self-exclusion, while 4.3% showed a high
level. The findings demonstrate varying degrees of self
-discrimination within the university setting.
Keywords:
stigma; self-stigma; why try effect; self-discrimination.
Artículo recibido 20 agosto 2026

Aceptado para publicación: 20 setiembre 2026
pág. 4150
INTRODUCCIÓN

La discriminación constituye una forma de diferenciación social basada en características atribuidas a
las personas o grupos. Sin embargo, el fenómeno adquiere una dimensión particular cuando la
valoración negativa proveniente del entorno es interiorizada por el propio individuo y puede traducirse
en acciones dirigidas contra sí mismo. En este sentido, el presente estudio aborda las conductas de
autodiscriminación, expresadas principalmente mediante la autoexclusión y la evitación de la identidad
grupal, como posibles manifestaciones conductuales del proceso psicológico del autoestigma en
estudiantes universitarios. La vida en sociedad implica la existencia de normas, categorías y formas de
interacción que regulan el comportamiento individual y colectivo. Durkheim (2001) sostiene que los
hechos sociales comprenden modos de actuar, pensar y sentir exteriores al individuo, dotados de un
poder de coacción. En este proceso de interacción se construyen categorías que diferencian a un
“nosotros” de “los otros”, generando relaciones asimétricas de poder y valoración social (Berger &
Luckmann, 1966, citado en Nişancı, 2024). Una de las expresiones de esta diferenciación es el estigma,
entendido como una marca social que desacredita al individuo por determinadas características
(Goffman, 1963). El estigma puede producir pérdida de estatus, separación y discriminación,
reproduciendo desigualdades entre grupos (Link & Phelan, 2001; Major & O'Brien, 2005). Asimismo,
puede ser normalizado socialmente (Crocker, Major & Steele, 1998; Phelan et al., 2008).

El problema surge cuando estas valoraciones negativas no permanecen únicamente en el ámbito social,
sino que son percibidas, aceptadas e interiorizadas por la propia persona. Corrigan y Watson (2002)
diferencian entre estigma público y percibido, mientras que Yu et al. (2021) incorporan el estigma
experimentado y Earnshaw et al. (2022) distinguen, además, el estigma anticipado y el internalizado.
Este último ocurre cuando la persona adopta los estereotipos y prejuicios asociados con su condición
estigmatizada y los aplica sobre sí misma. Por tanto, no toda experiencia discriminatoria necesariamente
conduce al autoestigma. Existe un proceso interno mediante el cual los mensajes negativos pueden ser
aceptados, apropiados e incorporados a la percepción personal (Yu et al., 2021; Musfirah et al., 2024).
Esta situación puede presentarse en diferentes espacios de socialización, como la familia, la pareja, la
escuela, los medios de comunicación y también el contexto universitario (Barrita et al., 2024; Huque et
al., 2024).
pág. 4151
El vacío que aborda este estudio radica en identificar cómo este proceso de internalización puede
manifestarse en conductas de autodiscriminación y autoexclusión en estudiantes universitarios, en
particular en relación con la identidad étnico-racial. Si bien existen propuestas teóricas sobre
autoestigma y autodiscriminación, gran parte de estas se han desarrollado en poblaciones vinculadas a
problemas de salud mental, por lo que resulta pertinente ampliar su comprensión hacia otros grupos y
contextos sociales. El estudio resulta relevante porque el estigma y la discriminación continúan
afectando el bienestar y las oportunidades de desarrollo de las personas, no solo desde el punto de vista
étnico. Estas experiencias han sido identificadas en diferentes poblaciones y espacios, incluyendo
personas con problemas de salud mental y sus familiares (Dhungana et al., 2022; Kehyayan et al., 2024),
profesionales y usuarios de servicios de salud mental (López-Aybar & Gonzales, 2024), espacios
virtuales (Tao & Scott, 2022) y relaciones de pareja (Chu, 2024).

