ESTRATEGIAS DE FINANCIAMIENTO ALTERNATIVO Y
CAPITAL SOCIAL EN EMPRENDIMIENTOS DE MUJERES
INDÍGENAS Y MESTIZAS DE LA AMAZONÍA
ECUATORIANA: EL CASO DE PASTAZA

ALTERNATIVE FINANCING STRATEGIES AND SOCIAL
CAPITAL IN BUSINESS VENTURES LED BY INDIGENOUS
AND MESTIZA WOMEN IN THE ECUADORIAN AMAZON:
THE CASE OF PASTAZA

David Andrés Que Pérez

Universidad Juarez Autonoma de Tabasco, México

Landy Vianey Limonchi Palacio

Universidad Juarez Autonoma de Tabasco, México

José Miguel Lehmann Mendoza

Universidad Juarez Autonoma de Tabasco, México

Miguel Ángel López Alvarado

Universidad Juarez Autonoma de Tabasco, México
pág. 4652
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i5.26310
Estrategias de Financiamiento Alternativo y Capital Social en
Emprendimientos de Mujeres Indígenas y Mestizas de la Amazonía
Ecuatoriana: el Caso de Pastaza

Andrea Fernanda Bastidas Gualpa
1
a
b.bastidasg@uea.edu.ec
https://orcid.org/0009-0005-1452-9655

Universidad Estatal Amazónica

Pastaza, Ecuador

Nancy Deidamia Silva Alvarez

nd.silvaa@uea.edu.ec

https://orcid.org/0000-0001-6924-5
717
Universidad Estatal Amazónica

Pastaza, Ecuador

Diana Carolina Estupiñán
Loor
dc.estupinanl@uea.edu.
ec
https://orcid.org/0000-0002-9304-0209

Universidad Estatal Amazónica

Pastaza, Ecuador

Andrea Catalina Estrada Chafla

ac.estradac@uea.edu.
ec
https://orcid.org/0009-0007-1481-2439

Universidad Estatal Amazónica

Pastaza, Ecuador

RESUMEN

Este estudio analiza cómo las mujeres emprendedoras indígenas y mestizas del cantón Pastaza, en la
Amazonía ecuatoriana, sostienen sus negocios cuando el sistema financiero formal no les da respuesta.
Se usó un enfoque mixto que combinó datos secundarios oficiales con entrevistas semiestructuradas a
15 emprendedoras, elegidas por muestreo intencional no probabilístico. El 93,3 % relató al menos un
caso concreto de intercambio no monetario, el 66,7 % confía más en su red de compañeras o familiares
que en una institución financiera ante un imprevisto, y el 73,3 % reconoce por su nombre al menos una
categoría propia de reciprocidad (minga, maki mañachi o randi-randi), con una brecha entre mujeres
kichwa (100 %) y mestizas (57,1 %). Los resultados sugieren que la economía popular y solidaria activa
en el territorio es más amplia que la registrada por la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria,
y que la barrera de acceso al crédito está en los documentos y garantías exigidos, no en el
desconocimiento del trámite. Se concluye que las políticas de inclusión financiera deberían reconocer
y fortalecer estas redes en lugar de tratarlas como una etapa previa a la bancarización.

1
Autor principal
Correspondencia:
ab.bastidasg@uea.edu.ec
pág. 4653
Palabras clave:
economía popular y solidaria; capital social; reciprocidad; emprendimiento femenino;
Amazonía ecuatoriana
pág. 4654
Alternative
Financing Strategies and Social Capital in Business Ventures
Led by Indigenous and Mestiza Women in the Ecuadorian Amazon: The

Case of Pastaza

ABSTRACT

This study analyzes how indigenous and mestiza women entrepreneurs in the canton of Pastaza, in the