Desde esta perspectiva, estudiar la autodiscriminación permite ir más allá de identificar únicamente lo
que otras personas hacen contra el individuo, para analizar también qué puede llegar a hacer el individuo
contra sí mismo como consecuencia de la interiorización de valoraciones negativas. Esta dimensión
resulta especialmente relevante en el ámbito universitario, debido a que las experiencias de
estigmatización podrían relacionarse con la identidad, las aspiraciones académicas y profesionales y la
vinculación con el grupo de pertenencia. Nadal (2018) señala que la autodiscriminación puede afectar
el rendimiento educativo y las aspiraciones profesionales al limitar la percepción de competencia y
reforzar expectativas de fracaso. De manera similar, Williams y Mohammed (2013) y Willis et al. (2021)
sostienen que la estigmatización puede contribuir a mantener desigualdades al restringir oportunidades
de desarrollo y favorecer respuestas de evitación o desvinculación. El estudio se sustenta principalmente
en los aportes sobre estigma, autoestigma y autodiscriminación. Goffman (1963) conceptualiza el
estigma como una característica desacreditadora atribuida socialmente. Link y Phelan (2001) lo
entienden como un proceso relacionado con etiquetamiento, estereotipos, separación, pérdida de estatus
y discriminación, dentro de relaciones de poder. Corrigan y Watson (2002) distinguen el estigma
público, referido a las creencias y actitudes negativas de la sociedad, del estigma percibido, relacionado
con la percepción individual de ser rechazado o devaluado. Posteriormente, Yu et al. (2021) incorporan
el estigma experimentado, mientras que Earnshaw (2022) diferencia el experimentado, anticipado e
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internalizado. El autoestigma constituye un proceso mediante el cual los estereotipos negativos y las
experiencias de discriminación son dirigidos hacia uno mismo. Corrigan (2004) y Corrigan, Watson y
Barr (2006) destacan sus efectos sobre la autoestima, la autoeficacia y el autoconcepto. Gärtner et al.
(2022) lo describen como un proceso multidimensional que involucra estereotipos negativos,
discriminación, valoración negativa de sí mismo y respuestas conductuales autodirigidas.

Un aporte central corresponde al modelo de Corrigan y Rao (2012), quienes plantean un proceso
progresivo de internalización compuesto por conciencia, acuerdo, aplicación y daño. En este proceso,
la persona reconoce los mensajes negativos, puede estar de acuerdo con ellos, los aplica a sí misma y
finalmente experimenta consecuencias sobre su autoestima y conducta. Este modelo se complementa
con el Why Try Effect de Corrigan et al. (2009), según el cual el autoestigma puede generar la
percepción de “¿para qué intentarlo?”, favoreciendo la disminución del esfuerzo, la evitación y la
reducción de aspiraciones. Aunque esta propuesta fue desarrollada principalmente en el campo de la
salud mental, el presente estudio la utiliza como base para comprender la autodiscriminación en el
ámbito étnico-racial. En esta extensión conceptual resultan relevantes Pyke y Dang (2003), quienes
señalan que la incorporación de estereotipos negativos dirigidos al propio grupo puede relacionarse con
vergüenza, sentimientos de inferioridad y disminución de la valoración personal. Asimismo, Moreno
Figueroa y López Chávez (2023) permiten comprender cómo las categorías sociales construidas pueden
incorporarse y reproducirse en la percepción individual. También se considera, de manera
complementaria, la teoría de la profecía autocumplida de Merton (1948), posteriormente desarrollada
experimentalmente por Rosenthal y Jacobson (1968), para comprender cómo las expectativas negativas
provenientes del entorno pueden ser interiorizadas e influir en la percepción y conducta del individuo.
Esta perspectiva permite interpretar la transición desde la valoración social negativa hacia respuestas
personales asociadas con dicha percepción.

La evidencia previa muestra que el estigma y la discriminación se manifiestan en diferentes poblaciones
y contextos. Dhungana et al. (2022) identifican la persistencia del estigma hacia personas con problemas
de salud mental, mientras que Kehyayan et al. (2024) muestran que también puede extenderse hacia sus
familiares. López-Aybar y Gonzales (2024) evidencian estas experiencias en usuarios y profesionales
de salud mental, y Tao y Scott (2022) analizan su presencia en espacios digitales.
pág. 4153
En las relaciones interpersonales, Chu (2024) muestra cómo una experiencia externa puede afectar el
mundo subjetivo de la persona e incluso contribuir a incorporar como propia una valoración negativa.
Por otro lado, Yu et al. (2021) resaltan la importancia del autoestigma como consecuencia potencial de
experiencias de estigma y discriminación. En el ámbito universitario, Barrita et al. (2024) y Huque et
al. (2024) evidencian la relevancia de estudiar estos procesos dentro de las instituciones de educación
superior. Sin embargo, persiste la necesidad de analizar específicamente las manifestaciones
conductuales de autodiscriminación y autoexclusión asociadas con la identidad étnico-racial.