Ecuadorian Amazon, sustain their businesses when the formal financial system does not meet their

needs. A mixed approach was used, combining official second
ary data with semi-structured interviews
with 15 women entrepreneurs, selected through non
-probabilistic purposive sampling. Of the
participants, 93.3% described at least one concrete case of non
-monetary exchange, 66.7% trust their
network of fellow entre
preneurs or relatives more than a financial institution when facing an unexpected
expense, and 73.3% recognize by name at least one local category of reciprocity (minga, maki mañachi

or randi
-randi), with a gap between Kichwa (100%) and mestiza (57.1%) women. The results suggest
that the popular and solidarity economy active in the territory is broader than the one registered by the

Superintendency of Popular and Solidarity Economy, and that the barrier to credit lies in the documents

and collateral require
d, not in a lack of awareness of the procedure. It is concluded that financial
inclusion policies should recognize and strengthen these networks instead of treating them as a stage

prior to banking inclusion.

Keywords
: popular and solidarity economy, social capital, reciprocity, women's entrepreneurship,
Ecuadorian Amazon
pág. 4655
INTRODUCCIÓN

Desde la Constitución de 2008, la economía popular y solidaria (EPS) es una parte reconocida del
sistema económico ecuatoriano y se orienta a la reproducción de la vida antes que a la acumulación de
capital (Coraggio, 2011). En zonas rurales y amazónicas, donde la banca ha tenido poca cobertura, este
modelo pesa más, porque el cooperativismo ecuatoriano nació justamente para cubrir los vacíos que
dejaba la banca tradicional (Da Ros, 2007). Aun así, Coraggio (2009) advierte que en el país la EPS se
ha entendido de forma restringida, casi solo como cooperativas y cajas reguladas por la
Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (SEPS), y que así quedan fuera las prácticas
comunitarias de reciprocidad que no están institucionalizadas.

En Pastaza, provincia amazónica con fuerte presencia kichwa, shuar y waorani, el emprendimiento
femenino es una fuente importante de ingresos familiares y muchas veces se desarrolla fuera del sistema
financiero regulado. Los estudios recientes sobre EPS en Ecuador se han concentrado en medir la
inclusión financiera formal. Muestran que las organizaciones del sector permiten a muchos socios
acceder por primera vez a un crédito (Verzosi y Carvajal, 2023) y que hay programas para cerrar las
brechas de acceso de pueblos y nacionalidades (Instituto Nacional de Economía Popular y Solidaria
[IEPS], 2025). Ese enfoque trata la desconexión con la banca como un déficit por corregir y casi no
pregunta qué hacen las emprendedoras amazónicas cuando el sistema formal no se ajusta a su realidad.
Un antecedente ilustra el vacío: el informe de monitoreo de un programa de reactivación económica en
la Amazonía registró, sin analizarlo, que varias emprendedoras cubrieron entre todas los insumos de un
evento comunitario sin dinero y con la expectativa de una devolución futura (Bastidas Gualpa, 2024).

Polanyi (1957) planteó que el mercado no es la única forma de organizar la economía: también existen
la reciprocidad, que es el intercambio entre pares basado en obligaciones mutuas, y la redistribución.
Stiglitz y Weiss (1981) mostraron que, cuando el prestamista no puede verificar el riesgo de cada cliente,
tiende a racionar el crédito incluso a tasas que el solicitante estaría dispuesto a pagar. Para
emprendedoras sin historial crediticio ni garantías registrables, esa asimetría funciona como una barrera
estructural aunque haya oferta de crédito en el territorio. Coraggio (2011) lleva la reciprocidad al caso
ecuatoriano y entiende la EPS como un sistema con racionalidad propia, distinto de una economía
“informal” pendiente de formalizarse.
pág. 4656
Putnam (2000) aporta el concepto de capital social (redes, normas de reciprocidad y confianza que
facilitan la acción colectiva), que ayuda a explicar por qué las redes entre emprendedoras pueden
sustituir al crédito formal.

Ese concepto, sin embargo, se formuló a partir de asociaciones cívicas de Estados Unidos y aplicarlo
tal cual a Pastaza sería forzado. En las comunidades amazónicas y andinas la cooperación se vive como
una obligación ligada a la vida colectiva, el kawsay, más que como un activo individual (Estermann,
2006, citado en Kichwa.net, 2022). Por eso el análisis usa tres categorías propias documentadas en
Ecuador: la minga, o trabajo comunitario con fines colectivos (Diccionario del Agro Iberoamericano,
s. f.); el maki mañachi o “préstamo de manos”, en el que se presta tiempo y trabajo a cambio de una
devolución equivalente en tareas futuras (Naciones Unidas, 2013); y el randi-randi o ranti-ranti (“dando
y recibiendo”), un trueque de productos, saberes o servicios sin dinero que se reforzó en la pandemia
de COVID-19 (Kichwa.net, 2022).

El problema va más allá de la falta de acceso al crédito, que ya está documentada (IEPS, 2025; Verzosi
y Carvajal, 2023). El vacío está en que ese diagnóstico se ha hecho solo desde la lógica del mercado
formal, sin registrar la reciprocidad con la que las emprendedoras sostienen sus negocios, de modo que
los programas pueden ignorar, o incluso debilitar sin proponérselo, mecanismos que ya funcionan en
las comunidades. La hipótesis interpretativa es que las emprendedoras de Pastaza actúan a la vez en dos
lógicas económicas: la del mercado formal, limitada por barreras de acceso, y la de la reciprocidad
ancestral, activa pero invisible para el diagnóstico convencional.

La pregunta de investigación fue qué estrategias de reciprocidad y cooperación económica utilizan las
emprendedoras indígenas y mestizas de Pastaza para sostener sus negocios frente a las limitaciones del
sistema financiero formal, y cómo se relacionan con el mercado formal en el que también intentan
insertarse. El objetivo general fue analizar la coexistencia entre estas estrategias y la lógica del mercado
financiero formal en la gestión de recursos de las emprendedoras.

Como objetivos específicos se plantearon: (a) caracterizar los obstáculos percibidos para acceder a
crédito y servicios financieros formales; (b) identificar y tipificar las prácticas de reciprocidad usadas
como financiamiento alternativo; (c) examinar el rol del liderazgo comunitario y la pertinencia cultural;
pág. 4657
(d) determinar si ambas lógicas se perciben como complementarias, sustitutivas o en tensión; y (e)
formular recomendaciones de política pública y de diseño de programas.

METODOLOGÍA

Enfoque, diseño y fuentes secundarias

La investigación tuvo un enfoque mixto con diseño de triangulación concurrente, en el que los datos
cuantitativos y cualitativos se recogen en la misma etapa y luego se contrastan (Hernández-Sampieri y
Mendoza, 2018). Fue un estudio no experimental y transversal, porque no se manipularon variables y
cada entrevista se aplicó una sola vez. Por el tamaño de la muestra, el alcance es descriptivo-
exploratorio: se busca generar categorías apoyadas en evidencia empírica y no hacer inferencias
estadísticas generalizables.

Para describir el contexto territorial se sistematizaron datos oficiales del catastro de la SEPS (2023),
sobre las organizaciones del sector no financiero registradas en Pastaza; del Banco Central del Ecuador
(BCE, 2024), sobre la cobertura de puntos de atención financiera; y del Censo del Instituto Nacional de
Estadística y Censos (INEC, 2022), sobre población, distribución urbana y rural y composición étnica.
Como referencia del segmento formal de la EPS local se usaron los datos públicos de la Cooperativa de
Ahorro y Crédito de la Pequeña Empresa de Pastaza (CACPE Pastaza). Las estrategias de las
emprendedoras se documentaron con datos primarios.

Población y muestra

La población de interés fueron las mujeres emprendedoras indígenas y mestizas del cantón Pastaza. Se
usó un muestreo no probabilístico intencional, que permite seleccionar casos característicos de una
población cuando la muestra es pequeña (Otzen y Manterola, 2017). Participaron 15 mujeres con
quienes la investigadora tenía contacto directo previo, contactadas de forma independiente y sin
intermediación institucional. Los criterios de inclusión fueron residir en el cantón Pastaza, tener un
emprendimiento activo al momento de la entrevista y aceptar participar voluntariamente con un
consentimiento informado propio de este estudio, ajeno a programas de cooperación previos.