El aporte del presente estudio consiste, por tanto, en extender el marco explicativo del autoestigma y la
autodiscriminación hacia estudiantes universitarios y al ámbito étnico-racial, pasando de la
identificación de pensamientos y emociones hacia el análisis de conductas concretas de evitación,
autoexclusión y desvinculación de la identidad grupal. La investigación se desarrolla en el contexto
universitario, espacio caracterizado por la convivencia de estudiantes con diferentes procedencias,
identidades, experiencias y pertenencias sociales. La universidad constituye un escenario
particularmente relevante para estudiar estos procesos, pues reúne diversidad cultural y étnico-racial en
un espacio destinado a la formación académica y profesional. En este contexto, las experiencias
acumuladas a lo largo de la trayectoria personal y educativa pueden interactuar con los mensajes
sociales relacionados con la pertenencia grupal. La construcción de diferencias entre “nosotros” y “los
otros” puede adquirir nuevas expresiones dentro de la vida universitaria, donde la identidad, la
interacción social y las expectativas académicas y profesionales adquieren especial importancia.

Por ello, resulta necesario identificar si los estudiantes manifiestan conductas mediante las cuales
limitan su participación, evitan determinados espacios, se distancian de su grupo de pertenencia o
restringen su propia identidad como consecuencia de procesos de estigmatización e interiorización de
valoraciones negativas. Debido al carácter descriptivo de la investigación, no se plantean hipótesis
causales. El propósito es identificar y describir la presencia y los niveles de conductas de
autodiscriminación en estudiantes universitarios. Por lo que, el objetivo del estudio estuvo encauzado a
determinar el nivel de conductas de autoexclusión como manifestación de la autodiscriminación en
estudiantes universitarios, considerando dimensiones relacionadas con la internalización de
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estereotipos, el rechazo de la identidad étnico-racial, la internalización del trato discriminatorio y la
autoexclusión o evitación de la identidad grupal.

METODOLOGÍA

El estudio se desarrolló con un enfoque cuantitativo, ya que permitió medir y analizar estadísticamente
las conductas de autodiscriminación en estudiantes universitarios mediante procedimientos orientados
a la medición, la cuantificación y el establecimiento de patrones conductuales (Hernández & Mendoza,
2023). Por su finalidad, se trató de una investigación básica o pura, ya que buscó generar evidencia
empírica y aportar conocimiento teórico que sirva de referencia para futuras investigaciones.

El estudio fue de tipo descriptivo-comparativo, dado que tuvo como propósito caracterizar los niveles
de autodiscriminación y comparar su comportamiento entre diferentes grupos académicos. El diseño
fue no experimental y transversal, ya que no se manipularon deliberadamente las variables y la
información se recolectó en un periodo determinado. Asimismo, se incorporó una estrategia
comparativa para examinar posibles diferencias en los niveles de autodiscriminación según la facultad
y la escuela profesional, siguiendo la perspectiva de los estudios comparativos propuesta por Ato et al.
(2013). La población estuvo conformada por 5 200 estudiantes matriculados en la Universidad Nacional
del Santa durante los periodos académicos 2025-I y 2025-II, con edades comprendidas entre 17 y 27
años. A partir de esta población se estimó un tamaño mínimo de aproximadamente 538 estudiantes. No
obstante, se logró recopilar información de 587 estudiantes, superando el tamaño mínimo requerido y
permitiendo disponer de un mayor número de observaciones para los análisis previstos. Se empleó un
muestreo no probabilístico por conveniencia, considerando la accesibilidad de los participantes y su
disponibilidad para responder el instrumento. Este procedimiento permitió obtener información de
estudiantes pertenecientes a las diferentes escuelas profesionales incluidas en el estudio. No obstante,
al tratarse de un muestreo no probabilístico, los resultados deben interpretarse considerando la
limitación para generalizarlos estadísticamente a toda la población universitaria. La técnica empleada
fue la encuesta y el instrumento correspondió a un cuestionario elaborado específicamente para evaluar
la variable autodiscriminación. El cuestionario se estructuró inicialmente con 20 ítems distribuidos en
cinco dimensiones y utilizó una escala de tipo Likert con cinco alternativas de respuesta. La aplicación
se realizó directamente en las aulas.
pág. 4155
Los participantes accedieron al cuestionario mediante un enlace digital proporcionado durante las
sesiones de aplicación, previa explicación del propósito del estudio, las características de su
participación y las condiciones de confidencialidad. Para evaluar la estructura interna del instrumento,
se realizó inicialmente una aplicación piloto y, posteriormente, un análisis factorial exploratorio (AFE)
mediante el método de máxima verosimilitud, con rotación oblicua Direct Oblimin, considerando
criterios relacionados con cargas factoriales insuficientes, cargas cruzadas y la estabilidad de los
factores.