Instrumento

Se diseñó un guion de entrevista semiestructurada de aplicación individual con cuatro bloques: (a) datos
generales (edad, autoidentificación étnica, tipo de emprendimiento, tiempo de funcionamiento y
pág. 4658
formalidad); (b) acceso al sistema financiero formal (solicitud de crédito, resultado, obstáculos
percibidos y orientación recibida); (c) estrategias alternativas y reciprocidad (cajas de ahorro o chanchas
comunitarias, ejemplos de intercambio no monetario, apoyo mutuo, fuente de confianza ante un
imprevisto, rol de la autoridad comunitaria y reconocimiento de la minga, el maki mañachi y el randi-
randi); y (d) un comentario abierto final.

Procedimiento, análisis de datos y aspectos éticos

Las entrevistas fueron presenciales, duraron entre 30 y 40 minutos y se hicieron en fechas y lugares
acordados con cada participante. Las preguntas cerradas se procesaron con estadística descriptiva
(frecuencias y porcentajes). Las preguntas abiertas se transcribieron y se trabajaron con análisis de
contenido temático (Bardin, 2002): la investigadora codificó las respuestas en una matriz de doble
entrada (participante × categoría) con las categorías del marco teórico (reciprocidad, redistribución,
minga, maki mañachi, randi-randi y capital social) y las categorías emergentes. Por último, los
resultados se contrastaron con los datos secundarios. Cada participante dio un consentimiento
informado, firmado o verbal grabado, específico para este estudio; su identidad se protegió con códigos
(E1 a E15) y todas podían retirarse en cualquier momento.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Caracterización de la muestra y contexto territorial

Participaron 15 emprendedoras con una edad promedio de 38,5 años (rango de 26 a 53). Siete se
identificaron como mestizas (46,7 %), cinco como kichwa (33,3 %), dos como shuar (13,3 %) y una
como waorani (6,7 %). El 60 % de los emprendimientos (n = 9) es formal y el 40 % (n = 6) sigue en la
informalidad. Los negocios son de artesanías (bisutería, mullos, cerámica), alimentos procesados
(confites, yogures, mermeladas, granizados), cuidado personal (shampoo) y agroproductos de la zona
(frutas deshidratadas, plantas y flores, balsa).

Según el Censo 2022, el cantón Pastaza concentra 82 754 de los 111 915 habitantes de la provincia, con
una población mayoritariamente rural (65,7 %) y siete nacionalidades indígenas, entre las que la kichwa
representa el 50,8 % de la población indígena provincial (INEC, 2022, citado en Consejo de Gobiernos
Autónomos Provinciales del Ecuador [CONGOPE], 2024). El país tiene en promedio 424 puntos de
atención financiera por cada 100 000 adultos (BCE, 2024), pero las provincias amazónicas están por
pág. 4659
debajo y menos del 80 % de sus cantones cuenta con puntos electrónicos operativos (Red de
Instituciones Financieras de Desarrollo [RFD], 2024). El catastro de la SEPS (2023) registra apenas 16
asociaciones agropecuarias activas en Pastaza, frente a 49 en Guayas y 35 en Esmeraldas y Los Ríos.
La CACPE Pastaza, fundada en 1987, reporta cerca de 150 000 socios, pero repartidos en 16 agencias
de ocho provincias, así que la cifra no equivale a cobertura dentro de Pastaza (Cámara de Comercio de
Quito, s. f.).

Acceso al crédito formal y barreras percibidas

Catorce de las 15 participantes (93,3 %) habían hecho alguna solicitud o consulta formal de crédito en
un banco o cooperativa; solo una (6,7 %) dijo no haberlo solicitado nunca. Sobre el total de la muestra,
el crédito se aprobó en tres casos (20 %) y once mujeres (73,3 %) fueron rechazadas o no lograron
completar el trámite (Tabla 1). Los obstáculos más mencionados fueron la documentación formal
insuficiente (RUC, registros contables, antigüedad del negocio) y la exigencia de garantías o bienes,
con 33,3 % cada uno. Aun así, 13 participantes (86,7 %) habían recibido orientación sobre cómo acceder
a un crédito, sobre todo de cooperativas (60,00,7 %) y bancos (26,7 %). Esto descarta que el bajo éxito
se deba a desconocimiento: las mujeres conocen la ruta, pero la orientación no resuelve los requisitos
de documentos y garantías.

Tabla 1 Acceso al crédito formal: solicitud, resultado y obstáculos percibidos (n = 15)

Indicador
n %
Solicitud y resultado

Ha solicitado o consultado crédito formal
14 93,3 %
Resultado: aprobado
3 20,0 %
Resultado: rechazado o no formalizado
11 73,3 %
Resultado: no aplica (no solicitó)
1 6,7 %
Total de la muestra
15 100,00%
Obstáculos percibidos (categorías no excluyentes)

Documentación formal (RUC, registros, antigüedad)
5 33,3 %
Garantías, bienes o garante
5 33,3 %
Capacidad de pago o utilidad insuficiente
3 20,0 %
Riesgo regulatorio de la actividad
1 6,7 %
Referencias comerciales previas
1 6,7 %
Nota. Los porcentajes se calculan sobre el total de participantes. Elaboración propia a partir de las entrevistas realizadas para
este estudio.
pág. 4660
Cajas de ahorro comunitarias e intercambio no monetario

Ocho participantes (53,3 %) pertenecen actualmente a una caja de ahorro comunitaria, banco comunal
o casa comunal, y una más (6,7 %) participó en una que hoy está inactiva. Las seis restantes (40 %)
nunca han participado, porque no conocen el mecanismo o porque prefieren la banca formal. Ninguna
de las cajas mencionadas corresponde a las 16 asociaciones agropecuarias registradas por la SEPS
(2023), lo que sugiere que funcionan fuera del registro institucional.

El resultado cuantitativo más fuerte es que 14 participantes (93,3 %) describieron al menos un caso
concreto y reciente de intercambio de productos, servicios o trabajo sin dinero de por medio; solo una
dijo manejarse únicamente con efectivo. Los ejemplos incluyen el intercambio de insumos entre
artesanas, la ayuda no remunerada para trasladar y promocionar productos en ferias, el préstamo de
mercadería que se devuelve en especie y los aportes recíprocos para eventos familiares o comunitarios.
Según varias participantes (E1, E4, E14), estos acuerdos se sostienen en la expectativa de que el favor
será devuelto y no en un registro de deuda, lo que coincide con el principio de reciprocidad de Polanyi
(1957).

Redes de confianza y liderazgo comunitario

Ante un imprevisto económico, diez participantes (66,7 %) confían más en su red informal que en una
institución financiera: cinco en sus compañeras emprendedoras (33,3 %), cuatro en la familia (26,7 %)
y una en una vecina o comadre (6,7 %). Solo dos (13,3 %) confían más en la institución formal, otras
dos (13,3 %) combinan ambas opciones según el monto y una (6,7 %) resuelve por su cuenta (Figura
1).

Las razones para preferir la red informal fueron la rapidez, la ausencia de trámites y garantías, y la
flexibilidad ante atrasos en el pago (E4, E8, E10, E13).
pág. 4661
Figura 1 Fuente de confianza ante un imprevisto económico (n = 15)

Nota. Elaboración propia a partir de las entrevistas realizadas para este estudio.

Doce participantes (80 %) identificaron a una autoridad comunitaria (presidente de comuna, dirigente
o síndico) que ayuda a organizar actividades económicas colectivas como mingas, ferias o espacios de
venta. Todas aclararon que esa autoridad no interviene en sus decisiones de crédito, ahorro o manejo
del negocio. Las otras tres (20 %) no identificaron a ninguna figura así o resuelven sus asuntos
económicos de forma autónoma. Esto matiza el principio de redistribución de Polanyi (1957): la
autoridad comunitaria organiza y legitima la parte colectiva de la reciprocidad, pero no condiciona la
autonomía económica de las mujeres.