Como resultado del proceso de depuración, los ítems P7, P13 y P17 fueron eliminados por presentar
cargas factoriales inferiores a λ < 0,35; los ítems P1, P6 y P12 fueron retirados debido a la presencia de
cargas cruzadas; finalmente, el ítem P5 fue eliminado porque su dimensión quedó conformada por
menos de tres reactivos, lo que compromete la estabilidad del factor. La versión definitiva quedó
constituida por 13 ítems agrupados en cuatro dimensiones, con cargas factoriales comprendidas entre λ
= 0,499 y λ = 0,866. La adecuación de los datos para el análisis factorial fue respaldada por un KMO =
0,864 y una prueba de esfericidad de Bartlett estadísticamente significativa (χ² = 828,262; gl = 78; p <
0,001). Los cuatro factores explicaron conjuntamente el 57,875 %l de la varianza total. Las
correlaciones entre los factores evidenciaron asociaciones de diferente magnitud, destacando la relación
entre los factores 1 y 3 (r = 0,652) y entre los factores 1 y 4 (r = -0,566), lo que respaldó la utilización
de una rotación oblicua. La confiabilidad del instrumento se determinó mediante el coeficiente Alfa de
Cronbach, cuyo valor fue de α = 0,899, indicando una adecuada consistencia interna. En consecuencia,
la versión de 13 ítems y cuatro dimensiones fue utilizada para la aplicación definitiva. El procedimiento
comprendió la elaboración del instrumento a partir de la definición conceptual y operacional de la
variable y sus dimensiones, seguida de su evaluación psicométrica mediante una aplicación piloto y el
análisis factorial exploratorio. Posteriormente, se efectuó la aplicación definitiva del cuestionario a los
estudiantes seleccionados.

La recolección se desarrolló presencialmente en las aulas. Antes de responder, se explicó a los
estudiantes el título y propósito de la investigación, se informó que la participación era voluntaria y se
comunicaron las condiciones de anonimato y confidencialidad de la información. Los participantes
respondieron el cuestionario mediante un formato digital.
pág. 4156
Los datos fueron procesados mediante IBM SPSS Statistics, versión 27. En primer lugar, se realizó un
análisis descriptivo mediante frecuencias absolutas, porcentajes y medidas de tendencia central y
variabilidad, con la finalidad de caracterizar los niveles de autodiscriminación y sus dimensiones.
Posteriormente, se efectuó el análisis inferencial para determinar posibles diferencias en los niveles de
autodiscriminación según facultad y escuela profesional. Previamente, se evaluó la distribución de los
datos mediante la prueba de Kolmogórov-Smirnov y se verificó el cumplimiento de los supuestos
necesarios para los análisis paramétricos. Cuando se cumplieron los criterios de normalidad y
homogeneidad de varianzas, se aplicó el ANOVA de un factor para comparar las medias entre los grupos
académicos. Cuando dichos supuestos no se cumplieron, se utilizó la prueba no paramétrica de Kruskal-
Wallis. Además de la significancia estadística, se estimó el tamaño del efecto mediante η² (eta cuadrada)
para los análisis paramétricos y ε² (épsilon cuadrada) para los no paramétricos, con el propósito de
valorar la magnitud práctica de las diferencias encontradas. Al identificarse las diferencias
estadísticamente significativas, se realizaron comparaciones post hoc. Para el ANOVA se empleó la
prueba de Tukey, mientras que para Kruskal-Wallis se utilizó la prueba de Dunn con ajuste de
Bonferroni. En todos los análisis se estableció un nivel de significancia de p < 0,05.

La investigación respetó los principios de participación voluntaria, anonimato, confidencialidad y
respeto de los derechos de los participantes. Se consideró como participantes a los estudiantes
matriculados en la Universidad Nacional del Santa durante los periodos académicos 2025-I y 2025-II,
con edades comprendidas entre 17 y 27 años, que aceptaron participar voluntariamente y respondieron
el cuestionario. Se excluyeron los registros correspondientes a cuestionarios incompletos o que no
contuvieran la información necesaria para el análisis estadístico. La principal limitación metodológica
se debe al muestreo no probabilístico por conveniencia, que limita la generalización de los resultados a
la totalidad de los estudiantes universitarios. Asimismo, al tratarse de un diseño transversal y no
experimental, los resultados permiten describir y comparar los niveles de autodiscriminación, pero no
establecer relaciones causales entre las variables o dimensiones estudiadas.

RESULTADOS

Los resultados se presentan de manera secuencial, considerando inicialmente el nivel global de
conductas de autoexclusión y, posteriormente, sus dimensiones constitutivas.
pág. 4157
Finalmente, se examinan las diferencias por especialidad. La presentación evita repetir en el texto los
mismos datos que aparecen en las tablas y reserva la interpretación teórica para la discusión.

Tabla 1 Nivel de autodiscriminación expresada mediante conductas de autoexclusión

Nivel
Frecuencia (fi) Porcentaje (%)
Bajo
412 70,2
Medio
151 25,7
Alto
24 4,1
Total
587 100,0
Nota. La tabla muestra un predominio del nivel bajo, lo cual se interpreta como una manifestación conductual favorable. En
adelante, el nivel medio representará conductas de autoexclusión con posibilidad de intensificación de la autodiscriminación,
mientras que el nivel alto indicará una mayor expresión de conductas autodiscriminatorias mediante la autoexclusión. Así, los
tres niveles permitirán diferenciar los grados de manifestación conductual de la autodiscriminación.

Tabla 2 Nivel de internalización de estereotipos negativos

Nivel
Frecuencia (fi) Porcentaje (%)
Bajo
353 60,1
Medio
205 34,9
Alto
29 4,9
Total
587 100,0
Nota. La dimensión evalúa el grado en que los estudiantes incorporan valoraciones o estereotipos negativos asociados a su
pertenencia grupal.

Tabla 3 Nivel de rechazo hacia la identidad étnico-racial

Nivel
Frecuencia (fi) Porcentaje (%)
Bajo
426 72,6
Medio
127 21,6
Alto
34 5,8
Total
587 100,0
Nota. La dimensión evalúa la presencia de actitudes de rechazo o valoración negativa hacia la propia identidad étnico-racial.

Tabla 4 Nivel de internalización del trato discriminatorio

Nivel
Frecuencia (fi) Porcentaje (%)
Bajo
385 65,6
Medio
175 29,8
Alto
27 4,6
Total
587 100,0
Nota. La dimensión evalúa el grado en que las experiencias de trato discriminatorio adquieren significado e integración en la
autopercepción del estudiante.
pág. 4158
Tabla 5 Nivel de autoexclusión de la identidad grupal como manifestación conductual de la
autodiscriminación

Nivel
Frecuencia (fi) Porcentaje (%)
Bajo
368 62,7
Medio
194 33,0
Alto
25 4,3
Total
587 100,0
Nota. Esta dimensión representa la manifestación conductual de la autodiscriminación mediante conductas de evitación,
distanciamiento o limitación de la propia pertenencia y participación grupal. En conjunto, las cuatro dimensiones presentan
predominio del nivel bajo. Sin embargo, la distribución de los niveles medio y alto permite observar que la expresión del
fenómeno no es homogénea. La dimensión con mayor proporción de nivel bajo corresponde al rechazo hacia la identidad
étnico-racial, mientras que la autoexclusión de la identidad grupal y la internalización de estereotipos negativos concentran
una mayor proporción de estudiantes en el nivel medio.

Tabla 6 Nivel de conductas de autoexclusión según especialidad

Especialidad
Bajo fi Bajo % Medio fi Medio % Alto fi Alto % Total fi Total %
Biología
12 2,0 10 1,7 1 0,2 23 3,9
Biotecnología
28 4,8 24 4,1 0 0,0 52 8,9
Enfermería
6 1,0 0 0,0 0 0,0 6 1,0
Medicina
34 5,8 12 2,0 4 0,7 50 8,5
Sistemas
21 3,6 21 3,6 3 0,5 45 7,7
Mecánica
24 4,1 9 1,5 0 0,0 33 5,6
Civil
87 14,8 25 4,3 3 0,5 115 19,6
Agroindustria
8 1,4 3 0,5 0 0,0 11 1,9
Agrónoma
26 4,4 17 2,9 3 0,5 46 7,8
Derecho
64 10,9 29 4,9 5 0,8 98 16,6
Inicial
37 6,3 11 1,9 4 0,7 52 8,9
Primaria
21 3,6 33 5,6 2 0,3 56 9,5
Total
368 62,7 194 33,0 25 4,3 587 100,0
Nota. Las frecuencias corresponden al número de estudiantes y los porcentajes representan la proporción respecto del total de
587 participantes. La distribución descriptiva muestra diferencias en la concentración de estudiantes entre especialidades; sin
embargo, dado que los tamaños de los grupos son distintos, estas frecuencias no deben interpretarse como prevalencias
específicas de cada especialidad.