Reconocimiento de categorías endógenas de reciprocidad

Once participantes (73,3 %) reconocieron por su nombre al menos una de las tres categorías
consultadas; las otras cuatro (26,7 %) describieron una práctica equivalente sin darle un nombre cultural
(Tabla 2). La minga fue la más reconocida (46,7 %) y la única descrita de forma consistente como
vigente. El randi-randi (26,7 %) y sobre todo el maki mañachi (13,3 %) aparecieron ligados a la
transmisión familiar: las participantes los conocieron por personas mayores o por su abuela y señalaron
que ya no se practican de la misma manera (E8, E13).
pág. 4662
Tabla 2 Reconocimiento de categorías endógenas de reciprocidad, total y por autoidentificación étnica (n = 15)

Categoría o grupo
n %
Por categoría (no excluyentes)

Reconoce minga (activa o histórica)
7 46,7 %
Reconoce randi
-randi / ranti-ranti 4 26,7 %
Reconoce maki mañachi
2 13,3 %
Reconoce al menos un término por su nombre
11 73,3 %
Practica un equivalente sin reconocer el nombre
4 26,7 %
Reconoce al menos un término, por autoidentificación étnica (n / total del grupo)

Kichwa
5/5 100,0 %
Waorani
1/1 100,0 %
Mestiza
4/7 57,1 %
Shuar
1/2 50,0 %
Nota. Elaboración propia a partir de las entrevistas realizadas para este estudio.

Por autoidentificación étnica, las cinco participantes kichwa y la participante waorani reconocieron al
menos un término, frente a cuatro de las siete mestizas (57,1 %) y una de las dos shuar (50 %). Como
los tres términos son de origen kichwa, la diferencia puede deberse a la cercanía lingüística y cultural o
a la difusión entre nacionalidades amazónicas.

Síntesis: coexistencia de dos lógicas económicas

En la codificación temática de las 15 entrevistas, la reciprocidad apareció en el discurso de diez
participantes (66,7 %), el capital social en nueve (60 %), la minga en siete (46,7 %), el randi-randi en
cuatro (26,7 %), y el maki mañachi y la redistribución en dos cada uno (13,3 %). En siete casos (46,7 %)
aparecieron además categorías emergentes: mercantilización deliberada de las relaciones económicas,
autosuficiencia individual y erosión intergeneracional de los términos culturales. Dos participantes
(E11, E15) usan de forma explícita las dos lógicas a la vez, con la red informal para necesidades
pequeñas y la institución financiera para inversiones mayores. En sentido contrario, E7 prefiere el
crédito formal y el pago en efectivo para no generar compromisos de reciprocidad con su red. En
conjunto, los resultados respaldan la hipótesis: las emprendedoras combinan una lógica de mercado
formal, limitada por los requisitos de documentación y garantías, con una lógica de reciprocidad activa
que casi no aparece en las estadísticas oficiales.
pág. 4663
DISCUSIÓN

Las emprendedoras de Pastaza sostienen su actividad con mecanismos paralelos (minga, randi-randi,
intercambio directo y redes de confianza) que en la práctica reemplazan al crédito formal cuando este
no se ajusta a su realidad. El dato más revelador es que ninguna de las cajas de ahorro mencionadas
coincide con las 16 asociaciones registradas por la SEPS (2023). La EPS activa en el territorio parece
ser bastante mayor que la del registro institucional, y parte de su función social, que es dar liquidez y
repartir el riesgo, la cumplen organizaciones que la política pública no ve ni contabiliza. Esto coincide
con la advertencia de Coraggio (2009) sobre la lectura restringida de la EPS y la amplía con datos,
porque en Pastaza el segmento no registrado parece pesar más en la vida económica diaria de las mujeres
que el supervisado. En términos de Polanyi (1957), la reciprocidad funciona como un principio de
integración económica activo, de uso reciente en el 93,3 % de los casos, muy por encima de lo que haría
esperar la literatura centrada en la bancarización (IEPS, 2025; Verzosi y Carvajal, 2023).