Tabla 7 Nivel de conductas de autoexclusión según facultad

Facultad
Bajo fi Bajo % Medio fi Medio % Alto fi Alto % Total fi Total %
Ciencias
80 13,6 46 7,8 5 0,9 131 22,3
Ingeniería
166 28,3 75 12,8 9 1,5 250 42,6
Educación
122 20,8 73 12,4 11 1,9 206 35,1
Total
368 62,7 194 33,0 25 4,3 587 100,0
Nota. Las frecuencias corresponden al número de estudiantes y los porcentajes representan la proporción respecto del total de
participantes. La distribución por facultad muestra un predominio del nivel bajo en las tres unidades académicas. Las
diferencias en las frecuencias deben interpretarse considerando el número desigual de estudiantes evaluados en cada facultad.
pág. 4159
Tabla 8 Diferencias en las conductas de autoexclusión según especialidad mediante la prueba de
Kruskal-Wallis

Especialidad
N Rango promedio
Biología
23 351,76
Biotecnología
52 321,05
Derecho
98 251,93
Sistemas
45 388,23
Enfermería
6 160,50
Mecánica
33 243,85
Civil
116 266,78
Inicial
52 258,78
Medicina
50 308,33
Primaria
56 387,64
Agroindustria
11 220,77
Agrónoma
45 281,50
Total
587 —
Nota. Se aplicó la prueba no paramétrica de Kruskal-Wallis debido a la distribución de los datos. Los rangos promedio permiten comparar la
posición relativa de las puntuaciones entre especialidades. El análisis inferencial evidencia diferencias estadísticamente significativas en las
conductas de autoexclusión según la especialidad (H = 55,664; gl = 11; p < .001). Los rangos promedio más elevados corresponden a Sistemas
y Primaria, mientras que los más bajos se observan en Enfermería, Agroindustria, Mecánica y Derecho. Este resultado indica que las
puntuaciones de autoexclusión presentan una distribución diferencial entre las especialidades evaluadas.

Importante: dado que tu investigación fue planteada como descriptiva-comparativa. Es suficiente
señalar que se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las especialidades.

DISCUSION

Los resultados muestran que la autodiscriminación, expresada mediante conductas de autoexclusión,
presenta una baja expresión global en la mayoría de los estudiantes universitarios. Este hallazgo no
significa que el fenómeno esté ausente, sino que las conductas de distanciamiento, evitación o limitación
de la participación asociadas a la pertenencia grupal no alcanzan un nivel elevado en la mayor parte de
la muestra. Para efectos de la presente investigación, el nivel bajo se interpreta como una manifestación
conductual favorable, al evidenciar una menor expresión de conductas asociadas con la
autodiscriminación; el nivel medio representa conductas de autoexclusión con posibilidad de
intensificación de la autodiscriminación, mientras que el nivel alto indica una mayor expresión de
conductas autodiscriminatorias mediante la autoexclusión. En este sentido, los tres niveles permiten
diferenciar los grados de manifestación conductual de la autodiscriminación en la población estudiada.
La coexistencia de un predominio del nivel bajo con estudiantes ubicados en los niveles medio y alto
resulta compatible con una concepción gradual del proceso de estigmatización, propuesta por Corrigan
pág. 4160
y Watson (2002) y desarrollada posteriormente por Gärtner et al. (2022), según la cual la exposición a
valoraciones sociales negativas no necesariamente conduce de manera inmediata a su internalización y
a su posterior expresión conductual. Desde la perspectiva de Corrigan y Watson (2002), la exposición
a estereotipos no implica necesariamente su incorporación inmediata como autovaloración negativa.
Ritsher et al. (2003) plantean que el autoestigma comprende procesos progresivos de conciencia,
acuerdo y aplicación de las valoraciones estigmatizantes. En consecuencia, el predominio del nivel bajo
puede interpretarse como evidencia de que, en la mayoría de los estudiantes, las valoraciones sociales
negativas no se han consolidado en manifestaciones conductuales intensas de autoexclusión.

Esta interpretación también permite considerar los planteamientos de Willis, Bernard y Neblett (2021),
quienes señalan la existencia de factores que pueden moderar la relación entre experiencias de racismo
internalizado y consecuencias psicológicas. En el presente estudio, tales mecanismos no fueron
evaluados directamente, por lo que su posible participación debe considerarse una perspectiva para
futuras investigaciones y no una explicación causal de los resultados encontrados. Un hallazgo
particularmente relevante es la internalización de estereotipos negativos. Aunque predominó el nivel
bajo, la proporción ubicada en los niveles medio y alto evidencia que un sector de estudiantes reconoce
o incorpora en diferente grado valoraciones negativas asociadas con su pertenencia. Este resultado es
consistente con la comprensión del estigma como un proceso dinámico y progresivo (Corrigan &
Watson, 2002; Gärtner et al., 2022). Polanco-Roman et al. (2025) destacan, además, la importancia de
considerar la intensidad de la internalización y sus posibles consecuencias. La existencia de esta
dimensión resulta relevante porque los estereotipos pueden proceder de diferentes espacios de
socialización. La familia, el contexto educativo, el entorno social y el ámbito profesional constituyen
escenarios en los que las personas pueden entrar en contacto con valoraciones sociales que
posteriormente adquieren significado individual. Desde esta perspectiva, Ritsher et al. (2003) permiten
comprender que la incorporación de tales valoraciones no ocurre únicamente por la exposición, sino
por el proceso mediante el cual son reconocidas, aceptadas y aplicadas a uno mismo.

El rechazo hacia la identidad étnico-racial presentó la mayor concentración en el nivel bajo. Este
resultado constituye un elemento favorable para comprender que la mayoría de los estudiantes mantiene
una valoración relativamente conservada de su identidad étnico-racial.
pág. 4161
En este punto, los resultados pueden relacionarse con la importancia de la conciencia intercultural y del
reconocimiento de la diversidad en los espacios educativos señalada por Nhan et al. (2024). Asimismo,
Barrita et al. (2024) destacan la importancia de proporcionar herramientas que permitan afrontar
situaciones discriminatorias, mientras que Major y O'Brien (2005) explican que las personas pueden
desarrollar respuestas de afrontamiento y fortalecimiento frente a experiencias que amenazan su
identidad. Por tanto, el predominio del nivel bajo puede ser compatible con la existencia de recursos
personales y contextuales que contribuyen a preservar la valoración de la identidad.

Sin embargo, la existencia de estudiantes en los niveles medio y alto indica que esta valoración no es
homogénea. Major y O'Brien (2005) permiten comprender que las experiencias de estigmatización
pueden relacionarse con amenazas a la identidad y con procesos de valoración social. En esta línea,
Rahal y Singh (2023) plantean la importancia de generar acciones que trasciendan la concientización y
promuevan espacios de prevención y fortalecimiento de la identidad. La perspectiva de Link y Phelan
(2001) resulta especialmente pertinente, debido a que permite comprender que el estigma no constituye
exclusivamente un proceso individual. El etiquetamiento, los estereotipos, la separación y la
discriminación se producen dentro de relaciones sociales y condiciones contextuales. Por ello, los
resultados relativos a la identidad étnico-racial deben analizarse en relación con las experiencias
sociales e institucionales de los estudiantes.

Respecto de la internalización del trato discriminatorio, los resultados muestran que la mayoría se ubica
en el nivel bajo, aunque aproximadamente un tercio de los participantes presenta algún grado de
incorporación de experiencias discriminatorias. Este hallazgo puede interpretarse a partir del modelo
de Link y Phelan (2001), en el cual la discriminación constituye una manifestación del proceso de
estigmatización. Earnshaw y Chaudoir (2009) permiten ampliar esta comprensión al considerar las
consecuencias que las experiencias de estigma pueden adquirir para las personas.

Esta interpretación encuentra correspondencia con investigaciones que han relacionado las experiencias
de discriminación con diferentes dimensiones del bienestar.
Schmitt et al. (2014), Fuller-Rowell et al.
(2021), Bravo et al.
(2023) y Gamba et al. (2024) han documentado asociaciones entre experiencias
discriminatorias y resultados relacionados con el bienestar psicológico, social y físico.
pág. 4162
No obstante, debido al carácter transversal y descriptivo-comparativo de este estudio, estos antecedentes
deben utilizarse para contextualizar el hallazgo y no para establecer que las experiencias
discriminatorias hayan causado las conductas observadas.

La autoexclusión de la identidad grupal constituye el hallazgo central desde la perspectiva conductual
del estudio. Su importancia radica en que permite observar la autodiscriminación no solamente como
una experiencia cognitiva o emocional, sino como una posible manifestación mediante conductas de
evitación, distanciamiento, desvinculación o limitación de la participación grupal. La diferencia
descriptiva entre el rechazo de la identidad étnico-racial y la autoexclusión de la identidad grupal resulta
particularmente significativa para la interpretación del fenómeno. El hecho de que la valoración de la
propia identidad presente una distribución más favorable que la dimensión relacionada con la
autoexclusión permite plantear que reconocer la propia identidad no necesariamente equivale a
expresarla, hacerla visible o mantener el mismo grado de participación en los espacios de pertenencia.

Esta interpretación coincide con Pyke y Dang (2003), quienes documentaron experiencias de vergüenza,
rechazo y burlas vinculadas con la identidad étnica, que son manifestaciones que conllevaran a la
autoexclusión. Asimismo, Link y Phelan (2001) permiten comprender que la estigmatización se
encuentra vinculada con procesos sociales, mientras que Earnshaw y Chaudoir (2009) destacan la
importancia de las experiencias de estigma en la interacción social. Por ello, el resultado de esta
dimensión constituye uno de los principales aportes del estudio: la autodiscriminación puede analizarse
a partir de acciones concretas de autoexclusión y no únicamente mediante estados emocionales,
actitudes o percepciones. Esta aproximación permite profundizar la perspectiva desarrollada en los
modelos de autoestigma de Corrigan y sus colaboradores.