Tampoco conviene idealizar la reciprocidad. E7 prefiere el crédito formal para “no deber compromisos”,
y algunas participantes perciben que el maki mañachi y, en menor medida, el randi-randi se están
perdiendo entre generaciones (E8, E13). Que todas las mujeres kichwa reconozcan al menos un término,
frente al 57,1 % de las mestizas, indica que este capital cultural no se reparte por igual ni siquiera dentro
de la EPS local. Es una dimensión étnica que la literatura revisada no había explorado para Pastaza.

En cuanto a las barreras, el 86,7 % de las participantes recibió orientación sobre el crédito formal y, aun
así, el 66,7 % fue rechazada o no formalizó su solicitud. El patrón es consistente con el racionamiento
de crédito de Stiglitz y Weiss (1981): cuando el prestamista no puede verificar el riesgo, pide garantías
o documentos que funcionan como filtro, sin importar la disposición a pagar. El empate entre
documentación y garantías como barreras principales (33,3 % cada una) confirma que el obstáculo es
estructural y no de información, porque los requisitos no están pensados para negocios rurales de
subsistencia, sin bienes que sirvan de garantía ni contabilidad formal. Esta explicación económica
complementa la lectura cultural anterior.

Para la política pública, estos resultados implican que medir el éxito de la inclusión financiera solo por
el número de mujeres bancarizadas puede invisibilizar, o incluso desplazar, mecanismos de reciprocidad
que ya reparten el riesgo de forma efectiva y culturalmente legítima.
pág. 4664
El liderazgo comunitario, que en el 80 % de los casos organiza mingas y ferias sin intervenir en las
finanzas individuales, es un buen canal para convocar y organizar, pero no para mediar decisiones
financieras personales. A esto se suma que no se puede diseñar una intervención eficaz sobre cajas y
mecanismos que las estadísticas oficiales no recogen.

El estudio tiene limitaciones. La muestra es pequeña (n = 15) y el muestreo fue intencional, por lo que
los resultados no se pueden generalizar estadísticamente; su valor es descriptivo-exploratorio y sirve
para generar hipótesis. La falta de datos cantonales públicos de la SEPS y el BCE impidió construir un
índice cuantitativo de brecha de cobertura financiera, así que el contraste entre cobertura formal y
actividad informal es cualitativo. Además, el bloque del instrumento sobre apoyo mutuo se solapó en
parte con las respuestas sobre intercambio no monetario, y en el análisis ambos se integraron en una
sola categoría.

CONCLUSIONES

Las 15 entrevistas realizadas en Pastaza permiten tres conclusiones. La primera es que la reciprocidad
es un mecanismo activo y reciente de gestión de recursos para el 93,3 % de las entrevistadas, lejos de
ser un vestigio cultural. Como ninguna de las cajas de ahorro mencionadas figura entre las 16
asociaciones registradas en la provincia, todo indica que la EPS de Pastaza es más amplia de lo que
recoge el catastro institucional.

La segunda es que esa reciprocidad tiene nombre propio, aunque no siempre se lo reconozca. La minga
sigue vigente, mientras que el randi-randi y sobre todo el maki mañachi aparecen más asociados a la
memoria de las generaciones mayores que a la práctica diaria, una erosión cultural que merece atención.
Además, todas las mujeres kichwa reconocen estos términos y solo poco más de la mitad de las mestizas
lo hace, de modo que este patrimonio no está repartido por igual.

La tercera es que dos de cada tres mujeres confían más en su red de compañeras o familiares que en una
institución financiera para resolver un imprevisto, por su rapidez, su flexibilidad y la ausencia de
trámites. La barrera al crédito es estructural, porque el 86,7 % ya conoce la ruta formal pero los
requisitos no se ajustan a sus negocios. Aun así, una participante prefiere el crédito formal para no
generar compromisos y otras combinan ambas lógicas según el monto. Son decisiones económicas
racionales en un contexto donde conviven, a veces con tensión, el mercado y la reciprocidad.
pág. 4665
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