En relación con la especialidad, el análisis inferencial mostró diferencias estadísticamente significativas
en las puntuaciones de conductas de autoexclusión. La existencia de diferencias entre especialidades
constituye un hallazgo relevante, pero no permite atribuirlas directamente a las características propias
de una determinada carrera. Las diferencias pueden estar relacionadas con múltiples factores no
evaluados en este estudio, por lo que futuras investigaciones deberían incorporar variables
socioculturales, académicas, familiares e institucionales que permitan explicar esta variabilidad.
pág. 4163
La lectura conjunta de los resultados permite sostener que la autodiscriminación presenta una estructura
gradual y multidimensional. Los aportes de Goffman (1963), Link y Phelan (2001), Corrigan y Watson
(2002), Ritsher et al. (2003), Major y O'Brien (2005), Earnshaw y Chaudoir (2009), Schmitt et al. (2014)
y Rüsch et al. (2014), junto con la evidencia contemporánea de Willis et al.
(2021), Fuller-Rowell et al.
(2021), Gärtner et al. (2022), Earnshaw et al.
(2022), Huque et al. (2024) y Barrita et al. (2024), permiten
interpretar el fenómeno como un proceso en el que las experiencias sociales pueden relacionarse con
estereotipos, valoraciones negativas, internalización y posibles manifestaciones de autoexclusión.

Los resultados amplían los planteamientos de Corrigan al evidenciar que la internalización del estigma
puede manifestarse mediante la autoexclusión grupal. El estudio aporta una perspectiva conductual de
la autodiscriminación, integrando estereotipos, rechazo identitario, trato discriminatorio y
autoexclusión, que se configura como parte de un proceso gradual y creciente. La diferencia entre el
bajo rechazo de la identidad étnico-racial y la mayor autoexclusión grupal plantea la necesidad de
profundizar en la relación entre identidad y pertenencia social. Asimismo, se recomienda fortalecer
acciones preventivas universitarias orientadas a la identidad, autoestima, pertenencia y pensamiento
crítico, que contribuyan a prevenir la progresión gradual de este proceso.

CONCLUSIONES

La autodiscriminación, expresada mediante conductas de autoexclusión, constituye un fenómeno
gradual y multidimensional, y no se limita a pensamientos o valoraciones negativas, sino que puede
manifestarse mediante el distanciamiento, la evitación y la limitación de la participación grupal, lo que
destaca la autoexclusión como una expresión conductual concreta del fenómeno. La internalización de
estereotipos y del trato discriminatorio, junto con el rechazo de la identidad étnico-racial, evidencia
distintos grados de incorporación de valoraciones sociales negativas. Estos resultados son compatibles
con la perspectiva gradual del estigma planteada por Corrigan y Watson (2002), Ritsher et al. (2003) y
Gärtner et al. (2022). Es importante considerar que la diferencia entre la valoración de la identidad
étnico-racial y la autoexclusión grupal sugiere que reconocer la propia identidad no implica
necesariamente expresarla ni participar activamente en espacios de pertenencia. Las condiciones
sociales y las experiencias de rechazo pueden incidir en esta relación, como plantean Pyke y Dang
(2003), Major y O'Brien (2005) y Link y Phelan (2001).
pág. 4164
Las diferencias estadísticamente significativas entre especialidades indican que las conductas de
autoexclusión no se distribuyen de manera homogénea. Sin embargo, este resultado no permite atribuir
dichas diferencias a la especialidad como causa, ya que pueden intervenir otros factores individuales,
sociales e institucionales. El estudio aporta una aproximación conductual y multidimensional a la
autodiscriminación, al considerar la autoexclusión como una manifestación observable vinculada a los
procesos de internalización del estigma. Esta perspectiva complementa los planteamientos de Goffman
(1963), Link y Phelan (2001), Corrigan y Watson (2002) y Rüsch et al. (2014). Los resultados respaldan
la necesidad de acciones preventivas, especialmente dirigidas a estudiantes de los niveles medio y alto,
orientadas al fortalecimiento de la identidad, la autoestima, la pertenencia y la capacidad crítica ante
estereotipos y prácticas discriminatorias, incluidas las aprendidas en el círculo familiar. Finalmente,
queda como trabajo para futuras investigaciones determinar qué factores explican la transición entre los
niveles de autoexclusión y cómo evoluciona el fenómeno a lo largo del tiempo. Por lo que los estudios
longitudinales y explicativos deberían incorporar variables como las experiencias de discriminación, la
identidad étnico-racial, el apoyo institucional, el sentido de pertenencia y las estrategias de
afrontamiento.

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